Como parte de los encuentros digitales organizados por el sitio web Analitica.com, el martes 7 de julio se realizó el foro titulado “Resiliencia y salud mental: herramientas para seguir adelante”. El encuentro, moderado por el abogado y analista Emilio Figueredo, sirvió como un espacio distinto al de la agenda política habitual para abordar el equilibrio psicológico de los venezolanos luego de los terremotos del pasado 24 de junio.
La jornada contó con la participación de los ponentes y expertos Emma Mejía, Pedro Delgado y Carlos Rasquín, quienes desglosaron y explicaron el impacto psicológico de los sismos y las herramientas indispensables para afrontar la incertidumbre y el malestar.
Heridas invisibles
Los especialistas coincidieron en que los terremotos no impactaron a una sociedad que se desenvolvía en condiciones óptimas, sino a una población que ya arrastraba heridas acumuladas por años de dificultades socioeconómicas, migraciones forzadas y problemas institucionales. Esta acumulación de adversidades incrementó de manera exponencial la vulnerabilidad del venezolano ante eventos traumáticos agudos, lo cual puede transformar el miedo en patologías delicadas si no se trata a tiempo.
“Venezuela ya llegaba a esta tragedia con profundas heridas acumuladas de años de crisis institucional, incertidumbre política, dificultades económicas, migración y separación familiar. El terremoto no creó este trauma, pero sí lo profundizó, lo hizo visible, colectivo y más doloroso”, declaró Emilio Figueredo.
Los expertos señalan que el pánico frente a las réplicas suele dar paso a cuadros de ansiedad prolongada y trastornos del sueño, lo que puede afectar de manera directa el desenvolvimiento de la población en sus rutinas diarias. La necesidad de validar el sufrimiento y ofrecer espacios de escucha activa fue uno de los temas principales del foro.
En el intercambio se enfatizó que el impacto emocional de una pérdida material no debe ser minimizado ni considerado secundario y se alertó del riesgo de que el trauma se vuelva permanente en los sectores más vulnerables, donde el acceso a servicios de salud mental es limitado o inexistente.
“La recuperación de un país no consiste únicamente en levantar edificios, restablecer servicios o reactivar la economía. También exige atender las heridas emocionales de quienes sobrevivieron, acompañar los procesos de duelo y fortalecer la capacidad de las personas y las comunidades para seguir adelante”, manifestó Figueredo.
El síndrome del superviviente
Uno de los fenómenos clínicos debatidos durante el encuentro fue el impacto del duelo colectivo y la culpa del sobreviviente. El experto Pedro Delgado explicó cómo las personas que salieron ilesas de los terremotos o cuyas pérdidas fueron menores experimentan un sufrimiento silencioso y paralizante que les impide avanzar en sus propios procesos de adaptación.
Esta situación podría aislar a los ciudadanos en un ciclo sin fin de autorreproches que les drenaría las fuerzas necesarias para el apoyo comunitario. Por esto mismo, la intervención terapéutica temprana es vital para desmontar estas estructuras de pensamiento y permitir que los afectados internalicen la experiencia de lo sucedido, siempre a través de la promoción de la esperanza y la calma.
“Promover la esperanza, mantener una perspectiva positiva, pero realista sobre el futuro, creyendo que las cosas se pueden mejorar si se trabajan adecuadamente”, aconsejó DELGADO.
Resiliencia comunitaria
Por su parte, la psicóloga Emma Mejía centró la atención en la urgencia de entender que el trauma derivado de una tragedia es altamente complejo, ya que se encuentra rodeado de circunstancias que agravan el dolor, el sufrimiento y el luto en los afectados. La especialista señaló que la resiliencia depende directamente de la interacción humana y, de acuerdo con ella, mientras más sólida sea la relación entre la comunidad, mayores serán las probabilidades de que los individuos superen las adversidades.
Esta red de apoyo social podría resultar clave para validar el dolor sin juzgar, lo que garantiza que las personas no carguen con sentimientos de vergüenza o culpas infundadas durante sus respectivos procesos de duelo.
“La resiliencia de por sí es un concepto que implica, justamente, la interacción entre las personas y la formación de vínculos de apego, no necesariamente todos de la misma naturaleza o de la misma cercanía, pero sí tener el apoyo social suficiente, el poder reivindicar los valores de la persona, el poder garantizar a la persona que no es culpable cuando está en su proceso de duelo, que no tiene por qué sentirse avergonzado o culpable”, argumentó MEJÍA.
La psicóloga agregó que el entorno social se debe complementar con acompañamiento clínico y recomendó la búsqueda de ayuda profesional para alejar los pensamientos de autodesprecio, exagerados y oscuros que suelen aparecer después de un impacto psicológico.
La reconstrucción
El cierre del foro estuvo marcado por un análisis de las perspectivas del futuro, y el experto Carlos Rasquín hizo un llamado al Estado para que el país se organice, se reestructure y sea más eficiente en hacer lo que deben hacer, que es trabajar en el bienestar de su población.
En sus palabras de cierre, Rasquín afirmó que “Si bien es verdad que nuestra tragedia para nosotros es gigantesca, si la comparamos con lo que fue la Alemania de 1945 y Japón de 1945, tanto en número de muertes como en destrucción de todo, sin embargo, esas sociedades salieron adelante”.
El especialista concluyó su intervención asegurando que no cree de ninguna manera que este sea un reto imposible para el pueblo, pues lo que se requiere es mucha unidad de los venezolanos, mucho ánimo y disposición de construir un mejor país, y que esta es la oportunidad que permite reconstruir sobre bases mucho más firmes.
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