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Opinión

Estrategia mata dilema, por Alejandro Armas
El liderazgo opositor debe presentarle a la ciudadanía una estrategia de movilización que vaya más allá del mero acto de votar en 2024

 

@AAAD25

Cuando se volvió evidente que prácticamente toda la oposición venezolana desistió de la posibilidad de un cambio político en el corto plazo y ver las elecciones de 2024 como próxima oportunidad en el horizonte, la única ventaja que vi en ello es que le da a la dirigencia un buen tiempo para prepararse en tal sentido. No es soplar y hacer botellas. La única forma de hacer que esos comicios, o como se les quiera llamar, se traduzcan en una oportunidad real es que el liderazgo opositor le presente a la ciudadanía una estrategia de movilización que vaya más allá del mero acto de votar. Que le diga a la gente qué hacer en caso de que la elite gobernante desconozca un resultado desfavorable.

De lo contrario, solo cabe esperar el mismo fiasco de la quijotesca candidatura de Henri Falcón en 2018, con todo lo que ello implica en términos de desánimo de las masas. Si desarrollar el plan necesario es difícil en toda circunstancia, hacerlo en medio de una crisis de representatividad, en la que todos los dirigentes individuales son reprobados por la mayoría de la ciudadanía, es más complicado aun.

Pero parece que los responsables no atienden el exhorto de Horacio en una de sus magníficas odas: carpe diem. Pasan días, semanas y meses sin que haya avances, visibles al menos, en el trazado de la estrategia indispensable. El reflector más bien alumbra cuestiones que tienen su importancia, pero que no son prioridad. Sobre todo, la selección de un candidato unitario que sea la única alternativa relevante a quienquiera que el chavismo lance (el propio Nicolás Maduro, casi seguramente).

Como ya comenté previamente en esta columna, la relevancia de este punto se limita a la unidad necesaria. La identidad de quien haga el papel de candidato unitario, en cambio, tiene poco peso. Todos los hipotéticos aspirantes están en el mismo foso de rechazo popular. Lo único que pudiera hacer a cualquiera de ellos atractivo es que, insisto, les diga a los votantes que esta vez sí podrán lograr grandes cambios con su voto, porque habrá cómo defenderlo.

A los dirigentes y demás generadores influyentes de opinión interesados en la materia, con algunas excepciones, se les ve no obstante concentrados en la cuestión identitaria. Hablan solo de primarias, o elección por consenso de las elites, etc. En este punto la cuestión identitaria individual adquiere las dimensiones de una inseguridad ontológica colectiva sobre la naturaleza de la oposición. ¿Quién es un opositor en la Venezuela actual? ¿Se debe incluir a todo aquel que se identifique como “opositor” en el proceso de determinación del candidato opositor unitario? Estas preguntas no son baladíes, debido a la existencia de la oposición prêt-à-porter, aquella que dice adversar al chavismo pero que solo lo hace simbólicamente, y a veces ni eso.

Como el descaro se ha vuelto un rasgo omnipresente en la política venezolana, amparado por la falta de mecanismos de rendición de cuentas, el cúmulo de evidencia sobre el carácter dudoso de la disidencia en este sector no es óbice para que reclame con furia su asiento en el concierto de organizaciones opositoras. En efecto, varios de sus integrantes, amalgamados desde el año pasado en la llamada “Alianza Democrática”, están denunciando que la Plataforma Unitaria, nuevo avatar de la MUD, pretende excluirlos de la elección del candidato presidencial, lo que los obliga a considerar un proceso primario propio que emita una candidatura alternativa.

Naturalmente, tal escenario de fragmentación del voto ajeno al PSUV preocupa. Después de todo, si bien los partidos de la Plataforma Unitaria fueron los que, después del chavismo, obtuvieron más gobernaciones y alcaldías en las elecciones regionales y locales del año pasado, los de la Alianza Democrática no se quedaron con las manos vacías. Y en más de un caso, los votos combinados de la Plataforma Unitaria y la Alianza Democrática superaron al Gran Polo Patriótico, mas no por separado (sé cuánta confianza merecen esas cifras, pero el contexto de debilidad opositora me lleva a pensar que en este caso no hubo manipulación numérica).

Así que ahora los más inquietos por la cuestión identitaria lanzan al foro público de las redes sociales sus deliberaciones a favor de la inclusión de la oposición prêt-à-porter. No son solamente los militantes de aquellos partidos con una argumentación predecible (y, repito, muy caradura). También vienen de quienes admiten su naturaleza. Hay alegatos de que excluirlos por sus trapitos sucios, como las diligencias de algunos para lavarle la cara a Alex Saab y velar por sus negocios en el extranjero, sería una doble moral. Encontrar opositores inequívocamente pulcros es difícil, y para muestra el escándalo sobre la administración de Monómeros. Pero eso omite que, dentro de un cosmos de impurezas, de todas formas hay quienes se han opuesto realmente al chavismo, lo cual han pagado con persecución, y los que haciéndose pasar por opositores han saboteado el esfuerzo por lograr el cambio político, lo cual les otorga tolerancia desde el poder. Reventar partidos disidentes mediante un Tribunal Supremo de Justicia comprometido con Miraflores, verbigracia, ya es un gesto inconfundible de cooptación. No pretendo santificar a nadie. Acá todo el mundo tendrá que responder a los señalamientos en su contra. Pero si la jugada va a ser electoral, hay que saber distinguir quién califica como opositor.

