Juan E. Fernández, autor en Runrun

Juan E. Fernández

De Sabrina Love a La Uruguaya, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Fue maravilloso la aventura cinematográfica de La Uruguaya, una película colaborativa vía Zoom y pandemia de por medio

 

@SoyJuanette

El mes de noviembre se ha convertido para mí en un mes de cambios trascendentales en mi vida, a veces buenos y otras no tanto. Por ejemplo, el 6 de noviembre de 2016 migré a la Argentina; el 10 de noviembre de 2018 mi padre murió en Caracas, pero también ese día celebro todos los años, desde hace 42, el nacimiento de mi prima Yomines, que es más bien mi hermana.

Desde que murió papá, cada 10 de noviembre se convierte para mí en un día triste obviamente, pero este año mi viejo desde el cielo me dio un regalo: movió todas sus influencias en el universo para que yo terminara siendo extra de La Uruguaya, esa película maravillosa de la que participo como productor asociado desde mediados de este año.

Fotograma del filme La Uruguaya.

Coincidencialmente, hace exactamente 20 años vi en el Festival Internacional de Cine de La Habana una de mis primeras películas argentinas: Una noche con Sabrina Love, protagonizada por Cecilia Roth, Tomas Fonzi, Norma Leandro (entre otros) y basada en una novela de Pedro Mairal. Qué me iba a imaginar yo que, 20 años después, sería productor de una película argentina (y uruguaya), basada también en una novela de Mairal; es decir, que hace unos días se cerró un círculo perfecto de mi historia con el cine y con Mairal.

No sé qué pasará con La Uruguaya una vez que se estrene. Puede que tenga un modesto paso por las salas comerciales y termine en una plataforma. O que “la rompamos toda”, como decimos acá en Argentina cuando triunfamos, y terminemos ganando festivales.

Lo que sí puedo asegurar es que este hermoso proyecto al que pertenezco no solo me ayudó a desempolvar mi amor por el cine, sino que me enseñó que nunca es tarde para cumplir los sueños, sean profesionales o no. Y que a veces, sin imaginarlo, simplemente te llega la oportunidad.

Creo que por lo dinámico y maravilloso que resultó esta aventura cinematográfica de producir la primera película colaborativa de la historia, vía Zoom y pandemia de por medio, no fue sino hasta que me vi frente a la cámara que reparé en el camino recorrido durante estos 20 años.

Tal vez para muchos simplemente sea una boludes, y hasta dirán “pero solo saliste tres segundos en pantalla”. Pero para mí es supersignificativo ser parte de esta hermosa empresa productora colaborativa que es Orsai contenidos.

 
 
 
 
 
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Ahora quiero terminar mi columna de esta semana con lo que diría en mi discurso de aceptación tras recibir, hipotéticamente claro está, el premio al extra del año (que tal vez diga en el preestreno de La Uruguaya que realizaremos en la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires):

Gracias a Gabo Grosvald no solo por permitirme ser parte sino por la producción de ese pódcast maravilloso donde diariamente nos iba contando cómo se desarrollaba cada una de las fases de la película.

A Chiri y al resto de los compañeros por dejarnos participar del guion desde su nacimiento; a Javier Beltramino por permitirme ser parte del grupo de prensa, encargado de propagar la noticia de nuestra película por todo el mundo.

También quiero agradecer a Nacho Merlo, por la buena onda siempre y por ser un gran compañero de jornada; a Anita García Blaya, nuestra directora, quien se convirtió en la primera directora de cine en dirigirme jajaja y es la líder indiscutible del proyecto junto con Joaco y Hernán. Obviamente a Fiorella Bottaioli por regalarnos una maravillosa “Guerra” y a Sebastián Arzeno por meterse en la piel de Lucas Pereyra.

Finalmente, pero no menos importante, a Hernán Casciari por sus descabelladas y hermosas ideas por las que lucha hasta volverlas realidad. Y claramente a los casi dos mil coproductores de todo el mundo que hicieron posible todo esto.

Y no puedo dejar de agradecer a La Academia.

Para terminar, les dejo una notita que nos hicieron para que conozcan de qué va La Uruguaya. Haz clic en la foto y te llevará al video de la reseña de AFP en su canal de Youtube:

De Sabrina Love a La Uruguaya, por Juan Eduardo Fernández_@Juanette.
Captura de pantalla de la reseña de la agencia AFP sobre el filme colaborativo La Uruguaya.

