Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

Miedo, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Desde el martes 13 de octubre, cuando me designó el presidente Guaidó como miembro del Comité Organizador de la Consulta Popular, he tenido infinidad de llamadas y mensajes. Apartando los insultos, que no fueron muchos, tres denominadores comunes: felicitarme, agradecerme y la inevitable pregunta: “¿no te da miedo?”…

Sí, claro que me da miedo. Estamos enfrentando a un régimen que quiere mantenerse como sea en el poder y hace lo que sea para lograrlo. Cualquier manifestación o acción de crítica es respondida con “tuntunes”, como dice el hombre del mazo. Y todos sabemos qué y cómo son esos “tuntunes”. También se meten con las familias, el punto más débil que tenemos. Su maldad es ilimitada y lo hacen saber por todos los medios. Y encima, tienen un TSJ y unos jueces que liberan a asesinos, como vimos recientemente en los casos de Fernando Albán y el capitán Acosta Arévalo.

Yo fui coordinadora de El Firmazo en Aragua. El rumor era que los Círculos Bolivarianos iban a entrar en la Cámara de Comercio, donde teníamos nuestro “cuartel general” y destrozarían las planillas. La primera noche me avisaron que estaban reuniéndose en la IV División Blindada del Ejército, para salir hacia donde estábamos nosotros. Ahí también sentí miedo. Entonces llamé al General Baduel y le pregunté si eso era verdad. Argüí que no tenían derecho a impedirnos un acto democrático que contemplaba la constitución que había sido redactada, en aquel momento, a imagen y semejanza del movimiento chavista. Baduel me dijo con su voz grave: “señora, no se preocupe. Haga su consulta, que nadie se lo va a impedir. Tiene mi palabra”. Y nadie nos boicoteó la recolección de firmas. Lo que sí pasó es que, en ruta hacia Caracas, “desaparecieron” 20.000 de las 120.000 firmas que habíamos recogido. Uno de nosotros, como Judas, había sido el traidor. Pero esa es otra historia.

El hecho es que hoy enfrentamos un nuevo desafío de llevar a cabo una consulta popular en tiempos de anarquía y represión. Pero tal vez esta sea la última carta que los demócratas venezolanos podamos jugarnos. Por eso es importante participar. Si usted es de los que creen que ya tuvimos una consulta y “que no pasó nada”, le respondo que las condiciones de 2020 son distintas a las de 2017: ahora tenemos un gobierno legítimo, reconocido por las democracias más sólidas e importantes del mundo.

Este es un llamado de auxilio del pueblo venezolano. La peor diligencia es la que no se hace. No se pierde nada participando y se puede ganar mucho.

El 2017 no fue en vano: aquello trajo que hoy tengamos un presidente encargado y muchos países aplicando sanciones y persecuciones a los jerarcas del régimen. Aquello nadie se lo imaginó. Sopesando la experiencia anterior… ¿acaso no será altísimamente probable que sus efectos sean motores para por fin alcanzar la ansiada libertad en Venezuela?

¿Miedo? Sí, claro que hay miedo. Pero peor que el miedo es la desesperanza, porque la desesperanza paraliza. Eso es lo que quiere Maduro.

¿Miedo?… ¡Por supuesto! He pasado mi vida adulta predicando que no podemos esperar que otro haga la diligencia por nosotros. Ahora, una vez más, me tocó. Y les tocó a los valientes que me acompañan en esta consulta. Porque valiente no es quien no siente miedo. Valiente es quien, a pesar de sentir miedo, sigue adelante. Gracias Blanca Rosa Mármol de León, Enrique Colmenares Finol, Isabel Pereira Pizani, Horacio Medina, Estefanía Cervó y Rafael Punceles. Un honor estar con ustedes en este evento histórico y necesario.

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El mejor amigo de Tuti, por Carolina Jaimes Branger

Tuti y Davide, su mejor amigo, en su conversa a través de Zoom. Fotos CJB, fotocomposición Runrunes.

@cjaimesb

Muchos de mis lectores saben que mi hija Tuti tiene discapacidad (o capacidades diferentes, como le dicen ahora). Cuando era pequeña, vivió una de las experiencias más bellas que puede experimentar un niño: tener un amigo de verdad. Se llama Davide Bombonato Salazar y era su compañerito de colegio desde el preescolar.

