Carolina Jaimes Branger, autor en Runrun

Carolina Jaimes Branger

Entrevista | Leonardo Aranguibel: “Soy de donde comen mis hijos”, por Carolina Jaimes Branger
“Venezuela es lo que soy, como persona y en muchísimos sentidos. Es además una alegría intacta en mi memoria y lamentablemente también un dolor”, Leonardo Aranguibel

 

@cjaimesb

Sabía de Leonardo Aranguibel porque su nombre sonaba como el muy joven director de importantes producciones en los últimos años del siglo XX en Venezuela. Pero conocerlo ha sido como destapar una caja de sorpresas, donde todo lo que va saliendo es algo bonito, interesante, conmovedor. Descubrimos que ambos nacimos en Caracas, el mismo año y en la misma parroquia, La Candelaria. Que nos encantaba ver Perdidos en el espacio y El Zorro. Hasta lloramos durante nuestra conversación.

Aranguibel es hoy nada menos que vicepresidente de producción y jefe de operaciones y estrategia de producción de The Walt Disney Company Latin America. Se lo merece, porque el camino a llegar serlo fue uno de excelencia y trabajo, esfuerzo y mística. Y su humildad es encantadora. Es simpático, llano, sencillo. El éxito no lo ha engreído.

Desde sus estudios en la London International Film School, pasando por su grado de Comunicador Social de la UCV, dio muestras de un talento natural −potenciado a través de sus estudios− para la dirección y producción de cine y TV.

Dejó Venezuela a principios del milenio, en 2002. Hasta finales del año previo había sido vicepresidente de producción original de HBO y Cinemax para Latinoamérica y Brasil, y emigró por circunstancias relacionadas con la situación política.

Llegó a Estados Unidos, el país donde había construido una red de conexiones profesionales por su rol en HBO. En ese momento él y su esposa, la periodista Moira Angulo, trabajaron preparando comidas para vender y repartiendo encomiendas, entre otros oficios, mientras resolvían los asuntos legales para obtener la Green card; conscientes ambos de que el trabajo dignifica y estaban siendo ejemplo para sus pequeños hijos. Gracias a José Vicente Scheuren, quien lo propuso como director de una telenovela, su familia tuvo un respiro de varios meses. Y eso, además, les abrió la ruta legal hasta que la residencia les salió y lo demás es parte de la historia.

De su padre, educador y periodista, conserva una colección de libros de clásicos de la literatura universal, que devoró siendo joven.

Guarda entrañables recuerdos de su vida en Venezuela, aunque la nostalgia no lo embarga, porque tiene muy presente un dicho de su abuela “Uno es de donde comen sus hijos”.

–¿Qué recuerdos de infancia y juventud te mueven aún ahora?

–Mi infancia fue “muy movida”. Mi padre era periodista y nos mudamos muchas veces. Y mi madre era maestra. En una de esas mudanzas, viviendo en Cumaná, se divorciaron y nos devolvimos, fracturados para siempre, a vivir a Caracas.

De mis años en Venezolana de Televisión guardo el recuerdo de mi tesis de grado −con Erika Tucker− que se convirtió en el exitoso programa A toque que transmitió VTV durante más de tres años, donde presentaban las bandas de rock venezolanas que trataban de abrirse paso en un mundo aún dominado por el rock anglosajón.

–¿La pasión por el cine y la TV de dónde vino?

–Desde muy pequeño sentí pasión por la televisión. Me encantaban las series. Tuve la suerte de que mi tío Luis Brito, el gran fotógrafo −ya fallecido− me llevaba a los sets de filmación de películas donde di mis primeros pasos, como aprendiz. De su mano descubrí el teatro y aprendí a amar el cine, los musicales y al mundo escénico en general.

Otro recuerdo es de cuando mi padre fue nombrado director de Cultura de la Universidad de Oriente. Iba con frecuencia a hacer mis tareas en su oficina, porque tenía unos libros que me encantaban (de hecho, cuando él murió, lo único que quise conservar fue su colección de Clásicos de la Literatura Universal). Un día, en el auditorio de la UDO, estaban presentando la obra Los fusiles de la madre Carrar, del dramaturgo Bertolt Brecht y él me llevó. Yo tenía sueño, pero descubrí que había algo ahí que me hipnotizaba.

Cuando salí, ya la fascinación por el teatro se había apoderado de mí, un sentimiento que luego mi tío Luis apalancó. De hecho, recuerdo cuando me llevó a ver un ensayo con vestuario de Ricardo III, aquel histórico montaje de El Nuevo Grupo que protagonizaba José Ignacio Cabrujas. Yo estaba sentado solo en el teatro, mientras mi tío hacía sus fotos. Cuando Cabrujas bajó, se me acercó y me dijo “¿tú eres el sobrino de Brito, carajito?”. Lejos de abrumarme, me impactó tanto que me convenció de que estaba en el medio al que quería pertenecer.

–Háblame de tu ida a Inglaterra… ¿es cierto que te fuiste de aventurero?

–Podría decirse eso, ¡sí! Aunque era muy joven ya sabía que lo que quería estudiar era cine. Además, estaba enamorado. Y sin beca y sin recursos −recuerda que mis padres eran un periodista y una maestra− me fui sin pensarlo dos veces. El avión que tomé era como un autobús lechero, mucho más barato que los que iban directo a Londres desde Caracas. De Barbados a Luxemburgo, luego a París por tierra, y desde allí tardé en total como tres meses en llegar a Londres.

Una locura, pero a los 19 años, con las ganas de comerme al mundo que tenía y siguiendo a un amor platónico que se había ido a estudiar allá, era indetenible. Allá tuve la suerte de encontrar buenos amigos que me tendieron la mano, lo que me permitió estudiar en la London International Film School durante un año y algo más. Trabajé haciendo muchas cosas, pero no pude obtener la beca porque Venezuela vivía un cambio de gobierno y me tuve que regresar. Pero lo que aprendí me dio bases sólidas para mi carrera.

