La nueva demografía de Venezuela: ricos emergentes, familias rotas y gente que huye

El impacto demográfico de 26 años de chavismo en el gobierno ha dejado huellas profundas. El más notable es la emigración del 25 % de la población de Venezuela. El otro es el surgimiento de una clase de nuevos ricos asociados a la corrupción de una cleptocracia como jamás se había conocido. A los antiguos “ricos de cuna” (algunos de ellos se han pegado a la teta chavista, y otros han resistido la arremetida contra la empresa privada), ahora se agrega una clase de dueños de negocios que han ido colonizando áreas de la economía como el vestido, la venta de electrodomésticos y aparatos electrónicos, de víveres y productos de higiene, farmacias y muchos otros ramos donde se lava dinero en cantidades millonarias.

El escritor Carlos Lizarralde se ha dedicado a documentar este drama demográfico. En su más reciente libro en inglés intitulado One in Four. The Exodus that Emptied Venezuela (Codex Novellus, 2025), Lizarralde propone asumir una perspectiva histórica. Venezuela es, según este autor, el producto de varias rupturas poblacionales. Estas rupturas están marcadas por la conquista de ese territorio donde vivían tribus autóctonas que guerreaban entre ellas (sobre todo los feroces caribes) que no tenían un peso demográfico cuantitativo relevante. Los conquistadores españoles se impusieron, iniciando un proceso de mestizaje que ha marcado hasta hoy en día el perfil poblacional, cultural e incluso psicosocial de los venezolanos. Después vendría la colonización con su jerarquización étnico-social, su componente de racismo, y la llegada por la vía forzada del comercio de esclavos de una población africana sometida a la explotación y el maltrato. El mestizaje incluye tres fuentes: la europea, la autóctona americana y la africana.

Guerra y población

Después vendría la guerra de independencia que también cambió por la vía violenta la demografía de Venezuela. Diezmó a una parte importante de la población de origen español y canario, reforzó la dominación de una clase blanca criolla, abrió las puertas para que mestizos como los pardos reclamaran derechos políticos y económicos, e hizo que las masas de mestizos, autóctonos y negros, fueran movilizados por líderes militares carismáticos como Boves (contra los republicanos liderados por Bolívar) y después Páez (a favor de los republicanos) en las refriegas entre promonárquicos y proindependencia. Esta movilización guerrera del llamado “pueblo” se mantuvo durante la llamada Guerra Federal y otros episodios violentos bajo los diferentes caudillos regionales que fueron finalmente derrotados por otros caudillos andinos, Castro y Gómez, a finales del siglo XIX.

La población de Venezuela no podía crecer debido a la gran pobreza y a las enfermedades que mataban a los venezolanos. La malaria y otras infecciones tropicales no permitieron que hubiera crecimiento demográfico ni económico. Eso cambió con el descubrimiento y la explotación del petróleo, cuando comenzó la lucha contra el paludismo gracias a un país con más dinero, desarrollo de su infraestructura, acceso (aunque limitado) a la educación y mejoras en la atención sanitaria. A estos cambios socioeconómicos se agregaron nuevas olas migratorias de Europa y otros países de Suramérica, como lo señala Lizarralde en su libro, personas atraídas por la prosperidad económica que ya se manifestaba en el país en los años 30 y 40 del siglo XX.

El resentimiento

Pero la llegada del chavismo al poder en 1999 marca una ruptura sociodemográfica. Reintroduce la variable “étnica” (no me gusta usar el término “racial” por sus implicaciones fascistas) en la política, el enfrentamiento entre los de piel más oscura y los blancos, según el discurso del propio Hugo Chávez. Como lo señala en su libro Lizarralde, el proyecto de Acción Democrática de un policlasismo no étnico, basado en la convergencia de intereses de diversas clases y diferentes tonos de piel, se desmorona. El autor lo explica como el regreso de lo reprimido, siendo lo reprimido el racismo que habían sufrido las mayorías empobrecidas, especialmente desde la crisis económica que se inició en los años 80 del siglo XX. El chavismo apalancó el resentimiento étnico que históricamente se había acumulado.

Además de destruir la economía, el tejido institucional del país (que no era muy sólido pero que se había construido con avances y retrocesos), y los sistemas de protección sanitaria y social (acabaron con la red pública de salud y de seguridad social), el chavismo produjo un exilio masivo de venezolanos que nunca se había constatado en la historia de la relativamente joven república. Dependiendo de las fuentes, entre 8 y 9 millones de venezolanos, de todos los colores de piel, salieron huyendo de un régimen que los empobreció y que los persiguió. Se dice fácil, pero sin haber pasado por una guerra civil como la que sufrió Siria, Venezuela se vació de un cuarto de su población.

