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OPINIÓN

¡Hitler no pudo acabarlos!, por Carolina Jaimes Branger
El 27 de enero pasado se conmemoró el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Hitler, por fortuna, no pudo concluir su propósito

 

@cjaimesb

En bendita memoria de Klara Ostfeld

En 1971, una niña de doce años se encontró en la biblioteca de su padre un libro de Virgil Gheorghiu, “La hora veinticinco”, donde un jornalero alemán es acusado de ser judío y enviado a un campo de concentración y trabajo. Luego se descubre que no era judío, sino que el funcionario que lo envió a recluir estaba interesado en su esposa, pero el solo hecho de que se presumiera judío bastó para apresarlo.

Impresionada, la niña acudió a su papá para que le explicara por qué ser judío era considerado un delito. Esa niña era yo. Desde que tengo memoria y por la gran influencia que mi padre tuvo en mí –él siempre me aupó a levantar la voz en contra de los abusos- he tenido un abierto rechazo a las injusticias. No tengo dudas de que aquella era la primera vez que me topaba con una injusticia tan grande. A partir de ese momento, ese sentido de justicia me ha llevado a apoyar las causas de los hebreos en la consecución del “nunca jamás”, que ya no solo pertenece al pueblo judío, sino a toda la Humanidad que desea vivir en paz.

El 27 de enero pasado se conmemoró el día de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. Hitler, por fortuna, no pudo concluir su propósito.

Quiero ofrecerles mi testimonio de cómo alguien ve desde afuera el triunfo de las comunidades judías en el mundo sobre quienes quisieron exterminarlas.

En 2010 estuve en Israel, invitada por el Yad Vashem a realizar un curso sobre cómo comunicar el Holocausto. El segundo día fuimos por primera vez al Museo del Holocausto. A medida que avanzábamos en nuestra visita, las paredes se hacían más estrechas. La arquitectura cumplía su cometido de hacer al visitante sentirse ahogado. Recuerdo cuando llegamos al pabellón donde están los zapatos cubiertos por un piso transparente. Ahí sentí que no podía seguir… Recordé a mi amiga, la periodista Idania Chirinos que me dijo “cuando visité ese museo entré caminando y salí de rodillas”.

Esa noche, cuando regresé al hotel, me lancé en mi cama y sollocé. Sollocé como cuando murió mi papá en un accidente de carro. Me dolió el pecho de tanto llorar. No se me quitaba de la cabeza el pabellón de los niños. Las fotos. Las caras. Las lucecitas. Una luz por cada vida que apagaron los nazis.

Me pregunté por enésima vez en mi vida por qué si el ser humano es capaz de realizar los actos más sublimes, lo es también de consumar los hechos más viles. Me cuestioné por qué llamamos animales a los animales, cuando los animales solo matan por necesidad. ¿Quién es más animal entonces?

Pero la misma arquitectura del museo que constriñe y ahoga, a la salida se abre como un pájaro que va a emprender el vuelo: la esperanza. Los nazis no cumplieron su objetivo. Los judíos sobrevivieron y pudieron recomenzar después de haber vivido la peor página de su historia.

Quise mucho y tuve el privilegio de contar con la amistad de Trudy Spira. La conocí en 2004 cuando la entrevisté por primera vez. En esa oportunidad escribí: “Cuando ella comenzó a hablar, hice silencio, un reverencial silencio. Y unos minutos más tarde, cuando tuve que enviar a comerciales, la voz no me salió: las lágrimas no me lo permitieron. Y ella, entera, fuerte, valiente.

A los doce años, cuando fue liberada del campo de concentración de Auschwitz, Trudy asumió como misión, «Misión Trudy» como ella la llamaba, el divulgar los horrores que vivió para evitar que vuelvan a suceder, en cualquier parte, en cualquier momento, por cualquier motivo.

Trudy dio muchas charlas, en muchos lugares. Todas en torno al Holocausto, pues su motivo principal era dar a conocer los hechos para que nunca más se repitieran.

El mundo se puede cambiar para bien cuando se actúa movido por el amor, como Trudy en su misión. En una de nuestras largas conversaciones, le pregunté cómo era posible que no sintiera odio. Me respondió que cada vez que veía a sus hijos, sentía que quien había salido victoriosa había sido ella. Hitler estaba muerto, pero ella estaba viva, y tenía hijos y tenía nietos.

En memoria de Trudy y en honor de tantos otros valientes que han ofrecido sus testimonios para que lo que sucedió en la Alemania nazi no vuelva a suceder, como Klara Ostfeld, cuya memoria intentan honrar estas palabras –y porque sé del sufrimiento que les causaba narrar sus experiencias- dedico este artículo de hoy. Además, les aseguro que su legado no morirá, pues la llama que encendieron en tantos corazones de bien seguirá encendida para que ese “¡nunca jamás!” continúe como un eco hasta que no haya más genocidios.

Queridos amigos judíos, ustedes han sido vindicados por el descubrimiento y desciframiento del genoma humano, que terminó de echar por tierra todas las teorías de razas superiores. De hecho, los análisis del ADN han demostrado que todos los humanos tienen mucho más en común, genéticamente, que diferencias. La diferencia genética entre dos seres humanos es menor del 1 %. Pero puedo decirles que, aunque no existen razas superiores, la superioridad de los judíos –un grupo tan pequeño dentro de un mundo tan grande– es evidente. Entre los hombres que más influencia han tenido en la historia de la Humanidad ha habido judíos. El hombre que dividió esa Historia en antes y después, Jesucristo, era judío. Apenas en el siglo pasado tuvimos a Sigmund Freud y a Albert Einstein. Eso por no mencionar a los dos centenares de recipiendarios de los Premios Nobel, que corresponden al 22 % de los premios otorgados.

