Isaac López, autor en Runrun

Isaac Abraham López

#NotasSobreLaIzquierdaVenezolana | Fidel Castro y Rómulo Betancourt, el paisaje de una enemistad, por Isaac Abraham López*
Si en enero de 1959 las muchedumbres de Caracas vitoreaban a Castro y chiflaban a Betancourt, el tiempo haría otra obra
Aquí dos liderazgos controversiales, dos formas de entender la política y la historia de América Latina. Dos países al final rendidos ante un mismo modelo fracasado, enquistado en lo peor de nosotros

 

@YsaacLpez

Para mayo de 1968, el venezolano Moisés Moleiro, de los jóvenes universitarios envueltos en la pasión de su época, de los fundadores de la primera escisión de Acción Democrática en 1960 y líder guerrillero en la incursión de Machurucuto de 1967, expresaba en entrevista a la publicación mexicana ¿Por qué?: «El ejemplo de la Revolución cubana no solo influyó en el nacimiento del MIR, sino que además cambió toda la estructura política de América Latina, por lo menos en lo que respecta a conceptos generales. Vimos que en tanto nuestros dirigentes habían estado hablando de revolución durante treinta años, en Cuba la revolución había triunfado después de dos años de lucha; en tanto Rómulo Betancourt había estado hablando de reforma agraria durante treinta años, y había gobernado durante dos períodos sin hacer nada al respecto, en Cuba tenía lugar una reforma agraria de vastos alcances; en tanto nuestros dirigentes habían estado hablando de nacionalismo y de la lucha contra el imperialismo durante treinta años, y cada vez que llegaban al poder evitaban cobardemente el tema, en Cuba se hacía frente resueltamente a la presión yanqui, a la presión imperialista.» (¿Por qué?, México, 8 de mayo 1968).

Allí el retrato de dos liderazgos del entonces llamado «Continente de la Esperanza». Venezuela y Cuba en dos procesos políticos nacientes. El escenario no puede ser perdido de vista: la década del sesenta. Mítica y mitificada en aperturas y cambios. Luego de que sus antecesoras fueran del aferramiento de dictaduras militares sojuzgadoras de sus pueblos. Para aquellos años Rómulo Betancourt y Fidel Castro significaban dos opciones a seguir para las masas juveniles. Conservadora, progresiva, moderada, establecida en gradualidad y concesiones la primera. La segunda: radical, efervescente, contestataria, vanguardista, apoyada en una palabra mágica y transformadora, de gran brillo: revolución.

Jugamos con el título del trabajo de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli, Gabo y Fidel, el paisaje de una amistad (Madrid, Espasa Libros, 2003), que narra las cercanías entre el premio nobel colombiano y el líder máximo de la política cubana por seis décadas. En el libro, sus autores presentan las labores de Gabriel García Márquez ante Castro para lograr diversos favores. Casos como la salida del escritor Norberto Fuentes, amigo de los hermanos de La Guardia y partícipe de los privilegios de su grupo de poder, temeroso de ser salpicado por la acusación de tráfico de drogas hacia «la isla de la dignidad» en 1989, o el de Elián González, «el niño balsero», jalonado entre Miami y La Habana en 1999, contaron con el invencionero de Aracataca para su resolución.

Fue distinta la relación entre Rómulo Betancourt y Fidel Castro. Su evocación me viene a propósito de revisar el libro del periodista e investigador británico Richard Gott: Las guerrillas en América Latina (Santiago, Universidad de Chile, 1971). Allí se puede leer: «Como lo señalara Regis Debray en uno de sus primeros ensayos, la visita de Castro produjo un efecto perdurable en Betancourt. Le hizo ver claramente lo impopular que era en su propia capital: En la década del cincuenta, Betancourt todavía podía creer que dirigía la resistencia popular contra el imperialismo: después de la visita relámpago de Fidel a Venezuela en 1959, Betancourt se dio cuenta de cuál habría de ser su papel. En los violentos denuestos lanzados al poco tiempo por Betancourt contra el “castro-comunismo” —expresión que recorrió el continente entero— y en su desequilibrio paranoico en realidad se expresa un político insignificante y gastado, condenado a un automóvil blindado y a la soledad, que un día de 1959, en la Plaza del Silencio de Caracas, permitió que le arrebataran su papel y sus parlamentos ante la presencia de 500.000 personas» (p. 129).

Si en enero de 1959 las muchedumbres de Caracas vitoreaban a Castro y chiflaban a Betancourt, el tiempo haría otra obra.

Todavía para 1960 el Che Guevara en su manual Guerra de guerrillas escribía: «Quizás el primer paso de la agresión no sea contra nosotros sino contra el Gobierno Constitucional de Venezuela para liquidar el último punto de apoyo en el Continente» (Santiago de Chile, CEME, 2004, p. 64). Es decir, el guerrillero argentino mostraba los dos procesos –el nacido en Venezuela en enero de 1958 y el nacido en Cuba en enero de 1959– como dos revoluciones hermanas. Dos gestas que se apoyaban. Para noviembre de 1961 Betancourt anunciaba el rompimiento de relaciones diplomáticas con «un régimen para el cual el desmán y el irrespeto a la persona humana parecen no tener límites.» (Venezuela y Cuba. Rompimiento de relaciones. Respaldo nacional. Caracas, Imprenta Nacional, 1961, p. 11).

El investigador Gustavo Salcedo Ávila en su trabajo Venezuela, campo de batalla de la Guerra Fría. Los Estados Unidos y la era Rómulo Betancourt (1958-1964) (Caracas, Bancaribe, 2017, pp. 104-118) muestra la cercanía política de la relación entre los dos hombres, así como los pormenores de la separación en medio del afianzamiento de la democracia en América Latina. A ambos líderes pareció unirlos la necesidad de desarrollar políticas autónomas frente a las grandes potencias del momento, al mismo tiempo que repudiar a las dictaduras militares del continente.

Sesenta y cuatro años después, la figura de Betancourt luce remozada al presentarse como un líder de una democracia basada en la alternabilidad, el juego de partidos y la apertura política, un ideal al cual los hombres de este lado del mundo aún aspiramos. Mientras, Castro pareciera el fantasma tutelar de un régimen siniestro, fundado en represión, intolerancia y totalitarismo que no termina de morir. Compañero de Trujillo, Somoza, Duvalier, Stroessner, Pinochet. El pensamiento libre de los tiempos actuales hace más atractivo al entonces llamado Napoleón de Guatire.

La historia no absuelve a ninguno, abusos contra la ciudadanía parecieron sucederse en ambos gobiernos, excesos que el fanatismo de los bandos no logra calibrar. Eso desde la perspectiva del control del Estado, otra cosa son los esquemas de desarrollo, índices de producción, ascenso de la clase media, erradicación de enfermedades endémicas, las libertades públicas, la alfabetización y las campañas de lectura de la población, vialidad, hospitales y liceos, el bienestar general y modernización de los países. Punto central en la comparación: el gobierno de Betancourt duró cinco años y el de Castro cincuenta y siete. Y eso no es cualquier cosa. Pareciera que Betancourt gana la partida. Pero la democracia que ayudó a instaurar envejeció muy rápido. Una revisión de revistas como Momento y Elite –en nada voceras de la izquierda venezolana– entre 1962 y 1972, así lo evidencia.

Publicaciones de Fidel Castro y Rómulo Betancourt, este último en las míticas revistas venezolanas Elite y Momento.

Ambos modelos no supieron renovarse, cambiar, adecuarse a los tiempos y las necesidades. Se encerraron sobre sí mismos. Entonces pareciera que el juego quedara tablas. ¿Se apartó realmente Betancourt de la política venezolana y de los movimientos internos de su partido luego de 1964? La respuesta queda para las alegaciones. Pero sin dudas, el ideal político que contribuyó a instaurar entre 1958 y 1999, visto a la luz de estos días, ofrece mayor atractivo que aquel impuesto a la patria de Céspedes y Martí.

