La lluvia no fue impedimento para que, desde muy temprano, el Panarosa se apostara en una calle de la capital con el firme propósito de cumplir con una misión: brindar atención médica ginecológica a mujeres en situación de calle.
La presencia del Panarosa no pasa desapercibida. Sus llamativos colores y la compañía de su hermano mayor, el Panabus, conforman la dupla perfecta entre atención, bienestar y ayuda humanitaria.

El autobús rosado, un Encava adaptado a consultorio médico, cuenta con todos los equipos e insumos necesarios para la atención femenina. Es como un hospital itinerante solo para aquellas marginadas por la sociedad.
Al abordar la unidad no están los típicos asientos, pero está perfectamente pensada y diseñada para brindar comodidad a todas las pacientes. En su interior hay una ducha espaciosa para que las mujeres puedan asearse antes de ser atendidas. Allí cuentan con todos los insumos de aseo personal. A la derecha, la máquina de ecografías junto a otros aparatos indispensables para la consulta; a la izquierda, una pequeña mesa con dos sillas, donde médico y paciente conversan previamente antes de realizar el chequeo. En el centro, la protagonista de la jornada: una camilla ginecológica —también rosada— movible y cómoda. Arriba, grandes luminarias que reflejan la pulcritud, limpieza y organización de esta iniciativa que espera atender a más de 200 mujeres en su primer año.

El autobús es un lugar discreto y seguro. Cuando comienza la jornada, las ventanas polarizadas se cierran y el interior se convierte en un espacio que no solo dignifica y sana, sino que brinda apoyo y hace seguimiento a casos que requieran una segunda atención.
En Venezuela, este tipo de iniciativas son un aliciente en medio de la profunda crisis que atraviesa el sector salud. Hospitales en ruinas, escasez de insumos, éxodo de profesionales, acceso limitado a servicios médicos privados y los altos precios de los estudios son algunos de los problemas que enfrentan los ciudadanos que padecen cualquier enfermedad.
Panarosa en el “Corazón del Pueblo”

La tercera jornada Panarosa tuvo como destino la comunidad “Corazón del Pueblo”, ubicada en la zona industrial de La Urbina, en el municipio Sucre del estado Miranda. El lugar, un espacio invadido hace 14 años por personas que no tenían hogar, está repleto de casitas con tablas, láminas de zinc, piezas de carros y chatarra.
En este barrio improvisado viven no menos de 100 familias, según el testimonio de uno de sus habitantes, quien además fue fundador del lugar al que también llaman “Ciudad Tablita”.
El Panabus y el Panarosa llegaron a la comunidad y los habitantes de “Corazón del Pueblo” ya estaban prevenidos. La logística previa de organización está tan meticulosamente planificada que cada quien ya sabe a quién le toca ser atendido.


Mamá Rosa, una mujer de 61 años y una de las habitantes más antiguas del sector, es quien se encarga de hacer el enlace para que ambas iniciativas visiten la comunidad. También busca a las personas que requieren de atención médica. “Aún en tiempos difíciles, la solidaridad y la buena voluntad siempre están a la orden”, expresó con gran satisfacción.

“Atención de primera”
Mariana Díaz, de 19 años, fue una de las pacientes atendidas por el Panarosa. Este es su segundo control ginecológico con la organización. Su experiencia la califica como “excelente y positiva”. Asegura que en su comunidad esta labor es muy valiosa porque “hay muchos que no tienen cómo ir a un hospital”.

“Me retiraron el implante del brazo que ya lo tenía vencido y me colocaron uno nuevo. Soy estudiante y no está en mis planes tener hijos”, comentó Díaz.
Joe Marcano (50), habitante de la comunidad, también fue atendido pero por el Panabus, una iniciativa que nació en 2017 que se encarga de brindar atención médica integral, aseo personal, peluquería y asistencia psicosocial a personas en situación de calle. Hace tres años Marcano, en un intento de robo, fue herido y su pierna quedó afectada producto de una fractura. El hombre recurrió a Panabus por presentar muchas molestias en la zona y, además le informaron que su tensión arterial estaba alta. Recibió el tratamiento y le dieron fecha para ser evaluado en una próxima jornada de salud.
Otra beneficiaria del programa comentó que su experiencia con la atención que le han brindado a su hijo ha sido “la mejor”, pues le facilitan las medicinas que necesita tomar y también le dan alimentos.

