Terremotos como coartada: crisis de servicios venía de mucho antes

Jesús Millán, habitante de Cariaco, estado Sucre, vive en una de las zonas más afectadas por las fallas eléctricas. Asegura que la energía eléctrica y el racionamiento del agua son los servicios que más fallan en la región, afectando considerablemente la rutina y el bienestar de todos sus vecinos.

“Aquí la luz se va todos los días. Podemos pasar hasta cinco horas diarias sin luz. Hay momentos en los que se va dos o tres veces al día. Hay días que pasamos desde la mañana hasta la tarde sin luz, y cuando llega, llega deficiente”, relató Millán.

Jesús, quien es adulto mayor, aseguró que los cortes eléctricos, sumados al calor que hace en la entidad, lo tienen “loco” porque ocurren en cualquier momento, sin aviso y sin un esquema de racionamiento claro.

La incertidumbre es constante. “Hay veces que se va a las cinco de la tarde. Uno confía que ya se va a las cinco de la tarde todos los días, pero luego se va a las diez, y después a las once de la mañana, entonces tenemos un solo bochinche de luz”, dijo, describiendo un patrón inestable en el servicio que data de varios años.

La crisis del sector eléctrico en Venezuela no comenzó el pasado 24 de junio con los dos terremotos —de magnitud 7,2 y 7,5— que sacudieron a Caracas y La Guaira, aunque desde la presidencia encargada se haya denunciado que los terremotos afectaron la planta Termocarabobo que aportaba 600 megavatios al sistema eléctrico nacional. Este problema, de larga data, ha afectado de manera sostenida a la mayoría de los venezolanos en el interior del país.

Según información recopilada en medios de comunicación, antes de 2009, Venezuela llegó a generar cerca de 18.000 a 19.000 megavatios (MW) con un potencial e infraestructura disponible superior a los 25.000 MW. Actualmente, el país genera entre 12.000 y 13.000 MW, lo que deja un déficit estructural de entre 2.000 y 3.500.

Durante más de dos décadas, las narrativas oficiales para justificar el colapso del servicio han sido variadas: la iguana que dañó los equipos, el supuesto saboteo por parte de la oposición y las sanciones internacionales y, ahora, los terremotos. 

Sin embargo, las protestas en Venezuela por la crisis eléctrica han sido uno de los principales motivos de quejas de los venezolanos desde hace varios años. Solo en el primer trimestre de 2026, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) contabilizó 36 protestas por la deficiencia del servicio. Mientras que en 2025, registraron 160 manifestaciones. 

El OVCS señaló que las fallas en el servicio eléctrico afectaron las actividades domésticas y comerciales, generaron pérdidas económicas y daños a equipos y paralizaron sectores prioritarios como la salud, la educación. 

Un estudio realizado por Consultores 21 arrojó que en 2010, 8 de cada 10 venezolanos manifestaba tener problemas con el servicio eléctrico, situación que se mantuvo igual de grave en el 2016. 

En 2019, el apagón nacional evidenció el frágil estado del servicio eléctrico del país, en donde 9 de cada 10 venezolanos reportó irregularidad en el servicio, situación que se ha mantenido, más o menos, en los mismos niveles a lo largo de los últimos 7 años.

Consultores 21 confirmó que ninguna región del país se escapa de la precariedad del servicio eléctrico, sin embargo, se registran diferencias importantes en cuanto a la regularidad de las fallas. Centro Occidente, Zulia, Llanos y Andes son las regiones que históricamente se han visto más afectadas y donde el deterioro del servicio se ha visto más acentuado.

“El apagón llegó a Caracas”

Este miércoles, 5 de agosto, la etiqueta “el apagón llegó a Caracas” se volvió tendencia en la red social X, luego de que varios sectores de Los Palos Grandes se quedaron sin servicio eléctrico durante varias horas. 

