Más de medio milenio después de la llegada de españoles y portugueses a América Latina, la Amazonía se aprecia desde el punto de vista del colono. Así lo sostiene Fany Kuiru Castro, quien lleva las riendas de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), que acaba de lanzar su informe de 2025 “Amazonía en peligro de extinción”, el cual será presentado el próximo 14 de abril
Para la experta, bajo esa la mirada colonial, la Amazonía es un “espacio inhóspito y vacío” que está a la espera de la llegada de la explotación y el desarrollo moderno. De allí a que se haya permitido que Estados y mercados intenten “salvar” una selva tropical que consideran un mero objeto de investigación y conquista.
“Nuestro sistema mítico ancestral al igual que nuestros territorios que son uno mismo, han estado atravesados por incursiones, en su mayor parte violentas, que han tratado de evaporar nuestra esencia”, indica la coordinadora general en la presentación del documento en el que colaboraron 22 organizaciones y más de 300 científicos.
Para Kuiru Castro, en el continente aún impera la lógica urbana de la colonia que “entiende el espacio desde la ubicación de una vivienda”. Sin embargo, los pueblos indígenas consideran el territorio como un ente íntegro. “Somos la tierra, el agua, el bosque, la cocha, el aire, el monte, el subsuelo y los seres humanos y no humanos vivos y muertos que confluimos en este espacio, debajo de él en la profundidad de los ríos y en el aire, en unidad”, afirma.
El informe presenta a la Amazonía con un diagnóstico terminal, un bioma en estado crítico cuyo colapso no se produce de forma aislada sino a la par del primer punto de inflexión global: la degradación generalizada de los arrecifes de coral.
El documento está dividido en tres partes: la primera, enfocada hacia aquello que dice la ciencia y los datos sobre la Amazonía y los peligros en que se sume. La segunda, dirigida a denunciar cómo las economías extractivas y el crimen organizado se combinan para destruir la selva tropical. Y la tercera, más propositiva, que señala cómo los saberes ancestrales son aplicados para resguardar el territorio, pero también cómo las iniciativas de los pueblos originarios deberían contar con respaldos económicos que generalmente los ignoran.
Aquí hay cinco aspectos que destacan del informe hecho a la luz de la pasada Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025 (COP30), realizada en Belén, en pleno corazón de la Amazonía, en Brasil.
1. La superación del umbral científico
Durante décadas, científicos como Thomas Lovejoy y Carlos Nobre advirtieron que en la Amazonía se alcanzaría el “punto de inflexión” si la deforestación llegaba a 25%, ya que significaría que el bosque perdería su capacidad para generar su propia lluvia, lo que desencadena un ciclo autosostenido de muerte progresiva.
El informe de 2025 presenta una actualización alarmante: en 2024 se estableció que 30% de la Amazonía ya estaba deforestada o gravemente degradada. Hemos superado el margen de seguridad, pasando de un cambio ecológico a una crisis civilizatoria a gran escala.
“En total, durante los 40 años analizados (1985-2024), la Amazonía ha perdido 136 millones de hectáreas de bosque, una superficie equivalente a casi tres veces el territorio de España”, se apunta en las conclusiones.
Además, el informe confirma que amplias zonas de Bolivia y Brasil ya sufren una “agonía asincrónica”, en la que el bosque ya no puede mantenerse por sí mismo.
2. La “sala de espera silenciosa” de la destrucción
El informe señala que la “degradación” —el debilitamiento de los bosques a causa de incendios, tala y pérdida de carbono— es el verdadero motor del colapso y su magnitud es abrumadora. Las emisiones de dióxido de carbono que se derivan de esta son “prácticamente iguales a las de la deforestación”.
El documento asegura que en la Amazonía existen aproximadamente 250 millones de hectáreas degradadas, mientras que cada año se deforestan 10 millones de hectáreas.
Una catástrofe que ocurrió durante la temporada 2023-2024 da cuenta de esta amenaza: la espiral de incendios avivada por la sequía afectó a más de 27 millones de hectáreas solo en Bolivia y Brasil, una superficie mayor que la de Italia que quedó degradada. En los próximos años, los fenómenos climáticos podrían empeorar estos escenarios.
3. Presupuestos minúsculos para los pueblos indígenas
A pesar de gestionar un tercio de la Amazonía con eficiencia, los pueblos indígenas reciben menos de 1% de la financiación internacional destinada al clima, y ni siquiera se les garantizan sus derechos o territorios con seguridad jurídica, física y financiera.
Las cifras no mienten. Mientras que las áreas no protegidas registran una tasa de transformación y degradación de 47%, los territorios indígenas y las áreas protegidas mantienen una tasa de transformación de solo 13%.
Para combatir esta situación, el informe destaca el fondo “Amazonía para la Vida”, creado junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como un mecanismo innovador para eludir las burocracias estatales ineficaces y proporcionar financiación directa a quienes se encuentran en primera línea.
4. Un megasistema interconectado
Pese a que las fronteras tratan a la Amazonía como nueve segmentos separados, el bioma funciona como un único “megasistema”. A través del fenómeno de los “ríos voladores”, la selva genera la humedad que alimenta la agricultura y las redes energéticas de todo el continente.
“La relación de los pueblos indígenas con el territorio es íntima, no es un polígono en un mapa ni un recurso, sino parte de lo que somos desde que nacemos hasta que nos reunimos con nuestros antepasados. Existe un cordón umbilical entre el territorio y su gente”, recuerda Kuiru Castro.
La destrucción no se limita a las fronteras; la pérdida masiva de selvas en Brasil desencadena directamente puntos de inflexión en los ciclos hidrológicos de Bolivia y Perú.
Además, el informe exige que el Norte Global rinda cuentas. Si bien son los actores locales quienes aprietan el gatillo, los bancos internacionales y las empresas extractivas suelen proporcionar el capital que financia la destrucción.
En este sentido, el documento denuncia que las empresas canadienses están vinculadas a violaciones de los derechos humanos y del medio ambiente en 26 proyectos en toda la región, incluidos 16 enfrentamientos violentos registrados.
5. De la observación a la co-creación
El informe propone que la salvación de la Amazonía pase de la observación, impulsada por los Estados, a una “nueva fórmula” de co-creación activa entre Estados, pueblos indígenas, sociedad civil y científicos.
Para ello, indica COICA, se debe reconocer a los líderes indígenas no como sujetos de estudio, sino como los narradores más creíbles de la salud ecológica. Además, propone que se abandone el “consumismo colonial” del Producto Interno Bruto (PIB) y se adapte un “producto neto ecológico” que tenga en cuenta el carácter finito de la vida.
“Asimismo, en el futuro será importante crear mecanismos para que las organizaciones indígenas subnacionales más pequeñas y las comunidades puedan acceder al financiamiento directo”, recalca el documento.



