Armando Martini Pietri, autor en Runrun

Armando Martini Pietri

¡Vamos a consultar otra vez!, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

A sectores de la oposición el ciudadano le cree tan poco como al palabrerío del régimen que se hace llamar “gobierno”. Preocupa la insistencia de unos cuantos proponiendo ¡otra vez!, una consulta popular. ¿Qué será lo que quieren saber? Porque si aspiran a conocer si queremos que Maduro siga en la desmadejada regencia, la respuesta es “No”. Y si la interrogante es ¿creen en la oposición G4? la contestación es la misma: “No”.

Una propuesta inconveniente por inoportuna y destiempo. La genuina, legítima consulta del 16J-2017 está aún vigente. Aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional, traicionada esa misma noche por la mayoría de los proponentes, que ahora de nuevo proyectan desconocerla, en un plagio que solo contribuirá a oxigenar al castrismo. Iniciativa interesada, conveniente, avalada únicamente por el cohabitacionismo colaboracionista del G4.

Si quieren estar al tanto de qué espera la inmensa mayoría, tanto chavistas, castro-iraníes y opositores, la respuesta sería la frase “¡que se vayan todos!”, como pedían los argentinos amontonados y desesperados frente a la Casa Rosada.

A estas alturas, poca duda puede haber de los culpables. Invasiones abusadoras, ladronas de cubano-castristas y fanáticos iraníes. Desconcierto e indiferencia del mundo diplomático, y la habladera europea que nunca ha sido generosa ni solidaria; desde tiempos de las incursiones de ellos mismos, siempre discutiendo sobre lo que están de acuerdo.

Los primeros responsables, venezolanos con derecho al sufragio, nos equivocamos y elegimos como representantes a los que piensan menos, prometen más o, aun peor, creemos se parecen al pueblo; viciosos del “salto atrás” que caminan en retroceso y de espaldas a la realidad:

1. Militares con el cuento de disciplinas, líneas de mando y demás violaciones potenciales, protegen al que paga o hace regalos.

2. La élite venezolana, empresarios, profesionales, políticos, comunicadores e intelectuales que se volcaron a defender al ya preso Hugo Chávez, convirtiendo al soldadesco derrotado y mediocre pelotero en esperanza popular.

3. Finalmente, al populismo socialista como el sonriente Obama, que con misteriosa ingenuidad actuando en la televisión cubana, creyó ponía a los Castro contra la pared.

Con el apoyo castrense jugando con trastos obsoletos que vendió la Rusia de Putin, con apariencia de líder industrial incapaz de fabricar un pequeño portaaviones; la complicidad de serviles y la delincuencia desperdigada, el castro-chavismo ha dominado por años prometiendo democracia, libertad y bienestar. Pero el chavismo es ya un cascarón vacío y nada representa.

El descaro de ciertos diputados jactándose, presumiendo de representantes del pueblo, ostentosos lo vociferan cuando conviene a sus intereses políticos, partidistas y propios, pero cuando toca escurrir el bulto, hacerse los locos, encubrir errores y fracasadas acciones, se resguardan en el siempre beneficioso pretexto de que la soberanía reside en el pueblo. Característica de la viveza politiquera criolla.

Se glorifica a la Asamblea Nacional por haber atendido el planteamiento de la Consulta popular. Un sinsentido adular a perjuros que irrespetaron la voluntad de más de 7 millones de ciudadanos el 16J. Expresan sin rubor que la consulta no es receta mágica, no es el final de una lucha que se nos ha hecho larga, es una herramienta ciudadana poderosa. Tienen años diciendo lo mismo, engañando. Lo peor, es que preparan el terreno para culpar al ciudadano de su inminente fracaso.

La subrayan como último recurso pacífico, democrático, electoral que queda en la Constitución. Y, aseguran, la comunidad internacional exige el cumplimento de este mecanismo cívico; añadiendo que “no podemos solos”. Verdades y mentiras a medias, manipuladas a conveniencia, tratan de justificar la ineptitud o culillo parlamentario al negarse en su momento a activar el TIAR, R2P. Y y se niegan en aprobar el 187.11, la excusa: es el pueblo quien decide.

Destacan el resultado como fundamental para solucionar la desdicha y malaventura que padece y vive Venezuela. Embuste, no crean cantos de sirena; lo mismo decían el 16J. Y ratifican que consultar al pueblo no puede generar en ningún momento duda ni oposición, que sería como negar la Constitución y los procesos democráticos. Pero no mencionan ni explican que traicionarla es desleal, impúdico y criminal.

