Censura, vigilancia y castigo: así se aplica la represión digital en Venezuela

*Ángel es un estudiante universitario de 21 años de Caracas. Después del 28 de julio de 2024, a la rutina de su madre de echarle la bendición antes de dirigirse a la Universidad Central de Venezuela para que tenga un día productivo se sumó una pregunta obligada.

“‘Hijo, ¿borraste los chats’?, me pregunta siempre. A veces me quita el teléfono y ella misma lo revisa. Me recuerda todo el tiempo que no suba estados al WhatsApp que tengan que ver con temas políticos. Desde que detuvieron a un vecinito en esos días luego de las elecciones porque le revisaron el celular y le encontraron fotos que le llegaron de una protesta, ella no ha salido de ese estado de pánico. Y, en el fondo, yo tampoco he dejado de tener temor. Antes compartía mensajes políticos, reflexiones, pero ahora reconozco que estoy completamente en silencio sobre esos temas, al menos públicamente”, narra.

En el marco del mes de la libertad de prensa, la iniciativa Conexión Segura transmitió el pasado 19 de mayo, en Youtube, el foro virtual “Censura y represión digital en Venezuela”, una conversación que justamente versó sobre la acentuación en el retroceso de las libertades digitales en el país luego de las elecciones presidenciales de 2024 y cómo se ha utilizado este tipo de represión para instaurar un “estado de terror” e hipervigilancia en los ciudadanos.

Moderado por el periodista y activista por los derechos humanos, Luis Carlos Díaz, el panel reunió a tres voces clave: Pedro Vaca, relator especial de la CIDH para la libertad de expresión; la abogada y activista digital Marianne Díaz Hernández y el director de VE Sin Filtro, Andrés Azpúrua.

Los expertos coincidieron en que, tras las elecciones del 28 de julio, Venezuela atraviesa su momento más oscuro en términos de censura, vigilancia y represión digital. Un ecosistema donde los bloqueos, el miedo y la hipervigilancia se entretejen para desarticular la protesta y quebrar la voluntad social.

Una estrategia prolongada de hipervigilancia y control

Marianne Díaz Hernández, activista y abogada especializada en derechos digitales, describió el actual panorama como el clímax de una estrategia de control desarrollada durante décadas: “A raíz de las elecciones pareciera que los pequeños elementos que se fueron configurando en estas décadas para la vigilancia masiva y el control biosociopolítico en internet encajaron unos con otros para convertirse en el aparato que existe hoy”

“Hace 17 años aparecieron los primeros sitios web censurados, filtrados de contenido, luego aparece ese sistema sociobiopolítico con implementación de voto electrónico, controles biométricos, ciertos municipios tienen cámara de seguridad, y esas cámaras tiene biometría, digitalización de sistemas como pasaportes, carnet de la patria, que tiene elementos digitales… parecían cosas aisladas, pero empezamos a ver desde hace un año que hay una articulación que responde a principios políticos, cómo se articulan todos estos elementos para crear un sistema macro. Lo que configura el momento social y político de mayor control respecto a las dos décadas anteriores”, profundizó.

Díaz explicó que, aunque la tecnología usada por el Estado no necesariamente ha evolucionado en complejidad, sí lo ha hecho su uso estratégico y acumulativo: se han sumado capas de censura digital —bloqueo de medios, plataformas sociales, aplicaciones de mensajería y hasta apagones de infraestructura— en una suerte de “casa de legos de censura digital”.

Más allá del bloqueo, lo más peligroso —advirtió— es la intención de crear un Estado de terror interiorizado.

“Es un estado de terror que no inicia ahora, inicia con los sistemas biométricos de digitalización forzada del cuerpo para acceder a votar, a comprar alimentos y medicinas, era un mecanismo para romper la dignidad de las personas, quebrantar la integridad, la autonomía, sensación de control sobre propio cuerpo y existencia para penetrar en la mente. Esto comenzó hace 15 años y ha avanzado hasta este estado en donde tenemos drones, algunos de los cuales el gobierno ha dicho que están armados, hipervigilancia extrema, registro de celulares en la calle (…) El propósito es que se instale el terror dentro de la gente, que tengan miedo de ser la próxima víctima. Son estrategias terroristas que requieren que el Estado sea frontal y lo diga abiertamente”, amplió.

La etapa más oscura para el internet en Venezuela

Para Andrés Azpúrua, director de VE Sin Filtro, la situación actual no tiene precedentes:

“Desde el inicio de la campaña electoral hasta enero de 2025 vivimos el período con la peor censura de internet que hemos visto en Venezuela”.

