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Penitenciaristas profesionales, por Carlos Nieto Palma

Nelson Mandela (1918 – 2013) inspiró las Reglas Mandela (ONU), seguidas por los penitenciaristas profesionales de todo el mundo. El 46664 era su número de presidiario.

@cnietopalma

Una de las innovaciones que trae el artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, donde se establecen las bases de cómo debe funcionar el sistema penitenciario en Venezuela, es que el sistema penitenciario funcionará bajo la dirección de penitenciaristas profesionales con credenciales académicas universitarias.

Esto igualmente se encuentra establecido en las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, hoy conocidas como Reglas Mandela. De las reglas 74 a la 82 se habla de cómo debe ser el personal penitenciario. Allí quiero destacar la regla 74.1 que dice:

“La administración penitenciaria seleccionará cuidadosamente al personal de todos los grados, puesto que de la integridad, humanidad, aptitud personal y capacidad profesional de dicho personal dependerá la buena dirección de los establecimientos penitenciarios”.

Muchas veces escuché a mi maestro Elio Gómez Grillo decir que “la cárcel era su personal y cualquier otra cosa más”. También Eugenio Cuello Calón, reconocido jurista español, ha expresado en su conocidísima obra La moderna penología que… “el personal penitenciario si no lo es todo, lo es casi todo…”.

Lamentablemente, una de las más graves deficiencias del sistema penitenciario venezolano es su personal; desde las ministras para el Servicio Penitenciario, la actual y la anterior, que saben de cárceles lo que yo puedo saber de biología molecular. Nada.

Esto es lo que actualmente ha convertido al sistema penitenciario en el desastre más grande que ha vivido la historia venezolana; tomando en cuenta que nuestras cárceles nunca han sido ejemplo de excelencia; ni antes y mucho menos en la actualidad.

Paradójicamente, en Venezuela se fundó, el 3 de febrero de 1992, el Instituto Universitario Nacional de Estudios Penitenciarios (Iunep), gracias a la iniciativa de Elio Gómez Grillo junto con prestigiosas figuras del mundo académico venezolano y otros grandes conocedores del ámbito penitenciario. Para la época era el único instituto universitario de Latinoamérica y de los pocos del mundo en formar a profesionales universitarios en el área del penitenciarismo de naturaleza civil. Hoy está clausurado por los destructores del país.

El Iunep fue cerrado y absorbido por la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES). Con ello se dejó de lado la formación de educadores que puedan redimir a los encarcelados, que era la gran misión de esta institución, para convertirlo en un simple formador de policías de cárceles.

Una gran prueba del fracaso de la formación de penitenciaristas en la UNES es la cantidad de denuncias por tratos crueles, inhumanos y degradantes a los privados de libertad por parte de estos cabos de presos inspirados en la época gomecista.

Gómez Grillo siempre pensó que la formación de penitenciaristas, en caso de no existir el Iunep, era idónea en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), pues lo que se busca es formar educadores y no policías de presos.

Esto sin dudas, no es responsabilidad de los que allí estudian, ni los que allí han egresado, que no tienen la culpa de los errores cometidos por los asesinos del Iunep.

Quiero terminar rindiéndole un homenaje a mi maestro Elio Gomez Grillo, con unas líneas del último libro que escribió en vida, Prosa de prisa para presos. Allí deja claramente expresado lo que es ser un penitenciarista:

“El penitenciarismo es, sencillamente, una alianza de filosofía y de ciencia y también de humanidad y misericordia. No es un oficio de salón, no disfruta de tribunas ni de escenarios para exhibiciones frívolas, no sirve para cautivar amistades exquisitas ni para obtener riquezas materiales. Se ejerce en rincones oscuros y humildes y se trabaja con hombres oscuros y humildes. Los penitenciaristas somos los albaceas de los vencidos en un mundo de triunfadores (…) A los penitenciaristas se nos dice una y otra vez que somos cultores de una causa perdida. Tenemos que responder que, después de todo, somos caballeros, y que el no llegar nunca es justamente lo que nos hace más grandes”.

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