Juan E. Fernández, autor en Runrun

Juan E. Fernández

No se puede vivir sin humor, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Desde hace algunas semanas he experimentado el miedo de estar frente a la pantalla del computador viendo una hoja de Word totalmente en blanco. Y es que ¿cómo se puede hacer reír cuando todo lo que ves alrededor es un desastre?

La verdad es que para aquellos que usamos la cotidianidad para buscar temas y sacarle ese lado humorístico no ha sido fácil. El aislamiento, la segunda ola, y todo lo que dicen que se va a venir te consume los nervios. Sin embargo, estoy convencido de que es importante ver el vaso medio lleno ya sea de agua, de vino o del líquido de su preferencia.

A los humoristas nos toca la difícil tarea de hacer reír al que no tiene ganas, ni tiempo de hacerlo; y esa tarea se pone más cuesta arriba cuando es uno mismo el que no tiene ganas de reír… eso es bien jodido.

Pero tenemos que buscar dentro de nosotros esa chispa para pintar en el rostro del otro las ganas de vivir, las ganas de luchar.

El otro día, mientras googleaba sin sentido, tal vez buscando alguna receta mágica para lidiar con este bloqueo creativo que a veces no me deja dormir, me topé con una publicidad de una compañía de embutidos cuyo eslogan es “Que nadie nos quite la manera de disfrutar de la vida”. Y aunque parezca algo loco, luego de verlo me sentí mucho mejor.

En el primer video, titulado El CV de todos aparece el genial Fofito (sí, el de Miliki, no se hagan que no saben), dando algunas claves para sentirse mejor, en un mundo donde, minuto a minuto, se vive en crisis. Es un video que sin duda todos deberíamos ver, sobre todo si eres migrante, o si te quedaste en tu país luchándola…

Acá se los dejo:

El segundo video lleva por título Cómicos, y tiene que ver mucho con lo que inspiró la columna de esta semana. La pieza es una invitación a buscar el génesis de humor, excelente para cuando no tengas ganas de reír: 

Para despedirme quiero recordarles dos frases que es bueno ponerlas en práctica por estos días. La primera es el eslogan de la empresa de embutidos: “Que nadie nos quite la manera de disfrutar de la vida”.

Y esta última es mía, y fue una reflexión que inspiró el título de mi primer libro: “Que no te quiten las ganas de vivir, de reír, y mucho menos de hacer reír al otro… Miren que la vida no se puede vivir sin humor”.

Hasta la próxima semana.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

El reguetón sí puede educar, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Tengo que confesar que pensé mucho antes de escribir esto. Sé que algunos pensarán que ando en drogas o que definitivamente ya me he vuelto loco… Pero sí, aunque no lo crean, el reguetón educa.

La verdad es que este género ha hecho historia en el mundo de la música. Es el único donde la letra de la canción no tiene ninguna importancia. Seamos francos ¿acaso hay que ser un genio para componer reguetón?

Debo reconocer que el reguetón tiene un gran número de seguidores, pero el ISIS también y ninguna de las dos cosas son buenas. Pero ¿cómo llegó esta música demoníaca a la sociedad mundial? Muy fácil: la gente dejó de leer, de informarse y solo se dejó llevar por lo que las grandes corporaciones mediáticas “mesmas” les decían (disculpen que incluya el “mesma”, que es una deformación de “mismas”; pero en el país donde nací, y también en donde vivo ahora, si dices corporaciones mediáticas y no agregas el “mesmas” pues simplemente no tiene el mismo efecto).

Dicen que el culpable, el responsable del primer ataque fue Daddy Yankee, quien aprovechando los altos precios del petróleo y lo que se llamó en geopolítica “la bonanza petrolera”, lanzó su famosa canción Gasolina.

Y entonces, claro, como todo el mundo andaba comprando petróleo como loco, se puso de moda. Al transcurrir del tiempo, este tipo de música fue propagando su falsa idea de riqueza, excesos y mujeres hermosas; a cambio de raparse, hacer mucho ejercicio (el suficiente para poder andar sin camisa), colocarse varias cadenas de oro y bajarse ligeramente los pantalones en la parte trasera, para dejar ver la ropa interior.

