Reportajes Especiales - Runrun

REPORTAJES ESPECIALES

Venezuela News y el arte de vender desinformación
La Coalición Informativa C-Informa investigó las significativas conexiones entre Venezuela News, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el oficialismo venezolano

Por C-Informa

Un “medio independiente”, frecuentemente señalado por difundir propaganda y desinformación, tiene claros vínculos con el PSUV y el gobierno venezolano. Una investigación de C-Informa detalla sus tácticas de influencia y su papel en la amplificación de narrativas progubernamentales

El nombre de la agencia informativa Venezuela News resonó por primera vez, en la esfera digital, el 17 de noviembre de 2021. En su campaña de lanzamiento, impulsada en redes sociales de manera organizada bajo la etiqueta #NaceVenezuelaNews, destacó la participación de presentadores del canal Venezolana de Televisión (VTV) —el canal insignia del Estado venezolano— y comunicadores del Movimiento Free Alex Saab, justo un mes después de la extradición del empresario a Estados Unidos desde Cabo Verde.

Desde su lanzamiento, Venezuela News se presentó como un “medio independiente de poderes públicos y económicos” creado con el objetivo de combatir la desinformación y “mostrar la verdad de Venezuela”. Sin embargo, más allá de informar, ha difundido narrativas y propaganda a favor del gobierno venezolano, una tendencia que ha llevado a que varias organizaciones venezolanas de verificación de datos la señalen como una fuente habitual de desinformación sociopolítica.

La Coalición Informativa C-Informa investigó las significativas conexiones entre Venezuela News, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el oficialismo venezolano. Además, se evidenciaron tácticas de manipulación digital, incluyendo el uso de “influenciadores” y cuentas en redes sociales con seguidores no auténticos con las que intenta proyectar una influencia mayor a la real.

Al profundizar en el papel que cumplen portales como Venezuela News en el escenario informativo nacional, se evidencia un esquema coordinado diseñado para la diseminación sistemática de propaganda y desinformación progubernamental.

Una agencia entre la “verdad”, la propaganda y la desinformación

El surgimiento de Venezuela News, respaldado y promocionado por cuentas que amplifican propaganda gubernamental, levantó sospechas inmediatas. La presencia en la “agencia” de periodistas conocidos por su trabajo en medios progubernamentales que, en múltiples ocasiones, difundieron desinformación, señalaba que era parte de un esfuerzo bien orquestado para establecer un “medio” con objetivos de influencia, disfrazado de independencia.

En una breve nota publicada en su web durante su lanzamiento se aseguraba que, para enfrentar los numerosos rumores y falsedades que estaban dañando a Venezuela, era vital responder rápidamente en el mundo de la comunicación. Por esta razón el portal había sido creado, para “contar hechos de significación social, con rigurosidad científica y sin palangre”.

En uno de sus videos promocionales, Venezuela News cuidadosamente evitó mostrar vínculos directos con el oficialismo venezolano, optando por una imagen atractiva y positiva del país. La estrategia incluía la sutil mención de su colaboración con una red de “influencers” para amplificar sus contenidos, sugiriendo más una campaña de influencia que un esfuerzo periodístico auténtico. No obstante, poco tiempo después de este intento de neutralidad, el portal rápidamente se inclinó hacia la difusión de contenido progubernamental, llegando en ocasiones a utilizar rumores y desinformación en sus publicaciones.

“Necesitamos disputar la narrativa sobre nuestra realidad y mostrar al mundo ese país en positivo que somos. Necesitamos contar la verdad de Venezuela (…) contamos con un ejército de YouTubers, tuiteros e influencers, capaces de desmontar prejuicios y fake news y difundir otras formas de percibirnos. Venezuela News es un espacio de investigación, información y cultura creado para asumir la vanguardia en la disputa por la opinión pública (…)». Video presentación de Venezuela News, 18 de noviembre de 2021.

La premisa inicial que dio génesis a la agencia es, de entrada, una manipulación. Durante años, el gobierno venezolano ha sostenido ser blanco de una “guerra comunicacional” o “cognitiva” atribuida a adversarios tanto externos como internos, incluyendo a Estados Unidos y a la oposición local. En su esfuerzo por contrarrestar esta alegada ofensiva, se ha valido de medios públicos y otros que aparentan independencia, como Venezuela News, que pueden ser considerados medios “proxy”.

En el contexto de la desinformación, un «medio proxy» es un aparente “medio de comunicación” que actúa como intermediario para difundir propaganda o desinformación en nombre de otra entidad, como un gobierno o una organización, una dinámica que se refleja claramente en numerosas investigaciones realizadas sobre el ecosistema de desinformación progubernamental de países como Rusia.

A pesar de que en Venezuela News se publica una cantidad significativa de noticias de forma neutral en temas como deportes, espectáculos, economía y política, es notable su tendencia a promover propaganda y desinformación. Esto se hace evidente debido a su promoción constante de narrativas favorables al gobierno, el tono negativo con el que cubre declaraciones o eventos relacionados con líderes o partidos de la oposición, así como por los múltiples casos de desinformación y rumores que ha promovido para respaldar estas narrativas.

Desde su lanzamiento en noviembre de 2021 hasta finales de diciembre de 2023, cinco organizaciones y medios venezolanos que estudian el fenómeno de la desinformación publicaron 37 chequeos o verificaciones sobre casos de desinformación sociopolítica cuyo origen fue Venezuela News, o que fueron amplificados por el portal, observándose con claridad un patrón desinformativo.

La versión ampliada de este trabajo de investigación de C-Informa está disponible en este enlace.

Desplazados por la salud, la realidad de los migrantes venezolanos en Brasil

La frontera sur de Venezuela, esa línea limítrofe amazónica entre el estado Bolívar y el estado de Roraima en Brasil, está siendo testigo de un flujo histórico de migrantes y refugiados: 17.690 solo en agosto de 2023, la mayor cifra de ingresos de venezolanos desde 2020 cuando inició la pandemia por COVID-19.

Brasil no ha sido la opción predilecta del éxodo venezolano, pero esa tendencia cambió en 2023. Es ya el tercer país de acogida de migrantes venezolanos con necesidades de protección internacional, después de Colombia y Perú, de acuerdo con los datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V).

Las razones que impulsan el éxodo venezolano son diversas y no han cambiado. Pero en la etapa más sombría del acceso a la salud en el sector público venezolano, numerosos son los casos de nacionales que cruzan la frontera, después de largas caminatas y trayectos de más de 20 horas, para salvarse.

