Recuerdo Salvador Morales, el cubano amigo

Posan para mi cámara el historiador cubano Salvador Morales y la entonces estudiante de la Universidad de Los Andes, Carmen Carrasquel Jerez. Días de La Habana, marzo de 1991. Los estudiantes recibíamos entonces de la institución los recursos necesarios para asistir a eventos de formación en cualquier lugar del mundo, en este caso al Encuentro de Historiadores de Cuba-México y Venezuela de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) celebrado en Palacio Aldama de la capital de Cuba.

Algunos de los trabajos presentados por la delegación estudiantil de la Escuela de Historia ULA fueron el de Robinzon Meza sobre los conflictos del Cabildo de Caracas, producto de una exhaustiva revisión de fuentes primarias en el archivo municipal de la capital venezolana; el de Carmen Carrasquel se refería a la participación de Ernesto “Che” Guevara en el Consejo de la OEA en agosto de 1961, su crítica a la política estadounidense y defensa de la Revolución cubana; y el nuestro a la división de Hato de Estánquez, una propuesta de estudio de la propiedad de la tierra en los andes venezolanos.

Otros estudiantes y egresados de la Escuela de Historia en aquel encuentro de marzo de 1991: Ernestina Galíndez, Dario Dizaccomo, Luis Aché, Nelly Henriquez y Oda Núñez. De los profesores de la ULA recuerdo a Gilberto Quintero, Alfredo Angulo, Luis Ricardo Dávila y Nelson Pineda. Representantes juveniles de LUZ en la cita entre otros: Edwin Chacón, Juan Eduardo Romero y Ángel Rafael Lombardi.

Artífices de la presencia de los jóvenes que éramos en ese evento lo fueron el estudiante de historia Juan Alonso Molina y el historiador cubano Salvador Morales. 

1999 era risible, 2010 inconcebible. 2018 la invención de una malvada mente, contraria al destino feliz de Venezuela. Nadie podía prever este futuro.

Fue Salvador Morales un entrañable amigo del liderazgo académico de las escuelas de Letras e Historia de la ULA entre las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Puente de una relación por la cual vinieron a dictar charlas, cursos y talleres en la Facultad de Humanidades y Educación especialistas cubanos como Hernán Venegas, Pedro Pablo Rodríguez, Olga Fernández, José Prato o Salvador Redonet Cook.  

Promotor también de la conformación y trabajo de las cátedras José Martí en universidades venezolanas, la correspondencia de Salvador Morales lo muestra en vinculación con: Alberto Rodríguez Carucci, Rafael Cartay, Julio César Tallaferro, Alí López Bohórquez, Hernán Lucena, Mirla Alcibíades, Reinaldo Rojas, Arístides Medina Rubio, Eric Núñez, Asdrúbal González, Dorothea Melcher, José Murguey, Silvio Villegas, Doris Pachano, Cecilia Cuesta, Jesús Serra, Nely Sosa, Omar Granados, Isaira Villamizar y Gladys Niño.

También con Juan Alonso Molina, Carmen Carrasquel e Isaac López en asuntos de distribución de libros. Un sistema de relaciones en Caracas, Valencia, Mérida, Barinas, Barquisimeto y Maracaibo.

Nacido en La Habana en 1939 y fallecido en Morelia, Michoacán, México en 2012, de Salvador Morales señala Agustín Sánchez Andrés, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en la revista Tzintzun, que: “Su preocupación por la problemática latinoamericana le llevó a lo largo de su prolífica carrera a interesarse por múltiples facetas de la realidad histórica de nuestro continente. Desde el proceso de articulación del sistema panamericano al pensamiento de José Martí, pasando por la diplomacia mexicana en el Caribe…”

Expresa Sánchez Andrés que: “Hombre extrovertido, amable, extremadamente culto y gran conversador, Salvador Morales supo cultivar numerosas y profundas amistades con colegas de todo el mundo. […] Su gran corazón no pudo resistir más la deslumbrante energía vital que le acompañó durante toda su vida.”

Culmina el investigador mexicano indicando que: “Su muerte supone la desaparición de uno de los historiadores latinoamericanos más comprometidos de su generación que, como contrapartida, deja un legado de 15 libros y más de cien artículos en revistas especializadas y libros colectivos publicados en diferentes países de América y Europa. Más difícil de llenar es el enorme vacío que deja a quienes le conocimos y tuvimos el privilegio de contar con su amistad.” (Tzintzun no.57 Morelia ene./jun. 2013).

Ferviente defensor del llamado Proyecto Histórico de la Revolución Cubana, en algún momento de 1989-1990 llegó a decir Salvador Morales sobre la situación venezolana: “Hay un ambiente apocalíptico. Sin embargo, confío en mis observaciones científicas: el mundo que deseamos emergerá de un modo o de otro, más potente y mejorado.”

