Juan E. Fernández, autor en Runrun

Juan E. Fernández

Me olvidé de vivir, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Un momento cumbre de El doctor del fútbol muestra el momento cuando Bilardo se entera de la muerte de Maradona…

 

@SoyJuanette

Luego de días de mucho trabajo decidí aprovechar el fin de semana para ponerme al día con varias películas pendientes. En mi búsqueda me topé con una joya: se trata de la serie documental “El doctor del fútbol”, producción de HBO que cuenta la historia de Carlos Salvador Bilardo, quien fuera el entrenador de la selección argentina que ganó el mundial México 86.

Aunque El doctor del fútbol tiene solo cuatro capítulos, es de tal intensidad que emociona. Diría que es una buena historia que seguramente disfrutarán aquellos que no saben de fútbol; pero que hará llorar de nostalgia a quienes disfrutamos y nos apasiona este deporte.  

Se puede decir que la frutilla del pastel de esta docuserie es el tema de Julio Iglesias Me olvidé de vivir, que marida muy bien con la historia del director técnico obsesionado por ganar. A través de entrevistas con jugadores, amigos y familiares, se nos presenta una radiografía del “Loco”, y hasta nos explicamos que su apodo tenía todo el sentido.

¿Por qué el Loco? Porque además de su obsesión por ganar, se dejaba llevar por las emociones en la cancha y puteaba. Además, era muy supersticioso, al punto de que, para ganar los partidos, cuando el equipo viajaba, los jugadores no podían cambiarse de asiento, tenían que escuchar la misma música siempre, e incluso el autobús tenía que salir del hotel a la misma hora. Para Bilardo, si algo de esto fallaba, entonces perderían el partido.

En El doctor del fútbol se muestran anécdotas hasta ahora desconocidas, como el deseo del presidente Alfonsín de sacarlo de la selección, como que a su hija en la escuela no la llamaban por el apellido para que los otros niños no la acosaran cuando a la selección le iba mal. También sus idas y vueltas con Diego Armando Maradona. Y, por supuesto, la historia épica de cómo el equipo argentino llegó a México sin muchas expectativas y se coronó campeón.

Pero también explora la relación de Bilardo con su esposa y su hija Daniela. Precisamente es a través de esta relación donde se puede ver la verdadera lección que deja esta producción. Tiene que ver con la pasión desmedida por lograr objetivos, que muchas veces lleva a la pérdida de lo realmente importante: los afectos.

Ya en los últimos años de su vida profesional, se puede ver a un Bilardo que ganó prácticamente todo dentro de la cancha, pero que se perdió momentos clave de la vida de su hija. Ojo, no estoy diciendo que no le pongamos garras a los sueños ni mucho menos, solo pienso que, sin duda, hay que trabajar por cumplirlos, pero sin dejar de lado a las personas que son realmente importantes: la familia.

Un momento cumbre de uno de los capítulos muestra el momento cuando Bilardo se entera de la muerte de Diego Armando Maradona… ¿Cómo reaccionó? No me gusta hacer spoiler, así que vaya y véalo.

Sin duda, El doctor del fútbol es una docuserie movilizante, que te hace reflexionar. Acá les dejo el tráiler:

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Reír es perder el miedo a la muerte, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
El humor salva. Y, cuando no te puede salvar, te aligera los momentos difíciles

 

@SoyJuanette

Les quiero recomendar una entrevista con el comediante Andreu Buenfuente. La pueden encontrar en YouTube, es más, les voy a dejar el enlace al final de esta nota. Quien entrevistó a este comediante y productor fue el periodista Carlos del Amor para su programa La matemática del espejo.

Imagino que ustedes estarán pensando “Este Juanette si es vago, como no encontró tema para escribir esta semana, nos hablará de una entrevista que vio en la compu”. Pero, en honor a la verdad, hubo una frase de Andreu que me impactó, y esta frase es precisamente el título de la columna de esta semana: “reír es perder el miedo a la muerte”.

Contó Andreu en su conversación con Carlos del Amor que una de las cosas que le enseñó la comedia es que el humor salva. Y, cuando no te puede salvar, te aligera los momentos difíciles, y obviamente la muerte es el más difícil de todos.