Davide era el mejor de su clase. Además, la estrella del fútbol, nadaba muy bien, era tremendo, divertido y encantador. En pocas palabras, Davide era el niño más popular de su salón. Y aunque tiene la misma edad de mi hija Irene, un año menos que Tuti, su amiga era Tuti. Nunca la sintió distinta a él, aunque lo era de muchas maneras.

Davide y Tuti jugaban hasta el cansancio. Era conmovedor verlo cómo le tomaba la mano al correr, se sentaba a su lado si ella estaba cansada y la defendía a capa y espada si alguien osaba meterse con ella, cosa que por fortuna ocurrió muy pocas veces.

Davide la invitaba a tomar capuccino al menos una vez a la semana. Aquí tengo que agradecerle a Dorianna Salazar de Stone, su mamá y mi amiga querida, que los llevaba. Ella se sentaba en la mesa de al lado y Tuti y Davide conversaban mientras tomaban café. Él la ayudaba para que no se le botara.

Muchas veces, Davide se quedó a dormir en mi casa. Era una auténtica alegría para mis hijas. Era un hijo más. Hasta se venía con nosotras para Caracas (vivíamos en Maracay) a visitar a mi mamá, a quien llamaba Atita, como le decían mis hijas.

Cuando Tuti se iba para casa de Davide, Dorianna la cuidaba como a una hija. Hubo un tiempo cuando Tuti estaba tomando muchas pastillas y Dorianna se llevaba anotados los horarios y se las daba. No todo el mundo asume esa responsabilidad. Davide es tan especial porque su mamá también lo es y así se lo enseñó.

Cuando nació el hermanito de Davide, él tenía alrededor de 6 años, y Tuti 7. Todas las tardes Tuti quería ir a ver “al bebé de Davide”. Un día, Dorianna entró al cuarto del bebé y se encontró a Tuti y a Davide ¡metidos dentro de la cuna! Hasta el día de hoy no quiero imaginarme cómo hizo él para meter a Tuti en la cuna… la buena noticia es que al bebé no le pasó nada.

Davide y Tuti veían películas y jugaban videojuegos juntos. Él siempre tuvo una palabra cariñosa y de alabanza para ella. Tuti asistía a todos sus partidos de fútbol. Un año que Davide se fue al campamento de verano de la Juventus, cuando se estaba yendo le dijo a Dorianna en el aeropuerto: “no me vayas a estar llamando todos los días… mejor, no me llames”. Pero justo cuando acababa de entrar en inmigración, que ya iba con la aeromoza que lo acompañaba, pues viajaba solo, se devolvió y le gritó a su mamá desde la puerta: “¡llámame solo si se cura Tuti!”.

Yo escribí un cuento donde los protagonistas son Tuti y Davide. Se llama Los 7 encuentros. En la historia, Tuti se llama Tina y Davide, Andrés. Lo cierto es que Andrés al principio del cuento rechaza estar con Tina, porque es lo que sucede por lo general. Davide fue la excepción. Él quiso a Tuti y así se lo hizo saber desde que se conocieron. Una vez que presenté el cuento en Miami, Davide, que ya vivía allá, llegó al lugar con un enorme ramo de rosas… eran para Tuti.

Luego la vida, como suele suceder en estos tiempos, nos separó. Pero el día que escribo este artículo, Tuti reconectó con Davide. Hablaron por Zoom como hora y media. Ambos estaban felices. Y es que la verdadera amistad es así… el tiempo no pasa.

Hay alegrías que no pueden expresarse con palabras, como la que tengo yo al escribir estas letras. Gracias, Davide, por ser el mejor amigo para Tuti. Te llevo siempre en mi corazón.

 

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Del Caracazo al carajazo, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Si hay un tema delicado, explosivo y que ha sido tratado como una papa caliente en Venezuela, es el de la gasolina. Desde los tiempos de Medina Angarita se instaló la idea de que como país petrolero que éramos, la gasolina debía ser barata. Hasta que Maduro subió los precios en 2020, tuvimos la gasolina más económica del mundo. No había artículo en Venezuela que fuera más barato que la gasolina.