La Red de Periodistas de la Amazonía Venezolana junto al medio Correo del Caroní publican el seriado Frontera Sur, una frágil línea entre la vida y la muerte que revela los pormenores de la migración de venezolanos por razones de salud y cómo esa posibilidad de atención médica en Brasil es cada vez más endeble. La historias cuentan con testimonios de trabajadores de escuelas públicas, solicitantes de transplante, un funcionario del Sebin, un Guardia Nacional, mineros, pacientes VIH, mujeres víctimas de violencia, e indígenas desplazados.

Aunque pacientes oncológicos, renales y con VIH, entre otras enfermedades crónicas, migran en busca de tratamientos y medicinas, el sistema público de salud de Brasil está al límite y presionado por la alta demanda.

La narrativa oficial en Brasil insiste en responsabilizar a la migración venezolana del colapso, pero la introducción de este seriado de ocho reportajes coteja datos que muestran que el sistema tiene deficiencias que son previas al aumento del flujo migratorio, consecuencia de la crisis política y social en el país con las reservas más grandes de petróleo del mundo: Venezuela.

“Existen, sí, migrantes de salud. Aquí en Roraima hay muchos venezolanos que vienen solo por eso, y vienen por eso hace mucho tiempo y a pesar de que están llegando no se ha dado una solución específica y es un público extremadamente vulnerable. Vienen generalmente con enfermedades crónicas y no tienen nada más que hacer que ser atendidos”, sostiene Alba González, una de las promotoras del Movimiento para la Paz y la Ciudadanía Voz Migrante.

 

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En Venezuela los efectos del cambio climático se exacerban con la inacción gubernamental
¿Un desayuno sin arepas? ¿Un pabellón incompleto? ¿Ir a la playa y no encontrar el pescado de siempre? Las proyecciones mundiales sobre el aumento de temperaturas y cambio de patrones de las precipitaciones no son favorables para el trópico, del que hace parte Venezuela
Estudios locales estiman que en los próximos años caerá la producción de arroz y maíz, entre otros cultivos; paralelamente, un coral invasor aleja a las especies marinas de la costa y disminuye considerablemente la pesca. Ante un escenario donde el Estado no toma medidas de forma oportuna, las consecuencias podrían modificar nuestras dinámicas alimentarias, sociales y económicas en un futuro no tan lejano

Por: Johanna Osorio Herrera

Emily nació en una familia de cocineros. Desde su primer hermano hasta ella, la novena, todos aprendieron el arte de cocinar con su mamá. Ahora, con más de 40 años, cuando recuerda la comida de su madre, piensa inmediatamente en dos platos: el pabellón —una bandeja de origen campesino que se consume en todo el país y que contiene arroz, carne, caraotas (frijol negro) y tajadas fritas de plátano— y la hallaca —un plato navideño cuyo principal ingrediente es la masa de maíz, rellena con diversas carnes, envuelta en hojas de plátano en las que se hierve—, similar al tamal que se consume en otros países de la región.

Sin embargo, dos de los principales ingredientes de ambos platos que, a su vez, son primordiales para otros platos fundamentales en la gastronomía venezolana, como es el caso del maíz blanco para la preparación de la muy representativa arepa, son amenazadas por el cambio climático.

De acuerdo con la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) en Venezuela el cambio climático provocará pérdidas de hasta 25% en cultivos, menor disponibilidad de agua y, sumado a otras secuelas, más personas en pobreza extrema. Esto coincide con lo que ya advertía la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), en su Estudio del impacto del cambio climático sobre la agricultura y la seguridad alimentaria en Venezuela, hace más de una década.

¿Cómo se traduce esto en nuestros platos? ¿Es que acaso el cambio climático cambiará lo que tradicionalmente comemos? ¿Cómo reacciona un país, su gente, ante la pérdida de sus platos más amados?

“La identidad no se decreta, la identidad se vive, se guarda, es parte de la memoria”, asegura Ocarina Castillo D’Imperio, antropóloga experta en antropología alimentaria. Explica, sin embargo, que aunque esta depende de la geografía, experiencias familiares y sociales o con la memoria del gusto, nuestro patrimonio culinario es todavía más amplio y que conocerlo y conservarlo es el camino para cuidar nuestra seguridad alimentaria ante el cambio climático, pero también una oportunidad para el rescate de lo que llamamos identidad.

“Durante los momentos más severos de la crisis, entre 2014 y 2016 (que si bien no estuvieron ligados al cambio climático, nos mostraron escenarios posibles ante la escasez), la gente tuvo que volver a sus recetarios y estrategias familiares, porque era lo que se conseguía. Ante la contracción de las importaciones, la gente tuvo que mirar hacia lo que había, ¿y qué era lo que había? Productos de nuestra despensa originaria”, recuerda la experta. “No había, por ejemplo, uvas ni manzanas ni kiwis, pero había lechosa, guanábana, melón. Muchas personas descubrieron nuestros carbohidratos, nuestros tubérculos, que siguen siendo alimentos económicos y de fácil acceso, pues al ser parte de nuestra agricultura popular tradicional se consiguen y no están sujetos a las cadenas agroalimentarias, no están sometidos al dominio de las semillas importadas”.

Para leer la investigación completa, haga clic acá

¿Encontraremos entonces en nuestras despensas originarias, y en cultivos sostenibles y regeneradores, una alternativa ante estas predicciones agroclimáticas y una oportunidad para el rescate de lo que llamamos identidad?

Mientras hallamos respuestas, el aumento de las temperaturas y el cambio de patrón en las precipitaciones atentan, entre otros cultivos, contra los más consumidos en el país: el arroz y el maíz. Paralelamente, una especie invasora inesperada, producto de la intervención humana, se convierte a la vez en un desastre ambiental inédito y en el némesis de pescadores en casi toda la costa venezolana, mermando considerablemente la pesca. Juntos, y ante medidas estatales insuficientes, atentan contra nuestra seguridad alimentaria, ya golpeada por una Emergencia Humanitaria Compleja que llegó en 2016 y que todavía no parece tener fecha de partida.

“Un pabellón sin arroz no es pabellón”

Para que el arroz tenga gusto, Emily primero hace un sofrito. Pone ajo, pimentón y cebolla en la sartén y cuando se doran y la cocina entera se llena de sus olores, agrega el arroz, que previamente lavó y seleccionó. Lo saltea un poco, dice que así el grano se cuece justo en su punto, ni más ni menos. Luego agrega el agua y tapa la olla. Es lo penúltimo, antes de freír las tajadas de plátano, que prepara cuando hace pabellón: las caraotas y la carne mechada las monta varias horas antes para asegurarse de que todo quede blando y luego bien sazonado.

