El fetichismo electoral en su rueda de hámster

La gente no va a querer “votar porque sí”. Los fetichistas electorales se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster

@AAAD25

Una de las más célebres pinturas de Gauguin hechas durante su estancia entre los nativos de Tahití lleva por nombre ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Semejante arranque filosófico solo podía tener su origen en algún intento de trascendencia metafísica. En efecto, proviene de las enseñanzas que el pintor, durante su pasado como seminarista, recibió del entonces obispo de Orleans, el sabio Félix Douanloup.

Pero este no es un artículo sobre lecciones de teología católica, postimpresionismo o antropología de los pueblos polinesios. Solo me estoy valiendo de la susodicha tríada de preguntas para abordar una cuestión en la psique colectiva de los venezolanos. Creo yo que sabemos de dónde venimos y quiénes somos. No estamos en cambio tan seguros de a dónde vamos. Hubo una gran expectativa de que la duda se despejaría el 10 de enero, pero no fue así. La oposición no cumplió su objetivo de precipitar una transición política sobre la base de su reclamo con respecto a los comicios presidenciales de julio pasado. Asegura que lo seguirá intentando, pero no sabemos de qué manera. Dado que todos los aspectos de la vida en Venezuela están bastante condicionados a la situación política nacional, la incógnita se cierne sobre cada ciudadano.

Es comprensible por lo tanto que haya venezolanos preocupados sobre lo que habrá que hacer de ahora en adelante. No pretendo que tengo la respuesta a esas inquietudes. Pero sí sé que no tiene ningún sentido repetir fracasos. De manera que me resulta insólito que haya personas, que se identifican como opositoras, insistiendo en el fetichismo electoral.

El planteamiento resurgió luego de que María Corina Machado rechazara cualquier pretensión de que la oposición participe en futuras “elecciones” mientras la elite gobernante se niegue a reconocer el reclamo sobre el 28 de julio. Lo que diré a continuación no se basa en la emisora del mensaje, sino en el enunciado propiamente dicho. No parte de una fe ciega en Machado, que no tengo de ninguna manera. Soy otro ciudadano común, ajeno a las deliberaciones internas de la dirigencia opositora y que como tal ignora cómo la misma piensa cumplir sus objetivos. No descarto para nada que finalmente no tengan éxito. Pero nada de eso me impide entender que las secuelas del 28 de julio clausuraron definitivamente la “vía electoral” para la oposición.

Ergo, el fetichismo electoral, ese empeño en que el voto no es un instrumento de la ciudadanía sino una especie de mandato deontológico, debería haber sido barrido del mapa. Me atrevería a decir que en lo que a las masas venezolanas respecta, está muerto. Sin embargo, un muy reducido número de personas muy dadas a la opinión pública copió las tradiciones del vudú y tiene al fetichismo electoral deambulando por ahí, cual zombi. Si, con algunas excepciones, sus argumentos fueron en el mejor caso dudosos antes del año pasado, ahora son inequívocamente ridículos. Un cúmulo de sofismas y omisiones de hechos públicos, notorios y comunicacionales que solo se pueden explicar con observaciones muy limitadas o con intenciones inconfesables. So riesgo de pasar por ingenuo, voy a asumir que al menos algunos de los que siguen con eso lo hacen en buena fe, pero no por eso me voy a abstener de hacer los cuestionamientos que verán a continuación.

Desde el poder se ha anunciado un conjunto de “elecciones” para este año. Así que los fetichistas electorales, luego de la alocución de Machado, pegaron el grito al cielo, señalando que la oposición tiene que participar en todas. Dicen que “hay que seguir exponiéndolos” (a la elite gobernante, al no respetar la voluntad ciudadana). Como si hubiera algo más que exponer. Desde hace años que no hay nadie, dentro o fuera de Venezuela, que vaya a cambiar de opinión sobre el tipo de sistema político que tenemos. Los que actúan como si no hubiera nada malo están incurablemente fanatizados por algún tipo de propaganda oficialista o, como creo que ocurre en la mayoría de los casos, simplemente fingen no ver lo obvio. Mientras, los que sí entienden y asumen en consecuencia un discurso crítico no parecen dispuestos a hacer más de lo que ya han hecho para presionar por una transición pacífica y negociada.

