Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

Siempre hubo algo que leer..., por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

No tengo dudas de que lo que impulsa, nutre y sostiene a un país es la cultura. Y cada golpe a la cultura es un golpe al mismísimo corazón del país. Venezuela ha guapeado en ese sector como una campeona. Porque hay que ver lo que significa soportar puñetazos directos al corazón. Eso se lo debemos a los cultores, intelectuales, artistas y músicos que no han dejado que la patria se nos muera. Pero no nos engañemos: Venezuela no ha muerto, pero su agonía prosigue lentamente. Sus asesinos son tan devastadores que no cejan en su empeño de no dejar piedra sobre piedra, una suerte de Pol Pot redivivo.

Uno de los sectores que más ha sufrido los embates del chavismo es el de las librerías. Una fuente de saber, de estudios, de conocimientos, otrora prósperos y honestos negocios, donde los dueños y los clientes eran más amigos que otra cosa; donde la palabra de los libreros era, más que una recomendación, una obligación de leer, hoy clausuran uno a uno. No por la pandemia, sino por los embates de la peor desgracia que le ha caído a Venezuela.

En Caracas –y en todo el país- han ido cerrando las librerías. Ahora le tocó el turno a Entrelibros, en Los Palos Grandes. La librería que con tanto amor fundaron e hicieron crecer mis amigos Montserrat Sarri de Bertolotto y Luciano Bertolotto, está rematando todo, previo a su cierre definitivo. Atrás, en la memoria de quienes pasamos allí tantos momentos gratos, quedarán las amenas tertulias con escritores, los cafés, los foros, las tenidas de poesía, por donde pasaron los mejores escritores venezolanos contemporáneos.

Quedarán también las gratas reminiscencias de un trato cordial y personalizado, en un país donde las groserías y los agravios se han convertido en la manera de ser.

Del segundo piso, niños y jóvenes conservarán los recuerdos de la maravillosa selección de libros que había para ellos. Pero será solo eso… un recuerdo.

La lectura, ese primer paso del aprendizaje de todo ser humano que desee prosperar, se desdibuja con el cierre de las librerías.

Ciertamente la tecnología permite leer en línea, por fortuna, pero no hay nada más placentero para un lector que pasar una página detrás de otra. Ese sonido que es casi una melodía, se desvanece con el cierre de los locales que albergan esos objetos mágicos que son los libros.

Estoy triste. Triste porque termina una fuente de trabajo más. Triste por la tristeza de mis amigos. Triste porque un país que no lee está condenado a no levantar cabeza. El escritor estadounidense Liam Callanan, hablando sobre las librerías, dijo: “Cada libro en una librería es un nuevo comienzo. Cada libro es la siguiente iteración de una historia muy antigua. Cada librería, por lo tanto, es como una caja de seguridad para la civilización”.

Gracias, queridos Montse y Luciano. Gracias por su esfuerzo en divulgar el conocimiento. Gracias por su trabajo. Gracias por su decencia. Gracias porque en Entrelibros siempre hubo algo que leer…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entrevista | Faitha Nahmens: “Volví porque no quería salvarme de Venezuela sino en ella”, por Carolina Jaimes Branger

Imagen: ilustración de @raymacaricatura

@cjaimesb

Faitha Nahmens Larrazábal es brillante, divertida, observadora. Excelente anfitriona. Escribe con un estilo único, lleno de fuerza y erudición. Como buena periodista, indaga. Busca más allá de lo obvio. Se involucra. Ama y sufre con sus reportajes. Uno de ellos se transformó en libro y narra la historia del Gandhi venezolano (como ella lo acuñó y cada vez más lo aceptamos) Franklin Brito. Un hombre vertical, entero, “de una pieza”, aun pesando 33 kilos. Franklin Brito, anatomía de la dignidad, es un libro que todos los venezolanos debemos leer y que quedará como testimonio de unos de los tantísimos horrores del chavismo.

La Faitha mamá supo cortar el cordón umbilical con Simón, su único hijo, aunque acepta que su regazo virtual siempre estará ahí para cuando él lo necesite.

Como periodista siente y lamenta que a Venezuela hayan regresado prácticas y costumbres de represión obsoletas en casi todo el mundo civilizado.

¡Y es porque no somos un país civilizado! La censura, la hegemonía comunicacional, la tortura, los asesinatos de periodistas son páginas oscuras que habrá que investigar, juzgar y castigar cuando retorne la democracia que se fue.

Faitha tiene un estilo personal muy marcado: siempre usa sombrero. No por alguna razón en particular. La costumbre comenzó cuando admiraba los que usaba su madre y las hermosas cajas en donde venían. Ya lleva veinte años usándolos. Le pregunté cuántos tenía y me respondió que quizás unos cincuenta. Riendo asegura que los usa para que le “agarren las ideas”, pero también le han servido para que la encuentren en marchas, protestas y otras ocasiones.

Vivió fuera, pero regresó. Está enraizada en Venezuela. “Sembrada”, como dice Valentina Quintero. Es sobrina del expresidente Wolfgang Larrazábal, sobre quien está preparando un libro. Sigue involucrada en planes artísticos, de empoderamiento de barrios, de denuncias, de construcción y creación. ¿La razón? Quiere salvarse en Venezuela… salvando a Venezuela.

Faitha Nahmens está preparando un libro sobre su tío, el expresidente Wolfgang Larrazábal.

– Escribes maravillosamente bien. Tus escritos tienen una fuerza y se nota mucha erudición detrás de ellos. Cuéntame cómo te iniciaste en la escritura y cómo has madurado en ese campo.

– Las vocaciones son un misterio fantástico: el indagar qué hay detrás de una pasión o una habilidad; como el que hace que te enamores de una persona y no de otra. La palabra siempre me sedujo, su caligrafía tanto como que contuviera pensamientos y arcanos. Desde antes de saber leer, leía, es decir, inventaba, y recortaba cosas escritas y hacía pequeñas revistas para mis muñecas. La fantasía se convirtió en opción de vida. Pero antes que decidirme por Letras o Filología o Sociología junté en el periodismo mi amor por la calle y la vida de ciudad, los cuentos de la superficie, con el gusto por narrarlos. Esa atención por decir y oír te permite corregirte, formarte. Aprendes escribiendo y leyendo, que se parecen tanto. Leyéndote a ti mismo cuando trabajas un texto —borrando y detectando la música—, y sin duda leyendo a los autores que embelesan, tus maestros.

– Eres periodista y en Venezuela los periodistas, cuando llegó el chavismo, se convirtieron en la oposición que Chávez había pulverizado con su discurso. ¿Cómo evalúas estos años?

