Juan E. Fernández, autor en Runrun

Juan E. Fernández

Mi amigo El Venti, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Aún recuerdo cuando llegó a mi casa hace un par de veranos. Entonces mi primo Gustavo, quien vivió en mi departamento recién llegado a Buenos Aires, lo trajo para mitigar el calor agobiante que se instala a finales de año. Tengo que confesar que a primera vista me pareció inútil, como todos los ventiladores que en el verano porteño solo pasean el aire caliente de un lado a otro. Porque de refrescar, no refrescan.

Llegado el otoño, El Venti quedó instalado en un rincón de mi casa y terminó siendo nuestro perchero para colgar desde las chaquetas hasta las toallas. Creo que esa fue la época profesional más activa de mi amigo… porque si, hoy tengo que decir que El Venti es un amigo.

¿Que cómo nació nuestra amistad? Todo comenzó con la llegada de la novia de mi primo a la Argentina, eso precipitó todo. Pasado más o menos un mes, ellos decidieron mudarse. Pero me dejaron a El Venti con la promesa de que lo buscarían después.

Pasaron los días, los meses y nuestra relación se fue afianzando, El Venti se convirtió en una pieza fundamental de mis decisiones; era como una especie de confidente/consultor. La verdad me asesoró en varias cosas de mi vida. Lo malo era que cada vez que le preguntaba ¿sí o no? él  solo movía su cabeza de un lado a otro en señal de reprobación.

El Venti me ayudó a desentrañar varias paradojas en mi vida, claro, cuando aprendí a preguntarle. Por ejemplo, si quería salir con una chica que me gustaba entonces le preguntaba a El Venti, como si fuera el Oráculo de Delfos, “Oh gran Venti vos que todo lo sabés (sí le habló en argentino porque él es de acá), ¿no debo dejar de salir con la rubia? A lo que mi amigo respondía moviendo su cabeza en señal de reprobación… Si usted amigo lector sabe de lógica matemática entenderá que dos planteamientos negativos tendrán como respuesta uno positivo, ergo yo terminaba saliendo con la chica.

Y así llegó la pandemia. Como no se podía salir, comencé a estrechar relaciones con varios elementos que habitan en mi casa, por ejemplo “La Licua” (mi licuadora), a quien llevo a dar paseos cortos por la plaza, porque a ella le gusta siempre dar una vuelta. También está mi computadora quien es el ser que más he tocado durante la cuarentena.

Pero El Venti es otra cosa. Es realmente un amigo que está conmigo en las buenas y en las malas.

Hace unos días tenía problemas para dormir, porque últimamente me he vuelto algo paranoico y temo que alguien entre a mi casa, o peor aun que me salga un fantasma. Pero el problema se resolvió gracias a El Ventí; resulta que lo puse justo al lado de mi cama y “se hizo la luz” literal. Le pegué a mi amigo linterna en su cabeza y lo enchufé; fue así como lo convertí en un “faro caza fantasmas “y desde entonces duermo como un bebé porque “Los fantasmas desaparecieron cuando llegó la electricidad” (ojalá no se le acaben las baterías a la linterna).

También me pongo a ver la tele con El Venti, y lo que más nos gusta son los deportes; su favorito es el tenis. Yo lo pongo frente a la pantalla y se mete tanto en el juego que mueve su cabeza de un lado al otro, al compás de la pelota.

En fin, ahora mismo estoy contento con El Venti, pero algo en mi interior me dice que cuando mi primo regrese de Miami, y el calor vuelva a inundar cada rincón de la casa, mi amigo El Venti se irá y entonces volverán a mí el calor, la indecisión y lo peor de todo: los fantasmas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Lo que Quino nos dejó, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

La primera vez que tuve en mis manos un dibujo de Quino tenía 9 o 10 años; recuerdo que fue en la biblioteca que tenía mi tía Delia en la Av. Sucre. El título de aquel libro donde descubrí al dibujante argentino era Gente en su sitio.