Afortunadamente yo no me dejé seducir por esas ideas locas del reguetón; y no porque no me gusten las mujeres guapas y el dinero, fue básicamente por mi alergia al ejercicio. Pero gracias a YouTube, he descubierto una canción de reguetón que no solo me gusta, sino que además educa.

Resulta que el músico Aldo Narejos y los comediantes Ana Morgade y Berto Romero demostraron al mundo que el reguetón puede educar. De hecho, puede hacer que las nuevas generaciones se interesen por los grandes genios de la literatura.

Narejos tomó poemas y escritos de Calderón de la Barca, Sor Juana Inés de la Cruz y Miguel de Cervantes y les agregó algunos elementos de producción para crear el tema. Por su parte, los genios de Morgade y Berto le pusieron el ingrediente cómico y surgió la única canción de reguetón que me gusta, pues además educa: La vida es sueño.

Acá se las dejo, espero que la disfruten.

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Los locos que no pararon la tele, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Como dijo el poeta Peter Net Ruller (sí, tuve que cambiar el “ruda” de “Neruda” por rueda para que entrara el chiste) “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”; hay cosas que por más que insistan en eliminar, simplemente no se pueden borrar, y cuando digo cosas me refiero a aspectos como la libertad y el humor. Igual te digo que si creías que esta sería una columna política lamento decepcionarte, porque no lo será.

Hoy, querido lector, te quiero contar de un grupo de locos que viven en España y que han sobrevivido a guerras, gobiernos de derecha, de izquierda, y ahora también a una pandemia. Te hablo de esos locos maravillosos que conforman la familia de “El Terrat”.

Todo comenzó un 9 de marzo de 2020 cuando el Gobierno de España anunció que se tomarían medidas para evitar el contagio por covid-19. Y entre aquellas directrices estaba la de evitar la aglomeración de personas en espacios cerrados. Fue por eso que en la productora El Terrat tuvieron que decidir si grababan sus programas Late Motiv y La Resistencia con público reducido o no transmitir, es decir suspender los programas ¿Y qué hicieron los locos estos? Pues no pararon y se sacaron de la chistera un nuevo programa en menos de 24 horas. Lo más cumbre es que no lo hicieron una vez, sino dos veces, porque cuando se decretó el confinamiento total, entonces inventaron otro programa porque ¿para qué iban a parar la tele? 

No quiero hacer spoiler, pero si eres comediante, standupero, periodista, o simplemente quieres ver una historia épica en tiempo de coronavirus “Los locos que no pararon la tele” es para ti.

Acá te estoy sugiriendo un documental hecho por gente maravillosa y contado por sus protagonistas, donde serás testigo de cómo, cuando tienes a un grupo de gente muy loca, que es capaz de todo por evitar que el mundo deje de reír, el resultado es algo maravilloso.

Mientras los cómicos y los programas de entretenimiento de todo el mundo detuvieron sus emisiones para dar paso a los interminables programas donde solo se hablaba de coronavirus, estos “desquiciados” lo hicieron todo para mantener el humor en la pantalla, o más bien en las pantallas.

En esta peli, por ejemplo, tendrás la mejor definición del término “Estado de Alarma”, que, según palabras de Xen Subirats “Son las palabras que se usan en ficción para definir en las películas dónde es presidente Morgan Freeman que algo gordo está por pasar”.

También conocerás a un personaje, el “Friki”, que en este caso se llama Jandro, quien apareció de la nada y por esos designios maravillosos del destino. Pero bueno, como ya escribí unos párrafos antes, no te quiero hacer spoiler, solo te voy a decir que gracias a Late Motiv Bunker, y Late Motiv en Casa, Andreu Buenafuente y su equipo de El Terrat ganaron el premio Nacional de Televisión de España por su “versatilidad profesional que abarca lenguajes y formatos muy diversos, y también por su versatilidad creativa”.

Aplausos de pie para este grupo de locos. Ahora los invito a ver esta joya:

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El mayor temor de un comediante, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Muchas personas creen que a los comediantes no nos da miedo y que justamente hacemos humor porque somos de teflón y todo nos resbala, pero realmente es todo lo contrario. Me atrevería a decir que la gran mayoría de los que hacemos humor tenemos mucho miedo.