Ya llevamos casi una década así. Comenzó cuando ni más ni menos que a la Asamblea Nacional le confiscaron todas sus competencias, anulando así de facto el resultado de las elecciones que la pusieron en manos de la oposición. No estamos hablando del Consejo Municipal de San Fernando de Atabapo. Estamos hablando de la legislatura de todo el país. Luego de un hecho de semejante gravedad, no debió quedar ninguna duda sobre las impresiones que el resto del mundo se hace sobre Venezuela. Tampoco debió quedar duda alguna sobre lo que el poder está dispuesto a hacer para mantener el statu quo.

Aun así, los fetichistas electorales pasaron años pontificando que lo que pasó con el legislativo no podía pasar con el ejecutivo, acaso depositando sus esperanzas en que el inmenso poder y el carácter totémico de la Presidencia de la República harían la diferencia. Llegó el 28 de julio de 2024 y miren qué ocurrió. ¿Hubo algún reconocimiento de error? ¡Qué va! Ahí siguen, exclamando sobre la necesidad de “exponer”, como si la elite gobernante no llevara años dejando claro que mantener el poder le importa infinitamente más que lo que el resto del planeta piense sobre ella.

Además, “exponer” es básicamente denunciar. ¿Quién les dijo que podrán seguir participando en elecciones y denunciar? ¿Acaso no vieron lo que le pasó a Enrique Márquez, luego de sus denuncias? ¿En serio no se dan cuenta de que la única “oposición” que será tolerada en los procesos venideros será la “Acción Democrática” de Bernabé Gutiérrez y partidos similares?

Esto me lleva a otro de los señalamientos de los fetichistas electorales. Dicen, como si fuera una obviedad, que se puede seguir participando en elecciones mientras se insiste en el reclamo sobre el 28 de julio. ¿Cómo se explica entonces que en agosto pasado (no ayer, no la semana pasada; agosto) el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, negó tal posibilidad en declaraciones desde el hemiciclo de sesiones transmitidas por televisión? Luego de que el Tribunal Supremo de Justicia emitiera sentencia convalidando el resultado de los comicios presidenciales tal como lo anunció el Consejo Nacional Electoral, Rodríguez dijo lo siguiente: “Quien no acate esta sentencia después no va estar inscribiendo planchas para diputados y diputadas. Después no va a estar inscribiendo candidaturas para gobernaciones y alcaldías. Porque esta nueva ley de partidos políticos no lo va a permitir”.

Como ustedes pueden ver, los fetichistas electorales no saben de lo que hablan o fingen no saber. Y si finalmente tienen que admitir las nuevas reglas dictadas por la elite gobernante, me pregunto cuál será el plan para decirle al público en general que tiene que sacrificar su voto en elecciones presidenciales para ver si, quizá, la “oposición” gana la Alcaldía de Bejuma y una mayoría en el Consejo Municipal de Pedernales. Me pregunto cuál es el plan para decirles eso a los familiares de personas presas por defender el voto. Ah, y tanto que los fetichistas electorales estuvieron por años reclamando a la dirigencia opositora por su “abstencionismo”. Pues en 2024 no hubo nada de eso. Se votó y, ahora que hay dirigentes y ciudadanos comunes tras las rejas por exigir respeto a ese voto, aquellos señores tendrán que decir que hay que olvidarse de todo eso para seguir en su retorcida idea de “lucha”.

En fin, si hay personas que desinteresadamente creen que podrán convencer a las masas de que este es el camino correcto, pues los insto a que me expliquen cómo. Prometo escuchar sin prejuicios. Pero hasta ahora su silencio al respecto es total. Y como dice el aforismo atribuido a Sartre, cada silencio tiene tantas consecuencias como cada palabra. Les advierto en buena fe cuál será la consecuencia de su silencio: se van a estrellar durísimo con un muro de rechazo. Da igual si la causa encabezada por Machado no tiene éxito. La gente de todas formas no va a querer “votar porque sí”. Se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster. Porque esa ilusión de movimiento es lo que queda para quienes se consideran opositores, pero quieren seguir empeñados en el fetichismo electoral: desechar un voto para que les permitan votar nuevamente. Así, probablemente ad infinitum. No, gracias.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La gente no va a querer “votar porque sí”. Los fetichistas electorales se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster

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Una de las más célebres pinturas de Gauguin hechas durante su estancia entre los nativos de Tahití lleva por nombre ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Semejante arranque filosófico solo podía tener su origen en algún intento de trascendencia metafísica. En efecto, proviene de las enseñanzas que el pintor, durante su pasado como seminarista, recibió del entonces obispo de Orleans, el sabio Félix Douanloup.