Otro argumento a favor de la inclusión es netamente táctico. Dice que aunque la oposición prêt-à-porter sea falsa, habrá que contarla en unas primarias y derrotarla, para que no tenga excusas. Es en este punto en el que me toca volver a la prioridad que debería tener el trazado de una estrategia electoral cónsona con el contexto autoritario venezolano. Pienso que, si la oposición consiguiera tal cosa, y luego pusiera al frente a un candidato unitario, no tendría que preocuparse de que otras opciones en el tarjetón le arrebaten votos. Porque, no me cansaré de repetirlo, lo que despertaría entusiasmo de la ciudadanía hastiada de esta calamidad es la fe en que puede ponerle fin con el sufragio. No tendrían lugar las consideraciones que quizá llevaron a algunos votantes a preferir a los abanderados de la Alianza Democrática en el contexto de expectativas mínimas de las elecciones para gobernaciones y alcaldías (e.g. “Creo que fulano hará un mejor trabajo recogiendo la basura”).

Si la oposición real se siente tan endeble que necesita medirse primero con la oposición prêt-à-porter, y si no es capaz de reducir a esos factores a la irrelevancia de una candidatura de María Bolívar, lo más probable es que no ha desarrollado una estrategia convincente y que va mal encaminada a retar a la elite gobernante. Tristemente, no me sorprendería que lleguemos a ese punto.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

#PedagogíaEconómica | Los sicarios de twitterlandia (VIII), por Víctor Álvarez R.
Conversamos en esta entrega con Freddy Lujano, presidente de la Cámara de Industriales del Estado Aragua, sobre los costos reputacionales de criticar las sanciones

 

@victoralvarezr

En muchos líderes empresariales y dirigentes gremiales hay temor a pagar los costos reputacionales por atreverse a advertir sobre los daños colaterales de la sobreaplicación de las sanciones en la empresa privada. La mayoría teme al linchamiento en las redes sociales por los guerreros del teclado y los sicarios de Twitterlandia. Y este silencio de los gremios empresariales termina afectando la defensa de los intereses económicos de las empresas que representan.

La Administración Biden se plantea “recalibrar las sanciones para mitigar los impactos económicos, humanitarios y políticos no deseados». Esta revisión abre un espacio a las organizaciones humanitarias y gremios empresariales para identificar los efectos colaterales de las sanciones y proponer ajustes.

Los líderes y voceros del sector privado no quieren que los consideren una caja de resonancia del pretexto gubernamental que atribuye a las sanciones la causa de la crisis. Ni que los utilicen como pretexto para ocultar la responsabilidad que tiene la política de controles, expropiaciones y corrupción en la crisis económica y social.

Salvo contadas y valientes excepciones, la mayoría de los empresarios prefieren mantener un bajo perfil, sin advertir públicamente los daños que causan en sus negocios la extralimitación de las sanciones económicas.

Para analizar el tema, en este nuevo episodio de la serie Conversaciones estelares con líderes empresariales, hemos invitado a Freddy Lujano (@FreddyELujano), presidente de la Cámara de Industriales del Estado Aragua (CIEA).

Vea la conversación completa en el canal YouTube de #PedagogíaEconómica

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#EnPocasPalabras | El posible sustituto de Putin, por Tony Bianchi

Nikolai Patrushev, jefe del Consejo de Seguridad de Rusia. (Foto: Oficina del presidente de Rusia)

Si tuviera que decidir a quién escogería como su sucesor, Putin optaría Nikolai Patrushev

 

Debido a los importantes errores cometidos por Vladimir Putin en relación a Europa por el enfrentamiento con Ucrania, empiezan a circular rumores de posibles cambios de mando en Moscú.

Según fuentes internacionales y velados susurros en los pasillos del Kremlin, el secretario del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushev, podría muy pronto ocupar el puesto de Putin en caso de una enfermedad paralizante o fuertes presiones internas.

Patrushev es el candidato de preferencia gracias a que es el único a quien el “zar” confiaría su papel, si alguna vez decidiera salir del poder. Patrushev, considerado la figura más influyente entre los hombres más cercanos a la presidencia, se ve en el centro de cada maniobra del Consejo de Seguridad; este es un órgano colegiado que prácticamente toma todas las decisiones importantes junto con Putin.

