El negocio del dolor: el alto costo de mover maquinarias en La Guaira

El doblete sísmico del pasado 24 de junio no solo dejó miles de muertos, heridos, desaparecidos y enormes marañas de hierro y concreto. La catástrofe natural reveló una tragedia aún más cruel que los propios terremotos: el negocio ligado a las maquinarias para remover escombros.

Mientras familias enteras cavaban con sus propias manos y los rescatistas utilizaban herramientas rudimentarias —picos, palas y martillos— para rescatar a sus familiares vivos o muertos, la maquinaria pesada, necesaria para abrir caminos, levantar, romper y movilizar enormes placas de concreto, se convirtió en un recurso poco accesible y privatizado. 

Jonathan Hidalgo es operador de maquinaria pesada desde hace más de diez años. Aseguró que en todos los años que lleva removiendo y trasladando escombros “nunca había visto algo tan trágico e impactante”. 

El joven comparó la zona cero con una zona de guerra: “Pareciera que hubieran caído tres misiles juntos o que fuese una guerra como las que se dan en el Medio Oriente”. 

El caos después de la tragedia 

A Jonathan lo llamó su jefe para que bajara a La Guaira el día 26 de junio —dos días después de los terremotos— para que trabajara en la remoción de escombros en la localidad de Los Cocos. 

El operario recuerda que ese viernes en La Guaira se vivía un caos absoluto: polvo y tierra por todos lados, calor, edificios derrumbados, gente removiendo escombros con las manos y familias enteras gritando los nombres de sus allegados. Sin embargo, lo que más temor le dio fue la agresividad de algunas personas que querían rescatar a sus seres queridos.

“La gente se nos lanzaba encima, querían agarrar las máquinas, estaban desesperados, agresivos, nerviosos; yo quería ayudarlos a todos, pero era imposible, hacía falta mucha maquinaria para responderles a todos”, narró Hidalgo.

El día domingo posterremotos, Hidalgo fue enviado a remover escombros a Tanaguarena, la cual describió como una de las zonas más afectadas y donde la gente estaba más desesperada por ayuda. 

“Nos informaron que la gente en Tanaguarena se montaban en las máquinas y las secuestraban porque no les había llegado ayuda. Ante la situación mi jefe no quiso tomar el riesgo de perder sus máquinas así que nos fuimos para Los Corales”, comentó. 

Tarifas de emergencia 

El pasado 2 de julio, Wilmer Ramírez, afectado por los terremotos en La Guaira, específicamente en las Residencias El Dorado, denunció que al lugar no llegó nadie para iniciar las labores de rescate.

A través de un video difundido en redes sociales denunció que le estaban cobrando 9000 dólares por llevar maquinarias para remover los escombros.

La denuncia de Ramírez fue la punta del “iceberg” que dejaría en evidencia que, aun en las peores tragedias, se cobran tarifas abusivas y desproporcionadas.

Un caso similar es el del exgrandeliga venezolano Eliécer Alfonso, quien buscaba a su hija y su esposa en las ruinas del Hotel Edwards Suites. En entrevista con la periodista Maryorin Méndez, Alfonso dijo que todos los gastos de la maquinaria que emplearon para rescatar corrieron por su cuenta. 

“Ha sido algo difícil porque, como pueden ver, toda la maquinaria ha sido traída por mí desde Puerto La Cruz. Tuve que traer todo desde allá confiando en Dios”, dijo Alfonso, aferrado a la esperanza de encontrarlas con vida. Tres días después confirmó que los cuerpos de ambas fueron localizados entre los escombros del icónico hotel.  

La experiencia de Jonathan Hidalgo en la zona cero confirmó que la “emergencia en La Guaira sí tenía un precio”. El operador aseguró que quien tenía dinero podía rescatar a sus familiares sin problema, el que no, debía esperar. 

