Cómo se vive con apagones diarios que no dependen del sol

El pasado 21 de marzo de 2026, Delcy Rodríguez, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos,  anunció un “Plan Nacional de Ahorro Eléctrico” de 45 días. ¿La razón oficial? Una ola de calor y el “pasaje perpendicular de los rayos solares” que, según el Ejecutivo, intensifica la demanda energética y el riesgo de fallas en el sistema.  El anuncio llegó apenas 24 horas después de que Zulia, Táchira, Mérida y Trujillo despertaran a oscuras tras una caída masiva del sistema.

“Yo apelo a la conciencia ciudadana para avanzar en un plan de ahorro de energía eléctrica”, instó quien ejerce como mandataria nacional desde el 3 de enero. 

En la calle, donde el sol quema, pero no administra voltios, la interpretación de esta realidad es otra. Para los venezolanos, el astro rey no es el responsable de la oscuridad que tienen que enfrentar durante horas al día, varias veces a la semana. Los testimonios recogidos para este trabajo describen una realidad sostenida en el tiempo, sin estacionalidad ni patrón climático claro, pero con un perjuicio incalculable a la calidad de vida.

“Excusas como las del sol ya las dijo Jesse Chacón en su momento, igualito que Delcy en estos días, esto no es más que un simple descaro”, afirma David León, habitante de Guatire, quien ya perdió un televisor y tuvo que remendar su nevera para convertirla de digital a analógica, porque se dañó luego de un apagón y los repuestos no se consiguen.  

Jesse Chacón Escamillo fue ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica en Venezuela entre abril de 2013 y agosto de 2015. Durante su gestión, en la que hubo tres grandes apagones en el país, atribuyó las fallas del sistema eléctrico nacional a “extrañas fallas”, supuestos actos de “sabotaje”, a la alta demanda y también, al sol. En mayo de 2015, en medio de importantes fallas eléctricas, justificó la situación alegando que “cuando el sol pasó perpendicular sobre Venezuela” el país entró a una “zona de alta presión”.

La oscuridad se hizo endémica

Desde los dos mega apagones del año 2019, la crisis eléctrica se ha vuelto endémica. Ya no se necesitan eventos masivos para que el país viva en penumbra, pues el colapso energético se ha “democratizado” en cuotas diarias de frustración. Y lo que el gobierno califica como un fenómeno climático, los ciudadanos lo asumen de manera distinta.

En Filas de Mariches Yohanna asegura que  “cuando caen tres gotitas se va la luz”. En Valencia -sector Flor Amarillo-,  Marina  desmiente la tesis solar de Delcy Rodríguez. “Esto se puso peor desde el 29 de julio de 2024. Acá todo el día y todo el año el sol es lo que abunda… no es por eso que se nos va la luz, se nos va la luz por incapacidad”, sentencia. 

En Mérida, una de las entidades más vulnerables, el ritmo de la vida va al compás de lo que dicten los apagones. Rodrigo, de 29 años y habitante de Ejido, relata: “La luz se va todos los días, al menos son siete cortes semanales de cuatro horas cada uno. ¿Trabajar? No se puede ¿Estudiar? No se puede”.

En el Zulia, donde el índice de calor es uno de los más elevados de todo el país, vivir sin luz es sinónimo de tortura. Vannesa Guzmán, de la Costa Oriental del Lago, es tajante en su declaración: “Es inhumano lo que hacen con los zulianos, la quitan un día sí y otro no durante cuatro horas. Esto ya se salió de control. Uno pasa noches enteras sin luz. Y no es por lo del sol”. 

En El Barrio El Manzanillo, del Municipio San Francisco de Maracaibo, Marbelis Acosta narra las escenas extremas a las que obliga la combinación de falta luz y calor.

“A veces, en las noches, se ven los colchones afuera o las hamacas guindadas con la gente tratando de dormir porque sin luz y con el calorón, es imposible dormir dentro de las casas”, describe.

 El padecimiento es mayor cuando se conjugan todas las crisis. La señora de 65 años comentó el caso de una familiar que debe ser operada de un cáncer mamario en el Hospital General del Sur: “Su esposo tuvo que comprarle todo para la cirugía y a pesar de eso, la devuelven cada vez que la van operar, por una u otra causa, a pasar dolor y calor en esa casa y sin poder asearse, porque tenemos 20 días sin agua”.