Sabemos que el Caracazo no fue espontáneo. El grupo de Chávez estuvo involucrado en los trágicos sucesos de 1989, que dejaron tres centenares de muertos, miles de heridos y pérdidas materiales multimillonarias. Pero siempre existió el miedo de subir el precio de la gasolina. Y los subsidios a la gasolina producida en el país, siempre fueron altísimos. Un dinero que, con aumentos sensatos y escalonados, podía haberse invertido en salud, educación y seguridad.

Por ejemplo, en 2008, PDVSA soportó la carga de perder 8800 millones de dólares solamente por el subsidio de la gasolina. Ese subsidio en 2020 llegó a $10.000 millones. Douglas Barrios, investigador de la Universidad de Harvard, sostiene que, “durante el régimen de Chávez, el costo de oportunidad del subsidio a la gasolina en Venezuela alcanzó a la astronómica cifra de US$ 135.000 millones, monto superior al gasto conjunto en salud y educación en ese lapso”.

En 1995, Caldera hizo un ajuste: la de 95 octanos pasó de Bs. 5,85 bolívares a Bs. 14 el litro, y la de 91 octanos, de Bs. 5,65 a Bs. 10 bolívares. Mantuvo el precio de la popular y el del gasoil a Bs. 5,20 bolívares el litro. En su momento fue un escándalo, pero no pasó más nada. Y “sólo” había subido en un 139 %.

Veintiún años después, en 2016, Maduro decretó nuevos incrementos, aprovechando la emisión de la nueva moneda: la gasolina subió 6000 % (y ellos que se quejaban del aumento de Caldera): la de 95 octanos -un 70 % del mercado- pasó a Bs. 6 por litro. La de 91 octanos, subió a Bs. 1 por litro. Pero no hubo escándalo… no había monedas con qué pagar la gasolina.

Llegamos a 2020, con las refinerías de Amuay, Cardón y Bajo Grande (hoy unificadas como el Centro de Refinación de Paraguaná) y El Palito, escasamente produciendo gasolina que no alcanzaba para abastecer Caracas (parte de la destrucción de nuestra industria petrolera, una de las funestas consecuencias del chavismo).

Aquellas rimbombantes expresiones de que “el Estado garantizaba la soberanía energética del pueblo venezolano” y “la gasolina venezolana tiene calidad humana”, se fueron al traste.

Ya el interior del país llevaba al menos tres años con la escasez grave de gasolina, sobre todo en los estados fronterizos donde los militares venezolanos hacían pingües negocios. El régimen de Maduro usó como excusa la cuarentena radical para explicar por qué las estaciones de servicio estaban cerradas. Pero la situación se tornó tan grave que tuvieron que importar gasolina. Una gasolina mala, sucia, chimba, con un octanaje distinto al que usan nuestros vehículos, que compraron a Irán pagando con oro.

El precio de la gasolina subió en 50.000.000.000% (sí, leyó bien, subió cincuenta mil millones por ciento) y en ese momento no pasó nada, por el estado de necesidad de combustible. Nos tragamos el aumento: entre la angustia por la pandemia, la paralización del transporte y el poder conseguir alimentos y medicinas, los venezolanos aceptamos –por poco tiempo- los nuevos e increíbles precios de nuestro combustible, que pasó de ser el más barato a ser el segundo más caro del mundo.

El régimen, por supuesto, se regodeó de que había aumentado el precio, y no había pasado nada.

Pero con los nuevos precios, comenzaron “las chambas”: los negocios en torno a la gasolina. Los guardias nacionales que cobran por colear carros en las bombas o que dejan pasar sin demora a los altos jerarcas del chavismo, quienes compran gasolina subsidiada para revenderla en el mercado negro, los transportistas de las cisternas que van dejando el precioso líquido en manos de bachaqueros y, por último, pero no de menos, el contrabando.