–Tus inicios en Venezuela…

–Tuve tres grandes escuelas: RCTV, Radio Capital y El Nacional, en la sección de edición de revistas. También la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela, donde estudié gracias a mi otro tío y padre, Iván Feo, una de las personas que más me ayudó en mi profesión, además de ser una figura inmensamente influyente en mi vida, en la persona que hoy soy. Como verás, tengo mucho y muchos a quienes agradecer.

–¿Qué ha significado para ti trabajar para una compañía tan importante como Disney?

–Un gran honor y una gran responsabilidad. Tuve el privilegio de haber sido convocado para trabajar en un momento en el que hubo un cambio muy significativo para la compañía. Por ese entonces prácticamente todo lo que producía Disney se hacía en California y de ahí se exportaba a todo el mundo. Las oficinas en otras partes eran básicamente de distribución. El cambio fue empezar a crear contenido local y América Latina tuvo la iniciativa de ser una suerte de programa piloto.

Marcos Santana, uno de los ejecutivos más exitosos de la televisión internacional, gran amigo y vecino durante mi adolescencia en Venezuela, fue quien me presentó a quien todavía es mi jefe en Disney, y por la experiencia que yo traía de HBO, me dieron el puesto. Al comienzo en ese departamento estaba yo solo. Hicimos producciones maravillosas que tuvieron gran éxito, como Amas de casa desesperadas (Desperate housewives) en Argentina, A corazón abierto, The amazing race, entre otras. Nuestra oficina fue creciendo y la experiencia se replicó en Europa, Medio Oriente y otros territorios. Desde entonces paso mucho tiempo montado en un avión…

–¿Qué significa Venezuela para Leonardo Aranguibel?

–Venezuela es lo que soy, como persona y en muchísimos sentidos. Es además una alegría intacta en mi memoria y lamentablemente también un dolor. En estas circunstancias, mucho más dolor que alegría. Siempre será el lugar donde me formé, donde crecí, donde vive gente a la que quiero entrañablemente.

Mi vida hoy está en los Estados Unidos, que me abrió las puertas y donde hemos echado raíces. Mis hijos y mi esposa viven aquí (mi hija mayor estudió en Venezuela y se devolvió para acá). Mi abuela tenía un dicho que ahora es cuando lo entiendo a cabalidad: “uno es de donde comen sus hijos”.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Ilusos, fracasados o zánganos, por Carolina Jaimes Branger
Quienes hoy aún creen que el socialismo es la solución, o son unos ilusos, o son unos fracasados que quieren que los demás fracasen o son unos zánganos

 

@cjaimesb

Escribo este artículo sin conocer los resultados de las elecciones de ayer. Espero que la sensatez haya privado y que la gente haya ido a votar para expresar su descontento. Porque no me queda duda de que el régimen continuará con el acelerador del Estado comunal a fondo y nos llevará, cual carro sin frenos, a estrellarnos estrepitosamente contra un muro de contención. Y sabemos que las probabilidades de sobrevivir en un choque de esos son bastante bajas.

Es cierto que en América Latina ha habido terribles injusticias sociales, en muchos países peor que en la Venezuela prechavista. Ahora somos uno de los países no solo con una gran injusticia social, sino con las mayores violaciones a los derechos humanos del mundo. Pero las injusticias no se resuelven cometiendo otras injusticias. Y de allí el fracaso de todos los regímenes de corte autoritario y totalitario del mundo.

Hace tiempo me llegó un correo electrónico que guardé, por considerarlo muy ilustrativo: los muchachos de un salón de clases se enfrentaron con vehemencia a un profesor que fustigaba el sistema socialista. Decían los muchachos que el socialismo sí funcionaba porque era el “gran igualador”. “En el socialismo no hay ricos y no hay pobres, todos son iguales”, alegaban.

En el siguiente examen, sin advertirles previamente, el profesor tomó todas las notas, las promedió y les puso la misma a todos, el equivalente a un trece nuestro. Los que no habían estudiado estaban felices, pero los que se habían preparado estaban furiosos. En el siguiente examen sucedió lo mismo, pero esta vez la nota promedio fue menor, porque los que antes habían estudiado, esta vez no se esforzaron. El promedio fue diez. Para el tercer examen nadie estudió y el promedio cayó dramáticamente a cinco.

“Cuando la recompensa es grande” les dijo el profesor “el esfuerzo es grande. Cuando el gobierno elimina la posibilidad de que haya recompensas, nadie se esfuerza, lo acaban de experimentar… Ustedes decidan”. Por supuesto, decidieron que el socialismo no les servía.

Churchill tenía razón: el socialismo es el reparto equitativo de la miseria.

Quienes hoy aún creen que el socialismo es la solución, o son unos ilusos que esperan por lo que no va a suceder, o son unos fracasados que quieren que los demás fracasen, o son unos zánganos que se aprovechan del sistema… en ningún caso, algo bueno o deseable.

Esperemos a ver qué decidimos los venezolanos ayer…

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Si la ensartas, pierdes, y si no, perdiste, por Carolina Jaimes Branger
La Venezuela en la que yo sueño estuvo en ese patio la tarde del sábado pasado

 

@cjaimesb

Yo sabía que el concierto donde se batiría el récord de la orquesta más grande del mundo iba a traer cola. Ciertamente, estamos en una situación de país donde hay tantas necesidades, tantas violaciones a los derechos humanos y tanta destrucción, que pensar en un gasto para que 12.000 músicos batan un récord, puede sonar hasta baladí. Pero el elefante hay que comérselo por pedacitos:

El Sistema es la obra de ascenso social, de propagación de valores y de estimación del trabajo más importante de la historia de Venezuela. Los muchachos tienen casi dos años sin tocar juntos y alguien que pertenece a una orquesta sabe cuán inconveniente puede ser eso, por muchas razones. Quienes forman parte de la institución no necesariamente van a ser músicos profesionales de adultos, pero lo que aprenden en El Sistema los prepara para la vida, sea lo que sea lo que vayan a emprender.