La ciudadanía se ha expresado en múltiples oportunidades. Anhela una conducción determinante, coherente, decidida; un estadista que asuma con valentía, lealtad, coraje y responsabilidad el reto de enfrentar el castrismo. Sin hacerle concesiones. La consulta banaliza la tragedia ciudadana, lacerada por la represión, el hambre y la miseria.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Aburrimiento y consulta popular, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Si a Simón Bolívar siglos de dominio le parecieron suficientes, a los venezolanos de hoy les parecen tanto dos décadas castro-chavistas que ya no solo protestan hastiados por la escasez de los servicios públicos, es que la comunidad despertó para reclamar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos. Por supuesto, no faltan imbéciles que hacen proselitismo oportunista hasta el aburrimiento.

La ciudadanía está hasta los tequeteques, se observan capítulos finitos del desastre socialista bolivariano.

La usurpación es la consecuencia de muchos. Animada por “intelectuales” de poco seso que, encandilados por Chávez, se empeñaron en inyectar en la influenciable opinión pública la estafa de las bondades castro-socialistas. Todo, para que el entorno chavista de mediocres y militares de tercera y cuarta categoría sea hoy una casta de millonarios a costa de la ruina del país.

El pelotero frustrado mintió descarado, calificó al de los hermanos Castro como régimen de tiranía y después se dejó seducir por los sedientos del petróleo y riquezas venezolanas; le rindieron honores de jefe de Estado, lo enaltecieron y aclamaron en una universidad de larga tradición, exiguos méritos y pleno control del que efectivamente era un sistema de tiranos implacables.

Los cubanos llevan décadas de resignación después de que John F. Kennedy, católico y afable, los dejara en la estacada; luego el amo Nikita Kruschov, aterrado con pantalones soviéticos orinados y defecados, ordenó el regreso de sus barcos cargados de misiles sin pedirle opinión a Fidel.

Los venezolanos llevamos años envueltos en discursos atiborrados de embustes y fantasía, habilidades histriónicas del fallecido presidente, ironías del mazo e incapacidad oratoria del heredero. Y una oposición que lleva aun más tiempo -¿cómo podrán los partidos explicar no tener responsabilidad en el desastre que fue el ascenso del chavismo?- repitiendo los mismos errores. Con pavoneos y ostentaciones que terminan una cuadra antes o por ruta diferente a la señalada; y por si fuera poco, observando con recelo y suspicacia a la única líder que habla con la verdad, auténtica, coherente, valiente y precisa.

Entre chavismos necios y habituales equivocados, la pandemia nos tiene en cuarentena. El país ya no va de mal en peor, simplemente se aburre sobreviviendo en lo peor. El chavismo fue un grave error, triunfante solo en la destrucción; el madurismo no es más que su agonía, que no significa que esté muriendo. Hay agonías que duran demasiado, como las de enfermedades que hasta nombrándolas son pavosas.

Venezuela perdió la soberanía, es un país invadido por fuerzas y grupos irregulares.

La consulta es promovida por los mismos que traicionaron la del 16J. Es impropia, será burla. Una bofetada al ciudadano que padeció exilio, prisión, torturas, vejaciones y violaciones a los derechos humanos. Y que utilizará el régimen a su favor como fachada democrática. 

Dejen de embromar al ciudadano esperanzado. La comunidad internacional debe comprender que el régimen tiránico se ha mantenido en el poder gracias a la falsa oposición, que lo ha vestido de democracia. El país observa aturdido. La ciudadanía está siendo víctima de dos grandes fraudes: a la razón y al sentido común. Es un acto vergonzoso, sin lógica e inoportuno; no tiene estrategia tampoco intención de acabar el contubernio.

Hay que dejar de lado la retórica pusilánime. El acto de juramentación del Comité Organizador fue intrascendente, banal, irrelevante, patético. Así programado, porque el deseo orgásmico del G4, la ilusión, el sueño húmedo de sectores ligados al régimen y gobierno interino, es la cohabitación apechugada; convivencia ilimitada que les permita continuar usufructuando cuotas de poder y, para algunos, negocios ilícitos.

Esa es la jugada, la gran apuesta. Y la consulta popular será el instrumento para lograrlo.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

“Carraplanavirus” y traiciones, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

“Carraplanavirus”

El coronavirus es una plaga, con duros efectos incluso en las naciones más desarrolladas del mundo. Pero el régimen chavomadurista que nos azota aquí es aun más temible. En Venezuela la covid-19 es un trágico pretexto para ocultar el fracaso gubernamental.

El castrismo socialista es negación de la producción, criminalización del bienestar y destrucción de ciudadanía. En muchos países, incluso en los que alardean de socialismo -vaga promesa, pero lejana al desastre castrista y fanatismo islámico- los hospitales están atiborrados de pacientes, unos ya contaminados y otros que temen estarlo; el exceso de pacientes supera cualquier capacidad.