Algunos usuarios de X “celebraron” que le tocara el turno a Caracas de padecer “en carne propia” los apagones a los que son sometidos los habitantes de otros estados. 

Elizabeth Rangel, habitante del municipio Sucre, en el estado Miranda, afirmó que en su localidad diariamente ocurren entre tres y cinco bajones de luz, o hay cortes eléctricos por períodos de 10 a 15 minutos. 

Comentó que cada vez que se va la luz sufre por sus electrodomésticos, porque ya ha perdido un microondas y un televisor. “La situación con el servicio eléctrico es angustiante. Los bajones de luz dañan nuestros artefactos, y si se dañan, ninguno de ellos —el Gobierno— no los va a reponer”, dijo.

Los habitantes de Turmero, en el estado Aragua, salieron a protestar por segundo día consecutivo la noche de este lunes 4 de agosto para expresar su rechazo ante los constantes cortes del servicio. 

Residentes de la zona denunciaron en redes sociales constantes interrupciones prolongadas que afectan la calidad de vida de niños, adultos mayores, personas con enfermedades y que además generan pérdidas económicas. 

La excusa de los sismos y el cambio climático

El pasado 2 de agosto, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, aseguró que la inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional es consecuencia de los daños ocasionados por el doble terremoto, el cambio climático y el fenómeno meteorológico “El Niño”, una combinación de factores que, según ella, “habría desestabilizado la generación y la transmisión en todo el país”.

Ya en marzo de 2026, Rodríguez había esgrimido el argumento climático como causa de los apagones. En esa ocasión, advirtió que el calor y el “pasaje perpendicular de los rayos solares” intensificaba la demanda energética y el riesgo de fallas en el sistema. Runrun.es consultó entonces a habitantes de distintos estados del país y el relato fue similar: la crisis eléctrica se hizo endémica en Venezuela, la sufren a diario, no hace falta eventos masivos para que se produzcan cortes y el clima puede acentuar las deficiencias preexistentes, pero no es la causa, porque incluso en los meses menos cálidos se quedan sin luz. 

El ingeniero eléctrico Roberto Vernet aseguró que el fenómeno meteorológico “El Niño” no justifica las fallas y apagones que afectan diariamente al sistema eléctrico. 

Vernet precisó que actualmente el embalse de Guri cuenta con un volumen de agua significativamente superior al registrado durante la mayor contingencia hídrica del país.

“Incluso, en un escenario hipotético extremo donde no cayera una sola gota de lluvia y se mantuviera la generación hidroeléctrica actual, el nivel del embalse descendería, apenas, unos cuatro metros al mes. Se necesitarían siete meses continuos para rozar los niveles críticos de 2016”, explicó el ingeniero.

Vernet aseguró que si bien es cierto que el fenómeno meteorológico amerita un monitoreo continuo en los meses venideros, “El Niño” jamás puede utilizarse como excusa para los apagones actuales, los cuales obedecen a fallas estructurales y de gestión.

Misma situación con el agua 

El agua potable fue el principal motivo de las protestas por servicios durante el primer trimestre de 2026.  Zulia y Oriente son las regiones que se ven más afectadas donde 47% y 43% de los hogares, respectivamente, manifiestan estar constantemente sin agua.

De acuerdo con Consultores 21, desde principios del 2010, alrededor de 7 de cada 10 hogares manifestaba tener irregularidades con el servicio, situación que no ha hecho más que empeorar, hasta registrar un 83% de hogares con un suministro irregular del servicio de agua para el segundo trimestre de 2026.

“Antes el agua aquí no faltaba, ahora se va los viernes y regresa los lunes por raticos”, dijo Millán.

Para José María De Viana, ingeniero civil y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, la situación con el sistema de agua potable en Venezuela no es un problema de escasez natural del recurso, ni de falta de infraestructura física construida, sino un “colapso operativo estructural”.

De Viana recordó que antes del 24 de junio la mayoría de los hogares venezolanos recibía agua solo unas pocas horas a la semana bajo esquemas de racionamiento severos e intermitentes. 

