Entrevista | Francisco Pimentel Malaussena: “El mejor diseño es el bien común”, por Carolina Jaimes Branger - Runrun
Entrevista | Francisco Pimentel Malaussena: “El mejor diseño es el bien común”, por Carolina Jaimes Branger

Foto captura del video De lo urbano y lo humano Arq. Francisco Pimentel Malaussena. Edif. El Universal.

 

@cjaimesb

Una larga y dilatada trayectoria profesional precede a Francisco Pimentel Malaussena. Confiesa que en ese largo camino ha tratado muchas veces de detectar las huellas dejadas por sus profesores y colegas, no solo para descubrir y construir su propio camino, sino para invitar a otros a recorrerlo juntos, en el ejercicio profesional, en la docencia, en el servicio público, en el gremio y, especialmente, en la construcción de una sociedad en democracia y en libertad. Está pronto a cumplir 89 años y aquí reflexiona sobre los valores que fundamentan su vocación de servicio -con competencia profesional y honestidad- como el ámbito necesario para la promoción de la dignidad de la persona, su vocación y el bien común de toda la sociedad. En otras palabras, con ética personal y social.

Como docente, ha dejado estela profunda en la formación de muchos jóvenes en la universidad –y más allá de ella– en la sociedad venezolana que clama por un norte y un país que merece civilización.

Hoy, sigue activo y apasionado por sus actividades. La Facultad de Arquitectura de la UCV aprobó por unanimidad otorgarle el doctorado honoris causa, refrendado por el Consejo Universitario. Un homenaje más que merecido a una carrera impecable.

–¿De dónde proviene tu vocación de ser arquitecto?

–Un camino que se enraíza en mis años de adolescencia al oír hablar a mi abuelita Malaussena de su esposo, el arquitecto francés Antonio Malaussena y sus proyectos en Venezuela, principalmente el Teatro Municipal de Valencia, en el Campo de Carabobo y la remodelación de la Casa Natal del Libertador, conjuntamente con el ingeniero Vicente Lecuna. No conocí a mi abuelo, murió muy tempranamente. Y luego mi contacto más cercano y frecuente con mi tío materno, el también arquitecto Luis Malaussena y sus referencias a sus estudios de arquitectura en París. Allí entabló una larga y fraterna amistad con Carlos Raúl Villanueva -con quien compartió en el Ministerio de Obras Públicas- los programas de edificaciones educacionales y públicas en toda Venezuela, así como el Concurso Ganador para el Pabellón de Venezuela en la Feria Internacional de París en 1937.

Terminados mis estudios de bachillerato en el Colegio La Salle, la Universidad Central estaba cerrada por razones políticas y empecé a trabajar como dibujante en la oficina de Malaussena, en la obra del Círculo Militar; allí desarrollé planos y detalles, ya que tenía buen conocimiento del dibujo técnico, bajo la inmediata supervisión del arquitecto alemán Klaus P. Jebens. Pocos años después, en su misma oficina, trabajé como adjunto del arquitecto Klaus Heufer en la construcción y supervisión del Hotel Maracay y en el diseño del Salón Venezuela del Círculo Militar.

Esta interesante y dinámica etapa me formó no solo en diseño, sino igualmente en el día a día de las obras y reforzó mi vocación a los estudios de arquitectura. Entré a principios de 1953 a la Escuela de Arquitectura de la UCV, de la cual egresé en Julio de 1957, en la primera promoción egresada del nuevo edificio de Arquitectura en la Ciudad Universitaria, inicio de una larga trayectoria y de un compromiso vital. Un grupo de graduandos de la FAU obtuvimos ese año el Premio Ex-aquo Presidente de la Republica de Brasil en la Bienal de Sao Pablo.

–Háblame de tu experiencia como docente

–Ese mismo año de 1957 llegué a la docencia y asumí mi vocación desde el fuerte testimonio de mis profesores –Villanueva, Malaussena, Ossot,  Sanabria, Julián Ferris, Víctor Fossi, Oscar Carpio, Martín Vegas, Galia, Julio Volante, Fuenmayor, Tobito, Celis, González Almeida, Tony Manrique y otros apreciados profesores como el artista y humanista Charles Ventrillón, y un grupo de competentes ingenieros-; así como la hermosa tarea de ayudar a nuestros jóvenes a descubrir su proyecto de vida, a entender que su vocación profesional no es algo hecho, estático, sino algo dinámico, que se edifica día a día; que es tarea a ser realizada en y puertas afuera de la universidad. Ayudarlos a descubrir su proyecto de vida, su compromiso consigo mismos y con la sociedad. Eso es educar y no simplemente trasmitir conocimientos.