Pero esta situación tan anormal, tan anárquica y tan desquiciada no podía seguir así y comenzaron las protestas. Primero, en las estaciones de servicio donde los GNB coleaban a quienes pagaban, se formaron tremendos pleitos que llegaron hasta golpes y disparos al aire. Luego, por la subida de los precios de los alimentos, bienes y servicios. El hecho es que, a pesar de la pandemia, la gente ha salido a la calle a reclamar con furia y con fuerza los desmanes de este régimen. Estados tradicionalmente chavistas, quieren salir de Maduro ya.

Todo empezó por el Caracazo… parece que esta pesadilla terminará con el carajazo que les dará el pueblo a los usurpadores.

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¡Bravo, presidente Guaidó!, por Carolina Jaimes Branger

El presidente interino, Juan Guaidó, en su mensaje a la Asamblea General de la ONU, el 23 de septiembre de 2020.

@cjaimesb

Más claro no canta un gallo. Nuestro presidente interino aprovechó el tiempo de manera casi mágica para resumir en los minutos que tuvo para dirigirse a las delegaciones de la Asamblea General de la ONU en el marco de la asamblea general número 75 del organismo, la tragedia de la situación venezolana y pedir ayuda.

Fue importante por muchas razones: la primera, porque la ONU sigue reconociendo a Maduro como presidente de Venezuela. Sin embargo, puertas afuera de la Asamblea General, nuestro joven mandatario fue preciso y contundente… y fue escuchado por muchos delegados cuando denunció al “régimen más cruel que ha visto la región en muchos años”.

La segunda, porque ha sido uno de los mensajes más duros y categóricos que haya lanzado, esta vez para todo el mundo. Pidió ayuda: al Secretario General de la ONU, para que movilice a los estados para restaurar la soberanía en Venezuela.

La tercera, porque todos los medios independientes del mundo lo reseñaron: una trompada directa a la mandíbula del usurpador. La cuarta, porque pidió denunciar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad contra la población civil de Venezuela. La quinta, porque fue rotundo al exigir la intervención de la comunidad internacional porque ya “se agotó la vía diplomática”.

Pero quizás el mayor triunfo de nuestro joven presidente fue el discurso que dio Maduro después del suyo, ante la Asamblea General. Habló en parábolas, como es su costumbre. Los problemas de nuestro país los enunció como si fueran del mundo en general. Nada en particular sobre Venezuela. Acusó a Estados Unidos y a Trump por enésima vez por las sanciones, la misma cantaleta de siempre de que todo lo malo que pasa en Venezuela es culpa de las sanciones… y ahora de la covid-19. Así como Chávez era atrevido e irreverente y atraía multitudes, Maduro es insignificante, insípido, pueril. Cuarenta minutos de quejas, lugares comunes y aplausos para sus aliados. Descalificó el lapidario informe de la Misión Internacional para Venezuela de las Naciones Unidas sobre los delitos de lesa humanidad que le imputan… sin base alguna.

Culpó a las agencias ACNUR (refugiados) y OIM (emigrantes) por haber atendido a los emigrantes venezolanos (como si en ello hubiera culpa) y encima, atribuyó esa calamitosa situación a una “coyuntura”.

El mundo vio en veinticuatro horas al futuro de Venezuela, inteligente, enérgico, inapelable y valiente, enfrentado al pasado trágico, desgraciado, repetitivo y criminal.

¡Aplausos de pie para usted, presidente Guaidó! Hoy, más que nunca, cuente usted con mi apoyo. Vamos a salir de esto.

EN VIVO – Pdte (e) Juan Guaidó habla con motivo de Asamblea General ONU. Canal de VPItv en Youtube

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El nombre de los hijos de Glory, por Carolina Jaimes Branger

Glory Tovar sostiene la foto de sus hijos ajusticiados por el CICPC en 2016, cuyo caso es uno de los 48 estudiados por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU para Venezuela. Foto Fabiola Ferrero / La Vida de Nos.

 

@cjaimesb

 

Hacia finales de 2017 me contactó mi amiga la periodista Albor Rodríguez: “Estamos preparando un especial sobre las ejecuciones extrajudiciales, con el apoyo de Cofavic, para nuestro portal La Vida de Nos. Queremos documentar esos casos en las palabras de las propias madres. Hay siete que están dispuestas a hacerlo. Muchas otras quisieran, pero les da miedo. Será de gran valor para cuando regrese la justicia a este país. ¿Te animas a acompañar a una de ellas?”. Yo acepté de inmediato.

