«No manejamos una cifra oficial de desaparecidos»: familias desesperadas siguen buscando a sus familiares

Ha pasado un mes desde el doble terremoto del 24 de junio y Yina Cano todavía despierta con la esperanza de recibir una llamada. No espera un milagro. Espera una respuesta: «El no encontrarlos no nos daría paz, porque las preguntas siempre van a estar. La certeza da paz y da tranquilidad», dice desde Antioquia, Colombia, mientras intenta contener la voz.

Nunca ha vivido en Venezuela, nunca ha pisado La Guaira. Sin embargo, desde los terremotos dedica buena parte de sus días a buscar a una familia atrapada bajo los escombros de un edificio que apenas llegó a ver en fotografías.

Todo comenzó hace más de seis años, cuando una venezolana llamada Oriana Sivira llegó a Colombia buscando rehacer su vida. Había emigrado junto a su esposo, José Alejandro Ruiz Roa, y su hijo José Andrés, quien actualmente tenía 10 años, para instalarse en una población llamada Sabaneta. Oriana trabajaba como manicurista, así conoció a Cano.

La relación fue creciendo con los años: «Uno se vuelve muy familiar y muy cercano con esas personas que uno ve, que son trabajadoras, que son luchadoras». La amistad continuó hasta aquel miércoles 24 de junio.

Aprovechando el feriado, Oriana Sivira decidió regresar temporalmente a Venezuela para reencontrarse con parte de su familia. El plan era sencillo: pasar un día de playa en La Guaira. Después volverían a Caracas.

Desaparecidos Ruiz Sivira

Los hermanos de Sivira, Roger y Ariana, sí emprendieron el regreso esa misma tarde. Ella, en cambio, decidió quedarse una noche más junto a su esposo, su hijo, su madre, Iris Salazar, su tía Rosmar Sivira, que andaba con su hija, Victoria Sivira, de 11 años de edad. Alquilaron el apartamento 1-7 del edificio Vistamar, en Caraballeda, La Guaira.

«Se pudo tener contacto con una señora que era la vigilante, que logró salir con vida de Vistamar. Fue la última que los vio porque ella les entregó las llaves del apartamento. Iban a subir momentos antes de que pasara el terremoto», cuenta Cano, quien enfatiza que hasta la fecha, nadie sabe con certeza si lograron entrar al apartamento o si el edificio colapsó cuando aún permanecían en el lobby.

Cuando comenzaron a circular las primeras imágenes de edificios derrumbados en La Guaira, Yina escribió a Oriana. Los mensajes nunca llegaron. Esperó unos minutos. Después unas horas, luego entendió que debía empezar a buscar.

Desde Colombia comenzó a mover contactos, llamar a periodistas, contactar rescatistas y publicar fotografías en redes sociales. No conocía los organismos venezolanos. No sabía quién llevaba el registro de desaparecidos. Solo sabía que su amiga podía estar atrapada bajo los escombros y «no podía quedarme de brazos cruzados».

Gracias a entrevistas en medios colombianos y a una intensa campaña en redes sociales lograron que equipos de rescate de Envigado, Medellín, y la unidad USAR Colombia (Equipo Nacional de Búsqueda y Rescate Urbano del Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) conocieran la historia de la familia. También consiguieron contactar a Roger, hermano de Oriana, juntos lograron impulsar algunos trabajos de búsqueda en el edificio. Explica que «se lograron hacer algunos túneles, pero desafortunadamente no los hemos encontrado».

No se sabe cuántos desaparecieron

La historia de Oriana y su familia refleja la incertidumbre que todavía viven cientos de personas que, un mes después del doble terremoto del 24 de junio, siguen buscando respuestas sobre sus seres queridos.

Mientras familiares y voluntarios intentan reconstruir listas de personas cuyo paradero se desconoce, las propias autoridades reconocen que no existe una cifra consolidada de desaparecidos. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, admitió el 23 de julio que no manejan un número oficial de personas desaparecidas tras el doblete sísmico. Señaló que existen líneas habilitadas para recibir reportes, entre ellas el 800Rescate, pero reconoció que no existe una cifra definitiva.

La declaración contrasta con el primer balance ofrecido por las autoridades un día después del terremoto. El 25 de junio, el gobierno informó que 157 personas permanecían desaparecidas. Desde entonces, esa cifra no volvió a ser actualizada públicamente.

Edificio Vistamar

Para ese momento, distintos organismos internacionales comenzaron a manejar estimaciones mucho mayores. El 27 de junio, el subsecretario general para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, Tom Fletcher, habló de más de 50.000 personas desaparecidas, una cifra que posteriormente fue ajustada por organismos del sistema de Naciones Unidas hasta alrededor de 68.000, aunque aclararon que se trataba de estimaciones sujetas a verificación.