Eso me lleva a mencionar con admiración la importancia que los judíos le otorgan a la educación. Porque ya teniendo la certeza de que no existen razas superiores, la superioridad de los judíos viene de la educación. De la disciplina y la organización de sus grupos esparcidos por todo el mundo en torno a la importancia del tema educativo. Y eso es envidiable. Ciertamente, las comunidades judías en todo el mundo son más educadas que el resto, porque valoran la educación.

Si Hitler hubiera vencido en su propósito de exterminar al pueblo judío, quién sabe cuándo se hubiera inventado la píldora anticonceptiva, desarrollada por el endocrinólogo Gregory Pincus y aprobada por la FDA en 1960.

No hubiéramos disfrutado de la maravillosa música de Leonard Bernstein, ni de las interpretaciones de Jascha Heifetz; Daniel Barenboim o Itzhak Perlmann. Los Estados Unidos no habrían tenido un secretario de Estado de la talla de Henry Kissinger. La ciencia estaría retrasada en los campos donde han descollado los científicos judíos. No existirían las obras maestras de Marc Chagall o Man Ray, ni las películas de Steven Spielberg, ni las canciones en la mágica voz de Barbra Streisand. Y si Jerry Siegel and Joe Shuster hubieran muerto en el Holocausto, tal vez Superman, el superhéroe por excelencia, hubiera durado sólo un par de años.

La creación del Estado de Israel es también reivindicante, pues los judíos por primera vez en más de tres milenios, desde que Moisés salió de Egipto y llegó a la Tierra Prometida, vuelven a poseer su territorio. Además, es esperanzador que en una tierra tan árida hayan logrado el milagro de construir en tan pocos años un país desarrollado, el único en todo el Medio Oriente, respetado por sus amigos y temido por sus enemigos, donde se practican los principios de justicia, verdad y paz enunciados en la Torá.

Ante todas estas maravillas, no puedo soslayar el tema del antisemitismo. Como tantos “ismos” que han causado enormes daños, el antisemitismo recrudece con fuerza aupado por las corrientes negacionistas y los deseos de Ahmadinejad y Khamenei de que “Israel debe ser destruida”; de la Autoridad Palestina sobre que el futuro sea “un mundo sin Israel” y las amenazas de ISIS de “acabar con el régimen sionista en Israel” y que “entrarán en Jerusalén”. Estas corrientes fanáticas parecieran responder a una etapa histórica que se repite en todo el mundo.

El pueblo judío lleva dentro de sí algo que ha seguido viviendo cuando han acabado con mucho de lo bueno que tiene. Por eso, termino mi intervención con unas palabras de un bellísimo rezo del Rosh Hashanah y el Yom Kippur: Avinu Malkeinu, que pide que el odio y la opresión desaparezcan de la tierra:

“Ten compasión de nosotros y de nuestros hijos

ayúdanos a poner fin a la peste, la guerra y la hambruna

haz que el odio y la opresión desaparezcan de la tierra”.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

#NotasSobreLaIzquierdaVenezolana | Fidel Castro y Rómulo Betancourt, el paisaje de una enemistad, por Isaac Abraham López*
Si en enero de 1959 las muchedumbres de Caracas vitoreaban a Castro y chiflaban a Betancourt, el tiempo haría otra obra
Aquí dos liderazgos controversiales, dos formas de entender la política y la historia de América Latina. Dos países al final rendidos ante un mismo modelo fracasado, enquistado en lo peor de nosotros

 

@YsaacLpez

Para mayo de 1968, el venezolano Moisés Moleiro, de los jóvenes universitarios envueltos en la pasión de su época, de los fundadores de la primera escisión de Acción Democrática en 1960 y líder guerrillero en la incursión de Machurucuto de 1967, expresaba en entrevista a la publicación mexicana ¿Por qué?: «El ejemplo de la Revolución cubana no solo influyó en el nacimiento del MIR, sino que además cambió toda la estructura política de América Latina, por lo menos en lo que respecta a conceptos generales. Vimos que en tanto nuestros dirigentes habían estado hablando de revolución durante treinta años, en Cuba la revolución había triunfado después de dos años de lucha; en tanto Rómulo Betancourt había estado hablando de reforma agraria durante treinta años, y había gobernado durante dos períodos sin hacer nada al respecto, en Cuba tenía lugar una reforma agraria de vastos alcances; en tanto nuestros dirigentes habían estado hablando de nacionalismo y de la lucha contra el imperialismo durante treinta años, y cada vez que llegaban al poder evitaban cobardemente el tema, en Cuba se hacía frente resueltamente a la presión yanqui, a la presión imperialista.» (¿Por qué?, México, 8 de mayo 1968).

Allí el retrato de dos liderazgos del entonces llamado «Continente de la Esperanza». Venezuela y Cuba en dos procesos políticos nacientes. El escenario no puede ser perdido de vista: la década del sesenta. Mítica y mitificada en aperturas y cambios. Luego de que sus antecesoras fueran del aferramiento de dictaduras militares sojuzgadoras de sus pueblos. Para aquellos años Rómulo Betancourt y Fidel Castro significaban dos opciones a seguir para las masas juveniles. Conservadora, progresiva, moderada, establecida en gradualidad y concesiones la primera. La segunda: radical, efervescente, contestataria, vanguardista, apoyada en una palabra mágica y transformadora, de gran brillo: revolución.

