Alejandra Leal Guzmán (Caracas, 1973) habla sobre los terremotos de Venezuela con una precisión prodigiosa. Ella, antropóloga de profesión, doctora en Urbanismo, es investigadora y lleva más de tres lustros estudiando el riesgo sísmico. Cuenta, con su hablar rápido y sin tregua, que el terremoto de 1530 tuvo una magnitud de entre 7 y 7.3, y que vino acompañado de un tsunami en Cumaná. Que hubo otro en 1610 en La Grita que llegó a 7.5, que el de 1900 llegó a 7.6. Y que el gran terremoto de los Andes, en abril de 1894, tuvo una magnitud de entre 7.5 y 7.6, con ríos que corrían al revés, derrumbes, deslizamientos, árboles arrancados de raíz y 300 muertos que, para la época, con una densidad poblacional mínima, era una cantidad enorme.
Sus investigaciones la han llevado múltiples veces a zambullirse en artículos, crónicas, libros, ensayos y publicaciones de hace siglos para entender, entre muchas otras cosas, cómo los movimientos telúricos afectaron a la población y cómo los percibieron los venezolanos. Por eso sabe que, tras los sismos de 1812, los habitantes de Caracas no querían volver a sus casas y que luego del de 1900, la gente dormía en plazas, estaciones de ferrocarril o en sus propios patios, si los tenían.
“En 1900, las réplicas fueron muy fuertes. Y bueno, no existían sismólogos que te dijeran que eso iba a ir bajando de intensidad”, explica Leal Guzmán y subraya que, además, Caracas se quedó sin luz porque las retortas (recipientes donde se quemaba carbón mineral) se dañaron y sus repuestos tardaron dos meses en llegar.
“Las descripciones de la época son terroríficas (…) La única estrategia de la época era hacer procesiones. Entonces, mientras la ciudad estaba totalmente oscura, la gente iba subiendo en procesión por la montaña y parecían almas en pena. Y estoy citando una carta que leí de una persona que estaba en Caracas a alguien que estaba en Cumaná y que le echaba el cuento de todo lo que había pasado con el terremoto”, relata.

Por eso no le sorprende que, 15 días después de los terremotos, los vecinos de su edificio en una urbanización del suroeste de la capital, todavía no quieran dormir en sus apartamentos.
Dos semanas después de los sismos, parte de sus vecinos todavía dormía fuera de sus apartamentos. Cada tarde veía cómo bajaban con maletas, bolsos pequeños y mascotas, para pasar la noche fuera.
“Eso es algo, no te voy a decir que normal, pero ha sido recurrente”, afirma. “Es normal que la gente reaccione con mucho miedo. La gente oye la explicación técnica, pero cuando una réplica 5 te despierta a medianoche… es difícil defenderse de eso con explicaciones técnicas”, recalca Leal Guzmán.
Todo ese conocimiento y la desinformación generada a raíz del doblete sísmico de San Juan, le llevaron a convertir su cuenta de Instagram en un mosaico de explicaciones sobre las fallas tectónicas que cruzan el país y recordar los detalles de los terremotos de los siglos XIX y XX. Ahora, conversa sobre algunos de estos episodios en entrevista con Runrun.es.
¿Qué pasó en La Guaira cuando ocurrieron los grandes terremotos anteriores en la zona central del país?
En terremotos anteriores también ha habido efectos, claro, pero nunca se hablaba de La Guaira hasta ahorita porque la dimensión es imposible evadirla. Eso en realidad es una cuestión geopolítica. Es parte de ese viejo refrán: “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Por ejemplo, en el 67 se dice el terremoto de Caracas, pero La Guaira fue más afectada por la cercanía al epicentro.
Fíjate lo que pasa con La Guaira (…) Todos estos terremotos que nosotros llamamos de Caracas, son de Caracas y La Guaira, porque La Guaira es la que está más cerca del epicentro.
