Una Ventana a la Libertad, autor en Runrun

Una Ventana a la Libertad

Denuncian que cuarentena radical solo se cumple en CDP de Nueva Esparta
Familiares de detenidos dicen que visitas están restringidas 

Los familiares de los privados de libertad de los Centros de Detención Preventiva (CDP) del estado Nueva Esparta denunciaron que sólo en los calabozos se respeta la semana de cuarentena estricta, mientras que en espacios como Centros Comerciales, bingos y restaurantes están abiertos.

“Acá la semana radical es solo para los presos, porque esa semana se prohíbe la visita, pero vas al Sambil y está abierto, los bingos están abiertos y los restaurantes tienen gente comiendo en el sitio. Los presos y sus familiares son los únicos que se les restringe la visita. Nosotros usamos tapabocas y nos cuidamos del virus, por qué se nos priva ese derecho”, reseñó Yuraima Marcano, familiar de un privado de libertad del CDP de PoliMariño.

Los allegados de los presos reseñaron que el único momento que tienen para compartir es los miércoles y los sábados, pero ahora esto es cada dos semanas.

“Cuando la pandemia inició nos privaron de las visitas y todos los presos se contagiaron de COVID-19. El virus penetró igual al calabozo. Entonces cuál es el chiste, sabemos que son presos que pagan una condena, pero la visita es un derecho. Si en la Isla no se respeta la cuarentena, porque en las bases sí, es injusto”, dijo Maritza Rodríguez, madre de un preso del CDP de la Policía Nacional Bolivariana en Porlamar.

Pidieron a las autoridades policiales ser flexibles con las visitas en los CDP en la semana de cuarentena estricta y se comprometen a respetar las medidas de bioseguridad para evitar brotes.

Denuncian retardo en despachos de comida en internado judicial de Maracaibo
Los detenidos suele comer arroz blanco de almuerzo y cena

Familiares y privados de libertad del Internado Judicial “Doctor Francisco Delgado”, antiguo retén de El Marite, denuncian retardo en el despacho de alimentos al centro de reclusión. Hasta una semana pueden permanecer sin alimentos los reclusos. 

“El Ministerio debe proveerles cada 15 días de comida y no lo están haciendo. Cuando traen les dan arepa con mantequilla no más en el desayuno y cena y de almuerzo les sirven arroz solo. De bebida solo toman agua”, puntualizó una pariente, quien aseguró que cuando los alimentos comienzan a mermar les reducen las raciones diarias. “A veces solo les dan desayuno”.

Un recluso explicó, vía telefónica, que del 16 al 19 de febrero de 2021 ni él ni sus compañeros de celda probaron alimentos. “Comida no hay y tampoco dejan a la familia pasarla. Solo les permiten pasarnos productos de higiene una vez a la semana y más nada, mientras nos morimos de hambre”.

No es la primera vez que durante la pandemia de Covid-19 los detenidos denuncian escasez de comida dentro del penal, la directiva se vio obligada, el 18 de julio de 2020, a flexibilizar su política y permitir el ingreso de alimentos no perecederos al internado judicial.

“Gracias a Dios nos dejaron traerle las cosas (a los privados de libertad) porque se estaban muriendo de hambre, no les estaban dando comida, cuando mucho un plato de arroz solo con agua y estaban a punto de una contaminación por no tener jabón para bañarse ni lavar la ropa, mi hermano ya estaba en riesgo de infección”, era la denuncia en la que coincidían, en ese entonces, los familiares a la puerta del penal.

Presos extranjeros se encuentran desastidos en las cárceles de Caracas
La mayoría no puede comunicarse con sus representantes consulares

A las precarias condiciones de reclusión de los centros de detención preventiva en Venezuela se suma otro problema estructural del que poco se habla: la situación de los internos extranjeros que, por lo general, forman parte de la población reclusa desasistida en estas cárceles improvisadas.

Una Ventana a la Libertad (UVL) ha confirmado, con cuatro casos de internos extranjeros, cómo estos reclusos forman parte de la población desasistida.

Tres haitianos subsisten con colaboraciones

En la Policía Nacional Bolivariana de Boleíta, hay un ambiente de camaradería entre los reclusos y sus parientes. Aunque en este CDP hay más de mil privados de libertad en un espacio que fue diseñado para albergar a 250 personas por un lapso de 48 horas, se estima que más de 200 internos son parte de la población desasistida, a quienes nadie visita, ni les llevan comida.