Jugamos con el título del trabajo de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli, Gabo y Fidel, el paisaje de una amistad (Madrid, Espasa Libros, 2003), que narra las cercanías entre el premio nobel colombiano y el líder máximo de la política cubana por seis décadas. En el libro, sus autores presentan las labores de Gabriel García Márquez ante Castro para lograr diversos favores. Casos como la salida del escritor Norberto Fuentes, amigo de los hermanos de La Guardia y partícipe de los privilegios de su grupo de poder, temeroso de ser salpicado por la acusación de tráfico de drogas hacia «la isla de la dignidad» en 1989, o el de Elián González, «el niño balsero», jalonado entre Miami y La Habana en 1999, contaron con el invencionero de Aracataca para su resolución.

Fue distinta la relación entre Rómulo Betancourt y Fidel Castro. Su evocación me viene a propósito de revisar el libro del periodista e investigador británico Richard Gott: Las guerrillas en América Latina (Santiago, Universidad de Chile, 1971). Allí se puede leer: «Como lo señalara Regis Debray en uno de sus primeros ensayos, la visita de Castro produjo un efecto perdurable en Betancourt. Le hizo ver claramente lo impopular que era en su propia capital: En la década del cincuenta, Betancourt todavía podía creer que dirigía la resistencia popular contra el imperialismo: después de la visita relámpago de Fidel a Venezuela en 1959, Betancourt se dio cuenta de cuál habría de ser su papel. En los violentos denuestos lanzados al poco tiempo por Betancourt contra el “castro-comunismo” —expresión que recorrió el continente entero— y en su desequilibrio paranoico en realidad se expresa un político insignificante y gastado, condenado a un automóvil blindado y a la soledad, que un día de 1959, en la Plaza del Silencio de Caracas, permitió que le arrebataran su papel y sus parlamentos ante la presencia de 500.000 personas» (p. 129).

Si en enero de 1959 las muchedumbres de Caracas vitoreaban a Castro y chiflaban a Betancourt, el tiempo haría otra obra.

Todavía para 1960 el Che Guevara en su manual Guerra de guerrillas escribía: «Quizás el primer paso de la agresión no sea contra nosotros sino contra el Gobierno Constitucional de Venezuela para liquidar el último punto de apoyo en el Continente» (Santiago de Chile, CEME, 2004, p. 64). Es decir, el guerrillero argentino mostraba los dos procesos –el nacido en Venezuela en enero de 1958 y el nacido en Cuba en enero de 1959– como dos revoluciones hermanas. Dos gestas que se apoyaban. Para noviembre de 1961 Betancourt anunciaba el rompimiento de relaciones diplomáticas con «un régimen para el cual el desmán y el irrespeto a la persona humana parecen no tener límites.» (Venezuela y Cuba. Rompimiento de relaciones. Respaldo nacional. Caracas, Imprenta Nacional, 1961, p. 11).

El investigador Gustavo Salcedo Ávila en su trabajo Venezuela, campo de batalla de la Guerra Fría. Los Estados Unidos y la era Rómulo Betancourt (1958-1964) (Caracas, Bancaribe, 2017, pp. 104-118) muestra la cercanía política de la relación entre los dos hombres, así como los pormenores de la separación en medio del afianzamiento de la democracia en América Latina. A ambos líderes pareció unirlos la necesidad de desarrollar políticas autónomas frente a las grandes potencias del momento, al mismo tiempo que repudiar a las dictaduras militares del continente.

Sesenta y cuatro años después, la figura de Betancourt luce remozada al presentarse como un líder de una democracia basada en la alternabilidad, el juego de partidos y la apertura política, un ideal al cual los hombres de este lado del mundo aún aspiramos. Mientras, Castro pareciera el fantasma tutelar de un régimen siniestro, fundado en represión, intolerancia y totalitarismo que no termina de morir. Compañero de Trujillo, Somoza, Duvalier, Stroessner, Pinochet. El pensamiento libre de los tiempos actuales hace más atractivo al entonces llamado Napoleón de Guatire.

La historia no absuelve a ninguno, abusos contra la ciudadanía parecieron sucederse en ambos gobiernos, excesos que el fanatismo de los bandos no logra calibrar. Eso desde la perspectiva del control del Estado, otra cosa son los esquemas de desarrollo, índices de producción, ascenso de la clase media, erradicación de enfermedades endémicas, las libertades públicas, la alfabetización y las campañas de lectura de la población, vialidad, hospitales y liceos, el bienestar general y modernización de los países. Punto central en la comparación: el gobierno de Betancourt duró cinco años y el de Castro cincuenta y siete. Y eso no es cualquier cosa. Pareciera que Betancourt gana la partida. Pero la democracia que ayudó a instaurar envejeció muy rápido. Una revisión de revistas como Momento y Elite –en nada voceras de la izquierda venezolana– entre 1962 y 1972, así lo evidencia.

Publicaciones de Fidel Castro y Rómulo Betancourt, este último en las míticas revistas venezolanas Elite y Momento.

Ambos modelos no supieron renovarse, cambiar, adecuarse a los tiempos y las necesidades. Se encerraron sobre sí mismos. Entonces pareciera que el juego quedara tablas. ¿Se apartó realmente Betancourt de la política venezolana y de los movimientos internos de su partido luego de 1964? La respuesta queda para las alegaciones. Pero sin dudas, el ideal político que contribuyó a instaurar entre 1958 y 1999, visto a la luz de estos días, ofrece mayor atractivo que aquel impuesto a la patria de Céspedes y Martí.

