Aviso a navegantes (jóvenes), por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
Aviso a navegantes (jóvenes), por Julio Castillo Sagarzazu
Los muchachos, líderes locales emergentes, se han convertido en la avanzada de la resistencia contra la dictadura. ¡Aviso a esos navegantes!

 

@juliocasagar

La nota de hoy está escrita en un tono peculiar, casi que de abuelo. En realidad se trata de comunicar a un valiosísimo grupo de jóvenes, líderes de la región, la idea de lo importante que es quemar etapas en la vida política. Algo que en realidad también vale para la vida profesional y para el crecimiento personal.

En efecto, hoy estamos asistiendo a una interesante experiencia con el surgimiento de muchos liderazgos jóvenes en el país. Desde hace más de 20 años, el país padece una depresión en casi todos los ámbitos que sirven de marco de vida a nuestros compatriotas. La economía, la educación, la sanidad. Todo, absolutamente todo, se ha venido deteriorando. Muchos podíamos imaginar que las aspiraciones de la juventud venezolana caerían en barrena, como casi todas las otras facetas de la vida pero, en realidad, los muchachos se han convertido en la avanzada de la resistencia contra la dictadura.

En Venezuela, por un capricho de la historia, los años terminados en el número 8 han producido generaciones protagonistas de muchos acontecimientos.

La generación del 28 fue la vanguardia de la lucha contra la dictadura de Gómez; la del 48, abrió las puertas de la democracia; la del 58 derrocó la dictadura de Pérez Jiménez; la del 68 participó de la revuelta juvenil y en las jornadas de la renovación universitaria venezolana (a ella pertenece quien esto escribe). Una ola que comenzó en las calles del barrio latino de París y siguió en la Primavera de Praga; en la Plaza Tlatelolco de México y en California en Estados Unidos, para entroncar con la lucha contra la guerra de Vietnam; conoció el fenómeno de Los Beatles, de Woodstock y el aggiornamento de la Iglesia católica, con el Concilio Vaticano II que culminó en el 65 y preparó los más grandes cambios internos de toda su historia.

Después vinieron algunas décadas anodinas en cuanto a la irrupción del liderazgo juvenil. Así, hasta que llegó el 2008, cuando luego del cierre de RCTV, una nueva oleada de rebeldía juvenil recorrió el país. Muchos muchachos salieron a la calle, entre ellos, el propio Juan Guaidó, y lograron conquistar espacios que aún hoy llenan con su dinamismo y acción.

Es cierto que, al día de hoy, muchos se han ido del país y otros, seguramente, habrán regresado a sus vidas personales, pero aún quedan centenares activando en sus lugares de origen y en sus comunidades. Muchos de ellos escogieron continuar en la política e integraron los partidos que son el escenario donde el que tiene vocación de conducción consigue espacio para expresar sus posiciones, exhibir sus talentos y postular su liderazgo.

Un buen número de estos jóvenes están ahora al frente de organizaciones políticas o juegan un rol importante en ellas. Hoy, en la inminencia de un proceso electoral regional y municipal, casi que todos ellos, con el más legítimo derecho del mundo, están optando a conseguir un lugar donde poder expresar sus aspiraciones de conducir la cosa pública.

Lejos de alarmarnos, este fenómeno debe alentarnos y confortarnos. Hay una buena camada de nuevos nombres que quieren y están dispuestos a participar y protagonizar este proceso. No se han rendido, no se han desmoralizado y siguen al frente exponiendo su tranquilidad, su seguridad, y algunos hasta su futuro, para continuar la lucha por la democracia en el país.

Es aquí donde viene  el consejo que temerariamente pretendo transmitir: El mundo tiene un “orden natural de las cosas”; cuando ese orden se subvierte sobrevienen los desequilibrios, sean estos en la naturaleza o en la vida social. De allí que sea tan importante el avance gradual y el quemar etapas naturales.

Hoy día, hay un maravilloso escenario para que los chamos que comienzan en la política se expresen, comiencen su escuela de formación y hagan la práctica de sus primeros pinitos. Ese escenario privilegiado es la vida municipal, la que está más cerca del ciudadano y donde mejor se puede comenzar a conocer el monstruo por dentro.

Hace unos días, conversando con algunos de estos jóvenes que insurgen en la política, me permití contarles la historia personal de un chamo de 27 años que comenzó su primera experiencia institucional en el Concejo Municipal de Valencia.

Ese chamo al llegar se encontró, nada más y nada menos, que con figuras gigantes de la vida política, académica, profesional y cultural de la ciudad, como colegas de cámara. Allí se consiguió al Ing. Lázaro Cariello que venía de ser gobernador del estado; al Dr. Humberto Giugni que venía de ser rector de la Universidad de Carabobo y embajador de Venezuela en Italia y la Santa Sede; al Dr. Armando Celli, líder de Copei; a Hacibe Ramos dirigente nacional femenina del partido; la doctora Edith Montilla de Pandares; don Hermogenes López, exsenador por Carabobo y muchos otros nombres ilustres de la ciudad. Esa fue una gran escuela y fue la prueba de que servir a la ciudad como miembro de una corporación municipal, lejos de ser una responsabilidad subalterna, es una muy grande.

Es cierto que las cosas han cambiado mucho y esas figuras ya no aparecen por esos predios. La restauración del centralismo auspiciada por Chávez rebajó las competencias y la relevancia de esos cuerpos y ya no será fácil ver de nuevos caras como esas. Lo cierto es que siguen siendo una excelente primera escuela y una etapa necesaria de llenar.

Ojala que muchos de estos jóvenes valiosísimos que hoy postulan sus nombres para cargos de elección popular pudieran prestar atención a esta recomendación: la de comenzar el rescate de estas instituciones municipales con sangre nueva y con la inmensa voluntad que les acompaña para cambiar las cosas.

¡Suerte a todos! ¡Se la merecen!

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