En tiempos de encendida polarización, fanatismo y desconocimiento, para algunos era “un agente del castrismo”, “un tipo del G2 cubano”. Yo le recordaré siempre con afecto y simpatía. Por su trato deferente, cordial y amable. Por la gentileza en el diálogo con los estudiantes.

La última vez que nos vimos debió ser en 2003 o 2004, cuando yo había ingresado como docente de la Escuela de Historia ULA. Fue en las instalaciones del Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas, en su sede de La Hoyada de Milla y bajo la anfitrionía del profesor Hernán Lucena. Hablaba Salvador Morales allí sobre el estatuto del historiador, la formación esencial del estudioso profesional de la Historia. Las bases del oficio. Eso perdido entre difuminación de perfiles de las Escuelas de Historia, baja exigencia en los Programas de Formación en Historia, mediocridad de maestrías y doctorados de universidades públicas y privadas, amiguismo, necesidades económicas de subsistencia de los posgrados…

Para mí siempre será un personaje de la cordialidad. En momentos cuando se ponen sobre la mesa cartas de pureza antiizquierdista, renegando de las convicciones esgrimidas por los universitarios en las décadas de los sesenta a los ochenta, y una y otra vez se vuelve sobre los firmantes de la bienvenida a Fidel Castro en 1989, reitero el agradecimiento y simpatía hacia Salvador Morales, el cubano amigo.

@YsaacLpez | 1° de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Posan para mi cámara el historiador cubano Salvador Morales y la entonces estudiante de la Universidad de Los Andes, Carmen Carrasquel Jerez. Días de La Habana, marzo de 1991. Los estudiantes recibíamos entonces de la institución los recursos necesarios para asistir a eventos de formación en cualquier lugar del mundo, en este caso al Encuentro de Historiadores de Cuba-México y Venezuela de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) celebrado en Palacio Aldama de la capital de Cuba.

Algunos de los trabajos presentados por la delegación estudiantil de la Escuela de Historia ULA fueron el de Robinzon Meza sobre los conflictos del Cabildo de Caracas, producto de una exhaustiva revisión de fuentes primarias en el archivo municipal de la capital venezolana; el de Carmen Carrasquel se refería a la participación de Ernesto “Che” Guevara en el Consejo de la OEA en agosto de 1961, su crítica a la política estadounidense y defensa de la Revolución cubana; y el nuestro a la división de Hato de Estánquez, una propuesta de estudio de la propiedad de la tierra en los andes venezolanos.

Otros estudiantes y egresados de la Escuela de Historia en aquel encuentro de marzo de 1991: Ernestina Galíndez, Dario Dizaccomo, Luis Aché, Nelly Henriquez y Oda Núñez. De los profesores de la ULA recuerdo a Gilberto Quintero, Alfredo Angulo, Luis Ricardo Dávila y Nelson Pineda. Representantes juveniles de LUZ en la cita entre otros: Edwin Chacón, Juan Eduardo Romero y Ángel Rafael Lombardi.

Artífices de la presencia de los jóvenes que éramos en ese evento lo fueron el estudiante de historia Juan Alonso Molina y el historiador cubano Salvador Morales. 

1999 era risible, 2010 inconcebible. 2018 la invención de una malvada mente, contraria al destino feliz de Venezuela. Nadie podía prever este futuro.

Fue Salvador Morales un entrañable amigo del liderazgo académico de las escuelas de Letras e Historia de la ULA entre las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Puente de una relación por la cual vinieron a dictar charlas, cursos y talleres en la Facultad de Humanidades y Educación especialistas cubanos como Hernán Venegas, Pedro Pablo Rodríguez, Olga Fernández, José Prato o Salvador Redonet Cook.  

Promotor también de la conformación y trabajo de las cátedras José Martí en universidades venezolanas, la correspondencia de Salvador Morales lo muestra en vinculación con: Alberto Rodríguez Carucci, Rafael Cartay, Julio César Tallaferro, Alí López Bohórquez, Hernán Lucena, Mirla Alcibíades, Reinaldo Rojas, Arístides Medina Rubio, Eric Núñez, Asdrúbal González, Dorothea Melcher, José Murguey, Silvio Villegas, Doris Pachano, Cecilia Cuesta, Jesús Serra, Nely Sosa, Omar Granados, Isaira Villamizar y Gladys Niño.

También con Juan Alonso Molina, Carmen Carrasquel e Isaac López en asuntos de distribución de libros. Un sistema de relaciones en Caracas, Valencia, Mérida, Barinas, Barquisimeto y Maracaibo.