Rechacemos cualquier manipulación del presentismo. Aquí dos liderazgos controversiales, dos formas de entender la política y la historia de América Latina. Dos países al final rendidos ante un mismo modelo fracasado, enquistado en lo peor de nosotros.

isaacabraham75@gmail.com | 20 de enero de 2023.

* Historiador. Profesor. Universidad de Los Andes. Mérida |

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Argentina, 1985. Nunca más la injusticia, por Isaac Abraham López
¿Puede la democracia parar el horror? ¿La cárcel, la tortura, la vejación, el exilio, la muerte?

 

@IsaacLpez

A Alberto Hernández, amigo puntual, siempre.

«Llorarás las lágrimas, las que aún nos faltan por llorar. Gritarás la libertad, la que hiciste a gritos callar. Siempre serás llanto de furia en cadenas. (…) Siempre serás un pedazo de vergüenza. No hay palabra de Dios que borre lo que pasó. No sé si vas a caer. El amor es tenaz y vuelve a salir con el sol.» ¿Puede la democracia parar el horror? ¿La cárcel, la tortura, la vejación, el exilio, la muerte? ¿Puede el poder civil poner un basta al poder militar? ¿De verdad puede imponerse la justicia, sin odios, sin revanchismo, sin retaliaciones?

El tema de la opresión, la intolerancia, los desaparecidos y muertos de la Argentina en los años terribles la bota castrense (1976-1983), me ha conmovido desde siempre. A sensibilizarnos ante la pesadilla contribuyeron crónicas, relatos, novelas, películas… Las Madres de Mayo caminan en silencio por la ciudad sitiada. La historia oficial no era historia. Tomás Eloy Martínez pulsa las letras del destierro. Juan Gelman y Paco Urondo saben el significado exacto de la palabra pérdida. Nacha Guevara recuenta los atentados por una obra de teatro y dos canciones. Fito Páez se sobrepone a la tristeza reivindicando la rebeldía como parte del aire.

Volver a esos hechos a través de la película de Santiago Mitre, Argentina 1985 (2022), largometraje sobre la necesidad de equidad ante las heridas de un país, narración de los días del juicio llevado a cabo por la democracia presidida por Raúl Alfonsín a los miembros de las Juntas Militares, responsables de una política represiva atroz contra la población civil, para frenar lo que ellos consideraban la amenaza radical contra la república.

Hay escenas, diálogos y situaciones terribles. Pero también momentos simples y genuinamente emotivos. El elenco lo encabezan el fiscal general Julio César Strassera y su asistente Luis Moreno Ocampo, interpretados por el gran Ricardo Darín y Peter Lanzani. Pero no son solo ellos los personajes principales. Es una historia coral, la protagonista es la sociedad argentina, toda: los abusadores y los abusados, los que promovieron el terror y los que callaron ante él.

Una síntesis protagónica única se siente a lo largo del filme. El miedo y la valentía, el llanto y la risa, también tienen papeles estelares.

Videla, Massera, Agosti, Anaya, Graffigna, Galtieri, Viola, Lambruschini, sus abogados y las manos ejecutoras de amenazas y golpes, persecuciones y ultrajes, por una parte, y por la otra un fiscal y su entorno familiar, el equipo jurídico montado para recabar pruebas, los medios de comunicación, los miembros de la Fiscalía General… También las sombras y las luces de todo aquello. La conciencia y la sensibilidad que pueden nacer en medio de la exposición y la denuncia.

¿Quién autorizó a ese agente a largarme dos cachetas en cada mejilla como recibimiento al puesto policial? ¿Quién mandó a este otro a brincar sobre mi pecho y abdomen, a darme patadas como bestia llena de odio? ¿No son acaso seres humanos, como todos los que aquí estamos apiñados, estos que llegan y arremeten contra nuestros cuerpos blandiendo mangueras, rolos y llenándonos la nariz de «polvo pimienta», insultándonos como a escoria? ¿Quién le dio el visto bueno al comisario, que tirándome una pastilla me dijo: «Tomá viejo mamaguebo, ojalá te hubiera dado ese dolor en el pecho ayer cuando estabas quemando la alcaldía. Ojalá y te mueras»? ¿Por qué nos juzgan sin pruebas, nos sacan fotografías frente a bidones llenos de gasolina que nunca habíamos visto y nos obligan a firmar declaraciones inculpándonos de hechos que no hemos cometido? ¿Quién borra las lágrimas de las madres ante la partida de sus hijos por miedo? ¿Quién cura los moretones de un país al que se marca con sadismo, crueldad, bestialismo, desgarramiento?

De las tantas escenas a rescatar de la película de Santiago Mitre: en un pasillo del Palacio de Justicia se encuentran los integrantes del staff de defensores de los jefes militares y los jóvenes abogados contratados para recabar pruebas. Strassera dirige a los segundos y ante la arrogancia irrespetuosa de quien se sabe todavía ungido por el poder de las armas, el fiscal responde: «No se preocupe usted, señor abogado, por la juventud de los asistentes de la Fiscalía, preocúpese por la calidad de las pruebas que ellos recabaron contra sus defendidos». La fuerza de esos jóvenes, su afán de reivindicar a sus compatriotas, es de lo más hermoso de esta puesta en escena.

Otra: una mujer cuenta lo que hicieron con ella. Embarazada, a punto de tener a su hijo, la policía la secuestró. Amarrada en el asiento de atrás del automóvil gritaba que la socorrieran pues estaba pariendo. Los esbirros se burlaban y reían de ella. Su hijo nació y cayó al piso. El llanto de la madre y del niño se confundían. Cuando llegaron al centro de reclusión la hicieron limpiar desnuda un recinto ante las groserías de todo un contingente militar. Cuando terminó fue que pudo al fin abrazar a su criatura. Casi 800 casos similares fueron expuestos ante las autoridades para establecer la culpabilidad del alto mando militar.  

Otra, limpia, clara, contundente: el fiscal lee su alegato final ante la sala repleta. Ni música incidental, ni efectos de ningún tipo. La palabra alta de la dignidad que reclama justicia ante la cobardía, que niega la posibilidad de inmunidad ante la saña, los hechos atroces de una máquina de horror, «La muerte como herramienta política». La investigación ha sido «el descenso a las tinieblas del alma humana.»

Memoria, verdad, justicia, Argentina 1985 muestra la recuperación de la institucionalidad después de un tiempo de sombras. Lo indispensable de establecer responsabilidades sin jugar las mismas cartas de quienes ya no ostentaban el poder, aunque el de las armas lo siguieran teniendo. Los mecanismos de la democracia debían ser sustentación, imparcialidad, ecuanimidad. Aunque todo ese drama fuera llaga sangrante en miles y miles de hogares. Nunca más esos hechos debieron repetirse en ningún lugar de la América Latina.

«Todavía cantamos, todavía pedimos. Todavía soñamos, todavía esperamos. A pesar de los golpes que asestó en nuestras vidas el ingenio del odio desterrando al olvido a nuestros seres queridos.

Todavía cantamos, todavía pedimos. Todavía soñamos, todavía esperamos. Que nos digan adónde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino ¿Dónde, dónde se han ido?”.

La madurez de una sociedad lo exige. No puede haber dispensa ni olvido ante el crimen. Deben prevalecer memoria y justicia, siempre.

 13 de enero de 2021

* El autor es profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en Falcón. Una valoración general, por Isaac Abraham López

Carlos Andrés Pérez (izq.) junto con Leoncio López (der), gobernador de Falcón durante la gestión presidencial 1974 – 1979 del primero. Foto: Colección Leoncio López.

Tras la defenestración de Carlos Andrés Pérez y tras el interinato triste de Ramón J. Velásquez volvió Rafael Caldera por su cacicazgo. La democracia no se renovó, tampoco la ciudadanía. Aquí andamos 22 años después

 

@IsaacLpez

A Maribel López Arnáez

Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en dos oportunidades, falleció en el Mercy Hospital, de Miami, Florida, el 25 de diciembre de 2010. Durante su primera gestión administrativa, de 1974 a 1979, designó como gobernador del estado Falcón al médico pediatra Leoncio López Geerman, líder cercano a Antonio Leydenz y a Pablo Saher, destacados jerarcas regionales del partido Acción Democrática. A Leydez, lo consideraba CAP su padre político.

