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Ni la inseguridad alimentaria ni el CLAP se arreglaron en Venezuela

bolsas clap
Yakary Prado
18/11/2023
8 de cada 10 encuestados en el más reciente Monitoreo del Observatorio de Gasto Público de Cedice Libertad dijeron que prefieren que se eliminen servicios de distribución de alimentos como el de los CLAP, pues son “ineficientes”. Además, tienen la esperanza de que mejore la economía para comprar lo que necesiten por medio de su trabajo
Más de la mitad de los beneficiarios del CLAP consultados por esta encuesta revelaron que intercambian los productos que reciben por su “mala calidad” 
Beneficiarios del CLAP consultados por Runrun.es revelaron que no han recibido la bolsa desde el mes de septiembre en algunas parroquias de Caracas. En estados como Bolívar hay parroquias a la que solo llega la bolsa del CLAP cada tres meses

 

 

Aunque en Venezuela no se arregló y persiste la inseguridad alimentaria, cada vez son más los ciudadanos que consideran que el beneficio del CLAP (o bolsas con alimentos que distribuyen los Comités Locales de Abastecimiento y Producción con variada frecuencia) es insuficiente para solucionar las brechas de alimentación, así como también  menos las familias que dependen de este subsidio. 

En septiembre de 2023, la empresa venezolana Consultores21 actualizó su estudio Crisis de Seguridad Alimentaria en Venezuela. Los resultados de la medición realizada en 2.000 hogares venezolanos arrojaron que hasta 7 de cada 10 las familias venezolanas están en situación de inseguridad alimentaria. Según el reporte más reciente del Observatorio Venezolano de Finanzas  la inflación aumentó durante octubre y los alimentos sufrieron un alza de 7,1% en sus precios. Mientras, el salario mínimo en Venezuela se mantiene en Bs. 130 Bolívares (al cambio oficial, la cifra es equivalente a 3,70$) y la canasta alimentaria familiar, según el  Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, se ubicó en $495,54 al cierre de octubre de 2023, lo que significa que se necesitan casi 22 salarios mínimos en promedio para comprarla.

Pese a que la situación de inseguridad alimentaria persiste, el más reciente Monitoreo de Servicios del Observatorio de Gasto Público de Cedice Libertad concluyó que 86% de los 2.300 encuestados prefiere que se eliminen servicios de distribución de alimentos como el de los CLAP pues lo consideran “ineficientes” y además tienen la esperanza de que mejore la economía para comprar lo que necesiten por medio de su trabajo.

Esta investigación, que abarcó el mes de octubre, encontró que 7 de cada 10 encuestados asegura que no utiliza todos los insumos que llegan en la bolsa CLAP debido a su mala calidad.  62% informó que existen irregularidades con la distribución de los insumos  y que se piden “tarifas extra” para que sus comunidades sean puestas como prioridad. Y al menos  50% de los encuestados admitió que venden o intercambian parte de los insumos que reciben en la bolsa CLAP, pues consideran que son “de muy mala calidad”.

“Solo un porcentaje muy pequeño, de 1% a 4%  de los entrevistados, refiere que utiliza o requiere ese beneficio de alimentación porque no tiene otra fuente de ingreso o porque su fuente de ingreso es limitada. Ese porcentaje manifiesta que requiere esa bolsa para subsistir y le da uso a la mayoría los productos”, refiere el economista de Cedice Raúl, Córdoba, coordinador del Monitoreo de Servicios del Observatorio de Gasto Público de Cedice Libertad , en entrevista con Runrun.es

En lo que respecta a la percepción del servicio, los ciudadanos consideran que las bolsa de los CLAP no resuelven las brechas de alimentación nacional, sino que simplemente son una alternativa para la solución: “Lo que esperarían es que el mercado mejore, que mejoren las condiciones de producción, comercialización e ingresos, para que cada ciudadano, motus propio, pueda adquirir los bienes y servicios que se ajusten a sus ingresos y necesidades de canasta”, puntualizó Córdoba.

Córdoba precisa que el estudio de la alimentación que hacen mensualmente se nutre de varias fuentes: análisis de medios de comunicación, impresos o digitales, redes sociales y otros canales digitales en los que el ciudadano comunica información sobre servicios públicos o bienes de subsidio alimenticio como lo de los CLAP. Adicionalmente, tienen corresponsales en cada estado del país que aplican un instrumento a 200 a 250 personas por estado, dependiendo de la densidad: “Entre todas las entidades del país sumamos unas 2.300 personas, en encuestas en las que se indaga en percepciones relacionadas con servicios y bienes públicos”.