Nacido en La Habana en 1939 y fallecido en Morelia, Michoacán, México en 2012, de Salvador Morales señala Agustín Sánchez Andrés, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en la revista Tzintzun, que: “Su preocupación por la problemática latinoamericana le llevó a lo largo de su prolífica carrera a interesarse por múltiples facetas de la realidad histórica de nuestro continente. Desde el proceso de articulación del sistema panamericano al pensamiento de José Martí, pasando por la diplomacia mexicana en el Caribe…”

Expresa Sánchez Andrés que: “Hombre extrovertido, amable, extremadamente culto y gran conversador, Salvador Morales supo cultivar numerosas y profundas amistades con colegas de todo el mundo. […] Su gran corazón no pudo resistir más la deslumbrante energía vital que le acompañó durante toda su vida.”

Culmina el investigador mexicano indicando que: “Su muerte supone la desaparición de uno de los historiadores latinoamericanos más comprometidos de su generación que, como contrapartida, deja un legado de 15 libros y más de cien artículos en revistas especializadas y libros colectivos publicados en diferentes países de América y Europa. Más difícil de llenar es el enorme vacío que deja a quienes le conocimos y tuvimos el privilegio de contar con su amistad.” (Tzintzun no.57 Morelia ene./jun. 2013).

Ferviente defensor del llamado Proyecto Histórico de la Revolución Cubana, en algún momento de 1989-1990 llegó a decir Salvador Morales sobre la situación venezolana: “Hay un ambiente apocalíptico. Sin embargo, confío en mis observaciones científicas: el mundo que deseamos emergerá de un modo o de otro, más potente y mejorado.”

En tiempos de encendida polarización, fanatismo y desconocimiento, para algunos era “un agente del castrismo”, “un tipo del G2 cubano”. Yo le recordaré siempre con afecto y simpatía. Por su trato deferente, cordial y amable. Por la gentileza en el diálogo con los estudiantes.

La última vez que nos vimos debió ser en 2003 o 2004, cuando yo había ingresado como docente de la Escuela de Historia ULA. Fue en las instalaciones del Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas, en su sede de La Hoyada de Milla y bajo la anfitrionía del profesor Hernán Lucena. Hablaba Salvador Morales allí sobre el estatuto del historiador, la formación esencial del estudioso profesional de la Historia. Las bases del oficio. Eso perdido entre difuminación de perfiles de las Escuelas de Historia, baja exigencia en los Programas de Formación en Historia, mediocridad de maestrías y doctorados de universidades públicas y privadas, amiguismo, necesidades económicas de subsistencia de los posgrados…

Para mí siempre será un personaje de la cordialidad. En momentos cuando se ponen sobre la mesa cartas de pureza antiizquierdista, renegando de las convicciones esgrimidas por los universitarios en las décadas de los sesenta a los ochenta, y una y otra vez se vuelve sobre los firmantes de la bienvenida a Fidel Castro en 1989, reitero el agradecimiento y simpatía hacia Salvador Morales, el cubano amigo.

@YsaacLpez | 1° de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Fue Salvador Morales un entrañable amigo del liderazgo académico de las escuelas de Letras e Historia de la ULA entre las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX
TelegramWhatsAppFacebookX

Posan para mi cámara el historiador cubano Salvador Morales y la entonces estudiante de la Universidad de Los Andes, Carmen Carrasquel Jerez. Días de La Habana, marzo de 1991. Los estudiantes recibíamos entonces de la institución los recursos necesarios para asistir a eventos de formación en cualquier lugar del mundo, en este caso al Encuentro de Historiadores de Cuba-México y Venezuela de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) celebrado en Palacio Aldama de la capital de Cuba.

Algunos de los trabajos presentados por la delegación estudiantil de la Escuela de Historia ULA fueron el de Robinzon Meza sobre los conflictos del Cabildo de Caracas, producto de una exhaustiva revisión de fuentes primarias en el archivo municipal de la capital venezolana; el de Carmen Carrasquel se refería a la participación de Ernesto “Che” Guevara en el Consejo de la OEA en agosto de 1961, su crítica a la política estadounidense y defensa de la Revolución cubana; y el nuestro a la división de Hato de Estánquez, una propuesta de estudio de la propiedad de la tierra en los andes venezolanos.

Otros estudiantes y egresados de la Escuela de Historia en aquel encuentro de marzo de 1991: Ernestina Galíndez, Dario Dizaccomo, Luis Aché, Nelly Henriquez y Oda Núñez. De los profesores de la ULA recuerdo a Gilberto Quintero, Alfredo Angulo, Luis Ricardo Dávila y Nelson Pineda. Representantes juveniles de LUZ en la cita entre otros: Edwin Chacón, Juan Eduardo Romero y Ángel Rafael Lombardi.

