Mirla Pérez: La gente espera de María Corina una conducción política hacia la transición

A tres días del regreso de María Corina Machado a Venezuela, la socióloga Mirla Pérez, investigadora y profesora del Centro de Investigaciones Populares, ofreció una lectura de lo que ocurrió el domingo 25 de octubre y de lo que viene. Lo hizo en una conversación con Luis Ernesto Blanco en Espacio Runrun.es, a partir del trabajo de campo y del monitoreo nacional que realiza su equipo.

Pérez rechazó que lo visto en las calles sea una emocionalidad efímera. “Aquí no se ha cesado de la espera”, afirmó. Según explicó, la sociedad venezolana y las comunidades populares tenían claro que el regreso iba a ocurrir, aunque no cuándo. Esa certeza se apoya, dijo, en un liderazgo que ha sido constante: desde las movilizaciones de 2014 a 2017, pasando por las primarias de 2023 y las elecciones del 28 de julio de 2024, hasta la clandestinidad de 2025, sin pausas en la comunicación con la gente. A su juicio, los diez meses de ausencia no erosionaron el vínculo. La gente interpretó que el trabajo continuaba desde fuera.

Libertad y reunificación familiar

Sobre las dos demandas más repetidas durante el recorrido de Machado, libertad y reunificación familiar, la socióloga explicó que forman una sola “ecuación” en el imaginario popular. Venezuela, dijo, tenía una gran tradición de migración interna, pero nunca había vivido una migración externa de esta magnitud, con separaciones largas y sin posibilidad de reencuentro. 

En una cultura que describió como “matricentrada”, muchas madres cargan con la culpa de no haber podido mantener unida a la familia. Para ellas, restituir la libertad, la democracia y las oportunidades de trabajo es la base para que los hijos puedan volver. El rosario, añadió, fue una expresión espontánea de la gente, un símbolo católico y afectivo que desde 2023 le donan a Machado y que, a su juicio, muestra una relación genuina y no demagógica.

Pérez planteó que el 28 de julio de 2024 dejó un “aprendizaje social”: la gente sabe que puede organizarse y que ganó esa elección con las actas en la mano. Contrastó esa capacidad con la del aparato comunal, que según su observatorio está cada vez más lejos de los sectores populares. Como ejemplo citó la elección comunal del 18 de octubre, en la que, pese a la logística de megáfonos, dinero y transporte, la participación fue mínima.

“Decidir no participar es también una acción”, señaló.

Qué espera la gente

Según los hallazgos de campo, de Machado “no se esperan actos de gobierno”. La gente sabe que no resolverá la crisis eléctrica ni subirá los sueldos, y entiende que la reconstrucción será lenta. Lo que se espera es una conducción política hacia una transición que incluya la voz popular, hoy ausente de la mesa de diálogo. Sobre la demanda concreta, Pérez fue precisa: la primera elección que la gente quiere es la presidencial, y las demás vendrían después. No considera necesario que Machado se incorpore a la mesa. Cree que la presión ciudadana desde fuera puede encaminar el proceso.

Respecto a Estados Unidos, explicó que la ciudadanía ha separado a los actores. Por un lado están Estados Unidos, el gobierno y la oposición que participa en la negociación. Por otro, Machado, en vínculo con la gente. Esa distinción, afirmó, ha evitado que la confianza se quiebre.

Riesgos y expectativa

Consultada sobre el riesgo de personalismo, Pérez sostuvo lo contrario: habló de un “liderazgo inculturado”, basado en el vínculo, y puso como ejemplo los comanditos de 2024, estructuras de confianza, delegación y organización dentro del entramado comunitario. Comparó esa lógica con la arquitectura del barrio, donde “una casa sostiene la otra”.

Entre los riesgos, la socióloga señaló la incertidumbre sobre los próximos movimientos de Machado, los desafíos con Estados Unidos y con la mesa de diálogo, y, sobre todo, el paso del tiempo. La interpretación más extendida en las comunidades, dijo, es que la mesa “está jugando a demorar”. Aun así, destacó que las protestas por servicios han ido incorporando demandas políticas, entre ellas el regreso de Machado, y que cada logro suma.

La entrevista completa está disponible aquí.

