Froilán Barrios Nieves, autor en Runrun

Froilán Barrios Nieves

Me atrevería con un candidato presidencial del exilio, por Froilán Barrios Nieves*
Como candidato presidencial sería más creíble un Laureano Márquez, quien me respondería en su buen tono humorístico “no me quieran tanto”…

 

@froilanbarriosf

Cual rayo del Catatumbo han salido en tropel los aspirantes presidenciales opositores a las elecciones de 2024. Algunos solapan sus nombres detrás de sus siglas partidistas; otros, sin empacho alguno, publican sus pretensiones, como si nada hubiera pasado durante estas dos décadas o en el pasado reciente. Ello, suponiendo que el abnegado pueblo venezolano carece de memoria ante las interminables pifias; esas que se traducen en pobreza generalizada. 

Estamos ante el evidente fracaso del interinato de Juan Guaidó. Ello no deja otra estación política factible en el marco constitucional que las elecciones presidenciales al culminar su sexenio en el poder. Aun cuando el tirano Maduro haya usurpado el poder ejecutivo desde las fraudulentas elecciones de 2018, este no puede evitar que su lapso de ejercicio culmine en diciembre de 2024.

Esta oportunidad de desalojar del poder a un régimen autoritario no debe ser desaprovechada por el país democrático. A sabiendas que el secuestro de los poderes públicos, entre ellos el poder electoral, lo ejerce sin complejo alguno el mandatario usurpador, la decisión de reunir y lograr la unidad que supere las agudas divergencias entre las diferentes expresiones opositoras es una tarea urgente y necesaria. 

En este objetivo nadie debe ser descalificado o estigmatizado, partiendo de lo establecido en el artículo 227 de la CRBV: “Para ser elegido presidente o presidenta de la República se requiere ser venezolano venezolana por nacimiento, no poseer otra nacionalidad, ser mayor de 30 años, de estado seglar y no estar sometido o sometida a condena mediante sentencia definitivamente firme y cumplir con los demás requisitos establecidos en esta Constitución”.

Por lo indicado anteriormente, quienes aspiren a la presidencia debieran comprometerse a exigir condiciones electorales que permitan la participación plena del electorado; así como el diseño de un proceso electoral sin la intervención descarada del Ejecutivo nacional.

En realidad, la conducta del G4 y más reciente la Plataforma Unitaria ha sido ambigua y tolerante con los abusos del Estado, al aceptar sus condiciones y la violación de las normas establecidas en la Constitución y las leyes electorales, conformándose con las limitadas victorias que les permite el régimen

Estas posiciones de “doblarse para no partirse”, los continuos fracasos políticos acumulados desde 2016, ahora acrecentados con el interinato, han multiplicado la incredulidad generalizada en la población. Las encuestas muestran un rechazo mayoritario al liderazgo opositor de la MUD-G4, ahora Plataforma Unitaria, quien de nuevo pretende erigirse en la voz del pueblo, aun cuando no lo represente. Y, de paso, a todo liderazgo emergente diferente a su entorno.

Me atrevería hurgar en el exilio para anteponerlo a un liderazgo agotado y desprestigiado; un liderazgo que ha despilfarrado múltiples ocasiones por sus intereses personales. Ello significaría identificar candidaturas frescas, que ofrezcan proyectos políticos factibles de reconstrucción nacional, antes que promesas personales de caudillos mesiánicos. 

Por ejemplo, sería más creíble un Laureano Márquez aun cuando él no se haya propuesto, y quien me respondería en su buen tono humorístico “no me quieran tanto”, que el museo de cera de organizadores de derrotas que seguramente va a las primarias propuestas para 2023.

Pudiera ser que a esta ingenua travesura de confrontar al parque jurásico político nacional, me respondan con ciruelazos y trompadas estatutarias. Aun así, prefiero apostar allende los mares, que continuar soportando a una dirigencia fracasada en el objetivo de salir de la tiranía gobernante.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Elecciones sindicales y gremiales en Venezuela en 2022, por Froilán Barrios Nieves*
El camino de reconquista de la libertad sindical por parte de los trabajadores comienza con saber cuántos sindicatos han sobrevivido

 

@froilanbarriosf

Los sindicatos y los gremios en nuestro país necesitan una renovación urgente ante el acoso permanente del Estado contra la libertad sindical y la precariedad laboral generalizada. Esto fue denunciado efectivamente durante el Foro Social convocado por la OIT a finales del pasado mes de abril, estando presente en la temática del evento la no injerencia de los poderes públicos en las elecciones de sindicatos y gremios. 

