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#NotasSobreLaIzquierdaVenezolana | Los historiadores y la izquierda venezolana en la hora actual (I), por Isaac López*
Sin negar la responsabilidad que parte de los sectores políticos de la izquierda venezolana ha tenido en el proyecto chavista, reducir la explicación solo al régimen instaurado a partir de 1999 no parece una postura histórica

 

@YsaacLpez

El analista e investigador mexicano Jorge G. Castañeda, en su indispensable libro de 1994 La utopía desarmada, señala: “Aunque al igual que cada dos o tres décadas, se ha puesto de moda despreciar la importancia de términos como izquierda o derecha en el ‘nuevo orden mundial’, no todos los interesados comparten este punto de vista. En buena medida porque no es cierto. Como Carlos Fuentes ha dicho: “Lejos de disolverse en la euforia del capitalismo triunfante, la significación de derecha e izquierda se hace cada vez más neta… Pero donde la distinción entre izquierda y derecha se vislumbra más necesaria, es en nuestra América Latina”. (p. 24). Ante la debacle de la izquierda latinoamericana que presenciamos comparto la opinión del canciller de Vicente Fox y autor de la mejor biografía del Che Guevara.

En Venezuela son escasos los esfuerzos que tanto bibliófilos, como historiadores dedicados al tema, han realizado para la construcción de obras de referencia y valoraciones de conjunto sobre la extensa historiografía y bibliografía existentes en torno a la izquierda nacional. Trabajos que nos permitan conocer −más allá de radicalismos, fanatismos y sectarismos de la hora− el devenir de las ideas, sucesos fundamentales, propuestas y proyectos, entronques y vinculaciones entre quienes ayer y hoy se autocalifican como comunistas y socialistas.

En un país donde la madurez de los estudios de historia puede calibrarse –entre otros asuntos– por la escasez de repertorios bibliográficos sobre temas específicos, donde los catálogos e índices de los centros bibliotecarios se encuentran desfasados respecto a la producción y no existen boletines periódicos del ingreso a depósito legal, hacer investigación rigurosa y sistemática comporta cada día más graves limitaciones. Además de una obra pionera como la de Germán Carrera Damas (UCV, 1967), no existen trabajos dirigidos a hurgar en la historiografía marxista venezolana, aspecto fundamental en el panorama de la historia de las ideas en el país.

Lejos del trabajo que se espera, imbuidos en el presentismo, afán exhibicionista y de notoriedad, muchos de nuestros historiadores han optado por una postura intelectual oportunista, aún en el frágil sistema de libertades en el cual vivimos: hacer oposición política al régimen desde su oficio como garantía de reconocimiento en sectores que antes les desdeñaron y dieron preferencia a opinadores provenientes de la ciencia política o la literatura. Eso, partiendo del supuesto interés de los venezolanos por la historia.

Una operación que, si bien ha favorecido la proyección de nombres ya destacados por la calidad profesional y la amenidad, ha permitido también la profusión de historiadores-opinantes sobre la realidad política nacional en medios y redes, que despiertan la atención al solo nombrarse su profesión, pero que al poco de su comparecencia hacen se abra paso la decepción y el aburrimiento. Si bien es cierto que los medios de aquí y de allá exigen divos del espectáculo, que no reflexión y análisis.

Dejando de lado a veces la rigurosidad del oficio, los historiadores venezolanos –fieles o adversos al régimen– se juegan la carta de la exhibición, lo cual comporta no pocos riesgos para la Historia.

Nada más alejado del hacer profesional que la construcción de un relato o una interpretación acomodados a la militancia partidista o a la demanda de los medios.

La Lucha que no acaba. Vida política de Rafael Guerra Ramos, de María Teresa Romero, es un testimonio de principal interés para la historia de la izquierda vernácula. Esa izquierda de prosapia, que quizás se sienta compelida a contar su verdad frente a los desmanes del régimen chavista, apoyado también por una parte de esa izquierda y por sus descendientes. De Diego Salazar a Diego Salazar. Una veta de la historiografía marxista que ya requiere también ajustada definición y caracterización.

El libro se divide en nueve partes, a saber: De entrada, un político de los que quedan pocos; Érase una vez un campesino de los llanos orientales que resolvió convertirse en comunista en la capital; La política en serio: cárcel, exilio, clandestinidad; Perdidos en el laberinto de la lucha armada; Un nuevo político en el juego democrático; A manera de epílogo, mirando al futuro; Fotografías; Testimonios; y Agradecimientos.

Miembro del Partido Comunista de Venezuela y luego del Movimiento al Socialismo, es Rafael Guerra Ramos un político de fina madera, un político de honor, que sí los hubo en este país. Su consecuencia y verticalidad ética son un ejemplo para un tiempo donde todas las brújulas están extraviadas, donde a la gente cada vez más le cuesta distinguir entre las actitudes de los representantes del régimen y las de la oposición, donde todo parece negociable, la actividad política se pretende en redes y maquinarias publicitarias, y no junto a la cotidianidad de la gente.

Alejado siempre del espectro publicitario de la política, Rafael Guerra Ramos participó en variedad de procesos de nuestra historia reciente.

Uno de sus desempeños que más llamó nuestra atención, entre los expuestos en este libro, fue el de diputado al Congreso Nacional durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa del siglo XX, es decir en el preludio de este amargo hoy. Aspecto importante, pues a veces pareciera que la izquierda venezolana en el siglo XX solo fue guerrilla, conspiración y veneración a Fidel Castro.

