La muerte ronda, por Sebastián de la Nuez - Runrun
La muerte ronda, por Sebastián de la Nuez

@sdelanuez

El virus que afecta a millones de personas en todo el mundo ha significado depresión, aislamiento, soledad, angustia, martirio, crisis económica, mortandad. En Venezuela, por la tragedia que ya venía padeciendo, la covid-19 alcanza las dimensiones del espanto. Un país castigado por la hambruna, la corrupción del narcoestado y la caída de todos los servicios públicos, ahora lidia con la peste del siglo XXI. Mejor dicho, la segunda peste del siglo XXI. La primera, ya saben cuál fue.

Este mismo portal informa de que Nicolás Maduro bloquea los recursos para que el equipo de Juan Guaidó no pueda recibir, administrar y repartir el bono «Héroes de la salud» (hasta esta hora no se sabe, al menos fuera de Venezuela, si esto ha sido solventado por la gestión de Juan Guaidó o no); la estigmatización feroz de quienes regresan por la frontera del Táchira continúa; la gente se está muriendo frente a los hospitales o centros de salud porque allí no los atienden, no hay con qué, vuelva otro día.

En el mundo la covid-19 es una tragedia; en Venezuela es una tragedia superpuesta a otra que ya estaba.

Murió Pedro Suárez Laguna, de 53 años, por causa del virus. El problema es que murió dentro de su carro frente a un hospital de Punto Fijo donde no quisieron atenderlo. Había estado buscando atención en varios sitios, incluyendo los CDI. Pero esto nunca saldrá por la boquita de Jorge Rodríguez; él dirá que bajan los casos nuevos  y se quedará tan fresco, como si estuviera diciendo la más irrefutable de las verdades.

El cirujano pediatra Freddy Pachano anuncia que el médico Jesús Clavero, intensivista de Maracaibo, contrajo covid-19 y estuvo hospitalizado hasta que falleció. Y con él, contabilizó Pachano, al menos son 28 los profesionales de la salud fallecidos solo en Zulia. Venezuela tiene la tasa más alta, en términos relativos, de muertes de profesionales de la salud durante esta pandemia.

El alcalde de Chacao, Eduardo Duque, acaba de anunciar a la comunidad del municipio el fallecimiento de un vecino de Los Palos Grandes de 44 años de edad. Murió en su residencia, luego de recorrer infructuosamente en ambulancia varios hospitales. Intentaba ingresar en cualquier centro asistencial y no pudo. Duque pide a los vecinos, encarecidamente, extremar las medidas «de bioseguridad» y pide, sobre todo, entender lo grave de esta situación.

Porque parece que el país no ha entendido. Que la gente, en Caracas y en el interior, no ve con nitidez la amenaza de la covid-19. No ve el peligro. Es como si estuvieran bajo las bombas del enemigo que invade un país inerme y siguieran allí, sin moverse, sin correr al refugio.

El gobierno de Nicolás Maduro no va a cuidar del pueblo, no sabe hacerlo ni está en su naturaleza. Actuará, antes bien, a favor del empeoramiento.

Ya se ha visto, ha bloqueado a través de Sudeban el flujo de recursos para el plan de Guaidó y su equipo, el del programa «Héroes de la Salud». No hay escrúpulos ni piedad ni mucho menos empatía con nadie.

La cúpula chavista no ha salido airosa del trance, le ha tocado lo suyo. Ahí está la muerte de Darío Vivas. Los otros capitostes del entorno madurista que han sufrido síntomas más o menos severos también son un indicador de la situación. Pero incluso esa circunstancia individualizada de sujetos con todos los recursos a su disposición para solventarla, de algún modo, es utilizada para la manipulación o para ocultar algo. Siempre hay una piedrita que esconden en la mano, aun en sus lechos de enfermo.

Lo que diga oficialmente Miraflores en cifras no podrá ser creíble. Lo creíble será escuchar a los doctores Julio Castro y Jesús Oletta. Creíble será el vecino que te echa el cuento del familiar que no pudo más y sucumbió. En Venezuela, hoy, la fuente de fake-news es el poder. Aunque las redes sociales arrastren mucha basura, allí habrá más verdad que en Miraflores.

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Hoy (ayer, en estos días) se ha cometido otro crimen de Estado, dice el periodista Luis Carlos Díaz en su cuenta de Twitter, al cerrarse la frontera del Táchira con el norte de Santander para impedir el acceso de migrantes que pugnan por regresar. Tiene razón LCD.

«El derrumbe es sistémico», me dice otro amigo periodista, Gregorio Salazar, vía wasap. Se refiere al sistema de salud, un campo yermo donde los fallos de electricidad y la falta de agua, comunes en cualquier ámbito venezolano, se convierten aquí en factores letales.

Hasta lo último que hemos visto, van 317 fallecidos… ¿Serán el doble, el triple? ¿Qué le importa eso a Nicolás Maduro? Podrá ponerse a bailar una tarde de estas, como lo hizo luego de varios asesinatos de muchachos que protestaban en las calles en 2014 y 2017.

Quizás esté celebrando el anuncio de una vacuna made in Cuba. En las redes dijeron que podía ser una combinación de malojillo con esencia de Abrecamino, solución intravenosa desarrollada desde la tradición de las siete potencias africanas en unión de la flamante ciencia revolucionaria.

La encuesta Crisis Venezuela 2020 (Asamblea Nacional) que acaba de ser dada a conocer tiene un indicador sobre capacidad de resistir según ingresos / ahorros de los venezolanos, y da como resultado que 87,4 % de los encuestados no tiene ningún tipo de ahorro o ingreso; 10,3 por ciento tiene para cubrir entre una semana y un mes y solo 2,3 % tiene para cubrir más de un mes. Por eso es que resulta muy cuesta arriba exigir a la mayoría de los venezolanos un confinamiento total; cada quien tiene que salir a buscarse su pan de cada día.

Esa misma encuesta determina que, a excepción del abastecimiento de alimentos y el suministro de gas doméstico, todos los servicios públicos reportan más de 90 % de irregularidad. Los niveles de falla de los insumos médicos básicos en los hospitales del país se mantienen elevados. Todos reportaron más de 70 % de escasez.

¿Qué dirá Maduro, que eso es culpa de las medidas de bloqueo impuestas por el imperialismo? Como dijo la revista peruana Caretas cierta vez en su portada, sobre Chávez: «¡Payaso!».

Así lo definió, al padre de todo esto.

«Venezuela enfrenta el coronavirus con la fuerza de sus agentes de seguridad», dice el New York Times en un titular. No, no es cierto. Es cierto solo en el sentido de que el gobierno de Venezuela enfrenta al país, completo, como su enemigo, y utiliza a sus agentes de represión, no de seguridad, también en este caso.

Es una respuesta refleja. Pero la verdad es que el coronavirus no es enfrentado por Maduro. En todo caso, es utilizado como otra herramienta de control social más. Para vigilar, reprimir, encarcelar y, si es el caso, matar. Como noticia distractora mientras la cúpula se reinventa para quedarse un ratico más en el poder, aunque sus propios miembros vayan cayendo, también, como moscas. Como dice el amigo Salazar, no están graves, pero sí encunetados.

 

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