Desde las primera horas después del doblete sísmico ocurrido el pasado 24 de junio, la comunidad de la Universidad Metropolitana activó un despliegue multidisciplinario para atender algunas de las zonas más afectadas.
Esta iniciativa tuvo la participación de más de mil voluntarios coordinados junto a la Federación de Centros de Estudiantes de la UNIMET y autoridades académicas, orientando sus acciones a la búsqueda de supervivientes, soporte logístico, evaluación de edificaciones y acompañamiento emocional a la población.
Al frente de este movimiento se encuentra la agrupación de Rescate UNIMET y la Fundación Motores por la Paz y establecieron su base de operaciones en el estado La Guaira con un despliegue diario de 30 o 40 personas, entre rescatistas y personal logístico. Hasta la fecha esta iniciativa ha ayudado a salvar aproximadamente 28 personas, al igual que en la recuperación y localización de unos 50 fallecidos.
“Más de mil voluntarios se han sumado a las distintas iniciativas. Los estudiantes y la Federación de Centros de Estudiantes de la UNIMET han sido fundamentales para la organización de esta respuesta, participando activamente en la conformación de equipos y definición de líneas de acción. Hemos ido fortaleciendo nuestro trabajo para responder de manera más eficiente”, explicó Santiago Perera, secretario general de la Universidad Metropolitana.
Acopio y ayuda humanitaria
La respuesta social de los estudiantes y administrativos se centralizó en la Capellanía de la universidad, el cual se convirtió en un centro de acopio bajo la gestión de la Dirección del Centro de Desarrollo Sustentable, la representación estudiantil y autoridades pastorales.
Por medio de este plan, más de 600 voluntarios han canalizado y distribuido recursos a 23 hospitales, 11 centros de acopio regionales, 41 médicos y diversas organizaciones humanitarias donde más de 20 vehículos partían diariamente de la universidad para la distribución de los mismos.
Los balances de este centro registran la entrega de 12.000 kilogramos de alimentos no perecederos, 20.000 litros de agua y soluciones electrolíticas, 15.000 insumos médicos y 750 bolsas con ropa y lencería.
“Cuando entregamos algo, no estamos entregando solamente una medicina o una botella de agua. Detrás de cada aporte está la bondad y la generosidad de muchas personas que hicieron posible que llegara hasta allí”, añadió el padre Isidro Ramírez, capellán de la universidad.
Conocimiento de la comunidad
En el panorama técnico la Facultad de Ingeniería desplegó a 107 profesores junto a estudiantes de Ingeniería Civil y egresados para realizar más de 500 inspecciones a infraestructuras de la Gran Caracas y La Guaira. El equipo, el cual estuvo guiado por especialistas en Geotecnia, trabajó en alianza con la Unión Europea, la Alcaldía de Chacao, el Ministerio de Educación Universitaria y gremios del sector de construcción para tomar las decisiones sobre la habitabilidad de los inmuebles.
Al mismo tiempo que las evaluaciones en los terrenos, se desarrollaron soluciones desde los laboratorios de la universidad con la producción de unas 100 férulas médicas para la inmovilización de lesionados mediante impresión 3D.
De esta misma forma, integrantes de la agrupación estudiantil de Fórmula SAE brindó apoyo técnico en el mantenimiento de las plantas eléctricas utilizadas en las zonas afectadas mientras que estudiantes de Idiomas Modernos ayudaron como intérpretes en inglés, francés y alemán para coordinar las misiones de apoyo internacional con la Embajada de Estados Unidos, el Hospital Indio y otros rescatistas extranjeros.
Atención psicológica
La ayuda emocional se estructuró por medio del servicio gratuito de Primeros Auxilios Psicológicos con modalidad presencial y remota, liderado por la Escuela de Psicología junto a las direcciones de Bienestar Estudiantil y Capital Humano. Esto contó con un equipo de 249 voluntarios, integrados por docentes, especialistas de la Federación de Psicólogos de Venezuela y alumnos de últimos semestres que han prestado atención a aproximadamente 320 personas y en alianza con la organización Voces de Género se abordaron 41 casos en jornadas especializadas.
La universidad también mantiene el reconocimiento de los daños sufridos en sus propias instalaciones, incluyendo pérdidas humanas, lesiones físicas y daños materiales en las viviendas de estudiantes y trabajadores. Es así que, frente a estas realidades, las autoridades evalúan formas de apoyo dirigidos a garantizar la continuidad académica de los alumnos afectados y ofrecer la orientación legal correspondiente a quienes lo necesiten.
Con información de Nota de Prensa.
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