Aquel diciembre de 2010, treinta y un años después de haber sido su hombre en la dirección del gobierno en Falcón, fue Leo López quien pronunció el discurso en la plaza Bolívar de Coro para tributar homenaje a uno de los más carismáticos, polémicos y controversiales guías de la Venezuela contemporánea. Consecuencia, lealtad y camaradería de un disciplinado hombre de partido con el dirigente mayor, pero también lazos de fraternidad y amistad.

En aquel país que los estudiosos de la política y la historia nacional han llamado la Gran Venezuela, nación de excesos y desenfrenos de toda índole, la vorágine de unos años enloquecidos, desbordamiento del populismo derrochador, Leoncio López parece ser una de las excepciones de la regla.

La revista Polémica del 1.° de febrero de 1979 recoge la entrevista que el periodista Juan Orlando Aguilar le hizo poco antes de entregar el ejecutivo regional a Raúl Valeri Salvatierra, designado por el presidente Luis Herrera Campíns.

Allí el médico prestado a la política señalaba que tenía entre sus objetivos “recorrer el estado, conversar con su gente y permanecer alerta, para justificar y defender la obra de gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y la mía en Falcón” (Polémica, Año IX, N° 370, Coro, 1° de febrero de 1979, p. 14). Refería también en esa comparecencia el gobernador saliente que: “La imagen del gobierno se proyecta en obras y servicios.”

Foto de la izq.: Condecoraciones y entregas de bandas en los actos de los 450 años de Coro, Julio de 1977. Fotos de la Colección Leoncio López.

López protege su imagen y la de su partido. Se cuida de responder directamente a preguntas capciosas sobre el apoyo del liderazgo regional de Acción Democrática a su labor; y con habilidad contesta a las críticas sobre su gestión. El temor a caer en medio de la turbulencia que signó aquel quinquenio pareció una constante, lo cual lo muestra ante algunos como excesivamente moderado y como un gobernante arisco a asumir riesgos.

Vaya a saber cómo se manejaban y manejan los mecanismos íntimos del poder en Venezuela, las relaciones entre jefes y subordinados. El papel del partido en los gobiernos regionales ayer y hoy. Los intríngulis de lo que significa ser un gobernador de estado. Eso que no se ve sino desde adentro, desde los recovecos de la torre del Leviatán y las intrigas de la corte de El príncipe.      

Uno de los pocos mandatarios en permanecer los cinco años de la primera gestión del presidente Pérez, la administración de Leoncio López exhibe obras de efectivo impacto en el bienestar falconiano.

“El Gobernador del Agua” lo llamó su amigo monseñor Francisco José Iturriza. Pero si entre las realizaciones pueden mencionarse sistemas de aguadas en todos los distritos del estado y construcción de las represas de Maticora en Mene de Mauroa, Barrancas en la sierra de Coro, Camare en Pedregal, Cristo en Mirimire y Mamito en Dabajuro; también habría que enumerar entre otras obras: decreto de creación de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda; inicios de los trabajos de la sede y ampliación de estudios del Núcleo de LUZ en Punto Fijo; instauración del Núcleo de la Orquesta Juvenil de Venezuela; adecuación de la sede del Ateneo de Punto Fijo en la calle Arismendi de esa localidad; apoyo al plan caprino de Falcón con la estación de Zambrano; y mejoras en la vialidad del estado, entre otras la carretera Coro-Churuguara y la terminación de la cuarta etapa de la Coro-Punto Fijo.

Se adelantó asimismo el proyecto de sedes para las escuelas rurales r1, r2 y r3, las cuales dieron infraestructura a centros educativos que funcionaban en locales inadecuados o debajo de los árboles en sitios apartados de la geografía falconiana. Durante aquel gobierno se construyeron liceos en Mene de Mauroa, Dabajuro, San Luis, Mapararí, Mirimire, Cumarebo y Píritu, entre otros. Críticas, basadas en mayor acopio testimonial, habrán de hacerse en otro momento. 

Al ser nombrado en 1974 como gobernador del estado Falcón, a los 40 años de edad, Leoncio López Geerman había expresado: “Trabajaremos con energía, entusiasmo y empeño creador”.

Era el entusiasmo, la energía, de aquel primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, el jefe político que imprimiría un halo modernizador a Venezuela a partir de los importantes ingresos de la nacionalización del petróleo, pero cuyo mandato también significó el gasto desordenado y dispendioso junto con el crecimiento del Estado y de la deuda externa, como lo han juzgado muchos analistas.

Aquella Gran Venezuela finalizó en resaca bochornosa. Herrera Campíns expresó en su discurso de toma de posesión recibía un país hipotecado. Pronto arribaríamos al famoso Viernes Negro de la devaluación, desde entonces una constante de nuestra economía. Tanto dinero no sirvió para crear bases sostenidas de desarrollo y bienestar.

Luego de Herrera, vino Lusinchi, y después otra vez Carlos Andrés, el presidente. Aunque el triunfo se basó en un pueblo que esperaba volver a vivir el tiempo del primer gobierno, la implementación de una nueva visión económico-política causó rechazo, el cual aprovecharon también sus múltiples enemigos de derechas e izquierdas.

Aceptó la defenestración y la expulsión de su partido por un proyecto que parecía romper la tradición implementada por los mismos adecos desde los años cuarenta y se convirtió en un fantasma de la política. Después del interinato triste de Ramón J. Velásquez volvió Rafael Caldera por su cacicazgo. La democracia no se renovó, tampoco la ciudadanía. Y para modernizarnos, romper con la política corrupta, lograr mayor bienestar para amplias capas poblacionales y ampliar las bases democráticas decidimos optar en mayoritario voto por un proyecto de tono civil-militar. Aquí andamos 22 años después.

Esta es una valoración incompleta, en un momento del país que nos exige reflexión y serenidad, mirarnos hacia adentro y hacia fuera, en nuestras creencias de lo político, en nuestras formas de entender deberes y derechos, en la responsabilidad de ser ciudadanos, en el camino que nos trajo hasta aquí. Más allá del revanchismo y la reacción inmediatista.

Con 88 años, apreciado y respetado en muchos sectores del pueblo falconiano, Leoncio López nos sintetiza su visión sobre Pérez: “Líder político, ejecutivo y democrático. Lo que le pasó a él fue por su apego a la Constitución, las leyes y la democracia”. 

Reconociendo la existencia de importantes contribuciones de estudio y análisis del período, a cien años del nacimiento de Carlos Andrés Pérez, la valoración cabal y ajustada de su obra en Falcón y en Venezuela en general está aún por realizarse.  

Septiembre de 2022.

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Cuando es la Universidad la que te agrede, por Isaac Abraham López
La crítica a nuestras autoridades es normal dentro de la Universidad autónoma y democrática, y así debe asumirse. A menos que ya no sea ni autónoma ni democrática. ¿Un mini Estado cuartel?

 

@IsaacLpez

Hay que alertar sobre síntomas de imposición y totalitarismo en instituciones democráticas. La Universidad debe seguir siendo parte de las alternativas de una nueva formación ciudadana basada en respeto, pluralidad, exigencia y calidad.

En un artículo titulado De la presencialidad y sus embarazos, el profesor Víctor Rago, de la Escuela de Antropología de la UCV, reflexiona en la revista Trópico Absoluto del 16 de septiembre de 2022 sobre el llamado realizado por el Consejo Universitario a la vuelta a clases presenciales y la normalización de actividades.