El primer terremoto histórico ocurrió el 11 de junio de 1641. Una magnitud moderada, 6-6.3, pero probablemente un sismo muy superficial, que es de los más dañinos, y bueno, Caracas y La Guaira quedan casi en el piso, porque el epicentro calculado está al norte de La Guaira. Entonces, en 1641, 1812, 1967 y 2026, los sismos tuvieron epicentro sobre San Sebastián, frente a La Guaira, y esos han sido los sismos más destructores. Caracas 67 fue un sismo moderado de 6.6, pero fue un sismo muy superficial que hizo mucho daño en Caracas y La Guaira, con daños de leves a moderados en Valencia y Maracay, donde fue sentido sin mucha fuerza. Pero entonces tenemos un sismo como el del 29 de octubre de 1900, con una magnitud de 7.6, que es el sismo más grande que hemos tenido en Venezuela. En este caso, el epicentro estaba hacia el este, en Cabo Codera (municipio Brión del estado Miranda). Mientras Guarenas y Guatire quedaron en el piso, Caracas y La Guaira tuvieron daños moderados. Pero eso es una cuestión que tiene que ver con la profundidad y con la distancia que tenían del epicentro, además con la onda sísmica.

Los terremotos son unos fenómenos muy complejos. Cuando tú crees que ya te las sabes todas, te salen con alguna sorpresa.
¿Y estos terremotos del 24 de junio fueron una sorpresa?
Bueno, te voy a decir algo muy personal. Yo hice mi tesis doctoral sobre el terremoto de 1900. El 24 de junio yo estaba en casa, en Caracas, sentada frente a la computadora, cerrando el día de trabajo, cuando empiezan a sonar las dos alarmas. Y a mí me parece muy raro porque en Venezuela no hay alarma de terremotos. Y de repente mi esposo me dice: “es una alarma de terremotos”. ¡Y empieza a temblar!
Yo veo que dura y no se detiene, y que es tan fuerte el movimiento que lo único que podía pensar era: “no puede ser que me vaya a matar el terremoto de mi tesis doctoral”. Porque yo pensaba que eso era lo que estábamos viviendo, una repetición de ese escenario. Pero no podía ser, porque ni siquiera se había cumplido el tiempo de recurrencia.
Yo pasé dos horas incomunicada, sin poder hablar con nadie, y veo un mensaje de mi jefa que dice “esto se parece a 1812”. Y bueno, yo no necesité más explicaciones. Ya yo sabía que se trataba de dos epicentros, que eran sismos superiores a 7, y que La Guaira probablemente estaba en el piso, y que San Bernardino y Altamira estaban muy afectados, peor que en el 67 porque la magnitud fue 35 veces más grande.

Y la profundidad, ¿no?
Fue a 10 kilómetros. Mira, eso es ahí mismo. Fue un sismo demasiado superficial.
La mayoría de nuestras fallas producen, sobre todo, sismos superficiales. Son generalmente sismos someros.
Pero sí tenemos terremotos profundos, tú seguramente recuerdas aquel sismo que llamaban el “sismo de la reconversión” del 21 de agosto del 2018. ¿Sabes?, ¿el que se sintió en Caracas? Pero fue un sismo en el nororiente, en Yaguaraparo (Sucre), a 102 kilómetros de profundidad. Un sismo ampliamente sentido. Lo sintieron en Colombia, Ecuador y Brasil. Pero fue un sismo que provocó daños entre leves y moderados, sin colapsos totales, sin víctimas fatales. Ya nosotros habíamos tenido ese escenario en 1766, cuando se presentó un sismo con las mismas características del sismo del 2018. Y ahora estamos viviendo una repetición del escenario de 1812: un sismo en San Felipe-Barquisimeto, y un sismo frente a Caracas, en La Guaira, con magnitudes similares, con área de afectación similar, con profundidades similares.