Azpúrua explicó cómo el gobierno ha ensayado bloqueos masivos y experimentales: se han censurado plataformas como Telegram, Signal y X (antes Twitter), incluso en horarios específicos.

“En las noches bloqueaban TikTok, como una especie de toque de queda digital, es algo que se repite en regímenes autoritarios donde bloquean
las redes sociales en las noches porque el gobierno tiene menos capacidad de acción y bloquear narrativas en las redes”, relató.

Narró también que en el marco de la “estrategia coordinada para limitar la libertad de expresión e información de los venezolanos” o se consultaran las actas del 28 de julio se registraron incidentes donde –en un intento por bloquear páginas específicas- el gobierno afectó de forma colateral porciones enteras del internet, bloqueando servicios como Amazon Web Services y Cloudflare.

Añadió que al bloqueo de redes sociales para silenciar las protestas, se sumó una estrategia de intimidación para que la gente no saliera a las calles y no emitiera opinión siquiera para evitar detenidos.

“Se hacía propaganda morbosa de esas detenciones para meter el mayor miedo posible. Las descripciones en los reportes no son suficientes. La experiencia de vivirlo como venezolano, en Venezuela, es otra cosa. Se creó un ecosistema para crear terror en los videos de las detenciones, la música que usaban, hasta para obligar a las personas a pedir perdón por insultar a al presidente y ministros, fue bochornoso. Era una violación a la persona que pasaba por todo esto, y a la vez, una intimidación masiva para que nadie se atreviera a decir qué pensaba del resultado del CNE. Vimos hasta uso de drones de vigilancia e intimidación, y además exhibían el zoom que tenían sus drones, como para decir que podían ver las caras de los manifestantes, a María Corina (Machado)”.

Opina también Azpúrua que ha habido una conducta algo dócil y complaciente de empresas de telecomunicaciones y proveedores de internet, “que censuran antes incluso de recibir la orden para quedar como ‘niños buenos’ ante Conatel”.

“El Estado obliga a las empresas de telecomunicaciones a ofrecer un servicio de peor valor a los clientes con la censura,
y eso lo cumplen con mucha facilidad, sin menor oposición. Hay proveedores de internet que censuran más que otros, o censuran antes de que les llegue la orden (…) Empresas de telecomunicaciones que están agrupadas en cámaras, que pudieran colectivamente poner demandas para por lo menos ser transparentes cuando se les obligue a censurar algo, no lo hacen. En Venezuela los que tienen algunas cosas que perder decidieron doblegarse”, consideró.

Un “modelo” institucionalizado de censura

Pedro Vaca, relator especial de la CIDH, expuso cómo Venezuela representa un caso extremo y sostenido de represión digital en el hemisferio.

“Lo que en otros países es esporádico o parcial, en Venezuela es un acumulado histórico de controles mediáticos, bloqueos y ausencia total del Estado de derecho”, sentenció.

Destacó el despliegue institucional al servicio de la censura, donde se combinan leyes represivas, policías que inspeccionan celulares, jueces disponibles para emitir órdenes arbitrarias y entes como Conatel que actúan sin contrapeso alguno: “ En ningún país democrático se toma la decisión de bloquear servidores enteros o de imponer horarios de censura caprichosos”, denunció.

Vaca también advirtió que la censura no solo aísla al pueblo venezolano, sino que entorpece la comprensión internacional de lo que ocurre en el país:

La censura tiene un efecto postergado. No solo afecta a los venezolanos, sino las posibilidades de que el mundo entienda lo que allí sucede. Lo que hace doblemente importante el esfuerzo de los defensores de derechos humanos y periodistas en Venezuela”, resaltó.

El temido escenario de mayores restricciones

Los tres ponentes coincidieron en que, si se repiten escenarios de conflictividad política en los que el gobierno sienta amenazado su poder, el aparato represivo será aún más contundente.

Azpúrua no descartó un eventual bloqueo total de WhatsApp ni del internet, como ocurrió durante unos días en las protestas del estado Táchira en 2014, así como el uso sistemático de drones con reconocimiento facial para identificar manifestantes.

En Venezuela el gobierno se lanza las olas de represión digital cuando su poder se ve amenazado, ahí es cuando sale el monstruo y va por todo cada vez. El gobierno tumba las barreras psicológicas, y ya pagó algunos de esos costos, la próxima ola de censura tiene ese piso y se sentirán más cómodos en repetir lo que hicieron antes. Pensábamos que era impensable bloquear telegram, signal, y ocurrió. y planificaron bloquear WhatsApp, pero probablemente llega un punto en donde la relación costo beneficio los lleva a bloquear WhatsApp. El gobierno está dispuesto a repetir lo que ya hizo si siente amenazado su poder”, advirtió.