Esta semana me tuve que enfrentar a ese maravilloso, pero al mismo tiempo aterrador espacio para probar chistes: los “Open mic”. Se puede decir que cada vez que tengo un open mic, o micrófono abierto, sigo una especie de ritual donde busco en libretas viejas, páginas de libros, grabaciones, y hasta en servilletas, ideas que anoté en algún momento y que puede que terminen en chistes o no lo hagan.

Para relajar me pongo a ver especiales de comedia y pódcast de humor, pero este domingo en particular vi de nuevo el episodio de El sentido de la birra, donde entrevistaron a Berto Romero. Y a los pocos minutos ya Berto decía: “Me aterran las open mic” algo que me hizo sentir que no estoy solo.

Y es que una de las cosas terribles de ese monstruo llamado open mic es que, en la mayoría de los casos, el público está integrado por comediantes. Por si eso fuera poco, los tipos se ponen en modo científico. Apenas se apaga la luz de sala y se enciende la del escenario, a tus colegas comediantes y standuperos les salen lentes, guardapolvos blancos y un postureo tipo Premio Nobel de Física.

Hay quienes toman nota de lo que está diciendo el compañero y hasta hacen caras de desaprobación, como si fueran un doctor que lee los estudios de un paciente terminal; algo que no me molesta, porque si el chiste es malo obviamente no se tendrían que reír. Pero lo que sí me molesta es cuando un chiste es bueno y los tipos no se ríen. Pero es que ni hacen mutis. Solo te ven con cara de circunspectos y ligeramente aprueban con la cabeza.

Y ustedes se preguntarán ¿por qué estoy escribiendo esto? Bueno porque necesito desahogarme. Hay un terror que tenemos los comediantes de cualquier parte del mundo, seas famoso o nunca llegues a serlo. ¿Sabes cuál es ese temor? Que un día, así no más, te levantes de la cama y ya no seas gracioso.

El otro día Eddie Murphy en una gira de medios (vía streaming), por la presentación de su nueva película Un príncipe en Nueva York 2, reveló por qué se alejó del cine durante casi 7 años. Resulta que le dieron dos premios Razzies por sus películas: Norbit y Tripulación Dave. ¿Qué son los razzies? Un galardón que se entrega a las peores producciones de Hollywood, la antítesis de los Óscars o los anti-Óscars, como también se les conoce. 

Murphy, en lugar de tomárselo como una sátira, que es realmente la razón por la que se entregan los Razzies, realmente se deprimió y se alejó por mucho tiempo. Afortunadamente volvió por la puerta grande con Mi nombre es Dolemite, que narra la historia de Rudy Ray Moore, el primer comediante de color.

La mayoría conoce la historia de Robin Williams, quien tuvo una vida marcada por las adicciones, justamente para lidiar con este miedo. Y qué decir de John Belushi, el astro de SNL que murió de sobredosis lidiando con sus demonios internos.

Bueno, seguramente la semana que viene vuelva a escribir una columna más graciosa que esta; pero por esta vez, les agradezco por permitirme contarles el lado oscuro de la comedia, que no tiene nada que ver con el humor negro.

Hasta la semana que viene.

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De cómo la Vaca Paloma resolvería los problemas energéticos del mundo, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

Hace unos años cuando no había pandemia y se podía viajar a los grandes festivales, en el Festival de Cine de San Sebastián de 2015 mi amigo Xen Subirats y su amigo Paco León (que no es mi amigo, no porque nos caigamos mal ni nada, sino porque no nos conocemos) presentaron su cortometraje Vaca Paloma. Esta cinta narra la historia de Paloma, una vaca cinéfila que produce leche y energía cada vez que ve películas; pero no cualquier película, sino grandes obras maestras como las realizadas por cineastas como Haneke y Bergman.

Luego de ver y recomendar el corto, me puse a pensar que, tal vez si hablo con Xen, puedo pedirle que cuando Paloma tenga vaquillas nos envíe algunas a varios países del mundo; como Venezuela (donde falta la luz muchas veces); Argentina, donde se va mucho en verano y a Cuba, donde lamentablemente las personas solo conocen la luz de las velas.

Pero el problema de la energía no se solucionaría solo si Xen envía a las hijas de Paloma, pues también hay que invertir en infraestructura.