Con muchos de ellos he tenido la experiencia de acompañarlos, no solo como profesor en su formación universitaria durante 35 años, sino en su ejercicio profesional, en el día a día en nuestra propia oficina. Ha sido la oportunidad de ser facilitador para que pudieran liberar la arquitectura que estaba como prisionera en ellos. No puedo dejar de reconocer lo que a su vez recibí de ellos, como estudiantes y luego como arquitectos. Hoy son profesionales y profesores universitarios de necesaria referencia y aprecio.

No puedo dejar de nombrar a un esforzado grupo de profesores que se entregaron vivencialmente a la docencia y al ejercicio profesional, como Jimmy Alcock, Jesús y Oscar Tenreiro, Fruto Vivas, Gustavo Legórburu, Bernardo Borges, Guido Bermúdez Enríquez, y yo mismo en el Taller 4; y nuevas generaciones como Pablo Lasala, Joel Sanz, Carlos Gómez de Llarena, Julio Coll, Edwing Otero, Beltrán Alfaro, y otros muy valiosos, que no marcan un espíritu de simple continuidad, sino una incansable búsqueda de experiencias y propuestas docentes.

En el campo de la docencia actualmente soy profesor jubilado de la FAU-UCV, y fui miembro principal del Consejo de la Facultad varios periodos; miembro del Consejo Superior de la Universidad Simón Bolívar y profesor invitado de las Universidades Simón Bolívar y Metropolitana.

–Tu experiencia profesional ha sido amplia y prolífica. Como arquitecto has tenido enormes satisfacciones, entre ellas el Premio Nacional de Arquitectura.

–En el campo del ejercicio profesional se me hace una exigencia personal expresar un recuerdo y justo reconocimiento muy especial al arquitecto Bernardo Borges, mi compañero de graduación, con quien mantuve una fecunda sociedad por más de 20 años; así como con el arquitecto Klaus Heufer, con Jacobo Koifman, con el destacado y recordado arquitecto Pablo La Sala, con Beltrán Alfaro y Edwing Otero, de necesaria referencia en nuestra arquitectura contemporánea.

De esa primera etapa son el edificio de El Universal (Premio Nacional de Arquitectura), la Torre La Previsora (Premio Nacional de la Cámara de la Construcción), la Torre Británica, Cremerca y el edificio Philips (actual Sudeban) entre otros numerosos proyectos.

Francisco Pimentel Malaussena. Captura de pantalla del video
Edificio El Universal, en el centro el arquitecto Francisco Pimentel Malaussena y torre La Previsora.

Posteriormente, con mi yerno el arquitecto Oscar Capiello, fundamos la sociedad profesional PC ARQUITECTOS, con quien en estos últimos 30 años hemos desarrollado importantes proyectos, con gran vivencia de equipo, conjuntamente con los arquitectos Luis Alemán, el arquitecto y urbanista Carlos T. Itriago, María Inmaculada de León, Gabriel Heredia, Mariana Jáuregui, Olga López, Juan Pena y más recientemente con Gustavo Luis Legorbouru y otros arquitectos y pasantes, entre ellos la nueva Biblioteca y el edificio Bicentenario de la UCAB como ganadores del concurso convocado por la misma; el Plan Maestro y la primera etapa de la Universidad Católica del Táchira UCAT; el Centro Comercial Millennium Mall (Premio Cámara de Comercio); el Parque Residencial del Este (850 apartamentos), el Parque Profesional del Este; el Conjunto Residencial Solano (750 apartamentos, Premio IX Bienal de Arquitectura); la segunda etapa del Centro Comercial Plaza Las Américas (Premio II Salón Malaussena), el Conjunto San Gabriel y el conjunto religioso-docente San Juan Eudes (Premio IV Salón Malaussena), el anteproyecto del Hotel Crane en Barbados, el Hotel Las Trinitarias en Barquisimeto, el Centro de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar y otras obras en Caracas y en el interior.

Están listos los proyectos del gimnasio y la Facultad de Ingeniería de la UCAB. Así mismo es de destacar que fuimos acreedores del proyecto ganador convocado por la Fundación Andrés Bello para el desarrollo de la Zona Rental Este de la UCV en la Plaza Venezuela, el cual no ha avanzado por razones de financiamiento, por la expropiación a la Fundación del Centro Comercial en construcción para ubicar el automarcado Bicentenario.