Señala el académico: «La pregunta principal tendría que apuntar a la situación de la Universidad al cabo de poco más de tres años de paralización de muchas de sus actividades». Para inquirir después: «¿Qué hacer cuando se vuelva a la Universidad? Es decir, cuando de verdad y todo lo plenamente que se pueda volvamos a ella? Hay una forma todavía más rotunda de formular esta pregunta: ¿para qué volver? La convicción de que la vuelta es cuestión vital está reñida con el simplismo resignadamente recuperativo, tan cargado de añoranzas retrógradas: seguir como antes expone al peligro de un conformismo hecho de rutinas aletargantes, hábitos reflejos, prácticas de dudosa fertilidad precisamente cuando los tiempos exigen lo contrario.»

La Universidad de Los Andes y, en particular en nuestro caso, la Facultad de Humanidades y Educación, dispuso «la presencialidad» para el semestre iniciado en mayo de 2022, dejando también abierta la posibilidad de realizar clases virtuales. Un ambiguo sistema donde no hay claridad en los procedimientos. Cumplió con lo expuesto por Víctor Rago: simplismo resignadamente recuperativo, añoranzas retrogradas, continuidad azarosa y precaria de prácticas, conformismo hecho de rutinas aletargantes, prácticas de dudosa fertilidad…

Hay que abrir la Universidad, no importa en qué condiciones, y menos sin mucha crítica, pues parece que quien contribuyó a la destrucción ahora es aliado o artífice de la recuperación.

Recientemente culminó el semestre B-2022, en el cual abrimos en oferta a los alumnos tres materias: una obligatoria, Paleografía y Prácticas de Archivo; y dos optativas La Lucha Armada en Venezuela. 1960-1970 y La Lucha Armada en América Latina 1960-1970.

La materia obligatoria, Paleografía y Prácticas de Archivo, como su título define y se dicta desde 1965, tiene carácter teórico-práctico. En el semestre pasado se inscribieron 18 alumnos, de los cuales culminaron solo 5. No conozco las motivaciones de cada uno de los 13 alumnos para abandonar, solo algunos casos: estudiantes crónicos que inscriben la materia y la retiran, falta de compromiso en el cumplimiento de tareas y asignaciones, razones de trabajo, imposibilidad de sostenimiento económico en Mérida, y asiento fuera del país.

A inicios de semestre se me llamó desde la Dirección de la Escuela de Historia para plantearme la necesidad de atender a los inscritos en la materia que viven en otros países a través de las Tecnologías de la Información y Comunicación.

No basta decretar la novedad para que esta funcione. Como los que pretenden decretar la Navidad para que seamos felices.

Aun cuando me pareció una intromisión, pues según la legislación universitaria vigente toca a los departamentos y no a las direcciones de escuela la administración de las materias, señalé mi disposición a facilitar Paleografía y Prácticas de Archivo a todo aquel estudiante que inscriba la materia, disposición ratificada después al Departamento de Historia de América y Venezuela, del cual depende.

También se me pidió «flexibilizar las condiciones de las clases en la necesidad de que todos los estudiantes puedan cursar la asignatura». A lo cual manifesté también el deseo de colaborar, pero expuse que las características fundamentales teórico-prácticas de la materia obligan al trabajo en los repositorios documentales y a especiales metódicas de enseñanza.

Todos los universitarios conocemos el rosario de nuestras penalidades: sueldos que apenas cubren las necesidades básicas, instrumentos obsoletos pues no hemos podido reemplazarlos, deficitaria conexión a la internet, fallas frecuentes en la dotación de electricidad… Eso también lo saben las autoridades universitarias.

Deberían promoverse y facilitarse las condiciones para el cabal cumplimiento de la educación que pretenden, mediada por las tecnologías de la información y la comunicación. Del mayor interés sería que la Facultad de Humanidades y Educación, y su Escuela de Historia, contaran con salones equipados con las mejores condiciones para la enseñanza ante los retos de la educación a distancia.

De acuerdo a disposiciones del Consejo Nacional de Universidades, tituladas NORMATIVA NACIONAL DE LOS SISTEMAS MULTIMODALES DE EDUCACIÓN UNIVERSITARIA Y EDUCACIÓN MEDIADA POR LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN, de agosto de 2021, se señala en su Artículo 31: “Las Instituciones de Educación Universitaria que administren programas de formación mediados por las Tecnologías de la Información y la Comunicación dispondrán de ambientes físicos equipados con la tecnología pertinente y necesaria, tanto en la sede central como en sus extensiones, núcleos y centros de apoyo regionales autorizados, que aseguren la efectiva prestación de servicios que satisfagan tanto las necesidades de formación de las y los actores sociales involucrados como el acceso permanente a los servicios académicos, administrativos y de apoyo tecnológico.”

Como vemos, es una disposición del Consejo Nacional de Universidades ante la cual la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes parece no tener respuestas pertinentes y necesarias. ¿Es la Universidad un polo o factor de oposición, o asume su dependencia del presupuesto otorgado desde el poder? ¿Cuál es su fracaso ante la situación que vive?

Igualmente, los docentes desconocemos la normativa que reglamenta el dictado de materias en línea para los estudiantes que están dentro y fuera del país. Que sepamos, solo existe una circular del Consejo Universitario de la ULA de fecha 30 de julio de 2020, N° CU-0499/20, donde se exponen algunas directrices generales, por lo cual se hace necesario se establezcan claramente las funciones, deberes y derechos tanto de la Facultad de Humanidades y Educación, sus profesores y estudiantes ante las modalidades para el efectivo dictado de las materias por la vía señalada.

Ese es el deber de las autoridades y no la exigencia aislada a los profesores, lo cual propende a la estigmatización docente escudada en actitudes populistas y demagógicas. Así, pareciera que la orientación es sacar estudiantes de las materias sea como sea, atentando contra la calidad del proceso de enseñanza. Si el docente exige mínimas condiciones, entonces se convierte en problemático y opuesto a ayudar a los estudiantes. Un pervertido procedimiento muy parecido al que tanto se cuestiona en las universidades controladas por el gobierno.

La crítica a nuestras autoridades es normal dentro de la Universidad autónoma y democrática, y así debe asumirse. A menos que ya no sea ni autónoma ni democrática. ¿Un mini Estado cuartel?

Autonomía de cátedra y manejo de las materias por los departamentos, al igual que el medio pasaje estudiantil o el derecho al comedor universitario, fueron logros de la lucha democrática universitaria desde las jornadas realizadas al eco del Mayo francés de 1968, aquello que se conoció como la Renovación Universitaria. Esperamos tanto de la dirección de la Escuela de Historia, como del decanato y el consejo de Facultad de Humanidades y Educación no pretendan irrespetarlos. Propuestas realizadas ante el consejo de Escuela de Historia de crear materias alternas parecieran, sin embargo, dirigidas a ello. Lo cual nos parece sumamente grave. Instaura arbitrariedad y totalitarismo, prácticas reñidas al sentido universitario.

Los profesores de la Facultad de Humanidades y Educación hemos demostrado nuestro compromiso con la Universidad. Aún ante problemas no resueltos como inseguridad en los accesos y recintos, suciedad de salones y pasillos, o falta de herramientas para el dictado eficiente de clases, hemos desarrollado un semestre presencial dando lo mejor de nosotros. Es decir, no es una situación ni óptima ni normal. Eso debían valorarlo nuestras autoridades para no perturbar más una situación de por si perturbada por factores externos. Es tiempo de pensar la nueva universidad, no de remiendos y «normalidades fingidas».

¿Está el liderazgo actual en capacidad de adelantar el necesario proceso de reflexión al cual invita el profesor Rago? Urge la renovación de las autoridades universitarias de todos los niveles en todo el país. Lo que se cuestiona hacia afuera debe también hacerse hacia adentro.

El llamado es a la reflexión y la serenidad. Es hora de exigencia en los niveles de calidad de la enseñanza-aprendizaje, no de complacencias para favorecer cantidad, demagogia, populismo y mediocridad.

Isaac López | Octubre 2022.