El ingeniero recalca que sin electricidad, no hay agua, y que cada falla eléctrica paraliza la distribución del líquido.

José María De Viana subraya que los estudios realizados por el OVSP exponen que la crisis hídrica ha sido más severa en el interior del país, específicamente en ciudades como Punto Fijo, Maracaibo, Barquisimeto, Porlamar y los Altos Mirandinos.

El profesor de la UCAB recalcó que “no es técnicamente correcto” afirmar que los sismos causaron la crisis del sector hídrico y eléctrico. Puntualizó que la pérdida de capacidad técnica, las tarifas congeladas, la falta de mantenimiento preventivo y correctivo y las obras inconclusas, sí han causado la grave crisis mucho antes de que la tierra temblara. 

Tanto De Viana como Vernet coinciden en que mientras el Gobierno insiste en atribuir el colapso de los servicios públicos a factores externos, la realidad venezolana se planta para demostrar lo contrario.  Insisten en que los recientes sismos no pueden ser utilizados como coartada para explicar un colapso que data de muchos años y que ha afectado considerablemente la calidad de vida de millones de personas.

Derechos humanos vulnerados 

Los constantes apagones en Venezuela y los esquemas de racionamientos de agua potable se han convertido en una violación sistemática a los derechos humanos en Venezuela.

Con cada corte eléctrico, el derecho a la salud, a la vida, a la alimentación, a la educación, al trabajo, al derecho a la información y los servicios básicos, se ven profundamente afectados y generan consecuencias que, en el caso de los hospitales, pone en riesgo la vida de los pacientes. 

Las fallas eléctricas recurrentes y la falta de agua mantiene al país sumido en una profunda emergencia humanitaria compleja desde hace varios años, acarreando condiciones de vida precarias e indignas para todos los venezolanos. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Tanto De Viana como Vernet coinciden en que mientras el Gobierno insiste en atribuir el colapso de los servicios públicos a factores externos, la realidad venezolana se planta para demostrar lo contrario
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Jesús Millán, habitante de Cariaco, estado Sucre, vive en una de las zonas más afectadas por las fallas eléctricas. Asegura que la energía eléctrica y el racionamiento del agua son los servicios que más fallan en la región, afectando considerablemente la rutina y el bienestar de todos sus vecinos.

“Aquí la luz se va todos los días. Podemos pasar hasta cinco horas diarias sin luz. Hay momentos en los que se va dos o tres veces al día. Hay días que pasamos desde la mañana hasta la tarde sin luz, y cuando llega, llega deficiente”, relató Millán.

Jesús, quien es adulto mayor, aseguró que los cortes eléctricos, sumados al calor que hace en la entidad, lo tienen “loco” porque ocurren en cualquier momento, sin aviso y sin un esquema de racionamiento claro.

La incertidumbre es constante. “Hay veces que se va a las cinco de la tarde. Uno confía que ya se va a las cinco de la tarde todos los días, pero luego se va a las diez, y después a las once de la mañana, entonces tenemos un solo bochinche de luz”, dijo, describiendo un patrón inestable en el servicio que data de varios años.

La crisis del sector eléctrico en Venezuela no comenzó el pasado 24 de junio con los dos terremotos —de magnitud 7,2 y 7,5— que sacudieron a Caracas y La Guaira, aunque desde la presidencia encargada se haya denunciado que los terremotos afectaron la planta Termocarabobo que aportaba 600 megavatios al sistema eléctrico nacional. Este problema, de larga data, ha afectado de manera sostenida a la mayoría de los venezolanos en el interior del país.

Según información recopilada en medios de comunicación, antes de 2009, Venezuela llegó a generar cerca de 18.000 a 19.000 megavatios (MW) con un potencial e infraestructura disponible superior a los 25.000 MW. Actualmente, el país genera entre 12.000 y 13.000 MW, lo que deja un déficit estructural de entre 2.000 y 3.500.