Hasta la semana que viene.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Roberto Moldavsky, el top top del humor, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Además de ser muy gracioso, el comediante Roberto Moldavsky demostró que nunca es tarde para cumplir un sueño

 

@SoyJuanette

En mi columna de esta semana les quiero hablar de quien es para mí, y para muchos, uno de los mejores comediantes de la Argentina. Pero además de ser muy gracioso demostró que nunca es tarde para cumplir un sueño. Hoy les quiero contar la historia de Roberto Moldavsky.

Como esta columna se lee mucho en Venezuela, España, Estados Unidos, tal vez muchos no le conozcan, así que les relato: Roberto Moldavsky fue hasta hace una década un comerciante de camperas (chaquetas) en el barrio de Once en Buenos Aires, hasta que un día se anotó en un curso gratuito de stand up en la AMIA, y como él mismo contó en una entrevista: “Lo tomé porque era gratuito, y para un judío cuando escucha gratis, no hay quien lo detenga”.

En aquel momento Roberto tenía casi 50 años, dos hijos, cuentas por pagar y muchas responsabilidades más. Pero decidió tirarse a la piscina y luchar por vivir de la comedia, pero además lo hizo a una edad donde todos pensarían que su tren ya pasó.

Obviamente no fue fácil Y, como hacemos todos en el mundo del stand up, tuvo que volantear en la calle para meter gente, presentarse en el under, y hacer eventos privados. Hasta que con esfuerzo pasó al teatro de la mano de Gabo Grosvald, después pasó a la Tele en el programa de Gerardo Rozin y finalmente al rey midas del teatro argentino, Gustavo Yankelevich.

La primera vez que vi a Roberto Moldavsky fue en La Peña de Morfi, un programa de cocina dominguero donde invitaban a varios humoristas y músicos para que divirtieran al televidente mientras estaba la comida que un cocinero y su asistente preparaban. Era un tipo gordo y barbudo cuya ceja le daría envidia a Frida Kahlo. Recuerdo que contó un chiste de judíos que me hizo escupir el café.

En aquel entonces, estoy hablando de hace unos cinco años, yo estaba llegando a la Argentina con más dudas que certezas, y tratando de encontrar mi tipo de humor. Una de mis grandes inquietudes era ¿será que los argentinos se reirán de mis chistes? Y dar con Roberto en aquel programa me abrió sin duda una puerta.

A través de su humor, Roberto Moldavsky muestra con gracia las internas del mundo judío para los “goy, goy”, que es como nos dicen los judíos a quienes no lo somos. Pero no solo se queda en eso, sino que también hace comedia con la actualidad política y con la cotidianidad; esto lo hace un comediante muy versátil.

Aunque “Rober” no lo sabe, yo tengo mucho que agradecerle, pues luego de conocer su historia, él me inspiró. Esto es algo que no conté hasta ahora, pero cuando migré, algunos días me cuestionaba si había tomado una buena decisión, pues había dejado una vida hecha y cierto reconocimiento profesional para empezar de nuevo, y muchas veces parecía que no lo lograría.

El gran Roberto Moldavsky, en el centro de la foto.

Pero con el tiempo descubrí que la vida que llevaba en Venezuela estaba buena, pero no era quien realmente quería ser, y, cuando comencé a hacer comedia en Buenos Aires cumplí (y sigo cumpliendo) mi sueño.

Cuando llegué a la Argentina en 2016 no podía permitirme una entrada al teatro para ver ni a Roberto Moldavsky ni a nadie, pues la meta era poder traer a mis hijos a esta tierra. Pero una vez que pude hacerlo, y ya estando mucho mejor económicamente, cada año voy a “pagar promesa” al show de Moldavsky, como si fuese a Fátima, Lujan o al muro de los lamentos (para que él entienda).

¡Gracias Roberto!

En fin, háganse el favor de ver a Roberto, les puedo garantizar que no pararan de reír:

Video: Roberto Moldavsky – Odio viajar en avión | Canal en Youtube de Roberto Moldavsky

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Carlitos no se deja ver, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
El sábado pasado Charly García, el emblema del rock argentino (junto con Spinetta) cumplió 70 años. Y una vez más se escapó de mis manos la posibilidad de verlo

 

@SoyJuanette

El sábado pasado Charly García, el artista emblema del rock argentino (junto con Spinetta) cumplió 70 años. Y una vez más se escapó de mis manos la posibilidad de verlo como fanático y no como un periodista más que cubrió su recital en la plaza Diego Ibarra de Caracas.