Me asignó a la señora Glory Tovar. Nos citamos una tarde en Crema Paraíso de San Bernardino. Comenzamos a conversar. Lo primero que me dijo fue “ayúdeme a lavar el nombre de mis hijos”. Yo le aseguré que haría todo lo posible para que así fuera. Nos reunimos varias veces. Grabé su testimonio y lo escribimos juntas. El resultado, junto a un conjunto de estupendas fotografías que hizo Fabiola Ferrero cuando visitamos la casa de Glory donde fueron asesinados sus dos hijos, se puede leer en La Vida de Nos | Disparos al corazón.

Marta Valiñas, presidente de la Misión Internacional para Venezuela de las Naciones Unidas, declaró el 16 de septiembre de 2020, cuando se hizo público el informe, que la Misión había encontrado “motivos razonables para creer que las autoridades y las fuerzas de seguridad venezolanas han planificado y ejecutado desde 2014 graves violaciones a los derechos humanos, algunas de las cuales – incluidas las ejecuciones arbitrarias y el uso sistemático de la tortura – constituyen crímenes de lesa humanidad”.

La Misión investigó 223 casos, de los cuales 48 se incluyen como estudios de casos exhaustivos en el informe de 443 páginas. Ya había examinado otros 2891 casos para corroborar los patrones de violaciones y crímenes. Entre los 48 casos escogidos se encuentra el de los hijos de Glory, asesinados con dos primos en mayo de 2016, cuando, en plena operación de la OLP, una comisión de la División de Vehículos del CICPC irrumpió en su vivienda “a hacer una requisa” y los mató ahí mismo, a sangre fría.

Los hijos de Glory no tenían antecedentes policiales. No estaban solicitados y jamás habían estado presos. Darwin Gabriel, el mayor, trabajaba en el Hospital Clínico Universitario. Antes, durante 4 años, había trabajado en una empresa de estampado de franelas. En palabras de su madre “siempre fue buen estudiante, un muchacho bien arreglado, le gustaba vestir bien y usar colonias. Siempre olía rico, era un negro fachoso”.

Carlos Jampier era el menor. “Siempre lo cuidamos porque convulsionaba. El doctor me decía que él iba a estudiar hasta donde su mente le diera. Lo cuidábamos mucho porque me daba miedo que me le pasara algo en la calle, y tanto cuidarlo de la calle para que me lo mataran en mi propia casa… ¡Qué ironía!”, escribió Glory en su testimonio.

En La Vida de Nos leemos: “Las noticias que publicó la prensa refieren que ‘cuatro delincuentes’ fueron abatidos después de un enfrentamiento con funcionarios de la División de Vehículos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Uno de los artículos dice: ‘Según versión policial, los pesquisas del cuerpo detectivesco se encontraban en labores de investigación, cuando observaron a cuatro individuos quienes al percatarse de la presencia policial, no atendieron la voz de alto haciendo frente a los efectivos. En medio del fuego cruzado, los antisociales huyeron hacia una vivienda de tres pisos, a la cual ingresaron los agentes”. Glory Tovar logró demostrarle a la fiscal encargada del caso que no hubo tal enfrentamiento. Todos los disparos se hicieron dentro de la casa”. Nosotros mismos, cuando fuimos a la vivienda, hicimos el recorrido desde la calle y en ninguna superficie observamos impactos de bala. Solamente adentro. De hecho, todos estaban en la casa cuando entraron los agentes. Darwin Gabriel, cuando oyó el timbre, se asomó por la ventana y le dijo a Glory ‘Mami, abre la puerta, que ahí abajo está un policía’. Entraron en tropel. Desalojaron a las mujeres y a los niños, taparon con sábanas las ventanas y los asesinaron”.

En la página del Consejo de DDHH de la ONU se lee:

“La Misión constató que las autoridades estatales de alto nivel tenían y ejercían el poder con la supervisión de las fuerzas de seguridad y los organismos de inteligencia identificados en el informe como responsables de esas violaciones. El presidente Maduro y los ministros del Interior y de Defensa tenían conocimiento de los crímenes (negrillas mías). Dieron órdenes, coordinaron actividades y suministraron recursos en apoyo de los planes y políticas en virtud de los cuales se cometieron los crímenes.