En Venezuela reina, además del temor a la covid-19, la angustia y frustración, porque el sistema de salud es otra de las mentiras del régimen. Equipos viejos y deteriorados, sin medicamentos ni insumos; con doctores y enfermeras que se contaminan y mueren no porque falten mascarillas y equipos protectores, sino porque ni agua tienen para lavarse las manos. “Médicos” cubanos graduados a la carrera en un esquema de semiesclavitud, con sueldos que van a La Habana: y nuestros galenos expuestos y desasistidos en la primera línea de la pandemia por un salario de hambre.

Una pandemia pavorosa que nos llega con un régimen que no se preparó para manejarla, a pesar de experiencias mundiales, empezando por los chinos que desataron el problema. Se limita a dictaminar semanas de cierta libertad de movimiento y semanas restringidas. En ambas, los mismos horarios, cierres, problemas, y policías desconcertados armando trancas de tráfico para preguntarle a los conductores a dónde van y dejarlos pasar. Miran por encima las autorizaciones de circulación, en oportunidades falsas, o reteniendo a algunos que luego, previo pago, les dejan seguir su camino.

El país está en cuarentena y en parte paralizado no solo por la epidemia que en vez de reducir crece, sino porque lo que ya venía mal con la paralización sin alternativas se ha puesto peor.

El régimen sigue actuando como si no fuera con él. Aplicando la opacidad de siempre, con cifras que pocos creen; pero ni por equivocación muestran una salida, alguna alternativa como ya están ofreciendo otros países más pudientes -hoy cualquiera es más rico que Venezuela, si hacemos excepción de los chavistas- y más pobres, que alguno hay.

Según los voceros de siempre han llegado equipos, ayuda médica y farmacológica de todas partes, ¡hasta de Cuba, donde por tener, los cubanos no tienen ni dónde caerse muertos!, pero nadie sabe en qué consisten ni dónde están. Aparecen en pantalla sin tapabocas para que sus embustes lleguen sin disimulos ni distorsiones a decir que no es por culpa de ellos, que el país está como un enfermo agonizante por el tan cacareado “bloqueo económico”.

Las traiciones

¡Y esta sangre que no se quita!, clamaba enloquecida de remordimiento y vergüenza Lady MacBeth después de que su marido, por instigación suya y delirios canallas de poder, matara a puñaladas al rey Duncan. Tras asesinarlo, se las ingeniaron para responsabilizar a inocentes, ejecutados injustamente por la mentira de quienes se suponían abanderados de la verdad, lealtad y, ante el sueño del poder, se llenaron las manos con la sangre y dinero sucio.

Como los criminales, buitres de la dignidad muerta en la tragedia de William Shakespeare, son muchos los jefes políticos que alardean defender al pueblo, de luchas por la democracia y oponerse a la tiranía, pero tienen sus conciencias atestas de muerte, tortura, presos y exiliados políticos, enfermos y fallecidos por un coronavirus no debidamente previsto en un sistema de salud devastado.

Aquí, con la política llena de alacranes pican, es su naturaleza. Para esos politiqueros con sangre y espíritu de tránsfugas no hay pasado que mostrar ni futuro que prever. Polígamos de la política, adúlteros propiciando pactos indecentes y desenfrenadas negociaciones indebidas. Evidenciados en videos comprando lujos, contando con deleite y gozo dinero mal habido; basureros de ambiciones bajas e intereses ocultos, hombres y mujeres incompletos, de miradas huidizas, manos sucias siempre escondidas, pozos que acumulan la inmundicia por la falta de tesón, de la indignidad como uniforme, sonrisa dibujada y falta de originalidad para esconder malestares del alma.

El que la hace no siempre la paga; en este país unos han hecho lo peor y quienes pagan son los que no tienen dinero suficiente ni servicios públicos medianamente operativos. Es la carraplana castrista aumentada ad infinitum por la pandemia sin cura ni esperanzas, el llegadero de la desilusión.

El socialismo castrista es carcelero de la libertad y democracia.

Son traidores por naturaleza al punto de que se traicionan a sí mismos. La mediación OEA de Gaviria, Centro Cárter, Vaticano, República Dominicana, Zapatero, Noruega/Barbados, Borrell, fueron y siguen siendo una estafa continuada con premeditación y alevosía. Se robaron, asaltaron la confianza ciudadana. Y aun no conformes, plantean una consulta interesada y conveniente que, de nuevo, será traicionada como la del 16J.   

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La vida es cosa seria, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Si se contemplara con fundamento, seriedad y certeza que los estadounidenses están resueltos a incursionar en Venezuela, habría que concluir que Chávez antes y durante su enfermedad y Maduro -iluminado por un pajarito intelectual- tenían razón al mantener en estado de alerta a las fuerzas militares; además de redoblar el intenso programa de adiestramiento para los corpulentos milicianos, enclenques reservistas y comuneros fanáticos del PSUV.