Artífices de la presencia de los jóvenes que éramos en ese evento lo fueron el estudiante de historia Juan Alonso Molina y el historiador cubano Salvador Morales. 

1999 era risible, 2010 inconcebible. 2018 la invención de una malvada mente, contraria al destino feliz de Venezuela. Nadie podía prever este futuro.

Fue Salvador Morales un entrañable amigo del liderazgo académico de las escuelas de Letras e Historia de la ULA entre las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Puente de una relación por la cual vinieron a dictar charlas, cursos y talleres en la Facultad de Humanidades y Educación especialistas cubanos como Hernán Venegas, Pedro Pablo Rodríguez, Olga Fernández, José Prato o Salvador Redonet Cook.  

Promotor también de la conformación y trabajo de las cátedras José Martí en universidades venezolanas, la correspondencia de Salvador Morales lo muestra en vinculación con: Alberto Rodríguez Carucci, Rafael Cartay, Julio César Tallaferro, Alí López Bohórquez, Hernán Lucena, Mirla Alcibíades, Reinaldo Rojas, Arístides Medina Rubio, Eric Núñez, Asdrúbal González, Dorothea Melcher, José Murguey, Silvio Villegas, Doris Pachano, Cecilia Cuesta, Jesús Serra, Nely Sosa, Omar Granados, Isaira Villamizar y Gladys Niño.

También con Juan Alonso Molina, Carmen Carrasquel e Isaac López en asuntos de distribución de libros. Un sistema de relaciones en Caracas, Valencia, Mérida, Barinas, Barquisimeto y Maracaibo.

Nacido en La Habana en 1939 y fallecido en Morelia, Michoacán, México en 2012, de Salvador Morales señala Agustín Sánchez Andrés, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en la revista Tzintzun, que: “Su preocupación por la problemática latinoamericana le llevó a lo largo de su prolífica carrera a interesarse por múltiples facetas de la realidad histórica de nuestro continente. Desde el proceso de articulación del sistema panamericano al pensamiento de José Martí, pasando por la diplomacia mexicana en el Caribe…”

Expresa Sánchez Andrés que: “Hombre extrovertido, amable, extremadamente culto y gran conversador, Salvador Morales supo cultivar numerosas y profundas amistades con colegas de todo el mundo. […] Su gran corazón no pudo resistir más la deslumbrante energía vital que le acompañó durante toda su vida.”

Culmina el investigador mexicano indicando que: “Su muerte supone la desaparición de uno de los historiadores latinoamericanos más comprometidos de su generación que, como contrapartida, deja un legado de 15 libros y más de cien artículos en revistas especializadas y libros colectivos publicados en diferentes países de América y Europa. Más difícil de llenar es el enorme vacío que deja a quienes le conocimos y tuvimos el privilegio de contar con su amistad.” (Tzintzun no.57 Morelia ene./jun. 2013).

Ferviente defensor del llamado Proyecto Histórico de la Revolución Cubana, en algún momento de 1989-1990 llegó a decir Salvador Morales sobre la situación venezolana: “Hay un ambiente apocalíptico. Sin embargo, confío en mis observaciones científicas: el mundo que deseamos emergerá de un modo o de otro, más potente y mejorado.”

En tiempos de encendida polarización, fanatismo y desconocimiento, para algunos era “un agente del castrismo”, “un tipo del G2 cubano”. Yo le recordaré siempre con afecto y simpatía. Por su trato deferente, cordial y amable. Por la gentileza en el diálogo con los estudiantes.

La última vez que nos vimos debió ser en 2003 o 2004, cuando yo había ingresado como docente de la Escuela de Historia ULA. Fue en las instalaciones del Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas, en su sede de La Hoyada de Milla y bajo la anfitrionía del profesor Hernán Lucena. Hablaba Salvador Morales allí sobre el estatuto del historiador, la formación esencial del estudioso profesional de la Historia. Las bases del oficio. Eso perdido entre difuminación de perfiles de las Escuelas de Historia, baja exigencia en los Programas de Formación en Historia, mediocridad de maestrías y doctorados de universidades públicas y privadas, amiguismo, necesidades económicas de subsistencia de los posgrados…

Para mí siempre será un personaje de la cordialidad. En momentos cuando se ponen sobre la mesa cartas de pureza antiizquierdista, renegando de las convicciones esgrimidas por los universitarios en las décadas de los sesenta a los ochenta, y una y otra vez se vuelve sobre los firmantes de la bienvenida a Fidel Castro en 1989, reitero el agradecimiento y simpatía hacia Salvador Morales, el cubano amigo.

@YsaacLpez | 1° de septiembre de 2025.

  • Isaac López es historiador, profesor de Universidad de Los Andes y doctor en Historia por la UCAB. Mérida.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.