Guerra Ramos fue miembro de comisiones legislativas cuyas investigaciones llevaron al esclarecimiento, apresamiento y juzgamiento de los ejecutantes de acciones como: el asesinato del joven abogado masista Ángel Alberto Aguilar Serrada, torturado por agentes de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) en 1974, cuando trataban de implicarlo en la muerte de Carlos Alberto Núñez Tenorio, exguerrillero, exconfidente del DIM y en ese momento inspector de ese cuerpo (pp. 211-212); el asesinato en 1976 de Jorge Rodríguez –padre de dos figuras fundamentales del régimen chavista: Jorge y Delsy Rodríguez–, secretario general de la Liga Socialista, torturado por miembros de la Dirección General Sectorial de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) para hacerlo confesar su participación en el secuestro del industrial norteamericano W.F. Niehous (pp. 212-213); y el crimen del inspector Luis Alberto Ballarales en 1984, en el cual se evidenció la “inescrupulosa corrupción y descomposición moral” que permeaba a la Policía Técnica Judicial (PTJ) (pp. 213-214).

También fue parte de la Comisión del Congreso Nacional investigadora del “caso de los pozos de la muerte” en 1986, en la cual se estableció la responsabilidad de la PTJ en el ajusticiamiento de delincuentes y la desaparición de sus cuerpos en el estado Zulia. Proceso que fue cerrado sin llegar a conclusiones finales por el “entonces juez quinto de primera instancia Iván Rincón Urdaneta, con fuertes vínculos amistosos con la PTJ”, y quien con el correr de los años se haría “ficha esencial del régimen chavista”, siendo embajador de Venezuela en la Santa Sede y en Colombia, “desde donde ha denunciado varios intentos de golpe de estado contra Nicolás Maduro”. (pp. 214-217). Aquí el retrato de unos cuerpos policiales que ayer y hoy parecen actuar igual.

Rafael Guerra Ramos participó también en la investigación del llamado “Caso Tablante” de 1991, cuando se verificó que el diputado del MAS, Carlos Tablante, sostenía vínculos de subordinación con altos funcionarios de la DISIP y en particular con su director Porfirio Valera, recibiendo a cambio “dinero, vehículos y otras prebendas”, asunto que fue sellado por la mayoría de los diputados, pero que ocasionó el disgusto y fraccionamiento dentro de la organización política a la cual pertenecían Tablante y Guerra Ramos. Este último sostuvo posición contraria a lo que consideró una falta de ética y honor de su compañero de partido. Como sabemos, producto de la “coherencia y verticalidad” de Carlos Tablante –Ybéyise Pacheco, dixit, p. 216– es el texto El Estado delincuente: cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela, escrito junto con Marcos Tarre y publicado por Editorial Melvin en 2013, informe de acusaciones contra altos personeros del régimen chavista con prólogo del juez español Baltazar Garzón.

Casos como los concisamente descritos muestran la descomposición policial y política de un país.

Casos que habría que sumar a los muy difundidos en los medios como: la adquisición de un conjunto de rústicos en la cual se vieron involucrados entre otros el ministro J. A. Ciliberto y la secretaria privada del presidente Jaime Lusinchi; los vicios en la licitación de repotenciación de dos fragatas misilísticas de la armada venezolana por la empresa Margold; los vínculos de las policías venezolanas en el tráfico de estupefacientes que llevaron a la detención del exgobernador y exviceministro del Interior Adolfo Ramírez Torres; los tratos ilícitos en el otorgamiento de divisas de RECADI; la denuncia de Camilo Lamaletto contra Braulio Jattar y Douglas Dager, presidente de la Comisión de Contraloría del Congreso, por extorsión; o el tráfico de influencias y contrabando de oro en el caso Cecilia Matos, exsecretaria del presidente Pérez, todos de los finales de los 80 e inicios de los 90, los cuales configuran el antecedente inmediato para que gruesos sectores de la población, hastiados de corrupción e impunidad, optaran por llevar a la dirección del país al vengador de Sabaneta.

Hay diagnósticos y señalamientos puntuales en este libro: “Con gran capacidad actoral y de manipulación, Hugo Chávez tuvo la insuperable habilidad de utilizar los gigantescos recursos que tuvo a la mano para lograr su obra maestra: desarrollar el parasitismo social al máximo, corromper a fondo a sus servidores militares y civiles, convirtiendo las instituciones del Estado en instrumentos al servicio de sus fantasías ‘revolucionarias’. Repartió adulancia y dinero para todo el que se sentía herido y menospreciado. No es difícil con poder, dinero, maldad y astucia hacer lo que hizo ese militar con los chavistas…” (p. 114).

Algunos de los pasajes son terribles, como cuando Rafael Guerra Ramos relata las torturas en la cárcel en 1966, en pleno gobierno de Raúl Leoni: “-Quedé adolorido con los golpes sobre las costillas y el estómago. Había oscuridad total. Sentí las paredes heladas, igual que el piso…” (p. 151); o “-Me quedé callado un rato. El militar insistió. Lo vi de frente y le dije que si mi vida estaba en sus manos mi deseo era terminar de una vez, porque era un deshonor militar hacer lo que están haciendo conmigo, y le mostré las quemaduras y las llagas en las nalgas, el pubis, la entrepierna y en el pene. Nos volvimos a ver a los ojos. Se paró y llamó al teniente Bajares y al civil. Me subí lentamente los pantalones. Le ordenó al civil que me examinara y salió con el teniente Bajares y otro militar…” (p. 155).

Mientras frente al chavismo y sus excesos hay críticas y cuestionamientos, en estos casos solo hay narración de parte de la politóloga María Teresa Romero. Asunto del que se hacen desentendidos también muchos otros investigadores.