Para las familias, es un círculo virtuoso que toca a todos sus miembros.

Y para el país, es la generación de relevo deseable, porque están preparados en disciplina, orden, responsabilidad, solidaridad, compañerismo… todas cualidades muy deseables en donde se ha perdido casi todo. El concierto del sábado 13 fue como una “renovación de votos”. Una afirmación de que El Sistema está vivo y sigue adelante en su misión.

En la Venezuela de hoy la polarización es tal, que tendemos a ver las cosas blancas o negras. Y ciertamente hay cosas que son totalmente blancas y otras totalmente negras, como la honradez frente a la corrupción, que no admite términos medios. Pero la gran mayoría se dan dentro de una gama de grises.

Por ejemplo, ahí salieron una enorme cantidad de “defensores” del JM de los Ríos -muchos seguramente no sabrán ni dónde queda- a quejarse de que estuvieran botando dinero para batir un récord, cuando los niños morían de mengua en el hospital. ¿Saben desde cuándo nuestros niños mueren de mengua, no solo en el JM de los Ríos, sino en todos los hospitales del país? ¡Desde hace por lo menos cinco o seis años, o más! ¿Acaso esos nuevos dolientes han hecho algo -aparte de la queja contra El Sistema- para remediar eso? ¿O es que me van a decir que eso no les toca? ¡Todos podemos hacer algo para ayudar! ¡Si seguimos esperando por un mesías, Venezuela jamás saldrá adelante! Y si es por los niños, El Sistema ha sacado de la marginalidad a cientos de miles de niños… ¿eso no vale?

También hablaron de los presos políticos. ¡Que cómo era posible que hicieran un concierto cuando en Fuerte Tiuna había personas siendo torturadas! Y pensé en la juez Afiuni, que fue torturada de muchas formas y cuando escuchó a la orquesta penitenciaria tocando a Vivaldi, sintió esperanza. ¿No es posible, acaso, que quienes están siendo torturados en Fuerte Tiuna se sintieran igual?…

Otros aparecieron los «preocupados» por el posible contagio de covid-19, ciertamente un riesgo (aunque el viernes cuando yo estuve en el ensayo todos tenían tapabocas y los únicos que se las quitaron fueron los intérpretes de los instrumentos de viento quienes estaban colocados a distancia prudencial). A todos los que estaban ahí les hicieron, no una, sino dos pruebas de PCR. Pero los críticos no dijeron nada de eso. Y encima, y curiosamente, muchos aseguraban que «El Sistema» había muerto. ¿En qué quedamos, pues? Si ya están muertos, no les va a dar covid.

Ahhh, y los furibundos por la presencia entre los músicos del hijo de Maduro… ¿por qué amargarse por la presencia de uno, cuando había 11.999 por quienes alegrarse?

Video: Venezuela: La Orquesta Más Grande del Mundo #TheLargestOrchestra | Canal en Youtube de El Sistema

Otras críticas fueron en contra de que el concierto se hubiera llevado a cabo en el patio de la Academia Militar. Unos proponían el Parque del Este, otros, la Avenida Bolívar. Incluso hablaron de la autopista. Esto no fue una marcha, ni una concentración. Los niños y los jóvenes pasaron horas ensayando. Necesitaban un lugar donde poder ir al baño. Donde hubiera cerca un puesto de auxilio de emergencias. Un lugar donde sentarse a la sombra en las horas de sol. Un lugar donde las loncheras con los refrigerios estuvieran en un sitio fresco y donde cómodamente les pudieran hacer el PCR. Además, los lugares no hacen a las personas. Las personas hacen los lugares. La rabia que muchos sienten por los recintos militares, que comparto, no debería dirigirse hacia El Sistema ni a los muchachos.

Más todavía: la elección de la Marcha eslava como pieza para romper el récord. Alguien a quien quiero y admiro escribió: “escogieron una marcha militar, para ser tocada en una academia militar, para lavarle la cara a un régimen militar”. La Marcha eslava de Tchaikovsky era una de las piezas favoritas del maestro Abreu. Y paradójicamente, la Marcha eslava no fue compuesta para hacer apología de una gloria militar, todo lo contrario: Tchaikovsky la compuso especialmente para ser ejecutada en un concierto para recaudar fondos a favor de los voluntarios rusos heridos en la guerra de Serbia contra Turquía, que ganaron los turcos.

Y para quienes usan como argumento que “le lavaron la cara a Maduro (y al régimen)” les tengo una buena noticia: hace falta mucho más que un concierto para que eso suceda. El mundo civilizado está al tanto de los desmanes del régimen venezolano y está actuando en consecuencia. ¿O es que creen que son cogidos a lazo y que unos muchachos tocando pueden «lavar» las denuncias soportadas con expedientes, testigos y documentos audiovisuales?

En fin, la Venezuela en la que yo sueño estuvo en ese patio la tarde del sábado pasado. Por la gran mayoría de los comentarios que leí, la también mayoría la disfrutó.

No podemos estar latigándonos todo el tiempo. Eso es masoquismo. Lo que mi mamá describía invocando el refrán que dice “si la ensartas, pierdes, y si no, perdiste”. Merecemos un momento de alegría, de ver algo bien concebido y mejor puesto en marcha. De ver más allá del presente que nos agobia y soñar que podemos tener un país diferente. Y para los venezolanos de la diáspora, estoy segura de que fue un momento de nostalgia, pero también de identificación con lo bueno que nos queda en el país.

Yo sí me siento muy contenta de que esto haya ocurrido. Y como dije en Twitter, ¡esta alegría que siento no me la quita nadie, carajo!

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¡Por pendejos!, por Carolina Jaimes Branger
La oposición está logrando, como castigo a su soberbia de no presentar candidatos unitarios, ¡que la gente no vaya a votar! ¡Y se lo merece, por pendejos!

