En la entrada de la Escuela Técnica La Rinconada, en la parroquia capitalina de Coche, todavía hay una señal difícil de ignorar: kilos de escombros permanecen apilados en un rincón. El acceso al plantel está restringido. Las huellas del doblete sísmico del 24 de junio siguen a la vista y, por ahora, los estudiantes no pueden ocupar con normalidad los espacios donde han transcurrido sus días de clases.
Sin embargo, este 10 de septiembre, la escena tenía algo distinto. Un grupo de estudiantes de bachillerato aguardaba sonriente la llegada de los medios de comunicación. Banderas de Venezuela y de Fe y Alegría adornaban el lugar. Dentro de un amplio salón de eventos, mientras se desarrollaba una rueda de prensa, ellos observaban. La escuela todavía necesita ser reconstruida, pero en este día la noticia era precisamente que comenzaba el camino para hacerlo.
La Fundación Empresas Polar y Fe y Alegría firmaron un convenio para rehabilitar tres centros educativos en Caracas severamente afectados por los sismos: la Escuela Técnica La Rinconada y el colegio Fe y Alegría Las Mayas, ambos en Coche, y la Escuela Técnica Industrial San José Obrero, en Antímano. La inversión social de Fundación Empresas Polar asciende a 132 600 dólares y permitirá intervenir planteles que reúnen a 3108 estudiantes.
Las palabras iniciales del acto de firma de alianza estuvieron a cargo del director general de Fe y Alegría, padre José Gregorio Terán, quien hizo referencia a la ruptura provocada por los sismos y al papel que puede desempeñar una alianza para enfrentarla.
“La alianza es el oro que puede hacer de esta ruptura una obra que nos indique la salida”, expresó Terán, en alusión a los impactos del doblete sísmico en escuelas como la técnica La Rinconada, que alberga a 1281 estudiantes y presentó graves daños en sus cimientos así como en 11 columnas principales, por lo que requiere demoliciones y reconstrucción estructural.
La intervención también alcanzará a la Escuela Fe y Alegría Las Mayas, donde estudian 1294 alumnos, con mejoras de infraestructura física, agua y saneamiento. En Antímano, específicamente en la Escuela Técnica Industrial San José Obrero, con 533 estudiantes, se llevarán a cabo trabajos de rehabilitación de áreas educativas esenciales.
Gioconda Laurens, directora de la Escuela Fe y Alegría de La Rinconada, resumió la situación de la institución en una frase que contiene las dos caras de la emergencia.
“Tenemos noticias buenas y malas. La buena es que nuestros estudiantes, personal y sus familias no fueron afectados por los terremotos. Pero tenemos muy afectada la escuela, la infraestructura está devastada“, declaró, al referirse a los daños graves en los cimientos y en las columnas principales que sufrió la institución cuando la tierra tembló hace dos meses y medio.
Más que cemento y bloques
Daniela Egui, gerente de Fundación Empresas Polar, y el padre José Gregorio Terán explicaron que el convenio fue diseñado como una respuesta integral. Uno de sus pilares es la habitabilidad, que contempla salones seguros, techos firmes y servicios de agua en condiciones óptimas.
Otro componente es la atención psicoemocional. El plan incluye la formación de facilitadores que puedan ofrecer soporte psicológico ante contingencias a una red extendida de 33 planteles, con un alcance estimado de 15 000 alumnos y 1 500 docentes.
El tercer eje es la dignificación docente, orientada a garantizar condiciones adecuadas para el personal que trabaja en comunidades vulnerables.
Egui mencionó que la decisión de participar en la recuperación partió de la magnitud de la emergencia.
“Una emergencia como esta requiere de varios actores. Esta alianza con Fe y Alegría es el respaldo a una organización con trayectoria comprobada cuyo trabajo por la educación en las comunidades conocemos de primera mano. Creemos que el sector privado puede aportar recursos al servicio de quienes ya saben cómo hacerlo bien y, ante la magnitud de lo ocurrido, se hizo evidente que debíamos unir esfuerzos para sumar a la reconstrucción en el ámbito educativo”, explicó.
Para la gerente de Fundación Empresas Polar, el valor de la alianza no puede medirse únicamente por el monto invertido.
“Creemos que lo que le da verdadero sentido no es la cifra financiera sino el impacto a 3100 estudiantes, que contarán con espacios seguros y techos firmes”, remarcó.
Mientras que para el padre Terán, la alianza “no solo restaura ladrillos, sino condiciones para atender el futuro de los estudiantes. Se trata de rehabilitar no solo lo material, las paredes, sino también la esperanza”.
No perder el vínculo con la escuela
Cuando un plantel deja de funcionar, el problema puede extenderse mucho más allá de sus paredes. Para las organizaciones involucradas, mantener a los estudiantes vinculados con el sistema educativo es una prioridad, especialmente en comunidades golpeadas por una emergencia.
Por eso, el proyecto contempla una solución temporal para evitar que las reparaciones se traduzcan en una ruptura con las aulas. Mientras duren los trabajos en La Rinconada, su comunidad educativa será acogida temporalmente en Las Mayas. En Antímano, la Escuela Técnica Industrial San José Obrero recibirá a los alumnos de la Escuela Dr. Prisco Villasmil mientras se trabaja en esa sede.