En palabras de Marianne Díaz, la sociedad venezolana aún conserva una memoria de la libertad y por eso resiste. Pero ese músculo democrático —alerta— se está atrofiando, así como también pareciera que se está normalizando la autocensura para evitar ser víctimas de la represión.

“La sociedad venezolana sabe que las cosas que le están sucediendo no son normales, porque lo ha podido ver en otros países, es una sociedad que si bien no tiene plena libertad, saber lo que es la libertad, y entiende. Sí me preocupa es el músculo democrático, como abogada lo que veo que se está perdiendo es la comprensión de lo que son los poderes, elecciones libres y me temo que sí hay una degradación de esos conceptos y de entender en la carne lo que es una democracia. Vivo en Chile, y las sociedades que han tenido dictaduras recientes evolucionan con ese censor instalado en la cabeza y es muy difícil sacarlo. Incluso después de años de democracia, vives con esa vigilancia en el hombro a cada rato, es algo que veo en Venezuela, la noción de que tenemos que cambiar patrones de lenguaje, palabras que usamos”, alertó.

El foro cerró con un llamado claro: documentar, denunciar, resistir y prepararse para eventuales escenarios de comunicaciones más restringidas. Los expertos recomendaron reforzar el uso de VPNs, canales alternativos de información, autocuidado digital y elevar los costos reputacionales para el gobierno venezolano con denuncias y reportes en instancias internacionales.

En un país donde los bloqueos ya no sorprenden, y donde se ha normalizado vigilar, silenciar y castigar, quedó en el aire una reflexión final que hizo el relator especial de la CIDH para la libertad de expresión, Pedro Vaca:

“La defensa de los derechos humanos y el periodismo se enfrentan a una interrogante de si se van a poder seguir haciendo en Venezuela (…) “Sí, hay herramientas, pero el némesis de la censura es grande”, concluyó.

*El nombre del entrevistado fue modificado para resguardar su identidad.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país


El pasado 19 de mayo, Conexión Segura organizó el foro virtua “Censura y represión digital en Venezuela”, actividad en la que se abordó el retroceso de las libertades digitales en el país luego de las elecciones presidenciales de 2024 y cómo se ha utilizado este tipo de represión para instaurar un "estado de terror" e hipervigilancia en los ciudadanos
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*Ángel es un estudiante universitario de 21 años de Caracas. Después del 28 de julio de 2024, a la rutina de su madre de echarle la bendición antes de dirigirse a la Universidad Central de Venezuela para que tenga un día productivo se sumó una pregunta obligada.

“‘Hijo, ¿borraste los chats’?, me pregunta siempre. A veces me quita el teléfono y ella misma lo revisa. Me recuerda todo el tiempo que no suba estados al WhatsApp que tengan que ver con temas políticos. Desde que detuvieron a un vecinito en esos días luego de las elecciones porque le revisaron el celular y le encontraron fotos que le llegaron de una protesta, ella no ha salido de ese estado de pánico. Y, en el fondo, yo tampoco he dejado de tener temor. Antes compartía mensajes políticos, reflexiones, pero ahora reconozco que estoy completamente en silencio sobre esos temas, al menos públicamente”, narra.

En el marco del mes de la libertad de prensa, la iniciativa Conexión Segura transmitió el pasado 19 de mayo, en Youtube, el foro virtual “Censura y represión digital en Venezuela”, una conversación que justamente versó sobre la acentuación en el retroceso de las libertades digitales en el país luego de las elecciones presidenciales de 2024 y cómo se ha utilizado este tipo de represión para instaurar un “estado de terror” e hipervigilancia en los ciudadanos.

Moderado por el periodista y activista por los derechos humanos, Luis Carlos Díaz, el panel reunió a tres voces clave: Pedro Vaca, relator especial de la CIDH para la libertad de expresión; la abogada y activista digital Marianne Díaz Hernández y el director de VE Sin Filtro, Andrés Azpúrua.

Los expertos coincidieron en que, tras las elecciones del 28 de julio, Venezuela atraviesa su momento más oscuro en términos de censura, vigilancia y represión digital. Un ecosistema donde los bloqueos, el miedo y la hipervigilancia se entretejen para desarticular la protesta y quebrar la voluntad social.

