La universidad de los piaches, por Elías Pino Iturrieta - Runrun
La universidad de los piaches, por Elías Pino Iturrieta

@eliaspino

Hay que mirar con cuidado las informaciones que la cultura española recoge sobre los médicos indígenas. Debemos entender que los juzgan como unos charlatanes y como emisarios del diablo. Debido a que la hegemonía metropolitana sobre nuestros territorios implica una misión evangelizadora y la imposición de unos valores que se consideran superiores e inapelables, no se puede esperar que los miren como iguales, o como parecidos a los facultativos europeos, y que manifiesten respeto por sus trabajos. Partiendo de estas consideraciones, veremos ahora la descripción hecha por una crónica antigua sobre la enseñanza que debían superar esos médicos indígenas para ejercer su profesión con legitimidad.

Pero antes detengámonos en la referencia al nombre que les daban sus pacientes y la sociedad en general, que nos ha trasmitido uno de los estudiosos más interesados en la cultura autóctona, Felipe Salvador Gilij, jesuita autor de un Ensayo de historia americana escrito en 1780. Afirma Gilij:

También los bárbaros tienen sus médicos, y como personas más sagaces que las demás, ocupan un rango eminente entre su nación. Diremos primeramente sus nombres. Los maipures los llaman marirri. Les dan el nombre de yachi los parecas. Entre los tamanacos se llama pchiachi. Mas para suavizar esta palabra y hacerla menos bárbara, ha sido cambiada en piaches por los españoles y se ha convertido en el más adecuado nombre de estos médicos.

Los investigadores sostienen que Gilij no mira despectivamente a los indígenas de sus misiones, y que recoge con fidelidad las noticias sobre sus costumbres sin abundar en descalificaciones. Aun así, cuando lo buscamos para hablar sobre el origen del nombre de los sanadores originarios no deja de actuar como representante de la cultura conquistadora, mirando a los inferiores desde la altura de su cátedra.  Mas ahora solo lo visitamos para que nos sirviera de diccionario. Hecho su trabajo, miremos los fragmentos de la referida crónica. 

Se trata de un texto de 1678, escrito por fray Francisco Tauste y titulado Misión de los religiosos capuchinos de la provincia de Aragón en la provincia de Cumaná. Dice fray Francisco  sobre la formación de los piaches:

Estos, que es lo mismo que curanderos, para llegar a serlo, tienen sus maestros. Lo primero que les hacen observar es quitarles todo el cabello, fabricarles una choza que de alta apenas cabe sentado en tierra, y de largo lo que baste para estar un hombre echado. Metido este tal en ella, practica para piache. Hácenle ayunar seis o siete meses rigurosamente; en este tiempo duerme en tierra y, cuando está despierto, sentado en ella. No se bañan en todo este tiempo. Vienen a quedar los tales con tanta abstinencia y rigor formidables como difuntos; no les queda más que la piel sobre los huesos, y algunos o mueren en sus noviciados o dejan de proseguir sus bárbaros ejercicios para no morir en la demanda.

Se trata de ritos de iniciación, como se ha podido ver. El mismo fray Francisco habla de noviciados, utiliza un vocablo monástico para hacerse entender ante sus superiores de España. Pero después viene la parte académica.

En este tiempo el piache maestro les da sus instrucciones y les enseña cómo han de hacer sus enredos y embustes y, acabados estos ejercicios, quedan los tales graduados de piaches y les levantan los ayunos con una solemne borrachera.

El caso de los caribes, según el capuchino, tiene las siguientes peculiaridades:

El que pretende ser piache, se va donde hay uno famoso y viejo; dícele sus intentos, el viejo se los alaba y anima su perseverancia en ellos; dícele le agradan tan nobles pensamientos, etc. Admitido este y otros en su compañía, porque de ordinario son seis u ocho los que cursan, la primera diligencia es darles de comer dos o tres platos de pimientos, bien sazonados y fortísimos, que un pimiento solo bastaba para abrasarles las entrañas (…) En todo el posterior tiempo el piache viejo y que es como maestro y va todos los días y les da sus lecciones de embustería, les enseña sus cantares y ceremonias, y los discípulos, al son de unas sonajas, en yéndose el maestro, están repitiendo y repasando las lecciones que les dio. Las más de las noches se las pasan de este modo sin dormir.

¿No habla de un proceso de enseñanza y aprendizaje que se caracteriza por el rigor y por la coherencia? Hay un catedrático que impone autoridad y enseña. Hay unos discípulos que respetan al catedrático y estudian con ahínco sus lecciones. Mirada sin prejuicios, es una formación que los evangelizadores y los empleados de la Corona podían observar con desprecio y como producto de la idolatría que combaten, pero que ahora se debe apreciar de manera diversa. En especial porque forma parte del inicio de una carrera profesional respetada por la comunidad. La evidencia del respeto se aprecia en las celebraciones de colación que hacían los vecinos.

Se juntan de diversas partes muchos caribes y celebran todos la conclusión del curso de aquellos estudiantes, los cuales quedan ya graduados de piaches. Para esa fiesta los adornan a su modo cuanto pueden, y en adelante pueden comer de cuanto quisieren, en particular gente, excepto algunas cosas que les es prohibido a los piaches, como son comer vaca, gallina, jabalí, monos, y así a este modo y como ellos saben.

Gilij afirma que “están en gran estima de los orinoquenses los piaches”, situación que ahora confirma Tauste al medio describir unas reuniones de grado que se convierten en regocijo de la sociedad.

Solo es un medio describir, un intento de análisis que no pasa del boceto y se niega a la curiosidad plena, el producto de una pluma sofocada por el peso de la ortodoxia, pero nos revela informaciones preciosas sobre una profesión vinculada con los inicios de la historia de nuestra sociedad que habitualmente ignoramos, o que igualmente descalificamos mientras asistimos confiados a nuestras clínicas del siglo XXI. Pero a la cual podemos acudir en tiempos de aprieto generalizado. ¿No les parece? Esos olvidados piaches pueden ser nuestro Plan B.

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