De tal manera que, coincidente o no con lo propuesto en el citado evento, la resolución del CNE publicada en Gaceta Electoral el jueves 12/5/2022, donde levanta la suspensión impuesta por el poder electoral desde el 1/7/2020 sobre los procesos electorales de organizaciones sindicales y gremiales, da pie a la oportunidad de renovar las directivas en los ámbitos nacional, regional y sectorial. 

La decisión del CNE no significa que para los trabajadores venezolanos será un camino de rosas elegir democráticamente sus nuevas autoridades. Es este un sendero minado de obstáculos, de procedimientos y de controles estatales que le arrugarían el alma al más osado. Mientras, se mantiene la actitud mezquina de quienes se han enquistado en centrales, federaciones regionales, nacionales y sindicatos, cuya pretensión es permanecer como dirigentes vitalicios para disfrutar de la pradera que pastorean para su beneficio personal o familiar. 

Aun así, se debe ser optimista. Queda apoyarse en la voluntad política y cumplir los pasos necesarios para lograr la meta. Inicialmente se le debe exigir al Estado que sus instituciones se pongan de acuerdo y no entorpezcan el proceso de renovación.

Si es por el lado del CNE, simplificando su participación a solicitud del sindicato, solo como apoyo técnico como lo indicó la OIT, dejando de lado el complicado calvario del proyecto electoral de más de 20 estaciones. Por el lado del Ministerio del Trabajo, debe derogar la alcabala llamada Registro Nacional de Organizaciones Sindicales (RENOS), cuya función es fiscalizar hasta la partida de nacimiento de cada sindicato, convirtiéndola en una rémora para la libertad sindical que contraviene el convenio 87 de la OIT.

El camino de reconquista de la libertad sindical por parte de los trabajadores comienza con sincerar su realidad. Saber cuántos sindicatos han sobrevivido en la nómina de las centrales y federaciones nacionales y regionales determina restituir integralmente sus comisiones electorales respetando las corrientes sindicales existentes, sin excluir o perseguir al oponente. En resumen, no practicar en su seno lo que el régimen chavista ha hecho con el sindicalismo venezolano, al hostigarlo, suspender sus contratos colectivos, expulsar a los afiliados, despedir la disidencia.

Por otra parte, si existe vocación de renovación sindical, es oportuna la ocasión para delimitar la frontera con los partidos políticos, que tanto daño le hicieron al sindicalismo venezolano en el siglo XX y lo que va del XXI. Llegó al extremo de que la vida de los sindicatos se decidía en los burós sindicales de los partidos políticos, en lugar de practicar la democracia en el seno de los trabajadores. 

Es pues oportuno, cuando el régimen es monitoreado por los organismos internacionales como la OIT, el más importante en materia laboral, que el sindicalismo y los gremios profesionales aprovechen el flanco abierto al Estado autoritario y poder renovar democráticamente sus dirigentes. 

Este no es tema estrictamente sindical. Reconquistar la libertad sindical es un paso importante en el restablecimiento de la libertad de expresión y los derechos democráticos en nuestro país.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Décimo aniversario del inconstitucional Decreto Ley Orgánica del Trabajo, por Froilán Barrios Nieves*
El DLOTTT es un pastoso documento plagado de fraseología ‘revolucionaria’ y de propaganda estatal para justificarse en el poder

 

@froilanbarriosf

El 7 de mayo de 2012 se publicó en Gaceta Oficial Nro. 6076 la nueva ley del trabajo denominada “Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras”, cuyo origen provino de un decreto presidencial en lugar de la aprobación por la Asamblea Nacional, como estableció la disposición transitoria 4ta. de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 y el artículo 203 de la CRBV.

En efecto, en la tradición jurídica global se otorgan a las normas laborales un rango primigenio luego de la constitución de cada país, ya que debe establecer la regulación del trabajo. Sus actores como garantía de bienestar, de producción y productividad en paz y armonía laboral y la resolución de los conflictos colectivos mediante el diálogo social. Siendo objetivos que requieren la más amplia consulta con los actores fundamentales de las relaciones de trabajo.