– Chávez creía que algunos medios de comunicación eran partidos políticos, porque el periodismo no puede ejercerse sino en democracia; cuando esta merma, al periodismo lo ven alzarse como ave de mal agüero. Con un discurso preconcebido oficialista, verdades a medias e inventos direccionados desde la tenaz hegemonía comunicacional, el periodismo independiente, cuyo norte es indagar y revelar, buscar la verdad o lo más parecido a ella, se vuelve cada vez más un oficio incómodo. Hablando de aves, recordemos que en la guerra se extinguieron las palomas mensajeras: las mataron a todas.

En estos años de censura, cierre de medios y ataques físicos a periodistas (muchos han muerto), decir es un atrevimiento; y decir los yerros, incluso los tantos a la vista, se considera ofensivo por parte de quienes prometieron freír cabezas en aceite hirviendo. Si el periodismo es cuarto poder, es amenaza para quien defiende el poder único. La libertad de expresión es un derecho humano, un enunciado político, sí. Y universal.

En Venezuela se castiga el querer correr la cortina del disimulo, del ocultamiento y del engaño con cárcel: lo que el resto del mundo ha abolido ya.

– Has escrito mucho sobre arte, artistas, escritores, arquitectos, en general, de personas que hacen país. ¿Tienes esperanza en el futuro de Venezuela?

– Por supuesto. Conoces un creador y su persistencia y sabes que es posible. Entrevistas a varios y los ves comprometidos en Petare o en La Unión (me gusta el nombre) y casi crees que falta poco para el cambio que asociamos correctamente con la sustitución del modelo político, aunque abarca mucho más: políticas ingeniosas de participación y la reconstrucción en consenso de lo que somos y queremos ser. Atlas sosteniéndonos a nosotros mismos, apuesto a que, con los músculos fortalecidos por la resistencia y el debate, podremos defender la democracia. Muchos retornarán a esa fiesta acaso sobre territorio minado para convertir el caos y la oscuridad en república. No será fácil, pero lo haremos. Sí se puede. Tenemos que tener esperanza y buscar el consenso.

– Háblame de Faitha, la madre.

– Mi hijo Simón es mi mejor amor, me calibra y me conmueve siempre. Pese a la distancia geográfica y el largo tiempo sin vernos —protocolos complejos, embajadas idas, y ahora la pandemia—, es una total certeza en mi vida. En los últimos siete años nuestra cotidianidad ha desfilado de manera fragmentada a través de una pantallita. Con conversaciones y fotografías hemos construido un rompecabezas de gestos, imágenes, sonrisas, canciones, libros leídos, el nuevo corte de pelo. Y aunque lo extraño inmensamente, me alegra su vida. Lo que sueña y lo que hace. Ser madre es saber que el cordón umbilical fue útil nueve meses y desde entonces pasó a ser objeto imaginario cuando una tijera nos volvió dos. He querido ser alguien que le muestra realidades, bellas y terribles, y sus paradojas, pero sobre todo una persona con quien siempre puede contar: que pese a sus 23 y su metro 82, sepa que, aunque virtualmente, puedo ejercer de incondicional regazo. Creo que soy madre con orgullo y sobre la marcha. Y he sido optimista.

“Con conversaciones y fotografías mi hijo Simón y yo hemos construido un rompecabezas de gestos, imágenes, sonrisas, canciones, libros leídos, el nuevo corte de pelo”.

– Tu libro sobre Franklin Brito es un testimonio lapidario sobre una de las peores injusticias cometidas por el chavismo. ¿Cómo fue la experiencia de escribirlo?

– Fue dura, mucho. Me zambullía en los apuntes y el cartapacio de documentos penosos con perplejidad y absoluta tristeza. Quería verlo a él desde todos los ángulos posibles, como un ciudadano involucrado en un asunto político y legal desmesurado, y como un agricultor soñador que protagonizaba un proceso existencial inédito.

Conseguí a un ser de una pieza que la justicia convirtió en blanco de su despropósito. Franklin Brito murió de 33 kilos, terqueando lo suyo, sus derechos, exhibiendo una verticalidad que muchos vieron insensata.

Porque a él no le pasó nunca por la cabeza negociar su propiedad —¿un pedacito? ¿cuál? ¿por qué?— pero sí se creyó todas las promesas que le hicieron con relación a resolver el solapamiento de sus linderos y a la restauración de su titularidad. No sé cómo sorteó el sinfín de engaños y crueldades que engordan el expediente de su caso: lo maltratan, lo botan del trabajo, lo secuestran, le dan un tractor pero le prohíben comprar gasolina, porque imaginarán que va a incendiar Ciudad Bolívar. Por eso reincide con la protesta pública y hace nueve huelgas de hambre. Ofrenda su cuerpo y lo convierte en el terreno donde acaso aún se libra una lucha que no está perdida. En Franklin Brito anatomía de la dignidad, editado por Cedice, me aproximo, también admirada, a nuestro Gandhi.

– Has vivido fuera de Venezuela y pudiendo haberte quedado, decidiste regresar. ¿Por qué?

– Afuera descubres y valoras maravillas de tu identidad que apenas sospechabas. Londres es una ciudad en mayúsculas, compleja y sincrética, a la vez que tan seductora. Miami es un proceso de mixturas con mucho mejor clima. Pero mi valija, recargada en ambas estancias, contenía a Venezuela. Soy de aquí, no soy universal, soy caraqueña, no me imagino ser astronauta, tanto que pasa en mi calle ¿cómo visualizar lo que ocurre a años luz? Me gusta esta tendencia a la rumba, este sol, la tenacidad de los araguaneyes, las potencialidades que tenemos como archipiélago urbano, nuestra afectividad pese al miedo (por el que subimos las murallas), la cebolla que somos y las capas de modernidad junto con tejas coloniales que nos hacen mestizos en todo, arquitectura o gastronomía, y esa cierta levedad de ser que podemos aprovechar a favor. Además me siento comprometida con lo que vivimos. Me interesaba el tema de las vacas locas, pero quería saber con dolorosa pasión de nuestro desquiciamiento. Caminaba por las aceras sintiendo que, como a los jabillos, las raíces se me salían. Volví porque no quería salvarme de Venezuela sino en ella.

– ¿Qué significa Venezuela para Faitha Nahmens Larrazábal?