Aunque parece el ingrediente más simple del plato, es el arroz el que aporta la neutralidad con la que contrastan todos los demás sabores dulces y salados. “Sin arroz no hay pabellón”, dice Emily, y es verdad.

Pero, de acuerdo con proyecciones agroclimatológicas, el arroz del pabellón de Emily —ingrediente infaltable, casi a diario, en el plato de todos los venezolanos— está en riesgo.

“Los principales factores climáticos que afectan a la agricultura son los cambios en la temperatura y la precipitación. Los comportamientos extremos en ambos factores son cada vez más constantes y sus efectos, detrimentales; tal es el caso de las sequías, las inundaciones y las olas de calor extremas, para las cuales es difícil disponer de medidas de adaptación”, explica Aníbal Rosales, ingeniero agrónomo de la organización Grupo Orinoco y parte de los 60 especialistas de diversas áreas que trabajan en el Segundo Reporte Académico de Cambio Climático en Venezuela (Dracc) de la Acfiman.

Rosales advierte que, según proyecciones de una investigación del Grupo de Agricultura del Segundo Reporte del Cambio Climático, en Venezuela habrá, para el año 2060, reducciones de hasta casi 200 mm de precipitación anual para el oriente del país y muy escasa reducción en las regiones occidentales. En lo que respecta a la temperatura, se estiman variaciones en 1,8° C.

Son proyecciones que parecen lejanas, pero estos cambios en la temperatura comenzaron a afectar los cultivos de arroz en el país desde 2018. Ese año y el siguiente, la temperatura nocturna en Portuguesa, Guárico, Cojedes y Barinas, estados de la región llanera del país, ascendió a 25° C.

Este aumento en la temperatura, en un horario en el que las plantas respiran, se tradujo en cosechas perdidas: al calentarse el ambiente, la planta debe respirar más, se estresa y consume más carbohidratos, por lo tanto llena menos las espigas de arroz. El resultado eran plantas inmaduras que no habían logrado formar el grano.

Rafael Javier Rodríguez, experto en agroclimatología, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat y coautor de la investigación que desarrolla la Acfiman, explica al respecto que los cultivos venezolanos enfrentaban en ese momento las secuelas del fenómeno El Niño. Relata que tras la pérdida del rendimiento, “se hicieron estudios etimológicos, fitopatológicos y fisiológicos a los granos inmaduros y se determinó que la causa fundamental del daño fue de índole climatológica”.

Y aunque la situación mejoró los años posteriores, el arroz no se ha salvado por completo de los embates del cambio climático.

Para la elaboración de la Segunda Comunicación Nacional ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, se “evaluaron las necesidades de riego y el rendimiento de cultivos, en la condición de agricultura bajo secano, representativa del país (es decir, el cultivo en el que se emplea solo el agua de lluvia, sin intervención del riego artificial), para la región conformada por los estados Portuguesa, Barinas y Apure”. De acuerdo con el estudio, en el peor de los escenarios, los cultivos de arroz en Venezuela podrían perder un tercio de su rendimiento en las próximas décadas.

No es poca cosa, si se considera que en el país el rendimiento del arroz ocupaba ya el penúltimo lugar entre los principales países agrícolas de Latinoamérica para el año 2021, de acuerdo con estadísticas de la FAO, superando solo a Bolivia. Para la fecha, estaba por debajo del promedio latinoamericano por aproximadamente 2000 kg/ha. “Es claro el déficit de productividad del arroz en Venezuela, con la paradoja de contar con tierras con muy buena aptitud para este cultivo”, enfatiza Aníbal Rosales.

De acuerdo con la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), en 2022, el rubro del arroz contó con una superficie sembrada de alrededor de 85.000 hectáreas, con una producción estimada en 429.740 toneladas, lo que representó un incremento del 79% con respecto al año anterior. “El crecimiento se concentró básicamente en las áreas de influencia donde el riego es por gravedad, requiere menos combustible y la tarifa del agua es más baja. Los agricultores dispusieron de materiales genéticos nuevos con buenos rendimientos que los estimularon a incrementar el área de siembra. El año climático favoreció el cultivo y las nuevas variedades respondieron productivamente, alcanzándose un rendimiento promedio alrededor de los 5.0000 kg/ha”, detalla el informe, emitido en marzo de 2023.

Aunque los hechos recientes son esperanzadores, Rafael Rodríguez advierte que de consolidarse El Niño para el período 2023-2024 podría revivirse el escenario de 2018, durante los primeros meses del año que viene, por un aumento de la temperatura mínima. Es decir, como en aquel momento, la producción de arroz podría decaer al punto de no cubrir la demanda nacional y el arroz en el plato de Emily —en nuestros platos— podría volver a escasear por causas climáticas.

El coral invasor que nos deja sin pescado

El aceite parece crujir cuando entra en contacto con el pescado y, casi inmediatamente, el olor a Caribe se apodera de toda la cocina. Se fríe y se dora en medio de una faena que comenzó muchas horas antes, cuando los pescadores salieron al mar abierto en su búsqueda. Es destripado, descamado y luego distribuido, primero en la costa, luego en mercados de todo el país. En Venezuela, el pescado frito es un plato indispensable. En la playa a la orilla del mar, en hogares, restaurantes… siempre acompañado de tostones de plátano verde y ensalada.

Pero las especies invasoras no conocen de tradiciones.

El Unomia stolonifera, un coral octocoral originario del indo-pacífico, llegó un día, entre los años 2000 y 2005, al Parque Nacional Mochima, un pueblo costero del oriente del país. La teoría más aceptada por la comunidad de biólogos que estudian su expansión —según hechos relatados por la comunidad— es que un hombre dedicado al comercio ilegal de especies marinas lo sembró para reproducirlo y venderlo; cada tanto volvía para recoger su cuantiosa cosecha. Pero, de repente, el coral comenzó a crecer de una forma inesperada, afectando el fondo marino. Y conforme la biodiversidad comenzó a desaparecer, lo hizo también el responsable, quien hasta el momento no ha sido identificado.

Así, sin depredadores y con condiciones climáticas que lo favorecen, Unomia empezó a crecer a un ritmo de 1 m2 por cada dos meses, en contraste con, por ejemplo, los corales cerebro, que suman apenas 1 cm alrededor de cada dos años. Comenzó a arropar todo a su paso con su textura babosa y maloliente, hasta que ya no pudo pasar más desapercibido.

Pero, ¿por qué su presencia representa un peligro para la seguridad alimentaria, al menos en principio, de Venezuela? Porque el Unomia no solo crece más rápido que nuestros corales locales, los mata; y las especies arrecifales que se resguardan, reproducen y crían en estos espacios se están desplazando a otros para no morir también. ¿El resultado? Una abrupta caída de la pesca.