Una estrategia prolongada de hipervigilancia y control

Marianne Díaz Hernández, activista y abogada especializada en derechos digitales, describió el actual panorama como el clímax de una estrategia de control desarrollada durante décadas: “A raíz de las elecciones pareciera que los pequeños elementos que se fueron configurando en estas décadas para la vigilancia masiva y el control biosociopolítico en internet encajaron unos con otros para convertirse en el aparato que existe hoy”

“Hace 17 años aparecieron los primeros sitios web censurados, filtrados de contenido, luego aparece ese sistema sociobiopolítico con implementación de voto electrónico, controles biométricos, ciertos municipios tienen cámara de seguridad, y esas cámaras tiene biometría, digitalización de sistemas como pasaportes, carnet de la patria, que tiene elementos digitales… parecían cosas aisladas, pero empezamos a ver desde hace un año que hay una articulación que responde a principios políticos, cómo se articulan todos estos elementos para crear un sistema macro. Lo que configura el momento social y político de mayor control respecto a las dos décadas anteriores”, profundizó.

Díaz explicó que, aunque la tecnología usada por el Estado no necesariamente ha evolucionado en complejidad, sí lo ha hecho su uso estratégico y acumulativo: se han sumado capas de censura digital —bloqueo de medios, plataformas sociales, aplicaciones de mensajería y hasta apagones de infraestructura— en una suerte de “casa de legos de censura digital”.

Más allá del bloqueo, lo más peligroso —advirtió— es la intención de crear un Estado de terror interiorizado.

“Es un estado de terror que no inicia ahora, inicia con los sistemas biométricos de digitalización forzada del cuerpo para acceder a votar, a comprar alimentos y medicinas, era un mecanismo para romper la dignidad de las personas, quebrantar la integridad, la autonomía, sensación de control sobre propio cuerpo y existencia para penetrar en la mente. Esto comenzó hace 15 años y ha avanzado hasta este estado en donde tenemos drones, algunos de los cuales el gobierno ha dicho que están armados, hipervigilancia extrema, registro de celulares en la calle (…) El propósito es que se instale el terror dentro de la gente, que tengan miedo de ser la próxima víctima. Son estrategias terroristas que requieren que el Estado sea frontal y lo diga abiertamente”, amplió.

La etapa más oscura para el internet en Venezuela

Para Andrés Azpúrua, director de VE Sin Filtro, la situación actual no tiene precedentes:

“Desde el inicio de la campaña electoral hasta enero de 2025 vivimos el período con la peor censura de internet que hemos visto en Venezuela”.

Azpúrua explicó cómo el gobierno ha ensayado bloqueos masivos y experimentales: se han censurado plataformas como Telegram, Signal y X (antes Twitter), incluso en horarios específicos.

“En las noches bloqueaban TikTok, como una especie de toque de queda digital, es algo que se repite en regímenes autoritarios donde bloquean
las redes sociales en las noches porque el gobierno tiene menos capacidad de acción y bloquear narrativas en las redes”, relató.

Narró también que en el marco de la “estrategia coordinada para limitar la libertad de expresión e información de los venezolanos” o se consultaran las actas del 28 de julio se registraron incidentes donde –en un intento por bloquear páginas específicas- el gobierno afectó de forma colateral porciones enteras del internet, bloqueando servicios como Amazon Web Services y Cloudflare.

Añadió que al bloqueo de redes sociales para silenciar las protestas, se sumó una estrategia de intimidación para que la gente no saliera a las calles y no emitiera opinión siquiera para evitar detenidos.

“Se hacía propaganda morbosa de esas detenciones para meter el mayor miedo posible. Las descripciones en los reportes no son suficientes. La experiencia de vivirlo como venezolano, en Venezuela, es otra cosa. Se creó un ecosistema para crear terror en los videos de las detenciones, la música que usaban, hasta para obligar a las personas a pedir perdón por insultar a al presidente y ministros, fue bochornoso. Era una violación a la persona que pasaba por todo esto, y a la vez, una intimidación masiva para que nadie se atreviera a decir qué pensaba del resultado del CNE. Vimos hasta uso de drones de vigilancia e intimidación, y además exhibían el zoom que tenían sus drones, como para decir que podían ver las caras de los manifestantes, a María Corina (Machado)”.

Opina también Azpúrua que ha habido una conducta algo dócil y complaciente de empresas de telecomunicaciones y proveedores de internet, “que censuran antes incluso de recibir la orden para quedar como ‘niños buenos’ ante Conatel”.