Les explico: las grandes cadenas de cine y las compañías eléctricas de cada uno de los países deben ponerse de acuerdo para construir establos con las condiciones necesarias, es decir, con pantallas 4k y sonido dolby.

Además, tendrían que contratar a verdaderos curadores de películas, que se encarguen de armar los catálogos para que las hijas de la vaca Paloma se deleiten con lo más granado del cine mundial. Se me ocurre que en Venezuela podrían contratar a Rodolfo Izaguirre, que es una enciclopedia del séptimo arte; a Fina Torres y por supuesto a Solveig Hoogesteijn.

Entre tanto en Argentina, este departamento podría estar en manos de Juan José Campanella, Pablo Trapero y Axel kuschevatzky. Y en Cuba, nadie mejor que Senel Paz para encomendarle esta tarea, pues si alguien sabe de buenas historias en el cine, Senel es esa persona.

Y es que, con las condiciones dadas, estas vacas Palomas podrían solucionar los problemas energéticos del mundo. Pero cuidado, si les ponemos mucho cine comercial, estas vaquitas se apagan (y es lo que pasa con la cultura cuando se pone aquello de ganar dinero por encima de la expresión artística).

En fin, el futuro energético de nuestros países depende de un amigo mío que vive en Barcelona, de su amigo Paco y obviamente de la vaca Paloma. Bueno ya estoy hablando mucho gamelote;  para mis amigos que no son venezolanos, el gamelote es aquello que comen las vacas y otros rumiantes. Así que mejor los dejo el enlace para que disfruten Vaca Paloma:

Hasta la semana que viene.

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La comedia hace milagros, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

El otro día, mientras esperaba en la fila para pagar un servicio, una persona invidente me tropezó con su bastón y me hizo recordar a Juan, un señor que asistió a un show de stand up que hice en San Telmo.

Aquello ocurrió hace unos tres años, cuando desde una parrilla en el barrio porteño de San Telmo contrataron un show de comedia. La idea era armar un espectáculo para entretener a los comensales que iban al establecimiento a degustar una tira de asado, chinchulines, morcillas y obviamente los chorizos.

En aquel show me acompañaron dos grandes amigos y comediantes Sury y Garufa. En el caso de Sury es el argentino más venezolano que conozco (creo que podría darle pelea a Domingo Mondongo), y Garufa, quien es un enfermo del fútbol, que adora al Club Huracán con todas sus fuerzas.

Cuando llegamos los tres al local nos recibió el dueño, un tipo muy buena onda quien estaba con su familia. Y cuando digo su familia es que estaba acompañado por sus hijos pequeños, la esposa, la mamá y hasta la abuela.

El propietario del lugar nos dio algunos lineamientos, por no decir que “nos bajó línea”. Aquel hombre nos pidió que no habláramos de drogas, licor, fútbol, política, rock, violencia, nada de chistes contra quienes comen carne, y tampoco de veganos, vegetarianos ni de religión; pero de resto podríamos decir “lo que se nos cantara” (se ve que el hombre no había leído el libro Disparen al humorista, de Darío Adanti).

Pero eso no fue todo. En el lugar no había escenario sino unos pallets bastantes desprolijos y el micrófono se mezclaba con la música de fondo y con el celular de quien tomaba los pedidos. Así que no era raro que mientras decías un chiste, por la misma corneta que te escuchaban, se oyera también “sale media porción de vacío”. Sin duda era un quilombo hermoso, pero aun así hicimos el show.

Y por si no era suficiente, Boca Juniors había ganado esa noche un partido importante, por lo que su hinchada estaba por doquier festejando. De hecho, mientras estábamos haciendo nuestra rutina, más de una vez fuimos interrumpidos por el sonido de cornetas, vuvuzelas y otros artilugios futboleros.

Finalmente, y para ponerle la guinda a la torta, mientras yo estaba haciendo mi parte, entró al local una persona muy borracha, con lentes oscuros gritando “viva Boca” y pidiendo que le dejáramos cantar una canción. Yo paré lo que estaba haciendo y le pregunté al hombre: Hola, ¿cómo te llamas?

Y el hombre me contestó

– Soy Juan y quiero cantar una canción.

Así que arreglé con él lo siguiente:

– Juan hagamos algo, yo termino mi parte y tú te subes a cantar una canción, ¿dale?