David, habitante de Guatire, explica cómo la falta de energía afecta aún más el suministro de agua en una ciudad que sufre interrupciones constantes de este servicio: “Eso genera mucho estrés en cosas que deberían ser de lo más normales para nosotros, se convierten en un trajín arrecho”. Incluso, surtir combustible es un reto, pues las bombas cierran con cada corte eléctrico al no poder succionar la gasolina de los tanques subterráneos.

El sol no oscurece, la desidia sí

Está documentado que la declinación solar, o paso de rayos del sol de forma perpendicular sobre Venezuela (lo que ocurre en dos períodos del año: a partir del 21 de marzo y luego después del 21 de septiembre) provoca altas temperaturas que aumentan el consumo eléctrico. De igual forma, la sequía reduce la capacidad hidroeléctrica y crea un déficit de generación. En esta época también se incrementa el riesgo de incendios forestales que pueden afectar la transmisión eléctrica.

Pero el gran problema de fondo es que el sistema está al límite. Un informe de la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC) en el Plan Nacional de Mantenimiento 22-23 precisó que de los 7000 megavatios (MW) de capacidad de generación instalados en el territorio venezolano, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) solo disponía de una capacidad operativa cercana al 31,3 %. Con esta solo podría servir el 62,7 % de la demanda máxima histórica de 18.696 MW, ocurrida en el año 2013.

En un análisis compartidoen sus redes sociales el ingeniero civil y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB),  José de Viana, explica cómo el colapso eléctrico de Venezuela no es un problema técnico, sino más bien “un profundo fracaso institucional y financiero”.

Argumenta que a pesar de tener las mayores reservas de hidrocarburos del hemisferio, el sistema eléctrico del país es el más vulnerable de la región. El experto enumera como causas la desinversión y canibalización de las plantas termoeléctricas, la falta de combustible para turbinas (lo cual destaca como paradoja en un país petrolero), sobrecarga hídrica, porque el Bajo Caroní asume todo el peso operando fuera de diseño, fallas de transmisión con más de 800 kilómetros de red inestable por falta de mantenimiento y la fuga de talento, o pérdida crítica de ingenieros y personal especializado. 

A eso se suma la congelación de las tarifas por debajo del costo real tras la estatización en 2007 de Corpoelec. De Viana opina que este monopolio estatal eliminó la inversión privada y concentró decisiones “en una burocracia sin rendición de cuentas”.

El apagón también es de derechos humanos

Los apagones en Venezuela no son solo fallas técnicas que limitan o complican la cotidianidad, sino vulneraciones sistemáticas a derechos consagrados en la Carta Magna y otras leyes.

La imposibilidad de mantener tratamientos médicos, refrigerar medicinas o realizar cirugías en hospitales públicos vulnera el derecho a la vida y a la salud. El derecho a la educación también se afecta cuando se va la luz y no se pueden utilizar equipos como computadoras o acceder a internet para hacer investigaciones. 

Bárbara Márquez, residente en San Félix, cuida a dos nietas y comenta lo cuesta arriba que se ha vuelto para las dos nietas que cuida estudiar sin electricidad:  “La semana pasada, desde el día 16 de marzo, quitaron la luz todos los días durante tres horas sin luz. Luego, la colocaban por poco tiempo y de nuevo la quitaban por tres largas horas más. Hubo tareas que las niñas no pudieron hacer porque tenían que investigar por internet y este servicio se cae cuando se va la luz. Y si los apagones ocurren mientras están en clases, pasan mucho calor”.

Los derechos al trabajo y a la alimentación también son impactados colateralmente con los apagones. Isabela Romero vive en el sector de Puente Real de San Cristóbal y tiene un pequeño local de comida. Su negocio sufre paradas obligadas por apagones o cada vez que un electrodoméstico se daña por esta causa.

 “Yo trabajo hasta tarde, anoche nos quedamos sin luz a las 11 de la noche y llegó después de las tres de la madrugada. El año pasado se me quemó un televisor de los nuevos que tenía en el negocio y a las neveras se les han dañado varias piezas”, narró. Mientras conversaba con este medio, no había luz y  un transformador de su cuadra “estaba echando humo”.