– Es mi tierra, eso significa que me siento vinculada a sus asombros y horrores con lazos que no solo cosieron mi historia y la familia sino yo misma, adrede. Supongo que así como el cordón umbilical se corta, también puede hacerse con la identidad: pero adoro cuando esa ruptura es la del español o el italiano que solo ama estar aquí. Para mí Venezuela es mi sueño, mi dolor, mi fábula, mi fe, mi música, la esencia que me constituye. Mi piso aun cuando movedizo. Mi origen o como dice tan bonitamente Valentina Quintero, la tierra donde estoy sembrada. No tengo agua, pero me riego.

No por negro, ¡por favor!, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Aunque aquí en Venezuela no debería haber razones para el racismo, porque desde que Colón llegó a estas tierras, los conquistadores se mezclaron con los indígenas, y más tarde con los esclavos negros que el muy racista padre de Las Casas trajo de África, hay racismo.

En Venezuela el ascenso social ha sido netamente económico. No hay razón para el clasismo. Sin embargo, hay clasismo. El odio fue convertido por Hugo Chávez en el régimen de gobierno y le dio resultados. Hay familias divididas por diferencias en sus apreciaciones y gustos políticos, algo jamás visto en Venezuela. “Yo soy bolivariano” dicen para diferenciarse. El hombre que luchó por la hermandad debe estar revolcándose en su tumba.

La Venezuela de hoy es la antítesis de lo que fue ayer. Un país de gente alegre se convirtió, por obra y gracia de Hugo Chávez, en un pueblo resentido.

La gente más parejera del mundo ahora es racista, clasista y varios “istas” más, todos indeseables para una sociedad. Han aflorado las miserias humanas y las más bajas pasiones de uno y otro lado.

La última manifestación de este racismo –solapado, hipócrita, imbécil- se desató con la muerte de Aristóbulo Istúriz. Fotos de gorilas, de chimpancés, invitando al velorio. Otros posts con alusiones racistas absolutamente inaceptables.

Conocí a Aristóbulo en Globovisión, cuando tenía el programa con Carlos Blanco, Blanco y negro, a principios de la primera década del milenio. Era un individuo sencillo y simpático. Le comenté que había sido alumna de su hermano Aníbal, mi profesor de Educación Física en cuarto y quinto año de bachillerato. Hablamos de educación e intercambiamos teléfonos. Nunca lo llamé, y él tampoco me llamó a mí.

Muy poco tiempo después comenzó su actuación en distintas instituciones del Estado. Se convirtió en un chavista acérrimo. Racista y clasista, sus complejos salieron a flote.

Pero toda esa obra destructiva de Aristóbulo no se debió a que era negro. Se debió a que era acomplejado, resentido, inepto, bruto… póngale usted el adjetivo.

Pero no por negro. Hay blancos brutísimos, ladronísimos, resentidísimos, ineptísimos… Mestizos e indios también. Esto nada tiene que ver con el color de la piel.

Aristóbulo deja como trágico legado el desmantelamiento del sistema educativo. ¿Por qué no le reclaman eso, en lugar de decirle “negro”?

La creación de instituciones paralelas al Ministerio de Educación –y con más presupuesto que este- (aquellas patéticas “misiones”) para repartir diplomas a diestra y siniestra, sin impartir conocimientos, tuvo su impronta. ¿Por qué no sacan eso a relucir?

Los cientos de miles de bachilleres que no saben ni sumar, ni escribir, ni siquiera leer, también son producto de su gerencia “educativa”. El proceso de ideologización anacrónico, obsoleto e imposible de llevar a la práctica, también. ¿Alguien ha hablado de eso?

También se dice que metió mano pareja en el erario público, pero como no tengo pruebas, espero a que de eso se encargue la justicia cuando retorne la democracia.

Pero el racismo sí tiene mucho que ver con la reconstrucción del país… No podemos darnos el lujo de convertirnos en algo que nunca fuimos. Todos esos “ismos” socavan las bases de la sociedad.

No nos convirtamos en lo que criticamos…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entrevista | Felipe Izcaray: “Venezuela me duele cual puñalada”, por Carolina Jaimes Branger

El maestro Izcaray con niños músicos de Carora, estado Lara. Foto, gentileza de Felipe Izcaray. 

@cjaimesb

Conoció a Sojo, Moleiro y Estévez cuando era tan solo un adolescente. Luego, Vinicio Adames y Gustavo Rodríguez Amengual lo ayudaron a formarse en el exterior. Es uno de nuestros directores más queridos y prolíficos, ahora de vuelta en Carora, su ciudad natal, como director de las orquestas y coros de El Sistema.

Hijo, esposo, hermano (y luego padre) de músicos excelentes, siguió el rumbo familiar de la mano de ese prócer de la cultura caroreña que fue Juan Martínez Herrera. Más tarde se incorporó al Sistema de Orquestas, donde ha dirigido muchas de las orquestas y coros del país. En el 2000 ganó el concurso de crear la Orquesta Sinfónica de Salta y la llevó a ser la mejor de Argentina. Estudió en Madison, Wisconsin, dos veces: la primera para hacer una licenciatura en Educación Musical y maestría en Dirección Coral; y, la segunda, cuando obtuvo un doctorado en dirección orquestal. Acaba de cumplir 71 años y siente que ahora es cuándo.

– Carora ha sido un faro de cultura desde siempre. Cuando Juan Martínez Herrera se casó con tu tía, abrió un nuevo capítulo en la vida cultural de la ciudad. Háblame de tu educación y de tu relación con Juan.

– Yo me considero un afortunado dentro de mi generación. Haber crecido en Carora, en el preciso momento en que Juan Martínez Herrera llega a esta tierra, fue un golpe de suerte. Mi pueblo estaba en un gran paréntesis cultural después de la muerte del gran Sócrates caroreño, Chío Zubillaga, quien orientaba talentos según el caso: Alirio Díaz, Cheíto Herrera, Guillermo Morón, Ambrosio Oropeza, Luis Beltrán Guerrero y muchos otros que forman parte de esa camada de notables de la cultura y la creatividad caroreña.

Entrevista | Felipe Izcaray: “Venezuela me duele cual puñalada”, por Carolina Jaimes Branger
Felipe Izcaray canta con Juan Martínez Herrera en el Orfeón de Carora (foto de la izq.); foto de la der., con el maestro Antonio Estévez (en segundo plano). Foto gentileza de F. I.

En ese momento muy árido de 1963 llega Juan a ejercer una profesión que no le gustaba, y se encuentra con un grupo de personas: los “godos cara colorada” caroreños, gente trabajadora y amante del futuro de su tierra, que le abrieron las puertas, para que él a su vez nos abriera la puerta de la cultura a los jóvenes. Con la insistencia de mi padre (fundador del Orfeón Lamas y pianista de sólida formación con Llamozas y de carrera truncada por la sordera), gran caroreño por adopción y por lazos matrimoniales, Juan funda el Orfeón Carora, agrupación pionera, el origen de todo. Hasta allí fue este púber de 13 años a caer, a gozar de esos madrigales y canciones, a conocer a Sojo, Estévez, Moleiro a través de sus cantos hermosos.