En estos años he compartido mi compromiso docente con el campo del servicio público en oportunidades concretas: arquitecto jefe de la Sala Técnica de la División de Obras Especiales del MOP (1960), director de Obras Publicas del Distrito Sucre del Estado Miranda (1962) y posteriormente como director fundador de la Dirección de Planificación (1966), la Dirección General de Obras y Servicios de la Gobernación del Distrito Federal (1979), la presidencia de la Comisión Metropolitana de Urbanismo y en la directiva del Centro Simón Bolívar (1979).

En el campo gremial, fui miembro fundador del Colegio de Arquitectos y presidente del Tribunal Disciplinario del Colegio; miembro principal de la junta directiva y del Tribunal Disciplinario del Colegio de Ingenieros de Venezuela y secretario de la mesa directiva de la Asamblea Nacional; presidente de la Comisión de Renovación Urbana del CIV y presidente de la Fundación Amigos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, desde la cual realizamos conjuntamente con Julio Coll y Gustavo Legórburu, esfuerzos por rescatar el sentido de pertenencia de los exalumnos y profesores activos y jubilados, como oportunidad de búsqueda y encuentro con nuestro compromiso docente y social.

–Has tenido siempre mucho contacto con la juventud. ¿Qué les dices a los jóvenes de hoy?

–Que están llamados a mantener el aliento ético en nuestra sociedad. Se les dio una formación hacia la búsqueda permanente del bien común. La sociedad les está exigiendo respuestas concretas en el campo de las concentraciones urbanas, de hacer ciudad, del espacio público, de la marginalidad, la vivienda y los servicios con una nueva visión de nuestro compromiso profesional y social con el país, más allá de la manipulación populista y corrupta.

Hoy vemos con tristeza cómo algunos actores de la construcción pública, al calor de contratos a dedo, producen platos indigestos, mal preparados y peor cocidos, que no edifican ciudad e ignoran los servicios públicos y equipamientos indispensables, las normas y ordenanzas. En una palabra, la vida de la ciudad.

El reto para nuestras nuevas generaciones es testimoniar vitalmente la fuerza moral con presencia activa en la sociedad civil y en el desarrollo integral del país, en la búsqueda y construcción del bien común en democracia y libertad.

La recuperación de la esperanza de esta generación depende de fijarse poco en la multiplicación de promesas y mucho en el compromiso individual y colectivo.

De dejar de ver para los lados y fijar la mirada en un objetivo: una presencia comprometida con el hombre, la sociedad y la ciudad concreta. Y este es nuestro reto, nuestra tarea: construir un porvenir más digno y más feliz para todos. Y es posible. Y si es posible, entonces es una obligación ética.

–Entonces crees que tenemos remedio…

–Para responderte eso quiero volver a mi más temprana niñez, y recordar las funciones de matinal en los cines de Caracas y el terror que me dio la película en blanco y negro de King Kong, que todavía aparece en algunos programas políticos. Y cuando en familia vimos el Mago de Oz, el recuerdo de aquel indescriptible tornado, igualmente en blanco y negro, que se llevó la casa, y a Dorothy, y a su perrito Toto. Recuerdo a la Bruja Mala del Oeste en su escoba y con su risa siniestra ¡y cómo se me pusieron los ojos cuando cayó la casa, aplastó a la bruja y la pantalla estalló en colores y nos mostró el reino de Oz, “the yellow brick road” y los munchkins!… Pues así estamos hoy… en medio de un oscuro tornado y en caída veloz.

Debemos abrir los ojos a una nueva y verdadera democracia, pero sin un mago de Oz que detrás de la cortina conduzca al país a una muy penosa situación económica y social, comprometiendo el porvenir de las generaciones presentes y futuras.

–¿Qué significa Venezuela para Francisco Pimentel Malaussena?

–Venezuela es el espacio que Dios y mis padres me dieron como misión y tarea, para coadyuvar en la edificación de una sociedad fundamentada en los valores y virtudes cristianas, que recibí de ellos con su testimonio de vida y entrega de servicio. Mi compromiso es igualmente elevarla a estadios cada vez más altos mediante la búsqueda activa del bien común señalando desde mi formación profesional y ciudadana caminos de participación e inclusión en democracia y en libertad. La Santísima Virgen de Coromoto bendiga nuestra patria.