Conforta saber que en este país ha existido gente como Rafael Guerra Ramos, cuando pareciera que toda nuestra historia reciente es fraude, corrupción, artimaña. Este texto es una invitación a la comprensión del proceso político en el cual estamos sumergidos, proceso que no comienza precisamente con las intentonas golpistas de 1992 y con la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999.

La memoria no puede ser corta, no para los historiadores que deben ser faro en medio de tanta oscurana. Flaco favor le hacen muchos historiadores al país cuando por ganarse el favor de ciertos medios y aparecer en sus espacios se empeñan en señalar el origen del desastre que vivimos en la construcción de un proyecto socialista o en la izquierda nacional.

Sin negar la responsabilidad que parte de los sectores políticos de la izquierda venezolana ha tenido en el proyecto chavista, reducir la explicación solo al régimen instaurado progresivamente a partir de 1999 no parece ciertamente una postura histórica.

La comprensión seria del devenir político venezolano es un asunto de sobrevivencia para la democracia en el país, de allí que no consideremos impertinente la participación de los historiadores en el debate público; el problema es cuando dejan de serlo para convertirse en militantes complacientes de los sectores en pugna.

Intentar comprender lo que el sociólogo Miguel Ángel Campos denomina el origen más cercano es una obligación para los historiadores venezolanos verdaderamente comprometidos con su oficio y con la grave realidad de su país.

Esperamos que la discusión necesaria siga abierta más allá de la mediocracia, oportunismo, trepadorismo y vaciedad que caracterizan también esta hora. A todos nos toca abrir caminos a debates y reflexiones que colaboren al entendimiento del porqué llegamos a la terrible situación venezolana actual. Estas entregas son, también en su torpeza, angustia y deseo de comunicación, parte de una preocupación sostenida e intentos de reflexión surgidos en el trabajo de investigación. Ojalá contribuyan a seguir cuestionándonos. Gracias por sus lecturas.

(María Teresa Romero. La lucha que no acaba. Vida política de Rafael Guerra Ramos. Caracas, Fanarte, C.A. Primera edición, 2017. 279 págs.// La imagen es una postal: «Revolucionarios de La Habana«.)

* Historiador. Profesor. Universidad de Los Andes. Mérida

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Humano Derecho #228 con Aurora Hernán, de la Fundación Educando en Salud   
La Fundación Educando en Salud es un equipo multidisciplinario especializado en intervenciones de salud y nutrición que busca empoderar a través de la educación   

 

@_humanoderecho

¿Cuándo se creó la Fundación Educando en Salud? ¿Quiénes son los «Nutrichicos» y «Odontochicos»? ¿Cuáles han sido las brechas más recurrentes que han tenido que enfrentar para trasladarse de un estado a otro? Conversamos de estos y otros temas con Aurora Hernán, presidenta de la Fundación Educando en Salud.

La Fundación Educando en Salud es un equipo multidisciplinario especializado en intervenciones de salud y nutrición que busca empoderar a las comunidades a través de la educación sanitaria.

El proyecto nace en la Facultad de Medicina de la UCV, donde un equipo de profesores asumió la formación sanitaria en las comunidades. Ciertamente forma parte del trabajo de extensión universitaria a la que están obligados como docentes del alma mater.    

Hernán, quien también nos hablará de los proyectos de la organización, explica: “Nosotros no somos una organización que va, hace el trabajo, se toma foto, la publica y se va; nosotros le hacemos seguimiento a los pacientes, ellos tienen nuestros teléfonos y siempre estamos al pendiente de cada uno de ellos».

Presentado por Génesis Zambrano (@medicenmouzo) y Luis Serrano (@akaLuisSerrano). Somos el radio web show semanal que mezcla la buena música con gente que ayuda a gente. Transmitido por diferentes plataformas del país, es producido por RedesAyuda y Provea.

Más contenido en humanoderecho.com

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¡Estamos recalientes!, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor en Argentina

 

@SoyJuanette

Son las 7 de la mañana de un domingo y estoy tecleando frente a la computadora ya con las últimas fuerzas que le quedan a mi cuerpo. Y es que estos días no han sido nada fáciles porque, desde el jueves pasado, Argentina se convirtió en el punto más caliente del mundo. Y aunque por todos los medios de comunicación, las redes sociales y los canales de YouTube vaticinaban que serían días difíciles, no teníamos idea de los efectos que traerían las altas temperaturas.

El primer indicio de que se venían días difíciles fue cuando salí a comprar unas frutas y vi a mi verdulero julio, que es misionero, es decir de la provincia de Misiones, abanicándose con un cartón. Quiero aclarar que antes de este día, eso sería imposible porque: 

  • Misiones es una provincia donde hace mucho calor y los misioneros, que son las personas que nacieron allá (y no los curas), no sufren por las altas temperaturas.
  • Todos los que vivimos en Buenos Aires sabemos que, si agarras un cartón para abanicarte, los cartoneros, que son quienes recolectan este material para venderlo, no te dejarían vivo.

Luego de hacer las compras, cuando volvía a mi casa vi como ante mí se desmayó un hombre como de dos metros de alto y cuatro de ancho. Al verlo varias personas fuimos a socorrerlo y cuando volvió en sí dijo en perfecto acento maracucho: “Vergación mi hermano qué pasó”. Sí, ¡era un maracucho! Imagínense el calor que hacía que un maracucho (*) se deshidrató. Yo obviamente al ver esto corrí despavorido porque hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor. (*) Maracucho: dícese del nacido en Maracaibo, el lugar más cálido de Venezuela, y creo yo del mundo.