Ahí comenzó mi luna de miel eterna con la música y las artes en general. La de Juan con Carora fue otra luna melada sin fin.

Pero esto habría sido imposible sin la generosidad y solidaridad de los caroreños, que se crecen cuando de beneficios para su pueblo se trata. Los caroreños de la diáspora en 1965 hicieron una vaca y donaron un piano Steinway que todavía aguanta un emperador con David Ascanio, porque la gente de Juan lo ha cuidado. Un caroreño llegó a gobernador y construyó en Carora el mejor teatro del estado. La subsistencia de las instituciones es, sin lugar a dudas, el mejor legado de Juan. Y los herederos asumimos la misión de preservarlo.

– Estuviste muy cercano a otro larense (por adopción) excepcional, José Antonio Abreu. Has sido piedra angular dentro de El Sistema. Hazme un recuento de tu actividad con el maestro.

– Es difícil responderte. Difícil porque José Antonio era un hombre de rasgos avasallantes y acometía con pasión todo lo que emprendía. Tuve con él una relación fluctuante en lo personal, pero de absoluto e impecable respeto en lo artístico. Una vez alguien le hizo un comentario positivo sobre un concierto mío y le respondió “Yo sé a quién le confío la República”. Yo lo conocí en la UCV cuando era subdirector de la orquesta de cámara de la universidad; y cuando se fundó la orquesta infantil de Carora le llevé un violín hecho por nuestra gente, de la madera de un escaparate. José Antonio se entusiasmó muchísimo y comenzó una unión entre Caracas y Carora que se mantiene. Esa confianza artística, con todo y algunos episodios esporádicos de desencuentro personal de su parte, se mantuvo incólume.

Sin embargo, tú no me ves en videos celebratorios o en los libros de recuentos, a pesar de tener en mi haber 52 conciertos con la Simón Bolívar, haber estrenado docenas de obras en El Sistema, haber grabado el primer disco de la orquesta con Alirio Díaz, y colaborado en situaciones difíciles en distintos núcleos a través de los años. José Antonio sabía que a pesar de los chismes que pudieran llegarle, yo siempre le respondía en el podio, porque creía en su misión, y antes que nada están los muchachos que conforman las agrupaciones. Yo nunca ataqué a José Antonio en nada pertinente a su magna obra. He sido mucho más fiel que otros y él siempre lo supo.

– ¿Cuándo y por qué decidiste dedicarte a la dirección orquestal? Cuéntame de tus años en Madison, Wisconsin.

– Te respondo en orden inverso. En un momento de incertidumbre, cuando decido dedicarme a la música, surgen dos apoyos inconmensurables: Vinicio Adames, quien creyó en mí; y un fundador del Orfeón de la UCV, Gustavo Rodríguez Amengual, presidente del Centro Simón Bolívar durante el primer gobierno de Caldera. En una época sin Fundayacucho, ellos se “confabularon” para enviarme a estudiar al exterior, con beca combinada del CSB y el Banco Industrial. Llegué a Madison a estudiar inglés y decidí quedarme haciendo una licenciatura en Educación Musical y maestría en Dirección Coral.

Regresé a Venezuela después de cuatro años y fundé y trabajé con varios coros. Cuando dirigía cantatas con orquestas de cámara, los músicos que me acompañaban alababan mi técnica de dirección, así que me animé a pedirle en 1979 a José Antonio Abreu un concierto con la Juvenil de Lara, por ese entonces incipiente. Ese mismo año invitamos a Alirio Díaz como solista y triunfamos en Caracas. De ahí en adelante Abreu me nombró titular en Valencia, donde vivía; además dirigí la Simón Bolívar muchas veces y otras orquestas profesionales. Llegué a ser director asociado de la OSV.

En 1991 tuve la oportunidad de regresar a la UW-Madison, esta vez con el apoyo de Fundayacucho, para este segundo periplo. Sentía que necesitaba más base académica, la busqué y la obtuve con un doctorado en dirección orquestal. Fueron 8 años en Wisconsin en dos épocas y con propósitos diferentes. 

– Tu experiencia en Salta, Argentina. Pocas personas en el mundo han tenido la oportunidad que tú tuviste de crear una orquesta de la nada.

– En el 2000 era yo director de la Sinfónica de Mérida. Debido a cambios políticos, a mi esposa le habían pedido el cargo de presidente del IDAC (Dirección de Cultura del estado) y justo me llegó por casualidad un anuncio de un concurso para director de una nueva orquesta en Argentina. Para hacerla corta, me arriesgué, gané el concurso, y en 2001 conformamos la orquesta mediante audiciones.

Es increíble poder formar una orquesta desde cero y convertirla en la máxima expresión cultural de una provincia tan artística como Salta.

Pero lo más increíble fue que esa joven orquesta “de Babel” (así la llamó un cronista de Buenos Aires, por la diversidad de sus integrantes) fue galardonada por la asociación de los exigentes Críticos Musicales de Argentina como la mejor del país en el 2004. Recuerdo que me entrevistaste en esa ocasión. Esa orquesta la siento como mi hija, y siempre me mantengo en contacto con sus músicos. Me honra ser el director fundador honorario de esa estupenda agrupación.

Entrevista | Felipe Izcaray: “Venezuela me duele cual puñalada”, por Carolina Jaimes Branger
Fepile Izcaray con la legendaria pianista argentina Martha Argerich, quien le hiciera una dedicatoria.

– Acabas de cumplir 71 años. ¿Qué te falta por hacer?

– Muchas cosas. Sigo insistiendo en que me siento en el mejor momento profesional de mi vida. He dirigido cientos de conciertos, y siempre hay proyectos, ideas, recapitulaciones. Tengo la edad en la que Toscanini fundó la orquesta de la NBC y comenzó la etapa más productiva de su carrera. Lamentablemente quienes programan y deciden en las orquestas parecen pensar diferente. Pareciera que el talento joven vale más por sí solo que el talento con experiencia.

El apoyar a los jóvenes artistas, cosa que hago constantemente con convicción y orgullo, no debería dejar de lado a los maestros.

He dicho varias veces que Gustavo Dudamel (por hablar del más conocido) dirige hoy en día mucho mejor que hace 15 años. Y seguro dirigirá mejor dentro de 15 años. Espero que no lo echen a un lado.

– ¿Qué significa Venezuela para Felipe Izcaray?