Si tuviera que decidir a quién escoger como su sucesor, comentan nuestras fuentes, hay pocas dudas sobre su identidad. Cosa que se refleja en la decisión de Putin en 2008, cuando entregó temporalmente las riendas del poder a Dmitry Medvedev y nombró a Patrushev director del Servicio Nacional de Seguridad (FSB). Este puesto equivale prácticamente a una vicepresidencia ejecutiva, que operó libre de la dependencia del nuevo presidente.

Tal como Putin, Patrushev es de San Petersburgo. Hijo de un veterano de la Gran Guerra Patria, y de una enfermera que se desempeñó en el asedio de Leningrado. Se graduó como ingeniero en el Instituto de Construcción Naval y fue inmediatamente reclutado por la KGB en Leningrado; allí escaló a la jefatura del sector de la lucha contra el contrabando y la corrupción. Mientras que su más joven colega, Vladimir Putin, se ocupó de la contrainteligencia.

En la década de 1990, Patrushev se convirtió en la firme mano derecha de Putin. Y, cuando este encabezó de nuevo el gobierno, en agosto de 1999, pasó automáticamente al frente del servicio secreto ruso.

Observadores militares occidentales advierten que, debido a los desaciertos de la llamada “Operación Militar Especial”, este estrecho lazo entre Patrushev y Putin podría romperse al ser el blanco de muchas objeciones que han aparecido en contra de ambos.

Según fuentes cercanas al Kremlin, Patrushev es el directo culpable de haber asegurado a Putin una victoria rápida e incondicional del ejército ruso en Ucrania.

El servicio secreto británico advierte que el ejecutivo Sergei Beseda, jefe del sector exterior, y su adjunto Anatoly Boliuch, también hombres de confianza de Putin, pasaron a ser chivos expiatorios. Se sospecha que fueron víctimas de arrestos no confirmados.

Varias fuentes rusas ahora hablan de desaciertos. Y critican explícitamente la forma en que Putin lleva a cabo la campaña militar en contra de Kiev. Un coronel retirado ruso, que suele comentar la “operación triunfal» de los rusos en el canal de televisión Rossiya, empezó a criticar el desempeño de las tropas de Putin. Alegaba que “las cosas no van bien y de hecho empeorarán».

El coronel Mikhail Khodaryonok hasta ha llegado a admitir lo que ningún otro comentarista del Estado ha hecho, diciendo que “los ucranianos están bien entrenados, tienen la moral alta, están listos para reclutar a muchos civiles y luchar hasta el último hombre».

Lo preocupante es que hay círculos militares inclinados a una movilización general o guerra abierta. Plantean recurrir a armamentos más sofisticados y decisivos para ganar batallas. Sin excluir el uso de artefactos nucleares.

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Crímenes sin Castigo | Chucho en polvo blanco, por Javier Ignacio Mayorca
Once marineros zarparon de Margarita para vender pescado en Saba y terminaron presos en las Islas Vírgenes por tráfico de drogas. Aquí la historia de un viaje que salió mal

 

@javiermayorca

En septiembre de 2019, Vicent Mata Ányelo contactó en Margarita al mecánico de embarcaciones Johan José Pacheco Lezama. La propuesta parecía irresistible: hacer algunas rondas de faena por La Tortuga, y luego poner proa al norte para vender toda la captura en Saba.

El destino final parecía algo distante. De acuerdo con el testimonio de pescadores, en Nueva Esparta prefieren colocar la pesca en islas más próximas del Caribe Oriental, como Martinica, lo que ha reportado un considerable flujo de euros a la economía neoespartana.

Para cruzar el Caribe de sur a norte y viceversa usarían un peñero de 55 pies de eslora, La Gran Tormenta. La nave de registro ARSHPE-1468 no pertenecía a Mata Ányelo. Días después, afirmó en un interrogatorio que el propietario era un tal Yosmel, que también hace vida en Margarita.

Atraídos por la posibilidad de ingresos en moneda dura, Pacheco y Mata Ányelo comenzaron a reclutar a los nueve integrantes de la tripulación. El mecánico, natural de Guiria, apenas tenía año y medio involucrado en el oficio del mar. Así que debía asegurarse de que los otros integrantes del equipo sí supieran qué hacer.

El 10 de septiembre, el equipo estaba listo para zarpar. Además de Pacheco y Mata, se hicieron a la mar Alfer Rodríguez Boadas, Alexis Fuentes, Francisco Rodríguez Infante, Johan García Suárez, Carlos Rodríguez García, Henry González Noriega, Algler Rodríguez Boadas, Jhonny Rodríguez Rodríguez y Daniel Jesús Salazar González. Algunos, como Rodríguez Boadas y García Suárez, residen en La Asunción. Los demás en otros poblados de la isla.

Abordaje con permiso… de Guaidó

El 25 de septiembre, a eso de las 7:30 p. m., La Gran Tormenta navegaba a 38 millas al sur de Saint Croix, perteneciente a las Islas Vírgenes estadounidenses. El pesquero iba en dirección norte. Debido a su origen y las aguas por las que transitaba, el Servicio de Guardacostas de EE. UU. la declaró “objetivo de interés”.