Pero este no es un artículo sobre lecciones de teología católica, postimpresionismo o antropología de los pueblos polinesios. Solo me estoy valiendo de la susodicha tríada de preguntas para abordar una cuestión en la psique colectiva de los venezolanos. Creo yo que sabemos de dónde venimos y quiénes somos. No estamos en cambio tan seguros de a dónde vamos. Hubo una gran expectativa de que la duda se despejaría el 10 de enero, pero no fue así. La oposición no cumplió su objetivo de precipitar una transición política sobre la base de su reclamo con respecto a los comicios presidenciales de julio pasado. Asegura que lo seguirá intentando, pero no sabemos de qué manera. Dado que todos los aspectos de la vida en Venezuela están bastante condicionados a la situación política nacional, la incógnita se cierne sobre cada ciudadano.

Es comprensible por lo tanto que haya venezolanos preocupados sobre lo que habrá que hacer de ahora en adelante. No pretendo que tengo la respuesta a esas inquietudes. Pero sí sé que no tiene ningún sentido repetir fracasos. De manera que me resulta insólito que haya personas, que se identifican como opositoras, insistiendo en el fetichismo electoral.

El planteamiento resurgió luego de que María Corina Machado rechazara cualquier pretensión de que la oposición participe en futuras “elecciones” mientras la elite gobernante se niegue a reconocer el reclamo sobre el 28 de julio. Lo que diré a continuación no se basa en la emisora del mensaje, sino en el enunciado propiamente dicho. No parte de una fe ciega en Machado, que no tengo de ninguna manera. Soy otro ciudadano común, ajeno a las deliberaciones internas de la dirigencia opositora y que como tal ignora cómo la misma piensa cumplir sus objetivos. No descarto para nada que finalmente no tengan éxito. Pero nada de eso me impide entender que las secuelas del 28 de julio clausuraron definitivamente la “vía electoral” para la oposición.

Ergo, el fetichismo electoral, ese empeño en que el voto no es un instrumento de la ciudadanía sino una especie de mandato deontológico, debería haber sido barrido del mapa. Me atrevería a decir que en lo que a las masas venezolanas respecta, está muerto. Sin embargo, un muy reducido número de personas muy dadas a la opinión pública copió las tradiciones del vudú y tiene al fetichismo electoral deambulando por ahí, cual zombi. Si, con algunas excepciones, sus argumentos fueron en el mejor caso dudosos antes del año pasado, ahora son inequívocamente ridículos. Un cúmulo de sofismas y omisiones de hechos públicos, notorios y comunicacionales que solo se pueden explicar con observaciones muy limitadas o con intenciones inconfesables. So riesgo de pasar por ingenuo, voy a asumir que al menos algunos de los que siguen con eso lo hacen en buena fe, pero no por eso me voy a abstener de hacer los cuestionamientos que verán a continuación.

Desde el poder se ha anunciado un conjunto de “elecciones” para este año. Así que los fetichistas electorales, luego de la alocución de Machado, pegaron el grito al cielo, señalando que la oposición tiene que participar en todas. Dicen que “hay que seguir exponiéndolos” (a la elite gobernante, al no respetar la voluntad ciudadana). Como si hubiera algo más que exponer. Desde hace años que no hay nadie, dentro o fuera de Venezuela, que vaya a cambiar de opinión sobre el tipo de sistema político que tenemos. Los que actúan como si no hubiera nada malo están incurablemente fanatizados por algún tipo de propaganda oficialista o, como creo que ocurre en la mayoría de los casos, simplemente fingen no ver lo obvio. Mientras, los que sí entienden y asumen en consecuencia un discurso crítico no parecen dispuestos a hacer más de lo que ya han hecho para presionar por una transición pacífica y negociada.