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Ministerio de Cultura y gobiernos regionales responsables de la ruina de la Biblioteca Febres Cordero de Mérida, por Isaac A. López
Desde hace tres años se ha denunciado la grave situación de la Biblioteca Febres Cordero de Mérida. En 2020 hasta Globovisión se hizo eco del peligro contra la memoria cultural del país

 

@IsaacLpez

La importante colección de la Biblioteca Febres Cordero, en Mérida, corre riesgo de desaparecer por las filtraciones de los techos de su depósito. Un material que comprende entre otros: documentos de la época colonial y republicana, prensa del siglo XIX de las distintas regiones de Venezuela, hojas sueltas y folletería de los siglos XIX y XX, y bibliografía contemporánea producto de las obligaciones de la Ley de Depósito Legal.

La Biblioteca Febres Cordero, antes llamada Sala Febres Cordero, se instaura en noviembre de 1978. Después de numerosas gestiones realizadas entre representantes del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y la sucesión Febres Cordero. Seis secciones constituyen el material de la Biblioteca Febres Cordero, de Mérida: 1. Sección Bibliográfica; 2. Sección Hemerográfica; 3. Sección Manuscritos; 4. Sección Publicaciones Oficiales; 5. Sección Hojas Sueltas y 6. Sección Fotográfica. Materiales que abarcan 6 siglos de la cultura venezolana.

Colecciones de la Biblioteca Febres Cordero

A la donación de los Febres Cordero, a partir de 1978, se fueron sumando importantes materiales para hacer de la Biblioteca Febres Cordero una de las colecciones de historia regional más importantes de América Latina. La Biblioteca de Escritores Merideños y la colección de periódicos de la familia Reinoso Colmenares, además de colecciones del señor Hermann Ahremberg, del etnólogo Julio César Salas y de la Casa Comercial Burguera.

  1. La Sección Bibliográfica de la Biblioteca Febres Cordero comprende libros y folletos, con diversidad de materiales. Desde la colección de don Tulio Febres que abarca un poco más de 4000 volúmenes que es el fondo antiguo, hasta el fondo contemporáneo conformado por diversas donaciones a lo largo de los siglos XX y XXI, siendo más de 3000 ejemplares.
  2. La Sección Hemerográfica constituye una de las más grandes colecciones de Venezuela, con 94.759 periódicos de todo el territorio nacional de los siglos XIX y XX. También prensa extranjera y revistas nacionales en un total de 6363 números.
  3. La Sección Manuscritos o Documentos Históricos abarca desde la época colonial hasta mediados del siglo XX. Los manuscritos y transcripciones de Tulio Febres Cordero suman 1273 documentos provenientes del Cabildo, Gobernación, Asamblea Provincial e Iglesia.
  4. La Sección Publicaciones Oficiales se divide en publicaciones seriadas (gacetas, diarios de debates y boletines) y monográfica con diversos materiales donados. Existen gacetas municipales y estadales de casi todos los estados de Venezuela, así como ordenanzas, leyes, decretos, memorias, estadísticas y hojas sueltas.
  5. La Sección Hojas Sueltas de la Biblioteca Febres Cordero data de 1848 a 1967. Pertenecen a varios estados de Venezuela, dominando el área política. Sobrepasan 6000 hojas sueltas la colección.
  6. La Sección Fotográfica abarca los años ochenta y noventa del siglo XIX, y comienzos del siglo XX. Arquitectura y fotos familiares dominan en la colección.

Un remojado legado cultural

Patrimonio cultural del pueblo venezolano, así declarado en legislaciones regionales y nacionales, que sin embargo se apila en el depósito buscando lugares donde no caiga el agua de lluvia ante la falta de respuestas prontas y eficientes de los órganos que deben velar por el mantenimiento en el tiempo de ese bien, que no pertenece a bando o partido alguno, sino a un país que no puede darse el lujo de seguir perdiendo los registros de su largo proceso histórico. Se necesita de urgencia la impermeabilización.

El ministro Ernesto Villegas y el director general de Biblioteca Nacional, Ignacio Barreto, conocen del problema. La Biblioteca Febres Cordero es una sección especial de Biblioteca Nacional de Venezuela; por tanto, es una dependencia del Ministerio de Cultura. Es a este ente a quien toca promover las acciones por la conservación y mantenimiento de una colección única en el país. Insistimos: de importancia no solo para la región andina, sino para todos los venezolanos, pues la misma contiene materiales provenientes de los cuatro puntos cardinales de Venezuela, recopilados por don Tulio Febres Cordero y sus descendientes.

Sería ignorancia y estupidez si se pensara que la colección Febres Cordero representa solo los intereses de una élite, como algunos personeros han manifestado.

La Biblioteca Febres Cordero es un legado amenazado por el agua que cae desde los techos y cuya situación ha sido expuesta por diversas vías no solo a los directivos del Ministerio de Cultura y de Biblioteca Nacional, sino también al gobernador Jehyson Guzmán y al alcalde del municipio Libertador Jesús Araque, quienes recientemente han inaugurado espacios como un Centro de Historia del Estado Mérida y un Congreso de Historia y Tradición, mientras este importante órgano de investigación y cultura sufre daños de consideración por la humedad reinante.

Tobos contra la historia

Frente a la destacada campaña de ornato de la ciudad de Mérida, fiestas decembrinas en octubre, declaraciones altisonantes a los historiadores de la Universidad de Los Andes –algunos de ellos comprometidos en la creación del Centro de Historia de Mérida– para rescatar la hegemonía de Mérida sobre el sur del Lago de Maracaibo –signos de parroquialismo y futilidad– documentos de la historia local, regional y nacional son resguardados con potes y tobos de la caída de la lluvia.

Desde el mes de mayo la colección de la Biblioteca Febres ha sido embalada ante noticias de pronta intervención de los entes del Estado; 14 comisiones de concejales o diputados han supervisado la situación a lo largo de este 2022. Ofrecimientos y más ofrecimientos sin que nada se haga efectivo. Cada día pende más la espada de la destrucción sobre el legado.

Filtraciones estructurales de la Biblioteca Febres Cordero, de Mérida. Muchas colecciones han tenido que ser embaladas. Fotos: Isaac Abraham López.

Muchos archivos públicos y privados han desaparecido en los últimos años en Venezuela. Importantes repositorios sufrieron daños por la falta de intervenciones oportunas. Del Archivo Histórico de Miraflores al Archivo Histórico del Estado Falcón. La progresiva pérdida de grandes cantidades de documentos atenta contra la memoria histórica nacional.

El llamado es a la coherencia, a la sensatez, a la sensibilidad de los gobernantes nacionales y regionales. La Biblioteca Febres Cordero de Mérida no puede desaparecer ante la indiferencia y desidia de aquellos obligados a conservarla y mantenerla para las nuevas generaciones.

Diversas comisiones de la gobernación y la alcaldía de Mérida han visitado durante este 2022 la biblioteca. 14 visitas de inspección que no concretan nada en la refacción del techo. Demagogia y populismo para la propaganda tosca institucional, pero nada de acciones contundentes que frenen el progresivo deterioro y la ruina de la edificación.

5 de octubre de 2022.

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Las manos de Víctor Jara, por Isaac Abraham López*
90 años estaría cumpliendo por estos días Víctor Jara. Su voz es conciencia y sensibilidad, la vida nos reclama no olvidarla jamás. Unirla a nuevas realidades y reclamos

 

@IsaacLpez

A Emiro Graterol y Franklin Martínez

«El verso es una paloma que busca donde anidar. Estalla y abre sus alas para volar y volar».

Era otro tiempo y éramos otros nosotros. El mundo tenía el dulce sabor de días transparentes, gestos simples, miradas llenas de nobleza. Aún el eco de los años rebeldes y los gritos inconformes era parte de la vida. Prestigiaba ser de izquierda, parecerse, aunque fuera un poco al mítico guerrillero. La Revolución cubana gastaba los últimos cartuchos de su empaque seductor. Queríamos conocer luchas, trayectorias, heroísmos. Teníamos 16 años.