 

@cjaimesb

Escribo este artículo la noche del sábado 6 de noviembre, a punto de vencerse el plazo para que en Miranda −y en tantos otros lugares del país− se presenten candidaturas unitarias. No sé cuál será el resultado, pero si no se ponen de acuerdo, el madurismo ganará sin necesidad de hacer trampa.

Cuando yo era una niña, era bastante tremenda y arriesgada. Mi mamá decía que yo “inventaba mucho”. Ciertamente, más de una vez que no le hice caso, lo que más me dolía no era el castigo, sino que me dijera “te lo advertí”, “te lo dije”, “por desobediente…”. Pero lo que más me chocaba era cuando me decía “por necia”. Mi mamá jamás dijo una grosería, pero si la hubiera dicho, quizás también hubiera incluido “por pendeja”.

De más está decir que las elecciones del 21 de noviembre tienen dos enemigos mortales: la abstención y la división de la oposición.

¿Será posible que alguien sea tan ingenuo de pensar que si van divididos −hay lugares donde participan hasta cuatro candidatos opositores− tienen la más mínima posibilidad de ganar? ¡Lo que están logrando es que el castigo a su soberbia sea que la gente no vaya a votar! ¡Caramba, y se lo merecen! Quienes no nos lo merecemos somos los ciudadanos; que encima de todo lo que hemos pasado, nos vayan a asegurar, por su arrogancia, cuatro años más de chavismo en alcaldías y gobernaciones.

Roberto Patiño es una rara avis en esta contienda. El retiro de su candidatura fue un acto de patriotismo, de humildad, de hidalguía, de solvencia moral, que en el futuro le traerá enormes réditos en el ámbito político. No así a quienes no se retiraron a tiempo.

En el fútbol, cuando los partidos terminan empatados después de la prórroga, van a penaltis. No es el desenlace ideal, pero es la mejor manera de conseguir el desempate. No siempre gana quien jugó mejor, sino quien haya tenido la suerte de chutar dentro de la portería, o de que su arquero se haya lanzado del lado correcto. Recordemos que en el Mundial de Fútbol de USA de 1994, en la final contra Brasil, Roberto Baggio, jugador de la Squadra Azzurra italiana, uno de los mejores futbolistas de la historia, falló el penalti y ganó Brasil. Baggio, que había anotado 5 de los 6 goles que llevaron a Italia a la final, era el responsable de su derrota. Hubiera dado lo mismo lanzar una moneda y apostar a cara o sello.

Esas cosas pasan en el fútbol y en la política también. La verdad es que yo, como venezolana opositora, hubiera preferido que los candidatos múltiples para un solo cargo se hubieran sorteado quién iba de candidato, hasta con un periquito que sacara el nombre del candidato de un bol, y no insistir tercamente en que iban a participar, pasara lo que pasara.

Cuando pase lo que pase, tendrán que asumir su responsabilidad frente a su electorado. Y encima, calarse que un mar de compatriotas les reclame, con toda razón: “eso les pasó ¡por pendejos!”.

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Por qué sigo apoyando a Guaidó, por Carolina Jaimes Branger
Aquí tenemos que navegar juntos. Y el capitán, les guste o no, es Juan Guaidó, que además necesita a su tripulación que trabaje de forma coherente

 

@cjaimesb

Antes de que le dé un ataque de mal de rabia, le pido que lea este artículo hasta el final. Ahí estará mi cuenta de Twitter si quiere insultarme. Pero hágalo después de leerme.

La oposición venezolana, la oposición de verdad y no el saco de gatos (¿o más bien saco de alacranes?) que quieren hacernos pasar como opositores, vive su peor momento. Cuando el G4 decidió ir a pesar de todo a las elecciones del 21 de este mes, no pudieron ponerse de acuerdo en nombrar candidatos únicos. Y por supuesto, no todos son Roberto Patiño, mejor dicho, la excepción fue Roberto Patiño, quien dio una lección de gallardía moral y coherencia política al declinar la postulación.

Tampoco pudieron escoger a los candidatos más idóneos para los estados y los municipios. Hay unos que francamente están peor seleccionados que Vielma Mora en Carabobo, que ya es bastante decir. ¿Con qué autoridad critican al chavismo?

En este escenario tan desolador, permanece la figura de Juan Gerardo Guaidó Márquez, quien sigue siendo reconocido como el representante del interinato en Venezuela.

Es el interlocutor válido con las democracias más sólidas del mundo. Pero en esta locura que vivimos, donde dudamos de todo y de todos, pero a la vez −y paradójicamente− creemos todo lo que circula por las redes, hay ciertos grupos que han decidido destrozar a Guaidó. Ya no necesitamos a los bots chavistas para que circulen informaciones falsas como las que aseguran que Guaidó se robó los fondos de la ayuda humanitaria o más recientemente, los de Monómeros, por ejemplo.

Me han dejado boquiabierta las declaraciones de Julio Borges, a quien en varias ocasiones he defendido a capa y espada. Por cierto, el viernes pasado el procurador especial Enrique Sánchez Falcón le salió al paso desmintiendo todas sus aseveraciones. Yo también tengo preguntas para Borges: ¿por qué si PJ tenía un representante en la Comisión de Administración del Interinato y había corrupción, no lo denunció sino hasta ahora? ¿Por qué si crees que “el interinato murió” sigues siendo el canciller?

En el caso de Monómeros, fue una diputada de PJ, Bibiana Lucas, presidente de la comisión especial de la AN que investigó el caso, justamente, quien aclaró que “Lo que nos arroja es que Monómeros no está quebrada, eso es muy importante. Nunca ha estado quebrada. Monómeros lo que tiene es un problema de flujo de cajas por el acceso al mercado de divisas o a las bancas, pero Monómeros es una empresa supernoble que no sé cómo ha resistido ante tanto ataque”.