Ya llevamos casi una década así. Comenzó cuando ni más ni menos que a la Asamblea Nacional le confiscaron todas sus competencias, anulando así de facto el resultado de las elecciones que la pusieron en manos de la oposición. No estamos hablando del Consejo Municipal de San Fernando de Atabapo. Estamos hablando de la legislatura de todo el país. Luego de un hecho de semejante gravedad, no debió quedar ninguna duda sobre las impresiones que el resto del mundo se hace sobre Venezuela. Tampoco debió quedar duda alguna sobre lo que el poder está dispuesto a hacer para mantener el statu quo.

Aun así, los fetichistas electorales pasaron años pontificando que lo que pasó con el legislativo no podía pasar con el ejecutivo, acaso depositando sus esperanzas en que el inmenso poder y el carácter totémico de la Presidencia de la República harían la diferencia. Llegó el 28 de julio de 2024 y miren qué ocurrió. ¿Hubo algún reconocimiento de error? ¡Qué va! Ahí siguen, exclamando sobre la necesidad de “exponer”, como si la elite gobernante no llevara años dejando claro que mantener el poder le importa infinitamente más que lo que el resto del planeta piense sobre ella.

Además, “exponer” es básicamente denunciar. ¿Quién les dijo que podrán seguir participando en elecciones y denunciar? ¿Acaso no vieron lo que le pasó a Enrique Márquez, luego de sus denuncias? ¿En serio no se dan cuenta de que la única “oposición” que será tolerada en los procesos venideros será la “Acción Democrática” de Bernabé Gutiérrez y partidos similares?

Esto me lleva a otro de los señalamientos de los fetichistas electorales. Dicen, como si fuera una obviedad, que se puede seguir participando en elecciones mientras se insiste en el reclamo sobre el 28 de julio. ¿Cómo se explica entonces que en agosto pasado (no ayer, no la semana pasada; agosto) el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, negó tal posibilidad en declaraciones desde el hemiciclo de sesiones transmitidas por televisión? Luego de que el Tribunal Supremo de Justicia emitiera sentencia convalidando el resultado de los comicios presidenciales tal como lo anunció el Consejo Nacional Electoral, Rodríguez dijo lo siguiente: “Quien no acate esta sentencia después no va estar inscribiendo planchas para diputados y diputadas. Después no va a estar inscribiendo candidaturas para gobernaciones y alcaldías. Porque esta nueva ley de partidos políticos no lo va a permitir”.

Como ustedes pueden ver, los fetichistas electorales no saben de lo que hablan o fingen no saber. Y si finalmente tienen que admitir las nuevas reglas dictadas por la elite gobernante, me pregunto cuál será el plan para decirle al público en general que tiene que sacrificar su voto en elecciones presidenciales para ver si, quizá, la “oposición” gana la Alcaldía de Bejuma y una mayoría en el Consejo Municipal de Pedernales. Me pregunto cuál es el plan para decirles eso a los familiares de personas presas por defender el voto. Ah, y tanto que los fetichistas electorales estuvieron por años reclamando a la dirigencia opositora por su “abstencionismo”. Pues en 2024 no hubo nada de eso. Se votó y, ahora que hay dirigentes y ciudadanos comunes tras las rejas por exigir respeto a ese voto, aquellos señores tendrán que decir que hay que olvidarse de todo eso para seguir en su retorcida idea de “lucha”.

En fin, si hay personas que desinteresadamente creen que podrán convencer a las masas de que este es el camino correcto, pues los insto a que me expliquen cómo. Prometo escuchar sin prejuicios. Pero hasta ahora su silencio al respecto es total. Y como dice el aforismo atribuido a Sartre, cada silencio tiene tantas consecuencias como cada palabra. Les advierto en buena fe cuál será la consecuencia de su silencio: se van a estrellar durísimo con un muro de rechazo. Da igual si la causa encabezada por Machado no tiene éxito. La gente de todas formas no va a querer “votar porque sí”. Se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster. Porque esa ilusión de movimiento es lo que queda para quienes se consideran opositores, pero quieren seguir empeñados en el fetichismo electoral: desechar un voto para que les permitan votar nuevamente. Así, probablemente ad infinitum. No, gracias.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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La gente no va a querer “votar porque sí”. Los fetichistas electorales se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster

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Una de las más célebres pinturas de Gauguin hechas durante su estancia entre los nativos de Tahití lleva por nombre ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Semejante arranque filosófico solo podía tener su origen en algún intento de trascendencia metafísica. En efecto, proviene de las enseñanzas que el pintor, durante su pasado como seminarista, recibió del entonces obispo de Orleans, el sabio Félix Douanloup.