En ese grupo de desasistidos llegaron a estar cinco haitianos que, de acuerdo con los testimonios de esposas y madres entrevistados por UVAL, se ganaron el cariño de todos. Sin embargo, en 2020 dos de ellos salieron en libertad y los otros tres que aún están detenidos ahora cuentan con el apoyo de sus connacionales.

La madre de un recluso venezolano, detenido por el robo de un celular, explicó que desde principios de 2020 decidió ayudar a uno de los tres haitianos que continúan en ese centro que también es conocido como la antigua Zona 7 de la Extinta Policía Metropolitana. “Yo soy hija de Dios y, aunque cada vez es más cuesta arriba llevarle comida a mi hijo, no pierdo nada en ayudar a esos muchachos”, expresó la mujer, quien aseguró que todos saben que los haitianos están presos porque fueron “sembrados”. En el submundo carcelario se le dice así a quienes son apresados injustamente cuando los funcionarios les privan de libertad por tenencia de drogas, aunque no sea cierto.

La mujer relató que a inicios de 2020 los haitianos llegaron a estar enfermos. Aunque no se confirmó que tuvieran tuberculosis, sí tuvieron gripe y cuadros febriles. Pero, con la ayuda de varias mujeres, e incluso de sus compañeros de celda, todos lograron mejorar. Pese a que no hablan perfectamente el castellano, se saben comunicar con el resto de la población. “Tu mamá traerme plátano, muy rico”, le ha comentado a uno de los haitianos, de nombre Cristóbal, al hijo de una de las mujeres entrevistadas por UVL.

“Desde que dos de los haitianos salieron en libertad, esos muchachos han podido tener más acceso a alimentos y, sin embargo, todas nos ponemos de acuerdo para no dejar de ayudarlos. Sus ex compañeros haitianos a veces nos traen unas salsas de tomate que preparan con pescado y no las dan para que se las mezclemos con arroz. Es como una especie de salsa boloñesa, pero con pescado. Y, además, uno de los haitianos que sigue detenido me manda jabón de lavar para que yo le lave su ropa”, explicó la madre de uno de los reclusos de la PNB en Boleíta.

Una fuente extraoficial explicó a UVL que los cinco haitianos fueron detenidos en 2018 por tráfico de drogas. Aunque no se ha podido confirmar bajo qué condiciones quedaron en libertad dos de ellos, se conoció que el caso de los otros tres hombres está en la fase de juicio y que es manejado en tribunales ubicados en el estado Vargas.

Una de las prioridades investigativas de este reportaje era indagar si en los calabozos policiales hay intérpretes que les faciliten la comunicación a los reclusos con otros idiomas. Con el caso de los haitianos se confirmó que estos internos han logrado aprender a comunicarse con sus compañeros a través de señas, jergas carcelarias, así como también con parte del lenguaje español que han aprendido durante los dos años que han permanecido en esa comisaría.

Sorteando torturas y aislamientos

Cuatro años y cinco meses lleva detenido Ever Hernández en los calabozos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas de El Hatillo. El 23 de agosto de 2016 fue detenido por el delito de secuestro. Y, según refirió el recluso en 2019 a Una Ventana a la Libertad, en una entrevista que se desarrolló por medio de cartas, desde el momento de su detención ha sufrido torturas.

“Cuando los policías llegaron a mi casa me amenazaron con abusar de mi hija. Decían que le iban a meter el dedito. Me golpearon y me colocaron una bolsa para ahogarme y no dejar huellas de los maltratos que me hacían. Esa es una estrategia de ellos, al igual que utilizar papel periódico para amarrar las manos y tampoco dejar evidencias”, relató en ese entonces Ever Hernández.

Aunque la madre de Ever Hernández retornó a Colombia para tener mejores condiciones de vida y atenderse de la tiroides, la mujer hace malabares para que su hijo pueda alimentarse. Desde su país envía dinero a un señor para que le lleve comida periódicamente.

Esta persona es la responsable de hacerle llegar los alimentos y para ello debe sortear una serie de obstáculos como la movilidad, considerando las fallas en transporte, la falta de efectivo y el resto de limitantes por las actuales medidas de cuarentena, y los altos costos de los alimentos.