El programa que alimenta la coacción

Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) fueron creados a principios de 2016 por el gobierno madurista en el marco de una grave crisis económica y  como un mecanismo para la distribución de alimentos subsidiados. Miembros de organizaciones comunitarias vinculadas por lo general al partido de gobierno nacional o local forman parte de la cadena que censa, maneja listas y distribuye las bolsas, que antes fueron cajas.

El gobierno enarboló la bandera de los CLAP como su plan insigne para “garantizar los derechos de la población más vulnerable”, “ganar la guerra económica” y como un mecanismo de lucha contra la imposición de sanciones, a quienes atribuye el colapso de la economía venezolana y la grave crisis alimentaria que atraviesa el país desde, al menos, el año 2014. 

Desde sus principios, este sistema de distribución de alimentos no ha estado exentos de polémicas y de señalamientos de discriminación y de clientelismo. No fueron pocas las veces en las que la gente denunció que el beneficio fue interrumpido a personas que protestaban o manifestaban una posición contraria al gobierno. 

Recientemente, el gremio docente filtró un audio de un dirigente comunal en el estado Portuguesa, que comentaba que por orden gubernamental, la entrega de las bolsas CLAP debería materializarse ahora de “forma obligatoria” en una asamblea, en donde cada beneficiario firmara la recepción con su nombre, cédula y número telefónico: “Quien no cumpla con esa tarea, pudieran esas comunidades no tener la posibilidad de recibir esas bolsas CLAP en una próxima entrega. No es una amenaza, es una orden del Ministerio de la Alimentación del gobierno de Nicolás Maduro Moros con la anuencia de nuestro gobernador, Primitivo Cedeño“.En el audio, además daban las instrucciones del guion que deberían recitar en cada video que registrara una actividad de entrega de bolsas CLAP, que incluía un agradecimiento en plan estelar a Maduro y al gobernador. 

En la red social X también se difundió el pasado 14 de noviembre una denuncia respecto a que dentro de una bolsa CLAP repartida en una comunidad no identificada se incluyó una propaganda para invitar a votar en el referéndum por el Esequibo. 

El CLAP ya no resuelve

Las quejas más recientes y generalizadas sobre el sistema de distribución de los CLAP tienen que ver con la frecuencia de distribución y la calidad de los productos. El estudio mensual de Cedice Libertad aborda la  frecuencia,  cobertura, continuidad y calidad de los productos de las bolsas CLAP.  En sus verbalizaciones los encuestados definen como una “desviación de calidad” la introducción de productos turcos o iraníes en las bolsas, porque prefieren los nacionales. 

También, reportan variaciones respecto a la cantidad de productos que reciben,  que en promedio, son de diez a doce (aceite, enlatados, una o dos lata de atún o de sardina, leche, avena, café -papeletas de 200 gramos-, arroz, pasta, carne procesada enlatada, algún gramo o leguminosa y otro alimento adicional). 

Ante la percepción de que el beneficio no resuelve las necesidades alimenticias de cada grupo familiar, y debido a las quejas por calidad de los productos, las familias buscan soluciones por su cuenta,  como generar nuevos ingresos o intercambiar los productos que no consumen.

“El CLAP ya no llega cada quince días para resolver la necesidad alimentaria de las personas. El CLAP no llega a toda la población ni tampoco llega en una fecha establecida o fija por problemas de distribución, movilidad, combustible. En ese esquema, el beneficio va perdiendo efectividad y la gente encuentra otras alternativas para solventar esas necesidades alimentarias”, explicó Raúl Córdoba, economista de Cedice Libertad. 

El experto amplía la idea indicando que la dependencia a las bolsas CLAP solo está descrita para “determinados productos, como aceite, leche, azúcar, arroz y pasta”. En entrevistas de profundidad que realiza trimestralmente Cedice, han encontrado que, al estar insatisfechos con la calidad de los productos que reciben, los  beneficiarios de los CLAP hacen una lista de los productos que pueden utilizar o no, por percepción de desviación de calidad o por preferencias personales, y el resto, los intercambian

“Los que más se cambian son los granos, harinas y pastas”, precisó el economista Raúl Córdoba. A cambio, pueden obtener verduras, frutas u hortalizas. Los usuarios del CLAP también reportan que algunos alimentos que deciden no consumir son destinados a la alimentación de animales, como cerdos y pollos.

Un punto a destacar es que esta realidad no es homogénea,  sino que puede variar notablemente en un mismo estado o si se compara la situación de Caracas con la del interior del país. 