En Cabudare  -donde en los últimos meses debe afrontar apagones cuatro días a la semana, de cuatro horas o más-  Roberto reorganiza su vida alrededor del reloj eléctrico: debe levantarse a las 4:30 a.m. para cocinar antes de que corten la luz.  En Mérida, Rodrigo detiene su ritmo laboral como trabajador remoto, porque su laptop no tiene batería estable para aguantar cuatro horas sin luz.

La falta de descanso por el calor y el estrés constante de que los bajones no afecten los aparatos eléctricos es una vulneración al derecho a la vida digna, como describe Milagros, una adulta mayor que vive en el centro de Caracas y que vive “pendiente de la nevera” para desenchufarla ante cada bajón.

En Filas de Mariches, Yohanna describe una rutina similar, marcada por la alerta constante: “La semana pasada, específicamente el martes, hubo nueve bajones seguidos. Mi mamá ya es experta en desconectar todos los artefactos eléctricos en menos de un minuto (…) De verdad que no hay día en el que no haya bajones o se vaya la luz por completo. Hemos perdido dos microondas y un televisor, aunque tenían su protector de voltaje no se salvaron.  Cuando ocurre el primer bajón en horas de la mañana, ya sabemos que durante el día se van a presentar más y por eso desconectamos todo, nos limitamos en muchos quehaceres por temor a que se dañen los electrodomésticos”.

En Coro, capital del estado Falcón, Carmen, de 38 años, enfrenta cada tarde una secuencia repetida. Desde la segunda semana de marzo, hay más de seis bajones de luz después del mediodía:“Vivo desenchufando la nevera, a pesar de tener protector, apagando todos los aires, las luces, me toca dejar solo un ventiladorcito prendido para que no se asfixien los niños”. Precisa que estos problemas eléctricos no son recientes, pues entre julio, agosto y septiembre del año pasado en su sector se aplicó un racionamiento de luz que podía dejarlos sin servicio al menos dos horas diarias. 

Sin mejora eléctrica no hay paraíso

Luego de los hechos del 3 de enero de 2026, que derivaron en la captura del exgobernante Nicolás Maduro y la llegada al poder de Delcy Rodríguez con la tutela de Estados Unidos, emergió la expectativa de una reactivación económica, que será inviable si el sistema eléctrico persiste en su precariedad.

Cuatro días después del operativo militar de Estados Unidos a Venezuela el Departamento de Energía de ese país aseguró que la red eléctrica venezolana estaba “deteriorada y frágil tras años de mala gestión socialista, corrupción y mantenimiento deficiente” y que trabajarían para mejorarla y así incrementar la producción petrolera, las oportunidades económicas “y la calidad de vida diaria del pueblo venezolano”.

 En declaraciones a Radio Fe y Alegría el ingeniero especialista en sistemas de generación eléctrica, José Aguilar, insistió en que la posible incorporación de empresas privadas tanto en el sector eléctrico como en otros depende de la posibilidad de un suministro energético confiable para operar.

¿Se puede ver la luz al final del túnel?

Para “romper la trampa del mal servicio” el ingeniero y experto en gestión pública, José de Viana,  propone tres cambios fundamentales. El primero es una  reforma institucional y no técnica, puesto que reparar cables y turbinas “es inútil si el modelo gerencial sigue quebrado”.

La segunda recomendación es poner fin al “subsidio destructivo” y ajustar las tarifas al costo real del servicio para garantizar su existencia. Precisa que el costo estimado de recuperación del sistema eléctrico nacional es de 15 mil millones de dólares y que Corpoelec solo recauda anualmente 80 millones de dólares. Al ritmo de cobro actual, se necesitarán 187 años en facturar el dinero para reparar la red.

 De Viana también insiste en que se abra la “participación masiva del sector privado” y se desmantele “el monopolio ineficiente”, todo esto con transparencia administrativa.