Rechacemos cualquier manipulación del presentismo. Aquí dos liderazgos controversiales, dos formas de entender la política y la historia de América Latina. Dos países al final rendidos ante un mismo modelo fracasado, enquistado en lo peor de nosotros.

isaacabraham75@gmail.com | 20 de enero de 2023.

* Historiador. Profesor. Universidad de Los Andes. Mérida |

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Maduro es Videla?, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”

Venezolanos protestan en Argentina por la anunciada visita de Maduro. Imagen de @RicBenedetti en Twitter

¿Por qué Maduro es Videla? Ambos tienen sobre sus hombros sendas acusaciones por crímenes de lesa humanidad

 

@SoyJuanette

Por años he tratado de buscar en el humor un refugio que me aleje de la política, y de las desgracias del mundo, pero bueno a veces pasan cosas que te vuelven a meter en el pozo. Eso es justamente lo que me está pasando ahora mismo.

En este momento los venezolanos que hacemos vida en Argentina estamos pendientes de la llegada (o no) de Nicolás Maduro, quien está invitado a la Cumbre de la CELAC. Lo que para nuestra colectividad es una falta de respeto, por decir lo poco.

Pero ¿por qué nos afecta tanto que venga Maduro a la Argentina? Bueno, lo explico así: ¿se imaginan que en los 70 u 80 Carlos Andrés Pérez o Luis Herrera recibieran a Pinochet o Videla?

¿Cómo se sentirían los chilenos y argentinos que vivían en Venezuela? Lamentablemente ni Juan Carlos Gené ni Tomás Eloy Martínez viven para decírnoslo, pero imagino que estarían arrechísimos.  

Anoche, mientras veía por televisión a algunos compatriotas manifestando frente al Hotel Sheraton de Buenos Aires, leí una pancarta que decía “Maduro es Videla”, y esa es la respuesta a la pregunta que por años me hicieron muchos: ¿Maduro es Videla?

Resulta que cuando llegué a Buenos Aires, hace ya 7 años, muchos amigos argentinos no entendían por qué algunos venezolanos llamaban represor a un gobierno civil y de izquierdas como el madurista. Hoy, ya muchos años después y tras varias investigaciones (y visitas de misiones internacionales que demostraron torturas y desaparecidos) entendieron que los gobiernos represores no tienen ideología política.

Pero ¿por qué Maduro es Videla? Ya sé que muchos saldrán a decir que Maduro llegó al gobierno por elecciones y Videla es un dictador, cosa que es cierto. Pero también ambos tienen sobre sus hombros acusaciones por crímenes de lesa humanidad.

Lo paradójico de esto es que el gobierno de Venezuela apoya a organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, pero persigue a activistas de organizaciones que defienden los derechos humanos en Venezuela.

En varias conversaciones con compañeros y amigos hemos debatido del tema Venezuela y su semejanza con las dictaduras de Argentina y Chile. Y por fortuna, coincidimos en que torturar, desaparecer o anular al otro porque no piensa como uno es un crimen atroz.

Lamentablemente un grupo grande de la sociedad ha caído en el juego politiquero de ver el debate de ideas como un Caracas Vs. Magallanes o un Boca River, cuando la realidad es que el mundo no es blanco ni negro, sino lleno de matices. Muchos justifican la represión de Maduro porque “esos estudiantes son agentes de la derecha”, mientras que en tiempos de Videla y también actualmente, muchos justifican la dictadura militar porque los jóvenes de esa época eran “unos tirabombas”. Pues en ambos casos está todo mal.

¿Viene o no viene Maduro? Para el momento que escribo esto es lunes 23 de enero, son las 3 de la tarde en Buenos Aires. Y hay un fuerte rumor que indica que el presidente de Venezuela no vendrá.

Y ¿cuándo volveré yo a Caracas? Creo que después de este artículo la respuesta es nunca.

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Humano Derecho #266 con Almer Bracamonte y Emilse Plata, de la Asociación Venezolana de Gestión Humana
La Asociación Venezolana de Gestión Humana promueve la creación, análisis y difusión del conocimiento y mejores prácticas de gestión humana

 

@_humanoderecho

¿Qué acciones llevan a cabo en pro de la gestión humana? ¿Cuáles son los beneficios de ser afiliado de la asociación?, ¿De qué manera sirven a las empresas con su personal? Estos y otros temas los estaremos conversando con Almer Bracamonte y Emilse Plata, representantes de la Asociación Venezolana de Gestión Humana. Los voceros nos hablarán además sobre los proyectos de su organización.

La Asociación Venezolana de Gestión Humana promueve la creación, análisis y difusión del conocimiento y mejores prácticas de gestión humana. Su trabajo se orienta a personas, organizaciones e instituciones que así lo requieran, asegurando altos estándares de excelencia.

Los voceros indican: “En los últimos dos años hemos hecho programas de formación totalmente alineados a la necesidad específica de una organización, tanto para empresas privadas como para entidades del Estado”.

Refieren que tienen diversidad de formación, “desde talleres, programas formativos hasta diplomados en materia de talento humano, selección y relaciones laborales”. Con relación a la Encuesta Nacional del Salario afirman que apoyan a las organizaciones para que “identifiquen cómo está su mercado en cuanto a salario y a beneficios se refiere”.

Presentado por Génesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@akaLuisSerrano). Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea.