Runrun.es consultó a siete beneficiarios del CLAP que residen en distintas partes de La Gran Caracas y en dos estados del país para conocer sus experiencias. En estas entrevistas, salió a relucir que el canje de productos del CLAP por otros alimentos es una práctica común, así como también que, en los últimos dos meses, la bolsa no ha llegado.  

*David Hernández es residente del municipio Sucre, Parroquia Filas de Mariche. En su zona reporta que han tenido meses en los que reciben las bolsas CLAP cada 15 días.

“Normalmente, trae harina, arroz, pasta, leche, aceite, chica, arvejas y sardinas. Las harinas son de fabricación nacional, pero no de reconocidas marcas, y al amasarlas se vuelven un yeso. La mayoría de los productos venían con fechas de vencimiento ya cumplidas. Algunos productos llegan con gorgojos. Sobre el arroz, a veces venían algunos buenos, otros de pésima calidad que parecían picados para gallinas”. Agregó Hernández que la última vez que recibió una bolsa CLAP fue a finales de septiembre de 2023. Ni en octubre ni en lo que va de diciembre de 2023 les ha llegado la bolsa. 

*Amara Díaz vive en el sector Pérez Bonalde de Catia, popular parroquia caraqueña. Reporta que durante el año la bolsa solía llegar cada dos o tres semanas, pero que tampoco la recibe desde el mes de septiembre.

“Por lo general, trae cuatro harinas, uno o dos kilos de arroz, un litro de aceite, una bolsa de chicha, uno o dos paquetes de pasta, en ocasiones, un par de sardinas. A veces trae una bolsa de 200 gramos de café y de 440 gramos de leche. Los productos los usamos todos, a excepción de la harina, que se le regala a familiares con menor capacidad adquisitiva, nunca hemos vendido productos a los buhoneros, como hacen otras personas. Hace un mes pidieron pagar los Bs.25 que cuesta la bolsa, me parece económico para todos los productos que trae, pero los alimentos no han llegado este mes  y la señora del consejo comunal no sabe qué pasa”, detalló.

 

 

*Mariano vive en la zona UD-4 de Caricuaotambién tiene dos meses esperando la bolsa CLAP, por la que paga mensualmente Bs.45 y que suele recibir cada cuatro semanas: “La última vez que nos llegó trajo dos kilos de arroz, dos de harina, un aceite, dos latas de atún, dos paquetes de pasta, uno de chicha y un kilo de unas arvejas de baja calidad. Acá los camiones de verduras pasan diariamente ofreciendo cambiar dos kilos de arroz,  harina y pasta por un kilo de plátano, o de otras hortalizas, eso lo negocian con cada persona”. 

Cuando a *Roberto se le pregunta cómo es la distribución del CLAP en El Valle, zona caraqueña en la que habita, lo primero que comenta es que en su sector está muy institucionalizado el trueque o cambio de productos.

“En la gran mayoría de negocios, sobre todo en los que venden frutas y verduras, aceptan el intercambio de productos de la bolsa CLAP por cierta cantidad de productos de un kilo. Por ejemplo, en el caso de los plátanos, cambian un kilo de arroz por otro de plátano. Regularmente, un cambio de verduras y frutas pasa comentando por altavoz que se cambian los frijoles por patilla, parchita, es súper normal”, describió.

La bolsa le ha seguido llegando cada tres semanas y trae arroz, sardina, aceite, mantequilla, un litro de aceite , una leche pequeña, una bolsa de chicha y arroz de una marca conocida, “productos en su mayoría nacionales”.

En el interior del país la bolsa CLAP puede llegar con menos frecuencia, menos productos y el precio es mayor, comparado con lo que se paga en Caracas. Así lo reporta *Bárbara, habitante de San Félix (estado Bolívar), quien informó que solo reciben este beneficio alimenticio tres veces al año. 

“La última vez que recibimos la bolsa fue hace 30 días y pagamos Bs.55. La frecuencia es tres veces al año. Y solo trae tres harinas de mala calidad, arroz, dos paqueticos de chicha y una bolsa de granos. Nosotros consumimos la mayoría de los alimentos que trae, pero lógicamente, no dependemos solo de ella para comer. La harina se la lanzo a los cochinos porque muchas veces trae gusanos”, comparte.

En su sector también se ha presentado el problema de que a algunas familias les quitan el beneficio si la persona que estaba registrada en la casa se va del país: “Se niegan a entregársela a quien quede viviendo en esa casa, y les dicen que ya perdieron el beneficio”, reveló.  Además, en su comunidad también es común que la gente venda los productos que recibe y que no consume en el mercado municipal. 