Gabriela, quien reside en una urbanización privada en la Carretera Nacional Guarenas-Guatire, resume el sentir de una ciudadanía agotada, pero pragmática: “Si algo nos ha comprobado esta crisis es que lo barato o regalado, sale caro. Creo que nadie se opondría a pagar más si nos garantizan que la luz va a llegar todos los días. Eso sí, si pagamos más, tiene que ser a cambio de un servicio estable”.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

¿El sol tiene la culpa? ☀️🚫 El gobierno de Delcy Rodríguez anunció un "Plan de Ahorro Eléctrico" de 45 días, atribuyendo las fallas al paso perpendicular de los rayos solares. En las regiones se reportan cortes diarios de hasta 4 horas, electrodomésticos perdidos y derechos fundamentales (salud, educación y trabajo) bajo ataque
TelegramWhatsAppFacebookX

El pasado 21 de marzo de 2026, Delcy Rodríguez, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos,  anunció un “Plan Nacional de Ahorro Eléctrico” de 45 días. ¿La razón oficial? Una ola de calor y el “pasaje perpendicular de los rayos solares” que, según el Ejecutivo, intensifica la demanda energética y el riesgo de fallas en el sistema.  El anuncio llegó apenas 24 horas después de que Zulia, Táchira, Mérida y Trujillo despertaran a oscuras tras una caída masiva del sistema.

“Yo apelo a la conciencia ciudadana para avanzar en un plan de ahorro de energía eléctrica”, instó quien ejerce como mandataria nacional desde el 3 de enero. 

En la calle, donde el sol quema, pero no administra voltios, la interpretación de esta realidad es otra. Para los venezolanos, el astro rey no es el responsable de la oscuridad que tienen que enfrentar durante horas al día, varias veces a la semana. Los testimonios recogidos para este trabajo describen una realidad sostenida en el tiempo, sin estacionalidad ni patrón climático claro, pero con un perjuicio incalculable a la calidad de vida.

“Excusas como las del sol ya las dijo Jesse Chacón en su momento, igualito que Delcy en estos días, esto no es más que un simple descaro”, afirma David León, habitante de Guatire, quien ya perdió un televisor y tuvo que remendar su nevera para convertirla de digital a analógica, porque se dañó luego de un apagón y los repuestos no se consiguen.  

Jesse Chacón Escamillo fue ministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica en Venezuela entre abril de 2013 y agosto de 2015. Durante su gestión, en la que hubo tres grandes apagones en el país, atribuyó las fallas del sistema eléctrico nacional a “extrañas fallas”, supuestos actos de “sabotaje”, a la alta demanda y también, al sol. En mayo de 2015, en medio de importantes fallas eléctricas, justificó la situación alegando que “cuando el sol pasó perpendicular sobre Venezuela” el país entró a una “zona de alta presión”.

La oscuridad se hizo endémica

Desde los dos mega apagones del año 2019, la crisis eléctrica se ha vuelto endémica. Ya no se necesitan eventos masivos para que el país viva en penumbra, pues el colapso energético se ha “democratizado” en cuotas diarias de frustración. Y lo que el gobierno califica como un fenómeno climático, los ciudadanos lo asumen de manera distinta.

En Filas de Mariches Yohanna asegura que  “cuando caen tres gotitas se va la luz”. En Valencia -sector Flor Amarillo-,  Marina  desmiente la tesis solar de Delcy Rodríguez. “Esto se puso peor desde el 29 de julio de 2024. Acá todo el día y todo el año el sol es lo que abunda… no es por eso que se nos va la luz, se nos va la luz por incapacidad”, sentencia. 

En Mérida, una de las entidades más vulnerables, el ritmo de la vida va al compás de lo que dicten los apagones. Rodrigo, de 29 años y habitante de Ejido, relata: “La luz se va todos los días, al menos son siete cortes semanales de cuatro horas cada uno. ¿Trabajar? No se puede ¿Estudiar? No se puede”.

En el Zulia, donde el índice de calor es uno de los más elevados de todo el país, vivir sin luz es sinónimo de tortura. Vannesa Guzmán, de la Costa Oriental del Lago, es tajante en su declaración: “Es inhumano lo que hacen con los zulianos, la quitan un día sí y otro no durante cuatro horas. Esto ya se salió de control. Uno pasa noches enteras sin luz. Y no es por lo del sol”. 

En El Barrio El Manzanillo, del Municipio San Francisco de Maracaibo, Marbelis Acosta narra las escenas extremas a las que obliga la combinación de falta luz y calor.

“A veces, en las noches, se ven los colchones afuera o las hamacas guindadas con la gente tratando de dormir porque sin luz y con el calorón, es imposible dormir dentro de las casas”, describe.

 El padecimiento es mayor cuando se conjugan todas las crisis. La señora de 65 años comentó el caso de una familiar que debe ser operada de un cáncer mamario en el Hospital General del Sur: “Su esposo tuvo que comprarle todo para la cirugía y a pesar de eso, la devuelven cada vez que la van operar, por una u otra causa, a pasar dolor y calor en esa casa y sin poder asearse, porque tenemos 20 días sin agua”.