Pero este no es un artículo sobre lecciones de teología católica, postimpresionismo o antropología de los pueblos polinesios. Solo me estoy valiendo de la susodicha tríada de preguntas para abordar una cuestión en la psique colectiva de los venezolanos. Creo yo que sabemos de dónde venimos y quiénes somos. No estamos en cambio tan seguros de a dónde vamos. Hubo una gran expectativa de que la duda se despejaría el 10 de enero, pero no fue así. La oposición no cumplió su objetivo de precipitar una transición política sobre la base de su reclamo con respecto a los comicios presidenciales de julio pasado. Asegura que lo seguirá intentando, pero no sabemos de qué manera. Dado que todos los aspectos de la vida en Venezuela están bastante condicionados a la situación política nacional, la incógnita se cierne sobre cada ciudadano.

Es comprensible por lo tanto que haya venezolanos preocupados sobre lo que habrá que hacer de ahora en adelante. No pretendo que tengo la respuesta a esas inquietudes. Pero sí sé que no tiene ningún sentido repetir fracasos. De manera que me resulta insólito que haya personas, que se identifican como opositoras, insistiendo en el fetichismo electoral.

El planteamiento resurgió luego de que María Corina Machado rechazara cualquier pretensión de que la oposición participe en futuras “elecciones” mientras la elite gobernante se niegue a reconocer el reclamo sobre el 28 de julio. Lo que diré a continuación no se basa en la emisora del mensaje, sino en el enunciado propiamente dicho. No parte de una fe ciega en Machado, que no tengo de ninguna manera. Soy otro ciudadano común, ajeno a las deliberaciones internas de la dirigencia opositora y que como tal ignora cómo la misma piensa cumplir sus objetivos. No descarto para nada que finalmente no tengan éxito. Pero nada de eso me impide entender que las secuelas del 28 de julio clausuraron definitivamente la “vía electoral” para la oposición.

Ergo, el fetichismo electoral, ese empeño en que el voto no es un instrumento de la ciudadanía sino una especie de mandato deontológico, debería haber sido barrido del mapa. Me atrevería a decir que en lo que a las masas venezolanas respecta, está muerto. Sin embargo, un muy reducido número de personas muy dadas a la opinión pública copió las tradiciones del vudú y tiene al fetichismo electoral deambulando por ahí, cual zombi. Si, con algunas excepciones, sus argumentos fueron en el mejor caso dudosos antes del año pasado, ahora son inequívocamente ridículos. Un cúmulo de sofismas y omisiones de hechos públicos, notorios y comunicacionales que solo se pueden explicar con observaciones muy limitadas o con intenciones inconfesables. So riesgo de pasar por ingenuo, voy a asumir que al menos algunos de los que siguen con eso lo hacen en buena fe, pero no por eso me voy a abstener de hacer los cuestionamientos que verán a continuación.

Desde el poder se ha anunciado un conjunto de “elecciones” para este año. Así que los fetichistas electorales, luego de la alocución de Machado, pegaron el grito al cielo, señalando que la oposición tiene que participar en todas. Dicen que “hay que seguir exponiéndolos” (a la elite gobernante, al no respetar la voluntad ciudadana). Como si hubiera algo más que exponer. Desde hace años que no hay nadie, dentro o fuera de Venezuela, que vaya a cambiar de opinión sobre el tipo de sistema político que tenemos. Los que actúan como si no hubiera nada malo están incurablemente fanatizados por algún tipo de propaganda oficialista o, como creo que ocurre en la mayoría de los casos, simplemente fingen no ver lo obvio. Mientras, los que sí entienden y asumen en consecuencia un discurso crítico no parecen dispuestos a hacer más de lo que ya han hecho para presionar por una transición pacífica y negociada.