Y por si la ola de calor no fuera suficiente, comenzaron a faltar los servicios de agua, electricidad e Internet; algo que enloqueció a mucha gente que salió a las calles a protestar. Cabe destacar que acá son tan organizados que no hizo falta que nadie les dijera “Mire, mire, mire, tome la sartén y péguele con arrechera”; acá la gente se arrechó sola al pasar hasta 48 horas sin luz ni agua. Los venezolanos que vivimos en Buenos Aires los veíamos con ternura y empatía como diciéndoles “amigos, yo estuve ahí”. 

Pero ¿cómo se convirtió Argentina en el lugar más caluroso del mundo por dos días? ¿Acaso Dios nos odia? ¿Los otros países nos envidian y nos hicieron una brujería porque tenemos a un papa y a Messi? Por lo visto yo no fui el único que se hizo estas preguntas. Incluso el mismo presidente Alberto Fernández dijo: “Ya no sé qué más nos va a pasar en la Argentina”.

Esos días traté de buscar el origen de las altas temperaturas. Quiero aclarar que creo que fue consecuencia del cambio climático, pero había algo más. Así que me puse a tejer otras hipótesis. Tenía que descubrir por qué mi nuevo hogar, la Argentina de mis amores, se había convertido en un horno. Fue entonces cuando comencé a descartar a los sospechosos. El primero que descarté fue al Fondo Monetario Internacional, porque si nos morimos todos de calor ¿quién les va a pagar? (aunque acá entre nos, no sé si se le pueda pagar a esa gente).

Fueron noches muy largas, donde dormí con una manzana en la boca, para que cuando los bomberos llegaran a rescatarme, me encontraran crujiente por fuera y doradito por dentro.

Finalmente, en una de aquellas noches terribles llegó la luz, solo por unas horas, así que puse a cargar mi celular y descubrí quiénes eran los verdaderos causantes de todo aquello: ¡los chinos! Y cómo a mí no me gusta acusar sin pruebas, dejo acá un video que lo demuestra:

Vídeo: El sol artificial de China comienza a operar para encontrar energía más barata | Canal en Youtube de CGTN en Español

Develado el misterio y los culpables, ahora en Argentina estamos fabricando el congelador más grande del mundo para devolverles “el favor” a Xi Jinping y sus amigos. Ya verán, se les van a congelar hasta las… ideas.

Solo esperamos que cuando esté listo el supercongelador no vengan los chinos y lo desenchufen (son expertos). O, peor, se vuelva a cortar la luz.

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Cuestionario 2.0 | Karina Sainz Borgo, por Nelson Eduardo Bocaranda
Para mí es todo un honor tener en este Cuestionario 2.0, a Karina Sainz Borgo, nuestra embajadora de la letra venezolana en el mundo

 

@bocaranda20

Karina Sainz Borgo nació en una Caracas de 1982. En el año 2006, con 24 años, migró a España en busca de nuevas oportunidades. Periodista cultural, y autora de varios libros, ha trabajado para medios de comunicación españoles como Vozpópuli, Zenda, Onda Cero y el diario ABC en donde actualmente se desempeña como reportera y columnista.

Dentro de sus obras más destacadas están sus libros de periodismo Caracas hip-hop, Tráfico y Guaire, el país y sus intelectuales. Pero también se ha dado la tarea de incursionar en el mundo de la novela ficción con sus libros El tercer país y La hija de la española, novela que fue incluida entre los 100 libros más importantes del 2019, según la revista Time. Gracias a sus escritos, Sainz fue escogida como una de las cien personas más creativas según la revista Forbes.

Cuestionario 2.0 con Karina Sainz Borgo
Portada del libro La hija de la española. Der. Karina Sainz Borgo (Foto de Marcos Míguez / La Voz de Galicia).

Para mí es todo un honor tener en este Cuestionario 2.0, a Karina Sainz Borgo, nuestra embajadora de la letra venezolana en el mundo.

−¿Qué es lo mejor que te ha dado la tecnología?

−Sin duda, lo mejor que nos ha dado la tecnología son los teléfonos inteligentes, y la capacidad de tener un buscador a mano que es Google. Antes debía ser mucho más difícil hacer una gran cantidad de cosas.

−¿Cuál dispositivo es indispensable para tu día a día, y por qué?

El dispositivo por excelencia para mí es el teléfono inteligente, porque lo uso como ordenador. Lo uso para leer también, ahí tengo iBooks, muchísimos libros y PDFs. Y, por supuesto, para lo que menos lo uso es para hablar por teléfono, es una de las cosas a las que estoy más renuente.

−¿Cuál fue el primer celular que tuviste y cuál es el primer recuerdo que tienes de una computadora?

El primer celular que tuve fue un Nokia, creo, que además era muy grande y pesado, no tenía nada que lo tapara, era sencillamente una estructura rígida, no se doblaba ni nada. Ya después vinieron los Motorolas.

Y el primer recuerdo que tengo de un ordenador, ¿cómo lo voy a olvidar?, eran aquellas Mac, preciosas, cuadradas, de las primeras que se utilizaban a finales de los 80’s y comienzo de los 90’s, ese es el primer recuerdo que tengo porque, además, bastantes trabajos de primaria de tercer y cuarto grado que hice en ese ordenador.

−¿Qué es lo peor que te da la tecnología?

−Lo peor, o digamos lo perjudicial de la tecnología, si existe una evaluación de conjunto, yo diría que es que hemos concedido de manera voluntaria, y en ocasiones creo que un tanto irreflexivas, la capacidad a otros de encontrarnos donde sea y cuando sea. No solamente por los datos, y por el tema de la protección de datos y cómo almacenan datos nuestros, sino en las cosas como WhatsApp.

«Ya no existe la frontera entre el tiempo personal y el tiempo profesional, eso se ha desdibujado por completo».