«El pueblo unido, jamás será vencido. El pueblo unido, jamás será vencido. De pie cantad, que vamos a luchar. Millones ya imponen la unidad. Y tú y yo con la revolución…». «Para hacer esta muralla juntemos todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos. Una muralla que vaya desde el monte hasta la playa, desde la playa hasta el monte, allá sobre el horizonte…»

1979-1980 marcó el inicio de nuestras clases del tercer año de bachillerato. De los primos mayores habíamos escuchado sobre Víctor Jara y la resistencia chilena ante la bota militar dirigida por Augusto Pinochet. Allende había sido el líder civil, la primera llegada del socialismo al poder en América Latina mediante elecciones. Un prisma de esperanza y belleza coloreaba esa aurora. Septiembre era sol, volantín y banderas.

Un día 11 cayeron bombas sobre La Moneda y el sueño culminó en muertos, desaparecidos, torturados. La noche lo cubrió todo. Un caballo blanco, enloquecido, partió los adoquines en su carrera, perseguido por metrallas y tanquetas. Proscribieron la risa, el azul, la poesía. La infamia abrió sus fauces e instaló el Estado de sitio. Santiago de Chile fue desde entonces un hito de nuestras hondas querencias.

«Allí supe que amar era terrible, llorando por el humo sempiterno de aquella ciudad acorralada por símbolos de invierno.» «Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes…».

Víctor Jara era el cantor de aquella gesta de la Unidad Popular. La canción del Grupo Ahora, «Su voz no será callada«, dramatizaba el acto de su entrega a los verdugos por una causa de justicia, equidad, libertad y dignidad para su pueblo. Valores que el ardor juvenil asumía eran los blasones a cargar en el alma para enfrentar cada mañana.

«La vida es eterna en cinco minutos», y entonces nosotros nos creíamos eternos. Chile significaba himnos, solidaridad, grito destemplado denunciando las atrocidades de una dictadura siniestra. No habíamos descubierto, todavía, que Cuba también lo era, pero ya empezábamos a sospecharlo. Allí el centro de las polémicas con profesores, compañeros y amigos, en los pasillos del liceo o en los sitios de reunión con las primeras cervezas.

Muchos años después me hice profesor universitario e, incentivado por un grupo de alumnos, coordinamos una cátedra sobre «La Nueva Canción Latinoamericana como registro de una época», que duró varios semestres y de donde salieron dos tesis de grado y varios artículos. La época de esa canción fue aquella del arte instrumentado para el cambio político, la de la canción como un arma de la revolución. Apasionada, vehemente, arriesgada, creativa, cuestionadora, soberbia… Una época que inexorablemente murió y de nada sirve la melancolía. Solo vale para enseñanzas, sabidurías, experiencia.

A sus 90, el legado de Víctor Jara

90 años estaría cumpliendo por estos días el cantor de Plegaria de un labrador, Manifiesto, Las casitas del barrio alto, Deja la vida volar, El arado, Vamos por ancho camino, Vientos del pueblo, Cai cai vilú… Nació el 28 de septiembre de 1932 en San Ignacio, Comuna de Bulnes, Región de Nuble, Víctor Jara fue asesinado en el Estadio Nacional aquel septiembre de 1973. Legado de una generación entera de latinoamericanos. No hay nada que justifique ni ese, ni ninguno de los crímenes cometidos.

El profesor Luis Caraballo Vivas, ferviente en su compromiso con Acción Democrática, me comenta: «Lo conocí personalmente aquí en Mérida. Nos echamos una gran palazón en el Hotel Prado Río. Sería 1972. Estuvo como tres días. Esa noche en el Prado Río había un Congreso de Enfermeras. Enloquecieron oyéndolo cantar. Un amigo chileno, que todavía vive en San Cristóbal, nos contaba que él entró detenido al Estadio Nacional con Víctor, y oyó al capitán cuando le dijo: «Tu eres el que toca la guitarra», y remedaba tocar la guitarra. Delante de ellos, con una ametralladora, le disparó como siete tiros. Aquí lloramos varios el martirio de Víctor Jara. Yo tendría 22 años cuando lo conocí. Una voz potente.»

El hombre de teatro, el joven humilde que cantaba a obreros y campesinos, amas de casa y estudiantes, estuvo en dos oportunidades en el país. «No me considero cantante de protesta. Soy un cantor popular, trabajador de la guitarra», «Canto porque cada vez, cada minuto siento más profundamente en mí que los dolores y las esperanzas de la gran mayoría, no solo de mi país sino del continente golpeado por siglos de explotación tienen que alcanzar por fin su camino que lo lleve a la alegría de vivir, a la justicia, a la libertad» expresó en una entrevista de 1971 en Caracas, donde ese año se presentó en noviembre en la Sala Cantaclaro (Tribuna Popular, Caracas, 23 de noviembre de 1971, última página).

Víctor Jara con Gustavo Machado y miembros de la redacción de Tribuna Popular en visita del cantautor a Venezuela, en 1971.
Víctor Jara (der.) con Gustavo Machado (segundo de la izq.) y miembros de la redacción de Tribuna Popular en visita del cantautor a Venezuela, en 1971.

La fotografía que acompaña esta nota es en la redacción del periódico del Partido Comunista de Venezuela, y en ella se puede ver al intérprete de Te recuerdo Amanda junto al dirigente Gustavo Machado, su representante, Américo Díaz Núñez y Esther Lucía Quintero.

«Levántate y mira la montaña. De donde viene el viento, el sol y el agua. Tú, que manejas el curso de los ríos. Tú, que sembraste el vuelo de tu alma. Levántate… Hoy es el tiempo que puede ser mañana.» Las manos ensangrentadas volvieron a integrarse al cuerpo para tañir las cuerdas de una melodía amorosa. Su voz es conciencia y sensibilidad, la vida nos reclama no olvidarla jamás. Unirla a nuevas realidades y reclamos. En ese mandato somos consecuentes. Vuele una mariposa azul hasta su eterna canción libertaria. Aquí y allá las alamedas siguen esperando.

Vídeo: Víctor Jara – Te Recuerdo Amanda (audio oficial) | Canal en Youtube de Víctor Jara – Música

Septiembre de 2022

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Complejo Cultural Josefa Camejo, la metáfora deseada del país, por Isaac López*
Paraguaná, abierta desde siempre al mundo desde los amplios caminos del Caribe, se reencuentra en el Complejo Cultural Josefa Camejo

 

@IsaacLpez

El 18 de mayo de 1991 el presidente de la república, Carlos Andrés Pérez; el gobernador del estado Falcón, Aldo Cermeño; y el alcalde del municipio Falcón, Lesme Pérez, cortaban la cinta inaugural del Complejo Cultural Josefa Camejo en Pueblo Nuevo, antiguo centro colonial de Paraguaná. Obra realizada en conjunto por los tres órganos, en su concepción se pretendió honrar a la heroína de la Independencia regional en el bicentenario de su nacimiento, y obedecía a la necesidad de dotar de un espacio digno para la investigación y la difusión cultural a los distintos grupos, artesanos, artistas y colectividad del municipio Falcón.

Ese centro se convirtió desde entonces en el eje de una dinámica cultural de proyección nacional con actividades como festivales de teatro y danza, convenios con la Galería de Arte Nacional o el Encuentro Puntual de los Amigos que reunió durante una década en la península del occidente venezolano a poetas, cantores, periodistas, teatristas, historiadores y cultores en general de todo el país. Por sus espacios se escuchó la voz y el hacer lo mismo de Tulio Hernández que de Carlos Sandoval, de Yoyihana Ahumada que de Gregory Zambrano, de Cecilia Todd que de José Luis Ochoa, de Yolanda Delgado que de Ramón Ordaz y Alberto Hernández, entre muchos otros.