Más contenido en humanoderecho.com

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La hemiplejia de los repúblicos, por Asdrúbal Aguiar
En Venezuela desapareció la república y sus restos, como aves de rapiña, son repartidos en una “cueva de bandidos”

 

@asdrubalaguiar

De forma críptica, desviación que de tanto en tanto traiciona a mi escritura, me he referido en mi anterior columna a dos miradas, dos cabezas que, observando a lo venezolano y latinoamericano, mal representan al dios Jano: a pesar de también ofrecer dos caras, una, la de los comienzos, otra, la de los finales.

El año 2019 cierra el ciclo de 30 años que se inaugura con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Luego de aquél surge el aldabonazo de la guerra, prolongación del COVID-19. Por lo que bien podría argüirse que estamos en otros comienzos, luego de unos finales. Y si la imagen la trasladamos a lo nuestro, podría afirmarse que la trágica finalización del interinato de Juan Guaidó –que desnuda los enconos y miserias propios de la política vernácula, cuando se ejerce en los albañales– marca un cierre epocal.

Se abrirá otra etapa y, acaso, comenzará al ritmo que esta vez ya marca el mundo de la gobernanza global y sus temas preferentes, que no incluyen a la democracia ni al Estado de derecho o les banalizan.

De allí que quepan dos miradas solo si reparamos en la dualidad entre dictaduras y democracias, o entre la vida de la república, la que se dispensa dentro de los palacios de gobierno o en las mesas diplomáticas donde se transan los activos patrimoniales del pueblo, y el mismo pueblo, que sobrevive y se alimenta de la basura.

Jano, en efecto, era el dios de las naturalezas opuestas y se dice que abría su templo durante la guerra y lo cerraba en la paz. Mas el caso es que el tiempo que nos acompaña, cuando menos a Occidente y a raíz de las grandes revoluciones tecnológicas que emergen en plenitud desde hace 30 años –la digital y la de la inteligencia artificial– llegan con una carga desestructuradora de lo social y lo humano a cuestas. Su objeto es relativizar la experiencia del hombre, varón y mujer.

Por consiguiente, dándose a Dios por muerto –es el giro de Nietzsche– cede la diferencia entre el bien y el mal, y la moral personal y ciudadana se vuelve colcha de retazos. Y quienes dicen abogar por la libertad y el bien común la buscan y negocian, sí, en una cueva de bandidos; que así califica Ratzinger, el papa emérito recién fallecido, al Estado que decidió sobre la vida y la muerte durante la Alemania nazi en el siglo XX.

La naturaleza dual de lo humano y del mundo objetivo, con sus contrastes y oposiciones, como los universales y los particulares, ahora es condenada, junto al binarismo. ¡Y es que la gobernanza digital –inevitable e imperativa– se construye con usuarios y con datos para la formación de sus algoritmos y para el ejercicio del control hacia el que avanza, marchando hacia la escala de la inteligencia artificial! En ella cuentan los sentidos, no la razón o el discernimiento humano, que significa libertad y, en lo ciudadano, convivencia democrática. De allí el casual maridaje entre los patrones de la globalización y los causahabientes del comunismo.

Ha sido oportuna y pertinente, así, la metáfora descriptiva disparada por Lacalle Pou, actual presidente uruguayo en la CELAC. Se refiere a la hemiplejia moral de los gobiernos. Con una mano firman documentos en los que rinden culto a la democracia, y con la otra encarcelan y torturan a sus enemigos. E insisto, ya que me niego al relativismo ético como fundamento de los valores morales, que hemipléjicos no son solo los gobernantes de Cuba, de Nicaragua o de Venezuela. Es hemipléjico, igualmente el de El Salvador, con un dictador millenial a la cabeza.

Vuelvo entonces a las esencias de mi artículo anterior. Me refería al «monagato», unas de las dictaduras que padeciese la Venezuela de mediados del siglo XIX, para extraer enseñanzas útiles o para describir lo actual a la luz de esas enseñanzas del pasado. Las explica con dramatismo Fermín Toro, emblema de nuestros ilustrados civiles, escritor y fino polímata que deja huellas en el diario caraqueño El Liberal.

Decía este, justamente, que en ese período se debilitó, se fracturó “la constitución íntima de la sociedad” venezolana, como ahora. Fue la obra de un poder vicioso con cuyas “prevaricaciones buscó la impunidad en la depravación general”, como ahora. No por azar, agrega, fue posible que “advenedizos de extrañas tierras cayesen sobre la riqueza patria como aves de rapiña”, tal y como ahora ocurre. Sin remilgos, es esta la Venezuela de 2023, otro “bodegón” del Caribe que se suma al cubano.

Insisto, pues, en que, si la tarea reivindicatoria latinoamericano demanda salvarnos de la hemiplejia moral actuante, el desafío para Venezuela no es menor. Es más exigente. La razón no huelga. Nuestros líderes han de seguir bregando sin pausa y con ritmo inteligente por los valores éticos de la libertad que, si bien se expresan en la experiencia de la democracia y el Estado de derecho, han de complementar y tamizar al ecosistema global deshumanizado que domina y sus temas novedosos.

En nuestro caso desapareció la república y sus restos, como aves de rapiña, son repartidos en una “cueva de bandidos”. Pero ello es así pues las raíces de la nación fueron paulatinamente destruidas bajo el predominio de una amoral lucha por el poder durante las últimas décadas. Hoy somos una diáspora de refugiados, hacia adentro y hacia afuera. El daño antropológico ha sido profundo. Tanto que, de no ser reparadas y reconstruidas las raíces del ser que somos los venezolanos, mal podrá existir una república como la prolongación ciudadana de nuestro ethos social. Quedará la política como juego de piratas y narcisos digitales.

