La unidad de nuestros tormentos, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
La unidad de nuestros tormentos, por Julio Castillo Sagarzazu
Con la palabra unidad es difícil lidiar. Es una de esas con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te tiran a la lona

 

@juliocasagar

Me permito parodiar el título de un famoso artículo de José Ignacio Cabrujas en uno de esos tan inolvidables como seguramente interesantes debates internos del MAS. EL MAS DE MIS TORMENTOS, escribía Cabrujas para señalar su estado de espíritu sobre lo que se desarrollaba al interno del partido que él, como muchos intelectuales venezolanos de la época, abrazó con tanta esperanza.

Comenzaremos por decir que con la palabra unidad es difícil lidiar. Es una de esas con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te tiran a la lona. Pertenece a la familia de las expresiones agradables como amor, paz, entendimiento, normalización, acuerdo y tantas otras que evocan pensamientos positivos y amables en la mente. De manera que no “lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, sino que nos dejaremos llevar, citándola, por esa connotación agradable que tiene entre los venezolanos. Particularmente cuando se piensa en que las fuerzas democráticas deben estar unidas para la recuperación de la democracia y la libertad en el país.

Dicho esto, regresamos a lo que afirmáramos en la nota de la semana pasada sobre el tema de la manera como la oposición democrática venezolana debería enfrentar la posibilidad de unas eventuales elecciones en el país, pautadas para el año 2024.

En primer lugar, reiteramos que estamos lejos de que “el mandado esté hecho”. Unas eventuales elecciones no dependerán solamente de lo que ocurra en el país, sino que será, esencialmente, una decisión en clave geopolítica internacional. Venezuela puede desaparecer momentáneamente de los titulares, pero no del radar de los grandes intereses mundiales. Las razones son obvias y huelgan las explicaciones. Baste con decir que no somos Bolivia, o Nicaragua, o Haití.

De manera que bien valdría asumir como tarea la presión interna y externa, como la primera prioridad, para que, en el momento adecuado, logremos que la mayoría de los intereses de dentro y de fuera converjan en esas elecciones. Algunos irán de buen grado, otros amarrados y otros con el pañuelo en la nariz. Así suelen resolverse estos temas.

Como sabemos que hay que mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hay que prestar atención a la manera como las fuerzas democráticas logran el mayor consenso posible para afrontar este reto. Por eso hablar de los métodos para escoger candidatos, para lograr acuerdos y programas comunes, no es para nada extemporáneo, ni fútil, ni innoble.

Aquí hay que señalar varias cosas:

No habrá unidad absoluta

Efectivamente, no todo bicho con uña que se defina como opositor estará en la misma trinchera. ¿Por qué? Pues porque el oficialismo logrará que, con los más variados discursos, unos de buena fe y otros de pésima, fabriquen su propia opción. De manera que los viudos y las viudas de la unidad total pueden empezar a llorar de una vez.

Métodos interesados

Lo segundo es que no hay argumento inocente en lo relacionado con los métodos. En efecto, así como antes de un partido los capitanes escogen la cancha donde se sienten más cómodos y la sortean con una moneda al aire, así mismo los candidatos, los partidos, el régimen, la sociedad civil con aspiraciones tratarán de escoger su método. Al respecto, podríamos decir que pareciera que estarían alineándose con la idea antiprimarias quienes, obviamente, se vean con menos opción para ganarlas. Nada que reprochar. Están en su derecho. Por vía de contrario, aquellos que se sienten con más fuerza, con más “aparato”, más recursos, pues apostarán por la consulta. Tampoco nada que reprochar.

Tenemos que acostumbrarnos a oír argumentos “impecables” de todos lados. El papel aguanta todo. Y más cuando se trata de campañas electorales.

¿Y que pensamos que hará el régimen?

Pues, el régimen tiene muchas opciones. Para sus operadores este tema es capital. Están seguros de que su única apuesta es que mientras más grande sea la fragmentación opositora, más chance tienen de ganar con su 20 %. En eso se les va la vida y pondrán toda la plata y el empeño que les haga falta. No será la primera vez.

Ya están actuando en esa vía. Lograron un debate del que saldrá, con plomo en el ala, el método que se escoja. A medida que se avance, veremos más vestiduras rasgadas en los argumentos y más crispación. Las expresiones irán in crescendo hasta que infecte el debilitado sistema inmune del opositor promedio, para que este se “asquee” de tanta diatriba interna y resuelva quedarse en su casa y preparar, el domingo de marras, una parrillita con cerveza importada de los bodegones.

Ya veremos cómo algunos jacobinos, partidarios hoy de la participación en unas primarias abiertas, universales, directas y secretas, se “retirarán indignados” de la “farsa opositora” para presentar sus propias opciones. Quisiéramos equivocarnos, pero no creemos que ninguno de ellos, conocidos agentes del régimen, se queden en el redil opositor “legitimando” un proceso que saben que no van a ganar. Estarán un ratico y después que hayan cumplido su misión francotiradora, se retirarán. Y no precisamente a la francesa, sino haciendo todo el ruido que sean capaces de hacer. Dicho en latín un poco vulgar: yo los dejaría entrar, para que les sea más difícil salir.

A estas alturas, querido lector, usted estará pensando, y con razón, que todo está perdido; que no hay nada que hacer. Pues no es así: el 80 % del país quiere un cambio. Y la política es también el arte de organizar la voluntad.

Los aires en el mundo están soplando, aunque aun levemente, en favor de una solución política en Venezuela. Si sabemos sortear (lo hemos hecho en otras ocasiones) todas las borrascas y los obstáculos, podremos tener una alternativa competidora. No será única, quizás no será la que todos tenemos como sueño; no será el retrato hablado de nuestro líder perfecto. Pero la tarea es desarrollar el instinto de nuestro ciudadano para que sepa separar la paja del grano y comprenda cuál es la opción más conveniente al país.

Termino parodiando a Cabrujas de nuevo: ¡Sí podemos! ¡Somos MAS!

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