La invasión más vitoreada y celebrada fue la del ejército aliado en la Segunda Guerra Mundial bajo el comando del general Dwight -Ike- Eisenhower, que organizó y coordinó la mayor incursión en la historia hasta ese momento (1944), en la costa francesa de Normandía. Una vez concluido el desembarque, empezó el lento pero sangriento camino hacia la frontera alemana primero, y a Berlín como final de la jornada.

Otro modelo fue el que acompañó al anterior, pero al revés, el de los rusos desde su extensa nación hasta los límites germanos con destino finito a Berlín. La diferencia fue por tierra, a pata de infantería, ruedas de tanques, camiones de artillería y transporte logístico. Arrasaron Europa para que al final Alemania quedara bajo la influencia de ambos.

En el siglo XXI si Rusia fuera potencia fuerte y economía sólida, en el más optimista escenario sería equiparable a la España castrista de Podemos; buena si la comparamos con lo que va quedando de la venezolana chavista, pero poca cosa en contraste con la del resto de Europa.

Potencial ejemplo para los colombianos, aliados de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, sin conocer -aunque no descartable- Brasil, que ingresaría por el sur; aunque ese ya sería problema de la narcoguerrilla más que de militares, decrépitos milicianos y colectivos defensores de la patria.  

La otra posibilidad sería una irrupción terrestre más de nuestros tiempos, como cuando el fenecido en tiranía, Sadam Hussein, liberado de pulgas, ahorcado y enterrado, ofreció “la madre de todas las batallas” y se autoinvadió con tanques desplegados por todo el inmenso desierto, Kuwait incluido.

Catorce años necesitó Simón Bolívar, murió con camisa prestada, para liberar el norte y la costa pacífica de Sudamérica, fundar cinco naciones soberanas y entrar con mérito propio, sin un centavo en el bolsillo, en la gloria e historia universal. Y eso para nombrarlo solo a él, que supo ser centro y comandante, guía e inspirador de esa extraordinaria generación que luchó con él padeciendo persecución, cárceles, angustias y batallas para lograr su propósito libertario.

Estos y otros escenarios con seguridad están siendo intensamente analizados tanto en la sede del Comando Sur “imperialista”, en Miami, como en los reforzados salones de Fuerte Tiuna en Caracas. En tales casos es importante advertir que los tiempos cambian. Es época moderna, cuando la tecnología permite aeronave que burlan a los radares, a diferencia del dron que hace meses mandaron al corazón de Irán.

En diciembre del 1957 Marcos Pérez Jiménez celebró con serpentinas y confetis el triunfo del plebiscito fraudulento. A las pocas semanas el general dictador comprendió que ¡pescuezo no retoña! y huía aterrado, dejando independiente a Venezuela para que floreciera la libertad.

Recuperar la democracia depende de los venezolanos, pero no es cobardía, sino responsabilidad, reconocer que solos no podemos.

El auxilio internacional humanitario es necesario, no una invasión. Juntos encontrarán las mejores formas para librarnos de la ignominia castrista que sofoca, oprime. Sin embargo, supuestos opositores de pacotilla, socios colaboradores y titiriteros harán lo posible para impedirlo. Sus engaños y complicidades emergerán, y se podrá entender por qué no dio resultado el descomunal esfuerzo de una sociedad valiente, decente, que puso muertos, torturados y exiliados para salir del chavismo.

La pobreza, nula actividad productiva, quiebra empresarial, ruina de comercios, salario miserable, servicios públicos deficientes, infame calidad de vida, falta de probidad, dignidad e integridad se agravan por la persecución, el exilio, la prisión y la tortura como política de Estado. Es burlesco, perverso e imposible continuar el ardid, seguir con el embuste. Hay que reconocer y afrontar la realidad; es lo correcto, juicioso. Los ciudadanos debemos detener esta afrenta ruinosa, con apoyo internacional necesario para la reconstrucción.

La vida es responsabilidad, adeudo y compromiso, en fin, cosa seria. Una invasión también. Hay que analizarla con cuidado y aquello de la cultura militar, conocimiento de la realidad y entorno, además del pragmatismo castrense.

Los venezolanos exigen una mejor Venezuela y la tendrán, la merecen las futuras generaciones.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Notas sueltas de dolor y esperanza, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

En el país de los ciegos el tuerto es rey. Puede pasar que en el país de los tuertos, el rey sea el ciego. Por años dos “invidentes” han dispuesto destruir Venezuela. Internas distorsiones y perversidades, sin ver lo que sucede a su alrededor. Recorren hacia la izquierda en la vía con dirección a la derecha.