Pues bien, este no fue el caso del decreto presidencial que rige hoy las relaciones de trabajo en nuestro país. La evolución histórica de esta registra antecedentes que datan de un primer intento en 1928 por encargo del dictador Juan V. Gómez, para solo justificar nuestro ingreso en la naciente OIT y no aplicarla durante su gestión. Posteriormente se promulgó la Ley del Trabajo de 1936, que permitió, durante 54 años, un desarrollo jurídico analítico, correoso y esforzado, a través de sucesivas reformas de las normas laborales que impulsaron progresivamente el sistema de relaciones de trabajo (SRT). Reconocido este como uno de los más destacados de América Latina durante el siglo XX.

Todo ese compendio jurídico sirvió de base a la elaboración de la Ley Orgánica del Trabajo de 1990, cuyo diseño fue producto de la consulta, durante 5 años entre 1985-1990, a los actores del SRT, a ONG y a la academia. Finalmente, la misma se aprobó en mayo de ese año por una mayoría calificada del extinto Congreso Nacional, otorgándole el calificado rango de ley orgánica.

El actual DLOTTT de 2012 fue la respuesta al mandato constitucional disposición transitoria 4ta que establecía: “Dentro del primer año, contado a partir de su instalación, la Asamblea Nacional aprobará, mediante la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo, un nuevo régimen para el derecho a prestaciones sociales reconocido en el artículo 92 de esta Constitución…”.  

De tal manera que el producto del parto de los montes, surgido en 2012, fue un decreto gestado por una camarilla del PSUV, en la oscuridad, sin consultarle a centrales sindicales, a gremios empresariales, ni a universidades. Elaborado solo con el objetivo de presentarlo como argumento electoral del candidato oficialista para las presidenciales de octubre 2012.

Su origen bastardo provino de los poderes especiales que la Ley Habilitante, aprobada en diciembre de 2010 a causa de las intensas lluvias, le otorgó a Chávez durante 18 meses para gobernar por decreto sin control de la Asamblea Nacional, cuya integración solo registraba una mayoría simple para el oficialismo, debiendo pactar con la bancada opositora en el caso de aprobar leyes orgánicas. Trago amargo que evitó con el decreto laboral de marras.

El infortunado resultado es un pastoso documento plagado de fraseología “revolucionaria” y de propaganda estatal para justificarse en el poder.

Porque su contenido no beneficia a los trabajadores. Para muestra, el artículo 111 (aumentos de salario) o el 141 (pago de prestaciones sociales), entre tantos otros.

En el ámbito del derecho colectivo, desde los artículos 353, 354 hasta el 498 es un controversial código infectado de controles a la autonomía y a la libertad sindical, esto en el texto, porque en la práctica este ha sido el régimen que más ha encarcelado y perseguido a sindicalistas y a trabajadores. Razones de sobra para la comisión de encuesta designada por la OIT cuya delegación estuvo recientemente en nuestro país en el Foro de Dialogo Social.

En cuanto a los empresarios, el “novísimo DLOTTT” es un manifiesto de la lucha de clases contra el “patrono explotador”, culpable de toda la miseria que vive el trabajador. Su contenido, orientado al odio ancestral contra el patrono, contraviene la posición optimista de algunos voceros de Fedecámaras, quienes recientemente opinan que “el régimen ya no ve a los empresarios como sus enemigos”. Posición controversial ante un mandatario que apuesta a reavivar permanentemente “el resentimiento obrero” para confrontar y dividir a la población. Lo que no es de extrañar en realidad, es su esencia política inspirada en los manuales castro-estalinistas. 

Este parapeto ideológico de ley del trabajo oficialista pudo ser reformado por la Asamblea Nacional electa de 2015, cuando la bancada opositora contaba con los votos suficientes para abordar la tarea, pero lamentablemente otras preocupaciones ocupaban a los asambleístas, desperdiciando así una oportunidad de revisar la mencionada ley.

En definitiva, es una ley que deberá sustituirse cuando los sinos de la historia señalen otros caminos hacia una Venezuela democrática, y tengamos una normativa laboral que garantice la autonomía de los actores frente al Estado; tarea fundamental a lograr específicamente para los trabajadores, quienes han tenido en el Ministerio del Trabajo y otras instituciones públicas unas alcabalas a superar durante casi un siglo de relaciones de trabajo.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El Foro de Diálogo Social y la agenda del sindicalismo venezolano, por Froilán Barrios Nieves*
El Foro del Diálogo Social implica una excelente oportunidad para que el sindicalismo venezolano reagrupe sus diezmadas y fracturadas estructuras

 

@froilanbarriosf

Como bien lo describe el último informe de PROVEA, el año 2022 está signado por la activación simultánea de diversos mecanismos internacionales de control para Venezuela. Entre ellos, la apertura de la investigación sobre la situación de Venezuela ante la Corte Penal Internacional (CPI); el sistema universal de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y sus mecanisgfgggmos, como la Misión de Determinación de los Hechos (MDH) y su opción de renovación; el Alto Comisionado de Naciones Unidad para los Derechos Humanos (ACNUDH); el tercer ciclo evaluativo del Examen Periódico Universal (EPU); el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) y el Mecanismo de Seguimiento para Venezuela del Sistema Interamericano (MESEVE).