En 1999 se inauguró el Archivo Histórico que contiene documentación de los años 1801 a 1995, como base de un proyecto de investigación que pretendió el conocimiento de las raíces culturales de la subregión en su amplia relación con el caribe. De esos esfuerzos quedaron obras como la organización de ese repositorio documental o libros como los de David Chacón y Pablo Moreno titulado La influencia de Aruba en la dinámica histórica de Paraguaná (1840-1850). La atención al público infantil y juvenil tuvo en la Sala de Videos Carlos Luis Fortique un sitio donde se acercaba a la conciencia ecológica y los nuevos productos de la modernidad. La Fundación Cultural Josefa Camejo, la Fundación Literaria León Bienvenido Weffer o el Grupo Tiquiba fueron parte de los motores de aquel proyecto.

Toda la actividad generada entre 1991 y 2004, como parte de un amplio proyecto de arraigo, identidad y formación ciudadana, fue desconocido por las administraciones que entre 2005 y 2021 dirigieron el municipio Falcón, catalogando aquel trabajo de elitesco y divorciado de los intereses del pueblo. En 16 años el Complejo Cultural Josefa Camejo fue llevado a la ruina de su infraestructura, luego de expulsar a quienes allí adelantaban proyectos y se convirtió en sede de misiones, reuniones del partido y otras acciones militantes.     

En enero de 2022 un nuevo alcalde, el médico Harold Dávila Gómez, nombró como presidenta del Instituto de Cultura y directora del Complejo Cultural Josefa Camejo a la señora Yoleida de Hernández, quien, desde la fecha, junto con el resto del personal de la alcaldía, se comprometió en la restauración y mejora de espacios.

El centro cultural que fuera orgullo de Paraguaná ha sido rescatado del abandono y la desidia para volver a hacer de él un lugar de investigación y promoción de la cultura.

Lo que nunca debió dejar de ser. Los costos de rescate del auditorio de 260 butacas –que en 2014 fue dejado sin techo, provocando se pudrieran maderas de paredes y escenario- aún no pueden asumirse por la Alcaldía del Municipio Falcón, pero se espera el compromiso de entes privados regionales y nacionales que puedan colaborar en devolver el antiguo esplendor.

La reapertura del Complejo Cultural Josefa Camejo de Pueblo Nuevo de Paraguaná se llevó a cabo este 16 de septiembre de 2022. La que fuera “la casa orgullo de los paraguaneros”, ha vuelto a asumir su primigenio lema: “La casa de todos”.

Inauguración del Complejo Cultural Josefa Camejo, el 16 de septiembre de 2022. Pueblo Nuevo, Paraguaná, estado Falcón.
Este 16 de septiembre de 2022 el Complejo Cultural Josefa Camejo de Pueblo Nuevo, Paraguaná, vuelve a su lema originario: «La casa de todos».

Este acto debe ser ocasión para la reflexión. Como comunidad, todos los habitantes del Municipio Falcón debemos defenderla y cuidarla, salvarla de volver a caer en la ruina.

El Complejo Cultural se reinaugura destacando sus ocho salas principales, a saber:

SALA DE EXPOSICIONES OTONIEL SALAS

La Sala de Exposiciones Otoniel Salas se inauguró en el año 2004 en homenaje al joven tallista y destacado artista residente en el sector El Recreo, reconocido nacional e internacionalmente por sus obras en madera de guayacán que le han dado la vuelta al mundo. En Otoniel Salas se reconocen los valores culturales de la Paraguaná de siempre, el trabajo del hombre de esta tierra y su amor y respeto a la naturaleza. La Sala de Exposiciones Otoniel Salas pretende ser espacio educativo y expositivo de monumentos pictóricos tanto de motivos tradicionales como renovadores de autores locales y nacionales.

SALA DE DANZA ELOÍSA COLMAN

La Sala de Danza Eloísa Colman rinde tributo a las raíces del tambor paraguanero. Fue Eloísa la gran bailadora de tambor en Pueblo Nuevo, cuyo arte y talento quedó sembrado en varias generaciones. Esta sala de danza pretende ser espacio de formación y ensayo, no solo de las expresiones del baile popular tradicional, sino también de las muestras y búsquedas de la danza moderna y contemporánea.

SALA DE TEATRO JOSÉ IGNACIO CABRUJAS

Fue José Ignacio Cabrujas uno de los más importantes teatristas venezolanos. Nacido en Caracas se destacó no solo como actor, sino también como dramaturgo con obras de teatro como El día que me quieras, Profundo y Acto cultural, entre otras. Al honrar con el nombre de José Ignacio Cabrujas a esta sala del Complejo Cultural Josefa Camejo se pretende reconocer su contribución al teatro nacional en diálogo constante entre lo local, regional y universal. Esta sala tendrá como objetivo la promoción de talleres, el encuentro con actores y el diálogo de saberes teatrales. Con la pretensión de instaurar un taller permanente de teatro.

TIENDA DE ARTESANÍA LAGUARÍ

El laguarí, árbol resistente de la naturaleza paraguanera, marca con su nombre la tienda de artesanías del Complejo Cultural Josefa Camejo inaugurada en el año 2002. Se propone acercar a propios y extraños a la obra de nuestros cultores. Con el laguarí simbolizamos el hacer constante de nuestros artesanos. Desde el barro florido de las manos de las alfareras de Miraca, hasta las muñecas de trapo de Moruy, el pan criollo de Buena Vista, las conservas de maní de Jadacaquiva, los dulces de leche de Pueblo Nuevo o las sillas de cardón de San Juan de El Vínculo.

SALA DE ARTES PLÁSTICAS JESÚS MANAURE

Jesús Manaure fue un destacado pintor paraguanero, reconocido por su pintura paisajística y por la veneración a la figura de Josefa Camejo, en toda Venezuela. Nacido en el caserío Misaray y residente en el pueblo de Santa Ana, Jesús Manaure dedicó buena parte de su obra al enaltecimiento de la heroína de la Independencia paraguanera. Junto al señor Víctor Valles y al cronista Juan C. Esteves contribuyeron a la proyección de Josefa Camejo como figura principal de la libertad venezolana. El objeto de esta sala está dirigido a la educación y forja de nuevos valores pictóricos.

ARCHIVO HISTÓRICO DEL MUNICIPIO FALCÓN

Creado en 1999, el Archivo Histórico del Municipio Falcón conserva el patrimonio documental más antiguo de Paraguaná. Documentos de valor histórico, cuyas fechas comprenden los años 1801 a 1995, referidos a expedientes matrimoniales, libros de actas del Concejo Municipal, gacetas municipales, expedientes criminales, actas de matrimonio y partidas de nacimiento. Cinco fondos documentales constituyen este archivo, que contiene registros de toda la península, de las siguientes instituciones: Alcaldía – Concejo Municipal, Prefectura, Registro Subalterno y Juzgado. El Archivo Histórico del Municipio Falcón sirve a la comunidad ante sus búsquedas por trámites legales y a los investigadores de la historia local y regional. Su directora actual es la doctora Keyla Zea Andrade.

BIBLIOTECA JUAN C. ESTEVES

La Biblioteca Juan C. Esteves existe desde de los tiempos de la Casa de la Cultura Ciro Elvin Trejo, y es parte de la Red de Bibliotecas Públicas del estado Falcón que coordina la magister Juna Colina. Contiene una importante cantidad de libros y revistas, colecciones de clásicos venezolanos, libros de textos, novela, cuento y poesía. Entre sus colecciones se encuentran el Boletín de la Academia Nacional de la Historia. La Biblioteca Juan C. Esteves dirige su trabajo al auxilio y apoyo de estudiantes de escuelas, liceos y universidades, así como investigadores de la historia regional.