Resulta que en la vida de Buenfuente el humor y la muerte han estado presentes al mismo tiempo en algunas oportunidades. Una de las primeras (según cuenta él) ocurrió cuando su padre Juan murió. Según relata el comediante, a su padre lo operaban del corazón y, antes de llevarlo a quirófano, pidió al enfermero detenerse un momento para contar un chiste. Esa fue la última vez que lo vio con vida y, para Andreu, ese acto ayudó a su padre a irse en paz.

Otro hecho muy conocido en España fue cuando Andreu Buenfuente le salvó la vida a la actriz, cantante, bailarina y presentadora Concha Velasco (para el público argentino sería “Cascara Velasco”). Resulta que Concha la estaba pasando muy mal en lo personal y lo laboral, por lo que decidió suicidarse tomando un frasco de pastillas, mientras de fondo se escuchaba en la TV un programa de Buenfuente. Poco después la propia actriz contó que, estando tirada en la cama, mientras sentía que se le iba la vida, comenzó a reírse del monólogo de Andreu. Y esas ganas de reír le dieron no solo fuerza para tomar el teléfono, llamar a recepción y pedir un médico, sino también le dieron ganas de vivir.

Estoy seguro de que, si todos tratamos de recordar un momento difícil donde la risa nos ayudó a seguir adelante, seguramente lo encontraremos.

En mi caso, recuerdo la tarde en que murió mi padre, yo estaba en Buenos Aires y él en Caracas, por lo que no pude llegar a tiempo a su funeral. Justo el día que murió papá, unos amigos iban a presentar un espectáculo de comedia.

Mi primera decisión fue no ir, porque ¿cómo iba a ir a reírme mientras velaban a mi papá en otro país? Fue ahí cuándo pensé en mi padre, quien era un tipo al que le gustaba reír ¿Se molestaría si voy?, me pregunté. Y automáticamente se me dibujó una sonrisa cómplice en el rostro, porque entendí que entre quedarme en casa solo llorándolo o ir a un show de impro, papá habría ido al show, así que fui. En ese momento tan difícil de mi vida, al menos por una hora, la risa alivió mi dolor.

De hecho, ahora mismo tengo un primo en Caracas muy delicado de salud, “Pablito”, quien también es uno de los primos más graciosos que tengo. Mientras escribo esto, a mi primo lo están por operar y el pronóstico es reservado. Además, tengo show de stand up esta noche y claramente me estoy preguntando si voy o no. ¿Qué pasa si Pablito se va mientras estoy haciendo reír? Esa es la parte no tan bonita de hacer comedia: aunque estés triste y preocupado, igual tienes que salir y tratar de hacer reír.

Hagan el ejercicio. Busquen un momento difícil de su vida y vean cómo la risa los ayudó a pasar el trago amargo. Créanme, no solo será revelador, sino sanador.

Bueno, ya escribí mucho, ahora les dejo la entrevista con Andreu para que la disfruten. Hasta la semana que viene:

 

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Desencuentro en el Bar Río, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
De cómo una historia de amor, nacida en el mundo digital, fue asesinada por un mozo mala onda

 

@SoyJuanette

Quiero iniciar la columna de esta semana explicando que, cualquier parecido con la realidad en la historia que estoy por contar no es coincidencia. Le pasó al amigo de un amigo mío. Hace algunas semanas, y después de hacer el tedioso lobby primero por redes sociales y luego por WhatsApp, finalmente La Chica aceptó ir a tomar un café con El Joven.

La Chica y El Joven se conocieron en una sesión de Zoom, mientras estaban en una clase virtual. No se sabe bien quién vio primero a quien, pero quiero creer que las miradas de ambos se cruzaron a través de una pantalla al mismo tiempo, tal y como dicta el romanticismo digital de hoy.

Según me contó mi amigo, El Joven quedó impactado con el rostro de La Chica, al punto de que luego de salir de clases la buscó en Instagram, pero no se atrevió a solicitarle la amistad. En la clase siguiente, el profesor compartió un documento por Google Drive para que todos en la clase agregaran su correo electrónico. Esto agradó mucho a El Chico, pues era la oportunidad de comunicarse con La Chica, al menos por correo… pero al consultar el documento compartido, estaban los mails de todos sus compañeros, menos el de La Chica.