La reconstitución de Venezuela pasa por el renacer de la nación, a contrapelo de la virtualidad y la instantaneidad de lo digital. Y nación es «lugarización» y temporalidad, es una vuelta a la ciudad, a su cultura de arraigo e intergeneracional.

correoaustral@gmail.com  

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Licencia para torturar y matar, por Antonio José Monagas

Imagen: fragmento de la obra Los torturados I, de Oswaldo Wayasamín, 1977

Según el informe del Casla Institute, la tortura en Venezuela sigue un patrón diseñado por mentes profundamente trastornadas

 

@ajmonagas

El trabajo del Casla Institute, organización radicada en Praga, capital de la República Checa, se ha dedicado a testimoniar violaciones de DD. HH. cometidos por regímenes políticos que abrazan modelos autoritarios y totalitarios regados por el mundo.

Su principal atención se centra en países con sistemas políticos socialistas toda vez que estos se atienen a estilos de gobierno para los cuales la tortura es una práctica intimidatoria empleada para doblegarles la conciencia, la dignidad y la moral a quienes se resisten a aceptar el despropósito de la violencia como criterio de gobierno.

De modo anual, el Casla Institute, creado para suceder al Centro de Estudios para la América Latina, cuya organización bandera es el Observatorio de Derechos Humanos, presenta informes consecutivos que tratan problemas relacionados con crímenes de lesa humanidad cometidos por gobiernos arbitrarios. Actos estos condenados con el mayor empuje jurídico posible dado que sus análisis exponen el tamaño de la tragedia que viven naciones sometidas por gobiernos criminales. Y, tristemente, Venezuela está señalada entre los países acusados por la Corte Penal Internacional de cometer delitos de causa mayor.

El último informe sobre la tortura en Venezuela asusta al más bravucón. A decir de su investigación, las torturas referidas siguen un patrón operativo diseñado por mentes profundamente trastornadas. Indistintamente si las cámaras, instrumentos o mecanismos de torturas fueron concebidas para causar dolor físico, angustia mental o sufrimiento psicológico, no es difícil inferir que el proyecto que siguió la construcción de los mismos resultó de quienes viven el medioevo como escenario de depravado placer. De personas disociadas, carentes de conciencia, sentimientos y valores morales.

La sofisticación de la tortura en Venezuela

Quienes asumen el papel de torturador, son individuos serviles y castrados de alma. Al servicio de otro torturador, no pueden esconder la perversidad, maldad y depravación que albergan o enfundan bajo el teñido y planchado uniforme, banderas e insignias que portan. Muchas veces, llenos de estrellas de lata y símbolos de cartón.

El régimen, anclado en ideologías retrógradas, se ceba en el acto de torturar, violar o matar. No se entiende de otra manera cuando ordena la edificación de distintos habitáculos cuyo empleo se destina a las torturas más crueles e inhumanas que pueden darse.

En Venezuela se habla, entre otros artificios, de la “nevera”, la “celdita” y la “caja de muñecas”, cuyos nombres son expresiones del terror que el régimen venezolano perpetra contra quienes se oponen, resisten y refutan las arbitrariedades e injusticias. Atropellos que comete en aras de silenciar y en nombre de la “revolución y del patriotismo desaforado”.

De las prácticas de tortura y sus acólitos

Tal diversificación en los modos de torturar viene acicalándose a manera que lograr métodos más brutales para lograr la desesperación y el abatimiento del inculpado de forma más “eficaz”. Que la desmoralización logre su propósito es lo que espera todo esbirro con atuendo de torturador.

El régimen venezolano ha venido hundiéndose en el lodazal de delitos de lesa humanidad. Según los informes de Casla Institute, los delitos cometidos siguen un esquema sistemático realizado bajo órdenes canalizadas desde elevados cargos políticos responsables de la alta gerencia político-administrativa del país. Y en cuyo cauce lucen implicadas la jurisdicción militar y policial, supuestamente encargadas de la seguridad y defensa nacional y regional.

Tan pertinentes informes describen excesos cometidos y ordenados por la superioridad política escondida detrás de pretextos políticos de retorcida y camuflada intención. Así, exponen el proceder inhumano de los maltratadores de oficio, ellos funcionarios militares, policiales o parapoliciales al servicio de la iniquidad del régimen autodenominado “socialista, bolivariano y revolucionario”, 

El Casla Institute, desde su creación en 2007, ha reportado el constante uso de antiguos y nuevos métodos de tortura dirigidos a doblegar la dignidad y la moral de quienes resisten a los gobiernos autoritarios, víctimas de barbaridades ejecutadas sin considerar los límites entre la vida y la muerte.

Mientras, el régimen sigue haciéndose de oídos sordos ante los reclamos y exigencias de parte de ONG que claman el freno de todo acto de vandalismo. Episodios estos que violan derechos humanos y libertades a las que todo ser humano debe y puede disfrutar. Un gobierno que actúa impúdicamente y con la inmunidad que desata el poder ilegítimo y proceder con licencia para torturar y matar.

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Si se van todos, ¿qué sigue?, por Alejandro Armas
El venezolano no vocifera sobre el asfalto “¡Que se vayan todos!”, porque piensa que sería inútil y al mismo tiempo peligroso

 

@AAAD25

Se presume que la consigna “¡Que se vayan todos!” se originó en las protestas contra el gobierno de Fernando de la Rúa en Argentina, en 2001. Dada la sencillez de esta expresión, no puedo darlo por seguro y no me parece descabellado asumir que ha aparecido en contextos similares anteriores. No importa. Asumamos que sus raíces son efectivamente porteñas. Estamos pues ante otro de los aportes argentinos a la riqueza del castellano, como lo fueron antes los lunfardos. Creo que es un grito muy latinoamericano, por la larga historia en la región de elites políticas corruptas y mediocres. Vean nada más lo que ocurre en la propia Argentina, en Perú o en Venezuela.