Este contexto determina la importancia del Foro del Diálogo Social realizado la semana pasada desde el 25 al 28 de abril. Es la mirada del más importante organismo laboral mundial, la OIT, a la actitud reiterada del régimen de precarizar la vida de los trabajadores activos, jubilados y pensionados de este país.

El evento implica una excelente oportunidad para que el sindicalismo venezolano reagrupe sus diezmadas y fracturadas estructuras, comenzando por esclarecerse el significado de la OIT para el mundo del trabajo. Esta no es un tribunal, ni mucho menos la Corte Penal Internacional, como tampoco es la mesa de diálogo de México, para imaginarse que de su seno se emitirán sentencias o se eliminarán sanciones económicas.

La Organización Internacional del Trabajo es un organismo tripartito que vigila la aplicación de los convenios laborales a nivel universal firmados por los Estados, que establece mecanismos de ayuda a los trabajadores y empleadores privados para proteger las relaciones de trabajo ante gobiernos zánganos y dictatoriales, como sido la gestión gubernamental bajo la presidencia de Chávez y la actual de Maduro.

Aunque muchos no lo crean, no fue tarea fácil llevar al régimen al Foro Social citado. Ha sido producto de una peregrinación, durante todo el siglo XXI, mediante las múltiples misiones del organismo tripartito que han visitado al país. Hasta concretarse la Comisión de Encuesta (CE) promovida por el gremio empresarial en 2018, la cual creo es la primera de ese género en 103 años de la OIT: de 13 CE que se han acordado ante regímenes violadores de convenios laborales, la mayoría ha sido por iniciativa de los trabajadores. 

Aun cuando sabemos que los “rusos también juegan”, es decir el régimen chavista mueve todos sus pines para minimizar los daños de sus tropelías antilaborales, tratando de manipular a centrales sindicales nacionales e internacionales, o a empleadores privados a fin de presentar una imagen renovada revestida de “avances” en las maltrechas relaciones de trabajo, la realidad es que estamos ante un escenario propicio para que mediante el método tripartito se concreten los salarios, se respete la libertad sindical, la contratación colectiva y no se persiga a los sindicalistas en el desempeño de sus funciones. 

A sabiendas que se ha convocado una próxima reunión en septiembre 2022 de manera presencial con la asistencia de delegación de la OIT, a fin de darle seguimiento a los avances y cumplimiento de acuerdos suscritos en torno a los convenios 26 (salarios mínimos), 87 (libertad sindical) y 144 (consulta tripartita), reiterados en el Foro Social celebrado entre las organizaciones sindicales, Fedecámaras y gobierno. Asimismo, en las próximas sesiones del Consejo de Administración de la OIT, a celebrarse en los meses de junio y en noviembre 2022, se hará también seguimiento y evaluación del cumplimiento y avance de los acuerdos alcanzados.

La tarea del sindicalismo venezolano debe orientarse a la superación de divergencias y al logro de una propuesta compartida que permita la presencia de una representación de los trabajadores unificada y fortalecida en torno al objetivo de la reconquista del trabajo digno; más aun al estar en presencia “de un gobierno, autoritario y totalitario, quien actúa de mala fe para ganar tiempo, desarticular el conflicto a su favor sin soluciones efectivas y con el único propósito de bajar el costo político”.

En ese contexto los trabajadores venezolanos esperan que sus dirigentes sindicales estén a la altura de las circunstancias, que no pierdan el tiempo en protagonismos o en argumentos de ser los propietarios de la verdad. Lo que les importa a los trabajadores de todos los sectores, es la atención a las exigencias de los 22.000 petroleros despedidos en 2002-2003 por defender la industria mediante la huelga general, a los trabajadores de Guayana, a los del sector público y privado, a la situación trágica de los jubilados y pensionados, a los desempleados.

En definitiva, lo que proponen es que el sindicalismo los represente dignamente en procura de una vida digna junto a su familia, para no verse obligados a emigrar como lo han hecho millones de venezolanos durante el siglo XXI. Y por otra parte actúen de manera autónoma de los buros políticos partidarios a los que pertenecen.