Querida Glory, mi valiente Glory: el nombre de tus hijos ya está limpio. Que el caso suyo aparezca en este informe tan importante es prueba de ello. Desde ya, puedes estar tranquila.

 

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De los Welser a Maduro, por Carolina Jaimes Branger

“El chavismo-madurismo son los Welser (s. XVI) del siglo XXI”. Fragmento de la obra El grito II (1983), de Oswaldo Guayasamín (1919 – 1999). 

@cjaimesb

Hace unos días, un periodista comentó en un chat que la destrucción de Venezuela había comenzado con los hermanos Monagas. Yo le respondí que había comenzado 300 y pico de años antes: porque el proceso de depredación en Venezuela comenzó en 1528, cuando el emperador Carlos V de Alemania y I de España, para pagar la deuda que tenía con unos banqueros alemanes de apellido Welser, les entregó la explotación de la Provincia de Venezuela y parte de la Nueva Granada.

El contrato que firmaron exigía que –además de la explotación- los Welser fundarían ciudades y evangelizarían a los indígenas. La única ciudad que fundó uno de ellos, Ambrosio Alfinger, fue Maracaibo. Pero esa fundación fue temporal. La ciudad se fundó dos veces más. Alfinger fue asesinado por los indígenas en Chinácota, Nueva Granada, con una flecha envenenada.

Los enviados por los Welser, Alfinger, Nicolás Federmann, Jorge de Spira, Heinrich Remboldt, Bartholomä Sayler, Philipp von Hutten y Bartholomeus Welser, incumplieron todos los contratos con la Corona española. Detuvieron el proceso de conquista y no colaboraron con la colonización, porque lo único que les interesaba era sacar lo máximo de estas latitudes.

Dieciocho años estuvieron en estas tierras sacando todo lo que podían. Buscaron El Dorado hasta que se fueron. Y dejaron un territorio arrasado.

Hay quienes arguyen que la pobreza en Venezuela –hasta que se descubrió el petróleo- se debió principalmente a que no fuimos más que una Capitanía General. Pero Guatemala también lo fue y aún hay construcciones maravillosas de la época de la colonia. Aquí, hay muy pocas cosas.

La violenta ruptura con España después de la Guerra de Independencia y el trágico siglo XIX –dos guerras civiles (la de Independencia y la Federal) y caudillos, caudillitos y caudillotes- nos trajo al siglo XX convertidos en la Cenicienta de América Latina. Hasta que se descubrió el petróleo.

Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita iniciaron el proceso de explotación y la modernización de Venezuela. Lo siguieron sus sucesores en el poder y para los años setenta del siglo XX el nuestro era uno de los países más promisorios de nuestro continente. Con la nacionalización del petróleo en el primer gobierno de Pérez parecía consolidado nuestro futuro.

De hecho, un estudio de prospectiva hecho en 1973 por uno de los más famosos “think tanks” del mundo, el Club de Roma, determinó que los tres países en vías de desarrollo que serían países desarrollados a la entrada del nuevo milenio serían Irán, Irak y Venezuela. Se equivocaron con los tres. Esto demuestra que para medir el grado de desarrollo de un país no son suficientes solamente los indicadores económicos.

Malas decisiones, corrupción y la defenestración de Pérez en su segundo gobierno trajeron al chavismo-madurismo: los Welser del siglo XXI.

Igual que ellos, llegaron con las agallas abiertas. Igual que ellos, llegaron a llevarse lo que podían. Igual que ellos, no les importaba lo que pasara con el pueblo venezolano. Igual que ellos, llegaron a arrasar con todo… y casi lo logran.

Los Welser pudieron subyugar a muchas tribus de indígenas. Pero hubo otras que los desafiaron, los embaucaron y los derrotaron. Como aquellos remotos ancestros, aquí seguimos resistiendo. No nos rendimos. Y Maduro y su combo, como los Welser, se irán con sus maletas, quizás repletas, pero se irán. Y nosotros entonces podremos reconstruir el país que soñamos.