Aquel primer dibujo de Quino mostraba a un político que está por cortar la cinta para inaugurar una obra, mientras sus compañeros esperan ansiosos que lo haga para que un tubo, amarrado a la cinta que está por cortar caiga sobre él. 

El segundo dibujo que me llamó la atención fue el de un grupo de políticos dentro de una embarcación, en medio de una tormenta. El grupo de tipos trajeados le dice a un pequeño hombre en camisa, que dicho sea de paso es el único que está remando, lo siguiente: “No dejes de remar, que estamos todos en el mismo barco”.

Debo confesar que a los segundos de ver esos dibujos descubrí que me habían engañado y hasta me sentí traicionado, pero no por Quino, sino por todos los que me dijeron que, si no aprendía a leer, no podría entender nada de lo que estaba en los libros… ¡Qué equivocados estaban!

Les tengo que contar que, aunque hoy viva de escribir, haya publicado un libro y todas esas cosas que ya saben de mi carrera profesional, hace mucho fui un niño a quien le costó aprender a leer y a escribir. Tal vez fue porque entré muy chico a primer grado y eso me hacía un poco más lento; o simplemente porque era lento y punto.

El tema es que no aprendí tan rápido como mis compañeros de curso, así que mi madre me llevó a donde “La Nina”, que era la suegra de mi madrina. La Nina nos enseñó a leer prácticamente a todos en mi familia; y tenía un sistema bastante duro, con mucha disciplina pero que hoy agradezco.

Así que imaginen cómo me sentí cuando agarré ese libro de Quino y comencé a entender todo lo que me gritaban sus páginas, donde no había muchas letras. Tal vez pensaría “Aprendí a leer al pedo…”. Pero bueno, hoy en día lo agradezco porque, gracias a eso, conocí a García Márquez, Cortázar, Pérez Reverte, entre otros.

En fin, escribo esta columna porque la semana pasada murió Quino, quien es conocido por ser el padre de Mafalda, Susanita, Felipe, Miguelito, Guille, Manolito, Libertad y del resto de los personajes de esa tira. Pero Joaquín Salvador Lavado también es el creador de maravillosos gráficos humorísticos.

Y no lo podría asegurar con números, pero es muy posible que la mayoría de los humoristas de mi generación, y también de la anterior, tuvieron un libro de Quino en sus manos.

¿Qué fue lo que Quino nos dejó? Nada más y nada menos que la posibilidad de ver el mundo a través de los ojos de una niña. También que una pluma, a la larga, es más poderosa que cualquier ejército del mundo.

Y lo más importante: la única manera de trascender y llegar a la inmortalidad es dejar huella. Y Quino vaya que lo hizo.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El fin del poder, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

El otro día recordé en Twitter aquella reunión que tuve con Daniel Samper en Buenos Aires; pero eso no fue todo, porque en mi columna anterior debatí la posibilidad de volverme YouTuber o no, por lo que hice referencia a la conversación con “Hola Soy Dani”. Una vez publicada recibí el elogio de muchos, pero también el repudio de otros.

Pero hubo un comentario que me hizo mucho ruido, y me lo hizo un venezolano que vive en Colombia. Mi paisano me escribió: “¿Cómo es posible que seas amigo de Laureano Márquez y también de este tipo (Daniel Samper)?, es un zurdo de mierda… no te entiendo”.

Así que en mi columna de hoy le voy a explicar no solo a este caballero, sino a todos los que piensan como él, las razones que me llevaron a ser amigo de Laureano Márquez; y además a tener una relación cercana con Daniel Samper, quien me parece una persona muy inteligente y graciosa (esas dos características son suficientes para que cuente con mi amistad).

Quiero aclarar que para ser amigo de alguien no hay que pensar como esa persona; de hecho, en las contradicciones se han formado fuertes lazos personales.