Panarosa está recién nacida. Apenas esta es la tercera jornada que se está realizando en lo que va de noviembre. Maru Rodríguez, gerente general de la Fundación Santa en las Calles, iniciativa principal de la que derivan Panabus y Panarosa, explicó que los programas que desarrollan lo hacen en función a sus propias estadísticas: “Es por eso que vimos que existía una necesidad de brindar atención ginecológica y atención obstétrica a las mujeres y así lo hicimos”.

Óscar Salazar, coordinador médico de ambas iniciativas, explicó que desde el primer momento que se atiende a una mujer se le brindan todos los insumos necesarios para su aseo. Luego, se procede a la consulta y revisión, que la lleva a cabo la ginecoobstetra Josmely Dávila, quien previamente hace un estudio de la persona para conocer su estado de salud y proceder al estudio ginecológico. Finalmente, se le indica el tratamiento en caso de ser necesario.
Para Dávila es “gratificante” el trabajo que hace en la fundación. A su juicio, ayudar brindando atención médica a quien más lo necesita “no tiene precio”.
Las beneficiarias de Panarosa también cuentan con la dotación de métodos anticonceptivos y charlas para prevenir la violencia basada en género, así como también el embarazo en adolescentes.
Según cifras aportadas por Rodríguez, el 40% de las mujeres que han atendido no han recibido un control ginecológico y obstétrico adecuado a lo largo de su vida. Precisó que la mayoría de las mujeres que han atendido en Panabus (70 %) son madres solteras, 60 % vive en espacios públicos o debajo de puentes, 64 % se alimenta solo una vez al día, 20 % se baña cada 15 días y 9 % solo una vez al mes. Asimismo, 90 % reporta dificultades para acceder a servicios de salud.
Panabus ha atendido a más de 7000 personas en situación de calle o vulnerabilidad desde 2017. Mientras que en este primer año, Panarosa espera atender a 200 mujeres sin hogar y a 500 mujeres en situación de vulnerabilidad.
No solo es atención médica
Marú Rodríguez explicó que la labor de Panabus y Panarosa va mucho más allá. De ellos, nacen dos subprogramas denominados Familia Panabus y Familia Panarosa, en los cuales se ayuda a las personas a reinsertarse a la sociedad.

“Los ayudamos a reconstruir sus vidas con un plan diseñado y ajustado a cada quien. Se hace una evaluación profunda y se les dan herramientas que le ayuden a mejorar su calidad de vida. Por ejemplo, si la persona no tiene cédula, nosotros lo asesoramos y acompañamos en el proceso de sacar el documento, siempre con apoyo psicosocial. Vamos por pasos, luego vamos con el tema de buscar trabajo, escolarización y la restitución de los vínculos familiares perdidos”.
Rodríguez agregó que ellos hacen un seguimiento semanal con ese grupo de personas y, adicional a eso, se les apoya con insumos personales, ropa, calzado y una bolsa de alimentos no perecederos. “Todo en la medida de lo posible para que poco a poco pueda salir de las calles”, dijo la gerente de la Fundación Santa en Las Calles.
Para los miembros de Panabus y Panarosa la empatía lo es todo. Luis Fernández, coordinador del área de desarrollo de la Fundación Santa en las Calles, expresa alegría y gratitud al hablar de ambas iniciativas.
“Nuestro enfoque está basado en la justicia social y creemos que toda persona en situación de calle, hombre, mujer, niño, niña o adolescente, necesita ser un sujeto de derechos, que tiene valor y un lugar importante dentro de la sociedad. Entonces, eso es lo que hacemos desde la Fundación”, finalizó Fernández.
Puedes ubicar y seguir el proyecto Panarosa y Panabus en sus redes sociales. Si deseas colaborar con la organización puedes hacerlo ofreciendo tu talento o capacidad profesional, siendo voluntario individual o corporativo, haciendo donativos de productos o aportes económicos a la Fundación Santa en Las Calles ubicada en La Castellana, en Caracas.