*Movimiento Laborista.

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Foro de Diálogo Social en Venezuela: desafío para la OIT, por Froilán Barrios Nieves*
“En Venezuela es fundamental el derecho a la contratación colectiva”, mintió la inefable vicepresidenta Delcy Rodríguez en el Foro de Diálogo Social OIT

 

@froilanbarriosf

El Foro de Diálogo Social quedó instalado el lunes 25 de abril en Caracas con la participación de una comisión de alto nivel de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dirigentes sindicales, empresarios y autoridades del gobierno de Nicolás Maduro.

Los antecedentes del evento son la queja presentada por delegados empleadores en 2015 ante la OIT ante las reiteradas violaciones a la libertad gremial empresarial; denuncia que contó en 2017 con el apoyo de las centrales sindicales venezolanas por el desconocimiento de los derechos laborales en el país.

Tras el inicio el lunes 25, continuó el martes 26/4 con la evaluación de la aplicación de los convenios 26 sobre salario mínimo y 144 consulta tripartita. Ambos evadidos por el gobierno de Maduro al momento de definir salarios durante sus 9 años de gestión iniciada en 2013. Posteriormente, hoy miércoles 27, se analizará la situación del convenio 87 sobre libertad sindical, violentado por el régimen al suspender los contratos colectivos, perseguir y apresar a dirigentes sindicales, y bloquear la renovación de las elecciones sindicales por las trabas impuestas por el CNE y el Ministerio del Trabajo. 

Se debe destacar la participación por vía digital de Guy Ryder, director mundial de la organización. Ryder celebró la realización del foro exhortando a las partes involucradas a mantener una relación que «se base en la transparencia y consenso, para avanzar en la búsqueda de un futuro mejor, llegar a resultados concretos y tangibles en el corto plazo».

Y agregó desde un video presentado en el foro: «Tengo la fe y esperanza de que sabremos aprovechar esta oportunidad única para que el gobierno y los interlocutores puedan establecer una relación de confianza mutua para la reconciliación nacional, basada en la transparencia y el consenso de la búsqueda de un futuro mejor”.

Destacó además que el evento busca dar cumplimiento a la decisión del Consejo de Administración del OIT, «para tratar las cuestiones pendientes sobre la aplicación de los convenios 26 (fijación de los salarios mínimos), 87 (libertad sindical) y 144 (consulta tripartita). Tanto en la legislación como en la práctica».

La inefable vicepresidenta Delcy Rodríguez mintió: «en Venezuela, dijo, es fundamental el derecho a la contratación colectiva, lo que marca una diferencia con otros países». Como si respetaran mucho el Estado de derecho, indicó que el derecho a la negociación colectiva y la obligación a celebrarla se estableció en el artículo 96 de la Constitución y se ratificó en el artículo 431 de la Ley Orgánica del Trabajo.

También indicó que «auguramos que este foro ayude a consolidar la esperanza de nuestros trabajadores para tener un sistema fortalecido que garantice las necesidades de bienes y servicios a la población».

Ante las descaradas declaraciones de la representante gubernamental, podemos afirmar que cada vez que viene la OIT soplan buenos vientos para el sindicalismo venezolano, porque obliga al gobierno a sentarse a hablar con las centrales sindicales y el patrono empresario.

Aunque en la realidad mediante la resolución 2792 de 2018 suspendieron de facto la discusión de los contratos colectivos en el sector público. En este sentido el gobierno deberá dar respuesta concreta a las acciones cometidas como, por ejemplo, la fijación de un salario mínimo de forma unilateral y el desconocimiento de la contratación colectiva.

La OIT debe lograr meter en cintura a un gobierno que, durante 20 años, viene evadiendo los principales convenios internacionales laborales, ya que el foro deberá dar resultados concretos en torno a que el próximo salario mínimo se fije a partir de una reunión con las centrales sindicales, el sector privado y el gobierno.

Además, que el gobierno respete los contratos colectivos, y se concrete la liberación de todos los trabajadores detenidos, víctimas de persecución política, por luchar por sus derechos.

Si Maduro decide desconocer los convenios de manera contumaz, como usualmente ha hecho, pasará a ser una prueba más para la Corte Penal Internacional (CPI), que pudiera derivar a la separación de Venezuela de la OIT».