Mis encuentros o más bien mis desencuentros con Carlos Alberto García han sido históricos, al menos para mí, pues siempre estoy “a punto de verlo”. Pero por alguna razón no llega a ocurrir. Cada vez que me pierdo por Buenos Aires, y me dejo llevar, inexplicablemente mis pasos terminan en Coronel Díaz y Santa Fe (donde vive el artista), tal vez con la esperanza de cruzarme con Charly comprando pan o tomándose un whisky en la vereda. Pero hasta ahora no ocurrió.

En fin, hace unos días Buenos Aires era una fiesta y ofrecía muestras fotográficas, gigantografías del cantante y hasta dos conciertos para festejar los 70 años del músico argentino. Y una vez más casi toco el cielo con las manos. Pero, como siempre, no pudo ser; tuve que conformarme con verlo por la tele.

Video: Charly García festejando sus 70 años – #CharlyCumple | Televisión Pública

 

En el CCK, el Ministerio de Cultura de la nación organizó un recital gratuito y obviamente conseguir una entrada era imposible. El caso es que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires se hizo lo propio, pero en el Teatro Colón. Para ello se usó el bot de la ciudad: supuestamente si uno enviaba el hashtag #CHARLYBA podías hacerte con un boleto; pero misteriosamente todos los que fueron al famoso teatro porteño el sábado pasado eran, en su mayoría, personalidades y políticos (seguro ellos enviaron la etiqueta antes que el resto de los mortales). Así que tuve que ver ambos recitales por TV.

Pero no todo fue negativo en el cumple de Charly, pues mientras yo puteaba y me lamentaba por no haber ido, mi hijo se acercó con un retrato del cantante dibujado por él, me lo entregó y dijo: “Ya fue viejo, pasá la página”. Luego de su comentario nos cagamos de risa y seguimos viendo el recital.

Aquella misma noche recordé cuando escuché por primera vez una canción de García: ocurrió en los pasillos de la Escuela de Ingeniería de la UCV, en los puestos que vendían casetes, creo que fue en 1997. Recuerdo que estaba buscando libros para comprar cuando de repente comenzó a sonar el tema Los Dinosaurios y me voló la cabeza, tanto así que no compré ningún libro sino que me llevé a Charly a mi casa.

Video: Charly García – Los dinosaurios | Cheskoslavia

En aquel TDK de 60 minutos descubrí no solo Los Dinosaurios, sino grandes joyas del rock nacional como Canción para mi muerte, Promesas sobre el bidet, Cerca de la revolución y un puñado de canciones más que me volaron la cabeza.

Cuatro años después me reencontré con Carlitos en el Festival Internacional de Cine de La Habana, específicamente durante una escena de la película Una noche con Sabrina Love, donde hace un cameo dentro de una tina junto a Cecilia Roth. La tercera vez fue en el mismo festival a través de sus canciones que fueron la transición temporal de Gastón Pauls y Ariadna Gil en Nueces para el amor.

Años después, ya recién casado, elegí junto con quien fuera mi esposa venir a Buenos Aires de luna de miel y, entre las actividades, planificamos la posibilidad de ir a un concierto de Charly, pero no se pudo. ¿Por qué? porque Carlitos estaba internado en la clínica neuropsiquiátrica Dharma por un cuadro de “excitación psicomotriz”. Sin embargo, paradójicamente, esa fue la oportunidad que lo vi más de cerca. Esto ocurrió así:

Estábamos caminando por la ciudad, cuando de repente vimos gran algarabía en la puerta de un edificio y al acercarnos observamos que en las paredes había fotos de Charly, flores y discos. Resulta que, sin saberlo, paramos a las puertas del sanatorio donde estaba el artista, y de repente todo el mundo comenzó a gritar pues desde una de las ventanas apareció el cantante y saludó.

La quinta vez que me crucé con Carlitos fue en Caracas. Sí, en mi ciudad. Fue cuando el gobierno llevó a Charly García a dar un concierto en la plaza Diego Ibarra, donde estuve en su recital (bastante lejos del escenario, por cierto) y con la promesa de poder entrevistarlo. Confieso que ese día me temblaban las piernas. Pero como siempre algo ocurrió: tras esperar una hora, la persona de prensa dijo que Charly se había ido. Apenas el hombre decía esto el cantante pasó cerca de nosotros en un auto, nos sacó la lengua y siguió su camino.