AUDITORIO CIRO ELVIN TREJO

En los trabajos de remodelación del antiguo Mercado Municipal de Pueblo Nuevo, inaugurado como centro cultural en mayo de 1991, el único elemento nuevo fue el auditorio de 260 butacas, aire acondicionado integral, amplio escenario y cómodos camerinos, conjuntamente con espacios de proyección de cine, construido en lo que fuera patio de camiones. Al nombrar el auditorio con el nombre de Ciro Elvin Trejo el sector cultural del municipio Falcón rinde homenaje al talentoso flautista coriano fallecido en Marsella, cuyo nombre amparó durante varias décadas el trabajo de grupos y asociaciones culturales de Pueblo Nuevo. Desde 1991 por su escenario se han presentado artistas de proyección nacional e internacional. Se pretende que el Auditorio Ciro Elvin Trejo sea espacio donde la comunidad se encuentre con el arte y el esparcimiento de calidad con el objetivo de enaltecer los valores culturales y ciudadanos.

La sede del antiguo Mercado Municipal de Pueblo Nuevo en 1964, inaugurado como Centro Cultural Josefa Camejo en mayo de 1991.

El país puede curar sus heridas. La memoria hará el resto. Si estos años han sacado lo peor de los venezolanos, nos toca ahora esforzarnos en sacar lo mejor de nosotros para la refundación, para reinagurar el país. El compromiso, la organización comunitaria para no dejarnos arrebatar otra vez los espacios que nunca debieron dejar de ser para todos. La cultura que es trascendencia y arte, encuentro y diálogo, pluralidad de visiones, poesía y canción, manos humildes fabricando una muñeca de trapo…

El poeta Vinicius de Moraes habló del arte del encuentro como la más alta aspiración humana. De eso se trata la reinauguración del Complejo Cultural Josefa Camejo de Pueblo Nuevo de Paraguaná este viernes 16 de septiembre de 2022. Del arte del encuentro. De reencontrarnos en el diálogo plural, en la cultura como posibilidad de elevación espiritual, de fraternidad entre los hombres para soñar y construir un futuro mejor sobre la misma tierra. Paraguaná, abierta desde siempre al mundo desde los amplios caminos del Caribe, se reencuentra en el Complejo Cultural Josefa Camejo para reafirmar también su vocación de amplitud de horizontes, de goleta surcando los mares del mañana.

Coincide esta reinauguración con un cumpleaños más de Fausto Goitía, el gran salvero de Paraguaná. Este viernes no hubo divisiones por municipios o militancias, todos fuimos hermanos construyendo la Venezuela que queremos. Seguro estoy de que mi buen amigo Fausto Goitía estará contento porque sabe que sembramos sobre tierra buena, esperando la lluvia que vendrá del compromiso de todos aquellos que creen en la cultura como elevación espiritual de lo humano. Que repique el tambor, que se digan las décimas a San Isidro Labrador, que está de fiesta el pueblo paraguanero. Ese que siempre sacó dignidad, esperanza y alegría hasta de donde no se podía. Que viva la cultura, el arte del encuentro. Como dijera el poeta Julio Bolívar: “Pueblo Nuevo es la metáfora deseada del país”.

Septiembre 16 de 2022.

* El autor es profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida, y asesor del Archivo Histórico de Paraguaná.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

#NotasSobreLaIzquierdaVenezolana | Agustín Blanco Muñoz, el afán por entender la violencia, por Isaac López*
La contribución de Agustín Blanco Muñoz ha sido clave en la recopilación de testimonios de la lucha armada y en su visión por ubicar aquella guerra en el contexto de la violencia contemporánea del país

 

@YsaacLpez

Una llamada telefónica el domingo 24 de abril me trae la generosa voz de un maestro, alguien que desde hace cincuenta años se ha dedicado al estudio de la violencia en Venezuela, en particular a investigar sobre la lucha armada de los años sesenta y a recopilar testimonios de principales protagonistas a través de la Cátedra Pío Tamayo, adscrita a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

Gabriel Moro firma un reportaje aparecido en la revista Momento del 25 de marzo de 1962, el cual da cuenta de «la historia de unos muchachos que no entendieron ni a Mao, ni a al Che».

Creadores de un campamento guerrillero en el páramo de El Tambor, a diez horas del pueblo de La Azulita, en el estado Mérida, los estudiantes universitarios, militantes del Partido Comunista de Venezuela, comenzaron su tarea el 22 de noviembre de 1961, cuando dos campesinos detectaron a dos jóvenes que subían a lomo de mulas y dijeron estar realizando una investigación para la Universidad.

Avisadas por los campesinos cultivadores de café de la zona, las autoridades conformaron una comisión integrada por policías municipales, guardias nacionales y voluntarios civiles para desbandar aquel grupo insurrecto que hacía prácticas de tiro, ejercicios militares y prendían fuego en las noches.

El reportaje exagera una cifra de 90 jóvenes guerrilleros, y 200 efectivos que subieron a atraparlos.

En el asalto al campamento el 30 de febrero de 1962 resultaron dos muchachos heridos. Tenían 20 y 21 años Agustín Blanco Muñoz, de Maracay, y Rafael Simón Pastrano, de Barquisimeto, estudiantes de la Universidad de Los Andes. Tres meses había durado la guerrilla de El Tambor.

Ahora tiene 83 años y aprovecho la gentileza de su llamada para preguntarle por una anécdota según la cual habría sido atendido de esas heridas en las Residencias Stalingrado en la Ciudad Universitaria por un hermano de Alí Primera, luego que al ser trasladado a Caracas sus compañeros lo habrían librado de la custodia del ejército.

Niega la especie y me cuenta que fue trasladado al Hospital Central de Mérida bajo estrictas medidas de seguridad. Al devolverse a buscar unas escopetas fue herido, y lo salvaron los campesinos a quienes había comenzado a instruir en las primeras letras.

De acuerdo a su testimonio, eran 11 estudiantes y 5 campesinos los integrantes de aquella guerrilla que se quedó esperando a un comandante que nunca llegó: Alfredo Maneiro.

De La Azulita el ejército lo trasladó a Mérida. «Era como si aquel muchacho de 20 años fuera un sujeto peligrosísimo, un Che Guevara pues.» Estaba tan mal herido que los médicos que lo recibieron lo dieron por muerto. En los primeros días de abril del mismo año serían detenidos tres jóvenes de entre 19 y 22 años en las montañas de El Encantado en el estado Lara, quienes también recibían entrenamiento guerrillero; respondían a los nombres de Eduardo Liendo, Alfredo Torellas y Antonio Río Bueno.  

En una conversación amena y grata pasamos revista al proceso de la lucha armada; al propio trabajo de investigación sobre el tema; a valoraciones políticas e historiográficas; hechos; personajes; evolución del tema en el espacio público nacional; y apreciación en la perspectiva historiográfica latinoamericana.

Yo que no ando haciendo política ni proselitismo con la lucha armada, trato de pensar más allá de los titulares, e intento que mi trabajo sea responsable, agradezco a Agustín Blanco Muñoz esa atención, ese gesto fraterno del investigador reconocido internacionalmente que ocupa dos horas de su tiempo en llamar a un novato historiador, empeñado en aprender.

Se esté de acuerdo o no con su accionar político, con sus formulaciones públicas, su perspectiva de la guerrilla, la contribución de Blanco Muñoz ha sido fundamental en la recopilación de testimonios de la lucha armada, en sus intentos de comprensión del proceso y en su visión por ubicar aquella guerra en el contexto de la violencia contemporánea del país.

El reportaje de Moro de 1962 cierra con estas palabras: «Puede que el fin lamentable de la guerrilla de ‘El Tambor’ abra por lo menos los ojos a quienes serían las víctimas directas de ese espejismo: los jóvenes liceístas y universitarios que irían −como el mesiánico Reinaldo Solar− a pagar con sus vidas entre frailejones o en algún cardonal falconiano, el pecado de no haber comprendido a Venezuela”.

Vaya esta nota como gesto agradecido a Blanco Muñoz por su nobleza al apoyar nuestro trabajo con el seminario La lucha armada en Venezuela 1960-1970. Diagnóstico de la realidad nacional y proyecto de país, que coordinamos desde 2006. Por su compromiso y el del equipo de la Cátedra Pío Tamayo de la UCV por comprender a Venezuela.

* Historiador. Profesor. Universidad de Los Andes. Mérida | 25 de abril de 2022.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es