−¿Cómo ha impactado la tecnología el trabajo que haces y cómo crees que lo impactará en el futuro?

−La tecnología ha impactado mucho en el periodismo, es uno de los oficios, quizás, más sensible o hipersensible a los cambios en la capacidad de la velocidad de la transmisión de noticias y creo que ha modificado muy concretamente el periodismo impreso. Creo que los medios de comunicación, tanto en Europa como en América, están ante ese dilema y esa paradoja. No solamente por la desaparición del papel, que es un debate que tiene sus apocalípticos y sus integrados, sino porque el propio modelo de negocio, de venta y de publicidad se ha modificado por completo con la llegada del internet.

Eso, por una parte. Y en mi quehacer del escribir, hay un elemento que está siendo muy curioso, y es que todos hablábamos de que el iBook iba a sustituir al libro de papel, y no ha sido tanto eso. De hecho, es un formato que no ha crecido con tanta virulencia como se pensaba, en cambio sí el audiolibro. Pero, sin duda alguna, la tecnología impacta nuestra manera de leer y de escribir.

−¿Cuál es la peor pena que has pasado en WhatsApp?

−Pues me cuido muchísimo, y puedo decir que permanezco invicta en WhatsApp, no he metido la pata en WhatsApp como sí la he metido por correo electrónico varias veces. Me temo que no tengo ninguna vergüenza ni algo terrible que contar.

−Si tuvieses que recomendar un pódcast, ¿cuál sería?

−Para podcast, The Daily de The New York Times, me gusta muchísimo. Es muy ágil, te resume mucho la actualidad, está muy bien. Y bueno, yo voy a aprovechar de barrer para casa, como dicen. En el ABC, el diario donde yo trabajo, hemos estrenado un pódcast de periodismo que se llama Casa de fieras y se los recomiendo. Pueden encontrarlo en la página web del diario ABC.

−Si solo pudieras seguir una sola cuenta de Instagram, ¿cuál sería?

−Sería la de Mónica Montañés porque me río muchísimo. Mezcla literatura, comida, salidas, es optimista por naturaleza, divertida. Y, también, el de Erika de la Vega. Mira, yo puedo estar hundida en la miseria, pero veo un post de Erika y me río, tiene una capacidad tremenda para hacerme reír, sobre todo utiliza mucho el humor, sabe reírse de sí misma y eso me encanta.

 
 
 
 
 
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−Todos tenemos una app favorita, ¿cuál es esa app que abres varias veces al día?

−Mis aplicaciones favoritas, porque son las que más utilizo y a las que más tiempo les dedico, son de radio todas. Desde radios españolas a radios particulares, por ejemplo, Radio Francia, Onda Cero, Cadena SER. Uso mucho la radio, mucho. Me hace mucha compañía y, de hecho, una de las que más escucho es Radio Clásica, porque yo suelo escribir mucho y pongo esta radio porque tengo unos programas que me vuelven loca y que me encantan.

−¿Cuáles la página web que visitas todos los días religiosamente?

−Tengo varías páginas web, la página del Diario ABC, por supuesto, la de El País de España, El Mundo, The New York Times, todos los días invariablemente abro The Paris Review, que es una revista literaria que me gusta mucho. The New Yorker, no puedo vivir sin esa página porque me faltaría algo si no me meto a leer. Esas son las que más consulto todos los días, se me estará yendo alguna, pero la mayoría son páginas de información.

¡Ah! y, por supuesto, Twitter, eso ni se discute. Twitter también podría ser una aplicación, pero suelo utilizarla más en el ordenador.

−¿Estás viendo alguna serie o película vía streaming? ¿Cuál?

Con el streaming estoy poco familiarizada, no debería, pero sí. Consumo muy poca televisión y cosas audiovisuales, creo que lo único que podría decir que vi fue cuando me enganché con The Mandalorian, pero no soy mucho de consumir streaming ni ninguna plataforma.

−Cuéntanos de alguna vez que recuerdes que un avance tecnológico te haga sorprendido. 

−Yo no sé si es un avance tecnológico como tal, pero sí me ha sorprendido y me ha inquietado enormemente darme cuenta de que las aplicaciones, cuando estoy usándolas ya sea para el taxi o lo que sea, me rastrean y me dicen qué hay a mi alrededor. Hubo un tiempo, por ejemplo, en que determinadas redes sociales te decían que tus amigos más cercanos a ti en este momento están en no sé dónde, no sé dónde y no sé dónde, me decían los lugares de la ciudad en donde estaban y eso me atemorizó muchísimo y me sorprendió.

En las profundidades de las distorsiones, por Antonio José Monagas
Cuando la política se descarría, hasta el tiempo luce confuso

 

@ajmonagas

Cuando la política se descarría, hasta el tiempo luce confuso. Las perturbaciones e imprecisiones de la política depravan su ejercicio. Tanto, que hasta el hombre equivoca el camino y pierde el sentido de orientación.

Ahora, las realidades son radicalmente diferentes de las que estimaba el discurso político de mediados del siglo XX. ¿Qué sucedió para que se atascara la trayectoria pautada por los criterios de la teoría del desarrollo? Posiblemente, sus respuestas darían un conglomerado de apreciaciones cuya explicación superarían expectativas capaces de desvelar algunas de las verdades que se ajustaran a la realidad.

Sin embargo, el problema no pareciera resolverse en tan extenso recorrido epistemológico. Es posible que una de las verdades que sabrían responder al desenlace de tan complicada maraña metodológica resulten más próximas a la teoría política.

