Falleció Gorbachov. ¿La perestroika bananera también?, por Alejandro Armas - Runrun
Falleció Gorbachov. ¿La perestroika bananera también?, por Alejandro Armas
Muchos venezolanos se preguntan si, en vista del tumulto económico de las últimas semanas, la perestroika bananera habrá muerto junto con el creador de la perestroika original

 

@AAAD25

No creo que Mijaíl Gorbachov pensara a menudo en Venezuela, un país que tuvo muy poco que ver, si es que algo tuvo, con la carrera política del recientemente fallecido sepulturero de la Unión Soviética. En todo caso, sus pensamientos caribeños habrán sido acaparados por Cuba, país que sí visitó en 1989 por razones obvias. Así que dudo mucho que fuera consciente de que la más reconocida de sus invenciones, para el vano intento de preservar el mamotreto marxista-leninista eurasiático, fuera usado como vaga referencia para describir un proceso de reforma económica en Venezuela. Me refiero, por supuesto, a la perestroika bananera, nombre informal y desdeñoso para la liberalización limitada y opaca de la economía venezolana por designios del chavismo, a falta de un término oficial que no existe porque sus responsables ni siquiera admiten públicamente que existe, mientras mantienen un discurso de socialismo revolucionario cada vez más hueco.

¿O quizá no? Muchos venezolanos se preguntan si, en vista del tumulto económico de las últimas semanas, la perestroika bananera habrá muerto junto con el creador de la perestroika original. Bien sea por incapacidad del chavismo para continuarla, por indisposición o por ambas. Tal posibilidad estremeció a no pocos habitantes de esta tierra desdichada. Porque a pesar de todos sus defectos y vicios, es evidente que la modesta recuperación económica que experimenta el país va de la mano con el retiro de controles gubernamentales. Así que la perestroika bananera, aunque mamarracha, es preferible al cuasi estalinismo tropical que la precedió. Nadie añora la hiperinflación, los anaqueles vacíos, las colas de horas para hacer mercado y la búsqueda de revendedores con nombre de insecto himenóptero.

El recuerdo fatídico de aquellos años lo invocó un dólar cuyo precio se disparó como no lo hacía en mucho tiempo, propinando así otra golpiza al bolívar que los “bolivarianos” juraron reivindicar como si no hubieran sido sus políticas las que lo pusieron en terapia intensiva para empezar. En agosto se reunieron todos los elementos meteorológicos para una tormenta perfecta. El gobierno atendió apenas uno de los reclamos justos de los docentes alzados en protesta y les pagó un bono que pretendía negarles. Pero ese desembolso y demás gasto público se dio en condiciones que expusieron cuán defectuoso sigue siendo el orden económico chavista, con todo y reformas.

Así, el influjo de bolívares coincidió con una activación del freno de mano a las ventas de dólares por la banca nacional, alimentada a su vez por BCV. De cara al típico hermetismo gubernamental, los mejores economistas del país han barajado distintas razones hipotéticas para esta súbita sequía de billetes verdes. Pero el hecho es que había muchos bolívares y pocos dólares. No hay que ser Paul Samuelson o George Akerlof para entender qué iba a suceder.

Quedando solo entonces el mercado paralelo, a muchos elementos en la cadena de suministros no les quedó más remedio que plegarse a su implacable ascenso. El resultado: la de agosto fue la inflación intermensual más alta en lo que va de 2022 (17,3 %, según el Observatorio Venezolano de Finanzas), reduciendo considerablemente la probabilidad de que la de todo el año sea de dos dígitos. Sigue siendo un aumento de precios muy lento si se le compara con los horrores de 2017 y 2018, pero, de todas formas, cuando casi todos los presupuestos individuales de los venezolanos son limitados, el dolor se hizo sentir. Por no hablar del pandemónium, en materia de inventario y marcaje, entre proveedores de bienes y servicios.

Nicolás Maduro y compañía, después de hacerse los desentendidos por unos días, notaron que su tan cacareada visión de nuevo progreso económico estaba siendo puesta en entredicho como nunca antes.

Pero, claro, en vez de admitir la necesidad de reformas estructurales y de acuerdos políticos con sus adversarios que reabran el acceso al crédito internacional, los miraflorinos ripostaron con un déjà vu de señalamientos contra el dólar extraoficial, sus marcadores digitales y los comerciantes que lo consideran en sus estructuras de costos. Como si el problema no fuera una insuficiencia abismal de divisas para el mercado oficial, tras la ruina del Estado por años de incompetencia y corrupción. Las acusaciones, no faltaba más, fueron acompañadas de amenazas a los chivos expiatorios. El fantasma de los controles de cambio y precios gritó “¡Bu!”.

Pero entonces, ¿efectivamente hay que tocarle un réquiem a la perestroika bananera? No me parece. Pese al discurso pretendidamente furioso de Maduro, las medidas tomadas no fueron particularmente nocivas. Sí, se despachó a los agentes de la Sundde para que verifiquen la adhesión a la tasa de cambio oficial en mercados y tiendas. Pero según aclaró en entrevista radiofónica Tiziana Polesel, presidenta de Consecomercio, no hubo sancionados por razones vinculadas con el dólar. Mientras tanto, el BCV volvió a intervenir con una inyección importante de divisas para su distribución inmediata. El paralelo retrocedió un poco y luego se estancó.

Así que los hechos de agosto no asesinaron a la perestroika bananera, pero sí expusieron sus inmensas vulnerabilidades y limitaciones. El gobierno logró frenar el descalabro. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Se pueden seguir quemando reservas de dólares? ¿Habrá fuentes para más divisas que mantengan la máquina en funcionamiento? La mayoría de los economistas se ha mostrado escéptica sobre una respuesta afirmativa a estas preguntas para el largo plazo.

Esta es una dosis de cruda realidad para los dedicados buscadores de “buenas señales” en la gestión gubernamental y demás traficantes de conformismo que pretenden negar la urgencia de un cambio político en Venezuela. Pero mientras esos señores guardaron silencio, otra especie de ciudadano hizo bastante ruido con su propio mensaje ponzoñoso. Me refiero a los que volvieron con la consigna tarada “¡Es que los comerciantes abusan! ¡Especuladores!”. Sin duda, un porcentaje de los que chillan tales necedades lo hacen por ignorancia. Hay otros que, no me cabe duda, entienden qué es lo está pasando y cuál es el verdadero responsable. Pero como les da miedo reclamarle, prefieren pagar su frustración con un elemento indefenso, el mercader, invitando así a su ruina con tal de poder comprar solo una vez (ya que después no queda nada). A estos, que son los peores, afortunadamente el poder arbitrario no los ha escuchado.

Pero no hay que confiarse. Ya vimos que cuando la situación se agrava, la elite gobernante característicamente culpa a los demás. Por esta vez, no pasó de lo retórico en tal sentido. La próxima, no se sabe.

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