Una declaración del agente especial de la Administración para el Control de Drogas de EE. UU. (DEA, por sus siglas en inglés) Michael Reed, indica que los guardacostas enviaron al buque Donald Horsley para interceptar a la embarcación venezolana.

Al llegar a la escena, la tripulación del Horsley vociferó preguntas en inglés y en español. Mientras tanto, los faroles apuntaban a la cubierta del pesquero. Según el reporte, los margariteños apilaron varios sacos oscuros. Luego, los lanzaron al mar unidos a bidones plásticos azules mediante cuerdas.

El relato de Reed indica que los funcionarios “fueron capaces” de recobrar dos sacos. De inmediato, tomaron nota de las coordenadas en las que se produjo la recuperación.

Posteriormente, “el capitán de La Gran Tormenta aceleró en un intento por escapar”.

Los guardacostas trataron de dar alcance al barco margariteño utilizando una lancha rápida llamada Mohawk que llevaban para estas situaciones. Mientras tanto, continuaban los gritos: “¡Capitán, detenga la embarcación!”, “¡Ponga las manos en el aire!”.

Desde la lancha rápida, los guardacostas aplicaron lo que se conoce como una maniobra de enmarañamiento al motor de La Gran Tormenta, indicó la fiscal del caso Melissa Ortiz. Fue así como lograron detenerlo para posteriormente llevar a cabo el abordaje. La nave quedó “muerta en el agua”, lo que según el argot de estos funcionarios significa “incapaz de moverse”.

En su declaración jurada, el agente Reed indicó que la persecución de La Gran Tormenta se extendió por 54 millas. Mientras tanto, se desarrollaba en caliente un proceso legal internacional.

La norma marítima impone que los guardacostas obtengan un permiso del Estado que emite el registro, antes de que se lleve a cabo la entrada en cubierta.

Una declaración del agente especial de la DEA James Conwell, remitida al juez de la causa en Islas Vírgenes George Cannon el 27 de octubre de 2019 revela que la tripulación del Horsley “recibió permiso del estado bandera para detener, abordar e inspeccionar”.

“El gobierno reconocido de Venezuela autorizó a los Guardacostas de EE. UU.”, afirmó, en referencia al interinato liderado por Juan Guaidó.

Un cuento de piratas

Los policías marítimos estadounidenses recuperaron 55 kilos de cocaína. Lo demás supuestamente permanece en el fondo del mar.

Los once tripulantes de La Gran Tormenta fueron detenidos y trasladados a Saint Croix para el proceso judicial. Antes de encerrarlos, les hicieron pruebas para la detección de iones de drogas. Cinco dieron positivo.

Aunque muchas de las evidencias de este caso todavía no son de acceso público, los reportes de la fiscal Ortiz y de los agentes de la DEA consignados debido a distintas incidencias revelan que el 4 de octubre de 2019 Mata Ányelo intentó explicar la presencia del alijo en la nave que capitaneaba.

Según el líder del grupo de margariteños, el propósito era vender aproximadamente media tonelada de pescado en Saba. Pero la última noche que estuvieron en aguas próximas a La Tortuga presuntamente fueron abordados por un grupo de piratas. Los sujetos usaban pasamontañas, vestían de negro y portaban fusiles AR-15.

Fueron ellos quienes supuestamente entregaron la droga a Ányelo, para que él la llevara contra su voluntad a aguas estadounidenses. Las coordenadas del punto de entrega fueron especificadas en un pequeño papel manuscrito. Los mentados piratas, que hablaban con acento venezolano, irían contra la familia de Mata Ányelo si él se negaba a cumplir la orden.

El comandante de la nave negó que les hubiesen pagado por la tarea.

El mecánico de la embarcación fue entrevistado aparte ese mismo día. Dijo que el abordaje de los hombres de negro ocurrió a las 9 p. m., cuando la mayoría de la tripulación dormía. Pacheco afirmó que los piratas se llevaron aparte a Mata Ányelo y dejaron a dos hombres armados en la cubierta. Dijo escuchar cómo le gritaban que matarían a la familia del capitán si no obedecía, y que luego este se puso a llorar. Posteriormente, colocaron cuatro sacos en la cubierta.

La fiscal no dio mucha credibilidad a esta coartada, pues había inconsistencias de fechas y eventos entre lo que decían los principales miembros de la tripulación.

Hasta ahora, cinco de los once detenidos han admitido culpabilidad: González Noriega, de 47 años de edad; Rodríguez Infante, de 28 años; García Suárez, de 33 años; Rodríguez Boadas y Rodríguez García, de 26 años. En estas condiciones, la parte acusadora pide “no menos” de diez años de prisión, con la posibilidad de una medida cautelar al cumplir la mitad de la pena. Además, se exige que paguen una multa de un cuarto de millón de dólares.