Aunado al comentario, también me enteré de que Daniel fue sancionado porque hizo un meme con una foto del presidente de Colombia donde aparecían los hijos de Iván Duque. Esto me llevó a pensar que, seguramente, el señor que envió aquel comentario se alegró con eso; pero seguro se enojó cuando hace unos años a Laureano Márquez lo multaron por publicar una columna de humor donde hablaba de la hija del expresidente Chávez.

Pero eso no es todo. También recordé cuando, en diciembre pasado, mientras estaba por Santiago, escuché a una persona decir “yo les pasaría un tanque por arriba”, refiriéndose a los jóvenes que protestaban en la plaza Italia de Santiago. No le dije nada, pero estoy seguro de que esa misma persona se indignó cuando una tanqueta de la Guardia Nacional atropelló a un estudiante en Caracas.

Probablemente mucha gente se enoje y hasta me deje de leer por lo que estoy por decir: ¿estamos todos locos? ¿Cómo es posible que apoyemos las atrocidades más terribles solo porque las hace una persona con la que compartimos ideales políticos?

Tenemos que dejar de ser tan blandengues; condenar lo que hay que condenar y repudiar lo que sea repudiable, sin importar quién sea la persona que comete un error o, peor aun, un delito.

Y acá hago una reflexión: pasarle un tanque a un estudiante en Santiago o una tanqueta a un joven en Caracas ¡está mal, es atroz! Pues, las ruedas de un tanque de un gobierno de derecha, lastiman igual que la tanqueta del gobierno de izquierda.

Multar a un humorista de “derecha” o a uno de “izquierda” es censura, al menos así lo veo yo.

Los gobiernos militares de derecha desaparecieron a muchísima gente. Y los gobiernos de izquierda también lo están haciendo, por lo que concluyo: todos los gobiernos tienen las manos llenas de sangre y eso está jodidamente mal.

Ya es hora de que comencemos a vivir la política con responsabilidad, y haciendo los análisis correspondientes porque esto no es un partido de fútbol o de béisbol donde cada uno tiene que apoyar a su equipo, aunque haga cosas terribles.

Así que el llamado es a ser coherentes pues vivir el mundo a través de un solo lente es justamente lo que el poder quiere; pues mientras los ciudadanos estemos enfrentados, ellos podrán negociar cómodamente.

El poder necesita un cambio, es necesario volver a la esencia: los gobiernos trabajan para la gente y no al revés…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Ser o no ser youtuber, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Todo el mundo me pregunta a cada rato: Juanette ¿cuándo te haces youtuber? Y la verdad no sé si me lo dicen porque quieren ver despegar mi carrera o si en realidad están pensando en destruirla, porque esto de ser creador de contenidos en YouTube no es nada fácil.

Podría decirse que es un asunto de vocación, pues detrás de la fama y los likes hay muchas horas de trabajo duro, tal y como pasa con la comedia.

Si hoy le preguntas a un adolescente a qué se quiere dedicar, la mayoría te dirá que quiere ser Tik Toker o youtuber. Los días de ser doctor, ingeniero o periodista quedaron en el pasado; y esto es así porque los chicos pueden ver cómo viven sus influencers durante todo el día gracias a las redes sociales.

Pero lo que no cuentan, y mucho menos postean los influencers, son esas horas que pasan sin dormir porque el bloque creativo no los deja; o porque tienes cuentas que pagar y este mes no vendiste tantas stories de Instagram; ni tampoco tuviste muchos intercambios publicitarios. Y toca tener otros trabajos para poder mantener “la pantalla”, no solo del YouTube, sino de la vida en el mundo digital.

Pero esto no pasa solo con YouTube, pasa también con la comedia: muchos quieren ser el Jerry Seinfield latinoamericano, o el Kevin Hart latino y pavonearse por las calles con sus collares de diamantes, y ojo, tal vez pueda ocurrir. Pero solo si pasas muchos años presentándote en pequeños bares, y si logras volantear por horas para que alguien entre a tu show (tal y como han hecho los grandes que hoy son exitosos, y hacemos todos los que amamos la comedia).