Tanto en 2019 y 2020 la División Antiextorsión y Secuestros del Cicpc El Hatillo fue noticia por torturas por parte de funcionarios de esa dependencia a la población reclusa y Ever Hernández ha sido uno de los reclusos que, quizá, ha sido más torturado. En 2019 UVL tuvo acceso a fotografías que documentaron cómo este recluso colombiano fue herido de perdigón por un funcionario que lo castigó por protestar en contra de las malas condiciones de reclusión.

El 1 de abril de 2020 internos de ese calabozo policial grabaron videos e hicieron fotografías para dar a conocer cómo los funcionarios les bloquearon la ventilación al sellar la puerta de la celda en la que están los reclusos civiles. Sin embargo, después de esa protesta, en la que habló Ever Hernández en uno de los videos, abogados y fiscales visitaron esa sede del Cicpc y ordenaron colocar ventiladores para que los internos pudieran respirar.

Familiares de la población reclusa informaron a UVL que el trato para el hombre de nacionalidad colombiana se ha caracterizado por maltratos y humillaciones por parte de los funcionarios. Una de las fuentes consultadas refirió: “Desde que llegó el trato nunca fue bueno, lo tienen humillado y lo maltratan. A él lo golpean durante las requisas”, aseguró una de las mujeres.

Aunque la madre de Ever Hernández hace lo posible para que su hijo pueda alimentarse todos los días, no siempre el señor a quien le paga por ello tiene cómo llegar al calabozo policial. El recluso colombiano llegó a tener el apoyo de familiares de dos de sus compañeros de celda, pero en diciembre ambos fueron trasladados a centros penitenciarios. UVL conoció que Hernández le escribió una carta a la madre de uno de sus ex compañeros en la que le pidió que no lo abandonara.

Dos colombianos en un país vecino, pero aislados de sus familias

Dos internos de nacionalidad colombiana, detenidos por distintas causas desde hace más de dos años, también forman parte de la población penitenciaria desasistida de la Subdelegación del Cicpc Simón Rodríguez. No tienen a nadie que los visite. Y tampoco establecen ningún tipo de comunicación con sus familiares.

Un colombiano de 31 años de edad, está detenido desde hace dos años por el delito de robo en un local comercial. Los funcionarios del Cicpc lograron apresarlo, pues el dueño del establecimiento le hizo un disparo en una de sus piernas en defensa propia. “Cuando los funcionarios llegaron al lugar, encontraron en un bolso los bienes que se había robado. Por eso está siendo procesado por robo frustrado con lesiones, porque resultó herido en el asalto”, explicó una fuente policial a UVL.

Aunque este recluso de nacionalidad colombiana tenía a una madrina que iba a visitarlo al CDP para llevarle alimentos a él, y también al otro connacional que conoció en prisión preventiva, su familiar murió.

“La señora falleció y ya nadie les trae comida, entonces ellos comen de la comida que le dan los otros internos y en ocasiones sin algún funcionario tiene comida y para no botarla, se la entregan a los colombianos”, refirió una fuente extraoficial.

Hurto agravado y simulación de hechos

El otro interno de nacionalidad colombiana detenido en la Subdelegación del Cicpc Simón Rodríguez fue apresado por el delito de hurto agravado y simulación de hechos.

Pero, en ese submundo carcelario se refieren a este recluso de 28 años de edad con la siguiente definición: “el sapo” “picado” que se “cayó con los kilos”. “Sapo” por denunciar ante la policía a sus compañeros de robo, “picado” por no haber estado conforme con lo que le correspondió en la repartición del botín y que se “cayó con los kilos” pues, cuando los policías revisaron las cámaras de seguridad del local en donde se registró el robo, lo vieron entrando y saliendo con parte de los artículos que fueron robados.

“Él fue a la oficina del Cicpc a decir quiénes se metieron al local. Pero en el momento de la repartición, uno agarró más que el otro y él fue a denunciar a la policía y dijo que iba a dar información de quiénes habían robado en un local para entregarlos. Pero en el momento en que los funcionarios fueron a hacer la inspección, revisaron una cámara de seguridad que grabó cuando se veía al supuesto informante entrando y sacando artículos robados y por eso es que está preso (…) Cuando él salga en libertad los otros malandros lo van a querer embromar porque los denunció”, relató una fuente policial que maneja información de los dos casos de los reclusos colombianos detenidos en ese CDP.