Breves

  • ¿Quiénes tripulaban el jet K-8w que se estrelló en las proximidades del aeropuerto La Chinita el sábado 18 de junio? El siniestro, que ocasionó la pérdida de otro avión de combate venezolano, está rodeado de opacidad. Los medios oficiales y las cuentas de redes sociales de los jerarcas militares no han dicho nada al respecto. Según información filtrada de manera extraoficial, el aparato de fabricación china se fue a pique debido a una “falla mecánica” no especificada, presuntamente porque una “junta de investigación” determinará lo sucedido con precisión. Los dos ocupantes lograron eyectarse a tiempo, e incluso las redes sociales divulgaron el video de uno de ellos, cuando caminaba por sus propios medios, mientras arrastraba los restos de un paracaídas adosado al asiento. Se trata presumiblemente del piloto, primer teniente de la Aviación José Alejandro Barazarte Zambrano, natural de Barinas. El otro tripulante, indicaron fuentes ligadas a la operación de rescate, es Erick Wladimir Rivas Rodríguez, un capitán retirado de ese componente, de 46 años de edad. Aunque algunos partes dicen que Rivas es un “fotógrafo”, en realidad se trata del gerente regional de Tributos Internos del Seniat en el Zulia. Se desconoce qué hacía un funcionario del ente tributario en un jet de combate. Este es el tercer K8 de la flota nacional siniestrado. El 21 de julio de 2010 ocurrió el primer caso, en el curso de una operación antidrogas en Lara. El 27 de noviembre de 2012 hubo un nuevo accidente, cuando un zamuro chocó contra la turbina.  En el país quedarían entonces 21 unidades de este tipo.
  • Primero fue en avión. Luego, en barcos y a pie hasta llegar a los países fronterizos. En una tercera etapa, los venezolanos huyeron del país emprendiendo largas marchas hacia los países del sur. El llamado Tapón del Darién, una densa selva en la zona limítrofe entre Colombia y Panamá, operaba como un dique para contener las aspiraciones de la creciente diáspora para llegar a Norteamérica. No obstante, las cifras de la Agencia de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) revelan que esta situación está cambiando aceleradamente. En lo que va de año, los agentes de CBP han reportado 39.841 “encuentros” con migrantes venezolanos, que intentan acceder a territorio estadounidense por la frontera suroccidental, que abarca a los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas. El promedio mensual actualmente supera los 7900 y rebasa en 89 % a la media registrada por ese despacho para el año fiscal 2021. Hace dos años fueron apenas 4500 casos en total. Los venezolanos parecieran emigrar por oleadas. No es un flujo regular. El mayor número de reportes registrados fue en diciembre de 2021, cuando hubo 24.946 contactos entre los que participan en esta diáspora y los uniformados americanos. Desde luego, detrás de este movimiento migratorio hay un negocio clandestino. El pico registrado el año pasado pareciera asociado al relajamiento de la cuarentena por la covid-19, que reavivó la ruta aérea a México. Desde allí, los nacionales se incorporan a la extensa caravana de caminantes rumbo al norte. Según CBP, luego de los centroamericanos, Venezuela aporta la mayor cantidad de individuos que intenta cruzar la frontera. “Las personas continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad, la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales”, afirma un reporte del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), emitido en abril.

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Lo que callamos quienes hacemos “home office”, por Reuben Morales
Un trabajador en home office no rinde más por estar en casa y no salir a trajinar por la ciudad, no…

 

@ReubenMoralesYa

¿Pensaban que nuestro secreto más grande era trabajar en pijamas? Por favor, eso es parte del nivel básico. Por eso –y en contra de la voluntad de muchos colegas “homeofficeros”– hoy saco a la luz pública una serie de secretos clasificados que durante meses mantuvimos celosamente guardados, para evitar la catástrofe más grande de todas: que nos enviaran nuevamente a trabajar a nuestras oficinas. Se trata de un código de conducta oculto que habría establecido hace un tiempo el sindicato de trabajadores en home office. He aquí el estatuto:

Un “homeofficero” no almuerza más temprano que los trabajadores de planta por estar cerca de su cocina, no. En realidad, almuerza más temprano porque después de comer suele tener agendada una de las reuniones más importantes de su jornada: la reunión con su cama para darse una buena siesta.

Un trabajador en home office no rinde más por estar en casa y no salir a trajinar por la ciudad, no. Por el contrario, rinde más porque si debe comenzar a trabajar a las 8:00 a. m., se despierta a las 7:59.

Un “homeofficero” aprovecha sus descansos para tomar pausas activas (pero porque se pausa él y se activa su perro que se está reventando de las ganas de ir al baño). Es por ello que, a golpe de diez de la mañana, muchas ciudades del planeta ahora son inundadas con un ejército de perros que son paseados por humanos en pijamas (que además son mal vistos por otros trabajadores normales que piensan que son multimillonarios desocupados).

Un trabajador en home office tiene dos y tres trabajos al día. Pero esto no es porque tenga dos o tres clientes. Es porque mientras atiende una reunión virtual de trabajo, también lava los platos que dejó sucios la noche anterior.