El resultado de la violación del gobierno a lo que acuerden las mesas de diálogo social generaría una prueba que puede llevarlo a la CPI, cosa que el gobierno deberá cuidar porque ahí tiene un terreno minado por las denuncias de torturas y violaciones a los DD. HH. ante la presencia de la Corte Penal Internacional en el país.

Aun cuando concluya el Foro Social el jueves 28 de abril, las mesas de diálogo social deberán permanecer instaladas con el objetivo de verificar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en las conversaciones, reafirmado con la propuesta de Guy Ryder de instalar un Consejo Nacional Tripartito para hacerle seguimiento a las conclusiones del evento.

Para la OIT es un reto lograr que este gobierno cumpla lo que firma, ya que durante el siglo XXI ha sido reiterada su actitud de desprecio a los convenios laborales de la OIT, al instalar el Foro Social es un precedente para el mundo del trabajo sobre la posición de este organismo tripartito de no ceder terreno hasta restablecer el trabajo digno.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Los días de abril 2002 y el epílogo de una nación con el alma rota, por Froilán Barrios Nieves*
Las ejecutorias posteriores a los días de abril de 2002 demostraron el rasero de la camarilla gobernante

 

@froilanbarriosf

En tan solo 48 horas Venezuela conoció el tránsito de un país que aspiraba a no perder la democracia, a otro donde la incertidumbre y el rumbo a lo desconocido se ataron de la mano. El 11 de abril era el pueblo desparramado en calles y autopistas que disfrutaba el atrevimiento de su coraje con la renuncia presidencial. Visualizaba momentos de vértigo, donde el tiempo y las amenazas de muerte se podían tocar con los dedos, para que en solo dos días se abriera una herida en las entrañas de la nación hoy todavía sin cura.

Otras naciones en diferentes circunstancias han sufrido trances cruciales en su destino, siendo luego superados con sacrificios extremos para restablecer el tejido nacional y labrar un sendero de reconciliación. Tal como lo vivido en España tras 40 años de dictadura franquista; la Alemania del Holocausto fracturada en dos países, y unificada luego de 45 años al superar el apocalipsis nazi de la Segunda Guerra Mundial; o el caso de Chile, que todavía sufre los coletazos de la dictadura de Pinochet. Todas estas experiencias concluyeron con el restablecimiento del sistema de libertades y fortalecimiento de la democracia. Así como con el desarrollo de economías de potente inserción en el mercado global.

En nuestro caso, el efecto en estos veinte años ha sido devastador. El chavismo ha impactado a cada una de las instituciones y organizaciones de la sociedad civil; las ha demolido a conciencia para instaurar el nuevo orden, cuya ejecutoria ha revertido la condición humana a niveles de regresión económica, social, política, cultural sin parangón alguno en América Latina. 

La barbarie comenzó con el ejercicio del poder al imponer el canallesco modelo autoritario que integra el Estado, el partido político, al poder ejecutivo en nombre de la revolución y del socialismo del siglo XXI, instaurando el poder por encima de la constitución y las leyes. Convirtieron al presidente en un Mussolini tropical y propician la conducta criminal en gobernadores, alcaldes y gerentes públicos. En definitiva, todo está justificado por la fraseología “revolucionaria y antimperialista” sellada como credo a la sociedad normalizada.

De ese nuevo orden no escapa la dirigencia opositora que, descerebrada, no atina a presentar un programa político de reconstrucción nacional creíble, que enamore a la población en la reconquista de la democracia.

En realidad, el ideario político venezolano transcurre todavía en torno a dos propuestas, el chavismo gobernante y el antichavismo. Y esto no es suficiente para desplazar la tiranía gobernante, ya que resultan limitados los argumentos de “éramos felices y no lo sabíamos”, “rescatemos el espíritu del 23 de enero” con un relicario de sandeces impublicables.

De esa onda expansiva no escapa el sindicalismo venezolano. Al asumir en tales circunstancias un rol de protagonismo como actor político sustituto de los partidos, la sociedad civil le endilgó una tarea sobre sus hombros que no le correspondía, ni tenía la capacidad para semejante encargo, terminando en esa aventura señalado como golpista en el escenario internacional. Aun cuando jugó un rol primordial en el paro cívico nacional de diciembre 2002, a analizarse en su momento, no ha podido recuperarse del traspiés, que tuvo como consecuencia la extendida fragmentación y debilidad que exhibe hoy. 