Según sus cálculos, una máquina excavadora cobra 350 dólares diarios y las máquinas Jumbo entre 600 y 700, por solo remover escombros; no incluye el pago del operador ni hidratación y comidas, pero en La Guaira la situación se salió de control, porque sabe de gente que pagó hasta 1200 dólares para rescatar a sus familiares. 

Aunque el Gobierno de Delcy Rodríguez informó que había dispuesto 400 maquinarias para remover escombros, la cantidad ha sido insuficiente.

Hidalgo reveló algo aún más grave en medio de la gran tragedia: “Muchas máquinas estaban paradas sin hacer nada, esperando por familias pudientes que, con moneda americana, pudieran activarlas”. 

Labores entorpecidas 

El operario de maquinaria pesada detalló que desde el primer día de emergencia los funcionarios policiales y militares entorpecieron las labores de ayuda humanitaria y rescate. 

Narró que el día lunes 29 de junio, cuando lo llamaron para que bajara a trabajar en la remoción de escombros, una alcabala de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en La Guaira lo retuvo media hora pese a estar acreditado y tener salvoconducto como operario de labores. 

“Me dijeron que no podía pasar, y eso que les mostré todos los documentos. Me querían jalar la moto y no me dejé. Los tuve que amenazar con que se iban a meter en problemas si no me dejaban pasar. Al final me dejaron ir”, añadió.

Hidalgo aseguró que, estando en la zona cero, fue testigo en primera fila de la inacción de los funcionarios policiales y militares. Según él, muchos no hicieron nada, no se llenaron las manos de tierra ni ayudaron a remover escombros. “Solo estaban pendiente de ver qué conseguían”, dijo. 

En opinión de Jonathan, Venezuela no estaba preparada para un terremoto y mucho menos para dos. Cuestiona que la ayuda de maquinaria pesada llegó “demasiado tarde”. El operario advirtió que, si bien es cierto que los sismos duraron 44 segundos, el negocio con el dolor durará mucho más. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La experiencia de Jonathan Hidalgo en la zona cero confirmó que la “emergencia en La Guaira sí tenía un precio”. El operador aseguró que quien tenía dinero podía rescatar a sus familiares sin problema, el que no, debía esperar. 
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El doblete sísmico del pasado 24 de junio no solo dejó miles de muertos, heridos, desaparecidos y enormes marañas de hierro y concreto. La catástrofe natural reveló una tragedia aún más cruel que los propios terremotos: el negocio ligado a las maquinarias para remover escombros.

Mientras familias enteras cavaban con sus propias manos y los rescatistas utilizaban herramientas rudimentarias —picos, palas y martillos— para rescatar a sus familiares vivos o muertos, la maquinaria pesada, necesaria para abrir caminos, levantar, romper y movilizar enormes placas de concreto, se convirtió en un recurso poco accesible y privatizado. 

Jonathan Hidalgo es operador de maquinaria pesada desde hace más de diez años. Aseguró que en todos los años que lleva removiendo y trasladando escombros “nunca había visto algo tan trágico e impactante”. 

El joven comparó la zona cero con una zona de guerra: “Pareciera que hubieran caído tres misiles juntos o que fuese una guerra como las que se dan en el Medio Oriente”. 

El caos después de la tragedia 

A Jonathan lo llamó su jefe para que bajara a La Guaira el día 26 de junio —dos días después de los terremotos— para que trabajara en la remoción de escombros en la localidad de Los Cocos. 

El operario recuerda que ese viernes en La Guaira se vivía un caos absoluto: polvo y tierra por todos lados, calor, edificios derrumbados, gente removiendo escombros con las manos y familias enteras gritando los nombres de sus allegados. Sin embargo, lo que más temor le dio fue la agresividad de algunas personas que querían rescatar a sus seres queridos.

“La gente se nos lanzaba encima, querían agarrar las máquinas, estaban desesperados, agresivos, nerviosos; yo quería ayudarlos a todos, pero era imposible, hacía falta mucha maquinaria para responderles a todos”, narró Hidalgo.