 

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Llamado a la sensatez, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Hay situaciones que no entiendo. Hay actitudes que tampoco. Lo que sí tengo meridianamente claro es que mientras la oposición democrática siga en esa guerra intestina que libra a diario, lo que logrará será darle respiración boca a boca a un régimen que está ahogándose en su propia ineficiencia, en su escandalosa corrupción y en su infinito odio y deseos de hacer mal. Por eso quiero hacer un llamado a la sensatez.

Mi primera llamada es para María Corina Machado. Eres brillante, preparada, valiente. Por favor, no te empeñes en continuar afirmando que la única ruta para salir de Maduro es el TIAR y que lo que ha hecho Guaidó hasta ahora no ha valido la pena.

¿Cómo que no ha valido la pena? Lo que ha logrado Guaidó en términos de apoyo, sanciones a funcionarios, precio a las cabezas del régimen y recuperación de activos nacionales, es mucho en menos de dos años: a mí no me queda duda de que es la primera vez que un régimen que vivía sobrado en todo sentido, se ha visto contra las cuerdas.

Que 60 países desconozcan a Maduro y que haya chavistas que antes se paseaban sobrados por el mundo derrochando sus riquezas mal habidas y que hoy no se atrevan a dar un paso fuera de Venezuela son grandes logros.

María Corina, tú misma has estado moviendo tus contactos en la OEA para la activación del tratado… ¡Sigue haciendo tus diligencias, pero ellas no excluyen que trabajes en equipo! El Grupo de Lima está conformado por países miembros del TIAR y todos han descartado de plano una invasión.

Estados Unidos también la descartó, María Corina, cuando les sugeriste que ellos podían ayudar a “des-invadirnos” (sacar a los cubanos) porque además de invadidos estamos catalogados como un estado narcoterrorista. En esta última semana dejaron claro que no están contemplando (por ahora) la invasión militar a Venezuela y encima, la pandemia ha venido a complicar todo.

Hasta los países más sólidos económicamente acusan el golpe a sus finanzas. ¿Quién va a enviar fuerzas para invadir Venezuela con el coronavirus haciendo estragos? Puede ser que suceda, pero las probabilidades son muy, muy bajas. Entonces, María Corina, ¡incorpórate al equipo! Todos tenemos que remar en la misma dirección.

La segunda es para Henrique Capriles. Yo te respeto mucho, Henrique. Me parecen injustas las acusaciones que te han hecho y te he defendido. Has sido un trabajador incansable en pro de la democracia y no te ha temblado el pulso a la hora de tomar medidas impopulares, lo que te convierte en una rara avis de la política venezolana.

Pero a estas alturas “abrir un camino” por tu cuenta… ¿no te parece que resulta aventurado? En particular si estás contando únicamente con tus partidarios y en un escenario donde el coronavirus hace cada día más estragos. Si vamos a abrir camino, deberíamos hacerlo todos juntos.

Pero me pregunto… ¿podrás abrir camino convocando a un pueblo que en su mayoría pasa hambre y que cada vez más se enferma, no solo de covid-19, sino de las siete o más plagas que pululan en Venezuela? ¿Una movilización? ¡Un pueblo en estatus de supervivencia no insurge! E ir a votar, Henrique -te lo dice alguien que siempre ha votado- en este momento es una locura. Creo que hay que hacer algo y estoy de acuerdo contigo en que quedarnos en la mera abstención solo nos volverá al 2005, el principio de todos nuestros males. Pero ese “algo” tiene que ser bajo la consigna de la unidad. Ya lo has hecho antes, Henrique. Te necesitamos.

La tercera es para Leopoldo López. Me gustaría conocer qué vas a hacer a corto plazo y a futuro. Me gustaría saber si estás consciente de que puedes colaborar proactivamente con todas las limitaciones que tienes y de forma exitosa.

Como la única certeza que nos queda es que Estados Unidos seguirá apoyando a Juan Guaidó y considerándolo presidente encargado hasta que cese la usurpación (y esperamos con razonable certitud que el Grupo de Lima y la Unión Europea se adherirán a la decisión) hay que unir esfuerzos. Guaidó necesita más apoyo que críticas y Venezuela necesita la unidad de sus líderes políticos. Todos sabemos lo que le sucede a un objeto que varias personas jalan hacia una dirección distinta: se queda en el mismo sitio.