Las diferencias entre las cifras oficiales, las estimaciones internacionales y los registros ciudadanos evidenciaron uno de los mayores problemas de la emergencia: la ausencia de un mecanismo único que permita saber cuántas personas faltan realmente.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, rechazó las críticas sobre la falta de información oficial y aseguró que las autoridades no podían manejarse sobre especulaciones: «Mucho se ha dicho sobre la cifra de desaparecidos, que nosotros estamos ocultando (…) No podemos manejarnos en base a especulaciones, sino en base a la realidad», afirmó semanas después del terremoto.

Sin embargo, transcurrido un mes del doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5, las autoridades no han explicado públicamente qué organismo centraliza los reportes de personas desaparecidas, cómo pueden los familiares consultar esa información o con qué frecuencia se actualiza.

TalCual estableció comunicación con la Cruz Roja Venezolana para indagar si habían activado un protocolo, si estaban trabajando el tema de los desaparecidos, pero al cierre de este texto no se había recibido respuestas.

¿Dónde se busca a un desaparecido?

Mientras Yina Cano intenta coordinar labores de búsqueda desde Colombia, cientos de familias venezolanas se siguen preguntando dónde está algún familiar, amigo, conocido… Responder esa interrogante debería formar parte de la respuesta oficial ante una catástrofe.

Los principales organismos internacionales dedicados a la gestión de desastres —entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) e Interpol— coinciden en que una de las primeras tareas tras una tragedia de gran magnitud consiste en activar un sistema para registrar y buscar a las personas desaparecidas.

No se trata únicamente de elaborar una lista de nombres, las guías internacionales recomiendan designar una autoridad responsable, recibir los reportes de las familias, centralizar la información, actualizarla constantemente y vincularla con los procesos de identificación de víctimas para facilitar el reencuentro con sus seres queridos. El objetivo es evitar que las familias busquen a ciegas.

Ya ha transcurrido un mes del doble terremoto y aún las autoridades no han explicado públicamente, más allá de lo dicho por Terán, qué organismos realizan estas labores.

Lea la nota completa en TalCual

30 días bajo los escombros

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Un mes después del doble terremoto, las autoridades admiten, por primera vez, que no existe una cifra oficial de desaparecidos. Mientras las familias siguen buscando respuestas, ciudadanos han asumido parte del registro de personas cuyo paradero aún se desconoce. Expertos advierten que la ausencia de un censo único prolonga la incertidumbre
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Ha pasado un mes desde el doble terremoto del 24 de junio y Yina Cano todavía despierta con la esperanza de recibir una llamada. No espera un milagro. Espera una respuesta: «El no encontrarlos no nos daría paz, porque las preguntas siempre van a estar. La certeza da paz y da tranquilidad», dice desde Antioquia, Colombia, mientras intenta contener la voz.

Nunca ha vivido en Venezuela, nunca ha pisado La Guaira. Sin embargo, desde los terremotos dedica buena parte de sus días a buscar a una familia atrapada bajo los escombros de un edificio que apenas llegó a ver en fotografías.

Todo comenzó hace más de seis años, cuando una venezolana llamada Oriana Sivira llegó a Colombia buscando rehacer su vida. Había emigrado junto a su esposo, José Alejandro Ruiz Roa, y su hijo José Andrés, quien actualmente tenía 10 años, para instalarse en una población llamada Sabaneta. Oriana trabajaba como manicurista, así conoció a Cano.

La relación fue creciendo con los años: «Uno se vuelve muy familiar y muy cercano con esas personas que uno ve, que son trabajadoras, que son luchadoras». La amistad continuó hasta aquel miércoles 24 de junio.

Aprovechando el feriado, Oriana Sivira decidió regresar temporalmente a Venezuela para reencontrarse con parte de su familia. El plan era sencillo: pasar un día de playa en La Guaira. Después volverían a Caracas.

Desaparecidos Ruiz Sivira

Los hermanos de Sivira, Roger y Ariana, sí emprendieron el regreso esa misma tarde. Ella, en cambio, decidió quedarse una noche más junto a su esposo, su hijo, su madre, Iris Salazar, su tía Rosmar Sivira, que andaba con su hija, Victoria Sivira, de 11 años de edad. Alquilaron el apartamento 1-7 del edificio Vistamar, en Caraballeda, La Guaira.

«Se pudo tener contacto con una señora que era la vigilante, que logró salir con vida de Vistamar. Fue la última que los vio porque ella les entregó las llaves del apartamento. Iban a subir momentos antes de que pasara el terremoto», cuenta Cano, quien enfatiza que hasta la fecha, nadie sabe con certeza si lograron entrar al apartamento o si el edificio colapsó cuando aún permanecían en el lobby.