Las ejecutorias posteriores a abril de 2002 demostraron el rasero de la camarilla gobernante, que asumió a Venezuela como un botín a repartirse entre bandas criminales. Sumisas estas al eje del mal global promotor y protector de tiranías de diferente pelaje, cuya característica fundamental es fomentar la pobreza como mecanismo de dominación social. 

Estas cruentas políticas han determinado en nuestro país la diáspora de casi 9 millones de venezolanos a lo largo del siglo XXI, quienes huyendo del hambre, miseria y muerte resolvieron irse de un país saqueado por una casta criminal que ha roto el alma de la nación, fragmentándola en partidarios incondicionales de la tiranía contra la mayoría aplastante que desea reconquistar la democracia.

En esta brutal ofensiva la tiranía se ha llevado por delante a las universidades, la empresa privada, a nuestra cultura, nuestra identidad, nuestra idiosincrasia. Y, lo más sagrado, el derecho a la vida de millones de venezolanos, demostrando así el desprecio absoluto por el destino de la población. 

Restablecer la nación herida es una tarea de todos. Para lograrlo debemos terminar con el régimen opresor, quien pretende presentar una imagen de país feliz por una Semana Santa de playas, de conciertos musicales y de bodegones, aun cuando se extinga en la precariedad y la pobreza.

*Movimiento Laborista.

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El 11 de abril bien vale una misa, por Froilán Barrios Nieves*
El 11 de abril partió de la intuición popular del peligro ante un mandatario que ya mostraba sus colmillos dictatoriales

 

@froilanbarriosf

El tintero se ha vaciado ante la riada de análisis e interpretaciones de esa fecha crucial de nuestra historia contemporánea. Que si fue un golpe de Estado, crisis institucional, sublevación popular, en el contexto de un menú de sesudos análisis y rebuscados argumentos, cuyos aportes pudieran ser útiles si son considerados luego de 20 años al momento de revisar los rumbos extraviados. 

Por otra parte, vale la pena detenerse en los sucesos de ese día. Un jueves que remarcó la nueva fase política iniciada en 1999 con la toma del poder por el chavismo. Una intensa jornada que enfatizó la relatividad del tiempo, al convertir las horas de ese día en semanas, meses ante la densidad de los eventos y la vorágine del desenlace. 

Opino que ningún sector político, social o militar puede reclamar el protagonismo del 11 de abril, este fue el resultado de un cóctel que resumió la aspiración de todos a vivir en democracia, el despido de los gerentes de PDVSA, la confrontación contra el decreto 1011, los empresarios manifestando su rechazo a las leyes de la Habilitante que conllevaron al paro de 12 horas del 10 de diciembre de 2001, los trabajadores en defensa de sus reivindicaciones laborales.

Luego del célebre despido de los gerentes de PDVSA con el pito presidencial, la CTV convoca a paro nacional de 24 horas el 8 de abril, que luego se tornará en indefinido a partir del 10, ante el rechazo del régimen de atender las peticiones laborales de los trabajadores del sector público. 

La motivación de los trabajadores a participar en la manifestación del 11 de abril se origina en la pérdida de su poder adquisitivo y del desconocimiento de los contratos colectivos, del reconocimiento a la libertad sindical y a los beneficios de la seguridad social.

Esa decisión de los trabajadores se sumó a ese fenómeno de conciencia ciudadana jamás conocido en nuestra historia política. Fue similar a un gigantesco tornado, a un huracán que arropó a un país, que lo conllevó a la gran movilización de más de un millón de participantes, que sobrepasó los discursos de los convocantes. 

Aun cuando los discursos de la tarima de Chuao convocaban a Miraflores, con anterioridad la marejada humana ya había enrumbado su destino a la sede del poder presidencial. No se debió a la arenga de algún liderazgo político, militar, sindical, empresarial, periodistas. 

Simplemente partió de la intuición popular del peligro en ciernes ante un mandatario que, a las primeras de cambio, mostraba sus colmillos dictatoriales.

Circunstancias que aguijonearon la valentía del pueblo venezolano en defender la experiencia de haber vivido 40 años en democracia con todos sus defectos. 

Pudiéramos decir que fue una movilización sin el peso de un liderazgo reconocido; por el contrario, la inmensa fuerza de la gigantesca marcha tuvo la contundencia de tumbar a un presidente, quien trémulo y fundido renuncia ante el evidente rechazo popular.