– Es un gran amor, es la generosa tierra que me trajo al mundo, que me ha dado placeres, sinsabores, goces, dolores, una familia fabulosa, unos amigos cojonudos, un país con tanto potencial y tanta belleza natural y humana que me duele cual puñalada, en su increíble estado actual de postración. Una tierra con tanta riqueza, con tantos profesionales y pensadores de lujo, con maravillosos creadores, inventores, compositores, pintores, músicos, bailarines, escultores, escritores de tanta valía, ¿cómo es posible que esté así? Como afirmaría desesperado Florentino el que cantó con el Diablo, “PARADA CON TANTO RUMBO… CON AGUA Y MUERTA DE SED”.

Solo en revolución, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

En la avenida Libertador de Caracas, cerca de Maripérez, se resquebraja un mural que dice algo así como que “solo en revolución los venezolanos comemos proteínas”. Tan resquebrajado está el mural como la alimentación en nuestro país.

Jamás, jamás, jamás, pude haber imaginado que a Venezuela llegaría una misión del World Food Programme de las Naciones Unidas por el problema de la hambruna en la población.

David Beasley, su director ejecutivo, expresó que se van a enfocar principalmente en la población infantil… pero es que en Venezuela el hambre es un eje transversal… no son solo los niños. Entiendo que la prioridad sean los niños, porque un niño con hambre no aprende. Pero hay que atender también a los jóvenes, los adultos y los mayores. Estos últimos, las peores víctimas. Personas que trabajaron toda su vida que, literalmente, no tienen donde caerse muertas.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y el WFP firmaron el 19 de abril un memorando de entendimiento, por el cual el WFP establecerá presencia en el país e iniciará la operación humanitaria. Paradójico que la firma se haya dado el día de la celebración de nuestra Independencia, justo cuando somos más pobres y más dependientes. En un país petrolero, que fue la democracia más estable de América Latina durante 40 años, que tuvo la clase media de mayor y más rápido crecimiento del mundo, no se justifica de manera alguna que el WFP tenga que tomar cartas en el asunto de la alimentación. Pero es que la maldita “revolución” acabó con todo.

Recuerdo a Chávez hablando de que “durante el puntofijismo la gente comía perrarina”. Esa falacia se repitió ad náuseam por los seguidores –y otros no tan seguidores- del eterno. La perrarina siempre fue cara. Si alguien tenía hambre, era mucho más económico –y mucho más sabroso- comprar granos o pasta… ¿Seguirá resonando el eco del estribillo? Lo dudo.

Nuestro pueblo en 2018 padecía la llamada “Dieta Maduro”. Los expertos en nutrición aseguraban que el venezolano promedio había perdido entre 11 y 18 kilos de peso solo en el transcurso de ese año.

También perdían horas de horas en las colas para comprar alimentos regulados. No conseguí cifras de la pérdida de peso durante la pandemia, pero con la hiperinflación y los precios de los alimentos en dólares, me imagino que son mucho peores. Hace un par de días leí que iban a enviar a Apure 1000 milicianos. Esa misma tarde vi a dos de ellos caminando por la calle: los uniformes que llevaban eran al menos tres tallas más grandes. ¿A esos pobres famélicos es a quienes van a enviar a luchar contra la facción de las FARC en la frontera? ¡Me dieron ganas de llorar!

No es Venezuela el único país petrolero que hoy sufre de una hambruna que requiere del apoyo de los organismos multilaterales: Nigeria, el décimo país del mundo con reservas comprobadas de petróleo (por encima de los Estados Unidos), está pasando por una situación terrible: del delta del Níger, la región donde hay más petróleo, los agricultores fueron desplazados por la contaminación. Eso llevó a la militarización de la región. Lo que significa que, como en Venezuela, las riquezas naturales solo sirven si están bien administradas.

Los programas de alimentación como “Alimenta la Solidaridad” de Roberto Patiño han logrado, contra viento y marea, alimentar balanceadamente a la población que atiende.

Y el régimen lo tiene en la mira. Acabar con ese admirable programa no es un golpe a Patiño, es un puñetazo en el estómago a personas que, si no fuera por esa iniciativa, no comerían.

La pregunta que subsiste es “¿hasta cuándo?”. Los cubanos llevan más de 60 años en este merequetengue. ¿Nos vamos a calar 40 años más?…

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entrevista | Linda Loaiza López: No existen palabras que puedan definir este dolor”, por Carolina Jaimes Branger

Linda Loaiza López. Foto: gentileza Lindad Loaiza.

@cjaimesb

Una joven llena de sueños llegó a Caracas a estudiar Veterinaria. Pocos días después de su arribo fue secuestrada por Luis Carrera Almoina, a quien la injusticia venezolana, en persona de la jueza Rosa Cádiz, declaró inocente de los terribles delitos que cometió en contra de Linda. Un largo y tortuoso camino comenzaba para la joven y su familia.

Pero la fuerza interior de Linda Loaiza es increíble. Se sobrepuso y aprendió a vivir con el dolor que significó lo que pasó. Se graduó de abogada para llevar adelante su caso y ayudar a otras víctimas como ella. Demandó al Estado venezolano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la omisión en protegerla y prevenir la violencia en su contra. Y ganó la demanda. Aún espera porque se cumpla la sentencia de noviembre de 2018. Linda tiene una paciencia de santos. Sabe que llegará la hora en que los responsables pagarán por sus crímenes, por comisión u omisión.

Rechaza la revictimización, pues no es necesario sacar de nuevo a la luz los testimonios gráficos de su tragedia, para seguir luchando y hacerse escuchar. En este sentido, a dos manos con Luisa Kislinger y editada por Sergio Dahbar, Linda acaba de publicar el testimonio de lo que han sido estos años desde que fue secuestrada, violada y torturada. Doble crimen: tortura, esclavitud sexual e impunidad es un libro que todos los venezolanos deberíamos leer para conocer de primera mano lo que debe erradicarse, lo que no debe repetirse, lo que jamás ha debido suceder.

Hoy Linda, cual ave fénix, sigue adelante en su cruzada por la justicia que se merece.

Ella se ha convertido en una voz vital para otras mujeres que viven casos semejantes al suyo, incluso para las víctimas de femicidios, sobre los que no hay cifras ni información relevante de que haya existido justicia.

– ¿Qué hay en ti hoy de la Linda que llegó a Caracas a estudiar Veterinaria?

– El recorrido de un largo y espinoso camino que me llevó fuera de lo que en esos momentos quería. Ha sido complicado, pero me llené de valentía, coraje y deseos para buscar justicia contra los múltiples delitos que se cometieron en mi contra. Esto también me condujo a buscar actuar en favor de la justicia para otras mujeres.