Y acá un consejo de oro: “Si quieres vivir de la comedia, trata de no vivir de la comedia”. Ten trabajos alternativos, pues no siempre tendrás un show que te pague las cuentas.

Esto aplica también para eso de ser youtuber: si realmente lo deseas de corazón, lánzate a la piscina y comienza a subir tus videos. Pero no lo hagas por hacerlo, piensa bien lo que quieres decir y, aunque no tengas una cámara o un micrófono último modelo, exprésate. Si produces contenido de calidad, con originalidad y gancho, verás cómo poco a poco, con paciencia, pero sobre todo con mucho trabajo, lograrás tus primeros 100K suscriptores.

Hace exactamente un año tuve la fortuna de ver a Daniel Samper, periodista colombiano cuya columna leí en la Revista Semana durante mis años de estudiante de periodismo. El destino quiso que 20 años después, y en la ciudad de Buenos Aires, Samper me contara cómo incursionó en el mundo del YouTube y se convirtió en “El youtuber de 40”. Acá tres lecciones que saqué de aquella conversación:

1. YouTube es un medio, y merece el mismo respeto que cualquier otro. Por eso es importante pensar bien en una idea divertida, vendedora y que aporte algo a tu audiencia.

2. Nunca se es demasiado viejo para abrir tu propio canal de YouTube.

3. No le temas a la tecnología, y si se te dificultan los programas de edición de video y sonido, aplica lo que me sugirió Daniel Samper: “Cómprese un millennial, Juanette”

Y acá un consejo final: hagas lo que hagas, trabaja duro, invierte muchas horas y sé persistente. Esa es la única manera de lograr lo que te propones.

En cuanto a si seré o no seré youtuber… solo el tiempo lo dirá.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El billete roto, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Hoy quiero levantar mi voz por aquellos que no pueden hablar. Hay algunos que estuvieron de moda, que causaron furor, que despertaron pasiones, pero hoy son rechazados… los billetes rotos.

Hoy recibí una lección de “El Rosas” y “El Profesor”. Aclaro que no es el de La casa de papel, sino otro: Juan Manuel de Rosas, mejor conocido como el del billete de 20 pesos; y de Domingo Faustino Sarmiento (quien era maestro), también llamado “el señor del billete de 50 pesos”.

Todo ocurrió la mañana del lunes, cuando me levanté temprano y caminé a la carnicería para comprar algo de pollo para la semana, pues, para alguien que vive solo, lo mejor es comer lo mismo todos los días. De esta manera la neurona que usarías para decidir qué vas a comer cada día, la puedes enfocar en alguna idea por la que sí te pagan las compañías para las que trabajas.

En fin, cuando fui a la carnicería hice mi pedido y pagué con 200 pesos, que en dinero de Argentina son “dos evitas” o “dos rocas”, que no es por el actor de La falla de San Andrés sino por Julio Argentino Roca, el presidente que sale en los billetes viejos de 100 pesos. Luego de pagar, el carnicero me regresó un billete de 50 pesos (un sarmiento o un profesor ¿recuerdan?), pero demasiado enrollado para mi gusto, así que lo desplegué y vi que estaba roto. Acto seguido ocurrió esto:

Juanette: ¿Disculpa, me puedes cambiar este billete? está en mal estado.

Carnicero: La verdad yo no lo veo mal

Juanette: Está roto, le falta un pedazo

Carnicero: Cuando vayas a pagar lo enrollas y no se dan cuenta.

Juanette: Es decir, si yo te pagara con este billete ¿me lo recibirías?

Carnicero: Bueno ya no porque el billete ahora es tuyo así que agárralo y vete.

Juanette: Mejor hagamos algo, toma tus pechugas (bueno las del pollo), tu billete roto y dame mis dos evas…

Carnicero: Vas a dejar de comer por un billete roto ¿en serio?

Juanette: No, creo que llegó la hora de meterme a vegetariano.