David, habitante de Guatire, explica cómo la falta de energía afecta aún más el suministro de agua en una ciudad que sufre interrupciones constantes de este servicio: “Eso genera mucho estrés en cosas que deberían ser de lo más normales para nosotros, se convierten en un trajín arrecho”. Incluso, surtir combustible es un reto, pues las bombas cierran con cada corte eléctrico al no poder succionar la gasolina de los tanques subterráneos.

El sol no oscurece, la desidia sí

Está documentado que la declinación solar, o paso de rayos del sol de forma perpendicular sobre Venezuela (lo que ocurre en dos períodos del año: a partir del 21 de marzo y luego después del 21 de septiembre) provoca altas temperaturas que aumentan el consumo eléctrico. De igual forma, la sequía reduce la capacidad hidroeléctrica y crea un déficit de generación. En esta época también se incrementa el riesgo de incendios forestales que pueden afectar la transmisión eléctrica.

Pero el gran problema de fondo es que el sistema está al límite. Un informe de la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC) en el Plan Nacional de Mantenimiento 22-23 precisó que de los 7000 megavatios (MW) de capacidad de generación instalados en el territorio venezolano, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) solo disponía de una capacidad operativa cercana al 31,3 %. Con esta solo podría servir el 62,7 % de la demanda máxima histórica de 18.696 MW, ocurrida en el año 2013.

En un análisis compartidoen sus redes sociales el ingeniero civil y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB),  José de Viana, explica cómo el colapso eléctrico de Venezuela no es un problema técnico, sino más bien “un profundo fracaso institucional y financiero”.

Argumenta que a pesar de tener las mayores reservas de hidrocarburos del hemisferio, el sistema eléctrico del país es el más vulnerable de la región. El experto enumera como causas la desinversión y canibalización de las plantas termoeléctricas, la falta de combustible para turbinas (lo cual destaca como paradoja en un país petrolero), sobrecarga hídrica, porque el Bajo Caroní asume todo el peso operando fuera de diseño, fallas de transmisión con más de 800 kilómetros de red inestable por falta de mantenimiento y la fuga de talento, o pérdida crítica de ingenieros y personal especializado. 

A eso se suma la congelación de las tarifas por debajo del costo real tras la estatización en 2007 de Corpoelec. De Viana opina que este monopolio estatal eliminó la inversión privada y concentró decisiones “en una burocracia sin rendición de cuentas”.

El apagón también es de derechos humanos

Los apagones en Venezuela no son solo fallas técnicas que limitan o complican la cotidianidad, sino vulneraciones sistemáticas a derechos consagrados en la Carta Magna y otras leyes.

La imposibilidad de mantener tratamientos médicos, refrigerar medicinas o realizar cirugías en hospitales públicos vulnera el derecho a la vida y a la salud. El derecho a la educación también se afecta cuando se va la luz y no se pueden utilizar equipos como computadoras o acceder a internet para hacer investigaciones. 

Bárbara Márquez, residente en San Félix, cuida a dos nietas y comenta lo cuesta arriba que se ha vuelto para las dos nietas que cuida estudiar sin electricidad:  “La semana pasada, desde el día 16 de marzo, quitaron la luz todos los días durante tres horas sin luz. Luego, la colocaban por poco tiempo y de nuevo la quitaban por tres largas horas más. Hubo tareas que las niñas no pudieron hacer porque tenían que investigar por internet y este servicio se cae cuando se va la luz. Y si los apagones ocurren mientras están en clases, pasan mucho calor”.

Los derechos al trabajo y a la alimentación también son impactados colateralmente con los apagones. Isabela Romero vive en el sector de Puente Real de San Cristóbal y tiene un pequeño local de comida. Su negocio sufre paradas obligadas por apagones o cada vez que un electrodoméstico se daña por esta causa.

 “Yo trabajo hasta tarde, anoche nos quedamos sin luz a las 11 de la noche y llegó después de las tres de la madrugada. El año pasado se me quemó un televisor de los nuevos que tenía en el negocio y a las neveras se les han dañado varias piezas”, narró. Mientras conversaba con este medio, no había luz y  un transformador de su cuadra “estaba echando humo”.