Un “homeofficero” es un trabajador más concentrado. Pero eso no se debe a que tiene menos distractores que alguien que vaya a la oficina; para nada. Se debe a que debe concentrarse más porque a veces atiende reuniones virtuales al mismo tiempo que está vaciando el carrito del supermercado para pasar las compras por la caja registradora.

Un trabajador en home office es un buen gestor de crisis. Porque mientras lo ves muy sonriente y presentable en su cuadrito de video de una reunión virtual, con una mano está haciéndole señas a su hijo para que se quede tranquilo, en las piernas tiene acostada a su mascota, en la cocina tiene montado un arroz y si tiene el micrófono silenciado, es porque el vecino está taladrando. ¡Ah! Y si en la reunión virtual pone un fondo detrás de sí de una aurora boreal en Islandia, es porque tiene la casa más desordenada que el cabello de Carlos Vives.

Y sí… probablemente muchos colegas “homeofficeros” me crucifiquen públicamente tras leer este artículo. Pero qué más da. Son secretos que tarde o temprano todos iban a descubrir. Sobre todo, porque ya son varios los que me vieron en mi entrenamiento de natación con mi celular metido en una bolsita para que no se mojara mientras escribía este artículo.

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Desorden, incertidumbre e infiltración, por Armando Martini

Imagen de Carlo Giambarresi, en Instagram: @crl_mrx (Interv. por Runrunes)

Hoy comprendemos mejor que el chavismo azul es tan oscuro, tenebroso y peligroso como el rojo. Ambos son enemigos del país.

 

@ArmandoMartini

Palabras con olor a peligro, sabor acre, nunca ausentes en la agitada historia venezolana. Hemos vivido en el desorden… “¡bochinche, bochinche!”, se quejaba Francisco de Miranda en aquella Venezuela que amó con pasión insondable, y que no supo comprenderlo.

El desbarajuste y la desorganización crean incertidumbre. Abandonar propósitos, saltos de talanquera en empresas y partidos porque algún capricho no fue complacido, también. La industria petrolera que especialistas extranjeros instruyeron tener y manejar, sin enseñarnos en poner orden, ni a dejar de conducir la conformidad como camino en desarrollo.

Siempre estorbos de la existencia, frenos paralizantes fijadores al desarrollo, sabotaje inconsciente a la prosperidad, que es un proceso y no solo una meta. Sin embargo, en la historia como pueblo, otra complicación emerge: la infiltración, que es distinta a la formación.

Infiltrados desde la Colonia

Durante la colonia nos formaron como integrantes del imperio, pero infiltrados con escepticismo y recelo, ante la importancia y legitimidad de la monarquía. Lo que resultaría motor valioso para la independencia fue a su vez obstáculo. Porque titubeaba el respeto y acato a la corona, y vacilaba la conveniencia de liberarnos de ella.

A lo largo de dos terceras partes del siglo XIX, hecha la independencia, fuimos un país arruinado, asolado, diezmado. Y sobrevivientes infiltrados por dudas, faltos de lealtad hacia los mandos, así logró un bárbaro de apellido Carujo increpar a un sabio honorable y digno como José María Vargas.

Solo la ferocidad represora de Juan Vicente Gómez imposibilitó que lo derrocaran. Pero no impedir la infiltración de ideas renovadoras que serían base de la Venezuela moderna y democrática de la segunda mitad del siglo XX.

La infiltración pudiera ser siembra de ideas y actitudes positivas; también, un cáncer que se reproduce insidioso, virulento y que pasa desapercibido. Los infiltrados, como en la variopinta, quejosa y codiciosa oposición de hoy, confunden desorden con iniciativa y defensa de la razón, la suya.

Se infiltra el poder para debilitarlo. Hemos sido infiltrados por la vergüenza infame del comunismo y deshonra castrista. Que nos trajo equivocaciones, tozudeces, tortura, exilio, presos políticos, cárcel y muerte. Sembró dificultades y atiborró de obstáculos el desarrollo de quienes aspiran a establecer la democracia. Sin embargo, el traspié de permitir la presencia de la ambigüedad, titubeo e imprecisión promovió a irresolución, financió la ambición fortaleciendo interpretaciones y malinterpretaciones a conveniencia.

No solo el régimen infiltra

En Venezuela padecemos una dictadura opresora, embustera, violatoria de la legalidad e incompetente para todo, excepto para perpetuarse en el poder. Y, la contraparte antagónica, un adversario que malinterpreta libertad y tergiversa compromiso, que no rinde cuenta ni honra la palabra empeñada. Traicionando a la ciudadanía y enredándose con infiltrados. El éxito infiltrador es responsabilidad de los dirigentes tradicionales y de los nuevos, además de los que para reparar errores no luchan dentro de sus partidos, sino que fundan nuevas exégesis.

La infiltración no es solo estrategia del régimen, también actitud pecaminosa de bufos, mentirosos y envidiosos que aturden a la oposición, sumiéndola en el desorden y la incertidumbre. A diferencia del chavismo, infiltrado y desunido él mismo, pero controlado por la implacable imposición del mando.