– Has insistido en que no quieres ser revictimizada y entiendo tus razones. Pero las fotos de cuando te rescataron persisten en la memoria colectiva. ¿Cómo saliste de ese trauma?

– Lo que todavía no se entiende es que la revictimización no viene solo de un sistema de justicia inoperante para las víctimas y muy diligente con los victimarios. Claro que mis destrozadas imágenes no pueden borrarse del imaginario social porque fueron publicadas, pero después de estas dos décadas no hace falta volver a escenificarlas públicamente. Todo lo que viví no fue una tenebrosa pesadilla de la cual me desperté y seguí mi vida. La realidad es que, si me ocurrió, no hace falta publicar esas fotografías.

Existen manuales para periodistas, que pueden difundir informaciones sin revictimizar a las víctimas; por ellos aprovecho el espacio e invito a difundir y promover el mismo: Manual para la producción de contenidos con enfoque de género para periodistas medios de comunicación venezolanos.

Las secuelas del trauma no pueden borrarse por el solo deseo; se aprende a vivir con ellas, el daño que causan es como VIVIR la propia MUERTE, LUCHAR contra ELLA, VENCERLA y HEREDAR sus consecuencias. “Como víctima sobreviviente de violencia sexual y tortura, puedo decir que no existen palabras que puedan definir este dolor”.

Pero voy adelante, cada paso que doy lo hago reivindicador. En este país hay gente maravillosa y profesionales de gran calidad que me han acompañado cuando más les necesité, esos vínculos crecieron y aún cuento con ellos.

Los traumas en este país crecen por doquier. Solamente imaginemos la tragedia del desbordamiento de los femicidios, que se convirtió en una pandemia dentro del “quédate en casa” 

– Te encontraste de frente con la injusticia venezolana. Como abogada… ¿qué esperas de este sistema actual con respecto a la decisión de la CIDH?

– Sigo teniendo desafíos como la exigencia del cumplimiento de la sentencia que la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dictó al Estado venezolano. La Corte IDH se pronunció el día 16 de noviembre del 2018 con una sentencia condenatoria al Estado venezolano como responsable por las diversas violaciones de derechos humanos que fueron catalogadas, no solo como vulneraciones de mi integridad personal, dignidad, autonomía y vida privada, sino también como actos de tortura y esclavitud sexual, en los términos establecidos por la Convención Americana sobre los Derechos Humanos y la Convención de Belem Do Pará.  

Esta es la primera vez que el sistema interamericano declara la responsabilidad de un Estado por estos hechos atroces cometidos por un particular, debido a la grosera omisión del Estado venezolano en protegerme y prevenir la violencia en mi contra, pese a que tuvo pleno conocimiento del riesgo en el que me encontraba.  

Es también la primera vez que una corte internacional condena al Estado venezolano por actos de violencia contra la mujer, reconociendo que mi caso ocurrió –además- en un contexto de graves fallas institucionales, muchas de las cuales persisten en la actualidad. 

Sigo exigiendo mis derechos, como mujer venezolana; sigo promoviendo la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición y la responsabilidad del Estado venezolano es garantizar mis derechos y los de mis familiares.

Mientras no exista el acceso efectivo a la justicia interamericana de las víctimas de violaciones de derechos humanos, este sistema deja de ser una garantía para las víctimas.

– ¿Qué te mueve a seguir adelante?

– Alcanzar justicia para mí y para las otras víctimas, con testimonio reciente de la Sra. Zuleima Yamilet Arráiz.

Linda Loaiza: “Sigo exigiendo mis derechos, como mujer venezolana; sigo promoviendo la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición y la responsabilidad del Estado venezolano”. Foto gentileza Linda Loaiza

Eres ejemplo para mujeres abusadas de muchas maneras, que ven en ti la fortaleza para salir de ese círculo vicioso que es la violencia conyugal, las violaciones, los abusos. ¿Cuál es tu mensaje para ellas?

– Buscar ayuda, denunciar, buscar justicia a fin de que estos delitos no se repitan. Seguir visibilizando los crímenes que se cometen contra las mujeres, tenemos casos como el de Alexandra Hidalgo, que lleva más 17 años y no ha obtenido una sentencia condenatoria para el acusado. También el de Morella León López. Tenemos los casos de femicidios de Ángela Aguirre, Greicy Bracho, Geraldine Quintero, Yarbelis Santiago, Yusleidy Salcedo; los tres primeros casos de femicidios en Portuguesa y los otros tres en el estado Bolívar, solo por mencionar algunos casos.

Según el portal UTOPIX, diciembre del 2020: el año cierra con 256 femicidios. Un aumento del 53 % con relación al 2019. Las cifras siempre quedan en las sombras. No las conocemos como sociedad, no se nos permite ver si hay algún porcentaje de estos femicidas que hayan sido debidamente condenados y dónde están.

– ¿Cuáles son tus planes para el futuro?

– Seguir trabajando para alcanzar justicia, en favor de todas.

– ¿Qué significa Venezuela para Linda Loaiza?

– Un maravilloso país que debemos amar y buscar que reine la justicia.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una maravillosa noticia, por Carolina Jaimes Branger

Gustavo Dudamel en el Palais Garnier, sede de la Ópera de París. Foto de Stephane de Sakutin / AFP, en France24 (Interv. por Runrunes).

@cjaimesb

Gregory Carreño, uno de los fundadores de nuestro Sistema Nacional de Orquestas y Coros de Venezuela, había sido seleccionado por el Maestro José Antonio Abreu para que fuera el director artístico. Pero Carreño sufrió un aparatoso accidente automovilístico en 1996. Tan grave estaba que no se sabía si sobreviviría. Luego se supo que iba a vivir, pero no estaba claro el pronóstico, pues tenía fracturas en la columna a nivel cervical y lumbar. Había que buscar otro director. El maestro Abreu empezó a viajar por todo el país visitando los núcleos. No iba a ser fácil sustituir a un músico como Gregory.

Estando en Barquisimeto sucedió algo maravilloso: una mañana que la orquesta de Lara tenía ensayo, su director, Luis Jiménez, se retrasó. Uno de los violinistas decidió ocupar su lugar mientras el profesor llegaba. El maestro Abreu se quedó en la puerta del salón viendo la escena: no solo era inspiradora la forma en que aquel joven de quince años dirigía la orquesta… era su arte innato para entender, aprehender y transmitir la música. Estaba ante un talento único. José Antonio Abreu llamó a su hermana Betty Abreu de Di Polo y le dijo: “Ya tengo el director para la Orquesta Infantil… y si sigue así, será el director artístico de la fundación (en aquel momento El Sistema se llamaba Fesnojiv)”. El nombre de ese joven es Gustavo Dudamel y el resto es historia.