La familia rota

Y, tal como lo considera Lizarralde, además del costo socio-económico de tal masiva emigración, la salida de un cuarto de la población ha quebrado a cientos de miles de familias. Padres y madres separados de sus hijos, abuelos que no conocen a sus nietos, hermanos dispersados por todo el mundo. El legado del chavismo es también muy negativo en lo humano. En su desprecio por la gente, la clase gobernante de estos últimos 26 años se ha metido hasta en la dinámica socio-afectiva de las familias.

En Venezuela vemos emerger una nueva demografía. Los pobres, mayoría, se han vuelto más dependientes del Estado. La clase media está muy golpeada y disminuida. Una nueva clase media alta y rica, asociada al régimen, vive en sus burbujas urbanas disfrutando de las mieles del lavado de dinero, la corrupción y las migajas sustanciosas que van dejando los capos del chavismo reconvertidos ahora en proimperialistas. Carlos Lizarralde habla en su libro de una ola más reciente de inmigrantes en Venezuela. Se trata, según el autor, de cientos de miles de personas de lo que se conoce como la Gran Siria (Siria y Líbano) que se han insertado en la economía y en la política del país, algunos con mejor suerte que otros. Es una población un tanto diferente de los migrantes sirio-libaneses que llegaron al país en otros momentos de su historia reciente. La pregunta queda abierta, tal como la formula el mismo Lizarralde: ¿qué impacto tendrán estos cambios demográficos en la política, la economía y la cultura de Venezuela? Difícil proyectar una respuesta. Venezuela cambió y no sabemos si será necesariamente para bien.

Periodista, economía y finanzas | X: @sdeoviedo, IG: @santiagodeoviedo

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El impacto demográfico de 26 años de chavismo en el gobierno ha dejado huellas profundas. El más notable es la emigración del 25 % de la población de Venezuela. El otro es el surgimiento de una clase de nuevos ricos asociados a la corrupción de una cleptocracia como jamás se había conocido. A los antiguos “ricos de cuna” (algunos de ellos se han pegado a la teta chavista, y otros han resistido la arremetida contra la empresa privada), ahora se agrega una clase de dueños de negocios que han ido colonizando áreas de la economía como el vestido, la venta de electrodomésticos y aparatos electrónicos, de víveres y productos de higiene, farmacias y muchos otros ramos donde se lava dinero en cantidades millonarias.

El escritor Carlos Lizarralde se ha dedicado a documentar este drama demográfico. En su más reciente libro en inglés intitulado One in Four. The Exodus that Emptied Venezuela (Codex Novellus, 2025), Lizarralde propone asumir una perspectiva histórica. Venezuela es, según este autor, el producto de varias rupturas poblacionales. Estas rupturas están marcadas por la conquista de ese territorio donde vivían tribus autóctonas que guerreaban entre ellas (sobre todo los feroces caribes) que no tenían un peso demográfico cuantitativo relevante. Los conquistadores españoles se impusieron, iniciando un proceso de mestizaje que ha marcado hasta hoy en día el perfil poblacional, cultural e incluso psicosocial de los venezolanos. Después vendría la colonización con su jerarquización étnico-social, su componente de racismo, y la llegada por la vía forzada del comercio de esclavos de una población africana sometida a la explotación y el maltrato. El mestizaje incluye tres fuentes: la europea, la autóctona americana y la africana.

Guerra y población

Después vendría la guerra de independencia que también cambió por la vía violenta la demografía de Venezuela. Diezmó a una parte importante de la población de origen español y canario, reforzó la dominación de una clase blanca criolla, abrió las puertas para que mestizos como los pardos reclamaran derechos políticos y económicos, e hizo que las masas de mestizos, autóctonos y negros, fueran movilizados por líderes militares carismáticos como Boves (contra los republicanos liderados por Bolívar) y después Páez (a favor de los republicanos) en las refriegas entre promonárquicos y proindependencia. Esta movilización guerrera del llamado “pueblo” se mantuvo durante la llamada Guerra Federal y otros episodios violentos bajo los diferentes caudillos regionales que fueron finalmente derrotados por otros caudillos andinos, Castro y Gómez, a finales del siglo XIX.

La población de Venezuela no podía crecer debido a la gran pobreza y a las enfermedades que mataban a los venezolanos. La malaria y otras infecciones tropicales no permitieron que hubiera crecimiento demográfico ni económico. Eso cambió con el descubrimiento y la explotación del petróleo, cuando comenzó la lucha contra el paludismo gracias a un país con más dinero, desarrollo de su infraestructura, acceso (aunque limitado) a la educación y mejoras en la atención sanitaria. A estos cambios socioeconómicos se agregaron nuevas olas migratorias de Europa y otros países de Suramérica, como lo señala Lizarralde en su libro, personas atraídas por la prosperidad económica que ya se manifestaba en el país en los años 30 y 40 del siglo XX.