Ok, el caso venezolano tiene manifestaciones distintas. No hay gente obligada a decidir entre una fauna de políticos impopulares en la elección presidencial de este año, como sucede en Buenos Aires. Los argentinos al menos tienen el privilegio de poder elegir democráticamente. Tampoco hay una ola de protestas exigiendo comicios generales adelantados, como en Lima. Lo que ha ocurrido este mes en las calles venezolanas va por otro lado. Pero en los tres países, el sentimiento subyacente de la ciudadanía común hacia la clase política en pleno es parecido: hartazgo.

El venezolano no vocifera sobre el asfalto “¡Que se vayan todos!”, porque piensa que sería inútil y al mismo tiempo peligroso. Estamos en un país en el que exigir el fin del gobierno chavista puede conllevar cárcel. Pero en privado, aquel es el deseo generalizado cuando se habla de política. Y no solo abarca a la elite chavista. También a la dirigencia opositora. A la primera, por atribuirle la destrucción de la calidad de vida de las masas. A la segunda, por incapaz de presentar un plan efectivo con miras al cambio de gobierno.

Hasta cierto punto, soy parte de los millones que se sienten así. Del chavismo no espero absolutamente nada en términos de recapacitación. Asumí hace mucho que solo desistirá de su hegemonía cuando la misma pierda su sentido. Cuando el ejercicio de todo ese poder no se traduzca en los disfrutes obscenos a los que tiene acceso la clase gobernante. Prefiero enfocarme entonces en lo que podemos hacer los venezolanos que sí queremos que este país progrese para llegar a aquel escenario, primer paso indispensable.

Es por eso que esta y mis otras ventanas de comentario, sin creerme yo Demóstenes o Cicerón, a menudo portan filípicas y catilinarias (exquisita expresión que no puedo atribuirme, pues la leí en una novela de Fernando del Paso) hacia la dirigencia opositora. Quien esté familiarizado con mi opinión ha de saber que critico sin miramientos al liderazgo disidente por su falta de estrategia, sus peleas mezquinas y su poca transparencia. No obstante, tengo un problema con el “¡Que se vayan todos!” venezolano. Y es que me pregunto, si eso se cumpliera, ¿qué vendría después?

Lo mejor que pudiera pasar ahora en la política venezolana es que surja un nuevo liderazgo opositor. Uno que no esté marcado por los vicios y fallas del que hay ahora. Pero yo no puedo asegurar que tal cosa vaya a ocurrir. De hecho, lo veo poco probable. En general, la población está políticamente desmovilizada. El trauma por la represión de las protestas de 2014 y 2017, así como la frustración por la falta de resultados en esas manifestaciones, lograron que muy pocas personas sigan dispuestas a desafiar abiertamente al chavismo.

Sí, ahora tenemos protestas de docentes y otros trabajadores públicos. Pero creer que de ahí saldrá un nuevo liderazgo político me parece una mala apuesta. Los manifestantes están exigiendo mejoras laborales. No un cambio de gobierno. Si el gobierno les diera lo que demandan, se retirarían de las calles. Y si no se los diera, veo más probable una caída en la resignación amarga que la transformación de unas protestas sociales en protestas políticas. Pudiera equivocarme, pero no creo que de esto salga un Lech Walesa criollo.

Al menos los maestros están activos. No puede decirse otro tanto del resto de la sociedad. Entonces, todos queremos un nuevo liderazgo. Pero, ¿cuántos están dispuestos a tomar la iniciativa? Es fácil autoproclamarse patriota y decir que se está dispuesto a darlo todo por el país. Pero, ¿quién está realmente listo para correr los riesgos de ser un dirigente opositor en Venezuela? ¿Quién se ha aprestado para lidiar con la posibilidad de terminar exiliado o preso, de que le quiten sus bienes y negocios y de que le persigan a la familia?

Una cosa les puedo asegurar: yo no lo estoy. Trato de hacer mis aportes con lo que (creo) se me da bien. Pero conozco perfectamente mis limitaciones en términos de arrojo y osadía. No tengo vocación de mártir por la patria, cosa de la que no me enorgullezco, pero que tampoco omitiré. Por una obviedad ética, no puedo exigirles a otros que hagan lo que yo no estoy dispuesto a hacer. Ergo, no puedo pretender que otras personas desplacen a la dirigencia opositora actual.

¿Qué puedo hacer entonces? Pues, modestamente me atrevo a decir, lo que he venido haciendo en los últimos años. Es decir, desear que surja un nuevo y mejor liderazgo pero, dado que eso no depende de mí, instar entretanto al que ya existe para que haga lo correcto.

Eso no implica apoyo ciego. No implica hacer todo lo que esos dirigentes pidan (incluso si todos estuvieran halando en la misma dirección, cosa que no hacen). Por el contrario, significa cuestionarlos y abstenerse de seguirles la corriente cuando se piense que actúan de forma equivocada o aviesa. Pero también supone reconocerles los aciertos, cuando los tengan. No porque sean particularmente virtuosos, sino porque, viendo la inviabilidad de las alternativas, no veo qué otra cosa con sentido se pueda hacer. En la política, demasiado a menudo no se cuenta con los escenarios óptimos y los actores ideales. Ni siquiera con los escenarios clase B y los actores bastante buenos sin ser perfectos. Cuando lo que tienes es malo, puedes ponerlo a prueba aun a sabiendas de que la probabilidad de éxito es poca. O puedes no hacer nada, a sabiendas de que la probabilidad de éxito es nula.