La tragedia del pueblo venezolano se visualiza ante la incapacidad de la cúpula opositora que conspiraba a espaldas de la devoción popular. Ello determinó que privaran los intereses subalternos antes que la decisión y la lucha de millones de venezolanos, esos que han sufrido en carne propia el rumbo torcido de la historia impuesto por aquella naciente tiranía. Que padecemos todavía a dos décadas de tan magna gesta.

*Movimiento Laborista.

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Antecedentes del 11 de abril 2002, por Froilán Barrios Nieves*
Con la valentía manifestada el 11 de abril multitudes apostaron a la tierra amada, no en un lance, sino en innumerables ocasiones

 

@froilanbarriosf

Recientemente mencionaba que el presente 2022 era propicio para mirar al retrovisor de lo sucedido veinte años atrás, partiendo de la necesidad de hurgar sin anestesia en los sucesos que, marcando la historia política nacional en el siglo XXI, han impactado el curso de los eventos posteriores al 11 de abril hasta el presente.

A todas luces es una tarea incómoda cuando el desenlace no es una victoria, ya que se pisan callos por doquier al ser historia reciente. En tal sentido sortear el lance para evadir el entuerto, nos tiene acá dos décadas más tarde, cometiendo los mismos errores y trastadas que han derivado en el recorrido de un calvario de innumerables estaciones sufridas por el abnegado pueblo venezolano.

Otro desenlace fue el 23 de enero de 1958. De esta fecha todo mundo escribe bonito. ¡Claro!, fue una epopeya popular que permitía soñar con certeza, por primera vez, con la conquista perdurable de la democracia y sus valores, luego de más de un siglo de historia republicana

Cuántas cosas han pasado en estos 20 años que merecen detenerse a mirarlas con la inspiración y ritmo del tango Volver de Gardel: “sentir que es un soplo la vida y que veinte años no es nada”; y, al mismo tiempo, todo. Millones de venezolanos se la jugaron a rabiar para no perder su patria, aun cuando a millares les costara la vida.

Con la valentía manifestada el 11 de abril multitudes apostaron a la tierra amada, no en un lance, sino en innumerables ocasiones. En 2004 con el referéndum revocatorio; luego el 2 de diciembre de 2007 derrotando la funesta reforma constitucional. Más tarde, en diciembre de 2015, otorgando una mayoría aplastante opositora en la Asamblea Nacional, y finalmente en 2019 con el apoyo al gobierno interino. 

Todos, hechos capitales que permitían avizorar otro país, diferente al que tenemos hoy, apoyados por inmensas movilizaciones como las desarrolladas en 2014 y 2017. Todas tuvieron un punto de partida y un hilo conductor: la pasión expresada aquel jueves 11 de abril en las calles de Caracas y de varias ciudades del país. 

En realidad, todo pintaba bien antes del 11 de abril de 2002. El movimiento sindical se había fortalecido en torno a la CTV. Luego del fraudulento referéndum sindical de diciembre 2000 que había disuelto las directivas de las centrales sindicales nacionales, federaciones regionales y sectoriales, se realizaron las elecciones para la relegitimación del sindicalismo, sufriendo la plancha oficialista una fulminante derrota el 25 de octubre de 2001, con la victoria de Carlos Ortega como presidente de la CTV.

Posteriormente en diciembre de ese año el paro exitoso de 12 horas convocado por Fedecámaras contra las leyes habilitantes que conculcaban la propiedad privada en diferentes áreas de la economía, tuvo el respaldo rotundo de la sociedad civil que confrontaba al proyecto educativo oficialista bajo el lema “Con mis hijos no te metas”.

En un contexto de creciente oposición a las incipientes actitudes tiránicas del régimen, se realiza la imponente manifestación del 23 de enero de 2002. Convocada desde la plaza Morelos, subiendo por la avenida Lecuna hasta el centro de Caracas, reunió a más de 150.000 manifestantes y a representantes de todos los sectores políticos y sociales. 

Todo suponía que el pueblo despertaba frente a un régimen que asumió el poder en 1999 con el apoyo mayoritario de la población, en nombre de la democracia y de la mejor constitución del continente; esa que el poder ejecutivo comenzaba a desconocer y desaplicar, ocasionando la decepción a inmensas capas de la población que lo habían apoyado inicialmente en 1998.

¿Qué sucedió en ese entonces en un contexto favorable a la defensa de la democracia? Nos conlleva a las jornadas del 11 de abril a ser analizadas en la próxima semana, cuyo resultado, como ya conocemos, terminó en una emboscada para las legítimas aspiraciones del pueblo venezolano de vivir en democracia. 

*Movimiento Laborista.

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