La clase siguiente fue mucho peor, pues cuando El Joven se conectó descubrió que La Chica no estaba. Esa noche el profesor le recomendó un libro al curso y como ella no tenía la información, El Joven encontró la excusa perfecta para hablarle. Así que la buscó por LinkedIn, y le envió un mensaje con el libro.

La Chica le contestó al toque. Y desde ahí comenzó un ida y vuelta donde se conversó de tecnología, arte, signos zodiacales, gastronomía y hasta fotografía. Al terminar el curso, el contacto se mantuvo. Fue algo que no acordaron, pero ambos hacían lo imposible para seguir la comunicación.

Casi dos semanas después de la clase final, ambos se atrevieron a tomarse un café, sorteando así uno de los miedos latentes en el mundo digital: la desvirtualización. Y es que, en la mayoría de los casos, las conversaciones que ocurren fluidamente en el entorno virtual se desinflan cuando las personas se ven cara a cara. Sin embargo, contra todo pronóstico, la desvirtualización entre La Chica y El Chico fue un éxito.

Tras un par de cafés y luego de unas 4 horas de conversación, El Joven descubrió que no había visto su celular en todo ese tiempo, lo que para él era algo impensable ¿La razón? La Chica le había dicho que no le gustaba la gente que veía permanentemente el celular, pues, a veces por ese afán de estar conectado todo el tiempo, se perdía de las cosas hermosas que pasaban a su alrededor.

Luego de despedirse quedaron en volver a tomarse un café. Ambos coincidieron en no apurar las cosas. Pasaron varios días y no se comunicaron. Transcurrió una semana y arreglaron para encontrarse en el Bar Río de Janeiro un martes a las 19 horas. Ese día El Chico llegó media hora antes, y apartó una mesa muy cerca de la barra, pero lejos de la TV, pues esa noche jugaba Boca. Además, decidió apagar el celular para que nadie interrumpiera la conversación.

Minutos después un mozo se le acercó a El Chico para tomarle la orden, pero él le dijo que estaba esperando a La Chica. Poco después el reloj marcó las 19 horas, pero La Chica aún no llegaba; y así se vinieron las 19:30, las 20 y las 20:30. Evidentemente La Chica no fue y El Joven se marchó desmoralizado a su casa. Obviamente no la llamó, porque no quería quedar como alguien insistente. “Lo que no fue, no fue” se dijo.

Pasaron unos 15 días y una tarde, mientras El Joven caminaba por el parque Centenario, se encontró a La Chica. Al verse se saludaron fríamente y luego de dar varias excusas, La Chica preguntó: ¿por qué no llegaste?

El Joven le respondió:

−Yo estaba en El Café Rio, me senté cerca de la barra.

La Chica lo atajó y le explicó que ella se había sentado en una mesa afuera, que lo llamó al celular, pero estaba apagado. Por eso pensó que nunca llegaría. Incluso le contó que, cuando el mozo le fue a tomar la orden, ella le preguntó si no había un joven esperando a alguien, y este le había contestado que dentro del bar solo estaban 4 jubilados viendo el partido. Y por eso decidió irse.

Luego de conocer lo ocurrido, La Chica y El Chico se rieron, putearon al mozo mala onda y cuando el joven la quiso invitar a una nueva salida, ella lo atajó y le dijo:

−Aquel día me fui muy triste y cuando entraba al edificio me encontré con un viejo amigo, quien me invitó a tomar una copa y ahora estamos saliendo…

Y fue así cómo una historia de amor, nacida en el mundo digital, fue asesinada no por la desvirtualización, sino por un mozo mala onda.

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¿Se arregló?, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Les dejo el pódcast de Estefanía, Daniel y Chuchito, para que se responda usted mismo la pregunta: ¿de verdad Venezuela se arregló?

 

@SoyJuanette

En las últimas semanas la frase “Venezuela se arregló” está a la orden del día. Incluso ha sido tema de debate entre las personas que están allá y los que vivimos fuera de la patria de Bolívar. Yo había querido mantenerme al margen del tema, porque considero que como me fui hace ya cinco años, no tengo por qué opinar de una realidad que ya me es ajena. Pero, sin embargo, reflexionando mejor, aún tengo familia y amigos viviendo y padeciendo allá, por lo que algo de derecho debo de tener ¿no es cierto?