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La primera vez, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Hablar con Reuben Morales me tranquilizó, sobre todo cuando me dijo que “hiciera lo que hiciera, el miedo se iría cuando me presentara ante el público… Ahí me desmayé

 

@SoyJuanette

El domingo pasado regresé al escenario después de tres meses, y cuando estás tanto tiempo alejado sientes como que empezaras de nuevo en el stand up. Es por eso que les quiero compartir el artículo que escribí en el año 2015 cuando me presenté por primera vez en mi vida:

Pocas veces había tenido tanto miedo como aquel martes en el que por primera vez presentaría una rutina humorística ante un público que pagó.

Aunque nos dijeron que llegáramos dos horas antes del show, yo llegué tres, con la esperanza de que si llegaba más temprano saldría de eso rápido y se iría el miedo. Pero eso no fue lo que ocurrió. De hecho, un trabajador del teatro que de verdad fue superamable me preguntó:

–Buenas tardes Sr., ¿en qué le podemos ayudar?

– Es que me presento hoy en el show de stand up

– Pero pase directo a su camerino, por aquí por favor.

Fue allí cuando caí en cuenta de lo que estaba por hacer. Recuerdo que pensé “este es el momento de correr, total nadie ha llegado aún”. Pero el empleado del teatro prácticamente me empujó a “mi camerino” (que no era solo mío sino también de mis otros 24 compañeros) y una vez dentro me encontré con nuestro profesor y ahora sin duda un buen amigo: Reuben Morales.

Hablar con Reuben me tranquilizó, sobre todo cuando me dijo que hiciera lo que hiciera, el miedo no se iría sino cuando me presentara ante el público… Allí fue cuando me desmayé.

Cuando volví en mí, nadie me ayudó a levantarme. Todos estaban demasiado asustados para darse cuenta de que yo estaba en el piso. Nos encontrábamos en una especie de lobby que hay en el área de camerinos mientras Reuben, en privado, redactaba la lista con el orden de los comediantes que nos presentaríamos esa noche… obviamente para ayudarnos a no estar tan nerviosos, se tardó un mundo. Finalmente salió del camerino y pegó la lista en la pared sin mediar palabra. Todos nos acercamos para descubrir el orden que el azar (más bien Reuben) había decidido.

La suerte quiso que, antes de mí, se presentaran 10 personas, lo que avivó mucho más mi temor. Aunado a eso, el productor del show entró a avisarnos que no podíamos iniciar a la hora prevista pues todavía había varias personas comprando boletos.

Pasada media hora llegó el momento y por fin debutaríamos ante el público. Esa noche descubrí una energía mágica y poderosa que nos envolvió a todos y que nos dio la fuerza para salir al escenario: la fuerza del humor.

Cuando llegó mi turno y comenzó a sonar la música, salí bailando, lo que hizo reír a todos. Pero lo más cumbre del relato es que no estaba bailando en plan cómico, sino que bailo tan mal que doy risa.

Mi premisa para el show era “un hombre no puede confiar en su mejor amiga”, allí argumenté que los hombres que confían en su mejor amiga están condenados (sí, leyó usted bien) a casarse con ella; y también ofrecí algunos trucos para sortear todos esos obstáculos que te ponen esas mujeres que conocen todos tus puntos débiles (las esposas y las hijas). Pero no les digo más, porque si no cuando me presente no van a querer ir a verme.

En resumen, les debo contar que la presentación de todos fue un éxito; de hecho, la noche siguiente nos presentamos y también gustó.

Quiero despedir mi crónica con algo que decía mi amigo el Negro Adrián: “Aunque la cosa vaya mal, y se vea todo cuesta arriba, siempre, siempre hay que sonreír… porque es muy chévere estar alegre, y porque es una de las pocas cosas que todavía es gratis”.

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El hombre que se negaba a morir, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Mi Loco, el hombre que no quería morir, se salió con la suya porque sigue vive en cada una de las historias que recuerdo. Y que les iré contando…

 

@SoyJuanette

La otra noche tuve un sueño: estaba en la calle Panorama, de Catia, donde vivieron por muchos años mi abuela Jacoba y mi abuelo Miguel. Se estaba celebrando una reunión, pero era bastante rara porque había personas ya muertas como la misma Jacoba, mi padre, mi tío Santiago y otros tantos más que ya no están. Lo particular es que yo sabía que estaban muertos, pero ellos no lo sabían.