El problema en sí lo encubre la situación sociopolítica y socioeconómica que caracterizó la mitad del siglo XX. Una situación que confrontó serias contradicciones. Y aunque resultaron en extrañas panaceas políticas, compensaron las realidades con concepciones y formulaciones de distinta naturaleza.

Conflictos que en el siglo XX ocasionaron serias crisis, desembocaron en transformaciones e importantes arreglos. Muchos de los cuales, para los años posteriores, nivelaron abismos que, en lo social, político, económico y hasta militar, adquirieron definidas formas. Aunque de peligrosas magnitudes.

Pero que, de todos modos, tuvieron resultados que determinaron cambios significativos. Cambios que a su vez incitaron reacciones que favorecieron el advenimiento de proyectos que afianzaron el andamiaje del desarrollo económico y social buscado por trascendentes fuentes políticas y geopolíticas de tono democrático.

El final de la Guerra Fría, y la extinción de la Unión Soviética, entre otros eventos fundamentales acaecidos el siglo pasado, motivaron sustanciales cambios. Aunque las dudas e incertidumbres han acompañado las dos últimas décadas.

No obstante, haber pisado el siglo XXI, las realidades expusieron otra realidad cuya caracterización se ha alejado profundamente de la que modeló el mundo del siglo XX.

¿Cambios que dejan huellas?

Se ha generado una situación completamente distinta de la anterior, en la que las diferentes ideologías políticas, económicas y sociales que polarizaron al mundo durante el siglo XX, extrañamente no se muestran enfrentadas entre sí. Tienden ahora a compaginarse alrededor de intereses que, en otrora, antagonizaban y, por tanto, actuaban como razones en competencia por objetivos semejantes, no tan dispares. Al menos en su forma de ser concebidos.

En la actualidad se pugna por alcanzar un “Nuevo Orden Mundial” que procura configurar una sociedad más sosegada. Aunque subyugada a las pautas dictadas por un “hegemón”. O por las medidas impuestas en aras de los intereses de una entidad constituida por corporaciones o naciones que poseen el mayor potencial económico, militar y político.

Pese a serias contradicciones cuyos ecos alcanzan plataformas sociales, políticas y económicas regadas por el planeta, se ha escuchado que buscan dar con una sociedad erigida en la bondad natural del ser humano. Tanto como en el sentido constructivo de la historia y en la posibilidad de acceder a una felicidad que abarque la mayor parte de los individuos del mundo. Lo cual suena a “irónica paradoja”.

Según el profesor de la Escuela Claremont de Postgrado, California, USA, Peter Drucker, “(…) son distintas de las cuestiones sobre las cuales siguen escribiendo libros y haciendo discursos los políticos, los economistas, los eruditos hombres de negocios y los dirigentes sindicales”. Es el escenario que ha permitido la incidencia de experimentos de toda procedencia.

Es ahí cuando surgen mecanismos y dispositivos relacionados con la digitalización que ha intrincado la funcionalidad del mundo. Quizás para bien o no, del desarrollo humano al inducir nuevas y hasta inconsistentes razones para erigir el llamado “nuevo hombre”. O sea, el “homodigital”. Un individuo sin mayores sentimientos ni valores, atrevido en su temperamento para inmiscuirse en proyectos para los cuales su concurso no coincide con exigencias básicas.

Los negocios se desvían de su naturaleza social y buscan afincar sus objetivos solamente en la causa económico-financiera. Asimismo, la educación está dejando de apuntalar sus procesos de enseñanza aprendizaje en paradigmas apegados al sentido más íntimo de lo que engloba el concepto de magisterio. El ejercicio de la política pretende dislocarse de la filosofía a partir de la cual los procesos de gobierno consideran la sociedad como pivote de su accionamiento.

Estas nuevas realidades ya comenzaron a invalidar muchos de los supuestos alrededor de los cuales se perfiló la política que rige naciones y su relación entre ellas. Aunque muchas de las consideraciones que hoy pretenden moldear las realidades del siglo XXI, continúan perdidas o imprecisas. O que, como presunciones, muchas siguen inadvertidas.  Muchas que todavía reposan en las profundidades de las distorsiones.

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Entre la adaptación y la adaptación, por Alejandro Armas
El fetichismo electoral excluye lo más importante para que el voto sea efectivo: la movilización ciudadana en su defensa, en caso de desconocimiento por el régimen

 

@AAAD25

Creo que muchas personas le deben una disculpa a Henri Falcón. Démosle el asiento del piloto a Mnemósine para que ponga la palanca en retroceso (la única marcha en la que puede manejar, obviamente) y nos lleve a 2018. Falcón lanzó su quijotesca campaña presidencial contra Nicolás Maduro. Los partidos de la MUD, convencidos por las horriblemente arbitrarias elecciones regionales de 2017 de que el voto ya no podría ser un instrumento para el cambio político, se abstuvieron de participar. Sus seguidores en aquel entonces denunciaron a Falcón como inepto, en el mejor de los casos, o como cínico actor en la simulación chavista de democracia, en el peor de los casos.

La MUD se inclinó por un plan rebelde y antisistema, totalmente divorciado del statu quo diseñado por el chavismo para que su autor jamás pierda su hegemonía, aunque la voluntad ciudadana se oponga. La apoteosis de dicho plan ocurrió en Chacao en enero de 2019, cuando Juan Guaidó se juramentó como “presidente interino”. Están por cumplirse tres años de aquel día, sin que el interinato cumpla su objetivo fundamental. El plan antisistema de la MUD no dio frutos. El resultado ha sido la desilusión de las masas deseosas de cambio político como preludio para la recuperación económica y social del país.