“Las especies más perjudicadas por el coral son las bentónicas, asociadas al arrecife. Entre las comerciales, es decir, las que afectan directamente al ser humano, están el corocoro, la catalana, el mero, pargo, pámpano, camarón y pulpo”, detalla Mariano Oñoro, coordinador del Proyecto Unomia, fundado por Juan Pedro Ruiz para buscar, en conjunto con expertos de diversas áreas, una posible solución a los que ellos catalogan como “un desastre ambiental de dimensiones inéditas”.

Oñoro explica que ante la cada vez más frecuente ausencia de especies arrecifales, los pescadores de la costa de Mochima, que viven de la pesca artesanal, ahora dependen de las especies pelágicas, es decir, las que llegan en cardúmenes a la costa por temporadas.

De acuerdo con Gloris Muñoz, presidenta de la Cámara de Comercio y Turismo de Mochima, el estado Sucre (donde se ubica el parque nacional) genera el 70 % de la pesca del país. Sin embargo, según declaraciones de Sonia Rivero, vocero del Frente de Pescadores del estado Sucre, algunas especies ya han desaparecido por completo. “Antes en la noche pescábamos San Pedro, parguito, rabo rubio, catalana y cherneta, ahora eso ya eso no existe porque se han ido a las profundidades”, aseguró en una entrevista con el medio local Crónica.Uno, donde señaló que la producción bajó a 45 % porque de 16 toneladas de pescado que sacaban del mar cada mes ahora no obtienen ni 500 kilos.

Esto, sumado a reportes de la organización Clima 21, un Observatorio de Derechos Humanos Ambientales, que asegura que en Venezuela la pesca ha caído 80 %, ocasionando la “pérdida de más de 20 mil empleos directos y una reducción promedio del 40 % en el ingreso familiar entre las comunidades asociadas a la explotación de este recurso”, pone sobre la mesa la inminente preocupación de que el Unomia contribuya con la inseguridad alimentaria no solo de la costa sino de todo el territorio nacional.

Caribe bajo amenaza

El Unomia fue descubierto en 2007 por el biólogo marino Juan Pedro Ruiz, director de la Fundación La Tortuga, en la Bahía de Conoma, en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. Luego, junto con otros expertos, se logró identificar su especie y origen. Detectaron, así, un peligro inminente: por su rápida reproducción y sus numerosas y fáciles formas de dispersión, Unomia no solo afectaría gravemente a Venezuela, sino que sería un peligro para todo el Caribe.

No se equivocaban. En la actualidad, existen reportes de la presencia del coral en la costa de estados al centro y occidente de Venezuela, y la sospecha de que se ha desplazado a islas cercanas. También la proyección y advertencia de que, de no ser controlado, puede expandirse a Aruba, Curazao, Bonaire, Brasil, Colombia, República Dominicana, México o, incluso, al mar Mediterráneo, a través de aguas de lastre; situación confirmada en Cuba, por ejemplo, donde el coral fue detectado en febrero, en la ensenada de Bacuranao, 16 km al este del puerto y de la refinería de petróleo de La Habana.

La caída de la pesca no es la única secuela del Unomia que afecta las dinámicas económicas y sociales de los pueblos costeros. Su presencia, en muchos casos, desde la orilla de la playa, a escasos 5 cm de profundidad, está afectando el segundo mayor ingreso de estas localidades: el buceo.

“En el fondo del mar hay diferentes tipos de ecosistemas: están los fondos arenosos, rocosos los arrecifes de coral, praderas de pasto marinos, bosques de manglares y, en mayor o menor medida, el Unomia los está afectando a todos”, señala Oñoro. María Olga Sánchez, buceadora profesional que dirige la Fundación Arrecifes de Venezuela, y que colabora con el proyecto Unomia con limpieza subacuática y detección del coral en el centro del país, relata que esto “ha transformado playas paradisíacas en playas con un fondo baboso, que huele muy mal, que es muy desagradable a la vista y al tacto, que mancha la piel”.

Ella y su equipo han sido testigos de la llegada y reproducción del coral invasor, así como de la muerte por falta de oxígeno de toda la vida marina que este cubre, a un ritmo más veloz que el de la búsqueda de soluciones. “La colonia más grande que tenemos en el estado Aragua está en Valle Seco, Choroní. Donde antes había un rompeolas natural lleno de corales bellos, hoy el Unomia ocupa aproximadamente el 80 % de la superficie”.

Aunque las advertencias de biólogos marinos y otros expertos comenzaron en 2011, la respuesta gubernamental llegó apenas en 2017. Actualmente, existe una mesa de trabajo conformada por entes público como el Ministerio de Ecosocialismo, el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el Instituto Socialista de la Pesca y Acuicultura, junto con entre privados, como investigadores de la Universidad Central de Venezuela, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, la Universidad de Oriente, la Universidad Occidente, el Instituto Oceanográfico de Venezuela y el Proyecto Unomia, abocados a la búsqueda de una solución.

Se encuentran a la espera de la autorización para probar un método de extracción mecánico: un prototipo experimental que trabaja con ultrasonidos y turbinas, con el fin de pulverizar al coral y enviarlo al fondo marino como materia orgánica. Solo hasta ese momento conocerán su eficiencia y si causa o no daños colaterales. Y solo hasta ese momento sabrán, también, si nuestra biodiversidad y las especies marinas que forman parte de nuestra gastronomía tienen alguna esperanza.

El incierto futuro de la arepa

Con mantequilla y queso, con aguacate y pollo, con mariscos, con caraotas y tajadas de plátano, con huevos revueltos o hechos perico, con pescado guisado, con carne, con cerdo, siempre recién hecha con harina de maíz blanco en el budare calientico… Para el venezolano, la arepa es un plato fundamental. Se come a diario, una o dos veces al día para quien la repite en la cena, y hasta en el almuerzo para acompañar algún sancocho. Sus reemplazos: la empanada o los bollitos hervidos (bolas de masa, a veces condimentada), se hacen con el mismo ingrediente: maíz. Inclusive el plato más representativo de la navidad venezolana, la hallaca, sería imposible de preparar sin este versátil cereal.

Su producción en los últimos años ha tenido altos y bajos y, aunque su panorama actual es favorable con respecto a épocas recientes, su producción en el país solo alcanza para cubrir entre 15 % y 20 % de la demanda interna, que en otrora alcanzó hasta el 80 %.

En 2021, el Instituto Goddard para el Espacio de la NASA y The Earth Institute de la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York, determinaron que como consecuencia del cambio climático, en 2030 los cultivos de maíz podrían caer 24 %. Estos cambios harían más difícil el cultivo de maíz en los trópicos y, por lo tanto, en Venezuela.

