Ucrania y el civismo universal, por Alejandro Armas - Runrun
Ucrania y el civismo universal, por Alejandro Armas
En todo el mundo, es un deber moral apoyar la integridad y soberanía de Ucrania

 

@AAAD25

Pese a sus evidentes limitaciones prácticas, el concepto de justicia universal se ha vuelto bastante popular entre venezolanos. Debido a la falta de Estado de derecho en nuestro país, el ciudadano común fantasea con el arresto y procesamiento de los responsables de la ruina nacional, en otras latitudes.

Pero debido a esas limitaciones previamente aludidas, no soy de las personas que se hacen muchas ilusiones en este particular. Sí valoro el fundamento filosófico de la noción. Esa idea de principios éticos que pueden ser compartidos por la humanidad entera. Por ello, tengo mis propias convicciones de tal índole. Una de ellas es el civismo universal, una vocación de defensa de los valores republicanos y democráticos urbi et orbi.

Paradójicamente, no podemos obligar a otros a compartir esa visión. No solo porque sería inútil intentarlo (esos valores no se pueden imponer; solo pueden ser asimilados por comprensión propia en cada individuo), sino además porque supondría una contradicción, al recurrir a prácticas autoritarias. Lo que sí podemos hacer es invitar a todo el mundo a defender igualmente los referidos valores, y cuestionar con dureza a quienes los desprecian.

Todo este preámbulo es para discutir la cuestión ucraniana, sin duda la crisis geopolítica más importante del momento. Una vez más, Europa es el terreno de choque para dos sistemas políticos antagónicos. Por un lado, la democracia republicana, plural y secular. Por el otro, un despotismo brutal, oligárquico y reaccionario. Supongo que no tengo que decirles que este último sistema lo encarna, no Rusia como nación entera, pero sí el Kremlin de Vladimir Putin, que amenaza con invadir Ucrania y extender a ella su orden corrupto.

En todo el mundo, es un deber moral apoyar la integridad y soberanía de Ucrania. No porque Washington y Bruselas lo digan. No porque la democracia liberal sea perfecta (algunos de sus enemigos achacan a sus defensores, en una distorsión lógica, la afirmación contraria, a la cual etiquetan “fundamentalismo democrático”). Ninguna forma de gobierno es perfecta, pero la democracia moderna es la mejor que conocemos. La que mejor equilibra virtudes para la vida en sociedad como la libertad, la igualdad, la justicia y la paz. Es la que por lo general brinda una mejor calidad de vida a los ciudadanos y la que menos se presta para corruptelas, todo lo cual se puede verificar empíricamente con facilidad.

Es por eso que hay que apoyar la aspiración de los ucranianos a aproximarse, al menos, a la mejor forma de gobierno que conocemos. Hablo de aproximación porque la Ucrania postsoviética no es una democracia modelo. Sus instituciones son débiles y la clase política está embarrada por no pocos escándalos de negocios turbios. Pero una Ucrania independiente puede progresar, y hay sectores amplios de la sociedad civil que presionan para que haya mejoras. Bajo la bota del Kremlin, en cambio, esa posibilidad es inexistente.

Me resulta increíble que haya venezolanos tomando partido por Putin en este trance. Sobre todo considerando que se trata del mayor protector extranjero del régimen chavista, y que muchos de estos venezolanos hacen gala de un “nacionalismo” que no es más que una fachada para el autoritarismo ultraconservador. Sí, casualmente el tipo de régimen que hay en Rusia. Y como ánimo de pontificar no les falta, se valen del paradigma realista en el estudio de las relaciones internacionales para justificar a Putin. Lo hacen con una prepotencia tal que pareciera que se creyeran Hans Morgenthau, Kenneth Waltz u otra de las luminarias de esta escuela.

No obstante, ni siquiera viendo el asunto tras el lente del más frío realismo me parece concebible respaldar los reclamos de Putin.

Para el realismo, es inevitable que haya hegemones. Hay quienes dicen que por ello Rusia tiene derecho a una zona de influencia. Pero resulta que Europa es un continente pequeño. Ergo, si va a haber zonas de influencia allí, van a chocar. Y si el choque es inevitable, cualquiera que no sea indiferente tiene que escoger a quién apoyar.

Hay estudios independientes que dan fe de que Putin tiene una base de apoyo sólida en su país (a los interesados, sugiero Frye et. al., 2017). Si los rusos en su mayoría están conformes con el autoritarismo, poco se puede hacer. Pero si otras naciones desean algo mejor, insisto en que debemos apoyarlas.

No vale tampoco decir que no importa que Rusia se trague o someta a Ucrania porque son naciones culturalmente muy afines. Otro tanto pudiera decirse de los nórdicos, pero eso no da derecho a Suecia a gobernar Noruega. Por suerte, los suecos los entendieron así y, en efecto, no se pusieron violentos cuando Noruega se declaró independiente en 1905.

Además, es ingenuo creer que Putin se quedará quieto si se le da todo lo que pide. Al contrario, querrá más. Tiene un afán de revivir territorialmente la «Gran Rusia». La de los zares y los soviets. ¿Quién dice entonces que se va a conformar solo con Ucrania? Cuando vaya por las repúblicas bálticas, culturalmente muy distintas de Rusia, ¿también lo van a excusar? Estonia tiene una minoría rusa importante. Excusas no le faltarán a Putin. Sobre todo si la alianza transatlántica se ablanda ante sus exigencias y comienza un repliegue de la OTAN en Europa Oriental.

No digo que las potencias occidentales deban estar abiertas a todo con tal de frenar el expansionismo autoritario y de llevar la democracia a todos los rincones del planeta. No digo que deban intercambiar ojivas nucleares con Moscú. Nadie puede dominar el mundo, sin el riesgo de destruirlo primero, aunque sea con las mejores intenciones. Pero una cosa es ser consciente de las líneas rojas que no se deben cruzar, y otra muy distinta es la inercia o, peor, el respaldo explícito a los opresores.

Espero que Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, etc. logren disuadir a Putin y que, aunque no se integre a alianza defensiva occidental, se le permita a Ucrania mantener su independencia. Si los venezolanos queremos un futuro mejor, mal podemos pretender negárselo a otros. Hay que entender que la democracia es el vehículo con mayor probabilidad de éxito en ese sentido. Aquí, allá y acullá.

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