¿Y qué pasa con las normas antisísmicas luego de cada terremoto? ¿Deberían adecuarse a las construcciones?
Bueno, yo no soy ingeniero. Mi área es sismología histórica y construcción social de riesgos. Yo no soy ingeniero sísmico y hay cosas que no puedo responder, pero considera también que estos sismos del 2026, son los primeros terremotos destructores del siglo XXI.
Por ejemplo, en 1812 la evolución de Caracas y La Guaira quedó paralizada. Para entonces había guerra de independencia, inestabilidad política, inestabilidad económica. Los alarifes, que eran como los ingenieros municipales y los albañiles de la época, todos se incorporaron a sus respectivos batallones en la guerra de Independencia y Caracas se quedó desasistida. Caracas y La Guaira tardaron cerca de 60 años en recuperarse de los efectos de 1812. No solo por las características del sismo, sino por el contexto que existía.
Caracas y La Guaira no son ciudades inhabitables, pero tienes que habitarlas tomando en cuenta la calidad de los suelos, la inestabilidad geológica del Ávila y, además, tienes que considerar que está la falla de San Sebastián enfrente y siempre la vas a tener ahí. La falla de San Sebastián no se va a ir, lo que hay que hacer es blindar la ciudad, no para que no sufra efectos de los sismos, porque eso es casi que imposible, ni los japoneses hacen eso. Pero sí para reducir las pérdidas materiales y humanas. La ingeniería sismorresistente está orientada en ese sentido. No es para que el edificio no se caiga o soporte cualquier sismo. Ellos tienen un límite, soportan hasta una magnitud particular. La sismorresistencia funciona para que el edificio quede en pie y se puedan reducir las pérdidas humanas, para que las personas puedan escapar.
Pero tú habrás visto los videos en La Guaira que hay edificios que se caen en tres o cinco segundos, mientras otros resistieron en pie con daño estructural y la gente pudo salir.
Esa es la idea de la sismorresistencia. Pero tienes que tener en cuenta cuál va a ser la respuesta sísmica del terreno, cuál es la calidad del terreno, cómo está el relieve, qué otras amenazas naturales tiene el entorno. Caracas y La Guaira no solo tienen amenazas sísmicas por todos los sistemas que hay en el norte del país, sino que sufren de deslizamientos de aludes torrenciales cada cierto tiempo. El Ávila tiene inestabilidad geológica. Las cordilleras de la costa tienen inestabilidad geológica y es algo que tienes que considerar. Tienes que empezar a construir y hacer ordenamiento territorial considerando que tienes amenazas naturales en el entorno. Eso no se puede seguir ignorando.
¿Esos sismo anteriores cambiaron, de alguna manera, el suelo de un lugar?
Los sismos pueden cambiar realmente el relieve, una línea de costa, eso está documentado en varios casos alrededor del mundo. Pero que el suelo se vuelva más blando por un terremoto, no. El suelo tiene sus características. Lo que sí se produce son efectos geológicos como la licuación y hay afectación del medio geológico. El suelo pierde capacidad importante durante el sismo, aunque la recupere después.
Pero los suelos muy blandos van a seguir respondiendo de la misma manera a los sismos. El suelo muy blando responde de una manera diferente a un sismo. El suelo más duro lo disipa con mayor efectividad. El tema con La Guaira es que tiene suelos blandos.
Volviendo al tema histórico, ¿cómo abordaron esa realidad de los sismos las ciudades o pueblos de ese entonces?, ¿qué pasó, cómo se reconstruyó?
Fíjate en una cosa. A Caracas, en 1812, le costó. Se hicieron ciertos trabajos. Por ejemplo, se recuperó el acueducto, que era de barro y se había roto durante el terremoto. Se hicieron ciertos arreglos en las ciudades, pero hasta que llegó (Antonio) Guzmán Blanco no se hizo intervención urbana propiamente dicha para recuperar, tumbar las ruinas que quedaban, porque casi todos los templos quedaron en ruinas. Tú lees en las crónicas antes de 1812, las descripciones de Caracas y La Guaira, decían que era muy agradable, que era una ciudad muy bonita, que Caracas estaba muy bien planificada, que las calles eran amplias, que las casas eran de un solo piso por el temor de los terremotos.