Es por eso que no me sumo al “¡Que se vayan todos!”. Me parece un alarido al vacío. Un mensaje sin destino, como tituló Briceño Iragorry uno de sus ensayos más preclaros, pero en sentido literal y sin metáforas. Esperar como lo hacían Estragón y Vladimir por Godot, ad infinitum. Porque hasta que un ser humano de carne y hueso se presente con nuevas ideas, el tan invocado outsider es apenas una entelequia. Prefiero quejarme, pero dirigiendo mis quejas a personas concretas que ya están desempeñando un papel.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Al carajo el consenso, por Armando Martini
Imponer a contravía de la primaria la nada inteligente protección del consenso, es una estulticia

 

@ArmandoMartini

El consenso es un anhelo orgásmico de la política añosa, descompuesta, corrompida y concubina. Es la única manera que tienen para sobrevivir, alargar la vida. Cuando se está desahuciado, y se percibe el final, viene la última pancada de ahogado. Imponer a contravía la nada inteligente protección del consenso, es una estulticia. Solo sirve para conservar privilegios, mantener a como dé lugar la legitimidad que burlaron y traicionaron; la representación indebida para negociar futuro. El G4 es rechazado y repudiado por la gran mayoría ciudadana.

La plataforma unitaria es socialista. Y su objetivo, cohabitar con el régimen. Ha quedado probado y demostrado. Las sospechas se confirmaron. Los ciegos ahora pueden ver con claridad. El madurismo tenía infiltrados dentro de las filas opositoras. Es fácil deducirlo, no se requiere de sabiduría, el propio G3 (la prepotencia de Primero Justicia, el remedo de Acción Democrática y el siniestro Un Nuevo Tiempo) lo han dicho públicamente. Su forma de actuar y proceder es igual al comportamiento oficialista.

Infiltrados de Miraflores

Se corrobora que quienes han estado dirigiendo este camino sin salida eran bufones disfrazados de contrincantes; sus posturas y acciones han sido las convenientes para mantener en el poder al oprobioso castrismo. En este momento puede comprenderse por qué la vergüenza y el deshonor se han mantenido durante años y ninguna estrategia de la llamada unidad funcionó. Siempre estuvo unida, en entente con infractores de los derechos humanos. Queda reafirmado, que la MUD-G4-PSUV no respetan la Constitución, no rinden cuenta ni cumplen la palabra empeñada.

Los trapos sucios y la porquería hieden. Se dan nombres de infiltrados de Miraflores en la Plataforma Unitaria; denuncian a quienes participaron en los hechos del 30 de abril 2019; y por si no fuera suficiente, un pérfido desleal revalidó aquel encuentro encapuchado en un hotel capitalino y una reunión mexicana extramesa. La deshonestidad y la traición a la confianza es injustificable.

¿A causa de qué se destapa la podredumbre? La sinvergüenzura no es secreto para siempre, lo que deberá ser tomado en cuenta a la hora de celebrarse la primaria, si es que en realidad se efectúa. Además, no es solo que se realice, sino que la dictadura tenga planificado para que el elegido no sea precisamente por el que voten los venezolanos. Sin embargo, la rectitud, integridad y dignidad de los verdaderos demócratas, en mantener indoblegables principios y valores, será la clave para evitar celadas, zancadillas e impedir que el oficialismo se inmiscuya y enturbie la primaria, que es ciudadana y no partidista como ambiciona el G3.

¿Porque el culillo a la primaria? Porque otorgaría la victoria a un ciudadano no perteneciente ni obediente. En consecuencia, no complaciente con el oficialismo, lo que obligaría al régimen chavista a recomponerse, perdería su escudo protector, que es la falsa oposición actual. Por ello, saltan las alarmas. El rechazo a los partidos del G4 es tan grande que, solo haciendo trampa con el consenso, lograrían imponerse.

Primaria sin el CNE

Una primaria sin participación y voto de los venezolanos en el exterior, sin el sufragio manual vigilado y contabilizado por los ciudadanos y con injerencia del CNE sumiso al oficialismo, no es primaria. ¿Qué es? Simulación, farsa, estafa y engaño.

Quienes fungieron como líderes de la oposición no sirvieron, unos por incapaces, otros por corruptos. No debemos ni podemos, como ciudadanos opositores, callar, avalar y aceptar vagabunderías porque la corrupción es de los nuestros y el adversario es el otro. Excusa pendeja, simplista y cobarde. Si como ciudadanos aceptamos la pudrición de este lado, perdemos la moral de cuestionar la putrefacción chavista.

Hace años, muchos alertaron que la MUD y el chavismo eran la misma cosa. Quienes lo hacían, fueron objeto de insultos, ofensas y humillaciones. Hoy ambos lo están demostrando con tanta claridad, que no queda duda.

El momento es importante, la sociedad civil, sin compromiso ni participación partidista, ha logrado movilizar la calle en el país. Y hasta la Conferencia Episcopal lo reconoce y hace una exhortación pastoral en la que, señaló: “Es necesario despertar, para ello, no nos quedemos inmóviles, esperando a que las cosas las arreglen otros o mejoren por sí mismas. Tenemos que levantarnos, confiados en la ayuda de Dios, y con valentía arriesgarnos unidos a construir un mejor país”.

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