Acá mis notas sueltas:

Suben colinas cuando el mundo va de bajada. Economía controlada, manejada y estropeada por el Estado, a diferencia de sus camaradas chinos, comunistas de doctrina, pero que desde Pekín incentivan la iniciativa privada. Con un sistema de salud eficiente, sin trabas a médicos, sea medicina moderna, o tradicional -aunque escape un revoltoso murciélago contaminado. Parte de la estulta ceguera. No siempre escuchar cantos de sirenas cubanas enmohecidas es suficiente.

Dudar de la importancia y capacidad de las mujeres, es una gran pendejada. Vivimos tiempos en los cuales, excepto en tierras islámicas, el género femenino ha recorrido un largo camino para superar injusticia y humillación. Comparten con hombres, en condiciones reales de igualdad, esfuerzos para llevar al mundo adelante; disponiendo talento, voluntad y capacidad al servicio de la humanidad, manera de servir a sus familias, a sí mismas y a la realidad.

Son parte integral de la economía y la política. Líderes, estadistas, exitosas jefes de Estado, para orgullo y bienestar de sus naciones; forman parte de la ciencia, del pensamiento intelectual, la cultura, de fuerzas militares institucionales, del magisterio, la sanidad. Sin dejar de ser cuidadosas en su apariencia, coquetas, fascinantes, sin descuidar un segundo esa relación especial, profunda, maravillosa, que es la de madre.

No es en la belleza física donde está la grandeza de ser mujer, sino en su intelecto, sentido de responsabilidad. En los espacios que, a base de coraje, convicción e intransigencia con la injusticia, han ocupado.

Invidentes precipitan la ruina, que convierten en despeñadero de ilusiones y esperanzas; gobiernan entre escombros, rudos bajones que necesitan frenar con tanques y fusiles rusos, camaradas cooperadores que se asfixian, autoridades civiles, militares, comunales con ilegítimas e inmorales licencias para robar, cobrar ilegalidades, desconocer tráficos diversos, abandonar parte del país a caprichos y conveniencias para delincuentes venidos de naciones vecinas, lejanas, para explotar recursos que deben ser manejados por venezolanos y expertos autorizados.

Buscan ignaros que ponen una condición, como decía aquel fiel obediente al tirano, “no me dé nada, póngame donde haiga”. Que en el socialismo castro-chavista es solo para pocos corruptos quienes aprovechan y se benefician, no para ayudar excepto a quienes, por conveniencia, interés, codicia e incompetencia, se hacen socios y cómplices de violadores de los derechos humanos.

Ya ni siquiera somos nación de tuertos ni de ciegos, tras años de chavismo-madurismo, hemos terminado en un no-país, territorio de explotación para llenar bolsillos delincuenciales. Inclinados ante jerarcas que, tras sesenta años de absolutismo, opresión mantienen miserable y  calamitosa su isla, que jerarcas cubanos; y ahora ante los iraníes.

Fanáticos de un comunismo que aplican a los cubanos, no a sus familias. Exaltados de una religión inventada por un árabe que tomó elementos de ventaja e interpretación malvada, traicionando la esencia y observancia del Corán. Sin embargo, ambos coinciden en un objetivo común: destruir la democracia estadounidense poderosa pero respetuosa de los derechos ciudadanos, y los israelíes a quienes, les tienen culillo.

El socialismo bolivariano y el comunismo castrista son ideologías para resentidos. Cubanos e iraníes dejan mensajes perversos, distorsionados a sus pueblos y al mundo, mientras el madurismo les da campo de acción, no dejan nada a nadie, excepto destrucción y miseria.

Igual que hombres, hay mujeres infames, de mentes distorsionadas, que cometen pecados de corrupción, inmoralidad e hipocresía, como forma de ser; no por venganza o sufrimiento previos, sino porque la perversión se siembra, cultiva, cosecha. No es solo una consecuencia, es maldad personal.

En Venezuela tenemos ambos ejemplos, mujeres que ejercen gobierno en plena cooperación con la tiranía, represión, robo, opresión e intolerancia; y las que sostienen con coraje, integridad, decisión, un mensaje claro, definido, coherente de oposición, enfrentamiento a lo retorcido y cruel.

No hace falta dar nombres, conocemos cooperantes de la descomposición, que arremeten contra la venezolanidad; y a las que no han dado jamás su brazo a torcer en defensa de los derechos y libertades, que representan democracia y esperanza para Venezuela. Sabemos quiénes son, las que se mantienen como los hombres vilmente revolucionarios, perversos rodilla en tierra con el latrocinio.

Y las que se mantienen en alto, sin amilanarse, con la ilusión y confianza de que vendrá justicia sin impunidad, recuperación verdadera y sustentable.

 

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Alacranes y bigamia política, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Una pareja es una pareja. En política, no siempre es lo mismo. La fábula del alacrán que pica a quien generoso lo cruza por el río que el pequeño letal animal no puede cruzar porque incapaz de nadar o flotar se ahogaría, aun así, es su naturaleza.