La socióloga del Centro de Investigaciones Populares sostiene que la reacción que se vio el domingo durante el regreso de Machado no responde a un pico emocional pasajero, sino a un vínculo construido durante años con las comunidades.
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A tres días del regreso de María Corina Machado a Venezuela, la socióloga Mirla Pérez, investigadora y profesora del Centro de Investigaciones Populares, ofreció una lectura de lo que ocurrió el domingo 25 de octubre y de lo que viene. Lo hizo en una conversación con Luis Ernesto Blanco en Espacio Runrun.es, a partir del trabajo de campo y del monitoreo nacional que realiza su equipo.

Pérez rechazó que lo visto en las calles sea una emocionalidad efímera. “Aquí no se ha cesado de la espera”, afirmó. Según explicó, la sociedad venezolana y las comunidades populares tenían claro que el regreso iba a ocurrir, aunque no cuándo. Esa certeza se apoya, dijo, en un liderazgo que ha sido constante: desde las movilizaciones de 2014 a 2017, pasando por las primarias de 2023 y las elecciones del 28 de julio de 2024, hasta la clandestinidad de 2025, sin pausas en la comunicación con la gente. A su juicio, los diez meses de ausencia no erosionaron el vínculo. La gente interpretó que el trabajo continuaba desde fuera.

Libertad y reunificación familiar

Sobre las dos demandas más repetidas durante el recorrido de Machado, libertad y reunificación familiar, la socióloga explicó que forman una sola “ecuación” en el imaginario popular. Venezuela, dijo, tenía una gran tradición de migración interna, pero nunca había vivido una migración externa de esta magnitud, con separaciones largas y sin posibilidad de reencuentro. 

En una cultura que describió como “matricentrada”, muchas madres cargan con la culpa de no haber podido mantener unida a la familia. Para ellas, restituir la libertad, la democracia y las oportunidades de trabajo es la base para que los hijos puedan volver. El rosario, añadió, fue una expresión espontánea de la gente, un símbolo católico y afectivo que desde 2023 le donan a Machado y que, a su juicio, muestra una relación genuina y no demagógica.

Pérez planteó que el 28 de julio de 2024 dejó un “aprendizaje social”: la gente sabe que puede organizarse y que ganó esa elección con las actas en la mano. Contrastó esa capacidad con la del aparato comunal, que según su observatorio está cada vez más lejos de los sectores populares. Como ejemplo citó la elección comunal del 18 de octubre, en la que, pese a la logística de megáfonos, dinero y transporte, la participación fue mínima.

“Decidir no participar es también una acción”, señaló.

Qué espera la gente

Según los hallazgos de campo, de Machado “no se esperan actos de gobierno”. La gente sabe que no resolverá la crisis eléctrica ni subirá los sueldos, y entiende que la reconstrucción será lenta. Lo que se espera es una conducción política hacia una transición que incluya la voz popular, hoy ausente de la mesa de diálogo. Sobre la demanda concreta, Pérez fue precisa: la primera elección que la gente quiere es la presidencial, y las demás vendrían después. No considera necesario que Machado se incorpore a la mesa. Cree que la presión ciudadana desde fuera puede encaminar el proceso.

Respecto a Estados Unidos, explicó que la ciudadanía ha separado a los actores. Por un lado están Estados Unidos, el gobierno y la oposición que participa en la negociación. Por otro, Machado, en vínculo con la gente. Esa distinción, afirmó, ha evitado que la confianza se quiebre.

Riesgos y expectativa

Consultada sobre el riesgo de personalismo, Pérez sostuvo lo contrario: habló de un “liderazgo inculturado”, basado en el vínculo, y puso como ejemplo los comanditos de 2024, estructuras de confianza, delegación y organización dentro del entramado comunitario. Comparó esa lógica con la arquitectura del barrio, donde “una casa sostiene la otra”.

Entre los riesgos, la socióloga señaló la incertidumbre sobre los próximos movimientos de Machado, los desafíos con Estados Unidos y con la mesa de diálogo, y, sobre todo, el paso del tiempo. La interpretación más extendida en las comunidades, dijo, es que la mesa “está jugando a demorar”. Aun así, destacó que las protestas por servicios han ido incorporando demandas políticas, entre ellas el regreso de Machado, y que cada logro suma.

La entrevista completa está disponible aquí.

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