“No es lo mismo una reducción de 24 % en un país subdesarrollado, verdaderamente subdesarrollado, como Venezuela. Se debe considerar que para 2030, en el país, el maíz continuará siendo un alimento para la gente, la producción agrícola seguramente continuará siendo escasa, no se cubrirá la demanda y, por lo tanto, se continuará importando para satisfacer el déficit”, señala Aníbal Rosales, quien contrasta el uso que se le da en Venezuela a este rubro, con el de Estados Unidos, donde es mayormente usado para alimentar animales.

El agroclimatólogo Rafael Rodríguez señala que estudios más focalizados proyectan que esta caída en Latinoamérica y el Caribe alcanzará al menos el 10 % para mediados de siglo, extendiéndose también a otros cultivos como el arroz o el frijol. Pero afirma también que es importante considerar que la agricultura responde no solo a aspectos biológicos, sino también a otros no biológicos, como la infraestructura, el uso de combustibles o agroquímicos, cuya planificación es determinante en el rendimiento y producción.

Rosales, por su parte, agrega que “el sector agrícola de la mayoría de los países latinoamericanos ha ocupado un lugar importante en la economía de esos países, aportando una porción importante en su Producto Interno Bruto (…), mientras el sector agrícola venezolano enfrenta déficits en insumos, créditos, maquinarias agrícolas, riego”, enumera y dice que no importa cuántos aportes se hagan desde la ciencia si no existen políticas de Estado que los respalden.

Berno Stanic, directivo de Fedeagro en el rubro del maíz, coincide con ambos expertos en este sentido: “La caída que hubo a partir de 2014 fue por condiciones externas políticas o económicas, por la merma en las áreas de siembra y en el poder adquisitivo de los programas de financiamiento, que no permitieron asistir de manera óptima a los cultivos, por falta de insumos, hasta que en 2018 tocamos fondo”.

Sin embargo, difiere sobre el futuro del cultivo. “Es cierto que en el cinturón maicero hacia el centro de EEUU ha habido una caída en la producción en los últimos años, debido al cambio climático. Pero a nivel mundial, en unas partes esto ha afectado el rendimiento y en otra lo ha beneficiado. El cambio climático afecta de una manera distinta al cono norte y al cono sur, no nos afecta a todos de manera plana. En Brasil, por ejemplo, el rendimiento ha mejorado”.

Admite que esto responde no solo al clima sino a factores estatales, “como políticas de adaptación al cambio climático, que han permitido abrir nuevos campos de siembra en este país, donde el gobierno ha apoyado al sector agrícola”. Pero también es optimista sobre el futuro del maíz en Venezuela. “Desde 2019 hemos tenido una recuperación lenta, pero firme. A partir de la crisis, aprendimos a ser un poco más eficientes en el campo”.

Si bien las importaciones son necesarias para cubrir el resto de la demanda local, Stanic asegura que por la fecha en la que se hacen —en vísperas de la cosecha o justo en plena cosecha— el productor nacional, que trabaja el cultivo en medio de la adversidad, queda relegado. Esto, sumado a que los costos de producción locales son similares a los internacionales, pero la producción está muy por debajo, negando al agricultor la posibilidad de competir con precios de alimentos importados.

No niega los embates del cambio climático y admite que “en el estado Portuguesa, en Santa Rosalía, el corazón del granero de Venezuela, tenemos zonas donde están bastante adelantadas en áreas de siembra, mientras en otras, en el mismo estado, la lluvia no ha permitido sembrar”. Pero exhorta a los expertos a ser cautelosos al respecto. “A comienzo de año, expertos en clima recomendaron, incluso directamente a los agricultores, no adelantar siembras en mayo, como suele hacerse, porque luego vendría El Niño y las perjudicaría. Pero, al contrario, ha llovido muchísimo”.

En este escenario de un Estado silente ante un futuro aparentemente irremediable pero incierto, ¿cuál es entonces la solución para que la arepa se conserve en nuestros platos? Rodríguez asevera que el camino es que “el material o la investigación genética se lleve hacia el uso de materiales que toleren sequías, una arquitectura que tolere los vientos fuertes y se adapten los cultivos a nuestras proyecciones del aumento de la temperatura”.

En pocas palabras, ante las amenazas del cambio climático a nuestros cultivos, todos los expertos coinciden en algo: debemos buscar aquellos alimentos que forman parte de nuestras despensas originarias, cuyos patrones agroecológicos sean sostenibles, con nuevos métodos que sean regeneradores de la tierra y reconocer que nuestro patrimonio culinario es más amplio de lo que pensamos.

También una oportunidad para el rescate de lo que llamamos identidad. “A estas alturas del partido sabemos que lo que genera nuestra memoria alimentaria son estas imágenes que se quedan grabadas en nuestro cerebro y que están asociadas a nuestro pasado y a nuestra vida familiar, a nuestra historia familiar”, afirma Castillo D’Imperio.

“Mi identidad con la arepa viene porque yo la como desde que era niña, y la hacía mi abuela y la hacía mi nana. Y las comprábamos en una fábrica de arepas que las hacía en Catia (cuando todavía se hacían de maíz pilado y no de harina), cerca de mi casa, a donde iba a pie con mi mamá, cuando tenía 5 o 6 años, los sábados en la mañana, y me venía abrazando una bolsita de papel marrón donde venían las arepas calienticas, y yo no sabía que era más sabroso, si traerme la bolsita abrazada con un olor exquisito o comérmela. Esa es la identidad”.

Este proyecto de Historias Sin Fronteras fue desarrollado con el apoyo del Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes e InquireFirst.

Preescolares entre tepuyes y minas: la odisea de estudiar en el paraíso
En la distante frontera de Venezuela hacia el Brasil, en la Gran Sabana, la educación de la primera infancia surge como el prisma desde el cual mirar la crisis venezolana. La dinámica económica de esta región amazónica, devenida en zona minera, impone particulares desafíos

Morelia Morillo

Alma camina de prisa los 150 metros que separan la Unidad Educativa “Fe y Alegría de Manak Krü” -donde da clases de una materia a ocho secciones de bachillerato- al preescolar donde también ejerce su profesión de docente: el Centro de Educación Inicial “Manak Krü” de Santa Elena de Uairén, la última ciudad venezolana hacia Brasil, a 1.258,4 kilómetros de Caracas. Es junio de 2023 y, por suerte, no llueve. Pero, faltando 20 minutos para las 10:00 de la mañana, el cielo es una pantalla blanca. El sol, entre nubes, abrasa, enceguece. 