Son parte del complejo y demasiadas veces poco confiable sistema o, mejor dicho, del guirigay político venezolano. Surgen de la vida privada en la cual, por años, han estado casados con una religión, comprometidos en una labor profesional, con el noble, aunque esforzado magisterio; y de repente aparecen como garrapatas casándose con un partido político cercano al gobierno, con algún nivel de poder, para lamer posibilidades, chupar privilegios, mamar disfrute y tragar acumulación de dinero robado. Son parásitos vividores y oportunistas.

Como algunos políticos, politiqueros, que no cambian de camisa por calor o frío, ni saltan talanqueras por atletas. Ellos son así. Es su perversa naturaleza. Más que codicia, o apetencia de oportunidades y poder, lo hacen porque llevan la ambición como vicio, depravación similar al heroinómano, que conoce lo nocivo, pero igual se inyecta.

Para esos politiqueros con sangre y espíritu de tránsfugas no hay pasado que mostrar ni futuro que prever. Siempre están en movimiento como tiburones en el mar y víboras en las charcas. Buscan ulterior lo que ellos mismos estropean, destino que modifican por unas cuantas monedas. Judas es pendejo al lado de estos sinvergüenzas.

Los que, sobreexcitados y ambiciosos, se inscriben en una agrupación política y más temprano que tarde se divorcian para casarse con otro; y más de uno lleva una retahíla de casorios y separaciones, lo que habla mal sobre su capacidad de compromiso. Adúlteros depravados, viciosos patológicos.

Pero no son solo desleales a los partidos a los cuales van de salto en salto; más infieles aun lo son a los electores ingenuos, que se dejan engañar por promesas siempre falsas, y sobre cuyas espaldas fueron a degustar bazofia, desperdigar malos olores en concejos municipales, cuerpos legislativos estadales, nacionales y apestarlos, donde se instalan lo transforman en depósito de desechos. Roedores de albañal.

A unos los llaman alacranes, a otros no; pero todos lo son, polígamos de la política, adúlteros de la fidelidad, basureros de ambiciones bajas e intereses ocultos.

Mujeres y hombres incompletos, de miradas huidizas y manos sucias, inmundas, siempre escondidas, agazapadas; pozos sépticos que acumulan excremento por falta de tesón, de la indignidad como uniforme, de la sonrisa dibujada como las rojas falsas que usan payasos de baja estofa y falta de originalidad para esconder tedios y malestares de sus almas.

Más recientes, los que insisten se oponen al régimen castro-madurista, pero al mismo le prestan servicios que cobran, y el régimen alimenta con minucias, limosnas, que no demasiado cuestan. Son bígamos baratos, de prostíbulo, útiles están ahí, comiendo de la mano poderosa como la mula del bozal que le pone el amo. Y después levantan la cabeza para relinchar críticas que nadie cree.

Sufren de bigamia política, moneda de falsedad para un lado y cobro de contrato por el otro, capaces de corromper, dividir decisiones tomadas, otorgar esto y aquello, en espera de instrucciones para acciones que, esperan, serán definitivas.

No hay mal que por bien no venga, asegura esperanzador el viejo refrán; todo mal viene con más mal porque el mal es alimento, interpretan estos peligrosos guasones de la política arrastrando sus bolsas de basura; lo único que tienen, san nicolases de la podredumbre.

Pero existen, se renuevan. Mutan como el virus. Se confunden en el ambiente y mimetizan en el entorno; no hay manera de quitárselos de encima y, lo que es de prever, de temer es cuándo picarán en medio de cuál riachuelo enfurecido al oficialista u opositor que esté ayudándolos a cruzar el caudal envenenado de sus vergonzosas vidas.

Revisemos la historia y comprobaremos cuántos traidores a la venezolanidad han empedrado el camino de la dignidad, decencia y decoro. Por ahí se van quedando. Son desechables, preservativos de una puesta, porque quienes pagan por la traición saben bien que el que traiciona una vez traiciona dos, y tres también. Y cuatro.

No tardarán estultos en su vergonzosa complicidad de cooperantes internos e internacionales, en aprovechar hipócritas el informe de la ONU sobre la violación de DDHH en Venezuela, y así, justificar su ignominiosa participación en la estafa parlamentaria, con la excusa de combatir la afrenta de los crímenes de lesa humanidad.

Confesiones de intimidad, secretos de amistad y juramento de no divulgarlos, son imprescriptibles. Su traición es una vileza.

 

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Realismo mágico… ¿o no tanto?, por Armando Martini Pietri

Aquí no parece haber realismo mágico, sino “magia negra”. Caraqueños buscando agua en un manantial tributario del contaminado río Guaire, Caracas. Foto Carlos García Rawlins / Reuters.