Por eso, amigo lector, cuando usted retuitea furibundo informaciones que le llegan ¿se ha cerciorado antes de que sean ciertas? ¿Puede, con su conciencia tranquila, acusar de ladrón a alguien que quizás no lo sea? ¿Le gustaría que le hicieran eso a usted?

Guaidó se echó sobre sus espaldas la carga de sacar a un régimen que ha demostrado en un sinfín de oportunidades que no tiene límites de ningún tipo. Que está dispuesto a lo que sea con tal de mantenerse en el poder y cuentan con que dentro de la oposición nos estamos destrozando entre nosotros mismos. Es cierto que en 2019 no se cumplió el cese de la usurpación y que eso desmoralizó a muchos y engrosó la lista de la diáspora. Les recuerdo que a principios de 2020 entramos en pandemia, un escenario que no hizo sino darle un respiro al régimen de Maduro por un rato.

Pero hoy estamos mucho más fuertes para negociar y exigir que en 2019. Las sanciones están resquebrajando al chavismo desde adentro. Hay quienes quieren negociar, porque se ven el agua llegándoles al cuello. Todos desconfían de todos, y no solo porque las cabezas de algunos tienen precio. La extradición de Alex Saab a Estados Unidos y el Pollo Carvajal cantando más que un gallo en España antes de ser extraditado, son temas que los tienen preocupados al máximo. Si se sentaron en la mesa de negociación en México era porque se sentían débiles. Patearon la mesa en un acto de malacrianza por Alex Saab, pero casi pongo la mano en el fuego de que van a volver a sentarse.

Guaidó es la persona, a pesar de todo, que tiene mayor porcentaje de aceptación en las encuestas. Pero de su mismo lado lo quieren defenestrar. ¿Acaso están jugando al “juego del calamar”? ¿No se dan cuenta de que en ese juego la mayoría sale muerta?…

Apenas la semana pasada, Guaidó se reunió con el jefe de la mayoría del Senado estadounidense, Dick Durbin, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Menéndez y el presidente de la Subcomisión de Relaciones Exteriores del Senado para el hemisferio occidental, Tim Kaine, quienes una vez más le expresaron su disposición a seguir presionando hasta conseguir elecciones presidenciales libres y a poner coto a la terrible crisis humanitaria que hay en el país.

Y repito, Guaidó sigue siendo el representante del país que se niega a seguir bajo la garra del chavismo frente a las democracias más sólidas del mundo. ¿Es que acaso eso no tiene valor?

Aquí tenemos que navegar juntos. Y el capitán, les guste o no, es Juan Guaidó, que además necesita a su tripulación que trabaje de forma organizada y coherente. Estoy segura de que cuando esta pesadilla termine, tendremos que agradecerle su valor, su entrega y su trabajo. Y muchos tendrían que pedirle disculpas por haberle levantado falsos testimonios. Pero yo que lo conozco, sé que la libertad de Venezuela será su mayor recompensa.

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Por ahí se llega al Infierno..., por Carolina Jaimes Branger
¡No me vengan a decir que la pobreza hay que celebrarla! Mucho menos que la celebre uno de los estados más ricos del mundo, como lo es el Vaticano

 

@cjaimesb

El próximo 14 de noviembre “celebrarán”, una vez más, la Jornada Mundial de los Pobres, como si la pobreza fuera algo digno de celebrar. Quienes “celebran”, seguramente estarán de nuevo encabezados por el papa Francisco: “Los pobres nos facilitan el acceso al Cielo. Ya desde ahora son el tesoro de la Iglesia. Nos muestran la riqueza que no se devalúa nunca, la que une la Tierra y el Cielo y por la que verdaderamente vale la pena vivir: el amor”. ¡La pobreza hay que erradicarla! Y eso no es una utopía. Hay países en el mundo donde no hay pobres.

Según el papa, los pobres son “la riqueza que no se devalúa nunca”. Los pobres no son riqueza, su Santidad. Todo lo contrario. Que existan pobres en el mundo es una calamidad. Y más calamidad es que lo celebre usted, que es la cabeza de una de las instituciones más ricas de la tierra. Su prédica es la misma de los comunistas: hipócrita, contradictoria, farsante.

Y hablando de esa prédica, el domingo 24 de octubre la simpatía abierta que el papa ha demostrado por el comunismo volvió por sus fueros, cuando la policía vaticana rodeó a un joven peregrino cubano quien, de rodillas, oraba por la libertad de su pueblo y le quitó la bandera, según denunció Félix Llerena, un activista cubano, por su cuenta @FelixLlerenaCUB.

Video, por cierto, que se volvió viral en pocas horas. El joven era parte de una delegación que venía a pedirle a Francisco que intercediera por las crecientes violaciones a los derechos humanos en Cuba. A sus compañeros no les quedó más remedio que enrollarse en las banderas cubanas y acostarse en plena vía della Conciliazione, una de las que llega a la plaza San Pedro.

La Iglesia católica ha pifiado con ese discurso de apología de la pobreza. Y encima, la malinterpretación (me imagino que adrede) de los llamados libros sagrados, donde repiten como un mantra las mismas estupideces desde hace dos mil años: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos (Mateo 19,20-30)”. “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5, 1-3)”. “Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven y sígueme (Marcos, 10:20)”. “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo” (Lucas, 14:33).

La historia del camello pasando por el ojo de una aguja ha sido ilustrada con agujas de coser, cuando se sabe que el ojo de la aguja al que se refirió Jesucristo es un tipo de puerta estrecha que todavía hay en Jerusalén, donde un camello pasa, pero con dificultad. Lo de la bienaventuranza es peor, porque si la pobreza es mala, los pobres de espíritu son aun peores.

Encima, ahora con Francisco a la cabeza, no solo es la apología de la pobreza sino la conchupancia con los comunistas.