Luego de tomar de dejar mi compra y tomar mis 200 pesos, dejé la carnicería de un portazo. Caminé unos metros y entre en la verdulería, compré algunos vegetales, una tapa de tarta y pagué con mis 200 pesos ¿Adivinen cuánto fue el cambio? Exacto, 50 pesos. Así que tomé mi sarmiento, bastante más derruido que el que me había dado el carnicero y me fui a mi casa.

En el camino me encontré en el piso un billete de 20, o un rosas ¿por qué nadie lo recogía? Porque no vale un carajo, pero como soy una persona de buen corazón lo recogí… obviamente también estaba en mal estado.

Chicos hoy les dejo dos lecciones: los vegetales no son más ricos que la pechuga grillada… y si te dan un billete roto, recíbelo porque si el destino quiere que sea tuyo, lo será.

Ahora que lo pienso, este sería un buen momento para ir a misa; tal vez pueda dejar a rosas y sarmiento en la cesta de la limosna y salir corriendo antes de que el cura me los quiera regresar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Distancia social, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Desde hace 6 meses muchos en Argentina estamos confinados por el Decreto Nacional de Urgencia de dictó el Gobierno. Y sí, estamos cansados; muchos sin trabajo y tratando de sobrevivir. Para algunos el aislamiento preventivo y obligatorio es una pérdida de tiempo, mientras para otros es la posibilidad de ganar tiempo para evitar que se colapse el sistema de salud.

Es terrible la cantidad de gente que ha muerto por el coronavirus, y seguramente algunos dirán que el aislamiento no sirvió para nada. Pero la verdad fue que se dilató la llegada del pico de contagio. ¿Qué pasará ahora? Nadie lo sabe, todos esperan que en algún momento aparezca una vacuna.

Creo que, en este tiempo, al menos yo, he aprendido a cultivar dones como la paciencia y la templanza; y cada día trato de hacerle más llevadero a mis hijos este trance. Pero no desde la confusión o de la desinformación, sino ayudándoles a entender que tenemos que cuidarnos, y tomar todas las medidas para evitar el contagio.

Usted amigo lector se estará preguntando ¿por qué este tipo escribe de esto ahora? Porque, desde este fin de semana, en la ciudad de Buenos Aires ya se permite tomar una café en la vereda (acera), lo que está bien si se hace con distanciamiento social, pero mi preocupación es que esa distancia depende de cada uno de nosotros.

No es por ser desconfiado, pero dejar el destino de la humanidad en manos de la humanidad históricamente no ha salido bien.

Y antes que de empiecen a atacarme les aclaro que el problema, a mi parecer, no es que podamos salir; el inconveniente pasa porque “sepamos salir” y no solo a la calle sino de la pandemia. Y la verdad es preocupante, pues la actitud de muchos gobiernos del mundo es: “Bueno chicos nosotros llegamos hasta acá”, y me parece que por esta vez tienen en parte razón, pues depende de cada uno el cuidado. Esa frase que se ha vuelto trillada en este tiempo y que dice: “Cuídate y cuídanos” tiene que estar más vigente que nunca.

Por naturaleza, a los seres humanos no nos gusta hablar de la muerte, pero como dice el músico venezolano Mauri Mix en su canción Distancia social, “Este virus te puede matar”.

Y acá me quiero detener, porque el tema de Mauri demuestra que los humanos somos capaces de adaptarnos y hacer cosas maravillosas sin salir de nuestras casas. Acá les dejo el video de Distancia social, no solo para que lo escuchen, ni para qué bailen, sino también para que entiendan el mensaje:

No se trata de no salir chicos, no pasa por ahí. Pasa por saber salir, pero no solo a la calle a tomar una cerveza, se trata también de saber cuidarnos y cuidar a los demás.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El humor como problema, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

El otro día escuché en el pódcast Que se vayan todos , que cada vez son más las personas que se informan a través de los humoristas. Y no solamente estoy de acuerdo con ese comentario, sino que soy una prueba viva de eso.  