Confieso que, desde que me fui, no sigo muy de cerca las noticias de Venezuela, pero en los últimos días vengo escuchando que, al menos en Caracas, “la cosa está mejor”. “Ahora se hacen conciertos, hay plata en la calle, y está todo más tranquilo”, me comentó un amigo que aún vive en mi ciudad natal. Entre tanto en el centro del país ya la cosa es distinta, pues “mientras se celebra un festival musical en Puerto Cabello, los cortes energéticos y la falta de gasolina están a la orden del día”, me comenta otro de mis amigos que vive en Valencia.

Asimismo, el algoritmo de YouTube viene haciendo bien su trabajo, y “me sugirió” el pódcast El Cuartico, donde los comediantes Chucho Roldan, Estefanía León y Daniel Enrique compartieron un episodio donde viajaron a Caracas y mostraron cuál es la situación actual.

Durante el webshow, estos tres caraqueños, quienes hacen vida en México, se pasearon por varias zonas de la ciudad, para no solo mostrar cómo vive el caraqueño hoy, sino que opinaron de lo bueno y lo no tan bueno, de la capital de Venezuela.

Confieso que luego de ver el episodio, de alguna manera me reconcilié con mi ciudad natal, y me alegró escuchar que ahora la gente “está más alegre, y trata de vivir mejor”. Pero también hubo otra que fue un gancho al hígado: “El chavismo ganó”. ¿Qué quiere decir esto? Que el caraqueño de a pie ya no habla de política. La economía se reactivó, si se compara con lo que pasaba en Venezuela en 2016 y la gente trata de vivir una vida lo más normal posible.

Ahora bien ¿es condenable que la gente que se quedó en Venezuela viva mejor porque aún el chavismo está en el poder? Al contrario, quienes se quedaron tuvieron que “echarle un camión de bolas” para aguantar todo lo que se les vino, y que esté la situación económica mucho mejor que hace unos años, siempre es motivo de alegría, y debe serlo incluso para quienes ya no vivimos allá.

Les dejo el pódcast de Estefanía, Daniel y Chuchito, para que se responda usted mismo la pregunta: ¿de verdad se arregló?

Caracas: Lo bueno, lo malo y lo nuevo | 93 | El Cuartico

 

Cuando el cine despierta ¿Hay que dormirlo de nuevo?, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Cuando trato de retomar el stand up, la escritura y otras verduras, el cine despierta y se me sigue cruzando

 

@SoyJuanette

A la mayoría de las personas de mi generación nos educaron para que fuéramos médicos, abogados, ingenieros, contadores, etc. Por eso cuando le dije en mi familia que quería ser cineasta, muchas personas en mi entorno lo vieron como una rareza, pero sin embargo me apoyaron. De hecho, mis padres hacían lo imposible para tratar de costear mi carrera. Porque yo, en honor a la verdad, vivía en una nube.

Hasta que un día mi abuelita Jacoba me llamó al teléfono de línea, y me pidió fuera a hablar con ella. Luego de llegar a su casa, y tomar un café, me dijo:

−Tu papá no está pudiendo Juancito. Si de verdad quieres estudiar cine, entonces busca un trabajo, porque tu papá está rompiéndose el lomo para tratar de pagarte la carrera, pero no está llegando.

Tras esa frase de mi abuela, comprendí por qué papá se puso blanco cuando le dije que necesitaba una cámara 35 mm para mi clase de fotografía. Mi viejo me pidió que viera esa materia el siguiente semestre, porque “estaba la cosa complicada”. Después tuve que dejar “Sonido” también, pues tenía que comprar una consola y tampoco se podía. Tengo que confesar que me enojé muchísimo, porque a los 16 años no tenía idea de nada.

Pero la conversación con mi abuelita fue reveladora. Así que me arremangué, armé un CV y se lo di a mi tío Merejo para que me ayudara a encontrar un trabajo. Obviamente mi tío me ayudó, y pude retomar mis estudios. Además, pude ahorrar para ir a un festival de cine. Incluso fui a la EICTV a estudiar guion de cine con Senel Paz (autor de Fresa y chocolate).