En 1900 se prohibieron los balcones porque muchos se cayeron y de hecho mataron a dos o tres transeúntes en el momento del terremoto. Pero las medidas principalmente eran “vamos a tratar de construir mejor”, “vamos a construir más lejos de acá” o preguntarse si era mejor cambiar el sitio de la construcción.
En el siglo XVII no había espacio para innovaciones constructivas. En 1900 sí fue diferente, sobre todo porque, a pesar de ser un sismo muy grande, Caracas y La Guaira sufrieron unos daños realmente moderados. En febrero de 1901, Caracas estaba celebrando Carnaval como si nada y lo puedes ver en la prensa de la época. Eso quiere decir que los daños se prepararon rápidamente.
En 1900 sí hubo recomendaciones constructivas serias, tan serias que parecían recomendaciones hechas en el siglo XXI. El Colegio de Ingenieros, que era un cuerpo constructivo del Estado y no una entidad particular como ahora, hizo un informe. Revisó los templos, los edificios públicos, hizo todo un análisis y propusieron nuevos materiales como sustituir la tierra cruda por cemento, por concreto que ya se estaba utilizando pero no era de uso residencial. Caracas se expande hacia El Paraíso y hacia el sur, cosa que no había pasado antes con otros terremotos. Había tecnología de la época, profesionales preparados para ver el sismo y traer lecciones.
Que después la cuestión política se complicó con el bloqueo de 1902 y con Cipriano (Castro) y Juan Vicente (Gómez), eso es otro cuento. Pero las lecciones se hablaron, que no se pudieron llevar a cabo fue otra cosa. Pero se habló de la necesidad de una normativa, se habló de la necesidad de blindar a toda la ciudad.
Había un periodista que decía en 1900, que no podía considerar a Caracas como un grupo de edificios particulares porque, ponte tú, que tu casa de un piso, en 1900, está en norma, pero tienes al lado una casa de dos pisos que tiene un problema estructural y viene el terremoto y tu casa, que hubiese resistido, no lo hace porque la otra casa le cae encima. Hay una interacción. Tenemos que asumir que la ciudad es un sistema y, frente al riesgo sísmico o a los riesgos socionaturales, tratarla como un sistema. Y empezar a aceptar que sí hay lecciones del pasado y que tenemos amenazas sísmicas en Venezuela.

¿Pero esas lecciones fueron realmente aprendidas?
No. El problema es que no las hemos elaborado. Están ahí, pero no las hemos elaborado (…) Nuestros terremotos grandes, superiores a 7, excepto el del 24 de junio, han sido terremotos históricos (ocurridos antes de la existencia de la instrumentación sísmica). El último realmente grande fue el de 1900. Por eso yo he escuchado mucho que es normal que los venezolanos no tengamos memoria de un terremoto como ese.
Yo lo estudiaba, veía los efectos de 1812 y decía: “si esto se repite en la Caracas actual, es una cosa horrible. Si se repite el de 1900, bueno, nos lo vamos a ver muy apretado”, porque la densidad demográfica, la inestabilidad política, la inestabilidad económica, amplifica los efectos de los terremotos. No cambian la magnitud, pero sí pueden modificar las intensidades, el nivel de destructividad y de daño y cómo ese daño se amplifica. Porque cuando estás en crisis, no construyes mejor. Cuando tienes inestabilidad política, no te organizas mejor. Todo eso está articulado.
Es muy complejo. Entonces, no podemos seguir pensando que en Venezuela tiembla de vez en cuando.
Si aquellos terremotos fueron históricos, ¿cómo se definiría el doblete sísmico del 24 de junio?