El movimiento de estudiantes entre planteles busca mantener la continuidad educativa y el apoyo socioemocional mientras se resuelve el impacto de los daños.
Para Fe y Alegría y Fundación Empresas Polar, la apuesta conjunta parte de una preocupación concreta: que las comunidades más afectadas por el doblete sísmico no enfrenten también un aumento del riesgo de exclusión y deserción escolar.
Reparar las grietas que no se ven
La escuela puede reconstruirse con concreto, reparaciones estructurales y sistemas de agua. Pero para quienes vivieron un terremoto, regresar a la cotidianidad puede implicar enfrentar también el temor que quedó después del movimiento de tierra. El director general de Fe y Alegría insistió en esa dimensión de la emergencia.
“A la niñez hay que atenderla, a los estudiantes hay que atenderlos (…) Es importante que nuestros estudiantes sientan que están en un sitio seguro. Es importante que haya un acompañamiento psicoemocional, porque el terremoto no solo afectó las estructuras, sino también la psique humana”.
La atención, por tanto, no se plantea únicamente como una respuesta para los días inmediatamente posteriores al desastre. La intención es incorporar capacidades que puedan permanecer en las comunidades educativas y servir frente a futuras contingencias.
Para Pedro Fonseca, que iniciará cuarto año y estudia en La Rinconada desde primer año, el sismo dejó una huella que no está en las paredes.
“Mi impacto fue más que todo emocional, ver a esa gente afectada en La Guaira y todas las muertes que hubo, las personas en hospitales y en refugio”, contó.
Su relación con el plantel hace que la noticia de la reconstrucción tenga un significado particular.
“Como estudiante de Fe y Alegría en La Rinconada estoy bastante orgulloso de que han podido conseguir las alianzas con las empresas para poder recuperar nuestro liceo, el cual alberga mucho de mí, los más bonitos recuerdos, me siento bastante orgulloso y admiro todo este esfuerzo que ha hecho la institución para darnos la mejor educación y comodidad”, expresó.
Pedro no habla de la escuela solamente como un edificio. Habla de las personas que la conforman. Por eso, la reconstrucción significa también recuperar un espacio que forma parte de su historia.
“En esta institución los profesores son admirables, todos tienen algo que enseñar y los compañeros me han ayudado a mejorar como persona”, cuenta.
En La Rinconada, la preparación frente a una emergencia no comenzó con el terremoto. El estudiante cuenta que han recibido acompañamiento psicoemocional y participado en actividades relacionadas con la prevención.
“Desde primer año hemos tenido esa ayuda psicoemocional, hemos visto clases de cómo buscar la paz interna, hacer el bien y buscar compañía. Justo antes de los sismos tuvimos varias actividades de simulacros, donde nos enseñaron cómo deberíamos evacuar el liceo en momentos en que ocurra una tragedia, ya que también pasamos por lo del 3 de enero, y se hizo tanto ese simulacro como el de prevención en caso de sismos”, recordó.
La directora de Escuela Técnica La Rinconada coincide en que la recuperación debe comenzar por las personas.
“Los ayudaremos a que este proceso marche, pensamos aplicar condiciones pedagógicas. Las evaluaciones y notas pasan a un segundo plano cuando sabemos que lo que debemos hacer es reactivarlos es a ellos como personas, a sus familias, ayudarlos a que al regresar a la escuela regresen seguros y plenos”, dijo.
19 escuelas reparadas y 12 que todavía esperan
La situación de La Rinconada forma parte de una emergencia educativa más amplia. Durante el balance de los daños, Fe y Alegría identificó 33 escuelas prioritarias que requerían atención tras los sismos. El padre José Gregorio Terán, director general de la organización, informó que en al menos 19 de esos centros ya se ejecutan reparaciones mediante alianzas con el Estado venezolano y financistas privados.
“Que hayamos podido rehabilitar 19 centros en este momento nos da alegría“, manifestó. La cifra también permite dimensionar lo que todavía falta: “Priorizamos 33, nos faltan alrededor de 12 escuelas para las que estamos buscando aliados, financiamiento, constructoras“.
La emergencia tampoco se limita a los edificios. En la comunidad estudiantil de Fe y Alegría hay al menos 1.094 estudiantes con daños en sus hogares, mientras que unos 283 estudiantes se encuentran en refugios o campamentos y tres permanecen en hospitales, según el balance presentado.
Para Gioconda Laurens, lo ocurrido en la Escuela Técnica La Rinconada, de la que es directora, debería servir como llamado a sumar esfuerzos.
“Esperamos que más empresas se sumen a rehabilitar a las escuelas como hizo Empresas Polar, que se nos acercó y dijo ‘en qué podemos ayudar’. Conscientes de que la educación es lo que genera y construye un país, invitamos a las demás escuelas y empresas a que se apersonen, porque la educación y las escuelas están en crisis y se necesita el concurso de todo el mundo”, instó.
Terán lo planteó desde otra perspectiva y cerró con una idea que, en una escuela todavía rodeada de señales del sismo, adquiere un significado concreto: “Es posible reconstruir, aliarse, confiar en el otro y buscar soluciones en el diálogo“.
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