Durante más de dos décadas, las narrativas oficiales para justificar el colapso del servicio han sido variadas: la iguana que dañó los equipos, el supuesto saboteo por parte de la oposición y las sanciones internacionales y, ahora, los terremotos. 

Sin embargo, las protestas en Venezuela por la crisis eléctrica han sido uno de los principales motivos de quejas de los venezolanos desde hace varios años. Solo en el primer trimestre de 2026, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) contabilizó 36 protestas por la deficiencia del servicio. Mientras que en 2025, registraron 160 manifestaciones. 

El OVCS señaló que las fallas en el servicio eléctrico afectaron las actividades domésticas y comerciales, generaron pérdidas económicas y daños a equipos y paralizaron sectores prioritarios como la salud, la educación. 

Un estudio realizado por Consultores 21 arrojó que en 2010, 8 de cada 10 venezolanos manifestaba tener problemas con el servicio eléctrico, situación que se mantuvo igual de grave en el 2016. 

En 2019, el apagón nacional evidenció el frágil estado del servicio eléctrico del país, en donde 9 de cada 10 venezolanos reportó irregularidad en el servicio, situación que se ha mantenido, más o menos, en los mismos niveles a lo largo de los últimos 7 años.

Consultores 21 confirmó que ninguna región del país se escapa de la precariedad del servicio eléctrico, sin embargo, se registran diferencias importantes en cuanto a la regularidad de las fallas. Centro Occidente, Zulia, Llanos y Andes son las regiones que históricamente se han visto más afectadas y donde el deterioro del servicio se ha visto más acentuado.

“El apagón llegó a Caracas”

Este miércoles, 5 de agosto, la etiqueta “el apagón llegó a Caracas” se volvió tendencia en la red social X, luego de que varios sectores de Los Palos Grandes se quedaron sin servicio eléctrico durante varias horas. 

Algunos usuarios de X “celebraron” que le tocara el turno a Caracas de padecer “en carne propia” los apagones a los que son sometidos los habitantes de otros estados. 

Elizabeth Rangel, habitante del municipio Sucre, en el estado Miranda, afirmó que en su localidad diariamente ocurren entre tres y cinco bajones de luz, o hay cortes eléctricos por períodos de 10 a 15 minutos. 

Comentó que cada vez que se va la luz sufre por sus electrodomésticos, porque ya ha perdido un microondas y un televisor. “La situación con el servicio eléctrico es angustiante. Los bajones de luz dañan nuestros artefactos, y si se dañan, ninguno de ellos —el Gobierno— no los va a reponer”, dijo.

Los habitantes de Turmero, en el estado Aragua, salieron a protestar por segundo día consecutivo la noche de este lunes 4 de agosto para expresar su rechazo ante los constantes cortes del servicio. 

Residentes de la zona denunciaron en redes sociales constantes interrupciones prolongadas que afectan la calidad de vida de niños, adultos mayores, personas con enfermedades y que además generan pérdidas económicas. 

La excusa de los sismos y el cambio climático

El pasado 2 de agosto, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, Delcy Rodríguez, aseguró que la inestabilidad del Sistema Eléctrico Nacional es consecuencia de los daños ocasionados por el doble terremoto, el cambio climático y el fenómeno meteorológico “El Niño”, una combinación de factores que, según ella, “habría desestabilizado la generación y la transmisión en todo el país”.

Ya en marzo de 2026, Rodríguez había esgrimido el argumento climático como causa de los apagones. En esa ocasión, advirtió que el calor y el “pasaje perpendicular de los rayos solares” intensificaba la demanda energética y el riesgo de fallas en el sistema. Runrun.es consultó entonces a habitantes de distintos estados del país y el relato fue similar: la crisis eléctrica se hizo endémica en Venezuela, la sufren a diario, no hace falta eventos masivos para que se produzcan cortes y el clima puede acentuar las deficiencias preexistentes, pero no es la causa, porque incluso en los meses menos cálidos se quedan sin luz. 