Había una sensación rara porque estaban absolutamente todos los miembros de mi familia; no era un cumpleaños, no era un matrimonio, no era un bautizo, pero todos estaban ahí. Mi abuelo Miguel iba y venía saludando a todos. Hasta que no me aguanté y le pregunté a mi primo Jonathan qué estábamos celebrando.

–No te puedo decir Juancito, es complicado…

–Dale, dime –insistí.

–Estamos en el velorio de mi abuelo Miguel.

–Pero si lo acabo de ver bailando en la sala, le contesté sorprendido.

La respuesta de mi primo fue impresionante: “es que no se quiere ir, tú sabes cómo es Mi Loco (el apodo de mi abuelo), y nosotros no queremos decirle. Él tiene que darse cuenta solo.

Mi abuelo era un tipo divertidísimo que saludaba a todo el mundo con el grito: “cómo estás, mi loco” y por eso le quedó el apodo. Había nacido en Santa Lucía, una localidad ubicada en los Valles del Tuy en 1926 y fue bautizado como Miguel Correa y Bolívar, segundo apellido al que siempre acompañaba de la frase “igual que el Libertador”.

Mi Loco era maestro de obra de profesión, pero también había sido parrillero, chofer y hasta boxeador. De hecho, esa inclinación por aquel deporte le dio su primer trabajo cuando estaba en la escuela. Así no los contaba siempre:

“Mi primer trabajo fue cuidando al hijo del prefecto del pueblo, creo que teníamos como 10 años. Él era un muchachito muy quedao (tímido) y todo el mundo se metía con ese niño. Hasta que un día el prefecto, que ya me conocía por mis travesuras, me ofreció un medio (25 centavos) para que lo cuidara. Y, por supuesto, acepté”.

Pero luego venía la parte cumbre de la historia. Continuaba mi abuelo: “Pasaron como dos meses y el prefecto un día se me acerca y me dice: “Miguelito ya no te vamos a necesitar más, pues no se meten más con Julio, así que gracias por todo”.

Según relataba Mi Loco, esto le dio mucha rabia porque le gustaba el trabajo de guardaespaldas, por lo que ideó un plan para no quedar desempleado: le ofreció a los que se metían con Julio un medio para que se volvieran a meter con el niño. Así que esta vez, cuando el prefecto vino a solicitar de sus servicios, le cobró 50 centavos (así por un tiempo se ganó sus 25 centavos e invirtió la otra mitad en los truhanes).

Bueno volviendo al sueño, recuerdo que lo perseguí por toda la casa durante esa extraña fiesta, pero él huía de mí, pues sabía que lo que tenía para decirle no le iba a gustar. Hasta que caminó por un pasillo donde había un espejo y no se vio reflejado, entonces volteó, me vio y una lagrima recorrió su mejilla.

Me acerqué, le di un abrazo y me dijo:

“Juancito, no dejes que me olviden”, dio media vuelta y desapareció entre la gente. Obviamente me desperté llorando, pues hacía mucho tiempo que no soñaba con mi abuelo y es por eso que les estoy contando una de las tantas historias de Mi Loco, que de vez en cuando les iré relatando.

Hoy, más de 15 años después de su muerte a los noventa y tantos años, Mi Loco, el hombre que no quería morir, se salió con la suya porque sigue vive en cada una de las historias que recuerdo. Y que ahora ustedes irán conociendo.

Y tú, ¿tuviste un abuelo como Mi Loco?

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La carta, el adelanto tecnológico que cambiará al mundo, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Como soy un tipo precavido, ante la caída de Facebook me compré 100 hojas, 100 sobres y un bolígrafo. Ya estoy preparado para el apocalipsis

 

@SoyJuanette

Tengo que confesarle, amigo lector, que esta no era la columna que se publicaría el día de hoy; pero como el editor de esta web no tiene Telegram, y WhatsApp está caído, he decidido enviarla por Correos Argentinos, así que seguramente la leerá usted en 6 meses.

Con la caída de WhatsApp, Instagram y Facebook no me quedó otra cosa que ponerme a trabajar. Es por eso que usted está por leer tal vez una de las mejores columnas que he escrito. Esto tiene que ver con la imposibilidad de procrastinar que experimento por culpa de ese malvado hombre llamado Mark Zuckerberg.