Tras regresar a Venezuela, me di cuenta de que en un país donde se hacían tres películas al año, y a donde a todos nos educaron para trabajar de traje y corbata, era muy cuesta arriba trabajar en cine. Así que colgué la claqueta, y me enfoqué en ganar dinero. Trabajé en una empresa de telecomunicaciones, después fui productor en canales de noticias, y reportero en diarios. Pero muy dentro estaba aún el cine, como una materia pendiente, como un monstruo dormido.

Pasó el tiempo y, como ya saben, tuve que migrar. Y en medio de la pandemia, en confinamiento total (es decir en las condiciones más extremas e imposibles), el cine me buscó y me encontró: lo hizo a través de La uruguaya, la primera película colaborativa de la historia; un proyecto hermoso que me empujó a la piscina y me reencontró con el séptimo arte.

Ahora, cuando trato de retomar el stand up, la escritura y otras verduras, el cine se me sigue cruzando. Busca cualquier rendija para alcanzarme. ¿Será alguna señal? ¿Por qué digo esto? Porque, gracias a mis vínculos con personas del cine argentino, llegué a una maestría impartida en línea con el director Marcos Carnevale, que fue reveladora.

A través de 14 clases, Marcos cuenta cómo un niño nacido en Inriville Córdoba, se enamoró del cine, su acercamiento con Fellini, cuál es la esencia de sus películas y cómo buscar la propia. Y, obviamente, muchas técnicas de guion y producción cinematográfica. 

Tal vez para muchos son simplemente 14 clases de un director argentino; sin embargo, para mí fue inspirador. ¿Por qué les estoy contando esto? Porque, aunque me trato de escapar (todavía no sé bien por qué) el cine, sigue cruzándome. Trato de esquivarlo, pero él insiste, atravesándose en mi camino. ¿Qué debo hacer? En serio, se los estoy preguntando…

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Quedan los artistas, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
En Quedan los artistas Enrique Pinti da un mensaje alentador que invita a la sociedad a cuidar a los artistas, como último recurso para la salvación

 

@SoyJuanette

El domingo 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, en Argentina nos despertamos con una triste noticia: Enrique Pinti, el último capo cómico del teatro argentino, murió en la madrugada a los 82 años. La diabetes y la depresión producto de la pandemia se lo llevaron. Con Pinti se fue para mí la posibilidad de ver en acción a uno de los cómicos históricos del país.

Antes de la pandemia, Pinti estaba presentando en el Multiteatro el showEl último que pague la luz, si puede”. Un par de veces quise ir, pero siempre lo dejé para después. De hecho, Pinti ya tenía escrito su próximo espectáculo, que estaba ensayando en su cama del Hospital Otamendi tres días antes de morir… ahora no hay un después.

Conocí la obra de Pinti la primera vez que vine a Buenos Aires. Estaba mirando libros en la librería Libertador de la calle Corrientes, y me topé con dos textos suyos: Del 25 de mayo al desmayo y Salsa criolla, que fue por cierto el título de su monólogo más conocido.

Salsa criolla ostenta el récord de 2998 presentaciones, y fue vista por casi tres millones de espectadores. Esta obra tuvo su génesis durante la dictadura militar bajo el nombre de “Pan y circo”. En la puesta, Pinti narraba, en tono de humor, la historia del mundo, excepto la de Argentina, esto por razones obvias.

Según relató el propio Enrique Pinti en una entrevista con el diario La Nación, la obra fue escrita en tiempos de dictadura, pero no se pudo estrenar sino hasta dos años después de la llegada de la democracia. Exactamente el 15 de marzo de 1985, con texto, letras, dirección y protagónico de Pinti.

Pero ¿cuál fue la clave del éxito de Salsa criolla? Además de ser una radiografía de la historia argentina, para muchos lo que hace de esta obra una pieza magistral es su monólogo final, que se iba transformando a medida que la Argentina también iba cambiando.

Aunque indudablemente la frutilla del postre es la canción Quedan los artistas. En ella Enrique Pinti exalta el arte, como una expresión que trasciende gobiernos, pestes, guerras, espacios e incluso tiempo. Sin duda un mensaje alentador que invita a la sociedad a cuidar a los artistas, como último recurso para la salvación.

Hasta siempre Enrique, y gracias por quedarte entre nosotros a través de tu obra.

