#CrónicasCaraqueñas | “Se busca vendedor”, por Ernesto Rodríguez* - Runrun
#CrónicasCaraqueñas | “Se busca vendedor”, por Ernesto Rodríguez*
“… Un día Kevin me llegó con cara diferente, estaba serio. Ese chamito de verdad que había pasado meses buscando trabajo”

 

@miconvive

Ese día nos tocó reunirnos en la parroquia Sucre (Catia), la más poblada de Caracas. El encuentro fue con varios adultos que escucharon del proyecto Mi Convive para jóvenes y estaban interesados en apoyar. Nos recibieron en una casa sencilla, con el saludo de buenas tardes y un café recién colado. Uno va a estas reuniones a conocer, a descubrir las motivaciones y necesidades de la gente. Siempre hay que estar abierto a dejarse sorprender, al misterio de lo que está por conocerse.

Éramos unas 9 personas reunidas, conversando sobre la realidad de los jóvenes que conocían. Me llamó particularmente la atención uno de ellos. Sergio, un tipo joven y un señor a la vez, en el rostro se le marca el peso de haber iniciado su adultez prematuramente. Disciplinado, con el entrenamiento de haber trabajado desde su niñez, y con la risa a flor de piel con los ánimos propios del rochelero: “yo tengo mi puesto en el barrio, todos los días lo armo y lo desarmo, pude conseguir varios tubos y ahora es algo presentable. Vamos poco a poco, aún no tengo el techo, eso me jode porque estos días que ha llovido es lo peor, se moja todo y tengo que recoger rápido para que no se me dañen las cosas. Pero no me quejo, tengo mi chamba y con eso comemos”. Sergio resultó ser de trato ligero y de fácil conversación. Se dedica a la barbería, en un puesto que ha instalado cerca de su barrio.

Compartimos relatos, abrigados por el café de Sonia, quién hacía de anfitriona y es otra afecta por los temas del trabajo y la juventud. Los pequeños vasos cafeteros de plásticos no llegaban a vaciarse cuando nos volvía a ofrecer otro poco. Sergio seguía contándonos anécdotas y ahí conocimos, a través de su mirada, la historia de Kevin.

“Hay un chamito que conocí hace un año, Kevin, es un buen chamo, siempre me visitaba porque le gusta esto de la barbería. Se ponía a ver como afeito, me preguntaba cosas, quería aprender y yo le iba diciendo. El problema es que él no tenía herramientas y aunque cargaba todo el ánimo de trabajar se le hacía muy difícil”. Nos comentaba que Kevin era bachiller graduado en julio de aquel año, y desde entonces estaba buscando trabajo.

“Kevin es un chamo ‘echao pa lante’, no se queda quieto. En su casa la situación no era fácil, hizo su currículo y pateó calle. Visitó panaderías, zapaterías, tiendas de ropa, bodegones, centros comerciales”. Mientras escuchaba el relato, me dio la impresión que Kevin y Sergio tenían una buena amistad, compartían el gusto por la barbería y conversaban de sus situaciones personales. “Siempre que venía, hablamos un rato, yo enseñándole de barbería y conversamos otro rato, así nos la pasábamos. Me da vaina porque yo sé que ese chamo estaba bastante frustrado. Con los jóvenes pasa eso, que no tienes experiencia y no te quieren contratar, Kevin matando tigres de vez en cuando con lo que le salga, pero eso no era suficiente”.

La atmósfera de la historia nos tenía atentos. Sonia con la jarra de café en la mano tenía su mirada fija en Sergio, Nina y Sandra acomodaron su postura para escuchar con comodidad. Además de la voz de Sergio, se escuchaba el motor de la nevera en la entrada de la cocina, el paso de transeúntes por la vereda y afuera de la casa, más lejos, algunas risas de niños. En ese momento me acordé y tarareaba mentalmente la melodía de Roberto Roena «Que mucho trabajo dá/ hallar en qué trabajar/ que trabajo dá, el no trabajar».

El barbero prosiguió: “un día Kevin me llegó con cara diferente, estaba serio. Ese chamito de verdad que había pasado meses buscando trabajo. Me contó que estaba visitando el barrio Las Casitas por una pana de él que vive allá. Iba con frecuencia a ese sector, ahí jodían y pasaban el rato. Una tarde le habían estado hablando, que si quería trabajar allá mismo podían ofrecerle algo.

Me dijo así «tanto tiempo saliendo a buscar trabajo, mano, y lo que me cayó fue pa’ vender droga”.

Sergio cambió la cara cuando dijo esto. Nos explicó un poco más de qué se trataba la oferta que le hicieron al joven: encargarse de un punto de droga en el barrio, “garitear”, y estar pendiente de todo lo que pasaba por la zona. Le habían ofrecido una paga significativa a Kevin, algo que en lo inmediato le ayudaba a resolver problemas. El muchacho aceptó la ‘chamba’ como jíbaro en aquel barrio. “Aún pienso con preocupación por ese chamito de verdad, la vida cambia, y aunque no es la que él quiere, es la vida que le estaba dando una salida –pero a qué costo–. Ya no lo veo casi como antes, pero siempre que pueda él sabe que puede contar conmigo” comentó finalmente.

El tono de Sergio y el destino de Kevin nos conmovió a todos. En el ambiente se sentía un humor que mezclaba el dolor de la situación dramática, con la convicción de que por eso estábamos reunidos, a ver qué podíamos hacer juntos, y a construir el proyecto de atención a jóvenes Vamos Convive.

Aquella tarde compartimos otras anécdotas de angustias y alegrías. Conversamos un rato más, nos pusimos de acuerdo, apilamos los vasos de café en la bandeja dispuesta por Sonia y Dilia, nos fuimos con la certeza de que el trabajo nos seguiría encontrando, y la esperanza de poder tocar pronto la vida de jóvenes como Kevin.

* Coordinador del proyecto “Vamos Convive”, en Mi Convive.