Yo creo que Mark está haciendo una prueba para ver qué tan dispuestos estamos a pagar por las redes sociales; y de confirmarse esta información, deberemos entonces pedir disculpas a esa tía que, a través del grupo de la familia, envió aquel link que decía “ALERTA: WhatsApp ahora será pago”.

La verdad, con estas fallas en las aplicaciones más usadas por el mundo, o al menos por mí, me doy cuenta de lo alienado que estamos. Aunque quiero aclarar que me alegré cuando comenzó a fallar también Gmail y Google, pues pensé que podría ocupar mi día navegando en Tinder. El tema es que también falló.

Pero ahora hablando un poco en serio, con la caída de WhatsApp por más de seis horas sudé frío, pues, como ya les he contado, tengo muchos amigos y familiares en varias partes del mundo; y la imposibilidad de no escribirles frecuentemente, básicamente por no tener el medio desde donde hacerlo, me asustó un poco.

Así que mientras unos conectaban y descontaban el modem, apagaban y prendían el celular, o le rezaban al santo del Internet para que volvieran las redes y el WhatsApp, yo que soy un tipo precavido me compré 100 hojas, 100 sobres y un bolígrafo; esto con el fin de prepararme para el apocalipsis.

Pero no se preocupe, que no todo está perdido. La posibilidad de incomunicar a las personas es solo una ficción, pues según leí en la revista Harvard Business Review, hay un nuevo adelanto tecnológico que está llamado a saltarse los controles de las redes y hasta el blackout del internet: la carta.

La carta no es más que un documento manuscrito para el que solo se necesitan una hoja (donde se escribirá el contenido); un bolígrafo o lápiz (dispositivo desde donde emanará la tinta o el grafito para plasmar la comunicación); un sobre (que será el dispositivo donde se encriptará el mensaje). Y, por último pero no menos importante: la lengua (pues gracias a la saliva que usará el remitente para cerrar el sobre, se garantizará la seguridad de la información).

Lo bueno de la carta es que, al igual que se hacía antiguamente en la época del internet, también se maneja con buzones de recepción y envío. Pero el mensaje en lugar de viajar por la red, que ya sabemos que puede caerse, será transportado por una persona llamada cartero. Y las únicas tres maneras de que este se caiga es: que no sepa manejar moto, que lo persiga un perro, o que esté muy borracho para caminar.

Sin más que agregar me despido, suyo de ustedes “Juanette”

Escrito en la ciudad de Buenos Aires el 5 de octubre de 2021.

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El billete roto, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Hoy quiero levantar mi voz por aquellos que no pueden hablar. Hay algunos que estuvieron de moda, que causaron furor, que despertaron pasiones, pero hoy son rechazados… los billetes rotos.

Hoy recibí una lección de “El Rosas” y “El Profesor”. Aclaro que no es el de La casa de papel, sino otro: Juan Manuel de Rosas, mejor conocido como el del billete de 20 pesos; y de Domingo Faustino Sarmiento (quien era maestro), también llamado “el señor del billete de 50 pesos”.

Todo ocurrió la mañana del lunes, cuando me levanté temprano y caminé a la carnicería para comprar algo de pollo para la semana, pues, para alguien que vive solo, lo mejor es comer lo mismo todos los días. De esta manera la neurona que usarías para decidir qué vas a comer cada día, la puedes enfocar en alguna idea por la que sí te pagan las compañías para las que trabajas.

En fin, cuando fui a la carnicería hice mi pedido y pagué con 200 pesos, que en dinero de Argentina son “dos evitas” o “dos rocas”, que no es por el actor de La falla de San Andrés sino por Julio Argentino Roca, el presidente que sale en los billetes viejos de 100 pesos. Luego de pagar, el carnicero me regresó un billete de 50 pesos (un sarmiento o un profesor ¿recuerdan?), pero demasiado enrollado para mi gusto, así que lo desplegué y vi que estaba roto. Acto seguido ocurrió esto:

Juanette: ¿Disculpa, me puedes cambiar este billete? está en mal estado.

Carnicero: La verdad yo no lo veo mal

Juanette: Está roto, le falta un pedazo

Carnicero: Cuando vayas a pagar lo enrollas y no se dan cuenta.

Juanette: Es decir, si yo te pagara con este billete ¿me lo recibirías?

Carnicero: Bueno ya no porque el billete ahora es tuyo así que agárralo y vete.