Desde hace unos meses me informo únicamente por pódcast de humor, tipo el Pulso de la república, PDB, Reporte semanal, etc. Porque la verdad no soporto los noticieros… Sí, sé que soy periodista y también sé que hacer esta afirmación podría costarme espacios en alguno de los medios que publica mi columna, pero la verdad estoy un poco cansado.

Les pido disculpas por hacer de esta columna un espacio para desahogarme, pero cuando decidí escribir me puse como objetivo que solo fuesen textos graciosos; claro, la idea del humor es hacer reír mientras se invita, como quien no quiere la cosa, a la reflexión.

Toda esta introducción la hago para decirles: Señoras y señores, ¡está pasando! El humor, que es un un ejercicio tan peligroso, invadió los espacios de los medios de comunicación.

Y ya las personas, sean de izquierda o de derecha, se darán cuenta de que muchas de las cosas que se dicen o escriben (capaz también esta columna), sirven para mostrar una sola cara de la verdad ¿Cuál? La que más les convenga a los políticos de su preferencia. Pero ahora que el humor está tomando el lugar de los medios, todo se puede ir al garete. Imagínense ¿qué pasaría si los políticos no pudieran manipular a las masas? Justo por eso es que los humoristas son perseguidos, porque hay que evitar ese nuevo “desorden mundial”.

Ahora quiero mencionar un libro de Teodoro Petkoff que leí hace mucho. El libro me ayudó a entender que la política no es un dogma religioso, y que la mayoría de las veces los políticos se equivocan (aunque ellos, sus partidos y sus fanáticos digan lo contrario).

Teodoro también me enseñó la importancia de aprovechar el tiempo a través de una frase: “Bueno, muévete carajo, que no tengo todo el día”… pero eso se los contaré en otra ocasión.

Perdón, me desvié. Les decía que había leído un libro que me enseñó a entender la política: Checoslovaquia: el socialismo como problema, publicado por Teodoro en 1968, el mismo año del Mayo francés. En sus páginas Petkoff cuenta cómo, a partir de la invasión a Checoslovaquia, el socialismo soviético mostró lo que pasaría con el resto de los países que terminaron “invitados amablemente” a pertenecer a la Unión Soviética.

En aquel entonces nadie dijo nada, pues, “El comunismo no se equivoca” se decía en aquel tiempo. Y ahora se repite que “El Capitalismo es la única solución”. Así que quiero decirles algo: el mundo es más que un juego de Caracas Magallanes, o de un Boca Vs. River. ¿Saben cómo me di cuenta? Por dos cosas: primero, porque cubrí política algunos años, y conozco a muchos de un lado y del otro. Y segundo por culpa del humor, pues cuando eres comediante aprendes a cuestionarte todo.

Además, el humor es un antipoder, lean bien, no solo contra el gobierno de turno, sino de cualquier poder que quiera trastocar la sociedad. El humor es una alarma que nos avisa sonreídamente que algo no está bien…

Lo que pasa es que, en este contexto de todos contra todos, muchos humoristas se han convertido, casi sin querer, en la única guía para saber qué está pasando realmente.

Así que el llamado es a que cada cual retome su rol: los políticos a presentar propuestas serias para solucionar los problemas, las personas siendo críticas y cuestionando todo y a todos. Y los humoristas a hacer bromas. De no pasar esto, y tal como va el mundo, ¡todo terminará siendo un chiste!

Hasta la semana que viene (eso espero).

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Un adulto responsable, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Hoy quiero aprovechar este espacio para contarles que no lo logré… crecí en una sociedad que me formó para que fuese un tipo con un buen trabajo, capaz de generar riqueza, de triunfar, de verse bien y obviamente tener una casa grande y un auto del año. Siempre escuché a mucha gente decirme: “Qué bien lo estás haciendo, sin duda alguna serás un adulto responsable”.

Los que me conocen saben que tuve una carrera extensa en el periodismo. Comencé a los 12 años en el diario del liceo Jesús Obrero, se llamaba Voz Estudiantil, y luego colaboré en la revista Marcas, primero como fotógrafo y luego como redactor.