Luis Alberto Machado, que era un católico devoto, repetía que “los pobres son pobres porque no han aprendido a dejar de ser pobres”. Pero los pobres de espíritu son responsables de su estado. ¿Por qué Jesús no habrá dicho más bien “bienaventurados los ricos de espíritu?”.

A la Iglesia católica –exceptuando la ortodoxia– le cuesta admitir que el dinero que proviene del trabajo honesto no solo es bueno, sino deseable. La desvalorización del trabajo es un arma muy peligrosa, utilizada por los populistas a lo largo y ancho del mundo. Verbigracia, el discurso chavista: “Somos un país rico, no tienes que trabajar porque el gobierno te dará todo. Lo que tú no tienes, es porque otro te lo quitó”.

Todos tenemos que trabajar –o deberíamos– para erradicar la pobreza en el mundo. Una persona que está sobreviviendo no puede ni siquiera soñar. Los sueños le están vedados por la pobreza. ¡No me vengan a decir que la pobreza hay que celebrarla! Mucho menos que la celebre uno de los estados más ricos del mundo, como lo es el Vaticano.

La idea de que haya que tener millones de pobres en el mundo para que “nos faciliten el camino al cielo” es una de las cosas más espantosas que he leído últimamente. Entonces, ¿qué o quiénes facilitan el camino al cielo a los pobres? ¡Serán sus sufrimientos, sus carencias y sus necesidades no resueltas!… Y no me vengan a decir que no importa una vida de sufrimiento si luego habrá una eternidad de felicidad, porque eso habla de otra terrible injusticia: la certeza de que hay seres más importantes que otros, más privilegiados que otros, o como decía Orwell en su Rebelión en la granja: unos más iguales que otros. Entre ellos, la nomenklatura cubana por quien Francisco se derrite.

Yo paso, su Santidad. No tengo nada que celebrar el Día de los Pobres y me siento indignada por la actuación de su policía, tan hipócrita como usted. Prefiero seguir educando para cambiar paradigmas y enseñar a mis alumnos a que sean trabajadores, honestos e independientes. Si el Cielo existe, estoy segura de que el mío es un camino mucho más idóneo que el suyo. Y si su camino es mandarle la policía a quitarle la bandera de su país a un peregrino que ora por la libertad, apoyando abiertamente a un régimen comunista asesino, creo que se equivocó de ruta: por ahí se llega al Infierno.

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Educadora hasta su último suspiro, por Carolina Jaimes Branger

En el colegio de Luisa Teresa Lanz mi hija Tuti (ambas en la foto) fue la más feliz de todos, mi niña especial pudo graduarse de bachiller porque la educadora abrió todas las puertas para ella. 

La profesora Luisa Teresa Lanz (QEPD) fue un monstruo sagrado de la educación en el estado Aragua. Hoy le digo GRACIAS

 

@cjaimesb

Yo sabía que este momento iba a llegar. Pero no había forma de haber estado preparada para recibir la noticia. Cuando abrí mi Whatsapp y empecé a leer la nota que me había enviado su hija Laura, mi corazón empezó a latir precipitadamente: en efecto, avisaba a la familia y amigos cercanos que su mamá, Luisa Teresa Lanz de León, había fallecido durante la noche. La tristeza me invadió.

Más que un icono, Luisa Teresa fue un monstruo sagrado de la educación en el estado Aragua. Maestra de varias generaciones de aragüeños, dejó su impronta de excelsa educadora, mujer culta y, sobre todo, de una verticalidad y decencia como pocas. Siempre fue consecuente con su manera de pensar y actuar.

Directora del mejor liceo de Maracay por muchos años, el Agustín Codazzi, lo dejó para fundar su propio colegio, el Instituto de Educación Integral. Allí la conocí cuando fui a buscar cupo para mis hijas. Ambas teníamos en común tres hijas y una de ellas, una niña especial. Ambas compartíamos pasión por la educación, siempre buscando nuevos caminos que explorar y abrir. Eso nos unió para siempre.

En su colegio, mi hija Tuti fue la niña más feliz de todos. Gracias a la profesora Lanz todas las puertas se abrieron para ella. Hubo una planificación diseñada especialmente por ella para recibirla y acompañarla durante toda su escolaridad.

Una joven especial pudo graduarse de bachiller por toda la ayuda, el empeño y la dedicación de todos cuantos laboraban allí. Eso también permeó a sus compañeros, incluso a los que cursaban otros grados: ellos son hoy mejores adultos porque tuvieron la oportunidad de ver cómo se sobrelleva una dificultad día tras día.

Luisa Teresa, a sus 93 años, jamás dejó de ir al colegio. Incluso hospitalizada por la covid-19 que se la llevó, le dijo a su hija Laura: “este año ya no podré volver al colegio, pero para el año que viene vamos a hacer tal, y tal, y tales cosas”.

Educadora hasta su último suspiro, ha debido irse con el alma en vilo de ver el desastroso estado de la educación en Venezuela.

Cuando ella fue directora del Codazzi, llevó la educación pública a niveles de altura jamás vistos. En el IEI siguió sus propias huellas, porque impartió educación, ciertamente, pero también sembró valores, ciudadanía, patria.

A pesar de su baja estatura, la profesora Lanz era imponente. Su presencia se notaba cuando entraba a cualquier parte. Era seria, parca, sobria, pero también podía ser tierna, cariñosa y divertida. Una mater familias excepcional, arropó no solo a su marido, sus hijas, sus yernos y nietos, sino a sus hermanos y sobrinos. Y, además, a personas como yo que pasamos de ser amigas a ser parte de ese gran grupo familiar.

Derek Bok, quien fue presidente de la Universidad de Harvard, escribió que “la influencia de un buen maestro dura para toda la eternidad”. Y es así… lo que un alumno aprendió a su vez lo transmite a sus descendientes.

Mi querido Luis Alberto Machado quedó impresionado con ella cuando la conoció. “Esta señora es una ‘tacamajaca’ en todo el sentido de la palabra… ¡qué honor conocerla!”. Desde ese día, el doctor Machado fue invitado muchas veces al IEI para acompañarnos en muchas de las actividades que allí se desarrollaban.

