El santo grial y la unidad, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
El santo grial y la unidad, por Julio Castillo Sagarzazu
El oficialismo invertirá recursos políticos y financieros sin medida para lograr que el santo grial de la unidad no se logre nunca en ningún terreno

 

@juliocasagar

De acuerdo con la tradición, el santo grial es el cáliz usado por el propio Jesús en la última cena. En la catedral de Valencia se venera (con arreglo a esa misma tradición) un vaso que incluso ha sido usado por Juan Pablo II y Benedicto XVIII en la celebración de la eucaristía en su visita a la ciudad española.

Hasta donde se conoce, no hay una evidencia bíblica que apoye la certeza de la existencia real del cáliz. Al punto de que, durante muchísimos años, se ha seguido buscando sin tener la convicción, ni referencias arqueológicas o paleontológicas de que el mismo exista.

Se trata, como muchas cosas en la religión, de una cuestión de fe y tradición.

Esa es la misma fe con la que, con la mejor buena intención, muchos siguen buscando la unidad completa de la oposición venezolana para enfrentar al régimen de Maduro.

No obstante, por más fe que se ponga, hay que decir, con toda la crudeza que el tema requiere, que tal unidad no se producirá nunca.

Las razones son muy variadas: obviamente hay miopía en algunos sectores; falta de generosidad; intereses personalistas; errores de apreciación del momento político. Pero la verdadera, y más importante, es que el oficialismo no dejará nunca que se esa unidad se concrete.

La razón es tan obvia que no vale siquiera la pena analizarla: una unidad completa, electoral, política o social, significaría que sus días están contados. De manera que invertirán recursos políticos y financieros sin medida para lograr que el santo grial de la unidad no se logre nunca en ningún terreno.

¿Esto es una tragedia? ¡No, por supuesto que no! Es solamente una realidad con la que hay que bregar y para la que hay que prepararse.

Parte de esa preparación consiste precisamente en anticipar esa realidad y estar prevenidos sobre las formas y las circunstancias en la que ocurrirán tales operaciones políticas.

Ya Timoteo Zambrano anuncia, en unas declaraciones a Mario Villegas, que la alianza a la que pertenece no participara en las primarias de la oposición. Se trata, muy probablemente, de un órdago lanzado a Bernabé Gutiérrez quien, horas antes, decía lo contrario pidiendo unas primarias abiertas y con “participación del CNE” (siempre hay que dejar una puerta abierta para salir del brete).

De manera que tirotear las primarias, por mampuesto, a discreción o con la sibilina paciencia del francotirador, será una de las conductas a las que se dedicará mayor atención y mayor soporte.

También es necesario señalar que veremos un desbocamiento en el lenguaje “opositor” de quienes de dediquen al tiroteo en cuestión. La razón es muy sencilla: “chirulí se coje con chirulí”; de manera que, para influenciar en el votante opositor, o para confundirlo, hay que hablar su mismo lenguaje.

Asimismo, hay que decir que el régimen no necesita, no le conviene (tampoco tiene como hacerlo), fabricar una opción “ganadora” de la oposición. Lo que necesita es que la división (o la abstención) sea lo suficientemente importante para convertir su 20 o 25 % en un 45 % de los que voten.

En las recientes elecciones a gobernadores proliferaron candidaturas que sacaron el 1 % de los votos. Quizás, ese 1 % tampoco habría hecho una gran diferencia si se sumaban al candidato opositor. Pero es que ese no era el único objetivo. El principal objetivo era influir en la conciencia del opositor promedio, desanimarlo, desmoralizarlo por la “falta de unidad”. Y hacer que se quedara en su casa. Es con ese objetivo, veremos en el próximo proceso, candidatos sin chance, con discursos opositores o con el discurso de la Argentina de De La Rúa: “Que se vayan todos”.

Lo que pareciera entonces inevitable, con los datos que se tienen hoy en la mano, es que unas eventuales elecciones presidenciales o las “megalecciones” que se realicen, no contarán con un candidato ÚNICO de la oposición. Los deudos ingenuos, o de buena fe de la Unidad, pueden comenzar a lamentarse.

El votante opositor tendrá ante sí la necesidad de definirse. Muy probablemente habrá un candidato escogido en unas primarias y otros candidatos que habrán decidido lanzarse sin participar en ellas.

Es obvio que sería absurdo hacer un planteamiento moralista, o maniqueo, sobre cómo debería escogerse ese día. En la política suelen hacerse “las peores cosas por los mejores motivos”; y quizás no todos participen de mala fe en el proyecto divisionista del régimen, pero eso será secundario. La realidad objetiva es que, lo repetimos, habrá ineluctablemente que escoger entre varias opciones.

El papel del liderazgo opositor es hablar claro. Debatir hasta el fondo hasta que se vea el hueso de todas las intenciones, para que ese día “D”, el venezolano de a pie tenga herramientas para tomar la mejor decisión.

El santo grial no aparecerá, habrá que bregar con lo que hay.

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