En la misma ciudad está el Centro de Educación Inicial “Santa Elena” que luce sobre el marco de una puerta un letrero, hecho a mano, que ofrece tareas dirigidas. Con certeza, las clases las dicta una maestra como parte de su estrategia de sobrevivencia

La caminata apurada de Alma y el letrero en el CEI “Santa Elena” expresan la urgencia de dos mujeres, docentes, por subsistir. Tanto sus salarios como los ingresos de padres y madres son precarios. Sin embargo, de esos adultos depende el funcionamiento de los preescolares y el bienestar de niños y niñas menores de seis años.

 

 

Los maestros, papás y mamás sobreviven estresados, los planteles carecen de mobiliarios y materiales adecuados; pocos niños y niñas asisten con regularidad porque en casa no hay para el desayuno o para comprar sus uniformes; las sedes no cuentan con juegos didácticos, parques, patios ni especialistas para atender a los estudiantes que se ubican dentro del espectro autista.

Los preescolares de Santa Elena de Uairén, la única ciudad venezolana en la frontera con Brasil, en la Gran Sabana, son espacios en donde la crisis venezolana recrudece y permea hacia la primera infancia. De nada vale que este sea el centro urbano de una región en donde se aceleró la economía minera y la importación de alimentos brasileños que entran por esta frontera y van hacia los yacimientos y al resto del país.

El municipio Gran Sabana se asemeja al paraíso, estudiar aquí debería ser maravilloso. Es un área amazónica conformada por 90% de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAES), por su belleza o valor ambiental. Tiene ríos, morichales, selvas, sabanas y unos cerros de cimas planas llamados tepui.

Pero la crisis -esa mixtura deforme de inflación, devaluación, corrupción, conflicto político y sanciones internacionales- alcanzó la economía local: el turismo, el transporte de pasajeros y el comercio, que ocupaban a la población, apenas existen. La mayoría escarba en ríos, sabanas y montañas procurando unos puntos, milésimas partes de gramos de oro, para comer; mientras que los menos se sirven de poderosas máquinas, compran y venden el mineral o invierten en alimentos brasileños que colocan en el interior del país o en las minas. En marzo de 2023, Juan Méndez, director estatal del Ministerio del Poder Popular para el Transporte, dijo a Primicia, que pasaban 500 unidades de carga diarias por la Troncal 10, la vía que conecta al límite fronterizo con el resto del territorio nacional.

 

 

Acá, cualquier pago, por pequeño que sea, se hace en reales brasileños o en oro

¿Cómo se vive así? ¿Cómo son los preescolares en esta frontera? ¿Qué papel juegan los padres? ¿Y los niños? ¿Cómo afecta durante la primera infancia el vivir al cuidado de padres y maestros bajo presión?

Los preescolares dependen de la ayuda de los padres. Pero, para evitar sanciones, en esos espacios ni se habla ni se formaliza la contribución. En cambio, se usan definiciones como “Una gotita de amor”. De ese amor de gota a gota depende incluso el pago de los suplentes, el desinfectante y el papel sanitario.

En esta ciudad, localizada a 15 kilómetros de la frontera, quien puede pagar transporte (60 dólares mensuales), inscribe a sus hijos en Pacaraima, la localidad brasileña fronteriza con Venezuela, especialmente para iniciar la escuela primaria y a veces, desde preescolar.

Conoce la historia de Alma y de los centros públicos de educación inicial de Santa Elena de Uairén y Pacaraima en el especial: Preescolares entre tepuyes y minas: la odisea de estudiar en el paraíso

preescolares entre tepuyes y minas

 

INVESTIGACIÓN | Los reportes secretos de la corrupción, el fondo sin fondo de Venezuela y Argentina

La sintonía política entre los expresidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez quedó plasmada en julio de 2004, cuando firmaron un convenio bilateral por el cual Argentina podía comprar combustible venezolano a bajo precio y depositar sus pagos en un fondo común que llamaron fideicomiso bilateral. Los empresarios argentinos exportarían distintos productos que necesitara Venezuela y se les pagaría con el dinero del fideicomiso.

En los papeles era un negocio para todos. En la realidad, el acuerdo alcanzó dimensiones multimillonarias y resultó una llave de oro para unos pocos oportunistas.  

Empresarios de ambas orillas se hicieron millonarios con la venta de productos con sobreprecios a empresas públicas venezolanas, ante la vista gorda de los funcionarios que facilitaron las herramientas financieras estatales.

Esos contratos de compra-venta son aún hoy investigados por la justicia argentina, con sospechas de que contribuyeron a desfalcar el patrimonio público en Venezuela, en medio de la emergencia humanitaria compleja que ya empezaba a padecer ese país.

Opacidad profunda entre Venezuela y Argentina 

Una alianza periodística integrada por Transparencia Venezuela y el CLIP, con el apoyo de Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP), Infobae y TalCual, tuvo acceso a una filtración anónima de reportes de la Unidad de Información Financiera de Argentina. Estos documentos revelan los millonarios movimientos de dinero realizados por empresarios luego de vender productos a Venezuela mediante este fideicomiso bilateral.

Por primera vez, esta investigación periodística detalla con ejemplos concretos, cuánto dinero ganaron, cómo ocultaron esos activos, en qué bienes invirtieron y, en muchas ocasiones, cómo aprovecharon el sinceramiento fiscal abierto por Argentina en 2016 para blanquear sus fondos sin dar explicaciones sobre su origen.  

Los reportes, hasta ahora desconocidos, explican cómo los nuevos «bolichicos argentinos» usaron sociedades offshore y otras maniobras financieras para desviar los fondos públicos venezolanos a la compra de distintos bienes, como propiedades, vehículos de lujo y hasta embarcaciones en Miami.

Mientras se sellaban estos negocios, la Unidad de Información Financiera (UIF) de Argentina alertó sobre decenas de transferencias bancarias a contramano, es decir, desde cuentas bancarias vinculadas a los empresarios argentinos hacia sociedades en paraísos fiscales, cuyos beneficiarios finales eran venezolanos. Las autoridades sospechaban que estas transferencias podrían esconder coimas.

Los informes ahora revelados exponen el bloqueo del gobierno de Venezuela sobre las causas judiciales abiertas en Argentina, que demora el trámite de los expedientes. A pesar de contar con información precisa sobre balances, contratos y hasta cuentas bancarias, los tribunales argentinos prácticamente no han avanzado en los últimos años en acusaciones concretas contra ninguno de los empresarios.

Aunque existen decenas de casos que huelen a corrupción dentro de este acuerdo, esta investigación periodística expone cuatro ejemplos representativos de posibles delitos que se publicarán entre este domingo 10 de septiembre y el miércoles 13 de septiembre.