Letra de Quedan los artistas

Pasan los años, pasan los gobiernos,

Los radicales, los peronistas,

Pasan veranos, pasan inviernos.

Quedan los artistas.

∼ ♦ ∼

Pasan las crisis, pasan las guerras,

Pasa la prensa sensacionalista,

Las prohibiciones, las listas negras.

Quedan los artistas.

∼ ♦ ∼

Pasa la belleza, y la juventud,

Los optimistas y los pesimistas,

Pasan las pestes, pasa la salud.

Quedan los artistas.

∼ ♦ ∼

Pasan los mecenas, pasan los censores,

Pasan hipócritas y moralistas,

Tiempos peores, tiempos mejores.

Quedan los artistas.

∼ ♦ ∼

Si no fuera por Homero y por ese Partenón,

¿Quién sabría algo de Grecia y su civilización?

Roma sigue siendo Roma, aunque la quemó Nerón,

No habrá censura que pueda contra el Decamerón.

Hitler ocupó París y mucha gente temblaba,

Pero no pudo lograr que la Gioconda llorara.

∼ ♦ ∼

La fuente de Lola Mora sigue tan desfachatada,

Y ni Franco consiguió que La Maja se tapara.

Por eso no le temo a las pasiones,

Ni a la vejez ni a los psicoanalistas,

Ni a los fracasos ni a las frustraciones, porque soy artista.

∼ ♦ ∼

De veras que no sé si bueno o malo,

Ni más ni mucho menos que humorista,

Que ha recibido elogios y algún palo, como todo artista.

Y ustedes al venir me dan más fuerza,

No habrá fantasma que se nos resista,

Ni crisis que nuestra senda tuerza,

Mientras ustedes cuiden a sus artistas.

Quedan los artistas, quedan los artistas, quedan los artistas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Como ORSAI no hay!, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
La casa de Comunidad Orsai será una incubadora cultural que reunirá a comediantes, cineastas, escritores, poetas y cultores lo suficientemente locos para emprender proyectos fuera de lo común

 

@SoyJuanette

Si cree que este artículo tiene que ver con aquella famosa marca que vende trajes en Venezuela, permítame aclararle amigo lector que no es así. Esta semana quiero contarles de un lugar maravilloso que inauguró su sede hace poco en la Ciudad de Buenos Aires: la Comunidad Orsai.

Pero… ¿qué es Orsai?

Orsai es una revista que se financia sin publicidad, es decir solo vive de las ventas de ejemplares, y que da trabajo a autores e ilustradores. Fue fundada en el año 2011 por Hernán Casciari, conocido en los bajos fondos como “el Gordo Casciari”. En su momento nació como una respuesta al monopolio de grandes editoriales que ofrecían tratos desiguales a los escritores.

Luego, con el paso del tiempo, Orsai se convirtió en editorial, pero con un modelo que les abre el juego a los autores, a quienes les ofrece un trato igualitario, es decir, gana la editorial y en igual medida, también el escritor.

Posteriormente y durante la pandemia, el Gordo fue por otro molino de viento: las productoras de cine. Y es que, en pleno confinamiento, a Casciari se le ocurrió rodar la primera película colaborativa de la historia, desde su casa y por Zoom.

Para llevar esta empresa adelante, compró los derechos de la novela La uruguaya, de su amigo Pedro Mairal; y reclutó a un equipo de lujo para escribir el guion, elegir los actores, producir y dirigir la película. Para esto último convocó a la realizadora argentina Ana García Blaya.

¿Qué fue lo novedoso? El proyecto no se financió a través de ningún fondo público o privado, sino de socios productores que, a cambio de un bono de 100 USD, pudieron participar en las decisiones de guion, casting, como extras en el rodaje (tanto en Buenos Aires como en Montevideo) y hasta en la fase de posproducción. De esta hermosa locura formamos parte casi dos mil productores asociados. Cabe destacar que, una vez estrenada, los socios reciben dividendos proporcionales al monto que invirtieron.

La uruguaya fue la piedra fundacional de Orsari Audiovisuales, donde actualmente estamos produciendo la serie Canelones y el documental Sola en el Paraíso. Eso sin contar que en Orsai ya desde hace un rato se vienen produciendo obras de teatros y hasta pódcast. ¿Ahora entienden por qué digo que como Orsai no hay? 