– Trato hecho, me contestó Juan.

Acto seguido, le pedí al público un aplauso para Juan. Y fue ahí cuando dije la frase más desafortunada que he dicho en mi carrera:

– Demos un aplauso a Juan que nos vino a ver…

Me pareció raro que la gente no aplaudiera y que mis compañeros Sury y Garufa casi se desmayaran… Resulta que Juan era ciego, y no me había dado cuenta, ergo, no podía pedir un aplauso “porque nos vino a ver”…

Sin embargo, Juan aplaudió, se rio y después del show se acercó y me dijo:

– Te felicito, te vi muy cómodo en el escenario y me reí mucho.

Fue así como a través del humor logré que un ciego me viera… Si eso no es un milagro, entonces no sé lo que fue.

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Hola, terrícolas, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

@SoyJuanette

La semana pasada el mundo festejó cuando el rover Perseverance llegó a Marte… Bueno, cuando digo “el mundo” me refiero a la tierra, porque para los marcianos no es una gran noticia. Es más, dicen que ya están reformando la Constitución interespacial para frenar la migración interplanetaria.

Y me preguntó yo: ¿no es suficiente que estemos destruyendo un planeta para ahora irnos a destruir otro? ¿De dónde viene ese afán del hombre por conquistar nuevas tierras?, bueno más bien conquistar “nuevos martes”.

Resulta que luego de hacer una minuciosa investigación, que me llevó a dibujar una línea temporal, pude determinar lo siguiente: los primeros fósiles descubiertos del Homo erectus se encontraron en África, pero también en América. Y en Asia. Es decir, que desde la edad de piedra ya los humanos estamos del timbo al tambo… Después vinieron los vikingos, Marco Polo, los romanos, los bárbaros, los portus que se fueron a Venezuela, los tanos que vinieron a la Argentina, los venezolanos que estamos invadiendo el mundo… y ahora: ¡los migrantes espaciales! A propósito: ¿Quién será el primer migrante espacial?

Yo tengo tres sospechosos: Elon Musk, Jeff Bezos y Richard Branson, pues ellos son los archimillonarios que están invirtiendo en los viajes al espacio. De hecho, Bezos renunció a Amazon para enfocarse en su empresa de turismo espacial (que de turismo no tiene nada; para mí eso es una fachada para montar su tienda online en Marte y cobrar los envíos más caros).

Aunque hay alguien que sin duda no será un migrante espacial: Bill Gates, porque es el único millonario que no está invirtiendo en una compañía de viajes espaciales.

Por el contrario, Gates acaba de lanzar un libro titulado Cómo evitar el cambio climático, y yo creo que lo hace no solo para salvar el planeta, sino también para joderles el negocio a los otros tres… Todos sabemos que a Bill no le gusta la competencia. 

Y a todas estas… ¿qué dicen los marcianos? Algunas fuentes revelaron que ya están modificando las leyes para pedir a los terrícolas algunos requisitos migratorios:

Título de bachiller fondo negro.

Solvencia intergaláctica de antecedentes penales.

Carnet del planetario.

Hisopado negativo (hecho en 6 países distintos)

Cuarentena de 4 meses en la luna de Sauron.

Una camiseta de Talleres de Córdoba.

Una gorra del Magallanes .

Notas certificadas por la confederación interestelar.

Y algunos otros requisitos que me está averiguando un amigo marciano que trabaja en la cancillería del planeta.

Pero cuando estemos allá los humanos ¿Cómo será aquello? Me imagino a los extraterrestres con el ojo rojo de coraje (todos sabemos que son cíclopes) porque hay muchos terrícolas en su planeta y obviamente ya estaremos poniendo música a todo volumen en las calles y edificios hasta muy tarde.

Según algunos cálculos, creo que en menos de 5 años ya estarán los primeros 100 millones de humanos poblando marte, que por supuesto trabajarán llevando encomiendas interestelares en la compañía “Martenzon” (sí, de Jeff Bezos) con la promesa de “1,079e+9 Km/h o gratis”.

Otros terrícolas, en cambio, trabajarán en los “call mentes” de la compañía de telepatía “Martestar”… y claro, habrá extraterrestres que odiarán a los humanos porque “les estamos quitando su espacio”.