Desde aquel momento comenzó su preparación para ser el director artístico de la Orquesta Nacional Infantil. Pero el maestro Abreu, cuyo norte siempre fue la excelencia -y así se lo transmitió a sus muchachos- lo quería para mucho más que la Orquesta Infantil.

Recuerdo la primera vez que vi dirigir a Gustavo: fue en la Sala José Félix Ribas del Teresa Carreño, en un concierto para Adriano y Marina Benedetti, embajadores de Italia en Venezuela. Escribí sobre aquel memorable concierto y palabras más, palabras menos, dije: “Me sorprendió el joven director Gustavo Dudamel… ¡qué bien dirige Dudamel!”. El magnetismo que aplaude todo el mundo, era ya obvio en aquel momento.

Hoy Gustavo recibe un nuevo reconocimiento en su ascendente carrera: el nombramiento como director musical de la Ópera de París. Es el segundo venezolano en asumir tan importante cargo, el primero fue Reynaldo Hahn.

Alexander Neef, el director general de la Ópera de París, estaba exultante de la felicidad y, sin ocultar su emoción, dijo: “Dudamel es uno de los directores más talentosos y prestigiosos del mundo”. Y tiene razón: desde 2009 está frente a la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, donde tiene contrato hasta 2026. Ha dirigido las mejores orquestas del mundo, incluyendo el celebradísimo concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena en 2017, honor que se les otorga a los óptimos entre los mejores. Recientemente terminó de dirigir ópera en el Liceu de Barcelona, donde durante un ensayo recibió la noticia de que había ganado otro premio Grammy.

Para mí, que lo conozco bien, el rasgo más importante de Gustavo es su humildad. No tiene aires ni poses de divo: para todos tiene una palabra amable y una sonrisa luminosa. Por eso celebro este nuevo triunfo de su carrera musical. Entre tantas cosas malas, una buena noticia. Una excelente noticia. Una maravillosa noticia.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Entrevista | Irene Greaves: No hay tarea más urgente que aprender a amar”, por Carolina Jaimes Branger

@cjaimesb

Es venezolana. Licenciada en Historia del Arte de la Universidad Americana de Roma, summa cum laude, con una maestría en Educación de la Universidad de Pennsylvania. Ha vivido en Italia, Mozambique, China y Guatemala. Actualmente está radicada en los Estados Unidos. Hace dos años presentó su primer libro, Lovescaping (versión en inglés, y seis meses más tarde la versión en español) sobre su filosofía de educación basada en la enseñanza consciente del amor. Ya son doce las escuelas de Houston que han implementado su programa y va en expansión.

Hay varios canales a través de los cuales Irene está implementando su programa Lovescaping®. Una, asociándose con escuelas y organizaciones sin fines de lucro para poner en marcha su plan de estudios durante el horario escolar y en el entorno extracurricular para niños y jóvenes de todas las edades. Otro medio es a través de talleres, presentaciones y coaching para adultos, todos ellos adaptados a las necesidades o contexto de cada grupo en particular.

Su dedicación es total. Se ha adaptado bien a la situación a la que nos ha obligado la pandemia y alcanza a más personas a lo largo del mundo de manera virtual. Acaba de ser galardonada con el World Happiness Award 2021 como proyecto individual en Educación, lo que sin duda le abrirá más puertas para seguir en su cruzada.

Con todo el orgullo del mundo, les presento a mi hija.

– ¿Qué motiva a una joven que todo lo tenía a irse a trabajar de voluntaria a Mozambique?

– ¿Qué significa tenerlo todo? Creo que es importante resaltar el rol que el privilegio ha tenido en mi vida, sobre todo en cuanto concierne a las decisiones de vida que he podido tomar. El haberme ido a Mozambique como voluntaria fue un gran privilegio. Si hubiese tenido que ayudar a mantener a mi familia, o a cuidar a un familiar enfermo, etc., no hubiese podido irme. Crecí con el privilegio más grande de todos: amor incondicional.

Mi familia me crio libre, responsable y consciente, y gracias a eso pude cultivar mi conciencia social y la curiosidad para expandir mis horizontes y aprender más sobre nuestro mundo.

Desarrollé un interés por aprender sobre diferentes culturas, idiomas, tradiciones. Y también a apreciar la maravillosa diversidad de nuestro mundo. Antes que nada, soy ser humano, y eso me conecta al resto de la humanidad. Mi pasión por aportar mi granito de arena, ayudar, y colaborar en diferentes comunidades del mundo fue creciendo. Así, decidí hacer voluntariado en Mozambique al graduarme en la universidad. Lo que más me hace feliz es ayudar a los demás, usar mi privilegio, mi conocimiento y mi amor para aportar de manera positiva a nuestras comunidades. Soy tan afortunada que tuve la posibilidad de vivir en Mozambique, donde aprendí mucho más de lo que yo pude enseñar. Para mí el éxito yace en la habilidad de mejorar el entorno del que formamos parte, y en la capacidad de amar y ser amados.

– ¿Qué aprendiste en Mozambique que no aprendiste en Venezuela?

– Aprendí a apreciar la fragilidad de la vida. La expectativa de vida en Mozambique aún es muy baja, y durante el tiempo que viví allí asistí a más funerales que en mi vida entera. Por esta razón, se celebra la vida al máximo, y debo decir que hay muchas similitudes con nuestra cultura latina: aquella alegría por la vida, esa bondad y solidaridad contagiosa, la pasión por el baile y la música… definitivamente gran parte de nuestra cultura viene del África. Cuando tienes a la muerte tan de cerca continuamente empiezas a valorar lo que es esencial, y aprecias y aprovechas cada minuto de estar vivo, sin tomar nada por sentado.

Irene Greaves con niños de Mozambique

– Cuéntame de la experiencia de vivir en China. ¿Apreciaste la diferencia entre Oriente y Occidente?

– China es un lugar fascinante. Es un país que ha pasado por cambios radicales en las últimas décadas, y pude presenciar los cambios “modernizantes” mientras viví allí. El contraste entre las metrópolis urbanas y las áreas rurales es sorprendente. Pude vivir ambas realidades, la China más tradicional y presenciar la nueva, innovadora. El gobierno ha hecho un esfuerzo sobrehumano para movilizar a la población de las zonas rurales a las ciudades. Muchos de mis lugares favoritos en China son los que aún permanecen intactos, como suspendidos en el tiempo sin la estampa del destructor progreso. En cuanto a las diferencias entre Oriente y Occidente, diría que tenemos mucho más en común de lo que parece superficialmente. Nunca puedo responder la pregunta ¿cuál ha sido tu lugar favorito donde has vivido? Cada lugar tiene su personalidad, su encanto, y su magia. Comparaciones son a veces útiles, pero en general no me gustan, porque no le hacen justicia a la unicidad de cada lugar (pienso lo mismo sobre los seres humanos).