La suspensión de la entrega del beneficio de las bolsas CLAP (con48 denuncias) es la irregularidad más comentada entre las 115 denuncias sobre este servicio que ha recibido desde enero hasta el 15 de noviembre de 2023 la plataforma Dilo Aquí de Transparencia Venezuela. Los motivos más frecuentes reportados son los viajes (15) de personas que han salido del país con intención de emigrar y que luego retornan, pero también hay reportes de suspensión en personas que viajan dentro o fuera del país por razones médicas u otros motivos familiares.

“También, es motivo de suspensión la mudanza (13), en estos casos, las personas venían recibiendo el beneficio en el lugar en el que habitaban y, al cambiar de residencia, deben esperar ser incorporadas en los censos de sus nuevas comunidades. Es importante destacar que el lapso que puede tardar esto es indeterminado y el tiempo de espera que manifiestan tener para volver a recibir la bolsa de alimentos, en oportunidades alcanza al año “, precisa el reporte de Transparencia Venezuela compartido a Runrun.es.

Otras denuncias sobre los CLAP que ha recibido Dilo Aquí tienen que ver con personas que no reciben el beneficio de alimentación (25), distribución arbitraria de la bolsa de alimentación (20),  14 por irregularidades con el censo, 11 con sobreprecio de la bolsa CLAP y 10 por entregas esporádicas en las comunidades. 

*Lisa vive en la ciudad de Coro, sector Bobare, y aunque su familia paga Bs 25 por una bolsa de CLAP que recibe “cada mes, o mes y medio”, destaca que en otros sectores puede costar menos. La bolsa contiene dos kilos de harina amarilla, uno de lenteja, otro de azúcar, un litro de aceite de palma, “que antes parecía un aceite de carro”, un paquete de chica, dos latas de sardinas y una de carne enlatada. A veces, menciona, tras dos kilos de pasta y dos kilos de arroz “picado a la mitad, que viene con restos como de basura, por lo que hay que lavarlo muchas veces”.

Admite que los productos que no consumen, como la harina “que es muy gruesa y difícil de manejar” y la carne enlatada y las sardinas los intercambian en bodegas cercanas por  tomate y pimentón. Y, a modo comparativo, recuerda que cuando hace unos años vivía en Caracas, la bolsa CLAP llegaba con muchos más productos y que en su comunidad, en determinadas ocasiones, incluían algo de proteína, como pollo o pernil en temporada navideña. 

Mejorar las condiciones con políticas sectoriales

 Aunque recalca que “la preocupación de los gobiernos debería estar en poder generar las condiciones para que las personas puedan tomar libremente sus decisiones y poder así  superar la línea de pobreza”, el experto de Cedice entrevistado resalta que, ante la evidencia de que aún al menos  1% a 4% de la población que depende exclusivamente del beneficio de  alimentación de los CLAP,  la recomendación en rediseñar el programa de distribución de alimentos para que sea lo suficientemente efectivo en la resolución del grave problema de inseguridad alimentaria en Venezuela. 

La sugerencia es desarrollar políticas sectoriales más eficientes, definidas de forma diferenciada según las características de cada región y sus situaciones de acceso, movilidad,  necesidades alimenticias, edades de sus habitantes y otras condiciones específicas. 

“Transversalizar eso se convierte en un error. Por eso, para mejorarlo, la principal recomendación debe ser definir política sectorizadas, programas en concordancia con gobiernos locales, porque la instrumentación es correcta, pero la operacionalización no lo es. Hay un plan sobre el cuidado de la alimentación que se implementa mundialmente, que son también bolsas que se colocan en centros comerciales o locales de alta rotación, que tienen productos similares a los de los CLAP, pero que los puede adquirir el mismo ciudadano en supermercados o abastos. (…) Eso mitiga el riesgo de que la reciban personas que no usan los productos, no los necesitan o que los reciben e intercambian. De esa forma, se elimina todo el tramo de distribución y, más bien, se empodera a la población en la búsqueda de los beneficios que está proveyendo el gobierno con la empresa privada para solventar problemas de alimentación”, detalla Raúl Córdoba.

Al sectorizar este tipo de programas, agrega, se deben atender las necesidades de personas con problemas de movilidad que no puedan acercarse a los supermercados, en esos casos,  sí se podría considerar llevarles productos a través de consejos comunales o alcaldías. Otra alternativa, según recomienda el experto de Cedice, son las alianzas con las instituciones educativas para proveer de alimentación a los estudiantes dentro de sus escuelas o liceos y atender a sus necesidades nutricionales, que se han visto afectadas por la inseguridad alimentaria.

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