Ya llevamos casi una década así. Comenzó cuando ni más ni menos que a la Asamblea Nacional le confiscaron todas sus competencias, anulando así de facto el resultado de las elecciones que la pusieron en manos de la oposición. No estamos hablando del Consejo Municipal de San Fernando de Atabapo. Estamos hablando de la legislatura de todo el país. Luego de un hecho de semejante gravedad, no debió quedar ninguna duda sobre las impresiones que el resto del mundo se hace sobre Venezuela. Tampoco debió quedar duda alguna sobre lo que el poder está dispuesto a hacer para mantener el statu quo.

Aun así, los fetichistas electorales pasaron años pontificando que lo que pasó con el legislativo no podía pasar con el ejecutivo, acaso depositando sus esperanzas en que el inmenso poder y el carácter totémico de la Presidencia de la República harían la diferencia. Llegó el 28 de julio de 2024 y miren qué ocurrió. ¿Hubo algún reconocimiento de error? ¡Qué va! Ahí siguen, exclamando sobre la necesidad de “exponer”, como si la elite gobernante no llevara años dejando claro que mantener el poder le importa infinitamente más que lo que el resto del planeta piense sobre ella.

Además, “exponer” es básicamente denunciar. ¿Quién les dijo que podrán seguir participando en elecciones y denunciar? ¿Acaso no vieron lo que le pasó a Enrique Márquez, luego de sus denuncias? ¿En serio no se dan cuenta de que la única “oposición” que será tolerada en los procesos venideros será la “Acción Democrática” de Bernabé Gutiérrez y partidos similares?

Esto me lleva a otro de los señalamientos de los fetichistas electorales. Dicen, como si fuera una obviedad, que se puede seguir participando en elecciones mientras se insiste en el reclamo sobre el 28 de julio. ¿Cómo se explica entonces que en agosto pasado (no ayer, no la semana pasada; agosto) el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, negó tal posibilidad en declaraciones desde el hemiciclo de sesiones transmitidas por televisión? Luego de que el Tribunal Supremo de Justicia emitiera sentencia convalidando el resultado de los comicios presidenciales tal como lo anunció el Consejo Nacional Electoral, Rodríguez dijo lo siguiente: “Quien no acate esta sentencia después no va estar inscribiendo planchas para diputados y diputadas. Después no va a estar inscribiendo candidaturas para gobernaciones y alcaldías. Porque esta nueva ley de partidos políticos no lo va a permitir”.

Como ustedes pueden ver, los fetichistas electorales no saben de lo que hablan o fingen no saber. Y si finalmente tienen que admitir las nuevas reglas dictadas por la elite gobernante, me pregunto cuál será el plan para decirle al público en general que tiene que sacrificar su voto en elecciones presidenciales para ver si, quizá, la “oposición” gana la Alcaldía de Bejuma y una mayoría en el Consejo Municipal de Pedernales. Me pregunto cuál es el plan para decirles eso a los familiares de personas presas por defender el voto. Ah, y tanto que los fetichistas electorales estuvieron por años reclamando a la dirigencia opositora por su “abstencionismo”. Pues en 2024 no hubo nada de eso. Se votó y, ahora que hay dirigentes y ciudadanos comunes tras las rejas por exigir respeto a ese voto, aquellos señores tendrán que decir que hay que olvidarse de todo eso para seguir en su retorcida idea de “lucha”.

En fin, si hay personas que desinteresadamente creen que podrán convencer a las masas de que este es el camino correcto, pues los insto a que me expliquen cómo. Prometo escuchar sin prejuicios. Pero hasta ahora su silencio al respecto es total. Y como dice el aforismo atribuido a Sartre, cada silencio tiene tantas consecuencias como cada palabra. Les advierto en buena fe cuál será la consecuencia de su silencio: se van a estrellar durísimo con un muro de rechazo. Da igual si la causa encabezada por Machado no tiene éxito. La gente de todas formas no va a querer “votar porque sí”. Se van a quedar muy solos, en una rueda de hámster. Porque esa ilusión de movimiento es lo que queda para quienes se consideran opositores, pero quieren seguir empeñados en el fetichismo electoral: desechar un voto para que les permitan votar nuevamente. Así, probablemente ad infinitum. No, gracias.

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