Se revela por primera vez que Baldric SA, una empresa de fachada creada por un venezolano en Argentina ganó un contrato a medida por casi US$ 8 millones para reactivar un frigorífico en Machiques de Perijá que nunca repuntó. Esta investigación le da una segunda vida al ya conocido caso de «la embajada paralela» en Caracas, a través de los opacos movimientos de fondos de Ascensores Servas SA. Se completa, por primera vez, la ruta del blanqueo de unos hermanos de Tucumán, que multiplicaron sus bienes por sus negocios con el Estado venezolano. Y, por último, se reconstruye la historia de un empresario venezolano, que infló exportaciones de alimentos desde Argentina para obtener divisas preferenciales, según las autoridades de ese país.

Lea el especial completo haciendo clic en la imagen

Venezuela y Argentina. Un fondo sin fondo. Corrupción

La generación que perdió el sueño: los huérfanos de la letalidad policial en Venezuela
Venezuela es el país con la tasa de letalidad policial más alta de América Latina y, quizás, del mundo. Monitor de Víctimas, una plataforma periodística que lleva un registro de los homicidios en cinco estados del país, documentó 2.033 víctimas de presuntas ejecuciones extrajudiciales entre 2017 y 2022. Estas personas dejaron huérfanos, al menos, a 1.520 niños, niñas y adolescentes
Esta investigación busca visibilizar las historias ocultas de 26 huérfanos de la letalidad policial en Caracas, Lara, Táchira, Zulia y Sucre. A través de tres podcast se revelan los efectos de estas ausencias trágicas en sus vidas. Cada capítulo explora un aspecto de la cotidianidad de estas familias y sus traumas: su salud mental, las secuelas de sus privaciones económicas y la deserción escolar

Por Monitor de Víctimas

Hay madrugadas en las que Jennifer Blanco*, de 14 años, se despierta aterrada. No hay pesadillas, ruidos bruscos, ni nada repentino que aliente el temor. “Empiezo a mirar, toco a mis hermanos para ver si están respirando, no sé por qué tengo eso. Después, cuando veo que todo está bien, me acuesto otra vez”, confiesa. 

Aunque no puede predecir estos episodios, sí sabe cuál es su origen: empezaron poco después del asesinato de su padre, Amilcar Blanco*, quien fue presuntamente ejecutado por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) de Venezuela, luego de participar en las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro en enero de 2019. Una comisión policial entró a su casa en un pueblo del estado Lara, a 470 kilómetros de Caracas, sacó a sus hijos y a otros familiares y se quedó solo con él. La víctima dejó cinco niños huérfanos. Jennifer es la mayor.

De acuerdo con datos recabados por Monitor de Víctimas —una plataforma de periodismo que realiza un registro minucioso de los homicidios y los casos de letalidad policial en Caracas y otros cuatro estados de Venezuela— entre 2017 y 2022, 1.328 niños y adolescentes quedaron huérfanos producto de las muertes ocurridas por presuntas ejecuciones extrajudiciales o resistencia a la autoridad solo en Caracas. En el estado Lara —donde vive Jennifer y sus cuatro hermanos—, estas mismas causas dejaron huérfanos a 143 menores de edad, entre 2020 y 2022 (periodo del que se tiene registros). En Táchira fueron 14, entre 2021 y 2022; en Zulia, 27 solo durante 2022 y, en Sucre, 17 en el mismo año. 

Entre enero de 2016 y octubre de 2019, se reportaron 19.801 casos de resistencia a la autoridad en Venezuela, según una filtración de datos oficiales del Observatorio de Seguridad Ciudadana del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz a la que se tuvo acceso. 

Esta investigación, basada en datos recabados por Monitor de Víctimas y con el apoyo del Consorcio para Apoyar el Periodismo Independiente en la Región (CAPIR), revela a través de tres podcast cómo los niños, niñas y adolescentes terminan siendo el eslabón más frágil y vulnerable de la cadena de dolientes que deja la letalidad policial en Venezuela. 

Para este reportaje especial se seleccionaron casos de víctimas de letalidad policial ocurridos entre 2017 y 2022 en Caracas y los estados Lara, Táchira, Zulia y Sucre, y dejaron huérfanos a menores de 18 años. Luego, se realizaron más de 30 entrevistas en persona a los niños, niñas, adolescentes y a sus madres y cuidadores por medio de dos formularios que indagaron sobre el estado físico y nutricional, la escolaridad, la salud mental, la carga familiar, la recreación y el afecto que reciben los pequeños. 

A través de las historias de nueve víctimas de la violencia policial, que dejaron 26 huérfanos en cinco estados del país, un equipo periodístico identificó cómo las familias —y, en particular, los más pequeños— se transformaron y comenzaron a experimentar una serie de consecuencias psicológicas, como los terrores nocturnos de Jennifer, además de carencias alimenticias, educativas, materiales y afectivas, luego de las presuntas ejecuciones de sus progenitores

Los relatos, acompañados de las opiniones de psicólogos, sociólogos y antropólogos consultados para este trabajo, se presentan en esta serie de podcast que explora tres aristas del problema: salud mental, privaciones económicas y educación.

Escucha el especial “La generación que perdió el sueño. Los huérfanos de la letalidad policial en Venezuela” haciendo clic en esta imagen:

Raúl Andrés Orozco: el escurridizo comerciante del oro volador y las vacas navegantes
Un complejo entramado de empresas, socios, direcciones y países dificulta seguir los pasos de un comerciante del oro venezolano devenido ganadero en Colombia. Se libró de la redada emprendida por el gobierno de Nicolás Maduro contra las mafias mineras, pero otros escándalos que han salpicado sus negocios, incluyendo el reciente asesinato a manos de sicarios de dos de sus empleados

@boonbar y @loremelendez

La noche del 19 de julio de 2023, un presunto sicariato sacudió la Agroexpo 2023, la feria agropecuaria más importante de Colombia. A las afueras del lugar, y mientras esperaban un taxi, un hombre asesinó con varios disparos al venezolano Andry David González Hernández, gerente general de Agropecuaria La Vía Láctea SAS, y al portugués Ruby Alexander Moráis Layme, entrenador de caballos en el Criadero La Victoria SAS. No les quitó nada de valor, ni sus costosos relojes ni sus morrales. El homicida huyó en moto junto a otro hombre y dejó ilesa a la esposa de uno de ellos.

El suceso puso nuevamente los focos sobre Netrex, el conglomerado comercial establecido en Colombia que agrupa a las dos empresas en donde trabajaban las víctimas. Ya en enero de este año, otra de las compañías de ese consorcio, la exportadora de ganado Frontera Vacana, enfrentó el decomiso de 4,5 toneladas de cocaína en un barco con 1750 vacas, cuyo destino final era Líbano, en un caso que la prensa local bautizó como el de las “narcovacas”.

