Tras la instalación, el 6 de agosto de 2026, de la mesa de diálogo para la transición —también denominada mesa de conversaciones o negociación—, con la participación de integrantes del oficialismo y representantes de sectores de la oposición, se ha generado toda suerte de especulaciones en torno a su resultado. Un encuentro desarrollado bajo férrea vigilancia y con limitaciones a los medios de comunicación.
Una representación cuestionada
Ya conocemos los nombres de sus miembros y la calidad de su representación, y esta ha sido notoria: se pretende que una mesa orquestada en un contexto de tutelaje tenga como objetivo el restablecimiento del sistema democrático en el país.
Entre los representantes del Gobierno nacional han surgido cuestionamientos de voceros connotados del chavismo, que los califican de indignos del proyecto de su fundador. En cuanto a la oposición, es manifiesta la fragilidad de la Asamblea Nacional de 2015: más de la mitad de los diputados principales renunciaron y reconocen que esta dejó de existir a partir de enero de 2021.
Por su composición, tanto para los venezolanos como para la comunidad internacional, resalta la ausencia de la mayoría opositora surgida de las primarias de octubre de 2023 y de las elecciones presidenciales de julio de 2024. En un momento en que resulta abrumadora la presencia de funcionarios del protectorado norteamericano, esa ausencia condiciona los resultados del encuentro a la voluntad de la potencia que ejerce el tutelaje, lo que debilita aun más las decisiones de esta última versión del diálogo.
Por ello, es oportuno que todo ciudadano venezolano, en medio de la desventura que atraviesa el país con su soberanía cuestionada, asuma su deber de hablar sin filtros y constate la atadura de los distintos actores políticos al contexto impuesto desde el protectorado. En primer lugar, la del régimen que maceró durante décadas la entrega de nuestra soberanía a las potencias del eje del mal; en segundo lugar, la de una fracción opositora que acepta su rol de comparsa en este proceso al no incluir al sector opositor legitimado que ya mencionamos; y, por último, la de ese mismo sector, condicionado al aceptar que MCM quedara excluida en el contexto señalado.
Una agenda de espaldas al país
¿Cuáles podrían ser los resultados de un encuentro de espaldas al país? A continuación, la agenda publicada recientemente en los medios de comunicación:
- «Agosto (ciclo inicial y metodológico): sesión permanente establecida del 6 al 12 de agosto de 2026. Definición de reglas operativas, principios de convivencia democrática y atención urgente a las víctimas del sismo ocurrido en junio.
- Octubre (garantías y derechos): debate sobre derechos políticos y civiles, así como salvaguardas para la participación de las fuerzas políticas.
- Noviembre (Poder Judicial): discusión y acuerdos preliminares sobre la reinstitucionalización del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
- Diciembre (Poder Electoral y cierre): presentación formal de los resultados del diálogo y cronograma para la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) que permita convocar».
Preguntas sin respuesta
Ante este itinerario de reuniones surgen varias interrogantes:
En torno a los sismos del 24J: ¿es tarea de una mesa de diálogo asumir la atención de la población cuando esa es, con urgencia, función del Gobierno nacional junto con el resto de las instituciones públicas a nivel nacional, regional y local?
¿Por qué esperar hasta octubre para abordar la situación de los presos políticos, si su libertad ha sido una exigencia inmediata desde la extracción del prisionero de Brooklyn el 3 de enero?
En cuanto a la reinstitucionalización del TSJ y la renovación del CNE, previstas para noviembre y diciembre de 2026, ¿esa decisión será asumida por dos asambleas nacionales ilegítimas?: la de 2015, por haber concluido su mandato en enero de 2021, y la de 2025, por ser producto de la gestión de un CNE perpetrador del mayor fraude de la historia continental con la elección del usurpador Maduro?
Alternativas frente a la charada
Es evidente que se prepara una charada aun más grave que las diecisiete reuniones de diálogo anteriores, burladas por quienes representan el rodrigato. Ante este macabro plan, ¿tenemos alternativas? A mi criterio, sí las hay, e implican:
- La incorporación a la mesa de diálogo para la transición —también denominada mesa de conversaciones o negociación— de representantes de la oposición surgida el 28 de julio de 2024.
- La conformación de un gobierno de emergencia nacional que conduzca la reinstitucionalización del país ante el repudio de la población a la permanencia en el poder del rodrigato.
- La creación de un espacio unitario de las diferentes expresiones políticas y sociales en torno a estas propuestas.
- La convocatoria de asambleas ciudadanas y movilizaciones a nivel local, regional y nacional, pues solo la movilización popular podrá neutralizar cualquier intento del régimen de mantenerse en el poder.
Pregunta abierta
En definitiva, debemos señalar que la pericia de esta mesa de diálogo se orienta, sobre todo, a manipular y a desperdiciar el tiempo, para así bloquear las exigencias de cambio y de reconquista de la democracia que el pueblo venezolano ha acelerado desde el 3 de enero de 2026. ¿Lo logrará? Dependerá de la capacidad de respuesta de la población en todo el país.
@froilanbarriosf | Movimiento Laborista.
Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es