Hay quienes –con derecho y legítimo albedrio– se niegan aceptarlo. Pero el ciudadano poco a poco va descubriendo que el régimen y sus agentes incluyen en sus nóminas a supuestos opositores. De allí, la pérdida enorme de confianza y el quebranto en la credibilidad. Hoy comprendemos mejor que el chavismo azul es tan oscuro, tenebroso y peligroso como el rojo. Ambos son enemigos del país. ¡No es hora de llanto ni crujir de dientes!

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Sin título, por Laureano Márquez P.

Imagen de la Campaña Moscas, de Amnistía Internacional (Interv. por Runrunes).

Cuando Putin viaja carga con su propio retrete (bueno no él, su gente). Trato este tema, tan revulsivo, para mostrar el nivel de perversión al que puede llegar un régimen político autoritario

 

@laureanomar

Preferí no darle título a este artículo porque, honestamente, no me atreví a darle el que el tema sugiere. No suelo ocuparme de asuntos escatológicos, pero es que esta noticia me llamó profundamente la atención por el simbolismo que tras ella se esconde. La información en cuestión revela que un equipo del Servicio Federal de Protección se encarga de recoger los desechos corporales del presidente ruso en sus viajes fuera del Kremlin.

Vamos, para que el perplejo lector entienda mejor: cuando el presidente Putin, como cualquier cristiano –incluso ortodoxo–, se ocupa de dar del cuerpo, los escoltas del organismo señalado recogen y empaquetan el resultado de tal operación secreta (por no llamarla guerra relámpago); luego es colocado en un maletín especial para ser llevado de vuelta a casa. Según un par de periodistas, especialistas en política intestina rusa, Regis Gente y Mikhail Rubin, esta labor de recolección se ha llevado a cabo, por ejemplo, en las visitas del líder ruso a Francia y Arabia Saudita.

El lector, como quien esto escribe, se estará preguntando la razón de tan extraña actividad de inteligencia coprológica.

La motivación parece estar en el temor que tiene el régimen ruso de que las potencias de Occidente se apropien de las heces de su líder, descubriendo así que clase de… enfermedades padece. Este inusual trabajo de los servicios secretos rusos pone evidencia, sin duda, su propia mala conciencia.

Según algunos historiadores, Stalin tenía por costumbre revisar las deposiciones de sus adversarios. Al parecer lo hizo con Mao y otros líderes extranjeros. A partir de los análisis realizados, los rusos establecían perfiles psicológicos de los adversarios, aunque usted no lo crea. Cuando algún líder visitaba la Rusia del llamado «padrecito», se colocaban retretes especiales que no estaban conectados al alcantarillado público, sino conectados al laboratorio destinado a recoger el material secreto para el análisis de «inteligencia».

Según gente informada, cuando Putin viaja carga con su propio retrete (bueno no él, su gente). La verdad, por muy bien que cobren, no es nada envidiable el trabajo de los escoltas del personaje en cuestión, como tampoco lo es la vida del susodicho. Porque tendrá todo el poder del mundo y capacidad para destruir varias veces el planeta, pero no tiene tranquilidad para la actividad más elemental de un ser humano: la posibilidad de ir al baño en paz y relajado.

Trato este tema, tan revulsivo, solo con la intención de mostrar el nivel de perversión al que puede llegar un régimen político autoritario. El comportamiento descrito no deja de tener un profundo simbolismo: líderes que esconden sus excrementos, mientras por otro lado ensucian, sin pudor, su propio país y el mundo entero. Ojalá algún día los rusos, en un clima de democracia y libertad, puedan contemplar en el museo del Kremlin, donde todo es momificado y conservado, el resultado del comentado trabajo de inteligencia escatológica y así tomar conciencia plena de la clase de régimen que padecieron.

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#EspañaEnAméricaSinLeyendas | Licencia para conquistar, por Elías Pino Iturrieta
En el siglo XV, las órdenes venían de “la autoridad de Dios omnipotente concedida a San Pedro y del vicariato de Jesucristo”. ¿Alguien que no estuviera loco se podía oponer?

 

@eliaspino

Una de las críticas más sonoras a la conquista de América por España se relaciona con la autorización que tuvieron sus reyes para hacerla. Es decir, con la ilegitimidad de una iniciativa que originó el control de comarcas extrañas y remotas sin que sus habitantes fueran consultados sobre el grave asunto que les concernía. La objeción parece sensata a primera vista, pero pierde consistencia cuando se observa desde la perspectiva del tiempo en el cual esa conquista se llevó a cabo. De seguidas se tratará de dilucidar el asunto.