Sí es cierto que en China la libertad está restringida, pero es interesante contemplar las diferencias entre sociedades donde existe desigualdad rampante sin restricciones a la libertad, y aquellas con menos desigualdad y menos libertad.

A pesar de las diferencias históricas, políticas, económicas y socio-culturales, la experiencia humana es siempre la misma. Las experiencias humanas universales como el amor, la felicidad, el trabajo, el sufrimiento, la alimentación, etc., todos las compartimos, solo hay diferentes maneras de manifestarlas. He allí lo fascinante. Me encanta por ejemplo ver cómo diferentes culturas utilizan la comida para crear enlaces y compartir. En un país tan gigante como China, la variedad gastronómica no tiene límites, y me encantaba sentarme a la mesa redonda junto a mis amigos y sus familias y comer de varios platillos, compartiendo y degustando juntos.

Entrevista a Irene Greaves, por Carolina Jaimes Branger
“A pesar de las diferencias históricas, políticas, económicas y socio-culturales, la experiencia humana es siempre la misma”. Foto Irene Greaves con niños chinos

– Tu hermana especial… ¿qué ha significado en tu vida?

– Mi hermana especial es la personificación del amor. Haber crecido junto a ella me enseñó muchos de los valores que me han permitido desarrollar mi filosofía de vida basada en practicar el amor en acción. Sin duda alguna ella moldeó mi personalidad, mi sensibilidad, mi capacidad de amar sin restricciones. Ella representa el amor puro, y me siento sumamente agradecida de haber tenido la oportunidad de crecer a su lado y aprender de ella.

– Tu maestría en educación viene en medio de una terrible crisis de educación en Venezuela. ¿Qué te llevaste de aquí que quisieras imitar y qué querrías cambiar?

– Pienso que el venezolano es resiliente, creativo, emprendedor y luchador. Busco llevar conmigo siempre estas cualidades porque son las que nos permiten tener un sistema de educación basado en la excelencia. La crisis más difícil que sufre nuestra Venezuela es una crisis de valores. Quisiera cambiar muchos de los paradigmas que han llevado a la desvalorización del ser humano.

Nuestra Venezuela necesita sanar, y el desafío más grande que vamos a enfrentar una vez que logremos salir de esta crisis humanitaria será aprender a amar.

Eso incluirá perdonar, y ser capaces de construir una sociedad de valores basada en los pilares que resalto en mi filosofía.

– Tu primer libro es sobre la educación basada en el amor. Algo tan obvio que ni siquiera deberíamos considerarlo, pero tan difícil de ver como las cosas obvias. Háblame de los fundamentos del libro.

– Así es. No hay tarea más importante, más urgente ni más oportuna que aprender a amar. ¿Dónde aprendemos a amar? Es una pregunta tan obvia pero tan infrecuente que ni la consideramos, ni la perseguimos con seriedad. Asumimos que aprenderemos a amar en nuestras casas, de nuestras familias, pero esto no es una garantía. Yo he llegado a la conclusión de que el propósito más importante de la educación debería ser enseñar a amar. Mi filosofía se llama Lovescaping, y significa practicar el amor en acción. Gracias a las experiencias de vida que he tenido en diferentes rincones del mundo, he llegado a la conclusión de que podemos aprender a amar, y que el amor incluye los siguientes 15 pilares, sin los cuales no puede existir: respeto, cuidado, honestidad, comunicación, empatía, compasión, vulnerabilidad, liberación, confianza, humildad, paciencia, solidaridad, perdón, gratitud y esperanza. Mi visión es incorporar a Lovescaping como un componente intrínseco de nuestro currículo escolar. Así como tenemos clases de matemáticas y de lectura, tenemos que tener clases de Lovescaping donde aprendemos a amar a través de la práctica intencional de los quince pilares. Este año comencé cuatro programas piloto en cuatro escuelas públicas en Houston, Texas, donde vivo actualmente, enseñando mis clases de Lovescaping a alumnos desde primaria a secundaria, cultivando su amor propio y el amor por los demás a través del involucramiento de los quince pilares. Mi libro, Lovescaping: Construyendo la humanidad del mañanaPracticando el amor en acción es la obra de mi vida, mi legado, mi manifiesto de amor.

Entrevista | Irene Greaves, el amor como filosofía de vida, por Carolina Jaimes Branger
“He llegado a la conclusión de que el propósito más importante de la educación debería ser enseñar a amar”. Foto gentileza Irene Greaves.

– ¿Cómo planeas seguir en un mundo que durante el último año ha cambiado tanto?

– Me gustaría comenzar a responderte con las incomparables palabras de Octavia Butler en su La parábola del sembrador:

Todo lo que tocas / Tú cambias / Todo lo que cambias / Te cambia./ La única verdad duradera/ es el cambio./ Dios es cambio.

El cambio está siempre presente, siempre constante. Todos nosotros durante este año hemos tenido que adaptarnos y ajustarnos a muchas realidades cambiantes. Todos hemos perdido algo… y también hemos ganado algo. Es difícil conciliar tantas verdades y cambios simultáneos, pero esto es exactamente lo que significa ser humano. Ser humano es ser complejo, y creo que es muy importante sentirse cómodo y lidiar con la complejidad, en lugar de tratar de simplificarlo en aras de la comodidad y la facilidad. Se pierden muchas cosas cuando intentamos simplificar la complejidad del ser humano. Espero que, en medio de todo el cambio, quien me lea se haya tomado el tiempo para reflexionar y sentarse con su propia complejidad.

– ¿Qué significa Venezuela para ti?

– No puedo responder esta pregunta sin llorar. ¡Me duele tanto lo que está pasando en nuestro país! Venezuela es la tierra donde nací, donde aprendí a hablar, a cantar, a bailar, a leer, a escribir, a correr, a reír… a amar. Venezuela es mi nostalgia, mi añoranza, mi esencia, mi raíz.

Pero jamás pierdo la esperanza de que lograremos reconstruir a nuestro país, sanar y construir una sociedad basada en los pilares de Lovescaping.

Para aprender más sobre Lovescaping visita la página web: www.lovescaping.org / Instagram @lovescaping / FB @lovescapingtheworld.