Cierro estas palabras de despedida que jamás hubiera querido escribir con unas sentidísimas GRACIAS. Querida Luisa Teresa, GRACIAS por todo, GRACIAS por tanto, GRACIAS por siempre.

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Entrevista | Soledad Morillo Belloso: “Venezuela me duele y me hace feliz”, por Carolina Jaimes Branger
 Venezuela está en cada uno de los venezolanos buenos, no importa en qué ciudad o pueblo del planeta estén las almohadas en las que reposemos la cabeza cada noche

 

@cjaimesb

Soledad Morillo Belloso es vehemente, leal y elegante. La conocí a través de su hermano Carlos, que era amigo mío cuando éramos jóvenes. Y desde entonces somos amigas; pero no amigas para conversas ligeras o fiestas, que también lo somos, sino compañeras de cruzadas por la libertad, de transmitir la esencia de la venezolanidad, de compartir vivencias y sueños.

Soledad es una magnífica escritora. No solo porque escribe bien, sino porque tiene lo que hace diferente a un buen escritor de un escritor excelente: ritmo para decir las cosas. Es culta y eso la ayuda, por supuesto. Ha recorrido mundo, lo ha aprehendido y lo ha hecho suyo. Por eso leerla resulta tan grato. Sus escritores favoritos en prosa son Gabriel García Márquez y Jane Austen. Sol también escribe poesía y se rinde ante Lorca, Antonio Machado y Benedetti, y, aunque expresa su deseo de ser poeta, ya lo es.

Como buena guerrera, confiesa que su héroe de ficción es el Conde de Montecristo. Admira la obra de Kay Rala Xanana Gusmão, quien llevó a Timor Oriental a su independencia. Su hecho de armas favorito es el rescate de los soldados británicos en Dunkerque. Y la figura histórica que más detesta es Hitler.

Le encanta el color azul, las rosas amarillas, la música de Vivaldi y Puccini y la pintura de Sorolla. Ante esto, no extraña que confiese que de tener un don de la Naturaleza, este sería la suavidad de la brisa. Aunque en ocasiones ella misma se convierte en un huracán de pasiones; eso sí, siempre a favor de causas justas y nobles.

–Como buena Morillo y como buena Belloso, hubiera esperado que nacieras en Maracaibo o en Santa Bárbara, pero resulta que naciste en Caracas. Sin embargo, tu zulianidad está en tu ADN y en tu corazón. Infinidad de veces has escrito sobre ella, tus recuerdos, tus añoranzas. ¿Qué sientes hoy al ver tu Zulia convertida en tierra arrasada?

–Pienso en mi papá. Que luchó tanto, que trabajó tanto, que sudó tanto. Y pienso que menos mal que murió en 1990 y no vio todo esto. Pienso en todos los de mi familia, tanto Morillo como Belloso, que fueron constructores de prosperidad y bonanza. Solo me queda una tía, que está en Maracaibo, como guardada porque ya no sale ante el pánico que corten la electricidad.

Lo que le hicieron al Zulia es de una maldad infinita. Y también de una notable estupidez. No solo destruyeron la industria petrolera. Destruyeron el campo, el comercio, la historia.

Es un pecado. Cuando murió mi mamá en 2008 fui a una misa. Ya se notaba el deterioro de todo. Ahora es un infierno de Dante. Hace años escribí la historia tanto de los Morillo como los Belloso. Porque hay que contar la verdad y no eso que pretenden imponernos. Y hace unos días, como introito de una entrevista a un agricultor amigo, Julio Bustamante, escribí todos mis recuerdos de la finca en Santa Bárbara. Y mientras escribía lloraba sin parar.

–A los nueve años te instalaste con tu familia definitivamente en Caracas. Alternabas con las vacaciones en la finca en el Zulia, dos mundos totalmente distintos. ¿Cómo los armonizadas?

–El primer año en Caracas no me gustó. A moco tendido lloraba y les pedía a mis papás que nos regresáramos. A esa edad, nueve años, no entendía nada. Pero en cada vacación íbamos a Zulia, a Maracaibo o a la finca en Santa Bárbara. Luego me adapté a vivir en Caracas. Y tuve una vida interesantísima en Caracas, de estudios, de trabajo, de gente extraordinaria que conocí. Al final, soy zuliana, pero no soy ni «marabina» ni «caraqueña». O soy las dos cosas, no lo sé. Pero tengo muy diáfanas mis raíces. Y además me encantan. Porque la historia de mi familia es como una novela. Cuando la cuento, a la gente le gusta porque sienten que están viendo una película. Y yo les digo que en realidad todos somos personajes de un relato que empezó hace mucho.

Soledad Morillo Belloso: «La historia de mi familia es como una novela».

–Tú y yo compartimos un cariño mutuo por un hombre extraordinario, tu hermano Carlos, quien dejó este mundo cuando estaba en la plenitud de su vida y facultades. ¿De qué manera vive Carlos Morillo Belloso en su hermana Soledad?

–Carlos no solo fue mi hermano. Fue mi amigo incondicional, mi cómplice, mi confidente. No solo nos queríamos, nos gustábamos mucho, que es todavía más importante. Me apoyaba en todo lo que se me ocurría. Era muy divertido y extraordinariamente culto y pulido. Un hombre de mundo. Con él podías hablar de cualquier cosa. Carlos era un hermano distinto para cada una de sus hermanas. Y él tenía la habilidad de hacerte sentir única. Entonces hay en mi corazón «mi Carlos», el mío. Y mis hermanas, cada una, tienen su Carlos. No solo tengo mil recuerdos de él, recuerdos grandes y chiquitos. Es que Carlos está en mi vida de todos los días. Aunque se me mojen las ojeras, él es un motivo constante de felicidad. Porque sé que él está pendiente de mí, me ayuda, me regaña y me aplaude. Y simplemente estoy segura de que volveremos a estar juntos. Yo tuve, más bien tengo, el mejor hermano posible. Yo no le dije adiós; fue un hasta luego.