Ambos internos de nacionalidad colombiana fueron condenados y esperan un cupo de traslado a una cárcel. Pese a que sus delitos son robo y hurto, están igual de desasistidos y abandonados que un hombre de 64 años que está preso por abuso sexual, droga, homicidio, estafa, hurto, robo. “Ese señor está vivo porque uno le da de comer y, como él, así están los colombianos que tampoco tienen a nadie que los visite”, aseguró una fuente policial.

Con esta investigación UVL confirmó que los reclusos extranjeros no tienen la facilidad para comunicarse con sus representantes consulares. De hecho, la mayoría de la población extranjera desconoce que tiene ese derecho. También identificamos dos hallazgos: en ningún centro de detención preventiva hay personal especial para que los internos que no hablan español puedan sortear las dificultades de comunicación y, ni siquiera, hay mecanismos para que estos reclusos puedan hablar por teléfono con sus familiares. Estar preso en Venezuela, siendo extranjero, es una forma de estar condenados, aún y cuando varios de estos casos están sin sentencia firme.

Denuncian incremento de casos de desnutrición en centro penitenciario de Anzoátegui
21 hombres se encuentran en delicado estado de salud 

Han transcurrido cinco meses desde que familiares de los privados de libertad denunciaron falta de alimentos para los reos del Centro Penitenciario Agroproductivo José Antonio Anzoátegui de Barcelona, pero sus gritos de auxilio aún no han sido escuchados.

La tarde del sábado 9 de enero un grupo de mujeres denunció al equipo de Una Ventana a la Libertad en Anzoátegui que 21 hombres se encuentran en delicado estado de salud debido al grado de desnutrición severa que presentan, y exigieron que sean trasladados a un centro asistencial con carácter de urgencia.

Pese a no querer ser identificadas por temor a represalias en contra de sus familiares, el grupo de mujeres se atrevió a revelar que los pocos alimentos que llevan a sus parientes llega incompletos a las celdas y otros en mal estado.

Una de ellas contó que existen privados cuyos familiares  se encuentran en Nueva Esparta, Sucre y Monagas, entre otros estados, y que no cuentan con alimentación diaria por lo que deben pagar hasta tres dólares  cada día para poder alimentarse.

“Hace mucho que no les proveen alimentos a los privados y se ha agravado la vulnerabilidad de cada uno, además existen internos con tuberculosis que permanecen en celdas con presos comunes que hoy en día están en riesgo. No reciben atención médica y  mucho menos alimentos a diario, además que algunos se han enfermado por ingerir agua cruda ya que no  tiene agua potable para su hidratación”, contó una de las denunciantes.

El Centro Penitenciario Agroproductivo José Antonio Anzoátegui fue inaugurado en junio del  2014 fecha en la que se informó a través de un comunicado oficial que su capacidad era para 524 internos, pero hoy en día la cifra supera los 1.800 privados.

Algunos internos  han amenazado con iniciar una huelga de sangre hasta tanto sus gritos de auxilio sean escuchados, además de denunciar que les han sido violado sus Derechos Humanos y exigen la presencia de autoridades penitenciarias para que pueda constatar  las condiciones de insalubridad en la que se encuentran.

Una Ventana a la Libertad: Presos de la policía estadal piden reanudar visitas familiares en Carúpano
Desde el 17 de marzo, están suspendidas las visitas familiares en el centro de detención preventiva por la cuarentena decretada por el Gobierno de Nicolás Maduro, para prevenir la propagación del COVID-19

Foto: AFP

Los 146 privados de libertad que están detenidos en el Centro de Coordinación Policial Gral. Jefe José Francisco Bermúdez en Carúpano, estado Sucre, solicitan reanudar visitas familiares. La petición la realizaron ante los medios de comunicación y redes sociales, el sábado 12 de septiembre.

Mediante el texto enviado sostienen que desde hace seis meses no tienen contacto con sus familiares sólo reciben algunas correspondencias que les hacen llegar los funcionarios policiales.

“Nuestras familias se están destruyendo a consecuencia de la falta de contacto. Necesitamos que nos permitan recibir nuevamente visita de nuestros parientes “, apunta el texto.

Una Ventana a la Libertad contactó a familiares de los detenidos este domingo, 13 de septiembre, quienes detallaron que desde la llegada de la pandemia no saben cómo están dentro del centro de detención. Además, se suma el cierre de los tribunales que retrasó los procesos judiciales.