Llegó el momento de la verdad. Demuestren cuánto aman a Venezuela. Guaidó es joven, le falta experiencia, pero tiene garra y ganas, valor y energías. Y a él fue a quien le tocó y lo ha asumido. Ustedes, María Corina, Henrique y Leopoldo son lo suficientemente preparados, políticamente corridos e inteligentes para saber qué hacer. Venezuela cuenta con ustedes.

 

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El Gallo Claudio, el Gallo Pelón, por Carolina Jaimes Branger

Claudio Fermín (der.) Foto: Rafael Briceño Sierralta, 2019 / diario Últimas Noticias.

@cjaimesb

Todos conocemos los dibujos animados de Warner Brothers como “Looney Tunes” y “Fantasías animadas de ayer y hoy”. En una de ellas aparecía un gallo llamado Claudio, en español. Claudio era grandote y tontón, pero divertido. Hizo populares frases como “no soy una gallina, hijo” y “es una broma, digo, es una broma, hijo”.

En Venezuela tenemos un Claudio, no gallo, sino Fermín, cuyo partido Soluciones tuvo la “brillante solución” de lanzar como candidato a uno de los más conspicuos generalotes de la revolución: Luis Felipe Acosta Carlez, famoso por sus lamentables actuaciones públicas, desde que eructó en cadena nacional cuando se llevó la mercancía de los almacenes de Polar y convirtió tamaño desaguisado en un triunfo. Incluso le sirvió como eslogan de su campaña electoral para la gobernación de Carabobo, que ganó en 2003.

Más o menos en la misma época, cual guapetón de barrio, había ordenado golpear salvajemente a las Mujeres de Negro, una ONG valenciana, que protestaban en la calle. Él mismo arrastró a Elba Power Diamante sin miramiento alguno.

Yo vivía en Maracay en aquel momento y una mañana que fue a una entrevista en la televisora regional TVS, un grupo de mujeres maracayeras fuimos a darle un cacerolazo en la puerta del canal en desagravio a nuestras compañeras de Carabobo. Cuando él salió, el escándalo fue mayúsculo. Una de las mujeres le lanzó unas pantaletas, que él recogió del piso, se las acercó a la cara -no sé si para besarlas u olerlas- y se las entregó a su mujer, quien lo acompañaba. “Toma, mi amor, para que te pongas estas pantaleticas, que están bien bonitas”. Ella se quedó congelada, ni se movió. El las dobló y se las metió en el bolsillo.

Cuando era gobernador, su machismo e idiotez lo llevaron a publicar unas vallas en 2007, donde aparecían mujeres en bikini o ropa interior que decían “incitar al sexo genera violaciones”. Algo así como justificar el salvajismo de los hombres y encima, culpar a las mujeres y demostrar su completa ignorancia en cuanto a derechos de las mujeres se refiere.

¡Cómo sería Acosta Carlez que el mismo Chávez lo calificó como “un triste y mal ejemplo” y pocos meses más tarde fue expulsado del PSUV! Encima, ha sido vinculado en repetidas ocasiones al narcotraficante Walid Makled.

Pero Claudio Fermín ahora dice que “no sabía nada de eso”. ¿Cómo designa como candidato por su partido a alguien que no conoce? Yo pensaba que cuando un partido va a postular a alguien para cualquier cargo, mínimo lee su currículo, ¿o no?

¿Dónde estaba Fermín todos esos años? ¿En Narnia? ¿En Ganímedes? ¿En Plutón?… Y los demás miembros de su partido… ¿tampoco sabían quién es Acosta Carlez? Que eso lo diga alguien que vive en la Venezuela profunda, lo puedo hasta creer… ¿pero Claudio Fermín?… Yo en un tiempo lo consideré un político serio e inteligente. Pero ahora a quien se me parece es al Gallo Claudio: mentecato y necio. Y sin la gracia del personaje animado.

Claudio, ahora que pretendes meternos un cuento de camino… ¿quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?

 

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