“El Estado obliga a las empresas de telecomunicaciones a ofrecer un servicio de peor valor a los clientes con la censura,
y eso lo cumplen con mucha facilidad, sin menor oposición. Hay proveedores de internet que censuran más que otros, o censuran antes de que les llegue la orden (…) Empresas de telecomunicaciones que están agrupadas en cámaras, que pudieran colectivamente poner demandas para por lo menos ser transparentes cuando se les obligue a censurar algo, no lo hacen. En Venezuela los que tienen algunas cosas que perder decidieron doblegarse”, consideró.

Un “modelo” institucionalizado de censura

Pedro Vaca, relator especial de la CIDH, expuso cómo Venezuela representa un caso extremo y sostenido de represión digital en el hemisferio.

“Lo que en otros países es esporádico o parcial, en Venezuela es un acumulado histórico de controles mediáticos, bloqueos y ausencia total del Estado de derecho”, sentenció.

Destacó el despliegue institucional al servicio de la censura, donde se combinan leyes represivas, policías que inspeccionan celulares, jueces disponibles para emitir órdenes arbitrarias y entes como Conatel que actúan sin contrapeso alguno: “ En ningún país democrático se toma la decisión de bloquear servidores enteros o de imponer horarios de censura caprichosos”, denunció.

Vaca también advirtió que la censura no solo aísla al pueblo venezolano, sino que entorpece la comprensión internacional de lo que ocurre en el país:

La censura tiene un efecto postergado. No solo afecta a los venezolanos, sino las posibilidades de que el mundo entienda lo que allí sucede. Lo que hace doblemente importante el esfuerzo de los defensores de derechos humanos y periodistas en Venezuela”, resaltó.

El temido escenario de mayores restricciones

Los tres ponentes coincidieron en que, si se repiten escenarios de conflictividad política en los que el gobierno sienta amenazado su poder, el aparato represivo será aún más contundente.

Azpúrua no descartó un eventual bloqueo total de WhatsApp ni del internet, como ocurrió durante unos días en las protestas del estado Táchira en 2014, así como el uso sistemático de drones con reconocimiento facial para identificar manifestantes.

En Venezuela el gobierno se lanza las olas de represión digital cuando su poder se ve amenazado, ahí es cuando sale el monstruo y va por todo cada vez. El gobierno tumba las barreras psicológicas, y ya pagó algunos de esos costos, la próxima ola de censura tiene ese piso y se sentirán más cómodos en repetir lo que hicieron antes. Pensábamos que era impensable bloquear telegram, signal, y ocurrió. y planificaron bloquear WhatsApp, pero probablemente llega un punto en donde la relación costo beneficio los lleva a bloquear WhatsApp. El gobierno está dispuesto a repetir lo que ya hizo si siente amenazado su poder”, advirtió.

En palabras de Marianne Díaz, la sociedad venezolana aún conserva una memoria de la libertad y por eso resiste. Pero ese músculo democrático —alerta— se está atrofiando, así como también pareciera que se está normalizando la autocensura para evitar ser víctimas de la represión.

“La sociedad venezolana sabe que las cosas que le están sucediendo no son normales, porque lo ha podido ver en otros países, es una sociedad que si bien no tiene plena libertad, saber lo que es la libertad, y entiende. Sí me preocupa es el músculo democrático, como abogada lo que veo que se está perdiendo es la comprensión de lo que son los poderes, elecciones libres y me temo que sí hay una degradación de esos conceptos y de entender en la carne lo que es una democracia. Vivo en Chile, y las sociedades que han tenido dictaduras recientes evolucionan con ese censor instalado en la cabeza y es muy difícil sacarlo. Incluso después de años de democracia, vives con esa vigilancia en el hombro a cada rato, es algo que veo en Venezuela, la noción de que tenemos que cambiar patrones de lenguaje, palabras que usamos”, alertó.

El foro cerró con un llamado claro: documentar, denunciar, resistir y prepararse para eventuales escenarios de comunicaciones más restringidas. Los expertos recomendaron reforzar el uso de VPNs, canales alternativos de información, autocuidado digital y elevar los costos reputacionales para el gobierno venezolano con denuncias y reportes en instancias internacionales.

En un país donde los bloqueos ya no sorprenden, y donde se ha normalizado vigilar, silenciar y castigar, quedó en el aire una reflexión final que hizo el relator especial de la CIDH para la libertad de expresión, Pedro Vaca:

“La defensa de los derechos humanos y el periodismo se enfrentan a una interrogante de si se van a poder seguir haciendo en Venezuela (…) “Sí, hay herramientas, pero el némesis de la censura es grande”, concluyó.

*El nombre del entrevistado fue modificado para resguardar su identidad.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país


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