En fin, quiero aprovechar mi columna semanal para celebrar la inauguración del espacio Orsai. No tengo duda que se convertirá en el cuartel general no solo de mis proyectos, sino de miles de proyectos.

La casa de Comunidad Orsai será una incubadora cultural que reunirá a comediantes, cineastas, escritores, poetas y cualquier cultor que estén lo suficientemente locos para emprender proyectos fuera de lo común.

¿Qué se viene?

Como en la Comunidad Orsai no se puede estar tranquilos, ahora se está llevando adelante un concurso de anécdotas, donde el ganador no solo verá su cuento en la pantalla, sino que se llevará un pote en dólares.

Y por si esto fuera poco, también ya se está trabajando en la Universidad Orsai, la primera casa de estudios de narrativa en español. ¿Qué haremos después? Conociendo a Hernán y a la Comunidad Orsai, seguramente nos convenza de ser la primera comunidad en enviar a un venezolano a la luna… mucho me temo que ese venezolano seré yo.

Bueno, ahora los tengo que dejar, porque la casa Orsai abre a las 9 y no quiero llegar tarde a ese maravilloso lugar. Si vives en Buenos Aires o llegas a venir, te esperamos en Serrano 1141.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Y ahora de qué escribo?, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
La idea de ‘¿Y ahora de qué escribo?’ es que me dejen en los comentarios en mi cuenta de Instagram @soyjuanette, cuál es el tema que me sugieren

 

@SoyJuanette

Hay una frase que han puesto de moda youtubers e influencers por todas las redes. Esa frase que anuncia la llegada de nuevos proyectos es “se vienen cositas”. Y bueno eso, quiero anunciarles que “se vienen cositas”.

Quienes son asiduos lectores de mi columna, es decir mi madre y mis dos hijos (a quienes obligo a leerme), saben que ya tengo más de 10 años publicándola. Este espacio de escritura nació bajo el nombre Desde el rincón, porque básicamente lo escribía en un cubículo del ciber de la Universidad Católica Santa Rosa, y este quedaba en un rincón; aclaro que hablo del cubículo y no del ciber.

Al principio escribía de política, pero como esta es un chiste en sí misma, se fue transformando en un nuevo espacio que se llamó No se puede vivir sin humor, que, por cierto, es el título de mi libro, que puedes descargar gratis.

Tras la publicación de mi libro, que justamente coincidió con mi primer año en Argentina, continué con la columna por unos años, hasta que llegó la pandemia. Y mi amigo Alexander Almarza, un gran caricaturista venezolano residenciado en Miami, me ofreció gentilmente ilustrar cada una de mis columnas semanales, pero como una excusa para que habláramos todos los días y poder seguir chismeando. El resultado es nuestro nuevo libro titulado No es el fin del mundo todavía.

Ese segundo libro está en edición. Una vez esté publicado les daré las coordenadas. En fin… como no puedo estar tranquilo, y estoy un poco alejando del stand up por ahora, decidí emprender un nuevo proyecto, pero voy a necesitar de la ayuda de mi comunidad en redes. A esta nueva idea la llamo “¿Y ahora de qué escribo?

La idea de ¿Y ahora de qué escribo? es la siguiente: ustedes me dejan en los comentarios en mi cuenta de Instagram @soyjuanette, cuál es el tema que me sugieren para que yo escriba y así yo lo escribo, “es refácil”. Obviamente la persona que proponga una temática para producir mi columna, y resulte elegida, recibirá los créditos, es decir, le agradeceré en público.

Pero no solo escribiré la nota, sino que, como la gente ya lee cada vez menos, yo se las leeré a través de un reel, que publicaré semanalmente en mi Instagram. Imagínate, lo puedes escuchar mientras te duermes ¿No es genial?

Bueno, apúrense y déjenme por mensaje privado, SMS, DM, en un hilo de Twitter o por señales de humo, lo que les gustaría que escriba para la semana que viene, porque como verán, se me están acabando las ideas. De hecho, la columna de esta semana, podría ser uno de mis últimos suspiros creativos.

¡Déjenme su mensaje en esta publicación después del tono!

Bip (ese es el tono).

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