20 años más tarde, llegará una segunda ola de terrícolas. Estos serán repudiados por algunos de los humanos de la primera ola, quienes, por supuesto, ya se creerán marcianos.

Afortunadamente habrá otros que pintarán en sus cascos y tanques de oxígeno la imagen del planeta Tierra, acompañada de la frase “Lo nuestro es lo mejor”, y serán de gran ayuda para los recién llegados.

Ya para ese momento, el primer grupo de terrícolas tendrá mejores trabajos; seguro habrá una periodista mitad terrícola, mitad marciana que se llame “Marte Delgado”, y que tenga un programa llamado El Show de Marte.

En ese momento ya estaremos todos relacionados afectivamente. Habrá parejas de marcianos y humanos. De hecho, creo que se volverá popular una frase para terminar las relaciones. El humano o la humana le dirán a su pareja marciana: “necesito espacio”, “me estás quitando oxígeno”, o “necesitamos oxigenar la relación”.

En fin y mientras todo eso pasa, seguramente ya habrá misiones espaciales a Saturno o Júpiter, que obviamente serán comandadas por marcianos, quienes estarán buscando nuevos territorios. Porque, gracias a los terrícolas, en Marte ya no se podrá vivir por las guerras, la contaminación y la corrupción.

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El beso argentino, por Juan E. Fernández “Juanette”

Ilustración de Alexander Almarza, @almarzaale

El pasado fin de semana estaba todo el mundo subiendo sus fotos por San Valentín, y en honor a ellos, les quiero compartir esta columna de humor que escribí hace unos años cuando llegué a Buenos Aires y que titulé El beso argentino, que lo disfruten y que viva el amor

 

@SoyJuanette

Estos meses en Argentina no han sido nada fáciles, pues, si ya separarse de la familia es difícil, imagínense tener que aprender el idioma porteño y adaptarse a las costumbres de un nuevo país. Gracias a Dios ya estoy hablando y escribiendo argentino casi a la perfección, pero lo que sí me ha costado un poco son algunas costumbres.

La que me trajo muchos problemas, incluso problemas legales, fue el tema del saludo, acá se conoce como “el beso argentino”.

Paso a relatar lo que me pasó: el primer ciudadano de esta patria grande, patria buena, patria bonita… Dios te bendiga Rosa Inés… Perdón, me dejé llevar… Como les seguía contando, el primer argentino que me saludó con un beso en la mejilla, fue el policía que se encargó de tramitar mi constancia de domicilio, documento que  se debe presentar obligatoriamente a la hora de gestionar el DNI (la cédula argentina, para los lectores que no hablan el idioma del sur), solo pagué 10 pesos por este trámite (y el beso).

Confieso que pensé: “Menos mal que este tipo no es el que me tiene que tramitar el documento argentino, porque si no quién sabe qué le hubiese tenido que dar”. Al día siguiente fui a mi trabajo, ubicado por Florida y en el trayecto vi cuando dos policías se saludaban con un beso en la mejilla; entonces entendí que era un código, una jerga entre policías.

Al salir de mi laburo (dícese de la acción de trabajar, chambear, dejar los cueros etc.) fui al encuentro de dos amigos para ir al Museo del Humor. Pero nunca di con la dirección; afortunadamente cuando ya entraba en desesperación vi a una mujer policía. Entonces pensé:

– Seguro ella me ayudará a llegar al lugar. Pero para no ser tan brusco y abordarla directamente, decidí primero saludar. Pero ¿cómo se saluda a una mujer policía? Para encontrar la respuesta hice la siguiente operación matemática en fracciones de segundos:

Hombre policía + Hombre policía = beso en la mejilla.

Hombre (civil o policía) + mujer Policía = beso en la boca más abrazo

Luego de obtener la respuesta, me acerca a la oficial de policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la estreché entre mis brazos, cerré los ojos y… para hacerles el cuento corto aprendí dos lecciones:

1. A las mujeres, sean policías o no, no se les puede besar sin su consentimiento.

2. Los compañeros de celda pueden ser más cariñosos que las mujeres policías.

En fin, acá sigo, aprendiendo a vivir en esta segunda patria, que me recibió con un abrazo… y un beso en la mejilla.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es