Estos fueron sismos contemporáneos. Los sismólogos lo llamarían un sismo instrumental. De hecho, está registrado en sismogramas de todo el mundo. La red mundial de sismogramas empezó a funcionar hacia 1890, la llevó adelante un ingeniero inglés que se llamaba John Milton. El de 1900 fue registrado por esa red, ese es nuestro primer sismo instrumental. Pero nuestra sismicidad ha sido realmente instrumental a partir de los años 50, después de que se empezó a montar la red sismológica en Venezuela.
Desde el punto de vista antropológico, ¿cómo se suele comportar el venezolano luego de un sismo?
Bueno, esta es la primera vez que esta antropóloga ve un desastre sísmico de esta magnitud, y que es protagonista y testigo presencial de los terremotazos. Fíjate, es inevitable. Se ha producido mucho miedo. Ese mismo día cuando nosotros bajamos, había una vecina con un ataque de pánico que hablaba del proyecto HAARP (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, que investiga las propiedades físicas, principalmente eléctricas, de la ionosfera). La gente tiene mucho miedo de que el sismo haya sido producido, porque si lo fue, imagínate el terror que puedes sentir al pensar que alguien tiene la tecnología para producir un monstruo como un sismo de 7.5 en cualquier momento. Hay personas a las que yo les he preguntado si con la misma tecnología que produjeron el sismo en 1812, produjeron estos.

Hay que explicarle a la gente que esto no es frecuente, pero es normal. En Venezuela tiembla todos los días. No hay un día en el que no se registren por lo menos 50 sismos en este país. Afortunadamente, nosotros sentimos una cantidad ínfima. ¿Te imaginas si hubiésemos sentido las casi 1 000 réplicas de los sismos de San Juan? Estaríamos todos con una camisa de fuerza (…) Pero es normal que los venezolanos hayamos reaccionado con mucho miedo ante lo que pasó, porque de verdad este es el peor sismo en lo que va de siglo en este país. Y es el peor escenario en toda nuestra historia
¿Tenemos un escenario peor al que teníamos en 1812?
Por supuesto, porque tenemos más infraestructura y una densidad demográfica muchísimo más alta.
En 1812 también teníamos inestabilidad política. Tenemos otras características similares a la época que agrandan el impacto del sismo…
Créeme, yo lo he pensado seriamente. No puede ser que no solo se repite el escenario sísmico, sino que además estos sismos nos agarran en una de las peores crisis de nuestra historia. Y, sobre ese escenario, se montan los dos terremotos. Es una cosa para sentarse a pensar. Entonces, yo lo entiendo como antropóloga y como venezolana. Yo sé lo que pasa: la crisis, el bombardeo del 3 de enero, los terremotos del 24 de junio. Oye, yo también puedo salir corriendo y gritar al cielo: “pero, ¿qué pasa, vale?, ¿esto es personal?, ¿es contra nosotros?, ¿qué está pasando?”. Y es normal que la gente tenga mucho miedo. Hay un geólogo neozelandés que dice que los terremotos son los fenómenos naturales más sobrenaturalizables. Porque, ciertamente, parece que salen de la nada. Además, irrumpen súbitamente, aparecen sin previo aviso. Y mira, sacuden las raíces mismas de tu existencia. Es normal que la gente se lance a buscar explicaciones mágico-religiosas o a buscar responsables políticos o responsables mágicos o sociales particulares. Es un escenario que da mucho miedo.
Los terremotos de por sí dan un miedo horrible. Y estos fueron pavorosos. Yo sí me tomo el tiempo de explicarle a la gente qué es lo que pasa con el proyecto HAARP, le hablo de la ciencia venezolana, le explico el tema de las réplicas y, sin embargo, para manejar el impacto emocional de estos terremotos, te tienes que refugiar en algo más que en la psicología. Y eso es innegable.



