#LasReconstrucciones | Del gomecismo a la democracia popular, por Elías Pino Iturrieta - Runrun
#LasReconstrucciones | Del gomecismo a la democracia popular, por Elías Pino Iturrieta

@eliaspino

Como se vio en anterior oportunidad, la dictadura de Gómez dejó un país atrasado y cautivo que carecía de las herramientas para afrontar los desafíos del futuro. Serias carencias de alimentación, educación pública y salubridad, no permitían pensar en soluciones cercanas. El hábito de un terror impuesto durante veintisiete años conspiraba contra las aspiraciones de un pueblo amansado por las torturas y las cárceles.

El panorama parecía lleno de escollos por el continuismo de los representantes del régimen en el control del gobierno. Pero Venezuela sale de su atolladero, hasta abrir los caminos de una democracia popular sobre la cual solo pensaban unos cuantos chiflados cuando muere el tirano omnipotente. Describiremos a continuación los rasgos esenciales de ese tránsito capaz de producir, en apenas una década,  una importante mudanza de la sociedad.

En la renovación irremediable de los protagonistas de la vida se puede encontrar la causa principal de la mudanza. Los presos que salen de cárceles duras y prolongadas, la mayoría combatientes viejos sin relaciones con la política del momento, reaparecen para tratar de encontrar ubicación en un ambiente al que se deben enfrentar como primerizos.

Los exiliados de 1928 y 1929, estudiantes que regresan transformados en hombres maduros, en hechuras de experiencias radicales en los terrenos profesional y político, no se van a conformar con lo que encuentran. La gente que ha permanecido en su lugar, pero que puede aguzar la vista y la nariz desentrenadas, siente que esa reaparición de guerreros que parecen fantasmales y esa parvada de retornados con aires cosmopolitas, son una caja de sorpresas de la cual conviene estar cerca.

Historiadores como Picón Salas, Velásquez y Caballero han dejado páginas imprescindibles sobre la atmósfera de contrastes que entonces se establece debido a una heterogénea reunión de individuos a quienes mueve la necesidad del cambio, sin que se pueda afirmar que ya tienen planes acabados e ideas firmes sobre lo que sucederá.

Los herederos del gomecismo también dejan de ser los de antes. Como el patrón ha muerto, tienen la oportunidad de moverse con cierta autonomía. Sienten que los hombres que deben gobernar son o quieren ser distintos. Y no tienen más remedio que acoplarse a sus necesidades sin pasarse de la raya, sin ser los entusiastas de la renovación, pero estrenándose en un pugilato que no puede depender de la crueldad en la cual se formaron.

El presidente López Contreras sabe que su ascenso fue el producto de una victoria frente a lo más áspero del gomecismo; y que su permanencia depende no solo de un alejamiento perentorio de la cuna, sino también de utilizar a los viejos y a los nuevos venezolanos que rondan en su vecindad. Si dudaba sobre la imposición de lidiar en plaza nueva, una masiva movilización de estudiantes que conmueve a Caracas el 14 de febrero de 1936, acompañada por gente común que se incorpora entusiasmada, lo obliga a dialogar con dirigentes desconocidos hasta entonces y a buscar las maneras de abrir el compás.

Así comienza un sendero de reformas que profundizará el segundo y último mandatario del posgomecismo, Isaías Medina Angarita, para que después se establezca un trienio de democracia popular al cual debe considerarse como prólogo del régimen estable de libertades que permanece, a partir de 1958, hasta el advenimiento del chavismo.

Sin la represión de antes, o suavizada por un clima obligado a la tolerancia, desde 1936 comienza la creación de partidos pequeños y la actividad de sindicatos que reclaman los derechos de sus afiliados. Pese a que algunos de los partidos son declarados ilegales y se ordena la expulsión de un grupo de sus líderes, continúa una actividad subterránea que accede a la superficie cuando encuentra ocasión.

La Federación de Estudiantes de Venezuela se convierte en imán para la convocatoria de aglomeraciones y para la edición de manifiestos a los cuales sobran destinatarios. Ya en 1937 se lleva a cabo una plenaria nacional de los comunistas, sin que la sangre llegue al río. En las elecciones municipales de 1940, manipuladas por el gobierno, los adversarios pueden hacer propaganda y efectuar asambleas públicas. Dos periódicos que animan la apertura democrática y van a contar con creciente lectoría –Últimas Noticias, en 1941; y El Nacional, en 1943- son pioneros de un asombroso desvelamiento de la realidad.

El partido Acción Democrática es legalizado en 1941; y el PCV cuatro años más tarde. En 1945, la ley permite que las mujeres puedan ser electoras y candidatas en los procesos municipales. Es evidente la mudanza del panorama político, hasta el extremo de que los detentadores del poder deben permitir la entrada de algunos opositores en los cuerpos deliberantes y considerarlos como parte de acuerdos cuando sea menester.

Si se recuerda el hermetismo que reina hasta finales de 1935, está en marcha una prometedora transición. Que formen parte de ella dos mandatarios provenientes de la élite gomecista, tal vez porque no les quedaba otra salida, no es detalle trivial.

Sucede entonces una modernización de las herramientas de gobierno y una atención más solícita de los problemas sociales, que preparan la ruta para los cambios de la posteridad. Una burocracia más eficaz y la idea de modernizar las oficinas públicas y las regulaciones susceptibles de atender a una sociedad inconforme, son el prefacio del dinamismo que se hará patente después. No se ofrecerá ahora una lista cabal de las realizaciones del área, sino solo una referencia capaz de enterarnos de cómo el posgomecismo se distancia del entendimiento que la dictadura tenía de la sociedad.

Ejecutorias como: el inicio de una campaña antipalúdica, la promulgación de la Ley del Trabajo y la fundación del Instituto Pedagógico Nacional, en 1936; programas para el aumento de la escolaridad, en 1937; promulgación de la Ley de Hidrocarburos, creación de la Contraloría General de la República e inauguración del edificio del Museo de Bellas Artes, en 1938; aprobación de la Ley del Seguro Social Obligatorio, en 1939; aprobación de la Ley del Impuesto sobre la Renta, en 1942; promulgación de una nueva Ley de Hidrocarburos e inicio de la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, en 1943; aprobación de la Ley Agraria, en 1945…

Con la ayuda de los profesionales que han regresado después de la muerte del dictador, abierta la ventana para aires que estaban vedados, pendiente de muchas ideas de la oposición, la cúpula no solo acompaña, sino que también promueve, conductas susceptibles de avanzar hacia la colectividad hospitalaria que ni siquiera la riqueza de la renta petrolera había sugerido.

Sin embargo, y a pesar de los avances, en los cenáculos de las administraciones posgomecistas permanece la idea de la incapacidad del pueblo, o de la necesidad de tutelarlo hasta cuando madure. La movilización de los opositores por el voto universal directo y secreto para la elección de los poderes públicos, activa durante el último lustro, choca con la muralla de los notables del gobierno que se asumen como pedagogos de unos hombrecitos todavía ineptos, y como dueños de la licencia que les permitirá después la determinación de su destino.

Luego del fracaso de un acuerdo que dejaba la solución del asunto para el futuro cercano, un golpe militar ocurrido en 1945 inicia un breve lapso de democracia en el cual se profundizan las bases para una mutación de mayor profundidad, antecedente de la república de nuestros días.

Se llega a la meta después de una década de trasformaciones que parecen pausadas, precavidas en exceso, pero gracias a las cuales la sociedad se desembaraza de la tiranía más oscura de su historia sin acudir a la violencia.

 

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