Uno de los stands de la Agropecuaria La Vía Láctea en la Agroexpo 2023 (Bogotá) acordonado luego del sicariato de su gerente general. Crédito: Equipo CONNECTAS

La piedra angular de Netrex es otro venezolano: el zuliano Raúl Andrés Orozco, un hombre de negocios de bajo perfil que ha logrado construir una extensa estructura empresarial, primero en su país de origen y ahora en Colombia, donde hasta ahora ha podido esquivar los reflectores a pesar de los escándalos mediáticos que han surgido alrededor de sus negocios. 

Antes de hacerse ganadero, el principal negocio de Orozco era el oro y hasta allí también lo alcanzaron los titulares. En febrero de 2018, autoridades neerlandesas incautaron en el aeropuerto Reina Beatrix de Aruba 46 lingotes del mineral, provenientes de Maracaibo. Por este hecho, investigado por Runrun.es en el especial “Fuga del oro venezolano: la ruta de un saqueo”, los dos propietarios de Paoro Armored Transport –compañía encargada de trasladar y custodiar ese oro hasta su destino final: Dubai– pasaron meses tras las rejas a la espera del avance de las investigaciones que, al final, se cerraron por falta de pruebas. Mientras tanto, la verdadera compañía propietaria de los lingotes venezolanos, Paoro International Free Zone, fundada por Orozco, logró escabullirse de las pesquisas.

Esta investigación de Runrun.es, Armando.info y CONNECTAS logró establecer las conexiones de Orozco con una fundación de caridad y al menos 24 compañías –algunas de corta duración– en cinco países (Venezuela, Curazao, Estados Unidos, Colombia y Emiratos Árabes Unidos), tejidas durante 18 años de operaciones en sociedad con su esposa Rocío Landazabal y sus tres hijos (Marco Antonio, María Paula y otra menor de edad, cuyo nombre se omite por razones legales). Varias de las empresas cumplen un patrón atípico, pues se “activan y desactivan”, además de cambiar continuamente de directiva y de accionistas y entrelazarse en un esquema corporativo difícil de desenredar. 

Para esta cobertura, un equipo de periodistas visitó cuatro ciudades de Venezuela en los estados Zulia, Bolívar y Nueva Esparta, revisó registros mercantiles de seis países naciones y realizó solicitudes de información a todos los nombres involucrados, así como a la Fiscalía General de Colombia, para descifrar el entramado empresarial creado por Orozco.

El reportaje sigue la pista de Orozco, un comerciante cuyo modus operandi se basa en la creación de complicadas estructuras empresariales del sector aurífero y ganadero que le han ayudado a pasar inadvertido en varias oportunidades. Esta red corporativa, difícil de desenredar, evade las fiscalizaciones formales y borra el rastro de sus negocios en Venezuela y Colombia, en terrenos en los que ha probado sus habilidades para manejos no siempre lícitos. 

Conozca en este especial a Raúl Andrés Orozco: el escurridizo comerciante del oro volador y las vacas navegantes

Extorsión uniformada: los policías tomaron el lugar de grupos delictivos en la Cota 905
La investigación Extorsión uniformada: los policías que someten a la Cota 905 revela cómo algunos policías en Venezuela han tomado el lugar de los grupos criminales con prácticas delictivas como las extorsiones
El reportaje hace un zoom en una importante zona popular de Caracas para mostrar las dinámicas delictivas de funcionarios de la PNB denunciadas por víctimas y habitantes de la Cota 905. Además, identificó el patrón criminal utilizado por los uniformados, que han instalado ocho alcabalas policiales en el barrio y recurren a la vieja práctica de sembrar droga a los jóvenes para exigir dinero a cambio de no enviarlos a prisión

 

POR: ARI, CONNECTAS, INVISIBLES

Un equipo periodístico de la Alianza Rebelde Investiga (ARI) entró a la Cota 905, un barrio en el suroeste de Caracas que hasta hace dos años estuvo controlado por una de las megabandas más poderosas del país, y confirmó que hay una nueva estructura criminal que extorsiona, simula delitos y somete a los habitantes de la localidad.

Más de 30 entrevistas con residentes de la zona, expertos y funcionarios revelaron que un contingente de agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) sustituyó a la banda de alias “Koki” en el control criminal de este territorio, que ha sido estratégico para el tráfico de drogas y otros delitos.

La Cota 905 está ubicada a menos de cinco kilómetros del Palacio de Miraflores, muy cerca del comando de la Guardia Nacional Bolivariana, de la sede de la Policía del Municipio Libertador y de una de las dependencias del Sebin. Sin embargo, esta zona estuvo desde 2015 hasta 2021 bajo el dominio del grupo delictivo liderado por Carlos Luis Revete, conocido por el apodo de “Koki”.

Luego del desmantelamiento de la megabanda, los policías se instalaron en el barrio para supuestamente devolver la seguridad a sus habitantes. Pero en lugar de llevar paz y tranquilidad, implementaron una red de extorsión que somete a habitantes, visitantes y comerciantes de la zona. Así lo revela este reportaje.

Testigos y víctimas describieron que, imponiendo su autoridad, funcionarios de la PNB se apoderaron de todo el territorio no sólo para mantener a raya al remanente de delincuentes que pudieran quedar de la banda del “Koki”.

La investigación realizada por ARI –la alianza de medios integrada por El Pitazo, Runrunes y TalCual– junto a CONNECTAS, con el apoyo de Invisibles, revela que uniformados definieron un patrón para quitar dinero a personas que pasan por las alcabalas dispuestas en lugares concurridos de la Cota 905. Desde estos sitios detectan a las víctimas, preferiblemente hombres jóvenes, luego les hacen requisas y, según las personas consultadas, colocan porciones de droga de los bolsillos de los detenidos.

Luego trasladan a estas personas a los módulos improvisados o los montan en patrullas, mientras los obligan a comunicarse con su familia para pedirles dinero, de lo contrario, los implican en delitos y formalizan las detenciones. Las víctimas son privadas de su libertad hasta que sus parientes paguen el dinero exigido por los uniformados.

Los habitantes de la Cota 905 entrevistados aseguran que viven con miedo y buscan resguardar a sus hijos, pues temen que –como en el pasado– las acciones de policía estimulen el surgimiento de una nueva organización delictiva, que intente frenar los excesos de los cuerpos de seguridad. Esto podría reactivar los enfrentamientos y balaceras que parecían haber quedado en el pasado.

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extorsión uniformada