@ArmandoMartini

El régimen castrista busca con desesperación legitimidad. Calcula que una estafa parlamentaria le traerá al regazo dos pájaros al mismo tiempo. Por una parte, la legalidad y licitud que ha perdido con torpeza; por la otra, una fuerza legislativa capaz de restituirle poder en la Asamblea Nacional.

La unidad hipócrita intentada como chantaje no ha funcionado. Los agrios enfrentamientos son insignificancia, comparados con la perturbadora contumacia de no reconocer el continuo fracaso con voluntad de arrepentimiento, constricción y necesidad de cambio. Se ha impuesto el statu quo, a los titiriteros solo les inquieta el acomodo interesado, conveniente, manipulando para decir lo mismo.

Promover una consulta en una sociedad secuestrada, cuando deshonraron inmisericordes el mandato ciudadano del 16J, es obsceno; un montaje de un supuesto éxito incomprendido, confiados en el apoyo internacional, ignorando su paciencia y límite.

En la danza de incompetencia generalizada, el coronavirus se ha ido de las manos por un sistema de salud que no funciona. Y estanca aun más al país con servicios públicos cada día peores, creciente incredulidad de una ciudadanía atosigada, crisis laboral, desplome apabullante en la capacidad de compra, falta de gasolina, inseguridad, fastidio uniformado que vigila sin vigilar y entorpece sin salvaguardar.

Dentro de todo ese enrevesado realismo de magia negra que es la Venezuela actual se aparece de nuevo, resucita, Henrique Capriles. No estaba jubilado ni de parranda, sino agazapado tras haber sido un dirigente de la oposición.

Reaparece y encuentran libertad decenas de presos políticos. Al día siguiente se coloca la túnica deshilachada de negociador con el régimen usurpador y motor de liberaciones. Aprovechando errores de ambas partes, como reza el refranero popular “agarrar, aunque sea fallo”; “a falta de pan, buenas son tortas”, el régimen busca animar las elecciones que necesita para las cuales no bastan opositores con nombre, pero sin prestigio. Capriles, al menos, tiene tiempo y capacidad de ser el “peor es nada”. Los países que rechazan a Maduro, pero mantienen sus relaciones diplomáticas, parecen aceptar elecciones parlamentarias siempre y cuando tengan creíble ejecución.

Los subestimados impostores no pierden tiempo e invitan a la Unión Europea y Naciones Unidas para que envíen supervisores y veedores. Y sean testigos de la pureza electoral. No es casualidad que el número de asambleístas haya sido aumentado en cien curules, lo cual permite una confiable mayoría castro-madurista junto con un denso grupo de complacientes supuestos opositores, que se harán notar con gritos y bullicios.

Washington no está convencido, pero los antiestadounidenses y cómodos europeos socialistas se sienten atraídos y con ambigüedades asienten. Embajadores como el del dictador turco Erdoğan muestran satisfacción y el defraudador a la familia, amigos, elogiado por medios cubanos, resurge de las cenizas como nuevo dialogante opositor aceptado por europeos, Noruega, la cúpula madurista y La Habana.

La mutación de MUD/Frente Amplio a Pacto Unitario, es patética, cantinflérica. Pero hace su trabajo. Son parte directa o indirecta del régimen, falsos opositores y cómplices por omisión. No existe cambio sustancial ni rectificación; solo reiteración de las mismas pendejadas. El encargado propuso una ruta y su única tarea era conducirnos al cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, en ese orden. Sin embargo, prefirió la deslealtad e infidelidad, dialogando a escondidas y cometiendo la estulticia imperdonable del 30 de abril. Pero muchos se preguntan, ¿será un falso positivo como cuando aquel le sacó la gallina al difunto y luego se abrazaban?

Habrá elecciones parlamentarias. Qué pase después es una de tantas incógnitas del realismo mágico con o sin coronavirus y el incondicional respaldo habanero. Los tenaces, recios e indoblegables, que no negocian ni dan sus brazos a torcer, no participarán en la estrategia a la medida de los mediocres. Y en contraste con esa visión de la política, errónea y cómplice no se amedrentaran con las críticas, porque se preocupan por acciones y resultados. Los reproches colisionan. Se estrellan con la forma de comunicarse de politiqueros solo preocupados por la convivencia, privilegios y lucros.

No son tiempos para simpatías, cordialidades o agrados, debilidades que desembocaban en cesión y renuncia de principios. Es la verdad que debe imponerse, actos auténticos, palabras sinceras que apunten en una clara estrategia y determinado objetivo para la liberación. Quienes los compartan deben estar convencidos de que el discurso es auténtico, franco y digno de confianza ciudadana.