En Cabudare  -donde en los últimos meses debe afrontar apagones cuatro días a la semana, de cuatro horas o más-  Roberto reorganiza su vida alrededor del reloj eléctrico: debe levantarse a las 4:30 a.m. para cocinar antes de que corten la luz.  En Mérida, Rodrigo detiene su ritmo laboral como trabajador remoto, porque su laptop no tiene batería estable para aguantar cuatro horas sin luz.

La falta de descanso por el calor y el estrés constante de que los bajones no afecten los aparatos eléctricos es una vulneración al derecho a la vida digna, como describe Milagros, una adulta mayor que vive en el centro de Caracas y que vive “pendiente de la nevera” para desenchufarla ante cada bajón.

En Filas de Mariches, Yohanna describe una rutina similar, marcada por la alerta constante: “La semana pasada, específicamente el martes, hubo nueve bajones seguidos. Mi mamá ya es experta en desconectar todos los artefactos eléctricos en menos de un minuto (…) De verdad que no hay día en el que no haya bajones o se vaya la luz por completo. Hemos perdido dos microondas y un televisor, aunque tenían su protector de voltaje no se salvaron.  Cuando ocurre el primer bajón en horas de la mañana, ya sabemos que durante el día se van a presentar más y por eso desconectamos todo, nos limitamos en muchos quehaceres por temor a que se dañen los electrodomésticos”.

En Coro, capital del estado Falcón, Carmen, de 38 años, enfrenta cada tarde una secuencia repetida. Desde la segunda semana de marzo, hay más de seis bajones de luz después del mediodía:“Vivo desenchufando la nevera, a pesar de tener protector, apagando todos los aires, las luces, me toca dejar solo un ventiladorcito prendido para que no se asfixien los niños”. Precisa que estos problemas eléctricos no son recientes, pues entre julio, agosto y septiembre del año pasado en su sector se aplicó un racionamiento de luz que podía dejarlos sin servicio al menos dos horas diarias. 

Sin mejora eléctrica no hay paraíso

Luego de los hechos del 3 de enero de 2026, que derivaron en la captura del exgobernante Nicolás Maduro y la llegada al poder de Delcy Rodríguez con la tutela de Estados Unidos, emergió la expectativa de una reactivación económica, que será inviable si el sistema eléctrico persiste en su precariedad.

Cuatro días después del operativo militar de Estados Unidos a Venezuela el Departamento de Energía de ese país aseguró que la red eléctrica venezolana estaba “deteriorada y frágil tras años de mala gestión socialista, corrupción y mantenimiento deficiente” y que trabajarían para mejorarla y así incrementar la producción petrolera, las oportunidades económicas “y la calidad de vida diaria del pueblo venezolano”.

 En declaraciones a Radio Fe y Alegría el ingeniero especialista en sistemas de generación eléctrica, José Aguilar, insistió en que la posible incorporación de empresas privadas tanto en el sector eléctrico como en otros depende de la posibilidad de un suministro energético confiable para operar.

¿Se puede ver la luz al final del túnel?

Para “romper la trampa del mal servicio” el ingeniero y experto en gestión pública, José de Viana,  propone tres cambios fundamentales. El primero es una  reforma institucional y no técnica, puesto que reparar cables y turbinas “es inútil si el modelo gerencial sigue quebrado”.

La segunda recomendación es poner fin al “subsidio destructivo” y ajustar las tarifas al costo real del servicio para garantizar su existencia. Precisa que el costo estimado de recuperación del sistema eléctrico nacional es de 15 mil millones de dólares y que Corpoelec solo recauda anualmente 80 millones de dólares. Al ritmo de cobro actual, se necesitarán 187 años en facturar el dinero para reparar la red.

 De Viana también insiste en que se abra la “participación masiva del sector privado” y se desmantele “el monopolio ineficiente”, todo esto con transparencia administrativa.

Gabriela, quien reside en una urbanización privada en la Carretera Nacional Guarenas-Guatire, resume el sentir de una ciudadanía agotada, pero pragmática: “Si algo nos ha comprobado esta crisis es que lo barato o regalado, sale caro. Creo que nadie se opondría a pagar más si nos garantizan que la luz va a llegar todos los días. Eso sí, si pagamos más, tiene que ser a cambio de un servicio estable”.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.