Con el paso del tiempo, me convertí en productor de televisión, trabajé en medios internacionales como CNN, Poder y Negocios, y en otros grandes medios. Y desde ahí pude conocer a políticos, artistas, presidentes y hasta me colé en una fiesta para entrevistar y fotografiar a un nobel de literatura que estaba de paso por Caracas.

Es verdad, puedo decir que tuve una carrera exitosa en el periodismo. Pero debo confesarles que el pasado fin de semana me di cuenta de que todo eso se había ido al garete. Ya no era más un adulto responsable, y lo que es peor: capaz nunca lo fui, por eso les digo ¡No lo logré! Aunque les cuento que “no lograrlo” es algo que me hace muy feliz.

¿Saben cómo noté que ya no era más un adulto responsable? Todo comenzó cuando decidí cambiar mi desvencijada billetera de cuero, negra y sin gracia. Al principio pensé que sería bastante rápido, pero la verdad es que, después de navegar por todas las tiendas digitales de Mercado Libre, no encontré nada que me convenciera.

Pasé noches sin dormir, y sin salir, porque además de que no se puede por el coronavirus, las salidas cortas al chino eran muy peligrosas, pues, andar por ahí con el dinero en una bolsa de plástico, además de ser inseguro, era una falta de elegancia total.

Pero todo cambió el sábado pasado cuando caminaba por la avenida Medrano de Buenos Aires, y a la altura del 500 me topé con “Big Bang Rock”, una tienda que, además de vender instrumentos musicales, vende todo tipo de accesorios vinculados a la música. Y justo en la vitrina de esa tienda estaba ella: una billetera, pero no una billetera cualquiera, sino una con muchos colores.

Destacaba entre todas, porque, aunque estaba dentro de un estuche gris, tenía tantos tonos que la verdad brillaba. Sin pensarlo entré a la tienda, despojado de cualquier duda, y la compré.

Debo confesar que ya en casa comencé a cuestionarme muchas cosas, como, por ejemplo: ¿Qué pensará el chino del supermercado cuando la saque para pagar? ¿Y si un día pasa todo este virus, y mientras estoy sacando la tarjeta del tren le parezco guapo a una chica, pero al ver mi billetera sigue de largo? o peor ¿si cree que soy un tonto?

Aunque hubo algo que me tranquilizó: el virus no terminará aún (ojo, no le quiero pinchar el globo a nadie, pero es algo que ya sabemos).

Otra cosa: mi tarjeta del tren no tiene saldo, porque no me subo al subte desde marzo, por lo que no podría viajar. Entonces me relajé.

Al día siguiente al despertar, vi mi billetera de colores en la mesita de luz, y descubrí que ese solo había sido el primer paso; tenía que seguir haciendo cosas que me hicieran feliz.

Desde que tengo mi billetera de colores ya no veo el noticiero todo el día, solo lo hago unos minutos para saber cómo está el mundo.

Y les tengo que contar que no ha cambiado nada. Luego escucho pódcast mientras teletrabajo.

Les puedo recomendar algunos, por ejemplo: La vida moderna, Nadie sabe nada, Que se vayan todos y Últimos cartuchos. Ahí pueden ver temas varios, que tienen que ver con la realidad española, argentina, y venezolana. Es una manera de informarse, pero con humor.

Y tal vez decepcioné a mucha gente (y los seguiré decepcionando), porque no fui esa gran promesa del periodismo y la literatura. Pero la verdad me siento tranquilo y feliz siendo un comediante, que extraña volantear en la calle para meter gente a un show… y que lucha por adaptarse a este orden digital. En el fondo sé que regresaremos. Pero, por lo pronto, el show debe continuar. Así sea por Zoom.

Ciertamente mi billetera de colores fue el punto de partida de este nuevo estilo de vida, porque la verdad no sé cuánto tiempo voy a estar aquí, por lo que quiero hacer cosas que me agraden. Además de tratar que la gente se ría, pero si no se puede y aunque suene un poco egoísta, al menos reírme yo.  

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es