Como dijo una vez aquél, amanecerá y veremos. Aunque en realismo mágico los amaneceres como atardeceres pueden ser distintivos y muy peculiares.

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La democracia es lo más difícil, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Los tiranos son básicamente demagogos y charlatanes. Embaucadores que se han ganado el favor del pueblo a partir de la calumnia. Cualquiera puede ser déspota y opresor con algo de elocuencia y la complicidad de las bayonetas.

Muchos han sido reflejados en la historia de la humanidad con sus múltiples matices, orígenes sociales y perversiones. Arbitrarios e injustos desde los emperadores romanos -Tiberio se engrandeció en la guerra y envileció en el poder-, hasta los tiempos de la decadencia absoluta, cuando el mando imperial se entregaba a quien pagaba más a los soldados.

Autocracia, forma de gobierno en la que el gobernante tiene un poder total o absoluto, no limitado por leyes; especialmente cuando se obtiene por medios ilícitos. Los reyes españoles y franceses lo fueron hasta avanzado el siglo XIX, porque a Luis XVI, a quien le cortaron la cabeza en París, fue sustituido por la tiranía de los revolucionarios.

Hasta que el fastidio francés y las sangrientas glorias militares establecieron el peor régimen político: la degradación de la monarquía que resulta de una mezcla de vicios oligarcas y argucias. Como fueron tiranos despiadados los zares rusos hasta que los comunistas cambiaron la realeza represora y esclavizante por el capricho absolutista, grosero e incivil de Josef Stalin y su controlado Partido Comunista de la Unión Soviética.

En África y Medio Oriente, en pleno siglo XXI, hay países donde la religión es ley. Y existen monarquías tan absolutas como en la Edad Media, reconociendo que asesinos brutales como el ugandés Idi Amín Dadá cada vez viven menos.

En América Latina los tiranos han sido parte integral de nuestra historia. Continente de militares argentinos derrotados por la economía, torpeza en el mando y una mujer soberbiamente demócrata en Inglaterra, o los feroces bombardeos del Palacio de la Moneda en Santiago, casi todo el continente de la esperanza ha sufrido largos años de persecuciones, cárceles, torturas, asesinatos y violaciones de todo tipo de derechos humanos. Hasta Simón Bolívar tuvo su momento, con la salvedad de que lo fue en duros períodos de guerra y siempre bajo mandato del Congreso.

La tiranía puede ser sinónimo de dictadura, autocracia, despotismo, autoritarismo o totalitarismo. Los tiranos pueden acceder al poder bien por vías legales, mediante la victoria en unas elecciones democráticas, o por la fuerza a través de golpes de Estado. Suelen ser populistas y astutos; mandan a voluntad, sin respeto por las leyes, incurriendo en violación de las libertades individuales. De allí que sea común que el concepto de tiranía se atribuya a gobiernos que se caracterizan por ser fuertemente demagógicos y arbitrarios.

La tiranía no es más que la renuncia ciudadana al compromiso de defender sus derechos y cumplir cabalmente sus deberes. Los pueblos aceptan a los tiranos confiando, liviana e irresponsable, en que se resolverán sus problemas… desde el orden ciudadano y de las calles y hasta las infidelidades conyugales.

La democracia es compleja, complicada, difícil porque depende del compromiso ciudadano.

Elegir es el primer paso, después viene la perseverancia, el diario cumplir tanto como el permanente vigilar, controlar no solo que se cumpla o se rindan cuentas, sino que cada ciudadano cumpla sus obligaciones y el gobierno con todos. La democracia no es votar y que el elegido de la forma que sea hable y arregle -si es eficiente y honesto-, o prometa falsamente semana tras semana si es incompetente y deshonesto.

La democracia es un ideal reconocido mundialmente, uno de los valores básicos y principios de las Naciones Unidas. Suministra un medio para la protección y ejercicio efectivo de los derechos humanos. Valores que se han incorporado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y han sido afinados en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles en los que se basan las democracias significativas.

Un sistema que empieza por la convicción de que mi derecho termina donde comienza el del otro, así como en la conducta de cumplir deberes, para que el gobierno haga su trabajo de ofrecer al ciudadano oportunidades, futuro, bienestar, servicios públicos, seguridad, etc. Los impuestos e ingresos del Estado no son para recompensar a los funcionarios gubernamentales, sino para darles el financiamiento necesario con el que que cumplan sus obligaciones.

La democracia no es fácil porque es la suma de deberes y derechos de acuerdo al pacto nacional que es la Constitución. La misma que pocos escriben y menos leen con atención. Y que demasiados ignoran; excepto cuando, por cualquier causa, real o alegada, se sienten perjudicados.

Que haya políticos y partidos es muestra, pero no certeza ni convicción activa de democracia. Porque la democracia, dígase lo que se diga, no se delega.

 

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