Todo bien hasta ahora… Bueno, no. Mal, pero comprensible. La frustración es comprensible. Lo que sigue, no tanto. Y es que, aunque la rebeldía de la MUD y del interinato terminó llevando a una calle ciega, algunos conciudadanos dieron media vuelta para ir a… Otra calle ciega ya conocida. A saber, el callejón sin salida del fetichismo electoral. La creencia de que lo único que pueden hacer los adversarios del chavismo es ganar elecciones y esperar por el milagro de que al chavismo le dé la gana de respetar el resultado (y con esto no me refiero solo a los números; también a los efectos del resultado, como permitir que un ente conquistado por la oposición actúe de forma autónoma).

En varios casos, el salto de la rebeldía antisistema al fetichismo electoral se dio de forma muy brusca, y con desparpajo para efectos de justificación. Sobre todo a partir de la decisión de la MUD de tomar parte en las regionales del año pasado y, más aun, tras la victoria de Sergio Garrido en Barinas, cuyos méritos y límites discutí la semana pasada en esta columna. De manera que personas que en 2018 condenaron a Falcón por “medirse” con Maduro, ahora repiten los mismos argumentos esgrimidos por aquel hace cuatro años. Dudo que lo admitan, aunque deberían.

Pero por más que estos individuos hagan en público como si no vieran la montaña de evidencia de que el voto por sí mismo no se traduce en cambios políticos bajo el sistema chavista, no creo que en su fuero privado de verdad lo hayan olvidado. No soy psicólogo social, pero me parece que estamos ante una especie de mecanismo colectivo de defensa. Un intento de racionalizar la disonancia cognitiva entre la necesidad de sentir que se está haciendo oposición efectiva y el hecho de que en realidad no se está haciendo.

En otras palabras, estas personas se rindieron. Desistieron de la lucha opositora y su objetivo de restaurar la democracia y el Estado de derecho en Venezuela.

Ven como algo inevitable que el chavismo siga gobernando hasta quién sabe cuándo y se conforman con adaptarse al sistema y vivir lo posiblemente mejor en él. Pero no lo quieren admitir, vaya usted a saber por qué. De ahí que necesiten racionalizar la disonancia. Sin embargo, la realidad es terca, y cada vez que insiste en presentarse, en vez de admitirla, se redobla el esfuerzo por racionalizar la disonancia, tal como sostuvo Leon Festinger, autor de esta teoría. No importa cuán descabellado sea el argumento.

Es así como la adaptación al sistema chavista por arte de magia se convierte en «oposición» al mismo. Administrar las migajas de poder y recursos que el chavismo tolera, a cambio de someterse a él, es «ocupar espacios de lucha». Los nuevos prohombres de este ethos son los políticos del G4 que se están «falconizando»: Manuel Rosales, Sergio Garrido, etc. Curiosamente, el propio Falcón y sus aliados no reciben el mismo reconocimiento, sospecho que por razones de sectarismo.

Pero, repito, la realidad insiste. Adaptación y oposición nunca serán lo mismo. Sé que es difícil mantener la aspiración de vivir en democracia luego de tanto esfuerzo y sacrificio sin llegar ahí, pero no me parece correcto tirar la toalla. Porque creo que merecemos algo mejor. La adaptación, tener a gobernadores como Garrido, solo nos permitirá en todo caso gozar de una calidad de vida un poco menos mala. Jamás cuestionaré que alguien quiera vivir menos mal, pero vivir menos mal no es vivir bien, ni ser libre.

Así que yo le sugiero a todos los interesados en el porvenir de la nación que sean firmes exigiendo a los políticos y líderes de opinión claridad en sus propósitos. ¿Quieren adaptarse u oponerse? No pienso increpar a nadie si se inclina por la adaptación, pero que no la disfrace, con ribetes épicos, de esfuerzo para lograr un cambio político. Eso es burlarse de la gente y darle falsas esperanzas.

Lamentablemente pareciera que, en la medida en que la MUD retoma la participación electoral, son los creyentes en la adaptación los que dictan pauta, sin reconocer ante el público, y quizás ante ellos mismos, su limitada visión de progreso. Esto es un problema porque su fetichismo electoral en esencia excluye lo más importante para que el voto sea efectivo: la movilización ciudadana en su defensa, en caso de desconocimiento por el régimen. Si así va a ser la agenda opositora en 2022 y más allá, está condenada. En el mejor de los casos, será un fracaso con buenas intenciones. En el peor de los casos, una farsa descarada.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La respuesta popular en Barinas, por Roberto Patiño*
Barinas no es la meta, es apenas el inicio de un largo y complejo recorrido por recuperar la democracia en Venezuela

 

@RobertoPatino

Lo ocurrido en el estado Barinas el pasado 9 de enero, con el triunfo de Sergio Garrido en la elección regional, fue una victoria política y sobre todo popular, que hemos celebrado todos los demócratas en el país. Los venezolanos necesitábamos una buena noticia y el 2022 decidió comenzar de manera generosa, con un hecho que nos convoca a todos a la reflexión para tratar de ponerla en su justa medida.

El empeño del régimen de desconocer los resultados en Barinas el pasado 21 de noviembre del 2021, convirtieron una elección regional en un hecho extraordinario, para sorpresa de muchos barinenses. La entidad se convirtió en un símbolo de la resistencia política de un pueblo organizado que parece no querer renunciar a todos los mecanismos que tiene a la mano para confrontar el carácter autoritario del régimen y para hacerles pagar, políticamente, años de abandono y pérdida en la calidad de vida.

El triunfo en el estado llanero fue una victoria de la madurez de unos líderes que supieron entender el ánimo de los ciudadanos y unirse; de una organización política que mantuvo el pulso en la calle; y, sobre todo, de una población que se hizo protagonista de su destino al enfatizar su rechazo a las arbitrariedades dictadas desde Miraflores y al vano intento por comprarles su voluntad.

