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#DiarioDeUcrania | Juegos estratégicos, por Tony Bianchi
Los vecinos de Rusia aún piensan que Putin sigue nutriendo objetivos expansionistas más allá de las fronteras ucranianas

 

Nunca fue declarada como tal, pero la invasión de Ucrania, bajo el titular ruso de “Operación Militar Especial” tenía como objetivo ocupar una gran parte del país vecino y derrocar a su gobierno legítimo. Putin pretendía establecer un control ruso o un régimen más amistoso.

Las cosas no se dieron como se imaginaba Vladimir Putin. Así que decidió concentrar los esfuerzos de su ejército en el sureste de Ucrania y apuntar, al menos en una primera fase, a objetivos más limitados.

¿Y ahora? ¿Rusia quiere asegurar el control del Dombás y la franja costera del sur? ¿O todavía planea enviar sus tanques a las calles de Kiev para derrocar a Zelensky?

Los estadounidenses están convencidos, tal como afirma el jefe de la Inteligencia Nacional, Avril Haines, de que el jefe del Kremlin «todavía quiere adueñarse de la mayor parte de Ucrania».

Los vecinos están obviamente más preocupados. Aún piensan que Putin sigue nutriendo objetivos expansionistas que van mucho más allá de las fronteras ucranianas. Por ello, desde los países bálticos hasta Moldavia, todos presionan para su inclusión lo antes posible en la OTAN.

Si el líder ruso tuviera un pasado más confiable, tal como lo dice un amigo periodista europeo, “lo estarían invitando a todas las fiestas del vecindario.” Pero Putin no quiere admitir abiertamente sus intenciones expansionistas. Y pretende que los países democráticos de Occidente no lo rechacen. Al contrario, aspira a que no lo excluyan de grupos como el G8 o el G20.

Al sufrir el obvio rechazo general, vuelve a mostrar su verdadera cara. Y amenaza con represalias que incluyen el corte de suministro de gas y petróleo, que tanta riqueza le ha aportado. Además de hacerle sentir poderoso y alimentar su ego superlativo.

Dmitry Rodionov, un destacado politólogo, está convencido de que Rumania y Moldavia se están convirtiendo en una región importante dentro del tablero de ajedrez de Europa del este. Ello debido a que esta zona incluye la franja autónoma de Transnistria, territorio pegado a la frontera de Ucrania que serviría a Kiev como un segundo frente para debilitar a las fuerzas rusas.

Por otro lado, también serviría para que Rusia estableciera una importante ruta de acceso a la estratégica región sur de Ucrania.

Mientras tanto, en el mar Negro las fuerzas ucranianas han recuperado la estratégica Isla de las Serpientes (Zmiinyi en ucraniano). Este pequeña ínsula rocosa domina el acceso al importante puerto de Odessa.

La isla cayó en mano rusas al comienzo del conflicto y Kiev ha celebrado su reconquista como una gran victoria. Luego de mucha incertidumbre en proporcionar la información, Moscú admitió que había abandonado la isla como “un acto de buena voluntad para facilitar la exportación de cereales; tal como lo solicitaron los países afectado por la escasez”.

Los últimos acontecimientos bélicos han frenado en algo la agresividad de Putin que, en lo que respecta a Ucrania, ha declarado públicamente que el objetivo de Moscú “siempre ha sido la liberación del Dombás, la defensa de su población y la creación de condiciones que garanticen la seguridad de la propia Rusia”.

Queda por ver cuáles son las condiciones de garantía para la seguridad de Moscú que considera el Kremlin. Que se sepa, esta incluye la “neutralidad de Ucrania,” sin la OTAN de por medio y el desarme general de Ucrania.

Pero luego Putin también exige que la Alianza Atlántica deje de expandirse. Y que se comprometa a no crear instalaciones militares «significativas» en los países que entraron en la organización tras el derrumbe de la URSS.

Esto ha sido naturalmente rechazado por parte de Bruselas. Más bien, en la reciente reunión de la OTAN en Madrid, la Alianza Atlántica anunció la futura incorporación de Suecia y Finlandia. Y decidió desplegar sus tropas en Rumanía.

Expertos bélicos de la OTAN consideran que estas decisiones representan una bofetada a Moscú. Esta, al sentirse atacada, ha reaccionado agitando el espectro, aunque muy improbable, del uso de armas nucleares.

Los expertos aseguran que un enfrentamiento atómico causaría serios daños a Estados Unidos. Pero que daños de igual escala también condenarían a Rusia a un desastre económico de mayores proporciones. Y con una posible recuperación no inferior a los 30 años.

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