El día domingo posterremotos, Hidalgo fue enviado a remover escombros a Tanaguarena, la cual describió como una de las zonas más afectadas y donde la gente estaba más desesperada por ayuda. 

“Nos informaron que la gente en Tanaguarena se montaban en las máquinas y las secuestraban porque no les había llegado ayuda. Ante la situación mi jefe no quiso tomar el riesgo de perder sus máquinas así que nos fuimos para Los Corales”, comentó. 

Tarifas de emergencia 

El pasado 2 de julio, Wilmer Ramírez, afectado por los terremotos en La Guaira, específicamente en las Residencias El Dorado, denunció que al lugar no llegó nadie para iniciar las labores de rescate.

A través de un video difundido en redes sociales denunció que le estaban cobrando 9000 dólares por llevar maquinarias para remover los escombros.

La denuncia de Ramírez fue la punta del “iceberg” que dejaría en evidencia que, aun en las peores tragedias, se cobran tarifas abusivas y desproporcionadas.

Un caso similar es el del exgrandeliga venezolano Eliécer Alfonso, quien buscaba a su hija y su esposa en las ruinas del Hotel Edwards Suites. En entrevista con la periodista Maryorin Méndez, Alfonso dijo que todos los gastos de la maquinaria que emplearon para rescatar corrieron por su cuenta. 

“Ha sido algo difícil porque, como pueden ver, toda la maquinaria ha sido traída por mí desde Puerto La Cruz. Tuve que traer todo desde allá confiando en Dios”, dijo Alfonso, aferrado a la esperanza de encontrarlas con vida. Tres días después confirmó que los cuerpos de ambas fueron localizados entre los escombros del icónico hotel.  

La experiencia de Jonathan Hidalgo en la zona cero confirmó que la “emergencia en La Guaira sí tenía un precio”. El operador aseguró que quien tenía dinero podía rescatar a sus familiares sin problema, el que no, debía esperar. 

Según sus cálculos, una máquina excavadora cobra 350 dólares diarios y las máquinas Jumbo entre 600 y 700, por solo remover escombros; no incluye el pago del operador ni hidratación y comidas, pero en La Guaira la situación se salió de control, porque sabe de gente que pagó hasta 1200 dólares para rescatar a sus familiares. 

Aunque el Gobierno de Delcy Rodríguez informó que había dispuesto 400 maquinarias para remover escombros, la cantidad ha sido insuficiente.

Hidalgo reveló algo aún más grave en medio de la gran tragedia: “Muchas máquinas estaban paradas sin hacer nada, esperando por familias pudientes que, con moneda americana, pudieran activarlas”. 

Labores entorpecidas 

El operario de maquinaria pesada detalló que desde el primer día de emergencia los funcionarios policiales y militares entorpecieron las labores de ayuda humanitaria y rescate. 

Narró que el día lunes 29 de junio, cuando lo llamaron para que bajara a trabajar en la remoción de escombros, una alcabala de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en La Guaira lo retuvo media hora pese a estar acreditado y tener salvoconducto como operario de labores. 

“Me dijeron que no podía pasar, y eso que les mostré todos los documentos. Me querían jalar la moto y no me dejé. Los tuve que amenazar con que se iban a meter en problemas si no me dejaban pasar. Al final me dejaron ir”, añadió.

Hidalgo aseguró que, estando en la zona cero, fue testigo en primera fila de la inacción de los funcionarios policiales y militares. Según él, muchos no hicieron nada, no se llenaron las manos de tierra ni ayudaron a remover escombros. “Solo estaban pendiente de ver qué conseguían”, dijo. 

En opinión de Jonathan, Venezuela no estaba preparada para un terremoto y mucho menos para dos. Cuestiona que la ayuda de maquinaria pesada llegó “demasiado tarde”. El operario advirtió que, si bien es cierto que los sismos duraron 44 segundos, el negocio con el dolor durará mucho más. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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