La organización popular, en medio de las más complejas dificultades logísticas, inmersa en una elección con evidentes signos de ventajismo oficialista, supo dar la cara para hacer de la oportunidad inédita que ofrecía el voto un recurso para la protesta política y el empoderamiento popular.

En nuestras comunidades organizadas, ya lo hemos venido señalando en los últimos años, existe un reservorio democrático, un liderazgo verdadero que se construye de abajo hacia arriba y que se funda en los valores de la solidaridad, el emprendimiento y la democracia.

Estamos conscientes de que el sistema electoral que ha impuesto el régimen aún no da garantías suficientes para el cambio político y pacífico al que aspiramos los venezolanos; pero sabemos, de primera mano y gracias al trabajo que hacemos en nuestras comunidades, que la organización popular es el mecanismo necesario para lograr que el voto recupere su lugar en la política venezolana.

Aunque no debemos sobredimensionar lo ocurrido en Barinas, esta buena noticia nos compromete a seguir trabajando con la gente, organizándola, apoyando el trabajo de sus líderes, reconectando el valor de la democracia con el derecho a una mejor calidad de vida. Barinas no es la meta, es apenas el inicio de un largo y complejo recorrido por recuperar la democracia en Venezuela.

Este es nuestro compromiso.

* Cofundador de Alimenta la Solidaridad y Caracas Mi Convive | rpatino.com

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La Delpiniada, por Laureano Márquez P.
A 137 años de La Delpiniada, la adulación y los elocuentes discursos vacíos siguen siendo –tal vez más que en ningún otro tiempo– costumbre de la política nacional

 

@laureanomar

Un par de tweets del compatriota Oswaldo Guerreiro (@ojguerreiro) en los que mostraba tanto el “afiche” como el programa del homenaje que se rindió el 14 de marzo de 1885 en el Teatro Municipal de Caracas al “poeta desquiciado” –como lo alude una reseña de Olga Santeliz–, Francisco Antonio Delpino y Lamas, invitan a reflexionar sobre ese gran acontecimiento humorístico, con indiscutibles consecuencias políticas para el país, que constituyó La Delpiniada.

Eran los tiempos del general Antonio Guzmán Blanco, una figura política tan afecta a las adulaciones, que llegaba al extremo, como diría Zapata, de adularse a sí mismo. Se autohomenajeó con sendas estatuas, una ecuestre lo que cuestre, ubicada entre la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela y la entrada del Congreso. La otra, pedestre, no por ramplona, sino porque lo representaba a pie, con actitud que le hacía parecer una suerte de émulo tropical del gran Pericles griego, estaba ubicada en lo alto del paseo de El Calvario, por él también construido y bautizado con el nombre –como era de esperarse– de “paseo Guzmán Blanco”, aunque le hubiese cuadrado mejor el nombre de: “El Calvario de Guzmán Blanco”. Hubo un estado Guzmán Blanco, un teatro Guzmán Blanco. En fin, fue un hombre dado a recibir siempre elogios y adulaciones, entre las cuales figuraban la de vastos sectores intelectuales de la época que acudían a sus veladas en su casa de campo de Antímano.

En este contexto, un grupo de jóvenes estudiantes caraqueños decide rendir este homenaje bufo al popularmente conocido como “el chirulí del Guaire”, el lunático pseudopoeta Delpino y Lamas. Para ello realizaron una parodia que, aunque no hacía referencias explícitas al presidente, aludía de manera evidente al único personaje destinatario de homenajes en el país en ese tiempo y a las formas y discursos alabanciosos con los cuales usualmente se le rendía pleitesía. El acto se celebró en el teatro Caracas y tuvo hondas repercusiones en las protestas posteriores en contra de Guzmán Blanco.

Del acto humorístico salió un movimiento y un periódico. Demás está decir que los organizadores del evento fueron encarcelados.

En el programa del acto en honor al poeta, además de lectura de poemas salidos de la florida pluma del protagonista del evento, hubo música, representación de una comedia, ofrendas literarias y naturalmente un discurso laudatorio pronunciado por “un diserto prosista y elocuente orador”. Se colgó al cuello de Delpino, al final, una exagerada corona y fue conducido en carro descapotable por las calles de Caracas hasta su residencia en El Guarataro.

La-Delpiniada, por Laureano Márquez. Dibujo de Zapata
Programa de La Delpiniada, en el Teatro de Caracas, 1885.

 

Guzmán Blanco, que se encontraba en ese momento en Europa, era megalómano, pero no bruto, inmediatamente se dio cuenta de que un país ya harto de él, le sometía al inapelable revocatorio del humor, cuyo poder y alcance seguramente no le era ajeno a un hombre acostumbrado a la cultura europea y particularmente a la francesa. Así, seguramente, debió percibirlo al regresar al país al año siguiente para ejercer su último mandato, conocido como el bienio, que no llegó a concluir. Frente a la fuerza de la protesta humorística, se encontraba Guzmán demasiado indefenso, solo contaba con armas, soldados y cárceles. Su desventaja era evidente. Así pues, harto de tanta guachafita en un país que era como un “cuero seco”, decidió renunciar a la presidencia para irse definitivamente a París, donde murió rodeado de sus Corots.

A 137 años de La Delpiniada, la adulación y los elocuentes discursos vacíos siguen siendo –tal vez más que en ningún otro tiempo– costumbre de la política nacional. Así pues:

Cuando por tu vergel vaya un canario

Y entre flores te cante divino

No lo espantes, que es mi humilde emisario

Tu cantor, Francisco Antonio Delpino.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es