El ingeniero eléctrico Roberto Vernet aseguró que el fenómeno meteorológico “El Niño” no justifica las fallas y apagones que afectan diariamente al sistema eléctrico. 

Vernet precisó que actualmente el embalse de Guri cuenta con un volumen de agua significativamente superior al registrado durante la mayor contingencia hídrica del país.

“Incluso, en un escenario hipotético extremo donde no cayera una sola gota de lluvia y se mantuviera la generación hidroeléctrica actual, el nivel del embalse descendería, apenas, unos cuatro metros al mes. Se necesitarían siete meses continuos para rozar los niveles críticos de 2016”, explicó el ingeniero.

Vernet aseguró que si bien es cierto que el fenómeno meteorológico amerita un monitoreo continuo en los meses venideros, “El Niño” jamás puede utilizarse como excusa para los apagones actuales, los cuales obedecen a fallas estructurales y de gestión.

Misma situación con el agua 

El agua potable fue el principal motivo de las protestas por servicios durante el primer trimestre de 2026.  Zulia y Oriente son las regiones que se ven más afectadas donde 47% y 43% de los hogares, respectivamente, manifiestan estar constantemente sin agua.

De acuerdo con Consultores 21, desde principios del 2010, alrededor de 7 de cada 10 hogares manifestaba tener irregularidades con el servicio, situación que no ha hecho más que empeorar, hasta registrar un 83% de hogares con un suministro irregular del servicio de agua para el segundo trimestre de 2026.

“Antes el agua aquí no faltaba, ahora se va los viernes y regresa los lunes por raticos”, dijo Millán.

Para José María De Viana, ingeniero civil y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, la situación con el sistema de agua potable en Venezuela no es un problema de escasez natural del recurso, ni de falta de infraestructura física construida, sino un “colapso operativo estructural”.

De Viana recordó que antes del 24 de junio la mayoría de los hogares venezolanos recibía agua solo unas pocas horas a la semana bajo esquemas de racionamiento severos e intermitentes. 

El ingeniero recalca que sin electricidad, no hay agua, y que cada falla eléctrica paraliza la distribución del líquido.

José María De Viana subraya que los estudios realizados por el OVSP exponen que la crisis hídrica ha sido más severa en el interior del país, específicamente en ciudades como Punto Fijo, Maracaibo, Barquisimeto, Porlamar y los Altos Mirandinos.

El profesor de la UCAB recalcó que “no es técnicamente correcto” afirmar que los sismos causaron la crisis del sector hídrico y eléctrico. Puntualizó que la pérdida de capacidad técnica, las tarifas congeladas, la falta de mantenimiento preventivo y correctivo y las obras inconclusas, sí han causado la grave crisis mucho antes de que la tierra temblara. 

Tanto De Viana como Vernet coinciden en que mientras el Gobierno insiste en atribuir el colapso de los servicios públicos a factores externos, la realidad venezolana se planta para demostrar lo contrario.  Insisten en que los recientes sismos no pueden ser utilizados como coartada para explicar un colapso que data de muchos años y que ha afectado considerablemente la calidad de vida de millones de personas.

Derechos humanos vulnerados 

Los constantes apagones en Venezuela y los esquemas de racionamientos de agua potable se han convertido en una violación sistemática a los derechos humanos en Venezuela.

Con cada corte eléctrico, el derecho a la salud, a la vida, a la alimentación, a la educación, al trabajo, al derecho a la información y los servicios básicos, se ven profundamente afectados y generan consecuencias que, en el caso de los hospitales, pone en riesgo la vida de los pacientes. 

Las fallas eléctricas recurrentes y la falta de agua mantiene al país sumido en una profunda emergencia humanitaria compleja desde hace varios años, acarreando condiciones de vida precarias e indignas para todos los venezolanos. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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