Juanette: Mejor hagamos algo, toma tus pechugas (bueno las del pollo), tu billete roto y dame mis dos evas…

Carnicero: Vas a dejar de comer por un billete roto ¿en serio?

Juanette: No, creo que llegó la hora de meterme a vegetariano.

Luego de tomar de dejar mi compra y tomar mis 200 pesos, dejé la carnicería de un portazo. Caminé unos metros y entre en la verdulería, compré algunos vegetales, una tapa de tarta y pagué con mis 200 pesos ¿Adivinen cuánto fue el cambio? Exacto, 50 pesos. Así que tomé mi sarmiento, bastante más derruido que el que me había dado el carnicero y me fui a mi casa.

En el camino me encontré en el piso un billete de 20, o un rosas ¿por qué nadie lo recogía? Porque no vale un carajo, pero como soy una persona de buen corazón lo recogí… obviamente también estaba en mal estado.

Chicos hoy les dejo dos lecciones: los vegetales no son más ricos que la pechuga grillada… y si te dan un billete roto, recíbelo porque si el destino quiere que sea tuyo, lo será.

Ahora que lo pienso, este sería un buen momento para ir a misa; tal vez pueda dejar a rosas y sarmiento en la cesta de la limosna y salir corriendo antes de que el cura me los quiera regresar.

Nota: esta entrada, del 20 de septiembre de 2020, se actualizó el 3 de octubre de 2021.

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La venganza del loro Pepe, por Juan E. Fernández “Juanette”
Gracias loro Pepe por llegar a nuestras vidas y convertirte en paladín de la justicia

 

@SoyJuanette

La frase “la venganza es un plato que se come frío” nunca tuvo más sentido. Jamás pensé que pasarían más de diez años para que se hiciera justicia. Y mucho menos que un loro de peluche que mide 20 cm fuera el paladín que me devolviera la fe.

En unos días el hermanito de mis hijos cumplirá dos años, y como en todos sus cumpleaños (bueno solo lleva dos) voy con ellos a comprarle un regalo. Pero gracias al e-commerce y a que ahora mismo no estamos saliendo mucho, les pedí me enviaran alguna foto de lo que le querían regalar.

A las pocas horas recibí por WhatsApp la foto de un loro de peluche llamado Pepe, que trabaja como parte del elenco del programa infantil La granja de Zenón del que es fan el hermanito de mis hijos.

Video: El lorito Pepe – La Granja de Zenón 3 | Canal en Youtube de El Reino Infantil

La particularidad del Loro Pepe es que, al presionarle la panza, puede cantar varios temas del hit parade infantil como: Estrellita donde estás, Pío pío, El gallo Bartolito y La vaca Lola. Al enterarme de estos “talentos musicales del loro”, dejé lo que estaba haciendo, ingresé a Mercado Libre y compré el arma en forma de loro.

Y ustedes se preguntarán ¿por qué tanto odio? ¿De quiénes quieres vengarte? Ahora les paso a explicar: primero, quiero aclarar que amo muchísimo a mis hijos, hoy adolescentes, por ende no les puedo odiar; pero aclaro que es de ellos de quien espero vengarme con este caballo, o más bien, este Loro de Troya.

Resulta que cuando eran más chicos, mis hijos tenían juguetes sonoros, de esos que hacen muchísimo ruido justo cuando uno tiene más trabajo y necesita estar concentrado. Quiero que entiendan que pude haber ganado el Premio Nacional de Periodismo, o hasta un Pulitzer, sino fuera por un juguete de Mickey que hacía 7000 ruidos distintos y una muñeca de la princesita Sofía que cantaba desde cumbia hasta reguetón.

Tienen que entender que, gracias a esos juguetes del mal, terminé escribiendo muchos artículos y reportajes encerrado en el baño.

De hecho, no sé si haber migrado antes fue solo una excusa para escapar de aquellos sonidos traumáticos. Incluso cuando mi exmujer me llamó para preguntarme qué juguetes se podían traer los niños a la Argentina le dije: “Mientras sean mudos, todos los que quieran”.

Pero ahora Pepe, ese hermoso loro verde con alas de colores y ojos saltones, será activado por un pequeño niño de dos años recién cumplidos, mientras sus hermanos adolescentes estén haciendo tareas o, mejor aun, estudiando para unos exámenes.

Gracias Pepe por llegar a nuestras vidas y convertirte en paladín de la justicia.

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