La camisa de los conciertos no es negra, ni blanca, por Alejandro Armas - Runrun
La camisa de los conciertos no es negra, ni blanca, por Alejandro Armas
Juanes tendrá una camisa negra. Pero la camisa de los conciertos en Venezuela no es negra ni blanca. No se los debe juzgar de manera maniquea

 

@AAAD25

Debido a la complejidad del mundo que nos rodea, rara vez el maniqueísmo es un juicio acertado. La sensatez a menudo es un intento de rebatir posiciones extremas sobre un asunto de interés público cualquiera. Por definición, la moderación se ubica entre dos polos extremistas, por lo que la lucha suele ser en dos frentes. A veces surgen oportunidades excelentes para rebatir ambos polos a la vez. Para la inmensa mayoría de los cristianos contemporáneos, el Concilio de Calcedonia en el año 451 (d. C., obviamente) fue una de esas oportunidades. Al reafirmar la doctrina de la Unión Hipostática, quedó marginado tanto el nestorianismo, con su énfasis en la naturaleza humana de Jesús, como el monofisismo, que proclamaba una sola naturaleza en Cristo: la divina.

Descuiden. Esta columna no versa sobre teología cristiana (aunque debo decir que, pese a mi agnosticismo, hallo el tema fascinante por su impacto en el desarrollo de la cultura occidental). Aquel fue solo un ejemplo de oportunidad deliberativa. Hoy tenemos otro, mucho más profano. Es el de la discusión sobre la sucesión de conciertos musicales en Venezuela en 2022, luego de años como país paria en la materia. Aunque nuestra sociedad hoy está mayoritariamente desinteresada en la política, por frustración con el statu quo y una sensación de impotencia para cambiarlo, no debemos olvidar que antes de eso más bien hubo una hiperpolitización, con pocos ámbitos de la vida nacional exentos de vinculación con la política. Ese exceso se mantiene entre el puñado de venezolanos que aún prestan atención a la política y discuten al respecto.

Es así como el súbito, y aun francamente modesto, retorno de los conciertos de artistas internacionales a Venezuela se politizó también. Ocurrió como parte del surgimiento de dos polos en la opinión pública venezolana en la perestroika bananera. Uno se aprovecha de la relativa estabilización en el foso económico para pontificar que el cambio político en Venezuela no es ninguna urgencia, y de esa forma justificar la oposición prêt-à-porter. Para lograrlo, se dedica con tesón a buscar “buenas señales”, mejoras en la calidad de vida del venezolano, que atribuye a las reformas restringidas que el chavismo emprendió en 2019. El otro polo más bien se niega a reconocer cualquiera de los cambios e insiste en actuar como si siguiéramos en 2018, cuando la crisis socioeconómica venezolana alcanzó su peor etapa.

No pueden ver que alguien en el país tenga un momento de felicidad o goce material porque estallan en acusaciones furibundas de dinero sucio usado para costear esos deleites, y de una campaña propagandística con toda la intención de mostrar que “Venezuela se arregló”. Porque, según esta lógica, si los habitantes de este país no somos misérrimos las 24 horas del día, las 365 jornadas del año, nadie se apiadará de nosotros ni vendrá a rescatarnos del régimen.

Cada uno de estos enfoques tiene su opinión sobre los conciertos. Para la oposición de mentira, son otra muestra más de que Venezuela está mejorando al punto de que podemos confiar en que el statu quo seguirá transformándose para bien de todos, por lo que pretender un cambio político es “radical” y “maximalista”. Por el contrario, los, llamémoslos así, fetichistas de la depresión señalan que los conciertos son parte de un plan macabro del chavismo para evitar que la gente piense en política. Una ilusión al mundo feliz de Huxley. El mismo opio que, Marx dixit, se le brinda a los oprimidos, pero con versos de Ana Torroja o Wisin y Yandel, en vez de versículos del Evangelio de Lucas. Los que asisten serían entonces imbéciles que no notan el engaño, o miembros de la nueva casta oligárquica que son parte de la tramoya en primer lugar.

He aquí nuestros polos maniqueos. ¿Y la oportunidad para desmentirlos en simultáneo cuál es? Pues nos la brinda el señor Juan Esteban Aristizábal Vásquez, mejor conocido por su nombre artístico “Juanes”. Su presentación en Caracas hubiera ingresado con facilidad a la de artistas más reconocidos internacionalmente que han venido al país este año. Ah, pero después de un gesto en contra desde la elite gobernante, recordando las críticas del cantautor colombiano al chavismo, el evento fue cancelado sin explicaciones.

Queda así claro que el regreso de los conciertos tiene un límite: artista que haya criticado a la elite gobernante, probablemente no entra para acá. Supongo que podemos olvidarnos entonces de ver a Alejandro Sanz o Rubén Blades. Viendo el problema en su justa dimensión, es otra cachetada de realidad para los traficantes de conformismo. Un recordatorio de que mientras en Venezuela no haya Estado de derecho y la ley sea lo que al chavismo le venga en gana, este siempre nos hará de alguna manera la vida de cuadritos a los ciudadanos comunes.

Por otro lado, la suerte del concierto de Juanes no calza precisamente con la tesis de que todos estos eventos son organizados y financiados por el propio chavismo. Así que es momento de bajarle dos a esa paranoia que ve al PSUV detrás de todo lo positivo que ocurra en Venezuela, para así negar su propia positividad.

Nada de esto es muy difícil si se les rehúye a los extremos perceptivos. Los venezolanos no tenemos por qué ser infelices todo el tiempo mientras no se dé el cambio político.

Tenemos derecho a entretenernos y a darnos gustos, siempre y cuando sea con el producto de nuestro sudor. Así que no hay nada de malo con la disponibilidad de ofertas que satisfagan esas necesidades. Al contrario, es bueno que haya conciertos, montajes de teatro, restaurantes nuevos y demás. Lo importante es que no nos dejemos deslumbrar por todo esto y recordemos que el esfuerzo por la restauración de la democracia debe seguir. Porque solo cuando se cumpla ese objetivo, podremos aspirar a vidas plenamente dignas.

Juanes tendrá una camisa negra. Pero la camisa de los conciertos en Venezuela no es negra ni blanca. No se los debe juzgar de manera maniquea.

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