El resentimiento

Pero la llegada del chavismo al poder en 1999 marca una ruptura sociodemográfica. Reintroduce la variable “étnica” (no me gusta usar el término “racial” por sus implicaciones fascistas) en la política, el enfrentamiento entre los de piel más oscura y los blancos, según el discurso del propio Hugo Chávez. Como lo señala en su libro Lizarralde, el proyecto de Acción Democrática de un policlasismo no étnico, basado en la convergencia de intereses de diversas clases y diferentes tonos de piel, se desmorona. El autor lo explica como el regreso de lo reprimido, siendo lo reprimido el racismo que habían sufrido las mayorías empobrecidas, especialmente desde la crisis económica que se inició en los años 80 del siglo XX. El chavismo apalancó el resentimiento étnico que históricamente se había acumulado.

Además de destruir la economía, el tejido institucional del país (que no era muy sólido pero que se había construido con avances y retrocesos), y los sistemas de protección sanitaria y social (acabaron con la red pública de salud y de seguridad social), el chavismo produjo un exilio masivo de venezolanos que nunca se había constatado en la historia de la relativamente joven república. Dependiendo de las fuentes, entre 8 y 9 millones de venezolanos, de todos los colores de piel, salieron huyendo de un régimen que los empobreció y que los persiguió. Se dice fácil, pero sin haber pasado por una guerra civil como la que sufrió Siria, Venezuela se vació de un cuarto de su población.

La familia rota

Y, tal como lo considera Lizarralde, además del costo socio-económico de tal masiva emigración, la salida de un cuarto de la población ha quebrado a cientos de miles de familias. Padres y madres separados de sus hijos, abuelos que no conocen a sus nietos, hermanos dispersados por todo el mundo. El legado del chavismo es también muy negativo en lo humano. En su desprecio por la gente, la clase gobernante de estos últimos 26 años se ha metido hasta en la dinámica socio-afectiva de las familias.

En Venezuela vemos emerger una nueva demografía. Los pobres, mayoría, se han vuelto más dependientes del Estado. La clase media está muy golpeada y disminuida. Una nueva clase media alta y rica, asociada al régimen, vive en sus burbujas urbanas disfrutando de las mieles del lavado de dinero, la corrupción y las migajas sustanciosas que van dejando los capos del chavismo reconvertidos ahora en proimperialistas. Carlos Lizarralde habla en su libro de una ola más reciente de inmigrantes en Venezuela. Se trata, según el autor, de cientos de miles de personas de lo que se conoce como la Gran Siria (Siria y Líbano) que se han insertado en la economía y en la política del país, algunos con mejor suerte que otros. Es una población un tanto diferente de los migrantes sirio-libaneses que llegaron al país en otros momentos de su historia reciente. La pregunta queda abierta, tal como la formula el mismo Lizarralde: ¿qué impacto tendrán estos cambios demográficos en la política, la economía y la cultura de Venezuela? Difícil proyectar una respuesta. Venezuela cambió y no sabemos si será necesariamente para bien.

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El legado del chavismo es también muy negativo en lo humano. En su desprecio por la gente, la clase gobernante de estos últimos 26 años se ha metido hasta en la dinámica socio-afectiva de las familias
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El impacto demográfico de 26 años de chavismo en el gobierno ha dejado huellas profundas. El más notable es la emigración del 25 % de la población de Venezuela. El otro es el surgimiento de una clase de nuevos ricos asociados a la corrupción de una cleptocracia como jamás se había conocido. A los antiguos “ricos de cuna” (algunos de ellos se han pegado a la teta chavista, y otros han resistido la arremetida contra la empresa privada), ahora se agrega una clase de dueños de negocios que han ido colonizando áreas de la economía como el vestido, la venta de electrodomésticos y aparatos electrónicos, de víveres y productos de higiene, farmacias y muchos otros ramos donde se lava dinero en cantidades millonarias.

El escritor Carlos Lizarralde se ha dedicado a documentar este drama demográfico. En su más reciente libro en inglés intitulado One in Four. The Exodus that Emptied Venezuela (Codex Novellus, 2025), Lizarralde propone asumir una perspectiva histórica. Venezuela es, según este autor, el producto de varias rupturas poblacionales. Estas rupturas están marcadas por la conquista de ese territorio donde vivían tribus autóctonas que guerreaban entre ellas (sobre todo los feroces caribes) que no tenían un peso demográfico cuantitativo relevante. Los conquistadores españoles se impusieron, iniciando un proceso de mestizaje que ha marcado hasta hoy en día el perfil poblacional, cultural e incluso psicosocial de los venezolanos. Después vendría la colonización con su jerarquización étnico-social, su componente de racismo, y la llegada por la vía forzada del comercio de esclavos de una población africana sometida a la explotación y el maltrato. El mestizaje incluye tres fuentes: la europea, la autóctona americana y la africana.