–¿Desde cuándo escribes? ¿Quién o qué fue el motor que te llevó por ese camino?

–Desde los nueve años. Escribí un cuento para el colegio, que fue censurado por las monjas. Una declaración de amor a Beto López Larralde, a través de un relato de una muñeca. Hace unos meses curucuteé en mi memoria y lo volví a escribir. Y además lo grabé con mi propia voz y lo hice público. Beto es el primer amor de mi vida. Desde entonces no he parado de escribir.

Y yo además me he pasado la vida escribiendo cartas de amor. Por supuesto que he escrito muchas cosas «serias». Artículos, textos, ensayos, entrevistas a gente importantísima. Pero lo que me gusta y me cuesta más es mi propia narrativa, en la que me desnudo. Los cuentos, los relatos, las novelas, los versos. Acabo de terminar Diez y siete postales de Soledad, que son relatos de mí como andariega. No quiero quedarme con cosas por decir. Yo creo que escribir es mi manera de convertirme en personaje protagonista de esta novela que es mi vida.

–La Comunicación Social es un apostolado más que una carrera, al menos en Venezuela. Los periodistas han enfrentado a la peste roja con un valor y una gallardía sin límites. Tienes miles de historias que narrar en este sentido. Escoge una o dos para compartir con quienes te van a leer en esta entrevista.

–Yo me rebelé contra todo esto desde el principio. Sabía exactamente que nos destruiría como país. Y desde el día uno denuncié. Jamás caí en eso del embeleso. A mí el salvajismo político me parece destructivo. Yo soy periodista, pero también soy demócrata y venezolana. Creo que el periodismo y toda la comunicación social tienen que ser herramientas de la libertad, de la civilidad. Y tienen que ser inteligentes y también elegantes. La comunicación de cloaca es destructiva y no solo no la uso, la adverso.

Eso me trajo aplausos, pero también muchos ataques. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, la primera víctima ha sido la verdad. Pero resulta que la verdad es poderosa, es esquiva, y nadie la puede matar. Muchos comunicadores se rindieron y se vendieron, pero muchos han luchado y batallan cada día. Cuando pase el tiempo, que pasará, esos quedarán en la historia como los defensores de la ética. No existe comunicación útil y decente sin ética. Y esa no la venden en los bodegones.

–¿Por qué sigues en Venezuela si puedes vivir fuera?

–Ciertamente, tuve oportunidad de irme. Pero yo decidí quedarme y luchar. Es mi país. Estoy agotada. He envejecido prematuramente. Esto ha tenido un costo muy alto. Creo, sí, que cuando todo esto termine, porque terminará esta novela con tantas faltas gramaticales y ortográficas, mi marido y yo vamos a necesitar irnos. No sé si en modo definitivo. Pero al menos un tiempo. A curarnos heridas que duelen, a cargar baterías, a poner en remojo el amargo sufrimiento de estos años.

–Cuéntame de tu experiencia con el belly dancing.

–Ja, ja, ja… Muy divertido. Yo había ido a Marruecos. Y regresé empecinada en hacer danza del vientre, que me fascina. Me parece un arte. Yo bailo muy bien y tengo mucho ritmo. Así que pensé que, si se me daban muy bien los ritmos caribeños, pues con eso podría. Pues tres meses estuve en clases. Y, nada. Que las caderas hay que moverlas distinto. Es como zafar las coyunturas del cuerpo. Y no pude. Yo veo a Shakira y, créeme, lo lleva en la sangre. Ella es bicultural. Yo no. Yo soy caribeña. Pero me divertí mucho.

–Unas palabras sobre otra persona a quien quiero muchísimo: tu marido, Arnaldo Arnal Vallenilla.

–Nos enamoramos ya de muy adultos. El amor después de los cuarenta es muy distinto. Yo me pasé muchos años sin pareja. Años acostumbrada a estar sola. Absolutamente independiente. De mi primer matrimonio no tuve hijos. Así que era una gaviota. Arnaldo apareció en mi vida cuando ya había empezado este desastre en el país. Él y yo compartimos posiciones políticas, pero sobre todo posiciones de vida. Nos gustan las mismas cosas. El nuestro es un amor denso, vertebrado, con peso específico, que ha sido probado en mil vendavales. No vemos el vaso medio lleno, sino en proceso de llenar. Todas las mañanas nos despertamos con un beso. Y en las noches antes de dormir hay un «te quiero». Y conjugamos la vida en primera persona del plural.

–¿Qué significa Venezuela para Soledad Morillo Belloso?

–Cuando me dicen que escriba en tres o cuatro líneas quién soy, siempre comienzo por «venezolana». Porque eso soy, primero y principal. Pero soy una venezolana que cabalga entre dos siglos. No soy criolla. Sé mucho de historia y de costumbrismo, pero soy una venezolana nacida, criada y formada en la modernidad, no en una cuna con naftalina. Yo sería venezolana en donde sea que me tocara ir. Venezuela no es el mejor país del mundo. Es, sí, mi país.

Pero el país de verdad no es este que padecemos ahora. Venezuela tiene la suerte de haber sido construida entre naturales e inmigrantes. Eso es fantástico.

Es nuestra mejor ventaja. No para recuperar lo que tuvimos y fuimos, sino para construir el nuevo país que podemos ser. Decente, trabajador, encantador, equitativo, colorido, entusiasta, libre. Venezuela significa libertad. Y Venezuela está en cada uno de los venezolanos buenos, no importa en qué ciudad o pueblo del planeta estén las almohadas en las que reposemos la cabeza cada noche. Venezuela es un amor infinito, tan infinito que me duele y me hace feliz. A mí Venezuela me arranca todos los días una lágrima y una risa. Mi alma es tricolor.