Cuando comenzaron a circular las primeras imágenes de edificios derrumbados en La Guaira, Yina escribió a Oriana. Los mensajes nunca llegaron. Esperó unos minutos. Después unas horas, luego entendió que debía empezar a buscar.

Desde Colombia comenzó a mover contactos, llamar a periodistas, contactar rescatistas y publicar fotografías en redes sociales. No conocía los organismos venezolanos. No sabía quién llevaba el registro de desaparecidos. Solo sabía que su amiga podía estar atrapada bajo los escombros y «no podía quedarme de brazos cruzados».

Gracias a entrevistas en medios colombianos y a una intensa campaña en redes sociales lograron que equipos de rescate de Envigado, Medellín, y la unidad USAR Colombia (Equipo Nacional de Búsqueda y Rescate Urbano del Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) conocieran la historia de la familia. También consiguieron contactar a Roger, hermano de Oriana, juntos lograron impulsar algunos trabajos de búsqueda en el edificio. Explica que «se lograron hacer algunos túneles, pero desafortunadamente no los hemos encontrado».

No se sabe cuántos desaparecieron

La historia de Oriana y su familia refleja la incertidumbre que todavía viven cientos de personas que, un mes después del doble terremoto del 24 de junio, siguen buscando respuestas sobre sus seres queridos.

Mientras familiares y voluntarios intentan reconstruir listas de personas cuyo paradero se desconoce, las propias autoridades reconocen que no existe una cifra consolidada de desaparecidos. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, admitió el 23 de julio que no manejan un número oficial de personas desaparecidas tras el doblete sísmico. Señaló que existen líneas habilitadas para recibir reportes, entre ellas el 800Rescate, pero reconoció que no existe una cifra definitiva.

La declaración contrasta con el primer balance ofrecido por las autoridades un día después del terremoto. El 25 de junio, el gobierno informó que 157 personas permanecían desaparecidas. Desde entonces, esa cifra no volvió a ser actualizada públicamente.

Edificio Vistamar

Para ese momento, distintos organismos internacionales comenzaron a manejar estimaciones mucho mayores. El 27 de junio, el subsecretario general para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, Tom Fletcher, habló de más de 50.000 personas desaparecidas, una cifra que posteriormente fue ajustada por organismos del sistema de Naciones Unidas hasta alrededor de 68.000, aunque aclararon que se trataba de estimaciones sujetas a verificación.

Las diferencias entre las cifras oficiales, las estimaciones internacionales y los registros ciudadanos evidenciaron uno de los mayores problemas de la emergencia: la ausencia de un mecanismo único que permita saber cuántas personas faltan realmente.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, rechazó las críticas sobre la falta de información oficial y aseguró que las autoridades no podían manejarse sobre especulaciones: «Mucho se ha dicho sobre la cifra de desaparecidos, que nosotros estamos ocultando (…) No podemos manejarnos en base a especulaciones, sino en base a la realidad», afirmó semanas después del terremoto.

Sin embargo, transcurrido un mes del doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5, las autoridades no han explicado públicamente qué organismo centraliza los reportes de personas desaparecidas, cómo pueden los familiares consultar esa información o con qué frecuencia se actualiza.

TalCual estableció comunicación con la Cruz Roja Venezolana para indagar si habían activado un protocolo, si estaban trabajando el tema de los desaparecidos, pero al cierre de este texto no se había recibido respuestas.

¿Dónde se busca a un desaparecido?

Mientras Yina Cano intenta coordinar labores de búsqueda desde Colombia, cientos de familias venezolanas se siguen preguntando dónde está algún familiar, amigo, conocido… Responder esa interrogante debería formar parte de la respuesta oficial ante una catástrofe.

Los principales organismos internacionales dedicados a la gestión de desastres —entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) e Interpol— coinciden en que una de las primeras tareas tras una tragedia de gran magnitud consiste en activar un sistema para registrar y buscar a las personas desaparecidas.

No se trata únicamente de elaborar una lista de nombres, las guías internacionales recomiendan designar una autoridad responsable, recibir los reportes de las familias, centralizar la información, actualizarla constantemente y vincularla con los procesos de identificación de víctimas para facilitar el reencuentro con sus seres queridos. El objetivo es evitar que las familias busquen a ciegas.

Ya ha transcurrido un mes del doble terremoto y aún las autoridades no han explicado públicamente, más allá de lo dicho por Terán, qué organismos realizan estas labores.

Lea la nota completa en TalCual

30 días bajo los escombros

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.