Guerra y población

Después vendría la guerra de independencia que también cambió por la vía violenta la demografía de Venezuela. Diezmó a una parte importante de la población de origen español y canario, reforzó la dominación de una clase blanca criolla, abrió las puertas para que mestizos como los pardos reclamaran derechos políticos y económicos, e hizo que las masas de mestizos, autóctonos y negros, fueran movilizados por líderes militares carismáticos como Boves (contra los republicanos liderados por Bolívar) y después Páez (a favor de los republicanos) en las refriegas entre promonárquicos y proindependencia. Esta movilización guerrera del llamado “pueblo” se mantuvo durante la llamada Guerra Federal y otros episodios violentos bajo los diferentes caudillos regionales que fueron finalmente derrotados por otros caudillos andinos, Castro y Gómez, a finales del siglo XIX.

La población de Venezuela no podía crecer debido a la gran pobreza y a las enfermedades que mataban a los venezolanos. La malaria y otras infecciones tropicales no permitieron que hubiera crecimiento demográfico ni económico. Eso cambió con el descubrimiento y la explotación del petróleo, cuando comenzó la lucha contra el paludismo gracias a un país con más dinero, desarrollo de su infraestructura, acceso (aunque limitado) a la educación y mejoras en la atención sanitaria. A estos cambios socioeconómicos se agregaron nuevas olas migratorias de Europa y otros países de Suramérica, como lo señala Lizarralde en su libro, personas atraídas por la prosperidad económica que ya se manifestaba en el país en los años 30 y 40 del siglo XX.

El resentimiento

Pero la llegada del chavismo al poder en 1999 marca una ruptura sociodemográfica. Reintroduce la variable “étnica” (no me gusta usar el término “racial” por sus implicaciones fascistas) en la política, el enfrentamiento entre los de piel más oscura y los blancos, según el discurso del propio Hugo Chávez. Como lo señala en su libro Lizarralde, el proyecto de Acción Democrática de un policlasismo no étnico, basado en la convergencia de intereses de diversas clases y diferentes tonos de piel, se desmorona. El autor lo explica como el regreso de lo reprimido, siendo lo reprimido el racismo que habían sufrido las mayorías empobrecidas, especialmente desde la crisis económica que se inició en los años 80 del siglo XX. El chavismo apalancó el resentimiento étnico que históricamente se había acumulado.

Además de destruir la economía, el tejido institucional del país (que no era muy sólido pero que se había construido con avances y retrocesos), y los sistemas de protección sanitaria y social (acabaron con la red pública de salud y de seguridad social), el chavismo produjo un exilio masivo de venezolanos que nunca se había constatado en la historia de la relativamente joven república. Dependiendo de las fuentes, entre 8 y 9 millones de venezolanos, de todos los colores de piel, salieron huyendo de un régimen que los empobreció y que los persiguió. Se dice fácil, pero sin haber pasado por una guerra civil como la que sufrió Siria, Venezuela se vació de un cuarto de su población.

La familia rota

Y, tal como lo considera Lizarralde, además del costo socio-económico de tal masiva emigración, la salida de un cuarto de la población ha quebrado a cientos de miles de familias. Padres y madres separados de sus hijos, abuelos que no conocen a sus nietos, hermanos dispersados por todo el mundo. El legado del chavismo es también muy negativo en lo humano. En su desprecio por la gente, la clase gobernante de estos últimos 26 años se ha metido hasta en la dinámica socio-afectiva de las familias.

En Venezuela vemos emerger una nueva demografía. Los pobres, mayoría, se han vuelto más dependientes del Estado. La clase media está muy golpeada y disminuida. Una nueva clase media alta y rica, asociada al régimen, vive en sus burbujas urbanas disfrutando de las mieles del lavado de dinero, la corrupción y las migajas sustanciosas que van dejando los capos del chavismo reconvertidos ahora en proimperialistas. Carlos Lizarralde habla en su libro de una ola más reciente de inmigrantes en Venezuela. Se trata, según el autor, de cientos de miles de personas de lo que se conoce como la Gran Siria (Siria y Líbano) que se han insertado en la economía y en la política del país, algunos con mejor suerte que otros. Es una población un tanto diferente de los migrantes sirio-libaneses que llegaron al país en otros momentos de su historia reciente. La pregunta queda abierta, tal como la formula el mismo Lizarralde: ¿qué impacto tendrán estos cambios demográficos en la política, la economía y la cultura de Venezuela? Difícil proyectar una respuesta. Venezuela cambió y no sabemos si será necesariamente para bien.

Periodista, economía y finanzas | X: @sdeoviedo, IG: @santiagodeoviedo

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