“Yo vengo desde otro municipio para traer alimento a mi hijo y no siempre puedo venir. Cuándo es radicalización no puedo pasar, no sé cómo está ni cómo resuelve cuándo no le traigo alimentos . Queremos también que los tribunales reanuden sus actividades “, refirió una de las madres de los detenidos.

 

Los familiares manifestaron que necesitan saber las condiciones de los presos y por qué en la sede policial no ofrecen detalles de los reos a pesar de solicitarla.

También, es de destacar, que desde el 17 de marzo están suspendidas las visitas en los centros penitenciarios por la cuarentena decretada por el Gobierno de Nicolás Maduro.

Una Ventana a la Libertad

Apellidos que comienzan por “A”: ¿Los nuevos pendejos?, por Toto Aguerrevere

 

@totoaguerrevere

A principios de este año salió un estudio de mercadeo realizado por la Universidad de Georgetown el cual establece que el poder de compra es más rápido en las personas cuyo apellido comienza con una letra cercana al final del alfabeto. Los Rodríguez y los Uzcategui, para no meternos con los Zubillaga que seguro agotan CADIVI el 3 de enero, reaccionan más rápidamente ante una oferta que digamos, por ejemplo y muy certeramente, yo que soy Aguerrevere.

La razón detrás del estudio es una cuestión de infancia. Desde pequeños nos organizan en filas o listas por apellidos. El que es Alonso o Blanco siempre vendrá de primero, haciendo que los Vázquez o las Zambrano se sientan en desventaja. Eso hace que los últimos tomarán cualquier oportunidad que se les presente en la cual el apellido no sea una variable, para ponerse de primeros en la fila. En cambio alguien como yo, acostumbrado por la fuerza a ser el primero, tomaré mi tiempo para decidir.

Repaso el acto de graduación de mi colegio hace una chorrera de años y compruebo la teoría. Mientras mi amiga La Gorda Armas y yo entramos emparejados y a punta de silbidos (bueno la verdad es que somos gente simpática), alguien como Joan Zurilla tuvo que entrar con la música terminada y con los dos últimos hombres de lado y lado para paliar la disparidad entre la población masculina y femenina de mi salón. Mientras el aplauso fue más grande por la medalla de alguien como Abreu, la de Simmons fue menor porque ya los papás habían aplaudido 40 medallas y una más no iba a variar la emoción de la rutina.

Pero ser miembro de la primera letra del alfabeto también tiene sus desventajas. En la universidad, fui el conejillo de indias en todos los exámenes orales. Mientras a los Martínez y a las Quintero les preguntaban horas después «¿Cómo saliste?», a mi me tocaba «¿Qué te preguntaron». Los de mi lado constituíamos el último repaso, el balance para saber si los demás estaban estudiados o si tenían que prender un Belmont y sentarse a caletrear el cuaderno a como diera lugar. Mi doce era el potencial catorce de los Gutiérrez, el dieciséis de los Rísquez y el diecinueve de las Viso.

Ahora, en cuanto a compra se refiere, concuerdo plenamente con el estudio. Entre mi grupo de amigos soy el último en confirmar un plan vacacional y al que menos acuden para hacer una reservación en un restaurante. Jamás he comprado una entrada para un concierto en tarifa reducida mientras que alguien como Vallenilla, quien acampa en TicketMaster tres días antes de la venta, es quien se encarga de decirme que si no la compro hoy, no voy al concierto de esta noche.   La pizza 2×1 no la adquiero por la oferta, la compro por el nivel del hambre. Ahora entiendo el turquismo de mi amigo Carlos Romero quien no compra pizzas a menos de que haya una promoción y administra cupones como si fueren lingotes de oro. Para mí un cupón es de gente pichirre. Por eso es que estoy pelando.

No puedo hablar por todos mis cuates que componen las primeras páginas del directorio telefónico pero si el estudio es correcto, entonces explica mucho quien soy. Con toda seguridad me hubiera comido el boleto dorado dentro del chocolate de Willy Wonka. Quizás eso explique la  impaciencia que le tengo a las colas, mi poca receptividad a los infomerciales o confirme lo que creo me ha querido decir mi psicólogo todos estos años:

que soy un quedado.