El viaje de Colón fue una decisión unilateral de los reyes católicos, quienes aprovecharon el ascenso de su autoridad para aceptar un proyecto de expansión comercial que les podía conceder provechos económicos y políticos. Como en realidad ignoraban lo que tenían entre manos, no sintieron la obligación de consultar con personas que no fueran allegadas a su corte. Se limitaron a suscribir un convenio con el proponente, llamado Capitulaciones, que establecía los derechos del trono y las obligaciones del individuo que había movido la empresa. Pero, cuando el itinerario llegó a una meta concreta, cuando dejó de ser quimera para transformarse en una realidad apabullante y prometedora, debieron buscar la licencia de la que carecían para profundizar el proyecto. En especial porque podía lesionar los intereses de la Corona portuguesa, que también andaba en negocios de expansión y podía resentir el hallazgo territorial de un febril marino a quien ahora llamaban almirante y virrey.

Para evitar los escollos que seguramente se presentarían debido a los movimientos que el monarca portugués podía llevar a cabo para aprovecharse del hallazgo, o para entorpecerlo, Isabel y Fernando acudieron a una autoridad a la cual no solo debía obediencia la Corona lisboeta, sino también el resto de los soberanos de Europa: el pontífice romano. A principios de abril de 1493, cuando apenas se habían enterado del éxito colombino, solicitaron al papa Alejandro VI la concesión del dominio de las islas y tierras recién encontradas. Apenas transcurrido un mes el papa expidió dos bulas, llamadas Inter caetera, que autorizaban la soberanía de Castilla y León sobre las nuevas comarcas.

Conviene retener el fundamento de la decisión pontificia. La impuso Alejandro VI “por la autoridad de Dios omnipotente concedida a San Pedro y del vicariato de Jesucristo que ejercemos en la tierra, con todos los dominios de las mismas, con ciudades, fortalezas, lugares y villas y los derechos y jurisdicciones y todas sus pertenencias”.

Cuando el papa expidió sus bulas, en toda Europa se consideraba que el representante de Dios en la tierra tenía la potestad de conceder a príncipes cristianos los territorios dominados por herejes. Como la autoridad de la Iglesia provenía de Dios, según se aseguraba sin vacilación desde la Edad Media, no existía la posibilidad de discutir el punto. Desde 1215, época del pontificado de Inocencio III, se aceptó la jurisdicción temporal del vicario de Cristo porque provenía de Dios, según la doctrina del Ostiense generalmente reverenciada.

Aparte del asunto doctrinario, numerosos hechos demuestran cómo los príncipes acataron sin chistar decisiones papales relacionadas con el gobierno temporal, o pidieron la autorización del santo solio para guerras y capturas de tierras. En 1155, Adriano IV otorgó la isla de Irlanda a Enrique II de Inglaterra para que barriera del territorio a los apóstatas. En 1509, el ducado de Apulia se erigió gracias a la voluntad pontificia que otorgó después al soberano la potestad de conquistar Sicilia para que echara a los heterodoxos que pululaban. En 1455, tiempo cercano al que nos ocupa, Nicolás V cedió al rey de Portugal la ciudad de Ceuta y la Guinea para que propagara la fe católica. Hay más ejemplos de la misma especie, pero para el caso de las costumbres castellanas interesa ahora señalar que desde el siglo XIII se estableció en las Siete Partidas la alternativa de ganar señoríos “por otorgamiento del papa o del emperador”.

Es evidente que Isabel y Fernando acudieron a una tradición harto conocida para apuntalar el principio de su flamante dominio, sin que existieran argumentos serios para oponerse a las gestiones.

Es evidente que no necesitaron ardides para legitimar su posición sobre unos espacios de los cuales nadie tenía noticia, y sobre unos individuos que no solo desconocían los principios y los hechos de la cultura europea, sino que también se manejaban a su manera en materia religiosa. Si se considera que Isabel y Fernando seguían el ejemplo de sus mayores en las guerras contra los musulmanes y en su desconfianza frente a la comunidad judía, se le hacía fácil a Alejandro VI sustentar su cesión de las Indias a los descendientes de una casta de paladines que se habían jugado la vida por la catolicidad. Lo más que se le podía pedir era que no impidiera que los lusitanos, tan empecinados y tan belicosos como sus vecinos en las campañas contra los pecadores, se beneficiaran del hallazgo. El papa no puso escollos, como sabemos. Al contrario, permitió de mil amores que se retocaran las letras de las Inter caetera en el Tratado de Tordesillas, o de “partición del mundo”, suscrito por España y Portugal en 1494.

Nada que estuviera fuera de libreto. No podía ser de otra manera, la corriente no podía circular por cauce diverso; la legitimidad del trascendental trámite manaba de una autoridad sobre la cual no pueden imponerse los revisionistas que abundan en la actualidad, los inconformes del futuro. En el siglo XV, sin subestimar ni por un instante los movimientos de los detentadores del poder, que podían ser fulminantes, las órdenes venían de “la autoridad de Dios omnipotente concedida a San Pedro y del vicariato de Jesucristo”. ¿Alguien que no estuviera loco se podía oponer? Tal estirpe de orates, o de personas audaces, aún no había florecido en los predios de la cristiandad.